Todo Cambia

"Los amores de verano terminan por todo tipo de razones, pero al fin y al cabo todos tienen algo en común: son estrellas fugaces. Un espectacular momento de luz celestial, una efímera luz de la eternidad que en un instante se van."

"Notebook", película americana.

.

.

La habitación decorada en su totalidad con guirnaldas de colores colgando desde el techo, peluches de colores y cientos de almohadones en forma de corazón estaba más vacía que nunca, por sobre la alfombra color gris se encontraban algunas prendas esparcidas a causa de la rapidez del momento, por sobre las paredes color rosas pastel se notaban ausencia de algunos cuadros que por el tamaño podría decirse que eran fotografías. Un equipo de música sonaba dando al lugar un ambiente despreocupado.

La dueña de aquella alcoba salió del cuarto de baño, llevando su largo cabello rubio aún húmedo, tomó su clásico moño rojo, pero en vez de peinarse lo dejó por sobre el escritorio donde una computadora portátil y algunos libros descansaban. Sus ojos azules brillaban mucho más esa mañana y es que las vacaciones dieron comienzo y junto a ellas la ocasión para regresar a casa. Amaba la Ciudad, pero ciertamente hacía tiempo que esperaba con ansias este receso para volver al pueblo que la vio dar sus primeros pasos en la pubertad, no renegaba de donde provenía y mucho menos se avergonzaba, con orgullo llevaba la bandera de aquél pequeño lugar alejado y con mucho mas orgullo hablaba de las personas que viven allí.

Por empezar están sus padres, su querido padre el Coronel Takeshi Aino, comisionado del pueblo, quién velaba por la seguridad de todos, su hermosa y perfecta madre, Sora Aino, quién era la presidenta del club de las damas de alta sociedad, y luego sus entrañables amigos… nunca su amiga pelinegra, tomó la dimensión de lo feliz que la hizo encontrarla por casualidad en la ciudad el día de su cumpleaños, ver a Rei fue revivir momentos hermosos, lástima que aunque prometieron estar en contacto no pudo ser posible.

Se puso de pie y sonrió, eso ya no importaba porque Makoto le había dicho que Rei estaba en el pueblo, solo faltaba Amy y las cuatro estarían juntas otra vez, Amy y ella eran un año mayores que las mencionadas anteriormente, pero eso jamás se notó mucho, al menos no en ella, comenzó a dar vueltas tontamente en su habitación con sus manos extendidas mientras cantaba una pegajosa melodía y es que tanta felicidad no se debía solo a sus amigas.

-Al fin te veré.- dijo emocionada con estrellas en sus ojos, tomó un oso de peluche que traía una peluca color platinada y lo estrujó contra si con ganas, ganas de verdad. –Wiiiiiii.-

Flash back 2 años atrás

Hacía dos veranos que no volvía al pueblo, pero este lo hizo, solo para festejar su cumpleaños número 18, lo cierto es que su cumpleaños había sido el octubre pasado, pero esperar unos meses para tener la tan anhelada fiesta en donde la señorita Minako Aino alias "Mina" se haría por fin mujercita, como decía su padre abrazado a su madre mientras la miraban con corazones en sus ojos y nubes rosas de fondo, y este festejo lo pasaría con las personas que más le importaban. Cierto que faltaban algunas, pero al menos estaba él….

Kunzite Okada, el frio, reservado, poco simpático y para nada charlador mecánico, del cual se había enamorado desde la primera vez que lo vio, ninguno de sus allegados creían en el amor a primera vista, pero ella lo experimentó, cuando con tan solo doce años vio a ese hombre delante de ella, y fue ese día que se juró que no descansaría hasta conquistar ese corazón, derretir el hielo en él y llenarlo de peluches y pompones rosas.

En esa ocasión la fiesta de cumpleaños se realizó en su hogar, la mansión del comisionado, todo mundo fue invitado al cumpleaños de la única hija de los esposos Aino y solo había una única condición… ¡venir disfrazados! Las personas asistirían en parejas y sus disfraces debían tener relación. Le llevó más de lo esperado encontrar el disfraz perfecto para ella… para ella y cierto peliplata que no tenía idea de que asistiría a la fiesta y mucho menos acompañado… nada más ni nada menos que de la agasajada.

Fue cuando al pasar por la casa de alquiler de disfraces, la única en todo el pueblo, agotándose rápidamente los mejores, cuando vio al disfraz perfecto para ella, para ella y para él.

-Ohh Kunii.- la voz melodiosa de la rubia retumbó en el frio lugar de trabajo del peliplata que se encontraba arreglando un automóvil, de solo escucharla, la emoción, según ella fue emoción, le hizo tirar las herramientas de sus manos. Como era de esperarse, Kunzite, jamás respondió este llamado, solo se detuvo a mirarla, claro antes maldijo por lo bajo unas cien veces, es que ella solía ser tan ruidosa.

