Detenidos un momento
Para transitar algunos dolores, para poder abrirnos a ellos hay que animarse a perdonar.
Perdonar es soltar la culpa, dejarla ir. La culpa es un ancla que nos detiene.
Al perdonar, al soltar la culpa, nos soltamos nosotros. Nos permitimos avanzar.
Castigarnos una y otra vez por algo que no podemos cambiar nos detiene en el tiempo.
Hay que salirse de la huella, de esos pasos que nos llevan una y otra vez al mismo camino.
Nos cuesta perdonarnos y eso nos destina a quedarnos congelados en el error que cometimos. No perdonarnos es nuestra forma de castigarnos.
Perdonar es más que perdonar a otro, es entender que no somos culpables de las impotencias de los otros.
Cuando repetimos aquello que nos hace mal en realidad es nuestro intento por repararlo. Es un intento porque aquello que fue no sea.
Cuando volvemos al mismo sentimiento buscamos la chance de cambiar lo que pasó. Un imposible.
Perdonarse es soltar la culpa de existir.
Hay deseos muertos, que nos atan, nos detienen en el camino. Están los otros, los que nos empujan, los que nos abren el camino.
Los deseos muertos quieren cambiar lo que no se puede cambiar. Nos hacen mirar atrás, niegan el perdón y la posibilidad de perdonar.
Perdonar es dejar en el pasado lo que es el pasado. Es acomodar ese trauma en donde corresponde. Es reconstruir desde las ruinas. Es cerrar esa puerta. Es dejar que el tren avance. Es volver a jugar el partido. Es afirmar la propia identidad. Es animarse a ser otro. Es superar nuestros miedos. Es enfrentar nuestros miedos. Es luchar contra nuestros demonios. Es reencontrarse con uno mismo.
Perdonar y perdonarse es soltar eso que nos tiene detenidos en el tiempo, y al fin poder avanzar.
Cris Morena
Escritora y productora argentina
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El día transcurría sin mucho movimiento, incluso el peliplata se encontraba con la ropa limpia aún, cuestión poco probable. Este día en la carpintería podía calificarse como de "aburrimiento total", salvo porque Rei decidió organizar todas las gavetas del lugar, libros, papeles de facturación y un largo etcétera.
-¿Entonces cenas allí?- la voz del hermano mayor de Makoto rompió el mutismo en que ambos estaban sumergidos hacia varios minutos.
-¿Eh?- respondió la joven confundida, como pidiéndole permiso a su cerebro para hilar respuesta.
-Si cenaste en el hospital.- repitió Dante con eterna paciencia.
-Ah sí, sí cené allí.- comentó con una sonrisa y levantó su dedo índice. –Pero antes que te burles adelanto que la comida estaba deliciosa.- y adelantándose a cada palabra de su tan conocido amigo le adivinó el pensamiento, lo que el peliplata solo pudo reír y sacudir su cabeza hacia los lados.
-Eso es nuevo Rei, no conocí jamás a alguien que disfrutara de ella.- dijo con sinceridad.
-Digamos que tengo contactos.- soltó con uno de sus brazos sobre su cadera mientras que llevaba su dedo índice a su mentón en gesto interesante.
-¿Cuánto?-
-Ahhss- se quejó bajando sus hombros en gesto derrotado. –Dinero y varias cremas reductoras.- admitió con pesadez, mientras el platinado se quedó pensativos unos segundos antes de acotar.
-Era de esperarse dulces, pero cremas…- dijo realmente sorprendido, era sabido que muchas de las enfermeras eran algo rellenitas y eso las hacía o mas tiernas o mar rudas según la manera que te comportes frente a una inyección.
-Quieren cuidar su físico… pueden también.- dijo Rei con falsa naturalidad, mientras la ceja del peliplata se alzaba. –Está bien.- admitió. –No tenía otra cosa en mi bolso ¿contento?- soltó para luego reír de su propio comentario, ciertamente su abuelo la hacía hace cosas poco éticas, pero no le importaba, no por él.
-Hoy estas de buen humor. – exclamó el carpintero levantándose de su silla. -¿Café?- ofreció a lo que la pelinegra asintió.
Ciertamente hoy estaba de buen humor, nada más alejado de lo que Rei había sentido el día anterior, hace no muchas horas atrás.
Flash Back
Salió de la cafetería con mucha rapidez, una vez que las miradas de sus dos amigos la perdieron comenzó a correr para lograr alcanzar el vehículo negro. La camioneta comenzó a moverse y la pelinegra logró subirse dando un salto entrando en ella con rapidez.
-¿Qué haces?- vociferó molesta clavando su mirada en el chico junto a ella.
-Te dije que te apures- respondió con tranquilidad el pelinegro mientras miraba el camino. Y esa frase simplemente la nubló, no, no iba a gritarle, no iba a golpearlo por más que lo deseara con toda su alma, no, contrario a eso abrió la puerta del acompañante mientras el vehículo iba en movimiento y la azotó con todas sus fuerzas.
