N/A: Enlace YouTube de la canción del capítulo: /watch?v=xDGuyGPJ_JE

"Have You Ever Seen Rain?" interpretada por Creedence Clearwater Revival.

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La Provocación

"De lo poco de vida que me resta

diera con gusto los mejores años,

por saber lo que a otros

de mí has hablado.

Y esta vida mortal... y de la eterna

lo que me toque, si me toca algo,

por saber lo que a solas

de mí has pensado".

Gustavo Adolfo Bécquer

Poeta Español

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Bostezó por quinta vez en la mañana, las personas que no lo conocieran creerían que era un vago que no sabía lo que era levantarse al alba y es que Kouta Moumo sí lo sabía, cada día amanecía a las 4 am para así poder imprimir los diarios del pueblo y también poder repartir los que llegaban de la Ciudad. Pero luego de estar más de 4 horas levantado no podía evitar que cierta pereza lo invadiera y es cuando deja que su mente adormecida haga de las suyas.

Delante de él el trozo de papel verde claro contenía garabatos, alguna que otra palabra, pero ninguna letra coherente que se asemeje a una canción o rima en alguna letra. Últimamente estaba preocupado y es que parecía que su inspiración lo había abandonado para no volver, es decir siempre tenían discusiones, ella solía irse de su casa, pero luego volvía, esta vez no había rastros de aquella musa.

Desde que tenía uso de razón la música provocaba en él emociones encontradas, de tan solo oír una melodía ésta lo transportaba a otro mundo, un mundo lleno de nostalgia, vida, alegría, tristeza, frustración según la música fluía. Disfrutaba muchísimo de aquello y es por eso que era tan solitario, jamás, pero jamás conoció a alguien que comparta tal pasión por el arte como él.

-Hijo.- oyó la voz de su jefe llamarlo, Kenji Yagami lo miró con gesto ceñudo. -¿Terminaste con los folletos del Festival de Invierno?- interrogó con interés ya que faltaba poco para el evento más importante del pueblo.

-Sí, Señor Yagami….- asintió sin quitar su mirada azul del papel.

Su jefe sacudió su cabeza, y es que el chico era eficiente, pero ese complejo de soñador lograba molestarlo, jamás entendió la fijación del muchacho pelicastaño por escribir y escribir, si siempre terminaba tocando en medio de la plaza o quizá algún festival o acto escolar, pero nunca tuvo éxito y es que le parecía tonto insistir con algo que no da frutos.

-Hijo.- volvió a llamarlo el hombre de cabello negro y ojos del mismo color.- No gastes la tinta de ese bolígrafo.-

Kouta detuvo lo que estaba haciendo, realizando un gesto cansado, y es que su jefe era tan tacaño…

-Y córtate ese cabello, en mi época solo las mujeres traían el cabello largo, no lo hombres y es que en mi época éramos más serios.- continuaba hablando con aires de sabiduría que tanto lo caracterizaban.

-En su época había dinosaurios.- soltó entre dientes el chico por lo bajo mientras le hombre seguía en su sermón cotidiano.

-Y además, es como un desafío a la autoridad, y no me interesa que un empleado mío sea un rebelde sin causa.- dijo en tono de advertencia.

Dicho esto se retiró, dejando al pelicastaño solo en la oficina, volvió a su tarea en el papel, sacudió mucho la pluma sobre él arrojando mucha tinta, para luego tomar otro cartucho y sonrió.

o-o-o-o

Conducía por el camino a velocidad media, la única que le permitía el estado del lugar. Entre todas las tareas que debía cumplir en la carpintería estaba la de realizar diligencias y trámites para su jefe, bufó por cuarta vez cuando el bache en el camino mitad de tierra mitad de asfalto la hizo saltar de su asiento golpeándose la cabeza con el techo del auto, llevó su mano al lugar del golpe para sobarlo y levantó una ceja, "sólo a ella" se repetía. Comenzó a tomar en serio las incesantes propuestas de Diamante en que se lleve su camioneta y no vaya con su deportivo, es que su auto andaba muy bien en el centro, no así en los caminos aledaños que no estaban en buen estado, la lluvia había abandonado el pueblo dándoles un respiro, por ende podría pasarle mucho, pero quedarse atascada no era una de ellas.