Pero nada comparado con el gesto en su rostro de piedra al notar que la joven traía en sus manos unas grandes bolsas violetas con estrellas en colores psicodélicos.

-¿Um?- emitió un sonido, tal vez en el idioma en que solía manejarse, ese que solo unos pocos comprendían y definitivamente la rubia no era el caso, aunque creía comprender.

-Son nuestros disfraces, para mañana te quiero en mi casa, a las ocho, por favor se puntual y usa esto.- le dijo extendiendo el paquete, lejos de moverse, el joven solo seguía parado por lo que la chica soltó un bufido. –Eres tan despistado a veces, es mi cumpleaños Kuniii.- le recordó con voz de reproche, al tiempo que sonreía. –Toma, esto usarás, te espero…-

El joven tomó al fin la bolsa que le extendía la rubia, que segundos antes se acercó a él dando grandes zancadas, la hermosa ojiazul se quedó a su lado esperando algún tipo de acción que el joven no comprendió del todo, ya que solo la miraba como quien si estuviera en frente sería el mismo presidente vestido de tutu rosa con varios abanos en sus manos.

-Mira el mío.- se apresuró a decir Minako, abriendo su paquete y sacando de él un hermoso vestido celeste que tenía un delantal blanco, con un simpático gorrito, estilo de mucama del mismo color del delantal. -¿No es lindo?-

-... ¿Qué es?- y la chica no pudo más que saltar de emoción al oírlo hablar.

-Kuni, es mi traje de pastora… y tú….- dijo mientras dejaba su traje a un lado y buscaba en la bolsa que recién había dado al mecánico sacando algo…- tú serás mi….- y antes de que cualquier reflejo pudiera hacerse presente la chica colocó sobre la lacia cabeza de Kunzite Okada, un gorrito con orejitas, bastante pomposo y blanco. -….mi ovejita!- exclamó feliz al tiempo que al hombre miles de gotas le caían. -¡Que bonito mi Kuniii!-

Lógicamente, luego de esa humillación el hombre solo pudo quitarse el ridículo sombrerito, hacerlo un bollo, tomar ambas bolsas y a la chica para sacarla de allí.

-Pero Kunii…..-

-Adiós.- oyó decir al hombre mientras ella se quedaba con sus bolsas en plena entrada junto a su auto.

Sonrió para sí, él iría…

Fin del Flash Back

En pocos días volvería a casa, solo unos pocos días más. Tomó la fotografía de aquel día, todos estaban disfrazados en concordancia con la pareja elegida, esa fiesta fue un éxito y más aún porque Kunzite estuve allí, ocho en punto, solo que no fue disfrazado, fue de la mejor manera que podría ir, de él mismo.

Bailaron toda noche sin parar, eso lo recordaba a la perfección, bueno no es que el mecánico se caracterice por gustar de la danza, pero ella no le permitió sentarse un segundo, lo mejor de todo es que jamás lo oyó quejarse, bien amenazado estaba, le pondría ese sombrero de corderito si no accedía.

o-o-o-o-o

Diamante trabajaba muy concentrado en la mesa que tenía delante, se caracterizaba por ser muy detallista y dedicado, pero aún más cuando se trataba de un trabajo para un buen amigo suyo. Hacia dos horas que había llegado a su taller de carpintería, no sin antes pasar por Rei, a quien se le había averiado su auto. Limpió el sudor que caía sobre su frente con la manga de su camisa y continuo lijando.

-Aquí tienes.- oyó la dulce voz de la pelinegra.- Dos de azúcar, con crema.- finalizó dejando la humeante taza de café sobre el escritorio del peliplata, sonrió sin dejar de hacer su trabajo.

-Muchas gracias Rei.- le dijo para continuar con su tarea, la chica se retiró para continuar con las tareas asignadas, dejando a Dante solo en su taller.

Ciertamente Diamante Kino tenía una vida muy solitaria, que solo llenaba con sus amigos, su querida hermana y su trabajo, pero no por eso dejaba de tener ese aire solitario que lo caracterizaba, nunca fue tan sociable como Andrew y Seiya, ni tan misterioso como Kun o incluso tan interesante como Kouta, muchas veces sentía que era el único que desarmonizaba con el grupo, pero siempre fue así y no cambiaria. Desde pequeño fue un joven especial, con muchos talentos que supo explotar, adoraba acompañar a su padre al taller de carpintería, del cual hoy era dueño. Su querido padre, Kenji Kino, aunque no su padre biológico, era el único que Diamante consideraba como tal, lo adoraba y gracias a ese hombre, él era lo que es hoy y cada día al despertar daba gracias a sus progenitores por todo lo que tenia, y nunca jamás se quejaba.

