Habían quedado en un bar cercano a la empresa. Naruto y Shikamaru hablaban entre ellos cuando en la puerta del local se vio asomar una cabellera pelirrosa seguida de otra morena. Sakura acababa de llegar y traía a Hinata con ella. Cuando Naruto la invitó a ir con ellos, a Sakura le pareció buena idea incluir a Hinata. Quería que Naruto se fijara en ella.
-¡Hola! –contestó el rubio con su habitual energía.
-Hola –le secundó Shikamaru, con su también habitual desgana.
Las chicas saludaron y se sentaron con ellos. Empezaron a hablar de cosas sin importancia, y Naruto no tenía ojos más que para la pelirrosa, ignorando casi por completo a Hinata. Sakura creyó que debía intentar que la tímida morena entablara conversación con Naruto y le pidió a Shikamaru que se acercara a la barra con ella para pedir algo para tomar. Shikamaru contestó que no tenía muchas ganas, pero debió cambiar de opinión cuando sintió cómo la mirada de Sakura se clavaba en su nuca.
Mientras Shikamaru pedía, Sakura observaba a Hinata y a Naruto. Ella estaba sonrojada, mientras él seguía hablando animadamente. Shikamaru miró a Sakura, y entonces entendió.
-Hinata y tú os habéis hecho amigas en poco tiempo.
-¿Eh? –preguntó Sakura, que estaba distraída- Ah, sí. Hinata es muy simpática.
-¿Quieres echarla una mano?
-¿A qué te refieres?
-El mundo entero sabe que Hinata está enamorada de Naruto. Curiosamente, él parece el único que no se da cuenta de eso. Les has dejado solos para que el torpe de Naruto haga algo de caso a Hinata, ¿cierto?
-Sí –Sakura estaba sorprendida. ¿Tanto se notaba?
-Naruto no es mal tipo –continuó Shikamaru.- Si te presta tanta atención y está pendiente de ti en todo momento delante de Hinata no es porque quiera hacerle daño. Es solo que es imbécil y no se da cuenta.
-Pendiente de mí…
-Vamos Sakura… Naruto siente algo por ti. Es obvio.
-¡Ino! –llamaba Sasuke.
-¿Sí señor? –decía la rubia mientras entraba por la puerta del despacho de Sasuke.
-¿Podrías darle estos informes a Sakura?
-Pero señor, hoy es el día libre de Sakura –respondió Ino.
-Sí, lo sé, pero antes Naruto me ha dicho que había venido para adelantar trabajo o algo por el estilo.
-Sí, señor, es cierto. Pero se ha ido ya. Es que había quedado con Naruto a la salida del trabajo para ir a tomar algo.
-¿Qué? –se extrañó Sasuke- ¿Ha salido con Naruto?
-Sí. ¿No te lo ha dicho él? Creo que era una cita –mintió descaradamente Ino.
Sasuke se quedó en silencio, pensativo. Así que una cita… No, Naruto se lo habría dicho. Seguro que Ino los habría visto salir juntos y lo había malinterpretado. Sí, cualquiera puede confundirse. Lo que Sasuke no podía ni imaginar era que Ino se había propuesto separarlos a cualquier precio.
En ese momento, llamaron a la puerta. Ino fue a abrir y sus ojos azules se toparon con unos de un color verde agua. Un pelirrojo entró en la sala e, ignorando por completo a la rubia, se acercó a la mesa de Sasuke.
-Hola Sasuke.
-¡Gaara! No te esperaba. Ino, ¿te importa…?
-Sí, señor –dijo la rubia mientras salía del despacho.
Al cerrar la puerta, Ino se quedó detrás de la misma y pegó la oreja. Quería saber de qué iban a hablar. Ella era la secretaria de Sasuke y tenía derecho a enterarse.
-Siento venir sin aviso. Verás, sabes que me gusta ir directo al grano, así que no voy a enrollarme. Necesito que me "prestes" a uno de tus empleados.
-¿"Prestar"? Explícate mejor –pidió Sasuke.
-Verás. En un principio, al evento de mañana iba a acompañarme mi hermana y secretaria, Temari. Pero, aunque asistirá, por motivos que no vienen a cuento, ella va a estar ocupada y no va a poder ayudarme. Ya sabes, con los discursos, las presentaciones a los inversores y eso. Por eso necesito que me "prestes" a alguien de tu empresa que sea responsable y de confianza y pueda ayudarme. No es nada complicado, y sería solo un día. Ya sé que todo esto es para mañana y que te aviso con poca antelación, pero es que los asuntos de Temari no estaban previstos. ¿Y bien? ¿Qué contestas?
Sasuke pensó rápido. Había varias posibilidades, pero claro, que las personas que tenía en mente estuvieran dispuestas a colaborar era otra historia. No se podía avisar con tan poco tiempo. ¿A quién enviaría?
