Fantasmas del pasado
"No sé lo que he soñado en la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño
pues despierto, la angustia me duraba.
Noté al incorporarme, húmeda la almohada
y por primera vez sentí, al notarlo,
de un amargo placer henchirse el alma.
Triste cosa es el sueño, que llanto nos arranca,
mas tengo en mi tristeza una alegría...
¡Sé que aún me quedan lágrimas!"
Gustavo Adolfo Bécquer
Poeta Español – de su obra "Rimas"
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Las mañanas empezaban especialmente temprano para él, puesto que desde que daba clases debía alistarse al salir el sol para llegar a tiempo a su trabajo de suplencia. Pero esa mañana en particular le fue sumamente fácil abandonar el lecho, no había pegado un ojo en toda la noche. Y es que el recuerdo lo atormentaba, una y otra vez la frágil figura en medio del salón del Templo lo corroía. Todo fue muy rápido, muy confuso, muy efímero, y casi tan irreal como el malestar que sentía. Su cabeza latía y juraría que su cerebro quería estallar, llevó sus manos a su cabeza y la presionó, no había cambiado de pose en las últimas horas, sentado al borde del sofá de cuero de la sala, con solo puesto unos pantalones de fina tela negra, su dorso desnudo y bien formado subía y bajaba agitado.
Era el día para dormir un poco más, apenas eran las 6, 30 am y debía estar en el taller a las 8 de la mañana, no gustaba tomar café como todas las mañanas, no gustaba comer un suculento trozo de pastel de piña preparado por la hermana de su amigo Diamante, simplemente no le gustaba la idea de moverse de ese sitio en todo el día, chistó con su lengua molesto. Actuaba mal, lo sabía, solo que no podía evitarlo y el día recién comenzaba.
El tener que planchar toda su ropa era un punto a parte, si bien Makoto ayudaba no podía hacer a la chica que se encargue de su casa, y su característica exigencia y malhumor espantó a la última muchacha que vino a ayudarle con la limpieza. Se dirigió al cuarto de lavado a buscar alguna prenda que no necesite de planchado y sonrió para sí, se sentía realmente bien cuando tenía esas ocurrencias, solo que se lamentó no poder compartirlo con nadie.
No hacía mucho que vivía solo, ciertamente toda su vida compartió su techo con más personas. En un principio con sus padres y su hermanita, al irse su madre lejos, quedaron los tres solamente tratando de rearmar esa vida que se destrozó con la partida de su progenitora, Amy y él ayudaron a su padre con todos los quehaceres, ya que no se sentían a gusto con ayuda ajena en ese momento, allí fue donde aprendió a cocinar, a zurcir, tender las camas, lavar y planchar, aunque lo ultimo lo detestaba.
Más tarde con la muerte de su padre, solo quedaron su pequeña hermana y él, sus tíos vinieron una temporada para ayudarlos, él había quedado a cargo de su hermana menor de edad, dentro de todas las desgracias acontecidas ese año el que él alcanzara la edad legal para considerarse un adulto alivio un poco la carga, no se irían de su hogar, no partirían a casa de sus tíos, porque simplemente él decidía por Amy, y ella no quería dejar a sus amigas. Ya lo que se suscito luego excedió todo su control, Amy se sentía muy mal por tener a Rei lejos, Makoto absorta en los asuntos de su hogar, ayudando a su hermano, poco después la partida de Minako Aino a la ciudad, primero a estudiar, luego también los veranos y ya luego asentándose definitivamente. Notó que su pequeña hermana había caído en un gran pozo, la veía frustrarse, malgastar su tiempo e inteligencia que tanto la destacaba y fue cuando le propuso pasar tiempo en el extranjero junto a sus tíos maternos, la pequeña accedió luego de varios intentos infructuosos, y así Amy comenzó a dividirse entre la casa de sus tíos y su pueblo, el que llamaba hogar. Y ahora… ahora… ella seguía lejos, y no visitaba tan seguido como solía hacerlo, y él… él no se iría de allí, porque simplemente pertenecía a ese lugar.
Su vida era bastante solitaria ya como para intentar adoptar una mascota que seguro moriría de inanición por sus descuidos. Terminó de cambiarse, tomó sus llaves y caminó hacia la puerta donde el calendario en forma de estrella colgaba.
-Hoy es día 12…- murmuró recordando algo, algo que no lo llenaba de dicha, mientras el recuerdo de esos ojos amatistas seguían viniendo a él.
o-o-o-o-o
-¡Que los cumplas pequeña Rei, que los cumplas feliz!- la hermosa jovencita de largo cabello negro e impactantes ojos violáceos sopló con fuerza las trece velas de su pastel de cumpleaños.
-¡Muy bien!- exclamaron todos los presentes, mientras un hombre mayor abrazaba a la jovencita vestida en un hermoso vestido rojo con tirantes bastante holgado que le llegaba a sus rodillas.
-Feliz cumpleaños querida Rei.- felicitó con voz dulce Nobu Matsuzawa envestido en su traje de sacerdote.
-Abuelo- exclamó feliz con una gran sonrisa, mientras sus amigos se acercaban a saludarla.
Era una tarde preciosa de abril, la primavera estaba instalada en todo su esplendor, los arboles de cerezo florecieron dejando un sendero de pétalos rosas sobre la acera de las afueras del viejo templo. Un grupo de jóvenes se reunían felices para agasajar a la pequeña amatista.