Se puso de pie y estiró sus brazos hacia arriba, encorvando su espalda, dejó la lija sobre la mesa, sacudió sus manos manchadas con aserrín y tomó la humeante taza de café que minutos antes la pelinegra dejó allí, suspiró en cuanto la bebida caliente invadió su cuerpo, fuerte y amarga, perfecta.

Rei se encontraba en la parte de adelante del negocio, estaba sentada tras la caja registradora, intentando llevar bien los libros de contaduría, jamás fue buena para los números, pero al menos esto no era tan complejo si se prestaba atención. Llevaba una semana en el pueblo, su abuelo aún estaba internado y al parecer allí se quedaría por algún tiempo más. Masajeó su cuello mientras llevaba el lápiz a la boca y lo mordía, una costumbre odiosa, que solo copió de alguien y jamás se le borró.

Todo parecía extrañamente estar igual en aquel lugar, no pudo evitar que su mente divague, parecía que ese lugar seguía detenido en el tiempo, a pesar de que muchas personas partieron, al igual que ella, muchas veces se replanteó el hecho de haberse ido como lo hizo, pero en ese momento era una chiquilla, una chiquilla que había perdido a su madre, de la cual todo el pueblo hablaba por ser su familia el blanco de los rumores, y todo gracias a su progenitor. Suspiró nuevamente, ya mirando a la distancia, todo seguía resultando horrible, pero al menos tenia a sus amigos y a su abuelo, el único capaz de hacerla querer regresar a sus raíces, de pisar el viejo templo y de querer ser, por un momento, aquella Rei de tan solo catorce años…

El sonido zumbante de su teléfono celular la sacó de sus pensamientos violentamente, había olvidado que lo mantenía encendido desde que su auto estaba el taller de Kunzite, solo por si tenía noticas de él. Lo tomó de su bolso, vio el identificar de llamadas, no, no era para darle noticias de su auto.

-Hola.- dijo con desgano, la voz del otro lado se oía ansiosa, hablaba rápido, no dejando a la chica contestar lo que le preguntaba, al fin hizo una pausa. –Estoy bien, mi abuelo…. Él no salió aun del hospital…. No, no, no es necesario, de verdad….- la pelinegra pasó su mano, por su frente en gesto cansador. –Lo sé, no creí que me tomara tanto tiempo…- decía casi como excusándose. –No te preocupes, estaré allí en unas semanas nada más…- dijo con pesar, y es que no sabía con certeza aquello, puesto que no tenía idea lo que demoraría la internación del anciano, y mucho menos si una vez que este regresara a su casa, podría estar solo, cuestión que en los próximos meses sería imposible.

Alejó un poco el móvil de su oreja al escuchar un ruido estridente, un tren, el tren pasó y la aturdió, se sorprendió lo rápido que su oído se deshabituó a aquel sonido.

-Bueno, lo entiendo… yo también…. Yo también.- dijo con desanimo. –Y yo a ti, sí, si lo haré, me cuido siempre, gracias por preocuparte, pero tú también hazlo, sabes que me preocupo por ti…-

Sonrió por última vez y sus mejillas se tiñeron de un delicado rosado.

-Cariños.- se despidió y dejó el móvil a un lado, suspiró hondamente mientras recargaba su espalda en la silla y refregaba sus ojos sin dejar de sonreír, detrás de la puerta Diamante observaba la escena, sonriendo de lado, podría ser una charla con una amiga, pero no lo parecía, ciertamente las mujeres no tienden a quedarse como bobas luego de recibir la llamada de otra mujer con la que solo comparte amistad.

-Nuestra pequeña creció.- dijo para sí, con una mirada graciosa, para luego volver a trabajar.

No pasó mucho cuando la puerta de frente se abrió y la castaña cabellera de Makoto se asomó.

-Hola.- saludó, haciendo sobresaltar a su amiga. -¿Cómo estás Rei?-

-Makoto.- le dijo en tono de reproche, odiaba que la tomen por sorpresa y muchas más cuando estaba en su momento de relax. -¿Qué haces aquí?... ¿Acaso nunca trabajas?- interrogó levantándose de su silla acomodando su ropa, que consistía en unos pantalones de mezclilla color grises y un sweater entallado con cuello de tortuga color azul eléctrico, finalizando el atuendo unos leñadores color marrón suela.

-Sí trabajo, pero tengo ciertos privilegios por ser quien maneja el entero lugar…-

-¿No es de Andrew?-

-Bueno, pero Andrew con dificultad se viste en la mañana.- dijo risueña extrañando a su amiga. –Oye Rei, necesito que me acompañes a casa, debo preparar algunos postres y necesito ayuda.- pidió con la misma sonrisa que tenía en el rostro desde que había llegado, no conocía persona alguna que la pusiera de tan buen humor cocinar.

-Pero Mako, estoy trabajando.- objetó con algo de pena, quería pasar tiempo con su amiga, pero no podía olvidar sus obligaciones, mucho menos cuando fue ella quien se ofreció a trabajar con el hermano de Makoto.

