En estado puro
Te vi un punto y flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura orlada en fuego
que flota y ciega si se mira al sol.
Y dondequiera que la vista clavo
torno a ver tus pupilas llamear;
y no te encuentro a ti, no es tu mirada,
unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir:
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por tus ojos,
pero adonde me arrastran no lo sé.
Gustavo Adolfo Bécquer
Poeta Español – de su obra "Rimas"
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La suave brisa de primavera soplaba en el aire, las flores del gran árbol de cerezo danzaban al compás, rítmicas, divertidas, bellas, detuvo sus pequeños pies descalzos detrás del gran tronco marrón, miró hacia arriba y cientos de pétalos rosas le acariciaron el blanco rostro, aún más empalidecido por el negro de su cabello, rió con inocencia y alzó sus manos. Felicidad. Felicidad en estado puro, en lo más simple, en lo cotidiano, en su vida entera.
Oyó voces, una de ellas muy melódica, la risa de una mujer, y la otra, aunque grave, con mucha bondad en ella. No supo por qué, pero no salió de su escondite, y solo quiso asomar su mirada amatista, grandes ojos, con mucha luz se posaron en dos figuras que venían a lo lejos.
La bella mujer de largo cabello negro y tez blanca reía con ganas, embestida en su kimono violeta de flores blancas, todo en ella era delicadeza, su manera de caminar, sus finas manos que estaban entrelazadas al fuerte brazo del apuesto hombre s su lado, una sonora carcajada hizo que la pequeña espía enfoque su atención en él, nunca reía así, nunca, salvo cuando la mujer de kimono violeta estaba cerca. La admiraba por ello, porque sacaba lo mejor del frío hombre de kimono azul, un hombre que aunque amoroso con ella muy serio en su vida general. Un nuevo sonido la sacó de su ensimismamiento, el hombre, había levantado a la frágil mujer hasta que ésta no alcanzaba el suelo, tomándola por la pequeña cintura la elevó y ambos reían y daban vueltas.
Eso era felicidad. Felicidad en estado puro. Se animó a dar un paso dejando medio cuerpo fuera del escudo que simbolizaba el tronco del gran árbol. Una sonrisa se dibujó en sus labios, dos pares de ojos se posaron en ella entonces, interrumpiendo la improvisada danza, la hermosa mujer de kimono violeta abrió sus brazos y se arrodilló en la tierra, el hombre junto a ella expandió su sonrisa e hizo un gesto con su mano para que se acercara.
-Vamos Rei.- oyó que la mujer le decía.-Ven con nosotros mi amor.- la llamó una vez más.
La niña comenzó a correr para alcanzarlos, cuando al fin lo hizo se fundieron en un abrazo, felicidad, su padre, su madre, ella…. Felicidad en estado puro.
Como todas las mañanas el reloj despertador sonó arrebatándola de los brazos de Morfeo, cada noche le costaba más conciliar el sueño y cada mañana le era aún más difícil abandonar el lecho. Una ducha siempre ayudaba. Entró al baño de paredes blancas y dejó que el vapor inundara el lugar, cubriendo cada centímetro, dejó que el agua caliente, casi a punto de quemarle la piel se deslizara por su rostro, mojando sus cabellos y cayendo al fin libremente por su cuerpo desnudo.
Tomó el frasco trasparente de shampoo y roció una cantidad generosa en la palma de su mano para luego esparcirla por el largo del cabello. Comenzó a rozar las yemas de sus dedos con delicadeza, masajeando su cabeza. La situación del día anterior vino a ella una vez más, Seiya, no supo bien en qué momento la conversación se volvió hostil, sólo sabía que ciertas situaciones son imposibles de olvidar. Se debatía entre el enfado y el desconcierto, pero finalmente la primera emoción ganó. Cerró el grifo del agua y se dispuso a alistarse.
Terminó de desayunar improvisadamente, hoy comenzaba a trabajar en la carpintería, no quería llegar tarde, aunque claro el que faltara aún poco más de una hora para que sea el horario de entrada era algo excesivo, simplemente nunca toleró la impuntualidad, aunque hasta para ella hoy era demasiado. Bufó y dirigió su mirada a su bolso de donde la agenda color turquesa sobresalía. La tomó con cuidado y buscó la página correspondiente al día, al menos tenía bastante qué hacer.
Unos golpes a su puerta la sacaron de sus pensamientos, caminando apresurada, apenas espió por las hendijas de la ventana junto a la puerta principal y pudo ver a un hombre de uniforme cargando un gran bulto.
-¿Sí?- habló sin abrir la puerta, costumbre típica de Ciudad, no así del lugar donde estaba ahora.