-Este es mi regalo amiga.- dijo una hermosa joven pelicastaña de ojos verdes, que llevaba su largo cabello ondulado suelto vestida con unos pantalones de mezclilla y una blusa amarilla. –Espero te guste, lo hice yo misma.- extendió el paquete en forma de corazón rosa con un moño verde, la pequeña pelinegra lo abrió con cuidado para encontrar unas deliciosas galletas de mantequilla en formas de estrella.
-Mako ¡me encanta! Gracias.- dijo feliz abrazando a su mejor amiga, mientras un joven de cabello platinado corto y otro rubio se acercaba.
-Rei, este es nuestro y de Kun.- dijo Diamante, el hermano mayor de la pelicastaña acercando un gran objeto envuelto en papel de color azul que pesaba bastante, mientras el joven rubio despeinaba su cabello y más atrás algo apartado Kuncite, inclinaba su cabeza, con cuidado fue rompiendo el envoltorio, y fueron cayendo los trozos de papel dejando ver un hermoso baúl de madera trabajado.
-¡Oh Dante, Andrew, Kun! Es precioso, me encanta, que lindos.- agradecida la agasajada se ponía en punta de pies para estrecharlos en un abrazo para luego acercarse al peliplata y repetir el gesto, que fue gratamente recibido por una bella sonrisa.
-¡Falta el nuestro!- exclamó una hermosa rubia de ojos azules y moño rojo.- Amy y yo lo conseguimos luego de dar muchas vueltas.- dijo acercándose al tiempo que se tropezaba con sus propios pies, evitando la caída el mismo joven de largo cabello plateado y ojos gatunos. –¡Oh Kun!... Gracias.- susurró sonrojada mientras le extendía el obsequio a su amiga envuelto en papel metálico.
-Espero te guste Rei.- dijo una linda jovencita de cabello corto azulado, la joven amatista abrió con manos torpes el obsequio encontrándose con un hermoso kimono rojo con detalles en dorados.
-¡Es precioso! gracias chicas.- hablaba emocionada.
-Makoto fue la de la idea, sabes que nosotras no sabemos hacer galletas deliciosas como ella.- exclamó feliz la rubia, de nombre Minako Aino.
-Todo es perfecto, gracias por venir.-
La fiesta siguió con baile, bromas entre los presentes y los más deliciosos bocadillos preparados por Makoto, que como era costumbre, se encargaba de la comida en cada festejo de sus amigas. Rei era la menor del grupo por escasos meses, luego seguía la pelicastaña, y tanto Amy como Mina tenían un año más, pero eso no era impedimento para haberse hecho grandes amigas.
La joven pelinegra se apartó un poco del grupo hacia el costado del templo buscando algo de paz, si bien estaba rodeada de afectos, su cumpleaños tendían a ser una fecha especialmente triste para ella, ya que recordaba cuanto le hacía falta su madre recientemente fallecida.
Descargó su peso en el grueso tronco del árbol de cerezo y cerró sus ojos, para evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas, nunca le gustó llorar, pero el dolor era tan grande que le era imposible evitarlo, prefirió alejarse para no opacar tan lindo día.
-Las nenas lindas no deberían llorar.- oyó que le decían, abriendo sus ojos y encontrándose con la mirada amable de Seiya Kou. –En especial el día de su cumpleaños, deben reír.- dijo acercándose a ella a paso seguro con sus manos en los bolsillos de su pantalón de mezclilla azul combinados con una camisa blanca y zapatos negros.
Rei sentía las lágrimas quemar sus enrojecidas mejillas, apretó fuertemente sus labios para evitar que un sollozo escapara y así también la caída de agua salada surcando su rostro de porcelana.
-Hola Seiya, espero la estés pasando bien.- trató de disimular sus lágrimas limpiándolas con el dorso de su pequeña y frágil mano.
-Estaría pasándola mejor si no estuvieras triste.- dijo deteniéndose frente a ella. -¿Qué sucede pequeña?- preguntó con toda la paciencia del mundo, y era que ella podía engañar a todos, pero no a Seiya, simplemente para él era transparente.
-No es nada….- negó con su cabeza desviando su mirada hacia sus zapatos blancos, fue cuando sintió la tibia mano del pelinegro en su barbilla que el color de sus mejillas se intensificó, el movimiento obligó a Rei a levantar la mirada y encontrarse con esos ojos azules tan intensos como la noche.
-A tu mamá no le gustaría verte triste, ella reía todo el tiempo Rei.- la frase fue más que acertada y es que ella lo sabía, pero simplemente era difícil.
-Lo sé, pero no puedo evitarlo.- soltó en un hilo de voz mientras nuevas lágrimas caían libres por sus mejillas, y nuevamente se sintió frustrada, los finos dedos del pelinegro limpiaron el camino de sus lágrimas y le dedicó una de sus mejores sonrisas a la joven.
-Imagino eso, pero hagamos un trato.- Rei volvió a la realidad en cuanto oyó esas palabras y es que estaba sumida en las suaves caricias del ojiazul. -cuando sientas ganas de llorar, me llamas y juntos intentaremos que estés mejor…- las cálidas palabras arrancaron una sincera sonrisa a la amatista.
-Gracias Seiya….- dijo en un susurro captado a la perfección por el joven debido a la cercanía.
