Noche 14. LA LUNA ES MI ALIADA.

El hecho de que nuestros poderes tengan nombres es por simple razón: saber el nombre de una cosa te da poder sobre ella, te da la capacidad para controlarlo, al menos en nuestro mundo.

Estar encerrado dentro de una cabaña no era mi idea de diversión. Aun sentía que tenía que controlar cada centímetro de mi cuerpo, a ratos aparecían pequeños espasmos musculares y mis sentidos seguían sobresaturados aunque en el momento en el que Shun salió de la cabaña el bosque se sumió en un extraño silencio.

Ya había anochecido y el grupo estaba a menos de diez minutos. No entendía por qué Shun me había dejado dentro de la casa con esos diez sujetos corriendo hacia él cargados de esas enormes ansias de matarlo. Podía sentirlos perfectamente, no sabía si él podía pero imaginaba que sí. Esperaba que sí. Eran demasiado fuertes, aunque ahora que su sangre corría por mis venas sabía que no eran rivales para él. Sin embargo una fastidiosa ansiedad me estaba invadiendo y no entendía el por qué.

Yo sí lo entendía. La barrera había bloqueado nuestra capacidad de comunicarnos mentalmente pero aun era capaz de sentir su nerviosismo e inquietud. Los vampiros somos demasiado territoriales, no nos gusta tener intrusos y tampoco nos gusta encontrarnos con extraños. Generalmente andamos solos o en parejas pero muy rara vez se ven clanes grandes como el que venía en camino. Y cuando se encuentran vampiros muy fuertes en un mismo territorio siempre hay choque de fuerzas, nuestro poder quiere imponerse al de los más débiles y dominarlos a todos, sea para destruirlos o para tenerlos como comida. Eso era lo que Hyoga estaba sintiendo. Él no lo entendía pero su nuevo instinto le indicaba la presencia de peligro y eso ponía en alerta todos sus sentidos. Esperaba que se diera cuenta de que aquellos vampiros no podrían conmigo y aunque no quería que se preocupara por mí, de ninguna manera pensaba dejarlo participar.

Cuando hay una lucha entre vampiros fuertes, cada uno tratando de intimidar al otro, sembrando el miedo, se despliega una presión en el ambiente que es demasiado abrumadora. Muchos no lo soportan, es ahí cuando se mide la verdadera fuerza. Los más débiles enloquecen, huyen, mientras que los más fuertes sólo se excitan y se preparan para el siguiente ataque. Algunas veces humanos han quedado en el medio de una batalla de ese tipo y han terminado por perder la cordura definitivamente. Aun cuando yo podía aprovechar la fuerza de Hyoga y el momento para que se alimentara no podía dejarlo estar ahí afuera cuando no sabía cómo reaccionaría ante la situación. Ninguno de los dos conocía su fuerza y si llegara a descontrolarse sería una catástrofe ya que en ese momento de la pelea cuando ya ninguno de los involucrados soporta más tiempo sin atacar comienza un frenesí en el que sólo el más fuerte queda en pie. No sobrevive nadie más y eso era exactamente lo que iba a pasar ahora. Su ansiedad aumentó de pronto, sacándome de mis pensamientos. Cuando levanté la vista los vi.

-Son Diez-pensó Shun recorriéndolos con la vista- Los dos sujetos enormes son gemelos, deben medir al menos dos metros…

-¡Vaya, si te fuiste lejos! Casi me pareció que estabas huyendo, Shun. Me extrañaba, en nuestros encuentros siempre has sido muy atrevido- dijo Jean Pierre.

-Pues ya ves que no estaba huyendo. Sólo no quería que interrumpieran.

-Hubiera sido muy desagradable- dijo jean Pierre.

Realmente deseaba borrar su estúpida sonrisa del rostro pero debía concentrarme. A él, definitivamente lo dejaría de último. Estaban todos frente a mí, ninguno se movía o hablaba.

- Todos de clase cinco- pensó Shun-Gracias a la sangre de Hyoga, él es el más fuerte de todos…

-Muy bien, dime dónde está mi precioso humano. Asumo que está dentro de la barrera.

No podía verlos, no me había asomado por la ventana pero podía escucharlos bien. Sabía que estaban ahí, sentía la tensión en el ambiente. Estaba demasiado nervioso y no tenía idea de por qué, lo único que sabía era que quería salir de ahí a costa de lo que fuera.

