Había salido de compras con Ino aquella mañana para distraerse y dejar de pensar en el tiempo que tardaban en llamarla del trabajo.

-No te preocupes –decía Ino-, seguro que te cogen. Ahora de momento relájate. Hemos venido aquí para distraernos.

-Sí, tienes razón. ¡Vamos a comprar ropa y a patearnos el centro comercial hasta que nos revienten los pies! –contestó Sakura sonriente.

-Oh, Sakura, casi se me olvida. ¡Esta noche voy a dar una fiesta en mi casa! ¡Va a ser un desmadre!

Ino siempre había sido así de alegre e impulsiva. Solía ir de compras cada dos por tres, aunque tenía un armario de ropa inmenso. También solía ir de fiesta a menudo.

-¿Qué? ¿Por qué no me has avisado antes?

-Lo siento, es que se me olvidó. ¡Jeje! Pero no te preocupes, el vestido que te has cogido es perfecto –dijo la rubia señalando una de las bolsas donde iba un hermoso vestido negro de fiesta.

-¿Sí? ¿Tú crees? –preguntó Sakura indecisa.

-Por supuesto. Estarás espectacular. Y más te vale, ya que esta noche te voy a dar una sorpresa.

-¿Una sorpresa? ¿Cuál? –preguntó la pelirrosa emocionada.

-Ah no, no te voy a decir nada. Tendrás que venir y verlo por ti misma.

Sakura acababa de llegar a la inmensa mansión Yamanaka. Había ido muchas veces, pero siempre la sorprendía ver la casa por la noche. Los grandes jardines estaban delimitados por una verja bastante alta. El camino que conducía de la puerta de la verja a la casa atravesando los jardines estaba iluminado por una serie de farolas colocadas en fila. En frente de la puerta de la mansión, en camino se bifurcaba para rodear la fuente por ambos lados. Sakura avanzó rápidamente hacia la casa y llamó. Fue Ino quien salió a recibirla.

-¡Eh, Sakura! ¡Pasa y ponte cómoda! Tu sorpresa aún no ha llegado, pero no te preocupes, no creo que tarde.

-Ino, que quieres decir con…

Sakura no pudo continuar. De repente se vio arrastrada adentro de la casa. El gran salón estaba abarrotado de gente.

-Vaya, parece que llego un poco tarde. La fiesta ha empezado hace rato.

-¡Jajaja! Lo siento, ha empezado a llegar gente y no he podido frenarles. Parece mentira que todos sean empresarios con la marcha que tienen.

-¿Empresarios?

Sakura echó un vistazo. Parecía increíble que toda esa gente que estaba bailando sin frenos, coqueteando todos con todos e incluso algún borracho, fueran gente de prestigio y respetada.

Ino la iba arrastrando entre el barullo y presentándole a algunos amigos. Justo cuando estaban hablando con un par de chicas, cierto personaje se acercó canturreando y dando tumbos de una forma que evidenciaba su embriaguez.

-Eh… Tú… Pelo rosa… Eres la chica más guapa que he visto en mi vida. ¿Te quieres casar conmigo?

Sakura observó a aquel personaje con cara de no saber cómo quitárselo de encima. El tipo era alto y delgado, con el pelo y los ojos negros. El pelo, cortado a tazón, y los ojos, con larguísimas pestañas le daban un aspecto cómico. Un curioso traje verde coronaba la escena.

-Oh, Sakura, este es Rock Lee. Parece que ha bebido de más. Dime Lee… ¿cómo es que Maito te ha dejado beber tanto? –preguntó Ino.

-Yo… no he bebido… -contestó el chaval hipando- Vamos Ino… No seas así. ¡Que no se apague la llama de la juventud!

-Por favor Lee, compórtate –le chilló Ino- ¡Me vas a dejar en ridículo delante de mis invitados! Vamos, tú y yo buscaremos a Maito. Sakura perdona, en seguida vuelvo.

-No pasa nada, tú ve. Aquí te espero.

Ino cogió del brazo a Lee y se lo llevó como pudo tirando de él a buscar a Maito, su tutor. Sakura los siguió con la mirada hasta que les vio perderse entre la multitud y le resultó imposible. Genial, ahora estaba sola en una fiesta llena de gente que iba a su bola y a la que apenas conocía.

Ino volvió un poco más tarde, esta vez sola.

-Perdona Sakura. Lee es un buen tipo. A menudo dice tonterías, incluso cuando no está borracho. No se lo tengas en cuenta.

-Tranquila Ino. No pasa nada.

-Oh, a propósito. Cuando venía para acá me he encontrado con tu "sorpresa".

-¿Qué? ¿Qué es? Venga no seas mala.

-Está bien. Mira hacia la entrada del salón.

Sakura así lo hizo, y entre la multitud pudo distinguir una cabeza rubia que destacaba entre el gentío como ala de cuervo en la nieve. Sakura recordaba vagamente haber visto una cabellera rubia así en algún lugar antes. Ino y ella atravesaron la sala hasta la entrada. Allí Sakura se paró en seco cuando la cabellera rubia se dio la vuelta y sus ojos jades se cruzaron con una mirada azul cielo que rebosaba energía.

-¡Hola, Sakura! ¡Cuánto tiempo!