-Eso me recuerda que tengo algo para ti.- dijo buscando en tus bolsillos.- No sé si te guste, pero lo vi y me hizo pensar en ti.- finalizó extendiéndole un pequeño paquete verde. –Feliz cumpleaños pequeña Rei Hino…-
La joven tomó el paquete y lo abrió temblorosa, dentro descansaba sobre la fina tela de gaza un prendedor, un fénix en rojo con sus alas extendidas, los ojos de la chica automáticamente se llenaron de lagrimas empeñando su visión.
-No te gusta- se apresuró a decir el joven algo decepcionado y a la vez consternado por la reacción de la joven.- Puedes cambiarlo no es compromiso yo…- la pelinegra extendió su mano llevando un dedo a la boca de Seiya haciéndolo callar.
-Es perfecto Seiya, es…- no encontraba las palabras para describirlo. –Es el mejor regalo.- finalizó sonriendo, y es que a su madre le encantaba el ave mitológica, pintando en acuarela un sinfín de maneras para resaltarla y llevarla a la vida. Sin decir nada más Rei abrazo al joven que devolvió el abrazo con más fuerza.
-Lo que sea para verte feliz pequeña Fénix, lo que sea y más.- finalizó con una gran sonrisa.
Despertó sobresaltada tratando de acostumbrar sus ojos a la luz solar que se filtraba por las hendijas de la ventana, tardó un poco en reconocer el lugar donde se encontraba, su vieja alcoba, en el templo. Desvió su mirada hacia el buro donde la fotografía tomada el día de su cumpleaños número trece descansaba, todos se veían tan felices esa tarde, en especial ella.
La tomó con cuidado y pasó las yemas de sus dedos sobre el frio vidrio, todos estaban allí. La dejó en su sitio poniéndose de pie y se dirigió perezosa hasta el gran armario de madera de roble, abrió la pesada puerta que contenía un espejo del otro lado y paso su mirada violácea por cada una de las prendas allí colgada, una funda color beige transparente capto su atención.
-Mi kimono.- susurró pensativa sintiendo un ligero dolor de cabeza.
Descansando al final del armario el regalo que sus amigas le habían hecho ese día especial. Sonrió para sí, lo había usado tanto que ya la tela comenzó a deshilacharse, pero jamás pudo deshacerse de él, giró su cabeza y posando en los pies de su cama el gran baúl de madera tallada, ese mismo que quiso llevarse tantas veces cuando estuvo viviendo en la ciudad, pero nunca tuvo tiempo de venir por él, o más bien la valentía de pisar el lugar donde hoy se encontraba.
Decidió darse una ducha y alistarse para el día de hoy, luego del hospital debía pasar por el negocio de Diamante a terminar de hablar acerca de la oferta de trabajo. Miró por la ventana, el cielo estaba nublado y parecía que seguiría así todo el día.
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Llegó al taller algún rato después, el camino aún no estaba bueno luego de la lluvia de los días anteriores, para su suerte su camioneta no se quedaba atascada fácilmente, y en caso de ocurrir tenía todo a mano para sacarla del camino. Aunque su demora no se debía solo al camino inestable, sino que el atajo que tomó lo hizo pasar por las inmediaciones del Templo, donde notó un auto deportivo estacionado en las afueras y dedujo a quién pertenecía.
-Otra cosa más en la que disentimos.- se dijo así mismo cuando vio el auto plateado, simplemente odiaba esos vehículos modernos poco resistentes, pero se maldijo por dirigir sus pensamientos hacia la noche anterior nuevamente.
Entró con pereza característica al taller y como siempre su socio y amigo ya estaba dentro del amplio galpón desarmando lo que parecía ser una caja secuencial, el gesto frustrado de su amigo lo hizo sonreír, eso lo ponía de buen humor.
-Buenos días Kun.- saludó con su sonrisa característica, solo recibiendo un gruñido por parte del peliplata. –Hoy estamos especialmente charlador ¿verdad amigo?- ironizó acercándose hacia la mesa donde el hombre trabajaba, observando minuciosamente su trabajo, notando la exasperación del hombre con su presencia algo entrometida.- Jamás la arreglaras así, eres muy tosco, dame.- pidió sin dejar de sonreír consiguiendo que el peliplata lo mire de reojo y se haga a un lado de mala gana.
Y es que si alguien lograba exasperarlo era el pelinegro, pero al mismo tiempo era el único capaz de lograr que entre en razón. No pasó mucho cuando Seiya logró encajar las piezas, tomó un trapo tirado para limpiar la grasa de sus manos.
-Hacía horas que estaba con eso.- admitió el peliplata recargando su espalda contra una fría columna del lugar, algo aliviado por la llegada de su amigo.
-Andas distraído, es normal no creo que estés durmiendo mucho con lo del bar.- dijo comprensivo sosteniéndole la mirada.
-Así es, siempre fue mi sueño restaurar el viejo bar de mi padre, pero ese maldito incendio lo destruyo casi por completo…- dijo Kun recordando aquella noche, de hace poco más de 5 años.
-Pero ya lo levantaste amigo mío.- dijo palmeando el hombro de Kun en un gesto de congratulación, haciendo que el hombre dirigiera su mirada gatuna hacia su mano.
-Gracias, pero no hacía falta ensuciarme….- soltó quitando la mano del pelinegro haciéndolo reír.