Rei volvió a mirar el mapa, no recordaba ese lugar y se estaba desesperando por no encontrarlo, detuvo su auto color plata al lado del camino y descendió con cuidado, necesita estirar las piernas, no era un secreto que detestaba conducir, lo odiaba en verdad, porque no importaba en donde estuviera la tarea le era estresante, claro que la diferencia entre la ciudad y el pueblo era grande, en la ciudad se cruzaban automóviles y personas, mientras que aquí solo alguna vaca o un bache odioso.

-A ver.- dijo en voz alta hablándole al aire mientras acomodaba el improvisado mapa que Diamante le había dibujado entre garabatos, y algunos trazos superpuestos. –Debí doblar a la izquierda en la intersección… diablos.- maldijo con los dientes apretados. Inspiró y exhaló aire, un pequeño error no iba a sacarla de su eje, pero es que odiaba tener que conducir, y el maldito camino la estaba provocando a cada kilómetro.

Subió nuevamente a su auto, se colocó el cinturón de seguridad y puso en marcha el vehículo, retomó el caminó virando en U para retomar hacia atrás y de nuevo el maldito bache hizo de las suyas, esta vez en un golpe seco que detuvo la marcha del auto, aceleró y volvió a acelerar, pero el auto a pesar de esforzarse nunca se movió.

-Odio conducir….-

Flash Back 7 años atrás

El día era soleado, el imponente cielo se extendía más celeste que nunca sin ninguna nube que apañara la hermosa tarde, la brisa que soplaba era agradable y es que los veranos en el pueblo eran los mejores, la polvareda se levantaba en el camino de la intersección 63 oyéndose música sonaba de fondo, "Have You Ever Seen Rain?", no entendía como él amaba tanto esa canción

Someone told me long ago
There's a calm before the storm,
I know;
It's been comin' for some time.
When it's over, so they say,
It'll rain a sunny day,
I know;
Shinin' down like water.

Lo escuchaba entonar la canción mientras conducía su camioneta negra surcando los caminos más estropeados por el paso de camiones de carga, solían pasar mucho tiempo juntos en los veranos ayudándolo con los repartos que debía realizar-

-Vamos Rei canta conmigo.- oyó que el pelinegro le decía con una gran sonrisa que hizo a la joven reír con ganas para seguir sus indicaciones y así entonar junto con él la ya tan conocida letra.

I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
Comin' down on a sunny day?

Yesterday, and days before,
Sun is cold and rain is hard,
I know;
Been that way for all my time.
'Til forever, on it goes
Through the circle, fast and slow,
I know;
It can't stop, I wonder.

La música seguía sonando mientras la mirada violácea de la pequeña de tan solo 12 años se perdía por la ventanilla, el joven pelinegro de nombre Seiya no dejaba de cantar mientras la joven intentaba seguirlo, perdiéndose en la letra, siendo causante de la risa del muchacho.

-No te sabes la canción Rei.- soltó casi en un grito.- no puedo creerlo que aún no la sepas.- exclamó convencido mientras no apartaba los ojos del camino, la pequeña lo miró con asombro levantando una de sus cejas y cruzando sus brazos.

-No es mi culpa que seas un viejo Seiya, yo no la conozco.- dijo de forma hiriente, solo causando atraer la azul mirada del joven al tiempo que una media sonrisa.

-¿Y dices que te gusta la música?- interrogó con falsa indignación que arrancó una sonora risa de la joven.-Es un sacrilegio que no sepas esta canción.-

Ambos siguieron el camino en semi silencio, ya que de vez en cuando la voz del joven se alzaba, y aunque la pelinegra intentaba no seguirlo en su locura no podía evitar entonarla también, riendo cada vez que fallaba a la letra.

I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
Comin' down on a sunny day?

Yeah!

I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain
Comin' down on a sunny day?

Seiya detuvo la camioneta y abrió la puerta.

-Espérame aquí Rei, no me tardo.- dijo bajando para luego ir a la parte trasera del vehículo y tomar unas bolsas que parecían pesadas. Siempre era igual, pasaban todas las tardes todos juntos en el lago, ya llegando la hora de la merienda Seiya retomaba su trabajo y la joven pelinegra lo acompañaba para que luego la llevara a su casa que le quedaba de paso.