-Aquí no hay ningún humano, Jean Pierre- dijo uno de los vampiros.

-¿Qué, acaso murió mi cachorro de la sangre deliciosa?- preguntó Jean Pierre.

Cada gesto que hacía me molestaba y más aun sus asquerosos alardes de que Hyoga le perteneciera. Supe que disfrutaría muchísimo arrancándole la cabeza. De cualquier manera, no podía atacarlo, no todavía.

-Pues no sé si habrá muerto pero lo que hay dentro de la barrera no es un humano, es un vampiro- continuó el vampiro.

-¿Qué hiciste, Shun?- preguntó Jean Pierre.

-¿Qué sucede?. De pronto perdiste el sentido del humor- Dijo Shun sonriendo con malicia.

-¡¿Lo convertiste en un vampiro? ¡Tú!- rugió el francés.

-Si lo convirtió él significa que ahora le pertenece. No tenemos nada más que hacer aquí salvo que castigarlo por lo que hizo. Los humanos con ese tipo de sangre no deben convertirse en vampiros, deben servir sólo como alimento.

-Esperen- dijo la vampiresa.

La única mujer en el grupo: una vampiresa blanca y de cabello negro me dirigía una mirada lasciva y morbosa que yo encontré bastante desagradable. En realidad, todo lo que viniera de aquel grupo me parecía asqueroso y sólo pensaba en una cosa.

-Él es muy poderoso, es un clase cinco como nosotros. Él otro también debe ser muy fuerte. Tal vez podamos perdonarlo y traerlo con nosotros, ambos como fuentes de poder.

Parecían estar hablando tranquilamente pero yo, aun estando dentro de la casa, de la extraña barrera, podía sentir como los ánimos se caldeaban.

-Me gusta la idea. Pero te advierto, el cachorro es mío- dijo Jean Pierre sonriendo y relamiéndose los labios.

Comencé a sentir sus ansias por pelear chocando con las mías. Poco a poco, cada uno despertaba su sed de sangre, trataban de hundirme en la desesperación pero mi deseo de destruirlos a todos no se comparaba con el de ellos. Aun todavía no los atacaba y me di cuenta de que eso llamó la atención de uno de ellos. Pronto empezaron a gruñirme suavemente.

Tuve que taparme los oídos. Escuchar esos rugidos me provocaba una sensación en el estómago muy desagradable. Sentía una enorme presión, demasiada ansiedad, la tensión en el ambiente era espantosa.

Los rugidos de los vampiros están hechos para provocar un intenso miedo. Tienen una medida en decibeles parecida a la de los leones. Son una advertencia de peligro, una clara amenaza y una demostración de poder. Mientras más vampiros rugen al mismo tiempo más tensión hay. Las ansias de matar se expresan ahí, por eso no todos lo soportan, sea humano o vampiro.

-¡Maldición, cállense!- pensó Hyoga, aun tapándose los oídos.

-Basta, deténganse todos. Percibo un ansia de pelear dentro de ti que es muy grande- dijo uno de los vampiros- Aun así no nos atacas. Exijo saber por qué. Somos diez contra uno, si lo que quieres es huir sólo entréganos al otro vampiro y te dejaremos.

-¿Diez contra uno?- preguntó Shun.

-Exacto. Eres un vampiro de clase cinco, apenas uno de nosotros te iguala en fuerza y somos diez. No tienes escapatoria.

- Cada vampiro de nivel cinco equivale a unos 250 ghouls- pensó Shun- Siendo ellos diez estoy enfrentándome a 2500 demonios. Mi poder equivale a…

-¡Oye, estoy hablando contigo!.

-Hum. No estoy solo. La luna es mi aliada. Es cierto que quiero destruirlos a todos. Sólo estoy viendo a cual despedazaré primero.

-¿Qué dices?

-Voy a borrarlos de la faz de la tierra- dijo Shun.

La voz ronca de Shun y la enorme fuerza destructiva que salía cuando decía cada palabra me estaba volviendo loco. Mi cuerpo empezó a temblar desesperadamente mientras trataba de no escucharlos, pero era imposible.