-Eres muy pulcro para trabajar en un lugar así, eso seguro.- rió con ganas el ojiazul.
-Seiya he ido a tu casa, doblas tu ropa interior por colores.- contraatacó con bufa, dejando perplejo a su interlocutor.
-¿Cómo sabes eso? A veces me asusta que nos conozcamos tanto, la gente pensará mal de nosotros.-
Y es que la relación tan estrecha que habían relacionado los muchachos en ocasiones los hacía blancos de ciertos rumores malintencionados que los tenían como protagonistas.
-No te preocupes me vinculan con Kouta, estas fuera del ojo de la tormenta.- soltó Kun, sonriendo leventemente.
-Genial, me queda Andrew, no me gustan los rubios, ¡pero bueno! Siempre puedo recurrir al gran Diamante - bromista el muchacho mientras se encogía de hombros, recordando de pronto a su amigo -¿Oye y Dante ya terminó todo lo que le pediste?- interrogó Seiya poniendo un poco de seriedad a la plática.
-No, aún faltan algunas banquetas altas, hoy iba a detallarme un presupuesto, no tengo palabras para con Dante, ciertamente hizo todo a muy bajo costo, ni siquiera me cobro su trabajo, supongo que sus tragos serán gratis al menos por un año.-bromeó con cierta mirada pensativa le peliplata.
-¡Genial!-
-Solo los de Dante….- advirtió.
-Ey, yo te di días libres cubriendo tu trabajo- ofendido el dueño del lugar.
-Yo te cubro desde comienzo de año Seiya.- jaque mate, el pelinegro no tuvo refutación.- Oye debo ir al bar hoy harían la instalación de gas, ¿tú te quedaras aquí? Es que Dante iba a traer el presupuesto y yo no hago a tiempo de pasar por su negocio. – explicó con evidente intención de recibir ayuda.
-Yo me quedo Kun, tú vete, pero no te lo tomes a costumbre eh.-
-Claro que no.- se giró hacia la salida, pero antes algo cruzó por su mente, algo que se debatía entre comentarlo con su amigo o no, solía ser muy discreto, sin embargo…
-Oye Kun.- lo llamó el pelinegro haciéndolo voltear a penas su cabeza para mirarlo. Algo en el gesto de Seiya era extraño, como si algo le molestara, lo preocupara.
-Falta poco para que regrese…- dijo más como una afirmación que como una pregunta, sabiendo la respuesta.
-No es eso…- se apresuró a negar.-¿sabes quién está en el pueblo?- soltó con gesto serio, pensativo, necesitando compartir algo de lo que sabia y nada mejor que con la única persona que no haría preguntas, solo se limitaría a escucharlo, el silencio del peliplata lo hizo continuar. –Pasé por el templo la otra noche y… bueno….- las palabras murieron en su garganta dejando la frase inconclusa, pero bastante clara para el hombre ante él y es que no sabía con precisión qué es lo que quería decir.
-Sé que la pequeña Rei está en el pueblo- dijo sorprendiendo al pelinegro.-Andrew me lo dijo, vino por su abuelo.- explicó con sencillez.
-Oh… si supuse.- finalizó con el mismo gesto pensativo, ante el silencio de Seiya, el dueño del nuevo bar siguió su camino, no había mucho más que decir.
o-o-o-o
El lugar estaba muy silencioso, pero al menos la puerta estaba abierta, ingresó haciendo sonar la campanilla de la puerta mientras que con su mirada buscaba al dueño del lugar. Aflojó el cordón negro a la altura de su cintura del abrigo negro, y lo desabotonó con cuidado, fuera el clima era muy frío, pero dentro del negocio de carpintería propiedad de Diamante, la calefacción estaba encendida dando un clima agradable.
-¿Diamante?- lo llamó, pero no recibió respuesta, supuso entonces o que el joven peliplata había salido o se encontraría en el taller del fondo del lugar donde creaba sus muebles, cortaba madera, y hacía todo eso que él hacía que generaba mucho ruido. Aunque no tanto como sus zapatos de tacón al golpear el suelo, se replanteó por qué al salir corriendo con la noticia de su abuelo puso en su maleta los zapatos de tacón, en fin.
Caminó intentado no aturdirse ella misma hasta llegar al cuarto de taller en la parte de atrás donde algunas voces se oían.
-Te lo digo, debes limpiar.- dijo una voz femenina que reconoció al instante, arrancándole una sonrisa.
-Que trabajo con madera, el polvillo vuelva.-
Abrió con lentitud la puerta y la escena no pudo causarle más gracia. Makoto sostenía un plumero, mientras que cubría su ropa con un delantal que tenía dibujado en él el cuerpo de una mujer semidesnuda muy bien formada, con su cabello atado en una coleta alta, guantes de látex color rosa mientras que lo que parecía ser todo un set de productos de limpieza se extendía a sus pies, mientras que su hermano parado frente a ella vestía unos jeans y una camisa a cuadros roja y azul, cubiertas íntegramente por aserrín y sostenía una lijadora eléctrica en una mano y en la otra una taza de humeante café, la mirada de ambos se dirigió entonces a ella.
-Hola Rei.- saludaron al unísono, para luego seguir en su interminable discusión.
-Ya te dije Mako, no puedes venir a limpiar aquí cuando tengo tantas cosas que hacer, eso lo hago los domingos.- un exasperado peliplata repetía.