La acción logró atraer toda la atención del joven que clavó su mirada en ella y su asombro se hizo notar.
-¿Qué haces?- interrogó con asombro, molestia y definitivamente frustración.
-¡Educándote!- dijo con ironía y una sonrisa retorcida, mientras repetía el gesto.
El ceño en la frente de Seiya se fue suavizando para ser reemplazado por la sorpresa.
-¡Estás loca!- acusó a la amatista quién seguía golpeando la puerta con fuerza.
-¡No me llames loca! ¡Tú eres el cavernícola!- recalcó cruzando sus brazos sobre su pecho. –No tienes educación, bruto.- dijo entre dientes. El sonido de la risa de Seiya inundó la cabina desconcertando a la joven, quien frunció su ceño confundida.
-¿Qué te pasa ahora?- soltó más molesta.
-Tú Rei- le dijo logrando que la ceja de la pelinegra se eleve en gesto exasperante. –Tranquila.- se adelantó aun riendo a algún accionar que luego ambos pudieran lamentar. –Vives de mal humor, te lo juro eres insoportable.- recalcó la última frase poniéndole algo de ritmo.
Y una vez más el ambiente entre ellos cambió, algo que quería salir e instalarse se abría paso a pesar de todo.
-Tu me ibas a dejar…- comenzó a hablar ofendida mientras su voz se elevaba.
-¿Acaso lo hice?- la interrumpió.
-No, pero..-
-Pero nada, aquí estamos, tu, yo, el camino y allá a lo lejos el hospital…-
La chica se cruzó de brazos y bufó, sí que ese hombre lograba sacarla de sus casillas, ella no era malhumorada, solo que tenía poca paciencia hacia ciertas personas y cosas, donde él encajaba en ambas clasificaciones.
-Ciclotímico.- murmuró por lo bajo la pelinegra.
-Soy tu espejo.- devolvió con voz melódica y una sonrisa en su rostro.
Una vez más pasaban del enfado total a las bromas, siempre entre ellos solía comenzar con bromas y terminar en bromas y estos lapsos… sí que valía la pena. Perdió su mirada violácea en la carretera oscura, el cristal de la ventanilla comenzó a empañarse poco a poco a causa de la respiración de la joven, quien contaba hasta diez para no cometer un crimen.
-Cambia esa cara.- le escuchó decir con voz aterciopelada.
-No me digas qué hacer.- devolvió con altanería característica, lo único que le faltaba ahora era que después de todo lo sucedido anteriormente ahora le dijera qué hacer. Por su lado Seiya maldecía el comportamiento tan infantil que había adoptado de un tiempo para la fecha, lo que había hecho esa noche no fue correcto, pero simplemente no pudo evitarlo, al menos ahora intentaría serenarse, sonrió de lado no apartando los ojos del camino.
-Verás a tu abuelo Rei, hazlo por él.-
Usar a su abuelo era un golpe bajo en verdad, pero muy certero y es que si ella sonreía esa noche solo sería por él, claro siempre y cuando el anciano no la exasperara también.
Fin del flash Back
Rei continuaba en su tarea de archivar, intentando olvidar algunos sucesos de la noche anterior, sin embargo todo era complejo. Ella podía calificar sus relaciones con el resto como simples, porque siempre creyó que la vida era simple, y ahora esa certeza casi utópica se reía en su cara, nada era simple para ella y aunque no le gustara, ni siquiera Seiya le era simple ya.
o-o-o-o-o
Sonó el timbre, su primera clase había terminado, optó por cursar créditos extras solo por el hecho de que quedarse en su casa le hacía sentir más solo que nunca. Cubrió su cabello azulado con una gorra de beisbol, esas que solía coleccionar y guardaba en el armario de chapa azul junto a la base de su bajo.
Atravesó el gran parque con su tranquilidad característica y sacó de su mochila negra una barra de granola.
-¡Black!-
Giró respondiendo al llamado, a lo lejos uno de sus compañeros lo saludaba con una mano en alto. -¡Qué tengas buen fin de semana!-
-¡Igualmente!- respondió alzando su mano para luego retomar su camino.
-Oh y no olvides el partido de futbol del sábado, te necesitamos- sonrió para sí al oír lo último, se había hecho costumbre desde hace un tiempo para la fecha jugar partidos de futbol cada sábado, creándose pequeños campeonatos, y si había algo que adorara más que la música era el deporte.
Zafiro Black era un joven muy querido y popular, con escasos 23 años era uno de los mejores estudiantes del conservatorio y ya contaba con una licenciatura en comunicación. Siempre adoró la música, pero no fue hasta obtener su licenciatura que se decidió a hacer de esa pasión su profesión, perfeccionándose en el centro más importante del país con reconocimiento mundial, donde estaba becado gracias a sus excelentes calificaciones. Consiguió todo lo que tenía con esfuerzo, sudor y lágrimas, nadie jamás le regaló nada, ni a él ni a su madre, los dos estaban solos en este mundo.
