Neji le había dejado claro que no contara con él y además había tenido que salir, así que no comería con ellos. Pero Ino se había propuesto hundir a Sakura a cualquier precio. Durante la comida, todos charlaban animadamente excepto Ino. Tenía que maquinar alguna estrategia para dejarla en ridículo delante de Hiashi. De pronto, le vino una idea a la cabeza.
-¿Sabéis qué me viene a la mente ahora? –decía con una sonrisa en su rostro.
Un escalofría recorrió la espalda de Sakura, Es sonrisa ya la había visto antes.
-Cuenta –dijo tímidamente Hinata.
-Me estoy acordando –empezó Ino- de la fiesta que di el otro día en mi casa –la rubia pudo observar cómo Sakura temblaba. Seguramente ya sabía qué iba a una lástima que no pudieras venir, Hinata. Nos lo pasamos de bien… ¿verdad, Sakura?
La aludida no contestó. Sakura se tensó visiblemente y apretó la mandíbula. Ino no se conformaría con contar que se había caído en su piscina, no, seguro que añadía algún "adorno" para abochornarla más.
-Sakura ligó un montón. Con lo formalita que eres normalmente. Aunque claro, perder la vergüenza es uno de los efectos del alcohol…
Sakura abrió los ojos en señal de sorpresa. Alcohol… ¡ella no se había emborrachado en la vida!
-Madre mía, qué bien nos lo pasamos… Y anda que tú, mira que lanzarte al agua con ropa y todo... Menos mal que Sasuke fue amable contigo y te llevó a tu casa. Por lo visto, al llegar le suplicaste que entrara en tu casa contigo, ya que no querías pasar la noche sola –dijo Ino con una sonrisa pícara-. Pero tranquila, no pasa nada. A cualquiera que hubiera tomado una copita de más le podría haber pasado.
Sakura no aguantó más y se levantó para seguidamente salir corriendo del gran salón e ir a la habitación de Hinata. Se sentó en uno de los sillones y echó a llorar. Ya estaba harta. ¿Por qué siempre a ella? ¿Es que no había hecho el ridículo bastante ya para que se inventara esas cosas?
A los pocos segundos de sentarse, Hinata apareció detrás de ella. La había seguido. Se sentó a su lado y trató como buenamente pudo de consolarla.
-Sakura… Sakura… No llores, no merece la pena. No te preocupes, sé que tú no eres el tipo de chica que se emborracharía en una fiesta ni estaría cada día con un hombre diferente.
-Hinata… Te prometo que es mentira. No me emborraché ni me tiré a la piscina. Me empujaron. Y Sasuke solo me acompañó hasta la puerta de mi casa.
-Tranquila –habló Hinata mientras la abrazaba-, tranquila…
En ese momento entró Hanabi. Había tardado un poco más porque había tenido que disculpar a Hinata y a Sakura delante de su padre. Se sentó en el sofá que estaba al lado del que Hinata y Sakura ocupaban y consoló a Sakura.
-Sakura, lo que ha hecho Ino no tienen nombre. Ha tratado de ridiculizarte y de darle una mala imagen tuya a mi padre. Si Neji hubiera estado, esa rubia habría matado dos pájaros de un tiro. Pero no te preocupes, le contaremos la verdad a nuestro padre después. De momento, le voy a pedir a Ino que por favor se vaya de casa.
-Pero no puedes hacer eso porque sí –intervino Hinata-. Podrías ofender a los Yamanaka echando de casa a su hija. No podemos estropear las relaciones con los Yamanaka. Ya sabes lo importantes que son para los negocios de nuestro padre.
-Cierto –aceptó Hanabi-, pero no podemos dejarlo así. Sakura no se merece esto.
-No pasa nada Hanabi –dijo la pelirrosa-. Ya habrá ocasión de devolvérsela. Tendremos que ganarla en su propio terreno. De momento, no nos queda más remedio que seguirle el juego.
Aquella misma tarde, Sakura decidió pasarse por la empresa. Hacía bastante que no hablaba con Sasuke y no sabía cómo llamar su atención. Pensó que si iba a la empresa con la excusa de que tenía mucho trabajo, quizás se encontrara con él por el pasillo.
Entró en el despacho sin llamar y se sentó en la silla mientras cogía algunos papeles para llevárselos a casa y trabajar allí. Entonces abrió el cajón del escritorio y se encontró con el dibujo infantil que descubrió el mismo día que conoció a Shikamaru, cuando él entró por sorpresa en el despacho de Naruto y la pilló husmeando donde no debía. Esta vez era diferente, estaba sola y ya trabajaba oficialmente para el rubio hiperactivo así que supuso que si la pillaban, esta ocasión tendría excusa para estar allí.
Cogió el dibujo y lo observó fijamente. Eran los garabatos de un niño pequeño y Sakura carecía de imaginación para descifrarlo. Pero, a su juicio, diría que lo que había dibujado era un niño pequeño rubio y una mujer pelirroja, ambos cogidos de la mano. Cuando iba a dejar la hoja en su sitio, se fijó en que había más. Los sacó todos y los vio uno por uno. Todos ellos eran dibujos infantiles que hacía que ella se repitiera la misma pregunta una y otra vez: ¿qué hacían unos dibujos en el despacho de un empresario?
Oía voces acercándose y pudo distinguir que entre ellas estaba la de Naruto. Dejó las hojas apresuradamente en el cajón y lo cerró. Se levantó rápidamente de la silla y cogió los papeles a por los que había ido justo cuando alguien entraba en el despacho.
-Ya veremos lo que hacemos en la convención mañana por la mañana –decía Naruto mientras entraba de espaldas. Cuando se dio la vuelta se sorprendió al ver allí a Sakura-. Sakura… ¡Pero si hoy es tu día libre! –dijo confuso mientras se rascaba la cabeza.
-Ya bueno… Es que había venido a por estos papeles –respondió la pelirrosa.
-Espera un momento –dijo Shikamaru cuando reconoció a la joven-. Tú eres la chica del otro día.
Sakura rezó porque ese Nara no se fuera de la lengua y le contase a Naruto que el otro día la pilló cotilleando en el cajón las cosas privadas de su jefe.