Solían pasar mucho tiempo juntos, al igual que con Amy, pero este rato siempre era de ellos dos, todas las tardes se repetía la misma rutina, el joven debía realizar los repartos de su padre quién maneja el rancho familiar y Rei lo acompañaba entonando diferentes canciones, ambos salían ganando, la pequeña tenía un viaje gratis a su casa y el pelinegro se entretenía con la plática de Rei. Y es que a pesar de la diferencia de edad, solían llevarse muy bien, considerándola una pequeña amiguita.

La puerta del acompañante se abrió de improviso sobresaltando a la joven, Seiya la mirada con una mezcla de gracia y diversión esbozando una sonrisa de lado.

-Bájate.- le dijo haciéndose a un lado.

-¿Qué?-

-Bájate- le insistió ya más divertido por la cara de incredulidad de la joven.

-¿Me dejaras aquí?- exclamó molesta de verdad. –Si te encontraste con alguna de tus noviecitas no es mi problema, al menos acércame a mi casa.- comenzó a refunfuñar ceñuda.

El joven rio sonoramente y la empujó fuera del vehículo, mientras él subía por la puerta del acompañante.

-Vamos Rei, hoy conducirás tu.- dijo para el asombro de la joven. –Vamos.- insistió.

La pelinegra rodeó la camioneta y se acomodó en el asiento del conductor con cara de espanto.

-Nunca antes…-

-Lo sé.- la interrumpió.- hoy será tu primer lección.- dijo orgulloso sacando un almohadón de detrás del asiento dándoselo. –Siéntate aquí, si no, no llegarás a los pedales.- explicó con paciencia.

Rei seguía incrédula, pero siguió sus indicaciones, luego de fallidos intentos para que el vehículo al fin avance, y varios tirones en el cuello de ambos, la camioneta comenzó a andar.

-Ayyy.- exclamó emocionada ella mientras él reía.-Lo hice Seiya.- exclamaba feliz, y la sonrisa en el rostro masculino se hacía cada vez más grande, se sintió orgulloso de tan pequeño acto. Hicieron unos metros y un sonido particular en el motor dio pauta a Seiya para que siga con las lecciones.

-Muy bien Rei, ahora pasa el cambio.- le dijo, pero para desgracia de la pelinegra la caja de cambio era muy dura y no podía lograrlo, llevó ambas manos hacia la palanca, pero recibió ayuda de su improvisado maestro quien puso su mano por sobre la de la joven.

-Nunca sueltes el volante.- le dijo en tono paciente.

Siguieron andando cruzando algunos camiones que oportunamente esquivaban a la chica, logrando poner al dueño del vehículo bastante irritable.

-Ay yo no puedo.- vociferó frustrada soltando el volante y cruzándose de brazos.-Girar el volante es imposible.- gritó haciendo referencia a lo dura que era la dirección.

-Rei jamás sueltes el volante.- la regañó con seriedad, atrayendo la mirada violácea de la chica junto a él.

-No me grites.- le dijo retándolo con la mirada y ahí iban otra vez…

-No te grito, por Dios mira el camino.- la paciencia de Seiya llegaba a su fin, es que este era el detalle de la particular relación, siempre, pero siempre, terminaban peleando.

-Tú nunca lo miras Seiya.- rebatió ella sin volver la vista a la ruta, haciendo que Seiya tome el volante.

-Rei mira el camino y toma el volante y por dios no aceleres.- gritaba con enfado el pelinegro mientras él se inclinaba sobre ella para tomar el control de la camioneta, y ella se escabullía al asiento del acompañante pasando por detrás de la espalda del pelinegro dejándolo libre para éste quede en el lugar del conductor.

-Es tu idea Kou.- seguía discutiendo la chica, mientras el joven tomaba el control del vehículo.

-Eres imposible Hino.-dijo aún gritando.

-Ashhhh odio conducir….- bufó molesta mientras golpeaba el asiento.