-¿Señorita Hino? Rei Hino.- llamó el hombre calvo de gran sobrepeso algo agitado, la pelinegra ahogó una risita, supuso que al hombre no le causó gracia subir las escalinatas del templo.
-Sí, soy yo…- dijo animándose a abrir un poco la puerta para quedar frente al hombre que ahora apreciaba tenía barba y lentes gruesos.
-Tengo una entrega para usted señorita, es de la ciudad.- explicó dirigiendo su mirada al bulto, lo mismo hizo la joven imitando al hombre. –Debe firmarme aquí, todos los gastos están cubiertos.- informó con algo de impaciencia.
Rei quedó con la vista fija, recordó que hace días atrás le había pedido a Zafiro que le envíe algunas de sus pertenecías, con inercia firmó el recibo y el hombre hizo un gesto con su cabeza para retirarse, la joven tomó el bulto embalado en papel marrón y lo ingreso, pesaba demasiado. Rompió el envoltorio y su maleta azul oscura con detalles en verde estaba allí, la dejó con algo de esfuerzo en su cuarto. En la noche desempacaría.
o-o-o-o
Abrió el candado azul con la misma falta de delicadeza que lo hacía cada mañana desde los últimos veinte años, ingresó y encendió las luces de delante, todo estaba en silencio, sopló sus manos dándose calor, estaba helando y no había señales que el clima mejoraría, el invierno se estaba abriendo paso. Esquivó con habilidad las mesas con las sillas perfectamente acomodadas, se dirigió a la barra de madera y pasó por debajo quedando del otro lado, encendió la máquina de café y terminó de encender las luces restantes y la calefacción. Se quitó su pesado abrigo marrón y lo colgó en el perchero de la parte de atrás. Miró a su alrededor con los brazos en jarra, aún era muy temprano, entró a la cocina, terreno algo desconocido para él y encendió el horno, sacó del refrigerador, la masa de las donas ya totalmente listas para hornear. Colocó la bandeja dentro del horno, oyó entonces la campanilla de la puerta y asomó su cabeza dibujando una sonrisa.
-Esto sí es una sorpresa.- esbozó con una sonrisa ladeada y levantando una ceja.
-Queremos desayunar Andy no escucharte hablar y hablar.- soltó con cierta jocosidad el pelinegro que venía acompañado de su socio mientras se acercaba a la barra, tomando una banqueta alta.
-Seiya y Kun, Kun y Seiya, parece que van juntos a todos lados, luego no queremos que la gente opine.- devolvió el comentario con burla.
-Gracias Andrew, café americano.- pidió el peliplata, como era su costumbre.
-Para mí un expreso doble, cargado.- ambos miraron al mecánico pelinegro con cierta extrañeza.- No dormí bien anoche.- se limitó a decir sin dar mayores explicaciones acerca de la razón por la cual no pudo descansar.
-Te lo digo Seiya, esto de ver películas pornográficas hasta tarde no te hace bien… - dijo riendo el rubio, acción que provocó una mirada de pocos amigos del aludido y una ceja levantada del platinado que se sentaba en las banquetas altas junto a la barra.
-Muy gracioso, sabes tú eres el menos indicado ya que…- su frase se vio interrumpida por el ruido de la campanilla, los tres hombres voltearon de manera automática la vista hacia la puerta encontrándose con un hombre de altura, y cabello platinado corto, quien los saludó con una sonrisa.
-Buenos días.-
-Dante, ¡qué sorpresa! Hace años que no pasabas por aquí tan temprano.- exclamó el dueño del lugar con alegría sincera.
-Suelo salir más tarde casa, hola a todos.- se excusó para luego saludar a sus amigos y caminar hacia ellos.
-Hola Dante.- respondió Seiya inclinando su cabeza.
-Hola- se limitó a decir Kunzite, afinando su mirada gatuna.
-Oye Andrew, pasé para informarte que mi hermana no se siente bien esta mañana, no vendrá hoy, espero no sea problema…- informó escogiéndose de hombros, si bien habían más personas que trabajaban en la cafetería, era Makoto quién controlaba todo tanto en ausencia como en presencia de Andrew.
-Claro que no, pero ¿está bien?- se preocupó el rubio, y es que sabía que la pelicastaña tenía muchas responsabilidades y hacía rato la notaba más delgada.
-Sí, solo se sentía un poco indispuesta esta mañana.-
-Bien, ya que estas aquí, siéntate Dante, hace tiempo no estamos todos juntos.- ofreció el pelinegro volteando una banqueta, el peliplata se acercó a ella y tomó asiento.
-¿Café americano?- interrogó Andrew a sabiendas de la respuesta.