-Si no pasa algo pronto, yo…-pensó Hyoga.

-¡Vaya que eres atrevido!-dijo Jean Pierre- ¿Qué quieres decir con eso de que la luna es tu aliada?. Sólo la luna llena nos llena de energía y hoy hay luna nueva, como puedes ver. No se ve nuestra luna por ninguna parte.

-Precisamente- susurró Shun sonriendo con malicia.

Al vampiro que notó mi actitud no debió gustarle mi confianza porque se puso alerta de inmediato. Tres de ellos, a pesar de que creían demasiado en su propio poder no soportaron mi fuerza y comenzaron a temblar de miedo.

-Algo anda mal- dijo la vampiresa.

-¡No se muevan!

Pero fue demasiado tarde. Los tres vampiros se dieron la vuelta y corrieron sólo un par de metros cuando fueron cortados en pedazos y estos cayeron al suelo frente a la mirada atónita de sus compañeros.

-¡¿Qué diablos está pasando?-gritó Jean Pierre.

-Ahora entiendo. No comprendía por qué se había ido pero ahora lo sé- Dijo uno de sus compañeros- logró que llegáramos justo a tiempo para la luna no veríamos nada de lo que tuviese preparado aquí.

-Y tienes toda la razón- dijo Shun-¿Quieren ver?.

Activé mi energía de forma que el grupo pudo ver que el bosque entero era recorrido por una tela de araña de hilos de plata que se encendieron reaccionando a mi poder. En algunos mermó su confianza en su fuerza mientras que en otros solo aumentó su deseo de aniquilarme. Pocos vampiros, aun siendo de clase cinco tienen la capacidad de manipular metales y yo soy uno de ellos.

-¿Saben que es lo mejor de todo?- continuó Shun- que la trampa de hilos poco a poco se va cerrando así que no tienen otra opción que enfrentarse a ellos y sufrir las mismas consecuencias que sus compañeros o seguir hacia adelante, el único espacio libre que hay, que es precisamente donde estoy yo. Así que dejemos de hablar y pasemos a lo bueno ¿quieren?, me estoy impacientando.

-¿Cómo se atreve?- protestó la vampiresa.

-No te preocupes, preciosa, tú serás la primera- dijo Shun relamiéndose los labios y sonriendo perversamente.

-¡Maldito!- gritó Jean Pierre.

Ahí estalló la pelea. Tanto la vampiresa como Jean Pierre se fueron contra mí pero lo esquivé para tomarla a ella por el cuello y hacerla estallar desde adentro. Destruí algunos de sus órganos pero no los suficientes para matarla sino para provocarle un dolor insoportable que la dejó en el suelo botando sangre por la boca. Los gemelos gigantes me sorprendieron al no atacarme a mí sino a la barrera, la golpeaban con todas sus fuerzas. Traté de llegar a ellos pero otros tres vampiros me cerraron el paso y me atacaron con esferas de fuego por lo que tuve que saltar para esquivarlos. En el aire tanto Jean Pierre como su compañero me atacaron, desvié sus ataques con la mente pero el otro vampiro logró llegar hasta mí, tomarme del cuello y lanzarme contra la tierra desde una distancia de varios metros. Quedé aturdido durante escasos segundos pero logré apartarme de un salto justo antes de que ambos cayeran sobre mí. La barrera ocupaba el 20% de mi energía por lo que al atacarla los hermanos también me lastimaban a mí. Jean Pierre volvió a atacarme usando las esferas de fuego pero mi velocidad era muy superior a la de ellos y la usé para colocarme detrás de los tres vampiros que protegían a los hermanos. De esa forma Jean Pierre hizo estallar a uno de ellos y yo logré tomar a uno por detrás mientras que el tercero se alejaba de nosotros. Ninguno me atacó en un intento por proteger a su compañero pero yo no pensaba usarlo como escudo, puse la mano en su espalda y lo incendié desde adentro.

-Cinco menos- dijo Shun.

La cantidad de emociones que sentía aun estando dentro de la barrera era demasiado intensa. El miedo se estaba apoderando de algunos de ellos, pero la emoción que predominaba era el deseo de matar. Yo no soportaba más, su frenesí terminó por arrastrarme con ellos.