Fin del Flash Back

Bajó del auto y para su fortuna, la rueda parecía estar atascada, deseó morir ciertamente lo deseó, busco su teléfono móvil en su gran bolso cuando el sonido de un vehículo aproximarse captó su atención, junto a ella una camioneta de color oscuro se detuvo.

o-o-o-o

Makoto se abrigó especialmente esa mañana, aún no se recuperaba del todo de su malestar y sabía que de no tomar recaudos pasaría más tiempo en la cama de lo que podía tolerar y tenía mucho que hacer. Traía sus pantalones de jean negros, unas botas marrones de montar, una blusa mangas largas rosa y sobre ella un sweater negro de pesada lana con corte desnivelado, junto son una boina a tono, llevando su cabello suelto. Entró a la cafetería donde pocas personas esparcidas en varias mesas se encontraban.

Ni bien hizo dos pasos sonrisas le fueron regaladas, y es que era conocida por esos pagos, se dirigió hacia la barra que parecía estar vacía, cosa que le extrañó, algunas donas estaban sobre ella, con un glaseado horripilante, sacudió su cabeza para quitar de su mente el regaño que daría a su jefe en cuanto lo viera. Buscó con su mirada a alguna de sus compañeras y no vio a nadie, cosa que le extrañó, esos clientes no se atienden solos, la idea no era volver al trabajo de inmediato, solo pasó para cerciorarse que todo estuviera bien.

Oyó voces provenientes de la cocina, lo que hicieron que estirara su cuello para tener mejor visión, una era la de su jefe, esa la reconocería donde fuere, llevaba oyéndola muchos años ya. El mismo salía con una sonrisa del lugar acomodando su delantal a rayas verticales blanco y negro, sorpresa fue lo que la pelicastaña leyó en su mirada al verla parada delante de la barra.

-Mako.- dijo entre sorprendido y nervioso.

-Hola Andrew.- lo saludó amablemente. -Solo pasaba para saber si me necesitabas.- dijo ella algo extrañada por la actitud del rubio y es que parecía realmente nervioso.

-Ehh… no, pero … ¿cómo estás?- se apresuró a preguntar. –Dante me dijo que te sentías mal, ¿estás bien?- interrogó con genuina preocupación.

La chica asintió con gesto amable y sonrió. –Sí gracias, estoy mejor, aunque no del todo, pero yo quería saber…-

Antes de que pudiera completar la frase, de la cocina donde minutos antes hacía aparición el rubio, salió una de sus nuevas compañeras, una de las nuevas meseras, acomodando su uniforme y su cabello bastante desarreglado, Andrew volteó algo incómodo al verla y la chica rubia de corto cabello le sonrió divertida al tiempo que mordía su labio en claro gesto de picardía, luego posó su mirada grisácea sobre Makoto.

-Hola Mako.- la saludó con sencillez, para incorporarse al trabajo.

El silencio envolvió a ambos por unos segundos, no era difícil entender lo que había ocurrido allí, como era costumbre de Andrew, seguramente él y la nueva mesera, tontearon en la cocina, todas las mujeres que trabajan por allí pasaban por Andrew.

La pelicastaña desvió su mirada con gesto irónico, ciertamente no le dolía, ya hasta la colmaba un poco presenciar siempre el mismo comportamiento proveniente de su jefe, comportamiento que no tuvo hacia ella por razones obvias, o quizá no tantas, sino que simplemente no era su tipo: el estilo fácil.

Por su lado Andrew, quien siempre se caracterizo por exhibir sus aventuras haciendo alarde de ellas, esta vez de verdad se encontraba incómodo, las habladurías siempre lo señalaban como un mujeriego, pero jamás había quedado tan en evidencia, como ese momento, delante de Makoto, y por primera vez en mucho tiempo sintió vergüenza, vergüenza por su comportamiento.

-Bueno creo que estás bien "atendido".- dijo Makoto son una sonrisa irónica, para luego corregirse.- Digo, el lugar, así que no creo que me necesites Andrew.- finalizó con la misma sonrisa de burla que hizo sentir al muchacho más pena de sí mismo y es que hubiese esperado cualquier reacción de la pelicastaña, menos ésta.

-Mako, oye… eso…- intentaba explicar, sin entender porqué, qué es lo que acaba de pasar, aunque era sumamente obvio, la hermosa pelicastaña alzó su mano en gesto de hacerlo callar, aún con burla.

-No digas nada, créeme no me interesa saber ese tipo de cosas.- rió la joven. - bueno yo debo hacer unos mandados, a la noche vendré a cerrar para llevarme las llaves.- dijo mientras se daba media vuelta.