-Sí, así es…-
-Oye Ante…- lo llamó Seiya nuevamente, con voz algo apagada atrayendo su atención. –Siento que Mako esté enferma, nunca le agradecí que se hiciera cargo de mi casa y solo lo hizo por bondad.- ante las palabras de su amigo el hermana mayor de Makoto no pudo hacer otra cosa más que sonreír, ciertamente su hermana era bondadosa, bondad en estado puro. –Y temo que fue un esfuerzo extra.-
-No te preocupes, ella lo hace con sinceridad, pero es cierto que está trabajando mucho, debería descansar, pero ella es así.- dijo simplemente el muchacho ante las palabras de su amigo.
-Sí, que lo es, un tornado…- soltó el rubio riendo junto a sus amigos.
-De todas formas, estoy más tranquilo ahora.- volvió a reflexionar el peliplata de cabello corto mirando hacia arriba.
-¿Más tranquilo?- participó por primera vez de la charla Kun, como era su estilo solo acotando o preguntando lo necesario.
El carpintero asintió y tomó un sorbo del café que Andrew le había dejado delante de él, mientras el dueño del lugar iba a controlar el estado de las donas que se horneaban.
-Desde que regresó Rei la veo mucho más animada.- explicó su hermano al fin.
-Es una suerte tenerla aquí de nuevo.- dijo Andrew regresando con una bandeja de humeantes bocadillos, dejándola sobre la barra en la charola metálica.
-Lo es, y aunque las circunstancias no son las mejores.- decía haciendo referencia al estado de Nobu.-me siento muy tranquilo de tenerla cerca de Mako, fue muy difícil para ella cuando Rei partió, luego siguió Mina y por ultimo Amy.- finalizó dirigiendo la mirada a un pensativo pelinegro que no había acotado palabra alguna, ni siquiera se había movido un ápice solo estaba sentado allí contemplando la taza de café, y es que al oír el nombre de la joven con la que ayer había compartido un momento lo dejó extrañamente molesto, molesto primero, y con un sentimiento de culpa después.
-¿Cómo está Amy?- la mención del nombre de su hermana lo sacó de su ensimismamiento, logrando que el pelinegro posara sus pupilas sobre Andrew, pestañó dos veces hasta que al fin acomodándose en su asiento abrió su boca.
-Está bien, no vendrá este receso.- se limitó a responder.
-Oh, es una lástima una vez que podrían estar todas juntas, Mina de seguro estará por aquí.- dijo un alegre Andrew mirando de reojo a cierto peliplata de largo cabello lacio que solo escondió su rostro en la taza de café, mientras una pequeña gota se dibujaba en su cabeza.
-Creo que todos siguieron su camino, sólo nosotros quedamos en este pueblo.- reflexionó Dante ante el silencio formado.
La campanilla de la puerta volvió a sonar, pero esta vez nadie volteó a ver de quien se trataba, todos estaban sumidos en sus propios pensamientos.
El hombre de cabello castaño largo atado en una coleta baja y ojos azules, ingresó, como todas las mañanas a la cafetería donde acostumbraba desayunar, aunque él estuviese despierto hacía más de tres horas, con su típica pose de manos en los bolsillos pasó su vista por cada una de las espaldas que se desplegaban frente a él.
-Buenos días….- saludó algo curioso, y es que no solía haber tanta gente a esa hora.
-Hola Kouta, buenos días, pasa.- lo invitó amablemente el dueño del café.- Tengo lista tu dona de jalea y tu capuchino te espera.-
El aludido sonrió mientras los tres hombres del otro lado de la barra voltearon a verlo y con un gesto lo saludaron, el pelicastaño tomó asiento y se dispuso a degustar su desayuno.
-Mmhhh las donas no están como otros días.- argumentó con la boca llena, limpiando el glaseado de la comisura de su boca con una servilleta blanca.
-Lo sé, es que Mako no vino hoy a trabajar.- dijo el rubio colocándose su delantal.
-Ya veo…-
-Oye Kouta, siempre estás aquí ¿Cuándo trabajas?- y la voz de Seiya se alzó en una duda existencial, que aunque nadie dijera, todos compartían, curiosamente todos parpadeaban a la par y miraban al aludido.
-No saben de qué trabajo ¿no es así? Digo siempre preguntan lo mismo.-
-Trabajas en una imprenta….- dijo Dante.
-¿Y qué hago?-
Todos los presentes cayeron en un silencio profundo, intentando recordar si alguna vez alguien se los había explicado, solamente Kunzite estaba en su mundo, un mundo lleno de pompones rosas y eso lo asustaba, exaltando aún más la vena en su frente.