Me di cuenta en medio de la pelea. Justo cuando acaba de lanzar a uno de los hermanos contra los hilos mientras que recibí un fuerte golpe del otro que me lanzó contra unos árboles. Los tres se me vinieron encima pero usé el árbol arrancado de raíz y lo lancé contra ellos logrando herir de gravedad al compañero de Jean Pierre y tumbar al otro al suelo. Fui directo contra el asqueroso francés a quien quería destruir desde un principio cuando la barrera comenzó a quebrarse ya que era atacada desde adentro.

-Maldición. Hyoga perdió el control.- pensó Shun.

La lucha entre Jean Pierre y yo estaba en un punto muerto. Yo había atrapado el cuello del francés entre los hilos que aun tenía conmigo pero él logró poner la mano directamente sobre mi corazón.

-¡Pero qué predicamento!- dijo Jean Pierre-Pareces más fuerte que nosotros pero estoy más cerca de matarte a ti que tu a mí. Además aun tengo dos compañeros que están por levantarse. Si acaso llegaras a matarme, en la posición en la que estas no te moverás con la velocidad suficiente para esquivarlos. Y si no te mueves yo te mataré. Además el cachorro esta pugnando por salir por lo que él también esta lastimándote. ¿Qué harás, Shun?

Él tenía razón. De nueve de cada diez estrategias que se me ocurrieran yo perdía. Lo mataba pero moría con él. Tampoco estaba preocupado por el resultado, no tenia ningunas intenciones de morir así que usé la única carta que quedaba para quitarme de encima a los compañeros de Jean Pierre. Liberé la barrera y Hyoga salió disparado, completamente enloquecido, arrastrado por el frenesí de la pelea. Cuando salió atacó al primero que se encontró, el gigante que trató de detener su embestida pero le fue imposible, Hyoga lo superó por mucho. El gigante le lanzó un zarpazo para nada lo detenía. Enterró el puño en el pecho del vampiro y le sacó el corazón, el cual estalló en su mano. Yo aproveché la distracción para enfocarme en Jean Pierre. Liberé los hilos, y antes de que se diera cuenta aparté la mano de mi pecho y puse la mía sobre su estomago para hacer estallar parte de sus órganos internos.

Luego Hyoga se fue contra el compañero herido de Jean Pierre, pero éste lo atacó con las esferas de fuego haciéndolo retroceder. También logró hacerlo enfadar aun más. Cuando Hyoga salió de la barrera nuestra conexión mental volvió a abrirse y eso permitió que su locura me invadiera. Me costó mucho no perder la cordura y dejarme llevar por ese frenesí que él sentía. Tenía que mantener la cabeza fría porque después tendría que controlarlo a él o nos mataríamos entre los dos. Aun cuando el compañero de Jean Pierre hacia lo imposible por mantener a Hyoga a raya éste pronto lo alcanzó.

Mientras tanto yo tomé a Jean Pierre del cuello.

-Es tu turno, vas a devolverme cada gota de sangre que le sacaste- dijo Shun.

Vi el miedo en sus ojos pero ya nada me detendría. Lo mordí y bebí toda su sangre, sintiendo de nuevo el sabor de la sangre de Hyoga. Él por su parte terminó con la vampiresa y más por instinto que por experiencia se alimentó de ella. Lo que nos dejaba a él y a mí. Cuando levantó la vista hacia mí y me gruñó fuertemente supe que no me había reconocido.

-Hyoga…

Antes de que me diese cuenta lo tenía sobre mí. Estaba tratando de ahorcarme, su fuerza era descomunal. Aun cuando yo lograba mantenerlo a raya él estaba encima de mí por lo que tenía ventaja. Usé las piernas para quitármelo de encima y lo estrellé contra un árbol pero él se levantó inmediatamente y volvió a embestirme. De pronto sentí que algo me quemaba desde adentro y supe que era él atacándome con poder del fuego. Aunque no era demasiado fuerte logró desestabilizarme por lo que tuve que soltarlo y brincar para alejarme de él.

-¡Hyoga, cálmate!- rugió Shun.

Era imposible llegar a él y en ese momento era más fuerte que yo por lo que no tardó en superarme y volver a tirarme al suelo. Esta vez clavó mis manos sobre el suelo y me fue imposible soltarme de su férreo agarre. Sus ojos brillaban encendidos y lentamente olió mi cuello aspirando el olor de la sangre que estaba buscando.