-Amiga mía, mi hermano no tendrá problema, además se acerca la hora del almuerzo...- insistió con gesto aniñado, dejando pensativa a la pelinegra.

-¿Sigue en pie la cena?- soltó de repente Rei curiosa, la pelicastaña se encogió de hombros y respondió.

-Claro, ¿Por qué no?- interrogó con confusión.

-Es que me dijiste que en unos días vendría Minako, tal vez querías que ella estuviere.- respondió encogiéndose de hombros, imitando el gesto que segundos antes había hecho su amiga. –Solo decía.- explicó, es que la noche anterior habían hablado al respecto de la llegada de la rubia y hacer repetir la cena significaría comer el doble, agrandar su ropa y socializar cada vez más con todos.

-Rei.- dijo la chica parpadeando y mirándola. –Se hacen más cenas y más reuniones, además el festival de Invierno se acerca.- gritó emocionada golpeando sus palmas, atrayendo la atención de su hermano que asomó su cabeza desde la parte de atrás del negocio.

-Hola Mako, ¿te llevas a mi única asistente?- interrogó, logrando que la pelinegra se sonroje, es que siempre ocurría algo y debía salir, estaba consciente de que Dante era muy tolerante, pero a pesar de ello, no quería ni podía abusar de la situación.

-Sí, pero te la devuelvo pronto, es que la necesito…- de pronto la pelicastaña se quedó callada y volvió a mirar a su amiga. -¿No debes ir a ver al abuelo al hospital?-

La pelinegra negó con una sonrisa.

-Hoy chantajee a las enfermeras, iré a cenar con él.-informó entusiasmada, y es que aunque renegara mucho con el hombre, lo adoraba, después de todo era su familia. –Aunque no entiendo porque me evita.- bufó cruzando sus brazos a la altura de su pecho, con su ceja en alto. –Sospecho que anda coqueteando con todo el personal femenino de allí y no me quiero cerca.-

Ambos muchachos reían divertidos, mientras unas grandes gotas caían sobre sus cabezas y es que la fama de Nobu era muy conocida, fama que nació luego de varios años de haber enviudado, y aunque no estuvo jamás en pareja se sabía que gustaba tontear con cualquier mujer que estuviera en frente y mientras más joven, mejor.

-Bueno.- rompió el silencio la pelicastaña vestida con un pantalón negro ajustado con botas de montar marrones y un grueso abrigo estilo escoses rojo y verde. –Vamos amiga, tenemos mucho que hacer.- comunicó con una gran sonrisa.

La pelinegra suspiró tomó su abrigo y ambas jóvenes se dirigieron a la puerta, cuando Makoto paró en seco.

-Oye Dante.- llamó a su hermano que había vuelto a su trabajo en la parte de atrás del taller.

-¿Qué?- oyó la voz del peliplata.

-Me llevaré tu camioneta.- informó saliendo de prisa, arrastrando a su amiga con ella, la cabeza del dueño del vehículo asomó con gesto aterrado, ya ambas se habían ido…

-Solo por Dios, no la estrelles, por Dios.- dijo para sí.

o-o-o-o-o

Seiya llegó al taller algo tarde ese día y es que tuvo una emergencia a domicilio. Esa mañana se levantó temprano, desayunó café como todas las mañanas y por tercera vez intentó cambiar las cuerdas del piano sin tener éxito. Bajó de su camioneta negra y acomodó su ropa, bajó de la parte trasera del vehículo su caja personal de herramientas para devolver un par que pertenecían al taller.

Cuando entró al lugar, éste se encontraba como todos los días, en silencio, caminó con la cabeza gacha.

-Maldita caja manual.- maldijo el pelilargo sumido en sus tareas ignorando la presencia de su socio, la voz de Kunzite hizo que el pelinegro levantara su vista y con ella una ceja se alzó al ver delante de él al deportivo gris plata.

-¿Qué es esto?- interrogó deteniéndose junto al mecánico, que tardó en responder, como era su estilo.

-Un auto…- dijo por lo bajo, mientras seguía en su tarea, ambas cejas del profesor se elevaron y su gesto quedó desencajado.

-¿Desde cuándo tú bromeas Kunzite Okada?- soltó con molestia por no recibir respuesta a su pregunta, respuesta obvia, pero que quería oír, caminó hacia la parte donde se encontraban las herramientas quedando a espaldas del peliplata.

-No bromeo, me preguntaste que era "esto".- recalcó.

-De acuerdo… ¿qué hace este auto aquí?- reformó lo que quería decir mientras guardaba las herramientas, el pelilargo respondió sin cesar en su tarea.