-Bien.- dijo suspirando con claro agotamiento.- Imprimimos el diario del pueblo que casi ninguno lee, y además nos encargamos de repartir el diario que llega de la Ciudad, junto con algunas revistas en los almacenes cercanos, ¿Quién creía que lo hacía?-
-Ehh… yo creí que solo estaban ahí….- fue la reflexión del rubio.
-Sí.- asintió el pelinegro.
-Oh ya recordé. -rompió el momento el carpintero.- ¿Te llegó mi presupuesto Kun?- interrogó mirándolo, el mecánico no supo qué responder hasta que la voz de Seiya se escuchó.
-Está en el taller, Rei lo trajo poco después de que fuiste al bar.- explicó fijando su mirada en un punto lejano.
-No pude ir yo mismo, lo lamento.- se excusó encogiéndose de hombros. –Al menos estabas tú Seiya, para recibirlo.-
o-o-o-o
La habitación permanecía a oscuras, salió del baño con una toalla envolviendo el cabello húmedo, y una bata color verde abrigando su cuerpo, siempre la calmaba un baño caliente, sin embargo éste no la mejoró mucho, se recostó en su amplia cama y posó su mirada esmeralda en el techo de madera, las paredes pintadas de un rosa pálido, cubiertas de fotografías con amigos y algunas pinturas con paisajes vivos adornaban la alcoba que fue suya desde siempre. Algunos muebles de madera clara completaban el lugar, dos mesas de noche a cada lado de la cama un poco más grande que de una plaza, un escritorio y un espejo amurado.
Suspiró llevándose una mano hacia su frente.
-No puedo enfermarme.- murmuró con pesar y es que la excesiva responsabilidad que la caracterizaba no le permitía flaquear. Hacía rato acarreaba este malestar, pero la llegada de su mejor amiga había acallado todo síntoma, no dándole importancia a las señales que su cuerpo daba.
El tener a Rei cerca le era sumamente placentero, pero a la vez le hacía replantearse toda su vida, cada una de sus amigas siguió un camino lejos del pueblo que las vio crecer, primero Rei, luego Mina y por ultimo su confidente, Amy. Ella seguía en el mismo lugar, con la misma gente y aunque muchas veces quiso dejar todo y rentar algún apartamento en la ciudad donde podía conseguir algún trabajo, no pudo hacerlo, era muy apegada a su hermano y no pensaría alejarse de él, de él…. Y de Andrew. Sacudió su cabeza. Sabía que era una idiotez sentirse así respecto al ahora, su jefe, así como si verlo le despertara miles de mariposas en su estomago y aunque intentaba identificar en qué momento Andrew dejó de ser solo el amigo de su hermano, para ser solarmente él, no podía hacerlo. Se levantó y procuró secar su cabello, lo dejó suelto, se vistió con unas calzas negras y un blusón rosa holgado y decidió ir a la cocina, haría algo de comer, algo suculento para recibir a su hermano al mediodía, eso le haría bien.
Flash Back 8 años atrás
La noche era especialmente fría, como siempre ocurría cuando daba lugar el Festival Invernal que su pueblo festejaba cada año desde sabe quién hace cuanto tiempo. Era la única noche que se encontraba sola en casa, puesto que sus padres habían acudido al baile anual, junto con su hermano mayor, la idea era pasar la noche junto con Rei y Amy, pero la pobre Amy había caído en cama con un desagradable resfriado contagiando a la primera.
Era la primera vez que Makoto, intentaría cocinar, había ayudado a su madre cientos de veces, pero jamás lo había hecho sola, se adentró en la cocina y sacó un par de vegetales y puso agua a hervir, haría un caldo de verduras. Colocó un banco de madera cerca de la loza de la cocina y se paró en é para así poder quedar a la altura cómoda para realizar la tarea, comenzó a cortar los vegetales cuando oyó que la puerta de la sala se abría.
-Límpiate los zapatos.- oyó la voz de su hermano, asomó su cabeza castaña por el marco de la puerta y divisó a su hermano mayor junto con su rubio amigo.
-Hola chicos.- los saludó con una sonrisa.
-Hola Mako.- saludaron al unísono mientras dejaban sus abrigos en el perchero de la entrada y se quitaban los zapatos.
-Llegaron temprano.- se oyó la voz de la pequeña desde la cocina que continuaba con sus tareas culinarias ajenas a la charla de los hombres en la sala.
Ambos muchachos se dejaron caer en el gran sillón de la sala frente a la chimenea calentando sus manos, era tradición que en cada noche del Festival de invierno comenzara a nevar y ésta no era la excepción.