En ese momento él había ganado.

-Confío en ti- dijo Shun en su mente.

Pasó la lengua por mi cuello, encendiendo cada fibra de mi cuerpo. Nunca en mi vida he estado en mayor peligro de morir que en ese momento y por irónico que parezca encontraba la situación demasiado excitante. Él era el primero en beber mi sangre, nadie había tenido la fuerza suficiente como para imponerse sobre mí de esa manera. Nadie había llamado mi atención como él. La conexión psíquica me hizo experimentar cada pequeña sensación que irrumpió en su cuerpo mientras bebía mi sangre. La tremenda excitación me hizo estremecer, sentí como cada centímetro de mi cuerpo temblaba por la ola de calor que me invadió. Toda era una mezcla de sensaciones tanto suyas como mías. Luego él hundió aun más sus colmillos en mi garganta hasta que perdí el conocimiento.

Algo dentro de mí me gritaba que me detuviera. Estaba cegado por la locura, el frenesí de la pelea en la que había caído pero más me enloquecía el olor de su sangre. Tenerlo a mi merced, dominado por completo fue algo que encontré tremendamente erótico. Y luego ese sabor tan delicioso, dios, ese sabor, era indescriptible el placer que sentía con cada gota de su sangre.

La cabeza me daba vueltas, cada parte de mi cuerpo reaccionaba al enorme poder que estaba ingiriendo. Segundo a segundo bebía y quería mas, luego bebía de nuevo y volvía a querer más, mucho más, no podía detenerme. Pero en medio de la locura en la que me sumía su sangre, sentía como su vida se escapaba lentamente. Su corazón latía un poco más lento cada vez. Por un instante de breve conciencia supe que si no paraba en ese mismo instante él moriría entre mis brazos. Ese pensamiento, esa oscura imagen de mi futuro sin él y el gemido de dolor que sentí salir de su garganta funcionaron para que retrocediera inmediatamente. Solté sus muñecas pero él no luchaba, nunca lo hizo. Su rostro se ladeó, estaba completamente inconsciente y su corazón latía al mínimo. Pasé de la gloria a la miseria en un instante. Tomé su rostro entre mis manos pero él no respondía. Sabía que estaba vivo, que aun había manera de que despertara pero estaba demasiado débil para hacerlo cuando yo quería.

-¡Maldición! ¿Por qué me dejaste hacer eso?- pensó Hyoga-No luchaste. Más te vale que despiertes.

Me aparté de su lado para ver que el bosque estaba semi destruido, los cadáveres de los vampiros aun yacían allí, algunos en pedazos otros quemados pero nada de eso me importaba. Sabía que no había sangre entre esos cuerpos que lo ayudara a despertar, ninguno olor era más delicioso, ninguno de ellos era más fuerte que él. Lo tomé entre mis brazos y lo llevé hasta la habitación donde lo acosté en la cama. Todavía mis sentidos estaban saturados pero una extraña somnolencia me invadió. Me acosté a su lado y lo acerqué a mi pecho para rodearlo con los brazos ya que sentía su cuerpo un poco más frío de lo normal. Sólo me enfocaba en escuchar su corazón que, aunque de forma muy pausada, seguía latiendo.

-Por favor, despierta ¿quieres?. Detesto sentir esto, esta ansiedad. No lo haré de nuevo, lo prometo, pero no juegues más ¿está bien?. Despierta….

Debió vencerme el repentino cansancio porque no recuerdo nada más hasta que desperté a la mañana siguiente y él seguía entre mis brazos en exactamente la misma posición en la que recuerdo haberlo dejado. No me atreví a abrir los ojos pero tampoco era necesario: el retumbar fuerte, estable y sobre todo saludable de los latidos de su corazón me trajo de golpe a la realidad.

Tomé su rostro con las manos pero él seguía dormido. Su cuerpo había recuperado parte de lo que yo creía era su temperatura normal.

-Vamos mejorando- pensó Hyoga sonriendo.