-Eso ocurrió un domingo…. Hace unos cinco meses Diamante.- aclaró su hermana, que sabía muy bien lo receloso que podía ser Dante cuando se trataba del lugar donde trabajaba.
-No seas exagerada.- chistó cruzando sus brazos.
-No lo soy, la última vez fue poco antes que me fuera a la ciudad a mi congreso.- le recordó poniendo sus brazos en jarra.
La risita divertida de la pelinegra los sacó de discusión fraternal desviando su atención a la hermosa muchacha aún parada en la puerta.
-¿Tu de que te ríes pequeña Rei?- interrogó levantando una ceja divertido el muchacho.
-No cambian.- dijo negando son su cabeza en un gesto divertido.
-Oye amiga, no te rías de mi.- dijo la pelicastaña haciendo un dulce puchero.-No sabes lo difícil que es tener a este hombre de hermano, te lo digo Dante.- continuo dirigiéndose a él.- en casa eres obsesivo con el orden, pero aquí muy desordenado así nunca tendrás novia y yo quiero sobrinos pronto.- recalcó lo último como si fuera primordial.
-Déjate de esas cosas, no estoy listo para el casamiento.- y una vez más Makoto lo había llevado al tema que él detestaba y que ella adoraba explayarlo.
-Ay Dante, que antiguo, nadie te pide que te cases, solo ten un hijito.- esta vez la voz de la pelinegra se alzó, y es que cuando de molestar a Dante se trataba nadie como ellas dos juntas.
-Es cierto Dante.- apoyó la hermosa ojiverde.
-No, no, no.- negó con su cabeza apretando sus ojos.-las cosas como son, conoces a la chica indicada, pides su mano, te comprometes, luego casamiento y luego recién los hijos.- enumeró con mucha seriedad.
-No puedo creer que seas tan conservador, siempre todo a la antigua.- dijo su hermana aún no comprendiendo por qué el muchacho siempre se encasillaba.
-Conmigo no durarías ni un minuto.- dijo divertida la amatista mientras cruzaba sus brazos.
-Pequeña Rei, tu eres muy liberal al igual que mi hermana, tienen ideas…. Raras- explicaba ante la mirada inquisidora de ambas muchachas. - mi esposa deberá ser toda un ama de casa.-
-Que despedazara la carne que tú hayas cazado para luego utilizar la piel como cubrecama… Ay Dante ¡por Dios!- ironizó Makoto quejándose constantemente de los pensamientos arcaicos de su hermano mayor.
-¿Y tú qué haces aquí amiga? Te hacía en la cafetería.- cambió de tema Rei notando lo entrada de la mañana.
-Hoy trabajo solo de tarde, las otras muchachas me cubren.- explicó sonriente.- Pero de todas maneras debo irme, quiero hacer unas compras, algunas revistas sobre cocina que encargué.- explicó feliz.- el Festival Invernal se acerca y quiero sorprender con nuevos pasteles.-
-Mako aun faltan semanas hermanita.-
-Debo practicar, en fin chicos me retiro, te deseo suerte Rei.- le guiñó el ojo cómplice para luego hacer un gesto de hastío.
-Te vi Makoto.- la acusó el peliplata, mientras las chicas se despedían y la joven cocinera salía por la puerta dejándolos solos.
Diamante volvió a tomar asiento delante de su escritorio de trabajo, donde se alzaban algunos planos, y varios trozos de madera esparcidos. La pelinegra recorrió con la mirada el cuarto, no había cambiado nada desde la última vez que estuvo ahí hace ya 4 años atrás.
-¿Cómo está el abuelo?- la pregunta de Dante la volvió a la realidad, le sonrió amablemente.
-Enérgico, pero aún debe estar internado por un tiempo más.- contestó acercando hacia el muchacho observando los planos con curiosidad, tratando de entender lo que se alzaba ante ella.
-Es el plano de un salón, de la ubicación de las mesas.- dijo sonriendo comprendiendo la mirada confundida de su amiga. –Son para el bar de Kun, va a volver a abrirlo.- contó con entusiasmo.
-Oh ¡eso es genial! Aún no he podido verlo, me alegra mucho que lograra arreglarlo.- dijo sincera Rei, y es que recordaba ese lugar, toda la gente del pueblo se juntaba por las noches allí a platicar de su día, claro que ella aún era pequeña en ese entonces como para poder estar allí a altas hora de la noche.
-Sí, ciertamente estaba en muy deteriorado, pero pudimos levantarlo de a poco.-
-¿Pudimos?- interrogó sorprendida.
-Sí, todos ayudamos, Andrew, Seiya, tu servidor, incluso Kouta.- enumeraba feliz el peliplata.
-¿Kouta?- preguntó la joven mientras Dante sonreía.
-Es un amigo nuestro, ya lo conocerás seguro se llevarán bien, él escribe música.- dijo animado.
-Compone.- lo corrigió la joven de ojos amatistas.
-Eso mismo, cosas que tú haces.-
-¿Y tu guitarra Dante?- soltó la chica con curiosidad genuina.
-Creo que en el ático Rei, hace años no la toco, no tengo tiempo.- se excusé el carpintero removiéndose en su banqueta alta.