-Si tenía que bailar con las hermanas Anderson una vez más…- soltó Andrew mirando concentradamente el fuego.
-Ni que lo digas, no la pude despegar en toda la noche.- apoyó su amigo masajeando sus piernas, había estado trabajando todo el día junto a su padre y los esfuerzo comenzaba a sentirse.
-La tuya parecía que se había golpeado de frente contra un árbol y su nariz jamás volvió a su lugar y la mía se había comido un barril que jamás digirió.- dijo con mucha seriedad el rubio para luego comenzar a reír de su ocurrencia.
-Eres malo Andy.- dijo riendo su amigo mientras negaba con su cabeza.- pero de verdad ya no toleraba toda esa platica estúpida.-
-Te lo digo si me quedaba más tiempo iba a cometer homicidio y luego suicidio masivo…- dijo con ganas su amigo.
-No puedes cometer suicidio masivo.- negó Dante con semblante serio, mientras Andrew chistaba con su lengua.
-Ay ya verás Dante, algún día estudiaré leyes y no dejaré que me hagas ver como un tonto.-
Ambos jóvenes siguieron platicando de trivialidades cuando un exquisito aroma llegó a su nariz, se miraron por unos segundos y fue cuando al mirar hacia atrás la pequeña Makoto salía de la cocina envestida en un hermoso delantal color rosa y con una bandeja cargada.
-Acérquense a la mesa muchachos, hice caldo de vegetales.- dijo la pequeña mientras llegaba a la mesa y depositaba con sumo cuidado la charola de plata.
-¿Tú hiciste esto Mako?- interrogó un sorprendido peliplata.
-Así es…-asintió con una linda sonrisa.
-Pero mamá no quiere que te acerques a la estufa cuando ella no está.-la reprimió levemente recordando las palabras de su madre.
-No pasó nada Dante, vamos tomen asiento.- ordenó prácticamente la niña y ambos jóvenes obedecieron, sin duda su comida fue éxito porque nadie decía nada en la mesa.
-Mako.- la voz de Andrew rompió el silencio.- debo decir que jamás probé algo mas delicioso.-
-Gracias.-
-En serio, todo lo que haces es exquisito, el que se case contigo será muy afortunado, yo creo que deberías dedicarte a la gastronomía.-dijo con una amable sonrisa.
-¿De verdad lo crees?-interrogó incrédula, siempre le había gustado cocinar, pero nunca nadie le había dicho tal cosa que sin duda la llenó de dicha.
-Claro que sí, yo sería muy feliz comiendo lo que cocinas.-
Fin del Flash Back
Terminó de cortar los vegetales y los echó al agua hirviendo, como siempre con dedicación y amor.
o-o-o-o
Rei llegó a la oficina indicada sin problema alguno, no tuvo necesidad de acudir en su vehículo ya que el lugar estaba a solo dos calles de la carpintería de Dante. Se sintió algo mal que justamente el primer día de trabajo haya tenido que salir excusándose, por más que su amigo no tuviera problema alguno, sabía que no debía hacérsele costumbre, pero el llamado del abogado de su abuelo, Keitaro Shinji, la obligó a posponer sus tareas en el negocio y acudir a su despacho.
Tocó el timbre y un sonido molesto le dio señal a que empuje la pesada puerta de madera, caminó por un largo pasillo hasta al fin encontrarse con lo que parecía ser una sala de espera, las paredes eran de madera oscura, al igual que el piso, que decoraba una alfombra antigua en colores rojos y con rombos en colores camel, sobre ella una pequeña mesa de vidrio donde varias revistas descansaban, divisó dos amplios sillones de cuero negro, pero antes de poder acercarse, una puerta se abrió y delante de ella el señor Keitaro Shinji envestido en un traje de sastre azul oscuro, camisa blanca y corbata en tonos de grises.
-Rei.- dijo su nombre con mucho cariño, y es que el hombre la había visto crecer, era el abogado de la familia Matsuzawa desde que egresado la escuela de leyes, muchos años atrás. –Pasa por favor.- dijo haciéndose a un lado.
La joven caminó hacia él saludándolo educadamente y ambos tomaron asiento dentro de su despacho personal. La decoración era muy parecida a la de la sala de espera, solo que varias de las paredes del lugar estaban adornadas con miles de libros de gran volumen, detrás de la amplia silla del letrado se destacaban varios cuadros con su nombre, diplomas, y especializaciones adornaban esa pared haciéndolo ver imponente.
-Rei me alegra mucho el saber que tu abuelo está mucho mejor.- dijo el hombre con voz grave, pero en tono bajo y amable.