Miré hacia la ventana y me levanté para abrirla un poco. El suave haz de luz que se filtraba entre las cortinas me causaba ardor en los ojos y los olores de la casa aún me chocaban en la nariz por lo que supuse que mis sentidos seguían saturados. Volví a mirarlo, sus largos cabellos estaban desparramados sobre la tela blanca y escondían su rostro de mí. Aparté los mechones rebeldes y su embriagante belleza volvió a capturarme. Ahora que, finalmente, estaba tranquilo y que tenía estos nuevos ojos que me mostraban tal cual era él realmente no podía hacer otra cosa que fijar en mi mente cada detalle de sus perfectas facciones. Ya que tenía el tacto también saturado iba a aprovecharlo, de algo tenía que servir semejante exageración de sentidos.

Recorrí la piel de sus mejillas con la punta de los dedos, los pómulos marcados, la frente llana, la nariz perfilada y me detuve justo antes de llegar a sus labios. Presté especial atención al latido desbocado de mi corazón, las fulanas mariposas en el estómago, mis deseos casi irrefrenables de abrazarlo, de tenerlo aún más cerca.

-¿Quién eres? ¿Por qué me haces sentir esto?

De pronto un pequeño gemido salió de sus labios cuando acaricié su mejilla con la palma de la mano. Seguía dormido pero se movía un poco, pegando el rostro a mi mano, parecía querer hundirse en la caricia. Casi me pareció que ronroneaba y eso me causaba mucha gracia. Cerré los ojos por un instante. Un instante en el que él los abrió y clavó su mirada brillante sobre la mía. No pude moverme ni decirle nada.

-Siempre me han hechizado sus ojos. No tengo idea de por qué o cómo lo hace- pensó Hyoga.

Por un momento parecía seguir dormido, por lo que me permití dejarme llevar por mis pensamientos que estaban, está de más decir, todos enfocados en él. Pero las casi imperceptibles expresiones de su rostro me llamaron la atención. De hecho cada una de ellas encajaba con mis pensamientos. De pronto recordé algo muy importante: él podía leer mi mente.

Eso pasó a ser un momento realmente incómodo. Pasé de no poder decirle nada porque sus ojos me tenían embelesado a no poder articular una palabra que diera una explicación, si se quiere decente para lo que yo estaba pensando. Sé que trataba de no reírse pero debo suponer que la expresión de mi rostro no se lo estaba poniendo nada fácil. La vergüenza me estaba matando. Además ¿por qué tenía yo que estar pensado en esas cosas, de donde había salido eso?. Repentinamente sentí sus manos tomarme de la camisa y antes de que me diese cuenta estábamos rodando sobre la cama directo al piso contra el cual impactó mi cabeza y el resto de mi cuerpo, soportando el peso de Shun sobre mí. Luego él se levantó y se cerró las cortinas inmediatamente mientras yo recuperaba el equilibrio.

-¿Quién abrió las cortinas? ¿Estás bien, Hyoga?- preguntó Shun preocupado.

-Déjame que le pregunte a mi cabeza- dijo Hyoga tocándosela-¿Qué pasa?.

-¿Tu las abriste?- preguntó Shun agachándose al nivel de Hyoga.

-Sí. ¿No debería?.

-No, de hecho no- dijo Shun

Hyoga no dejaba de sorprenderme. Aun tenía frescos sus pensamientos en mi mente pero debía encargarme de lo más evidente: Hyoga no estaba ardiendo vivo.

Revisé sus brazos y sus manos, ignorando su mirada de confusión y dejé de ultimo su rostro.

-¿Qué sucede?

-Se supone, y digo se supone porque está claro que no es tu caso, que los vampiros recién nacidos no deben exponerse a la luz del sol. Verás, somos seres nocturnos. Especialmente la luna llena alimenta, de cierta forma, nuestro poder. Es por eso que exponerse al sol, que es todo lo contrario a la luna, tiene justamente el efecto contrario en nosotros. Drena nuestro poder y lo lleva al mínimo, de forma que es como si volviésemos a ser humanos pero perdiéramos la sangre vampírica y como es ella la que nos da vida entonces simplemente nos quémanos y morimos. ¿Ves por qué no es tu caso?, no veo que te estés muriendo.

-Ah. Entiendo. Bueno…sólo fueron unos segundos, la claridad todavía me molesta.

-Eso no importa, al menos alguna quemadura debías tener pero veo que no hay nada.