-Esa no es excusa Diamante.- le reprochó poniendo sus brazos en jarra.- ¿cómo que ahora no tienes tiempo?-
El peliplata se encogió de hombros no sabiendo que responder. –Bueno amiga, supongo que has venido por mi oferta de trabajo, pero debo advertirte que no podré pagarte mucho, estoy haciendo unas refacciones en casa.- comunicó algo apenado por no poder ayudar más a su amiga.
-Dante no es problema, solo necesito mantener ocupado mi tiempo, el dinero no es problema, tengo todo lo que necesito en el templo- aclaró la pelinegra sonriendo para tranquilidad de Dante. –Y en la Ciudad dejé todo listo…-
-Genial entonces, bueno tu trabajo será atender a la clientela, ayudarme con las cuentas y libros de contaduría, ya sabes asuntos del banco.- explicó poniéndose de pie y caminando hacia el negocio que estaba delante del cuarto, con la pelinegra detrás de él. –Te diré donde esta cada cosa, yo abriré tú no tienes que preocuparte, claro en caso que yo no pueda te avisaré, comúnmente cierro dos horas al mediodía, pero ahora tengo mucho trabajo como para hacerlo así que almuerzo aquí.- detallaba el muchacho deteniéndose.
-Entiendo, genial, no hay problema por mí.- respondió prestando toda su atención a su futuro jefe.
-Perfecto, y te tengo tu primer trabajo.- le dijo al tiempo que sacudía de su ropa el aserrín.
-Escucho.-
-¿Podrías ir al taller donde trabaja Kun a darle esto?- interrogó entregándole un sobre papel madera. –Es para él, quedé en que debía alcanzárselo hoy, pero me han llamado de la escuela, debo ir a ver unos pupitres para restaurarlos.- informó algo apenado por hacer que la chica tuviera que irse hasta el lugar de trabajo del peli largo.
-Seguro Dante.- aceptó la pelinegra tomando el sobre.
-¿Has venido con tu auto?-
-Sí.-
-Bueno, pero toma el camino del viejo rancho, no el otro, la lluvia de los otros días lo deterioro un poco y aun no han hecho la huella.- explicó a la pelinegra. –Yo cerraré aquí.-
-Lo haré.- asintió con su cabeza, mientras Dante tomaba su chaqueta y la pelinegra lo imitaba haciendo lo mismo con su abrigo negro y tomando de su bolso las llaves de su auto. Ambos salieron del negocio y el peliplata acompañó a Rei hasta su auto.
-Ten cuidado, oh…. ¿sabes dónde queda el taller verdad?- dudó por unos instantes, y es que estaba el detalle de que hacía mucho que la amiga de su hermana no estaba en el pueblo, Rei subió a su auto acomodándose.
-Sí, Dante, no te preocupes.- dijo la muchacha para tranquilizarlo.
-Adiós Rei.- se despidió el joven mientras la chica ponía en marcha el automóvil.
-Adiós Dante.-
o-o-o-o-o
Salió de la fosa con gesto cansado, al parecer el vehículo estaba más dañado de lo que creía, y es que últimamente parecía ser que los automóviles utilizados por las patrullas de caminos recibían menos cuidado que hace algunos años. Se dispuso a quitarse la camisa de trabajo color azul oscura manchada con grasa y aceite dejando solo puesto una playera negra de algodón y los pantalones azules holgados de trabajo. Limpió su frente con su antebrazo y se dirigió al lavado, tomó una esponja, algo de azúcar, jabón liquido y comenzó a frotar sus manos con rapidez, el frote no le dolía, los callos formados con los años eran duros, nada más alejado que los dedos de un pianista, después de todo no estaba nada más alejado de ese sueño.
Ahora solo enseñaba cómo tocar, olvidando en algún punto su pasión al hacerlo, esa pasión que su madre le trasmitió al enseñarle a tocar el piano, pasión por la música, que solo compartía con una persona en especial, una persona que fue muy importante, para luego… que todo se saliera de control y se marchara del pueblo por varios años, una chiquilla bastante temperamental, pero dulce como pocas si sabías cómo sacar ese lado. Sacudió su cabeza y se dispuso a secarse sus manos con la toalla verde agua que colgada junto al lavado blanco. Se dirigió hacia un rincón del taller donde tenían una mesa de madera con varias infusiones, junto a ella una cocina, encendió el fuego y puso agua a calentar.
-Un té de vainilla no me vendría mal.- se dijo para sí buscando su taza, la misma que usaba desde que tenía el lugar, una taza azul oscura de cerámica, con sus bordes en negro, Kuncite solía bromear acerca de lo posesivo que podía ser que ese objeto, pero simplemente era suyo y le encantaba.
Oyó un auto detenerse, por el ruido del motor dedujo que no se trataba de Diamante, podía distinguir el modelo de cualquier auto con solo oír su motor, oído que sin duda heredó de su padre.
-Lo que se hereda no se hurta…- se dijo divertido.
La pelinegra bajó de su auto, volviendo hacia él en segundos para tomar el sobre que debía entregar al peliplata. Caminó tratando de no caerse, ciertamente la tierra irregular y sus tacones atentaban contra su equilibrio. Llegó a la puerta del lugar que estaba entre abierta y la empujó un poco.
-¿Hola?- saludó dubitativa, parecía que todos se escondían de ella el día de hoy, se adentró aún más al lugar acostumbrado su mirada a la media luz que se extendía dentro. -¿Kun?- llamó.