-Gracias.- asintió la pelinegra intentando no mover demasiado sus manos y es que desde que comenzó el día se sentía algo nerviosa no pudiendo identificar el por qué.
-Ahora bien te preguntarás el por qué de esta visita.- afirmó su pregunta con la sola frase.
-Mi abuelo dijo que quiere que dejar ciertos asuntos en orden, aunque no entiendo a cuales se refiere.-
-El asunto querida, es que si bien tu abuelo ha sido tu tutor, mientras tú eres menor, en la oportunidad que te comunicamos lo que tu madre te había heredado al fallecer, no pudimos hablar de todo…- comenzó Keitaro con lentitud estudiando la reacción de la joven.
-¿Todo?- interrogó confundida empequeñeciendo sus ojos.
-Rei, mira, además de las propiedades que tu madre te dejó, como bien sabes, hay una más, una importante.-
-Explíquese por favor.- dijo sonando más ruda de lo que quería, pero no era un secreto que todo lo relacionado a la muerte de su madre era un asunto que no le gustaba tocar jamás.
-La tierra donde está el templo.- dijo al fin dejando a la chica en jaque.
-¿Cómo?- su cerebro trabaja rápido y simplemente esa aseveración no tenía completo sentido, el templo tenía muchos más años de los que su madre o incluso su abuelo tenían.
-Déjame explicarte eso.- comprendió la inquietud de la chica e intentó ser claro.- si bien es un lugar religioso, las leyes hacen cierta diferencia entre los diferentes cultos, la libertad de culto es reconocida por las leyes que nos rigen, se entiende que las religiones, por así llamarlas "no oficiales" no gozan de la protección que el Estado le otorga a otras, y es el caso del templo, esa tierra fue comprada hace muchos años por tu madre, a pesar que el Templo ya estaba allí, éste peligraba y fue ella la que se encargó de adquirirlo como un respeto hacia tus abuelos que tanto hicieron por él, es propiedad privada, aunque ustedes le den otro uso y esa propiedad Rei, estaba a nombre de tu madre.- finalizó intentado ser lo más claro posible.
-Entiendo.- asintió la joven.
-Esa propiedad es tuya Rei, sin embargo…-
-Sin embargo…- lo empujó a terminar la frase.
-Hay ciertas condiciones que tu madre pidió que se cumplan antes de que tú puedas ser propietaria propiamente dicha.- dijo con una ceja en alto.
-¿Condiciones?- nuevamente la mente de Rei trabajaba con rapidez, pero ciertamente ésta vez no pudo deducir nada.
-Sí, pero me temo que no es éste el momento para hablar de ellas, al menos eso especificó en su testamento.-
-Me deja más confundida, de qué sirve que sepa esto si….-
-Sirve, querida Rei.- la interrumpió entiendo su desconcierto.-para que sepas que en caso de que algo le ocurra a Nobu, tu tendrás la disposición del lugar, claro cumpliendo las condiciones que tu madre requiere.- finalizó.
-Esto es…- no pudo terminar su propia frase, y es que la información la dejó más perdida que antes y eso no ayudaba en nada.
-Lo sé, Risa fue muy detallista en esto.-
-Lo imagino, pero no entiendo por qué no le dejó todo a mi abuelo, digo él es su padre.-
-Rei comprendo tu razonamiento, pero tu madre estaba muy consciente de la enfermedad que acarreaba y también de la avanzada edad de tu abuelo y quería protegerte, eres su única hija, también sabía que Nobu siempre se haría cargo de ti y tú de él, y claro que él no está desamparado, sabes muy bien que muchas de las tierras que tu madre te heredó, fueron donaciones de tu abuelo a ella en vida, y también herencia de tu fallecida abuela a ella, que lógicamente al morir tu madre estas pasaron a ti.-
-Sí, estaba enterada.- dijo haciendo memoria de cada una de las cosas que le informaron a la semana siguiente de la muerte de su madre.
-Otro punto Rei, es que dentro de las condiciones, bueno ciertamente necesitaría hablar con tu padre.- al oír esto la joven clavó su mirada violácea en el hombre frente a ella y su gesto se tornó más serio aun, frunciendo el ceño.
-¿Para qué?- soltó con firmeza.
-Solo una formalidad, una firma.- explicó el letrado percibiendo el estado de malestar de la joven.
-¿Podemos obviarla?- interrogó sin siquiera modificar un gesto de su bello rostro.
-Podría ser, debería chequearlo, veo que su relación no ha mejorado, no quiero sonar impertinente.-
-No lo es, y no, no ha mejorado.- respondió con voz firme.
-Creí que vivías junto a él en la ciudad.- intentó comprender Keitaro, pues fue lo que Nobu le había dicho ni bien la pequeña pelinegra abandonara el pueblo.
