Como todo en esta vida llega tarde o temprano, el día de la fiesta también llegó. Sakura estaba atacada de los nervios. Éste había sido el primer encargo que le habían hecho. Se había asegurado de que todo saliera perfecto. Salió a la entrada del edificio de la empresa a recibir a los invitados. Algunos de los que llegaban ya los conocía, como por ejemplo a los Hyuga. Otros solo los conocía de oídas, ya que eran apellidos famosos por el poder de sus empresas, como por ejemplo los hermanos Sabaku no.

Recibiendo a los invitados, vio llegar a los Yamanaka, y al ver a Ino, no pudo sino sentirse verdaderamente insignificante. Ino llevaba un vistoso vestido rojo que casaba perfectamente con su tono de labios. Llevaba el pelo suelto, a diferencia de lo habitual.

-Hola, Sakura. ¿Llegamos tarde? –preguntó el patriarca de los Yamanaka.

-No –respondió la pelirrosa al instante-, por supuesto que no, señor Inoichi. Pasad.

-Luego nos vemos Sakura –dijo Ino.

Los Yamanaka pasaron al interior, y Sakura comprobó la lista de invitados: solo quedaba por aparecer un tal Hatake Kakashi.

Sakura estuvo esperando fuera muerta de frío media hora más desde la llegada de los Yamanaka. Entonces, cuando ya pensó que aquel hombre no acudiría, vio una figura masculina dibujarse a lo lejos y confundirse entre las sombras de la noche.

Ante ella se presentó un hombre de piel clara, pelo gris como la ceniza y con la cara extrañamente tapada por una especie de máscara. Solo un ojo asomaba en su cara, un ojo pequeño y oscuro. Por lo poco que su rostro dejaba entrever, supuso que era un hombre joven, de unos 30 años de edad.

-Siento llegar tarde –habló el hombre-. Un gato negro se me cruzó en el camino. Mi nombre es Hatake Kakashi.

-Disculpe caballero… La fiesta no es de disfraces –dijo la pelirrosa ingenuamente señalando con la vista a su máscara.

-Lo sé, señorita. La máscara la llevo siempre.

Sakura pensó que aquel hombre no estaba bien de la cabeza. El caballero, como si se conocieran de toda la vida y con toda la confianza del mundo, la agarró del brazo delicadamente y la invitó a entrar en la fiesta con él.

Sakura y su acompañante casi no pudieron echar un vistazo a la fiesta, ya que apenas pusieron un pie dentro, un joven de cabello rubio y otro moreno salieron a su encuentro interponiéndose entre ellos y la fiesta.

-¡Kakashi! ¡Has estado entreteniendo a Sakura! –acusó Naruto.

-Lo siento; me perdí en el camino de la vida.

"¿No acaba de decir que se le había cruzado un gato negro?", pensó Sakura desconfiada.

-No le hagas caso, Sakura –intervino Sasuke-. No es más que un viejo que chochea.

-¿A quién llamas viejo? –intervino Kakashi, en cuyos ojos aparecieron cascaditas.

Dejando de lado a Naruto y a Kakashi, Sasuke cogió a Sakura y se la llevó a otra parte para hablar con ella y presentarle a unos amigos.

Este gesto no pasó desapercibido para los azules ojos de Ino, quien miraba con envidia cómo Sasuke le daba toda su atención a la que era desde siempre su mejor amiga. Se sentía fatal. Hacía mucho que Sasuke le gustaba y aunque hacía todo por llamar algo de su atención, él no parecía mínimamente interesado en Ino. Sin embargo, colmaba de atención a Sakura, que no haría ni una semana que la conocía.

La sangre de Ino hervía, y había decidido tomar medidas drásticas. Con decisión, se acercó a Sakura y a Sasuke y entabló conversación muy animadamente con ellos. Cuando pasó un camarero por allí, Ino le puso la zancadilla disimuladamente. El pobre camarero resbaló y las bebidas cayeran, dando a parar al vestido de Sakura. La chica, con los ojos húmedos, sentía las miradas de los invitados clavarse en ella como mil estacas. Otra vez, otra vez las burlas. Otra vez echó a correr. Otra vez como en la casa de Ino. Sasuke intentó detenerla, pero Ino se interpuso en su camino. Jamás iba a permitir que estuvieran juntos.

Sakura llegó al baño de las damas y se miró en el espejo. Estaba simplemente penosa. Su vestido estaba empapado y con grandes manchas. Su pelo se había revuelto en la carrera por encontrar un lugar aislado en el que refugiarse. Su maquillaje estaba emborronado y dejaba apreciar los surcos de sus lágrimas.

Decidida a recoger sus cosas e irse para volver otro día, salió lentamente del baño, con el pelo un poco mejor y sin maquillaje pero con las mismas manchas en el vestido. Mientras andaba, lento pero seguro y deprimida, se percató de que no estaba sola. El joven Hyuga, Neji, la miraba impasible. Sakura quedó estática en el sitio y aceptó el pañuelo que el joven le ofrecía.

-¿Está bien, señorita?

-Yo… Sí, supongo que sí. Los accidentes pasan.

-Siento discrepar, pero dudo que haya sido un accidente. –contestó el joven de los ojos perlas.

-¿Qué quiere decir? El camarero no lo haría aposta.

-No, el camarero no lo hizo adrede. Fue la chica rubia, Ino, quien le hizo caer.

-Ino… pero no entiendo… Ino es mi amiga…

-Todos saben que Ino está loca por Sasuke, y que haría cualquier cosa por él. Si usted aspira a algo con Sasuke, Ino hará lo que sea por separaros.

Sakura enrojeció. Sí, sí que esperaba llegar a algo con Sasuke. Hacía cosa de una semana que lo había conocido, pero no importaba, ella creía en el amor a primera vista.

-De todas maneras –continuó Neji-, lo que hagáis no es de m i incumbencia. Yo solo venía para ponerte sobre aviso. Ten cuidado, Haruno. Esa mujer es más peligrosa de lo que ella te ha dejado ver.