-Se le rompió el eje, pero también se averió la caja en la maniobra, al trabarse la dirección y la brusquedad para pasar el cambio.-

Seiya sopló con ganas, sabía muy bien que la propietaria del automotor no solía ser muy delicada en ese ámbito, perdiendo el control rápidamente y padeciendo la pobre máquina, en este casi auto deportivo, su mal genio, una gota se formó sobre su cabeza recordando el trato de la misma propietaria para con la caja de cambios de su camioneta.

-No cambiará jamás…- soltó en un suspiro.

-¿Decías?- interrogó Kunzite apareciendo junto a él y limpiando sus manos con gesto ilegible. –Te respondí bien Seiya, ¿Qué te pasa?- espetó extrañado ante la actitud de su socio esa mañana.

-No lo digo por ti- se defendió.- ¿es el auto de Rei?- intentó que la interrogante sonara como al pasar, pero al parecer la mirada casi punzante del hombre junto a él detectó su gesto perdido.

-Sí, la encontré ayer al lado del camino de detrás del viejo rancho, tuve que remolcarla.- explicó para darse media vuelta, mientras el pelinegro seguía sumido en sus pensamientos.

-Voy al baño.- informó Kun.

-¿Necesitas ayuda?- soltó Seiya de manera automática, obviamente no escuchando lo que el pelilargo dijo.

-No responderé eso.- alcanzó a oír para luego dirigir su mirada azul a la puerta del baño que se cerraba.

o-o-o-o

Las chicas seguían dando vueltas por entre las tiendas del centro del pueblo, al parecer la ayuda de la pelicastaña para cocinar consistía en encontrar primero los ingredientes más extraños y que raramente se encontraban en tiendas comunes. Habían pasado horas ya desde que salieron, Rei debería de haber vuelto al trabajo horas atrás, pero cuando hablaron con el hermano de Makoto éste dijo que no hacía falta y que ya estaba por irse a casa en su bicicleta más temprano también porque se sentía algo resfriado. La tarde cayó dando paso a la puesta de sol y con esto la sensación térmica bajó considerablemente. No tuvieron un segundo de tranquilidad desde que salieron de la carpintería y es que la pelicastaña estaba verdaderamente inquieta ese día, sin contar su falta de atención, se habían llevado un susto importante hacía un par de horas cuando Makoto se cruzó de carril y casi se estrellan con un camión con acoplado y que oportunamente logró esquivarlas.

-Mako- la llamó su amiga, mientras la chica seguía buscando entre miles de cajitas el polvo que quería, concordante con cierta marca y cierto ingrediente que definitivamente no se encontraba a la vista. –Makoto.- insistió la pelinegra con un puchero, definitivamente esto no era lo suyo.

-Un segundo Rei.- volvió a repetir. –Creo que…..- sus ojos verdes se iluminaron y con ellos el rostro de Rei, al fin había encontrado lo que quería y al fin podrían irse. –Ahhh….. no, no es.- dijo dejando la caja y dándose vuelta.

Luego de la caída de la pelinegra originada por la impresión que le causó el cambio de humor de su amiga, la alcanzó y ambas salieron de la tienda.

-¿Y ahora qué?- preguntó la amatista acompañándola.

-Mañana lo buscaré amiga, no te preocupes, mejor vamos ya.-

La pelinegra dirigió su marcha hacia donde habían estacionado, de manera muy tosca, el vehículo de Diamante que de ninguna manera se enteraría del casi accidente que ambas protagonizaron el día de la fecha, pero notó que su amiga no la acompañaba.

-Rei.- oyó la voz de la pelicastaña, girando sobre sus talones. –Primero debo ir a la cafetería a cerrar. – le dijo encogiéndose de hombros.- Prometo luego llevarte al hospital.-

La pelinegra sonrió y asintió alcanzando a su amiga.

o-o-o-o

-Lo prometo.- repetía el sujeto gordo de larga cabellera y ropa negra al joven con delantal delante de él. –La próxima semana tendrás la entrega Andrew, te doy mi palabra, no más retrasos.-

El rubio seguía de brazos cruzados y gesto serio.

-De acuerdo, pero pedí esa máquina de capuchino hace ya un mes Koshiro, ¡un mes!.- repitió molesto y es que la vieja máquina se había averiado y a pesar de sus intentos por repararla era imposible, por lo que, previa consulta con Makoto, decidió comprar una nueva y el colmo era que la había pagado por adelantado y aun no llegaba.

-Tienes problemas con las conexiones Andrew.- comenzó el hombre.- te instalarán la nueva máquina, pero tendrás que arreglar eso antes.- explicó mientras el dueño del lugar presionaba sus labios pensativo.

-¿Me estás diciendo que debo romper tres paredes del lugar?- dijo con molestia, mientras Koshiro, el representante de la distribuidora, se encogía de hombros.

-Si identificas la pérdida no… debo irme Andrew.-

-Bueno, pero ya sabes- dijo el rubio con tono de advertencia.