-Fue en un principio, vivía en su casa, pero no junto a él, él viaja mucho y ya casi no hablábamos, cuando termine la escuela, conseguí un empleo y me mudé sola.- relató automáticamente, como si la misma historia la hubiese contado una y otra vez.
-Ya veo, bien Rei, creo que esto será todo por ahora, no quiero quitarte más tiempo, pero nos mantendremos en contacto.- dijo el hombre poniéndose de pie, al tiempo que la pelinegra imitaba su gesto estrechando su mano.
-Claro, muchas gracias.-
Salió del lugar ensimismada, la sola mención del autor de sus días fue demasiado para un día de por sí ya enrarecido. Caminaba mirando sus pies, como era su costumbre y fue así que esquivó a la persona que estaba frente a ella, sin levantar la vista del suelo.
-Deberías alzar la vista al caminar, un día vas a golpearte duro.-
Giró su cabeza ante la frase y encontró la mira azul de Seiya clava da en ella, se quedó estática, no sabiendo bien si responder o no, si lo dicho fue un agravio o un consejo, pero la verdad era que el enfado que la había envuelto esa misma mañana regresaba, regresaba en estado puro.
-Hola.- saludó el pelinegro con cierta altanería, típica en él, según la amatista, porque sólo ella la había padecido.
-Hola.- respondió la joven con recelo, para luego dar media vuelta y seguir su camino, pero antes que pudiera completar la acción, la fuerte mano del pelinegro la tomó por su brazo obligándola a voltear. -¿Qué rayos te sucede?- se quejó Rei con evidente molestia y enfado. -¿Estás loco?- dijo con molestia librándose del agarre, que aunque firme, era suave.
Ambos quedaron en silencio unos segundos, segundos eternos sin dejar de desafiarse con las miradas, y es que sólo ellos compartían tales momentos, momentos en que las miradas eran tan intensas que sólo esperaban a que alguno desviara, aunque sea un poco, la vista.
-Lamento lo de ayer.- soltó Seiya dejándola desencajada, gesto que sin duda le pareció gracioso al pelinegro puesto que no tardó en esbozar una sonrisa torcida, de esas irónicas que pocas veces se le veían.
-¿Qué te pasa?- interrogó Rei recuperándose de la impresión primera y cruzando sus brazos a la altura de su pecho dejando, ahora, desconcertado al pelinegro con la pregunta. -¿Intentas hacer la buena acción del día Seiya?-
La seguridad de la chica, lo hizo soltar una risita leve y esa media sonrisa regresó a su rostro, seguido imitó la pose de la pelinegra levantando el mentón.
-Hay cosas que nunca cambian.- dijo él intentando hacerlo sonar de manera enigmática, sin embargo el resultado no fue lo esperado, la vio copiar su sonrisa torcida y los recuerdos regresaron.
-Todo cambia, menos las personas, somos lo que somos y ya.- lanzó la joven con voz suave.
-Entonces ese "todo" está muy mal empleado.- dijo con sorna, dibujando una sonrisa de lado.
Se sostuvieron las miradas sin siquiera pestañar, y es que en ellos eso era nato, natural, la rivalidad era su lenguaje, la forma segura de moverse, la forma en que mejor llevaban sus tratos, competencia de intelectos, competencia, en estado puro.
La puerta del despacho del letrado se abrió y Keitaro encontró a los dos jóvenes en medio de la sala de espera, en una especie de trance, trance que no estaba seguro si querer interrumpir, pero sin embargo la necesidad de aclarar su garganta fue mucha más urgente y el carraspeo atrajo dos pares de ojos sobre él.
-Seiya, te esperaba.- dijo Keitaro a modo de disculpa, el pelinegro quedó inmóvil unos segundos mirando al hombre del otro lao de puerta, cuando volvió su vista hacia el otro lado, Rei ya no estaba ahí.
o-o-o-o
La noche calló al fin dando el final esperado de un día de pesadilla, y es que no necesariamente tenían que ocurrir una serie de eventos desagradables para decretar que un día fue una pesadilla, simplemente con levantarse con el pie izquierdo alcanza. Entró a su cuarto agotada, dejó sus zapatos en un costado y se disponía a dejarse caer sobre la cama, cuando vio la gran maleta azul al costado de su cama.
Se puso de pie y con mucho esfuerzo logró poner la maleta sobre la cama.
-Era más fácil abrirla en el suelo.- se dijo a si misma luego de que su cintura comenzó a quejarse.