Seiya dejó de mala manera la taza azul sobre la mesa ni bien había escuchado una voz femenina, por su mente cruzó alguna clienta en desgracia en medio de la nada, aunque le sorprendió oír el nombre de su socio, salió de detrás de algunos vehículos y de frente a él, pero sin poder verlo estaba Rei Hino. Su garganta se secó, frunció su ceño y una media sonrisa irónica se dibujó al instante, iba a contestarle, pero simplemente no pudo. La noche que la encontró en el templo no tuvo la oportunidad de verla bien, y ahora que lo hacía con detenimiento simplemente no podía evitarlo. Su largo cabello color ébano contrastaba a la perfección con su blanca piel de porcelana, su fino rostro, elegante y refinado, su hermosa boca, pequeña y en forma de corazón, y por ultimo esos ojos, no había olvidado esos ojos. Siguió recorriendo a la chica con la mirada, estaba mucho más alta que la última vez que la vio, sus piernas eran largas y bien formadas, mucho más no podía apreciar puesto que el abrigo que llevaba no se lo permitía.
-Hola Seiya.- fue cuando la escuchó pronunciar su nombre que volvió a la realidad, había estado observándola solo unos segundos, pero para él se tornó eterno. Tragó saliva y clavó su mirada en la de ella.
-Hola, Kun no está aquí.- se apresuró a decir para luego darse vuelta y caminar hacia dentro, por un segundo su actitud descolocó a la pelinegra, pero lejos de retirarse lo siguió.
-¿Cómo… sabes…- Rei no puedo terminar de formular su pregunta cuando la voz de Seiya se alzó.
-Te oí llamarlo.- se limitó a decir con voz endurecida, mientras se acercaba a la mesa donde estaba preparando su té.
-Oh, claro….- asintió la pelinegra, intentando no golpear al hombre ante ella por la falta de evidente educación. -¿y cómo has estado?- preguntó de forma casual mientras tenía cuidado de no tropezar con nada del lugar.
-Bien.- se limitó a contestar, ciertamente Rei no era una persona que tolerara la falta de educación mucho menos viniendo de alguien que conocía desde siempre, pero por otro lado se entristeció, sabía que ella tal vez le recordaba una época dolorosa en su vida, pero aún así no tenia por qué tratarla de la manera poco gentil en que lo hacía, inspiró y exhaló aire, comenzar a contar hasta 10 no vendría mal.
-Así que sigues trabajando con Kuncite.- intentó establecer conversación entre ellos, aún él no la miraba y eso la estaba incomodando, el sonido del agua hirviendo captó su atención mientras veía como el pelinegro apagaba fuego y seguía sumido en sus asuntos dándole la espalda. –Me contó Dante sobre el bar de Kun, es una muy buena noticia, aún recuerdo cuando iba a merendar allí con Makoto mientras hacíamos nuestra tarea.- relataba con una sonrisa, sin recibir respuesta, su ceja se elevó de manera peligrosa, ya la situación la incomodó demasiado y no iba a dejar que el hombre la ignore de esa manera, por lo que frunció el ceño clavando su mirada violácea en la nuca del pelinegro.
-¿Sabes Seiya?- le dijo con voz dura atrayendo la mirada del ojiazul, quién volteó apenas su cabeza- No quiero molestarte, solo vine a darle este sobre a Kun.- dijo de mala manera, mientras arrojaba el mismo sobre la mesa.-se lo envía Diamante, él no pudo venir a entregárselo.- finalizó, pero el gesto de Seiya seguía siendo ilegible, lo que hizo que ella estallara. -¿Qué te sucede? Eres un grosero- soltó con enfado en su voz, el muchacho sólo se limitó a girar para quedar frente a ella, Rei descendió su mirada hacia las manos del pelinegro que sostenían dos tazas de humeante té.
-¿Gustas?- le ofreció él con gesto serio para que poco a poco una media sonrisa se dibujara en su rostro, era tan obvio que se estaba burlando de ella y de su manera de actuar, Rei exhaló aire y rió torpemente asintiendo y tomando la taza con cuidado.
Seiya tomó asiento en una silla cercana ofreciéndole antes a la muchacha una delante de la que había escogido él, ambos se quedaron en silencio largo rato, incómodo, le dio un sorbo a su té, era vainilla, el favorito de ambos, sintió una agradable sensación invadirla, afuera esta helando y ahora su cuerpo se aclimataba a la temperatura, apoyó la taza con cuidado en la mesa, y desabotonó su abrigo, soltando el lazo antes, cada movimiento era seguido por una mirada azul que se había clavado en ella, y es que no pasaba desapercibido que Rei ya era toda una mujer, y una muy bella. Colgó su abrigo en la silla y volvió a sentarse tomando la taza de té.
-¿Cómo sigue el abuelo?- rompió el silencio el joven. –Ayer no pude ir a verlo.-
-Está bien, me dijo que fuiste el que lo llevaste al hospital y pasaste la noche con él, muchas gracias Seiya.-
-No hay nada qué agradecer, Nobu es como mi familia.-
-Sí…. En fin el abuelo está bien, pero deberá seguir en hospital por algunas semanas más, el médico dijo que le golpe fue fuerte.- negó con su cabeza recordando los motivos por los cuales el anciano dijo que había caído.- tendré que atrasar mi vuelta a la Ciudad.- ante lo último, el joven que tenia la mirada perdida en liquido dentro de la taza la alzó apenas para mirarla.