-Sí, sí la semana próxima.- repitió el robusto hombre saliendo del lugar.

Andrew continuó ordenando todos y cada uno de los elementos sobre la barra para así poder cerrar y al fin poder irse a casa. Hacía pocos años que vivía solo, cuando sus padres decidieron dejar la "atareada" vida de pueblo, claro que jamás nadie comprendió tal adjetivo para calificar al lugar donde vivían, y comenzar a viajar por el mundo, ambas eran personas mayores quienes trabajaron gran parte de su vida en la cafetería, misma que hoy Andrew, único hijo varón y nieto menor del fundador del lugar, atendía. Su hermana mayor ya estaba casada y era madre de tres hermosos niños, hacía años había dejado el pueblo, dando a Andrew la total disposición del lugar.

Siempre le enorgulleció su herencia, proponiéndose continuarla, pero eso no evitó que continuara sus estudios, finalizando la universidad.

El plato de porcelana resbaló de sus manos cayendo en el lavado, por fortuna no se había roto, Andrew dirigió su mirada al reloj de pared.

-Es tarde ya.- dijo para sí, cuando oyó la campanilla de la puerta, salió de la cocina esperando encontrarse con Makoto, quien debía ayudarle a cerrar ese día, pero en lugar de eso la figura atlética de Seiya Kou se acercó hacia él sonriéndole.

-¡Vaya sorpresa!- exclamó al verlo.

-Vine a revisar esa conexión.- dijo sin dejar de sonreír y alzando su brazo enseñando una caja que contenía sus herramientas.

El rubio sonrió moviendo su cabeza hacia los lados.

-Tarde…- comenzó.

-Pero seguro.- completó la frase el pelinegro.-Lamento no haber podido venir y hacerlo antes, es que estuve algo ocupado y no puede hacerme un lugar.- se excusó pasando detrás de la barra y dirigiéndose hacia al lado de la puerta de la cocina, donde debería ser conectada la máquina de cappuccino.

-Amigo, no te preocupes.- dijo Andrew caminando hacia él. –No te preocupes, yo debo disculparme por pedirte que hagas esto, pero el hombre que se encarga de todas las conexiones me cobraba muchísimo dinero, además de querer romper todas las paredes del lugar, claro.- finalizó con una ceja en alto.

-No te preocupes.- el pelinegro puso su mano en el hombro del dueño del lugar en señal de apoyo. –Solo romperé las necesarias.- soltó con jocosidad.

Mientras el rubio seguía con la labor de limpiar, ordenar y guardar cada uno de los utensilios, Seiya se dispuso a hacer su tarea, pudo detectar el lugar justo del problema, luego de varios intentos fallidos, por suerte para la estética del lugar no había comenzado a destrozar las paredes.

-¡Lo tengo!- exclamó feliz chasqueando sus dedos.

-¿A quién?- interrogó un confundido Andrew, que estaba sumido en sus pensamientos, como de costumbre, poco éticos y altamente pervertidos.

-A la falla oxigenado. - chistó Seiya intentando no descifrar lo que rondaba en la cabeza de su especial amigo.

-Oye Seiya.- soltó con gesto reprobante.-más respeto que soy mayor que tu.- dijo poniendo sus brazos en jarro, el pelinegro se quedó pensativo ignorante el comentario anterior y llevó una mano a su mentón. ¿Qué?-

-Nada Andy, es solo que… no puedo hacerlo ahora porque necesitaré una herramienta más que no traje conmigo.- dijo pensativo, cuando de repente comenzó a mirar a su alrededor y notó que el lugar estaba casi a oscuras y que su amigo estaba cerrando.

-Podemos hacerlo mañana o cuando puedas amigo.- dijo Andrew notando la impresión. –No tengo apuro alguno, si aún no me trajeron la maldita máquina.-

-¿Ya estás listo?- interrogó el hermano de Amy acomodando sus herramientas de nuevo en su caja, el rubio negó con su cabeza.

-No, aún debo esperar a Makoto.-

Volvió a mirar el reloj de pared notando que ya era algo tarde, pero aún así la esperaría ya que nunca la pelicastaña dejaba de ir sin dar aviso, cuestión en que eran muy diferentes, él comúnmente llegaba muy tarde a cualquier lugar o ni siquiera llegaba. La campanilla sonó en ese instante atrayendo la mirada de ambos jóvenes.

-Y hablando de Roma.- exclamó Seiya, la chica ingresó como un torbellino, cuestión que la caracterizaba, quitándose su abrigo al mismo tiempo que saludaba.

-¡Hola!-

-Hola Makoto- saludaron ambos jóvenes al unísono, antes de que la joven llegara hasta los jóvenes, detrás de ella una esbelta figura asomó.

-¡Hola Rei, que bueno verte!- exclamó feliz el rubio notando la presencia de la pelinegra en el lugar, Makoto volteó y le sonrió fue cuando la mirada violácea se cruzó con la azul.