Corrió el cierre, destrabó los candados y broches y al fin la maleta estaba abierta. Miles de gotas aparecieron en su cabeza pelinegra, ella creía haber especificado que solo le envíen lo necesario, pero frente a ella la mitad de su guardarropa se extendía.
-Angie.- suspiró profundo el nombre de su amiga y colega de campañas de modelaje y es que era obvio, dentro de la maleta divisó un trozo de papel, lo tomó con cuidado y lo abrió, una carta con lapicera rosa y miles de corazones violetas se extendían frente a ella.
Querida Reicita, como ves aquí tu servidora te ha alcanzado lo que según yo, creo apropiado. Claro que envié maquillajes y varios calzados, tres vestidos de fiesta…
A este punto las gotas sobre Rei iban creciendo, pero ya no se podía hacer nada y continuó con su lectura.
Nunca se sabe cuando puedes necesitarlos amiga mía. Quiero decirte que te extraño, que todo aquí está bien, salvo por el sentimiento casi desesperado de extrañarte, y es que nunca nos habíamos alejado tanto.
Te quiere, tú amiga y hermana, Angie.
PD: teñí mi cabello de rojo, es un espanto no saldré en los próximos 15 días.
Bajó el papel y se quedó pensativa, para luego reír con ganas y es que su amiga solía ser algo especial, y eso la hacía adorarla, sentía que ella le recordaba mucho a alguien, a Minako, y conocerla en la Ciudad la hizo sentirse más cerca de sus raíces.
-A desempacar.- dijo con pesar mientras tomaba las prendas.
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Llegó a su casa esperando no encontrarla tan desolada y es que se suponía que hoy llegaría, pero no había señales de nadie allí y para alivio de él suspiró.
Entró a la cocina y se dispuso a calentar algo de comida que Makoto había dejado preparada, la charla con Keitaro no lo dejó para nada tranquilo, pero sin embargo en su mente solo recordaba esos ojos brujos que lo desafiaron. Sonrió sin siquiera notarlo, la pelinegra solía tener ese efecto en él, lo hacía sonreír, lo hacía enfadarse, lo hacía sentirse divertido, lo hacía sentirse… como antes. Esos ojos violáceos caían sobre él nuevamente, esa mirada en la que juraría había visto fuego, siempre creyó verlo en ella y eso, justamente, era lo que le intrigaba y fascinaba a la vez de la chica del templo.
Se dirigió a la sala y allí, solo, melancólico, se encontraba su piano, había olvidado cambiar las cuerdas, trabajo poco sencillo, pero que sabía hacer. Sintió unas imperiosas ganas de tocar, como hacía mucho no le ocurría, se acercó a él y levanto la tapa, se sentó en el taburete y apenas tocó dos notas, cerró sus ojos en un gesto de infinita intimidad, y por unos segundos dejó de respirar, solo oyendo el sonido del silencio.
Necesitaba sentirse así, hacía años que no le ocurría y especialmente esa noche lo conseguía. El sonido casi estridente del teléfono móvil lo sacó de su trance, segundo trance que tenía en el día y el segundo que disfrutaba. Se acercó de mala gana a la mesa donde el aparato no dejaba de chillar, bufó y lo tomó, era un mensaje de texto, paseó su mirada azul por sobre el aparato, al parecer permanecería solo unos días más, cuestión, que por alguna extraña manera le hacía sentir muy tranquilo.
El pelinegro se quedó de pie aun con el teléfono en su mano, sacudió su cabeza, y una sensación de malestar se extendió mezclándose con la suave tranquilidad que momentos antes lo había invadido. Confusión, confusión en estado puro.
N/A: Hola! Nueva entrega, tal vez algo atrasada para lo que las tengo acostumbradas (religiosamente una semana o 7 días), pero ahora soy una Nicky ocupada CONSEGUI TRABAJOOO! Wiiii, festejen amigas! Jajaja bueno eso me tiene algo desestabilizada en verdad, debo acostumbrarme a los nuevos tiempos, pero Nicky jamás dejaría un fic inconcluso… así que ya saben….
Bueno debo hacer una declaración más con respecto a la parte legal que trato en el fic, muchos dirán "¿cómo que el sintoísmo no es religión oficial en Japón?" bueno debo decir que sí, lo es... pero en Japón. Aclaro que mi fic no tiene lugar geográfico determinado, yo solo hablo de "Pueblo y Ciudad o extranjero", pero no determino nada de nada… hecha ésta aclaración, espero sus comentarios, no sin antes agradecer: a Made, Hotaru no Hikaru, malkav-iztli, Dianarr07, Amonett y claro a mi querida Deshyfarbausten, quién a pedido de ella he subido éste capítulo hoy.
Espero lo disfruten….
Nicky