-Puedo llevártelas a tu casa…- oyó la voz del rubio un tanto apagada, volvió a girarse para mirarlo.

-Está bien, me queda de paso, y si estoy muy cansada te aviso y se las das a mi hermano, recuerda avisarle a la chica nueva que vendré yo a cerrar.- dijo con sencillez, mientras el joven aún no entendía la atmosfera que se había creado entre ellos.

Como cada martes Makoto era la encargada de cerrar el lugar, ya que Andrew salía más temprano y al día siguiente le tocaba abrir a ella, rutina muy conocida, como la anterior protagonizada por el rubio.

-Andrew.- volvió a llamarlo la chica, el rubio, que aún desconcertado y bastante incomodo, la miró con atención, esperando de alguna manera otra reacción de Makoto. –El sábado hay una cena en casa, nos juntaremos todos, no lo olvides.- finalizó dándose la vuelta y saliendo del lugar.

-Si…. adiós- se despidió sin oír una respuesta ya que la chica había salido segundos antes.

Salió del lugar con prisa y es que sentía las lágrimas quemarle los ojos, maldijo ser tan estúpida y sentimental, nada los ataba nada, solo su tonto idealismo, pero es que no podía evitar sentir esto como lo sentía, como una provocación. Caminaba rápidamente entre las personas. No podía dejar de pensar en lo imprudente que Andrew era, era su lugar de trabajo, había personas en las mesas y por un segundo detuvo su marcha, se quedó en medio de la acera, y algo en ella terminó, no sentiría mas pena por ella, ciertamente ahora le tenía lástima a él a él y a su provocación.

o-o-o-o

La camioneta azul noche detuvo su marcha ni bien divisó el deportivo cruzado en el camino, la puerta se abrió y un hombre descendió de ella de un salto, por unos segundos el polvo levantado por el vehículo no dejó ver quién se encontraba frente a ella.

-¿Puedo ayudarla?- oyó que decían y poco a poco la tierra decantaba, para aclarar el panorama.

-Hola- saludó con una gran sonrisa y es que delante de ella se encontraba nada menos que Kunzite, con la misma mirada gatuna que lo caracterizaba. –Soy Rei.- se apresuró a aclarar apuntándose con su dedo índice ya que el hombre solo la miraba, una sonrisa se fue dibujando en el moreno rostro masculino.

-¿Cómo no saberlo?- soltó con algo de emoción en su rostro, lo que era bastante, se acercó a la chica estrechando su mano con fuerza. –Me da mucho gusto verte de verdad.- le dijo con sinceridad dejando ver sus perfectos dientes a causa de la gran sonrisa.

-Y tú no sabes el gusto que me da a mi verte…- dijo girando su rostro hacia su auto. –Creí que pasaría la noche entre coyotes.- admitió y que la idea de no ser socorrida pasó por su mente varias veces, y es que a pesar de tener su teléfono móvil dar su ubicación no le era fácil, porque simplemente no tenía idea de donde se encontraba.

Kun suspiró y se acercó al automóvil, lo inspeccionó por unos segundos, ciertamente la chica había tenido suerte de encontrarlo en ese momento, él venía de la casa de un cliente cuando a lo lejos notó el vehículo color plata en medio de la ruta, cosa que captó su atención y como si se tratase de un médico, no podía dejar de auxiliar a la pobre alma que quedó justamente allí, literalmente, en medio de la nada. Irguió su cabeza y posó su mirada sobre una muy curiosa Rei que intentaba ver lo que Kun, claro que sin entender nada, dando un diagnostico certero.

-Rompiste el eje… puedo tenerlo listo para mañana, pero por el momento debo remolcarlo.- sentenció con voz segura, mientras Rei bajaba sus hombros desalentada.

-Debo entregar unas cosas que Dante me dio, va a despedirme.- dijo con seguridad, haciendo reír, interiormente claro, al hombre.

-Dudo que eso ocurra, pero no te preocupes.- dijo el platinado mientras sacaba de su camioneta una soga.- te llevaré y luego vamos al taller, dejamos tu auto y de ahí te dejo en el pueblo.-

-No quiero causar molestias…-

-No es molestia Rei.- negó mientras se disponía a hacer su trabajo, en silencio.

