Sakura no paraba de darle vueltas a lo sucedido en la fiesta. No podía ser verdad que Ino le hubiera arruinado la noche aposta de esa manera. Tenía que haber una explicación lógica.

Aprovechando que era su día libre, decidió llamar a Ino y quedar con ella en la cafetería de siempre para aclarar ese asunto.

Llegó al lugar concertado y vio que Ino no había llegado aún. Se sentó en la mesa de siempre y pidió el mismo café de siempre. Cuando se lo sirvieron, empezó a soplarlo y en ese momento, Ino entró por la puerta. Se acercó a Sakura y se sentó en el asiento de enfrente.

-Hola –saludó la rubia-. ¿Qué es eso tan urgente que tenías que decirme?

-Hola –contestó la pelirrosa-. Bien… pues… no sé por dónde empezar, la verdad… Ino, ¿a ti… a ti te gusta Sasuke?

Ino permaneció tranquila en su sitio, sin mudar el gesto, pero un brillo gélido apareció en su rostro. Tenía la impresión de que sabía hacia dónde iba encaminada la conversación. Y no le gustaba nada.

-La pregunta no es si Sasuke me gusta, Sakura. Más bien debería ser yo quien te hiciera esa pregunta. Dime Sakura, ¿estás interesada en Sasuke?

-Yo…

-La respuesta es simple, Sakura. ¿Sí o no?

Sakura no sabía qué responder. Hacía poco que conocía a Sasuke, pero desde luego le llamó la atención desde el primer momento. ¿Creía en el amor a primera vista? Sí, probablemente.

Ino suspiró, pero mantuvo la mirada fría y clavada en Sakura.

-Sí, Sakura. Amo a Sasuke. No te lo conté porque, al ser de mundos tan diferentes, nunca creí que tuvieras la suerte de conocerle. Pensé que quizás le vieras de lejos, ya que trabajabas en su empresa, pero nunca imaginé que fuerais a haceros tan… amiguitos. Supongo que no pude evitar sentir celos, y por eso decidí arruinarte la noche. No, lo de la bebida que se te derramó no fue un accidente. Lo único que sentí cuando te vi salir corriendo fue satisfacción.

Sakura sintió que algo se rompía en su interior. No sabía muy bien si era porque su amiga le estaba confesando su traición tan tranquilamente o porque le había dicho que amaba a Sasuke.

-Amo a Sasuke –continuó Ino-, y no voy a permitir que nadie interfiera. No me importa de quién se trate. No voy a andarme con miramientos. Ni siquiera contigo, Sakura. A partir de ahora, tú y yo dejamos de ser amigas y nuestra amistad queda en el pasado. Sasuke será mío, y te lo advierto; no me importa qué tenga que hacer.

Dicho esto, Ino abandonó el local rápidamente dejando a Sakura hecha un mar de lágrimas.

Sakura aún se quedó un rato allí parada, sin saber muy bien qué hacer. Se secó las lágrimas y sacó un pequeño espejito de su bolso. Vio su reflejo con los ojos ligeramente enrojecidos. Guardó de nuevo el espejo y pagó las consumiciones.

Salió de aquella cafetería, andando al principio, y después más y más rápido, como si las llamas la persiguieran.

Deteniendo su carrera fue a parar a un parque. Fatigada, se adentró en él y se sentó en un banco enfrente de un estaque. Mientras intentaba recuperar el ritmo normal de respiración, se dio cuenta de que desde el parque podía verse el edificio donde tenían su base las empresas Uchiha. Su subconsciente la había traicionado llevándola a un lugar tan cercano de él, de Sasuke. Sasuke…

Sakura suspiró. Todos sus problemas empezaban y terminaban por él. Seguro que en ese momento estaba tranquilo en su despacho, ajeno a lo que estaba pasando la pelirrosa. Pero claro, él no tenía motivos para preocuparse. Era un gran empresario, con la vida resuelta y una gran rubia que le rondaba, y Sakura, al fin y al cabo, solo era la secretaria del jefe de personal.

Cavilando sobre estos pensamientos, que solo conseguían hundirla más y más en la tristeza, alguien se sentó a su lado y carraspeó, como si quisiera llamar su atención.

Sakura giró la cabeza con desgana y se sorprendió al ver allí sentado a Hyuga Neji.

-Vaya, nos volvemos a encontrar, Haruno.

-Ho…Hola… ¿Qué haces aquí?

-Bueno, hoy había una junta para discutir algunos temas presupuestarios. La reunión ya ha acabado, y este parque no está lejos. Por aquí no pasa mucha gente, y a mí me gusta la tranquilidad. ¿Y tú?

-¿Qué qué hago aquí? Pues no sé, la verdad. Venía distraída pensando en mis cosas y los pies me han llevado a aquí.

Neji la miró fijamente. Podía observar los aún enrojecidos ojos de la chica y vio que algo no estaba bien en ella, a pesar de su sonrisa. No iba a hacerle ninguna pregunta de carácter personal; él era muy discreto y pensó que aquello sería de mala educación. Justo en ese momento, y para liberarlos de aquel silencio incómodo, llegó la prima de Neji: Hyuga Hinata.

-¡Neji! –llamó mientras iba deprisa a donde ambos se encontraban.

Sakura pensó que Hinata era lo único que le faltaba para rematar el día.

-¿Tienes que venir gritando, Hinata? –le reprochó Neji.

-Yo… lo siento. Solo quería decirte que te había preparado el almuerzo –dijo Hinata tímidamente mientras le ofrecía la bolsa que había estado ocultando tras su espalda para darle una sorpresa.

Neji suspiró, su prima era incorregible. Sakura, por el contrario, sonrió. Quizás, Hinata era diferente a como se la había imaginado.