No dije nada pero la situación se me hizo demasiado graciosa y sin poder evitarlo me eché a reír. Si Shun quería romper con el momento y darme un respiro para que no me sintiera tan avergonzado definitivamente lo había logrado.

-No le veo el chiste- dijo Shun enarcando una ceja-realmente me asustaste.

-Y tu a mí, créeme- dijo Hyoga riendo.

No paraba de reírme y empeoré cuando lo vi cruzarse de brazos y mirar hacia otra dirección, enfadado conmigo. Otra de sus gestos que descubrí que me encantaba.

Debió volver a leer mi mente porque volteo a verme para hundirme en la vergüenza de nuevo. Esto de la conexión psíquica era demasiado problemático. Lo que no entendía era por qué lo estaba viendo con otros ojos, por decirlo así. Aun cuando en esa época muchos nobles buscaban tanto compañía femenina como masculina yo nunca entré en esa liga, no me llamaba la atención pero Shun era otro tema que me aturdía y confundía demasiado.

-¿Por qué estas tan confundido?- pregunto Shun.

-¿Te parece poco?. De la noche a la mañana pasé de ser un humano común y corriente con un amigo no tan corriente a ser un vampiro. No tengo la menor idea de qué significa eso, no sé cuáles son mis habilidades, qué puedo o no hacer. Ni siquiera tú lo sabes. Después pase de ser un vampiro con conciencia y medio drogado a ser un vampiro enloquecido que de hecho te superó y luego...tu sangre…- dijo Hyoga recordando repentinamente.

-¿Qué pasa con mi sangre?.

-No puedo ni acercarme a ti, Shun. ¡Ayer casi te maté!

-Pero no lo hiciste.

-¡Estuve muy cerca!. Jamás lo haré de nuevo.

-Hyoga, yo…

-Sé lo que piensas, literalmente y no, no lo haré otra vez. No sabes lo terrible que me sentí después de eso, el miedo a…

-…

"A perderte". Lo escuché claramente en su mente. Me causaba mucho pesar su confusión pero por otro lado me alegraba saber que estaba perfectamente cuerdo. Ahora sólo teníamos que aclarar todas las dudas. Me mordí la muñeca, dejé que la sangre manara de ella, sólo unas pocas gotas pero suficientes para enloquecerlo.

-Si vamos a viajar juntos no quiero que sea como unos perfectos extraños. Me fastidia tu distanciamiento.- dijo Shun con sarcasmo.

-Esto no es-dijo Hyoga.

-Ya conoces el olor, sé que te gusta así que decide: tómala o déjala- continuó Shun.

-No, no puedo…

-Mira, Hyoga. Sólo nos alimentamos de sangre y en ocasiones de la energía de los humanos. No hay nada más. ¿Qué sentiste cuando bebiste la sangre del otro vampiro anoche?

-¿Qué…?

-¡Enfócate!- dijo Shun- ¿Te gustó tanto cómo mi sangre?

-…No. Ni por equivocación se parecía a la tuya. ¿Puedes por favor alejar esa mano?

-No. Precisamente por eso no voy a hacerlo. Yo siempre pude oler tu sangre, no sabes cuánto me atraía, cuanto lo deseaba. Me obligué a estar cerca de ti para combatir eso y ahora es tu turno. Me dijiste que querías que viajáramos juntos. Si así será entonces tendrás que aprender a controlarte. Tienes razón en algo: ni yo sé cuáles son tus habilidades pero vamos a descubrirlas después de esto. Yo sigo débil por la pérdida de sangre y por eso mi olor no es tan potente pero eso cambiará dentro de algunas horas. Si no puedes soportarlo tendré que matarte y yo…no soy capaz de hacer eso. No soy capaz de lastimarte- dijo Shun suavemente- Así que es ahora o nunca.

Percibí cada cambio en el tono de su voz. A veces firme, otras no tanto, pero siempre con la sinceridad marcada en cada una de sus palabras. Tenía toda la razón, no podía huir de eso, tenía que enfrentarlo pero como desconocía mi propio cuerpo tenía mucho miedo de flaquear y lanzarme de nuevo sobre él y que terminara matándolo.

-Tienes que intentarlo- dijo Shun leyendo los pensamientos de Hyoga.