-¿Por tu trabajo?- soltó suponiendo que debía tener uno y que seguramente no le darían permiso por tanto tiempo.
-En parte.- respondió Rei dudando sin mirarlo.- sí, tengo uno, pero no es problema.- finalizó mirándolo mientras alzaba su taza y bebía el contenido. –Hago campañas.- el silencio y el gesto de no perdido en la cara del muchacho la hizo explicarse.-De modelaje….-
-¿Modelaje?- interrogó serio, sin embargo estaba sorprendido, hubiese imagino cualquier trabajo, pero no ese precisamente.
-Sí, pero solo para poder pagar mis estudios.- explicó con serenidad y es que de ninguna manera quería esa vida para ella, solo era un medio para llegar a un fin.
-¿Qué estudias?-
-Música.- dijo con lentitud, como si estudiara la reacción del joven.
-Siempre te gustó la música.- acotó Seiya dando un sorbo a su té.
-Como a ti…- dijo la pelinegra clavando su mirada amatista en el joven.
-Sí…- asintió acomodándose en su asiento y sin cambiar el gesto de seriedad que tenía desde que la joven había aparecido.
-¿Aún tocas Seiya?- preguntó con una curiosidad casi urgente, como si el solo recuerdo de las melodías que el hombre interpretaba hiciera dar brincos a su corazón.
-A veces, ahora doy clases en la escuela.-respondió ajeno a los pensamientos de la chica, dibujando una sonrisa.
-Eso es maravilloso.-
-Es algo- remató encogiéndose de hombros.
El silencio los envolvió nuevamente, entre ellos los silencios siempre fueron comunes, y lejos de ser incómodos eran un momento íntimo que compartían, sin embargo ese día, ese momento no era como otros.
-Supe que Amy está de viaje en el extranjero.- dijo la joven rompiendo el silencio captando la atención del pelinegro, y por un segundo al nombrar a su hermana el gesto del joven se suavizó.
-Sí, está en casa de mis tíos.-respondió sintiendo una extraña sensación en su pecho, extrañaba a su hermana demasiado.
-Oh, ojalá pueda verla pronto, hace mucho no hablamos, nos hemos escrito, pero ciertamente no fui muy constante.- admitió con cierta pena, y es que semanalmente intentaban escribirse por medio del correo electrónico, pero la verdad era que hacía poco más de un mes que no sabía nada de su vieja amiga, y el hecho es que o tenía internet en su casa, se la habían cortado junto con el teléfono, robar internet estaba descartado ya que nadie en su edificio tenía computadora, la mayoría eran personas mayores y los cibercafés estaban descartados también, no hacía tiempo.
-No creo que venga para este receso invernal.- comunicó con cierto pesar disfrazado torpemente.
-Bueno pero tal vez algún día podría visitarme en la ciudad y así...-
-Amy no irá nunca a verte en la Ciudad.- la interrumpió de inmediato con gesto tosco.
-Pero…. - la pelinegra estaba visiblemente perdida, la conversación si bien no era fluida, estaba siendo amena.
-Porque tu entorno allí no es bueno.- simplemente le dijo.
-¿Cómo que mi entorno?- esa frase sí había logrado molestarla, ¿por quién la estaba tomando? –No puedes hablarme así-
-Tu… padre….- masticó las palabras dejando a la joven helada. –Debo seguir trabajando.- dijo poniéndose de pie. –Será mejor que te vayas, yo le daré el sobre a Kuncite, adiós.- finalizó desapareciendo en el lugar dejando a la joven perpleja, no pudo rebatir nada, simplemente se quedó allí por unos segundos, hasta que las palabras se acomodaron en su garganta.
-Adiós…. Seiya….- murmuró tomando su abrigo y saliendo del lugar.
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N/A: Nueva entrega, bueno esto va tomando forma, espero sea de su agrado. Bueno como nueva aclaración, mi querido Kouta es un OC, a uno que le tengo mucho cariño. En fin, es que se me pasó decirlo en el ultimo capitulo.
Quiero agradecerles a todos los que pasan por aca, dan un comentario, o me ponen en sus listas de alertas o favoritos!
Made: amiga! ¿qué puede decirte? Me ayudas tanto, toleras mis cambios de humor, y me das tu opinión, gracias, gracias!
Hotaru: ayyy que linda que hayas leído amiga mía, jajaja sé que te hablé tanto de este proyecto que agoté tu paciencia jajaja, pero muchas gracias, te quiero muuuucho!
Amonett: ayyy mi nena linda que voy pervirtiendo de a poco, ¿Kun cubierto de grasa en un taller entre autos? Siii, suena a película porno! Jajajaja pero ya te reservé un lugar en el "rinconcito del amor de Kuncite" jajaja WI!
malkav-iztli: no te das una idea qué feliz me hace saber que esto te va gustado! Me fue tan grato saber que compartimos ciertos gustos, y te repito no había conocido jamás a una Ameria/Zel fan! Wiiiiiii
Dianarr07: muchas gracias amiga! Ayyy una Rei fan como yo, espero te guste como va esto para nuestra adorada diosa de fuego, te mando un abrazo amiga! Muuaaa
Y todos los que pasan… GRACIAS.
Nick Rivers