El camino fue silencioso y no es precisamente que el peliplateado sea un excelente conversador, pero al menos ambos estaban sumergidos en sus pensamientos sin dar lugar a llegarse a poner incómodos notando que hacía más de veinte minutos que ninguno hablaba, sin embargo así siguieron, Rei llegó a destino entregando la diligencia de Diamante, para luego dirigirse al taller donde Kun trabajaba sentenciando que su auto no había sufrido mayores daños para tranquilidad de la chica.

-Te agradezco muchísimo Kun, de verdad.-

-No es nada Rei, además te lo cobrare.- dijo para sorpresa de la chica, era lógico que así sea, pero sonaba extraño proviniendo de él. –Es broma.- finalizó el mecánico dejando aun mas estupefacta a la pelinegra, ¿desde cuándo Kunzite Okada era gracioso? Nunca lo sabría.

-Te llevo.- volvió a hablar el hombre, ciertamente ese día había hablado más que las ultimas semanas, pero la situación lo ameritaba.

-Por favor, es que quedé con Makoto para acompañarla a hacer mandado.-

Se montaron nuevamente en la camioneta y el silencio los invadió, solo que esta vez Rei se notaba más inquieta, necesitando de alguna manera decir algo.

-Me sorprendió que restauraras el bar-

Captó la atención del peliplata por unos segundos, éste sonrió y asintió con su cabeza.

-Pude lograrlo.-

-Tu padre debe de estar orgulloso.-

-Sí, sí lo está.- aceptó refiriéndose al hombre que lo crió, nunca conoció a sus verdaderos padres, pero tampoco le interesaba, el hombre que le crio, le dio amor, educación y muchas razones por las cuales estar orgulloso. –Me dejo muy tranquilo que Nobu esté bien, fue un gran susto, suerte que Seiya actuó rápido, aunque mi consejo había sido no moverlo…- recordó el peli largo sin apartar la vista del camino.

La pelinegra cruzó sus brazos y frunció su ceño. –Este abuelo mío, no sabe cuando detenerse, es como un niño.- lo reprimió, mientras el hombre sonreía y es que la chica tenía razón, pero Nobu siempre fue así y daba gracias a ello, si no todo sería muy aburrido en ese lugar.

La mirada del mecánico se desvió unos segundos hacia el gran rancho al costado del camino, haciendo que Rei hiciera lo mismo, era la casa de Seiya y su vehículo estaba estacionado allí, la mirada amatista se perdió en el lugar, siempre adoró el rancho y allí estaban los mejores recuerdos de su infancia, esta vez se veía más lindo que nunca.

o-o-o-o

Por segunda vez la cuerda se retorció, y parecía que cambiar las cuerdas del piano no era tan sencillo como recordaba, gruñó por tercera vez y maldijo, no sanaba tan mal con las cuerdas viejas, pero claro, siempre tan quisquilloso intentó de alguna manera mejorarlo y al parecer solo lo empeoraba.

Recordó entonces la dulce voz de su hermana diciéndole "la manera de arreglar las cosa no es golpeándolas" justo en el momento que alzaba una pinza para atacar al pobre e indefenso piano que nada le había hecho, por lo que la bajó y chistó con su lengua, intentó calmarse y por una vez contó hasta diez. Como lo haría la voz de su conciencia: Amy.

-Control de ira.- se dijo mientras respiraba para luego derrumbarse en una silla, se sentía un imbécil y agradecía que nadie lo viera así, perdiendo la cordura por un piano.

Y es que el problema en sí no era el piano, sino su estado de humor cambiante, intentó enfocarse nuevamente en el piano, mientras rememoraba cuando había sido la última vez que lo había hecho, y los recuerdos vinieron a su mente.

Flas Back 5 años atrás

El día del cumpleaños número quince de Amy. La casa estaba repleta de globos y guirnaldas, cortesía de Minako Aino, un delicioso aroma a pastel de piña invadía los cuartos ya que en la cocina la pelicastaña terminaba de hornearlo.

Todos estaban allí, incluso su madre. Sus amigos llegaron temprano para ayudar a decorar mientras la hermosa peliazul se encontraba en su cuarto encerrada junto con Rei quien la estaba maquillando y peinando. Seiya intentaba cambiar las cuerdas del piano solo en el gran salón, mientras el resto se encontraba repartido en el jardín y la cocina.

