Sakura no podía creer lo que veía. ¿De verdad aquel chico era…Sasuke? Decidió observarlo desde donde estaba. Vio que todo el mundo le saludaba inclinándose ante él. Sin duda le conocían, y sin duda, Sasuke era alguien importante.
Cuando quiso acercarse a saludar, vio como una chica de pelo azul y ojos perlas le daba lo que parecían unos importantes documentos y se iban por las escaleras a la planta superior. Aquella chica… La recordaba. Ella era la chica que acompañaba al joven con el que se había chocado el día que llegó a esa empresa para su entrevista de trabajo. La chica de los ojos perlas… era muy hermosa. ¿Qué clase de relación tendría con Sasuke? Un momento… ¿y eso a ella qué le importaba? Sakura había venido para empezar a trabajar como secretaria, no para andar metiéndose en la vida de nadie. Entonces… ¿por qué aquella punzada de dolor, tan parecida a los celos?
Sacudiendo la cabeza, Sakura avanzó hasta el final del pasillo y llamó a la puerta del despacho de Naruto. Como nadie contestaba, decidió abrirla. Observó el despacho desde la entrada y pudo apreciar lo mucho que había cambiado en tan pocos días. Encima de la mesa había varios montones de carpetas abiertas y muchas hojas tiradas por el suelo. Realmente, parecía que un huracán hubiera pasado por allí.
Se adentró en el despacho y algo le llamó la atención. Uno de los cajones de la mesa de Naruto estaba medio abierto y se podía vislumbrar una especie de dibujo infantil. Cuando iba a alargar la mano para terminar de abrir el cajón y coger el dibujo, alguien la detuvo.
-Ejem, ejem… ¿Se puede saber quién es usted? –le dijo alguien desde la puerta.
Sakura levantó la vista, asustada. En la entrada había un hombre apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y expresión de fastidio. Llevaba el pelo recogido en una coleta y lo tenía negro, igual que sus ojos.
-¿Y bien? ¿Piensas contestar o te vas a quedar ahí quieta como un pasmarote?
-Mi nombre es Haruno Sakura. Voy a ser la nueva secretaria de Naruto.
-Ah, sí… Naruto ya me ha comentado algo de ti. Mi nombre es Nara Shikamaru. Yo soy el contable de esta empresa. Me gustaría pedirte que esperaras a Naruto fuera de aquí.
-Sí, por supuesto –contestó Sakura mientras seguía a Shikamaru fuera de la sala.
-Señor Uchiha, mi padre no está seguro de si puede confiar en usted para asociar nuestras empresas –decía una peliazul a Sasuke.
-Lo sé, Hinata. Debes decirle que no tiene nada que temer. Las empresas Uchiha son fuertes, no hay ningún riesgo de que la inversión salga mal.
Mientras Sasuke y Hinata hablaban, Naruto entró en la sala interrumpiendo y gritando.
-¡Hinata-chan! ¡Cuánto tiempo! ¿Por qué no me has dicho que ibas a venir? Tenten acaba de decirme que estabas aquí.
-Naruto-kun… -dijo la joven Hyuga sonrojándose hasta las orejas.
Era evidente que Hinata sentía algo por Naruto, sino, solo había que ver cómo se ponía cada vez que él la hablaba. Sin embargo, parece que de todos Naruto era el único que no se daba cuenta, bien porque no prestaba atención a esas cosas o bien por lo torpe que era, sobre todo en temas amorosos.
-Bueno –dijo el rubio-, tengo cosas que hacer, sólo he venido porque hacía tiempo que no te veía, Hinata-chan. Aunque vengas a menudo siempre es por motivos de trabajo, y tenemos poco tiempo. Ahora me voy; estoy esperando a mi nueva secretaria.
-Ah, vale. Te prometo que intentaré venir más a menudo a saludarte, Naruto-kun –dijo Hinata aún sonrojada.
-¡Ey, Naruto, espera! –dijo Sasuke. –Explícame qué es eso de que tienes una nueva secretaria.
-¡Pues sí Sasuke! Ya verás cuando la veas, ¡es guapísima!
-Naruto, ya hemos hablado de esto, no puedes tener una secretaria nueva cada tres meses. Además, debes consultarme a mí primero. Es cierto que eres el jefe de personal, pero quiero que me comuniques todos los nuevos contratos y despidos. De momento, esa secretaria nueva tuya va a ser permanente, es decir, no vas a poder cambiar de secretaria en una buena temporada. ¿Entendido?
-No te preocupes Sasuke, ésta es diferente. Ya verás.
Sakura seguía esperando. Desde que aquel sujeto la había echado del despacho no había vuelto a acercarse. Sabía que no debería haber entrado sino había nadie, pero no pudo evitarlo. La curiosidad le empujó a ello. ¿Le habría contado ese tal Nara a Naruto que había estado cotilleando sus cosas? ¿Se enfadaría con ella?
Y luego estaba Sasuke. ¿Qué estaría haciendo allí? La opción más clara era pensar que igual trabajaba allí. Vaya, iba a trabajar con Sasuke… Y entonces le vino a la mente la imagen de él hablando con la chica del pelo azul, y, de nuevo, sintió esa inexplicable punzada de celos. Claro que, ella no era nadie para decidir con quién podía estar Sasuke y con quién no.
Mientras su mente estaba sumida en estas cavilaciones, alguien la sacó de sus pensamientos.
-Vaya, ¿ya estás aquí? Siento haberte hecho esperar –dijo un rubio.
-No importa, señor Uzumaki.
-Ya te dije que podías llamarme Naruto. En la fiesta, ¿recuerdas? Apropósito, no recuerdo haberte vuelto a ver. ¿Te fuiste sin despedirte?
-Sí, Naruto. Lo siento. Causas de fuerza mayor.
-No importa tranquila. Bueno, pues vamos a que firmes el contrato. No Sakura, en mi despacho no. Ha dicho mi jefe que prefiere encargarse él de los trámites. Quiere estar al tanto de quién trabaja para él y eso.
-Oh, muy bien. Vamos pues al despacho de tu jefe.
El rubio subió las escaleras con la pelirrosa y la llevó al despacho del dueño de las empresas Uchiha. Al abrir la puerta…
-¡Sasuke!