-Hola.- saludó la pelinegra.

-Espérame amiga, termino con esto y ya nos vamos, prometo no tardarme.- dijo Makoto mientras tomaba varios libros de al lado de la caja registradora. –Vamos Andrew debemos terminar esto, no quiero volver mañana temprano.- la pelicastaña se perdió en la cocina siguiendo hasta el fondo, donde una puerta comunicaba con un despacho interno, seguida por Andrew.

-Ahora venimos, pórtense bien.- dijo con cierta malicia en el comentario el dueño del lugar que por un segundo cruzó miradas con su amigo.

Rei se quedó callada, no es que no tuviera de qué hablar con Seiya, ya que ambos se conocían desde siempre, y a pesar del tiempo, había comprobado que su especial relación continuaba allí, pero no así como antes, y es que cuando las personas dicen que todo cambia, todo cambia, aunque ella insista en que las personas quedan exentas a esta regla. Pero entonces ¿cómo definir esto que ocurría entre ellos? Si seguían siendo los mismos, y ahí estaban, por qué sentía que había algo diferente en el aire, caminó tímidamente hasta la barra donde tomó asiento, dirigió su mirada a un lado y frotó sus manos en sus pantalones. Jamás fue una persona tímida, ni mucho menos, pero… todo cambia.

-Hola.- oyó de repente la voz aterciopelada del mayor de los Kou, el repentino saludo atrajo la mirada de la joven quien la posó sobre la figura de Seiya, quien se había apoyado con sus codos en la barra.

-Hola Seiya.- devolvió ella.

-Parece que nos volvemos a encontrar…- dijo él pateándose por el comentario tan poco acertado, la vio sonreír de lado, y ya sabía que seguiría, oh si, si lo sabía.

-El pueblo es tan grande que es casualidad verte en la única cafetería.- exclamó con sarcasmo, al tiempo que el joven dibujaba una sonrisa torcida en su rostro.

-Además, creo algo…- soltó con aires de misterio bajando el tono de voz y acercándose más a ella, Rei imitó el gesto del pelinegro apoyando sus codos en la barra y acercándose a él en actitud de secreto.

-¿Qué es lo que crees?- interrogó en el mismo tono.

-Que…. Conoces a la misma gente que yo.- susurró.

Y el juego estaba instalado, ciertamente ambos compartieron mucho, una amistad estrecha, pero al parecer, todo cambia y con ello sus vidas, pero sin embargo, tal vez algo de ellos, algo esencial, continuaba ahí.

-Seguramente yo les caigo mejor que tu.- siguió el juego la amatista, intensificando la sonrisa en el rostro del pelinegro.

-Siempre fui más encantador.- redobló la apuesta esbozando su mejor sonrisa, sabiendo que detrás de todo eso, estaban en una disputa, muy a su manera.

-Siempre fui más carismática.- levantó una de sus cejas, y su mirada amatista pareció brillar.

-Mi sonrisa es seductora.- soltó él sosteniendo aquella mirada.

-Mi voz lo es más.- dijo con sencillez y divertida.

-Todos aquí me quieren.- rió el joven aún en tono bajo y cerca del pálido rostro de Rei.

-A mi también, a pesar de no estar mucho por aquí.- dijo divertida, sin embargo el brillo en el rostro de Seiya se perdió, y endureciendo el gesto.

-Yo suelo ser servicial.- siguió él en tono bajo, pero a la vez severo, como queriendo marcar algo en todo esto, una diferencia entre ambos, una que ya estaba hecha sin proponérselo, ella sabía bien separar los asuntos.

-Yo suelo ser muy buena haciendo cualquier cosa.- el comentario hizo que el ceño del mecánico se frunza notoriamente, no le gustaba perder el control de nada y la tranquilidad de Rei lo hacía inquietarse.

-Siempre tan pugnante.- no pudo evitar concentrar su atención en los labios rojizos frente a él, y es que estaba listo para verlos moverse solo para maldecir, contra esto su sonrisa se amplio.

-Conjúgalo.- dijo de repente dejando confundido al pelinegro, cuestión que hizo sentirse bien a Rei.

-¿Qué?- soltó confuso sintiéndose atrapado en su ensimismamiento.

-Que lo conjugues.- insistió con suficiencia.

-¿Qué cosa?-

-El verbo.- explicó llevándose una mano a su mentón como fingiendo pensar. –Pugnar… eso dijiste.- continuó hablando ante la mirada incrédula de Seiya. –Hazlo…- insistió.

-No- negó Seiya con gesto molesto por no encontrar la diversión en lo que ella decía.

-¿Por qué no?-

-Porque no es mi culpa si no sabes lo que significa.- dijo ya algo contagiado por la actitud de la chica.

-¿Y qué significa Seiya Kou?- preguntó retadora.