Por un descuido una de las cuerdas se zafó golpeando su mano y haciendo un pequeño corte en ella.

-Diablos.- dijo por lo bajo, sentándose bajo el piano.

-¿Seiya?- oyó una voz llamándolo, volteó presionando aún su mano y golpeó su cabeza contra el borde del piano.

-Auuchh- se quejó

-¿Qué haces?- interrogó la joven con ojos amatistas.

-Hola Rei.- la saludó con desgano.- Intentando cambiar las cuerdas de este maldito piano que parece querer hacerme la tarea imposible.- se quejó sin paciencia mientras se ponía de pie, haciendo reír a la chica. -¿De qué te ríes?- preguntó con molestia y es que de verdad la situación lo había colmado, odiaba que las cosas no salieran como le gustaba.

-De ti y tú falta de paciencia.- le dijo con una media sonrisa en su rostro mientras le chico fruncía su ceño.- Déjame ayudarte.- se ofreció acercándose a él.

-No, no sabes hacerlo.- decía llevándose a su boca su mano succionando la herida, deteniendo la chica su marcha.

-Pruébame.- lo provocó con gesto altanero.

Seiya rodó sus ojos y le hizo un gesto para que se acerque.

-¿Qué hay que hacer?- preguntó.

-Ves ahí.- le dijo señalando la cuerda.- La cuerda debe quedar tirante y dar la vuelta aquí.- dijo señalando el lugar.- donde debo lograr que se enganche pero no puedo.- bajó sus hombros desalentadamente.

La joven pareció pensar unos instantes. –es que tus manos son muy grandes, déjame intentarlo.- sentenció.

Y en menos de un santiamén lo había conseguido ante la mirada incrédula del muchacho.

La joven sonrió feliz al lograrlo contagiando la sonrisa a un muy frustrado joven, la amiga de su hermanita, la misma Rei de tan solo 14 años, a la cual llevaba cada tarde a su casa, lograba de nuevo hacer lo que ella sabía hacer, provocarlo, para luego terminar generando lo que ella quería.

-Déjame ver esa herida- la voz de la joven lo sacó de sus pensamientos.

Desvió su mirada a su mano aún sangrante y sonrió restándole importancia.

-Ya decía yo que no puedes hacer las cosas solo.- dijo más para sí intentando ver su mano.

-¡Oye! Puedo hacerlo, fue un accidente…- dijo molesto.

-Que te ocurrió por hacerlo solo.- respondió la joven con una ceja en alto.

-Oye…-

-Ya, cállate… además no debiste cambiar esas cuerdas sin otra persona que te ayude.-

Fin del Flash Back

Suspiró irguiéndose y sacudió su cabeza hacia los lados.

-No puedo solo…- se resignó por fin.

o-o-o-o

Las jóvenes salían cargadas de las tiendas, las bolsas estaban repletas de alimentos y objetos de cocina, fue cuando la pelicastaña divisó una cafetería, no la que ella trabajaba, donde invitó a su amiga a tomar un café y es que jamás le gustó ir al mismo lugar donde era su trabajo. El lugar no era para nada tan acogedor como la cafetería del pueblo, la única en realidad, ya que esta auspiciaba como autoservicio también.

Escogieron una mesa junto a la vidriera y al fin tomaron asiento, quitándose sus abrigos.

-Mako, ya recuerdo porque no te dejo cocinar jamás…- exclamó la pelinegra mirando el contenido de las bolsas aun incrédula.

-¿Por qué?- interrogó extrañada la pelicastaña mientras endulzaba exageradamente su café doble con crema.

-Porque todo esto engorda muchísimo amiga, debo cuidarme…- explicó mirando nuevamente la cantidad de glucosa que Mako le ponía a su café.

-Ay Rei estas de vacaciones, olvídalo, además la comida casera no engorda, eso decía mama.- soltó mientras daba un mordisco al pastel de cerezas.

-Sí, si engorda.- le dijo empujando su plato con porción de pastel hacia Makoto. - pero tú tienes el mismo metabolismo de tu madre, siempre serán delgadas, no importa lo que coman, no soy tan agraciada.-

Ambas jóvenes sonrieron mientras la pelinegra endulzaba su capuchino, no de la manera tan exagerada que su acompañante.