No quería acercarme a él aunque el cuerpo me lo pidiera a gritos. La herida parecía estarse cerrando por lo que Shun volvió a morderse. Esta vez un poco de su sangre quedó en sus labios y perdí el control de mi cuerpo. En menos de dos segundos estaba a escasos centímetros, no de su mano sino de sus labios. Trataba de detenerme pero estaba luchando contra un deseo que no hacía otra cosa más que crecer y arremolinarse en mi pecho provocándome una fuerte ola de calor. De alguna manera la combinación de la sangre con los labios de Shun se me antojaba demasiado irresistible. La herida volvió a cerrarse, de modo que sólo me quedó la sangre de sus labios. Lo miré a los ojos y vi que brillaban un poco y un extraño olor surgió de cada poro de su piel. Me gustaba pero no sabía que era. De pronto me di cuenta de que él estaba tardando demasiado en apartarse de mí que estaba invadiendo su espacio personal. Traté de moverme pero ese nuevo olor me estaba enloqueciendo, lo único que quería era acercarme más a él.

-¿A qué hueles?- Preguntó Hyoga sensualmente.

Sentí cómo se me erizaba la piel con la cercanía del Hyoga. No podía apartarme de él, su olor, ajeno al de su sangre también me atraía demasiado. Mi corazón comenzó a latir con mayor velocidad batiendo de mi piel ese aroma que él desconocía pero que le gustaba. Era un momento de descubrimiento para los dos. Nuevas sensaciones que si antes estuvieron camufladas por la amistad ahora afloraban fuertes y decididas a hacerse notar. Ese era el momento de saber qué pasaría con nosotros, por qué nuestro cuerpos nos pedían acortar la distancia entre ambos, por qué pedían más contacto. Decidí eliminar la duda en su mente.

-Es adrenalina.

-¿Estas asustado?

-No- dijo Shun acercándose un poco más a Hyoga-Excitado.

Una nueva ola de calor invadió mi cuerpo, más fuerte que la anterior gracias a su atrevimiento. En ese momento, cuando supe que su cuerpo recibía bien mi acercamiento todas las dudas en mi mente se esfumaron. Lo cierto era que, vampiro o no, Shun me atraía desesperadamente y ahora sólo pensaba en saciar esa hambre que tenía de él. Pronto descubrí que cómo vampiro las sensaciones de mi cuerpo eran tremendamente más fuertes que cómo humano porque jamás había estado tan excitado como en ese momento, postergando intencionalmente el atrapar sus labios con los míos. La excitación en su cuerpo incrementó los latidos de su corazón, sentí el calor saliendo de cada poro de su piel, su sangre ardiendo debajo de ésta.

-Di algo, detenme, por favor- dijo Hyoga.

-No- dijo Shun.

Inmediatamente después, incapaz de detenerme y sabiendo que él no iba a hacerlo rocé sus labios con los míos. Luego tomé su rostro entre mis manos y terminé besándolo. Bebí las gotas de sangre de sus labios y volví a sentir cómo necesitaba desesperadamente de ella pero tenía que soportarlo porque de hecho sus labios me parecieron mucho más deliciosos. Luego él tomó mi rostro y acrecentó el contacto. El olor de su cuerpo se intensificó, destilaba un deseo que me pareció estuvo escondido por mucho tiempo y que ahora tomaba el control por completo y nublaba su mente. A pesar de la locura en la que estábamos hundidos ambos nos tomamos el tiempo necesario para disfrutar de la gama de sensaciones tan turbadoras que sentíamos sólo con besarnos. Aun llevados por el deseo él se acercó mucho más a mí de modo que recosté la espalda sobre el borde de la cama mientras él se sentaba sobre mí y yo lo abrazaba. Lo necesitaba aun más cerca así que pronto la sangre dejó de importarme y busqué su lengua. Cuando lo hice escuché un gemido salir de su garganta y su cuerpo tembló ligeramente provocándome un desborde de excitación que me causó un leve mareo. No podía creer lo fuertes que eran la sensaciones, estaba seguro de que explotaría de no ser porque un estúpido ataque de moralidad cubrió mi mente. Él lo percibió y fue como si de pronto se hubiese apagado el interruptor de la excitación porque el olor de su cuerpo cambió completamente y perdí la conciencia.