-Bueno… es algo así como competir, entrar en pugna, o sea… pelear… o algo así, eso que haces siempre...- intentaba explicar, esta vez no pudo salir airoso.

-¿Y eso quisiste decirme? Que siempre compito…- asintió la chica.

-No, solo que… - negó Seiya susurrando nuevamente. -Siempre fuiste tan…- su mirada había cambiando, cambió de nuevo, ya no había señales de la jocosidad antes compartía, como si algo en su mente le hubiese jugado una mala pasada y todo el momento se tornó extrañamente molesto, como cada encuentro que tuvieron desde que ella estaba en el pueblo.

-¿Tan qué Seiya?- preguntó con seriedad, esperando de alguna manera algún tipo de reproche, algo más detrás de sus palabras, oyéndolo al fin, el silencio los envolvió unos segundos, segundos que parecieron eternos.

-Yo no huí.- dijo al fin con voz grave clavando su mirada azul en ella dejando atrás todo rastro de diversión. – No salí huyendo de este lugar, yo me quedé aquí enfrentando todas las habladurías, yo solo… junto con Amy.- las palabras de Seiya calaron profundo, una daga se clavó en su pecho y el sentimiento que la había acompañado los últimos años regresó golpeándola, al fin hablaban claro y contra todo pronóstico, no era el lugar ni el momento, ¿o sí?

-¿Es eso entonces?- se armó de valor para preguntar la pelinegra. –Es por ello que estás tan extraño conmigo…- jugó a adivinar, aunque no sabía con que podía encontrarse.

-Te fuiste cuando las cosas se pusieron mal Rei, cuando mi madre abandonó mi hogar… para irse con… con ese…- apretó sus dientes con fuerza y sintió cómo las lágrimas quemaban sus ojos, pero no las derramaría, nunca volvería a llorar, eso se lo había jurado. –Ella nos dejó… y tú… jamás te despediste, al igual que ella...- finalizó con tono grave, Rei quiso gritar tantas cosas, romper con tantos años de secretos, más sin embargo, palabras se atoraron en su boca, sin que ella pudiera seleccionarlas.

-Yo… mi madre había muerto y yo…- intentaba hablar, intentaba explicar una situación inexplicable. –No podía Seiya.- escupió el fin con fiereza, no iba a tolerar ser juzgada por nadie y mucho menos por él.

Las voces de sus amigos los interrumpieron en su trance, separándose de la barra, Rei se acomodó en su asiento y el joven cargo su espalda sobre la pared, la cabellera castaña de Makoto se asomó primera seguida de Andrew.

-Rei.- la llamó. – amiga, cuanto lo siento, pero… esto tomará más tiempo.- dijo excusándose ante la mirada perdida de su amiga. –Parece que alguien.- recalcó lo último mientras el rubio se encogía de hombros. –Perdió un libro diario que necesariamente debemos tener listo para mañana.-

-Oh…-

-No podré llevarte, y aunque me encantaría darte la camioneta, Dante me matará… él la necesita mañana, aunque puedes esperarme, claro que no se cuanto tardaré.- dijo Makoto pensativa, la pelinegra negó con su cabeza.

-No puedo Mako, le prometí al abuelo cenar con él ¿recuerdas?-

-Claro, el abuelo- exclamó la pelicastaña. –Bueno puedo llevarte y regresar..-

-No, no en serio.- se negó Rei. –Tu has tus cosas, yo me arreglare.-

La mirada de Andrew había recaído en la figura silenciosa recargada sobre la pared, un ceñudo Seiya tomó su caja de herramientas y comenzó a caminar hacia la salida.

-Me voy, hasta mañana…- dijo pasando junto a Rei sin mirarla, llegó a la puerta y tomó el picaporte deteniéndose un segundo y sin mirar atrás habló.

-Yo te llevo.- soltó saliendo del lugar dejando a todos sin habla, pero especialmente extrañada a Rei, porque conocía al músico y esta vez no pudo ver venir nada de eso, la figura del pelinegro desapareció tras la puerta.

-¿Rei?- oyó la voz de su amiga, para que luego el sonido del motor encenderse. -¿Vas a ir?- interrogó la hermana de Diamante esperando alguna reacción por parte de su amiga.

-No esperará mucho…- la voz de Andrew se alzó.

La pelinegra se puso de pie y saludó a sus amigos con gesto rápido, saliendo del lugar.

.

.

N/A: bueno, bueno al fin podemos ver algo de lo que pasó entre estos dos en el pasado y dar inicio oficialmente con la historia en sí, dar rienda suelta al romance y el drama….

Mis más sinceros agradecimientos a todos, en especial a Made y a Deshy que con su presión psicológica me ayuda muchiiiisimo a escribir. Sí Deshy trabajo mejor bajo presión amiga!

Gracias a todos… hasta la próxima…

Nicky Rivers