-Y dime.- rompió el silencio breve que se había formando entre ellas la pelicastaña. -¿cómo te trata tu instancia aquí?- interrogó dando un sorbo al café. Rei lo pensó unos instantes, y es que para estar menos de diez días en el lugar muchas cosas habían ocurrido, y es que como siempre decía "el mundo es un pañuelo y un pueblo… las esquinas".

-Pues bien, ya creo que vi a todos….- dijo pensativa haciendo repaso mental. –Incluso a las enfermeras nuevas y al abogado del pueblo.- ambas jóvenes rieron con ganas y es que el lugar era demasiado pequeño.

-¿Todos?- insistió Makoto en broma.

-Sí, hoy vi al único que me faltaba, Kunzite- aclaró nuevamente tomando de su taza.

-¿Era el único?-

-El único que faltaba amiga.- aclaró nuevamente.

-Oh, y ¿cómo resulto eso?- preguntó con interés, dando otra mordida al pastel, esta vez de su amiga.

-¿A qué te refieres?- preguntó no entendiendo a Makoto quien seguía ocupada en comer.

-A que si viste a todos, también viste a Seiya y si en ese encuentro terminaron peleando en el suelo para luego terminar compartiendo un helado de vainilla.- explicó feliz.

-Chocolate.- dijo Rei automáticamente.

-¿Qué?-

-A mí me gusta de vainilla, a él de chocolate.- finalizó Rei con una sonrisa. –Resultó como siempre.- dijo levantando sus hombros.- creo que hay cosas que nunca cambian… aunque eso es bueno a veces.- finalizó pensativa.

-Al menos tu día resultó mejor que el mío.- soltó suspirando la pelicastaña jugando con una servilleta. Rei levantó su ceja en gesto divertido.

-¿En serio? El perderme en el pueblo, el hecho que se averió mi único medio de transporte, que mañana Diamante tendrá que pasar por mi y por eso deberé levantarme dos horas antes y claro, que debo pagar el arreglo de mi auto, todo eso resultó mejor que tu día…-

-Créeme que si Rei…- le dijo con gesto cansado, a lo que alertó a su amiga que tal vez Makoto si había pasado por algo más.

-¿Andrew?- preguntó sabiendo la respuesta.

Makoto asintió, para luego negar con su cabeza mientras se acomodaba en su asiento no tan cómodo. –Supongo que debo dejar de idealizar, solo logro alimentar, provocar un sentimiento en mi, que no es nada más lejos que un capricho.- intentaba convencerse, la mano blanca y frágil de Rei se posó sobre la suya, la pelicastaña levantó su mirada verde encontrándose con la violácea de su amiga.

-¿Qué pasó con él en verdad?- la pelinegra sabía que algo más de lo que Makoto le contó alguna vez había ocurrido, su amiga podía ser soñadora, pero no era estúpida, y había algo que no estaba diciendo.

-Ya no importa Rei, créeme….- dijo dando por terminado el tema. –Ahora ¿qué te gustaría comer en la cena del sábado?- soltó renovada.

-Ay Mako… - se quejó.-sabes que de todo.-

-De todo será entonces.-

-No me provoques niña.- dijo riendo junto a su amiga.

Ambas se quedaron un rato más en aquél lugar intentado pasar el momento sin tener recuerdos que opaquen su reunión y es que después de todo, si algo bueno resultaba de todo, es que pase lo que pase y en el momento que estaba pasando, ellas estaban juntas, y eso les provocaba una sensación de tranquilidad a medias.

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N/A: Hola a todos! Una nueva entrega y una vez más quiero agradecer a todos aquellos que siguen esta historia, a los que me dejan comentarios tan bonitos, y a los que hacen el pase silencioso, que creo no me dejarán nunca saber qué tal va esto, pero espero que les esté gustando tanto como a mi escribir este fic, que hacía mucho tenía en mente debo admitir.

Agradezco de corazón y con una abrazo estilo Minako a: a Made, Hotaru no Hikaru, malkav-iztli, Dianarr07, Amonett y Deshyfarbausten! Muchos besos y abrazos a lo Minako y gritos ensordecedores para ustedes!

Muchas gracias de verdad por el apoyo!

Nicky