Puede decirse que tuvo la fortuna, si es que lo era, de conocer a su padre, pero éste los abandonó hace mucho y aunque muchas veces quiso salir a buscarlo, algo entro de él lo frenaba, lo detenía de tal manera que volvía al comienzo, era un deseo muerto, de esos que al mirar hacia atrás hacen querer cambiarlo, un imposible.
Llegó hasta su auto, un Camaro modelo 75' de color amarillo con dos franjas negras en el capó en impecable estado, lo encendió y salió del estacionamiento. Entraría a su próxima clase en un par de horas, así que aprovecharía para darse un baño y descansar un rato, el ser su propio jefe tenía sus ventajas, como ésta, poder descansar cuando le pareciera necesario. De reojo advirtió el gran desorden dentro del vehículo, hojas regadas por doquier, mudas de ropa y hasta calzado, rió ara sí, hacer que su madre limpiara su apartamento ya era demasiado como para cargarla con su auto también, aunque único hijo, como tal mimado, no era apropiado abusarse.
Recordó, entonces, las palabras de su la única persona que consideraba como su amiga, su mejor amiga, quien era compañera de clases en el conservatorio y hasta vocalista de su seudo banda "debes detenerte un momento y arreglar el caos que es tu vida" solía decirle.
-Detenerse un momento.- repitió para sí para luego reír- Como si tú siguieras tu consejo Rei…-
o-o-o-o-o
Desde que había puesto un pie en el taller no había podido concentrarse en su trabajo, cada minuto miraba de reojo a su compañero quién batallaba contra el deportivo que intentaba reparar. No es que él supiera más que Kunzite, ni mucho menos sea entendido en autos de alta gama, pero simplemente el ver cómo su amigo no lograba el cometido lo fastidiaba, aunque claro la situación entera no dejaba de ser graciosa, oír bufar con frustración al peliplata no ocurría todos los días y, dejando de lado el aprecio y respeto que sentía por Kun, miles de comentarios graciosos vinieron a su mente y solo un par fueron exteriorizados.
-Es inútil.- oyó la voz de su socio que dejó la llave metálica en el piso y se puso de pie sacudiendo su ropa. – Seiya.- lo llamó.
El pelinegro fijó su mirada en la cara del hombre y sonrió, no necesitaba palabras para comprender a Kunzite, quien de por sí jamás fue muy conversador, estaba agotado y claramente le pedía ayuda. Se puso de pie y caminó hasta el vehículo, tomó la llave del piso y comenzó a inspeccionarlo.
-Iré por algo de comer.- concluyó el peliplata mientras abandonada el taller. -¿Quieres algo? Iré a la cafetería.- dijo tomando su abrigo y las llaves de su auto.
-No, gracias.- declinó el ojiazul para luego enfocar su vista en el complejo sistema que se extendía frente a él. –Tú eres compleja, el auto no podía serlo menos.- se quejó en voz alta sin notarlo atrayendo la atención de Kunzite que iba de salida.
-¿Me dijiste algo?- interrogó volviendo en sus pasos.
-¿Qué?- cayó en la cuenta que había hablado. –Oh, no, no, ve tranquilo, yo me ocupo.- finalizó, el peliplata hizo un gesto con su cabeza y salió del lugar.
Comenzó a trabajar enfocado en su tarea, siempre fue autoexigente sin ser exagerado, dejando a todos muy satisfechos con él, sin embargo ésta vez se sentía más presionado que otras veces, quizá por ser la dueña una persona sumamente especial.
Flash Back
Habían llegado hacía unos minutos al hospital donde se encontraba internado Nobu Matzusawa, luego de varios momentos en los que tuvieron que escabullirse del personal al que Rei no había logrado sobornar, llegaron al cuarto con el numero 807 en la puerta, la pelinegra ingresó sin decir palabra alguna ya hacía largo rato que estaba dentro. Las paredes blancas se alzaban en todo el lugar, el piso color verde petróleo brillaba en exceso a causa de la limpieza, fuera de la habitación había tres sillas negras que oficiaban de sillas de espera, afortunadamente eran acolchonadas, aunque eso no evitó que su trasero comenzara a entumecerse. Descruzó y cruzó sus piernas por tercera vez y abrió el cierre de su abrigo color azul, de vez en cuando atraía alguna mirada del personal femenino del hospital que pasaba por la alejada ala, pero no estaba con humor para disfrutarlo o sacarle alguna ventaja.
Seiya, se removió en su lugar, aún debatía cómo terminó en medio de un desolado pasillo de hospital la noche en que tenía planeado irse a la cama temprano, aunque solo. Recordaba que se había ofrecido a traerla hasta el lugar, pero luego todo fue más confuso, pelearon, rieron, luego tuvieron otra pequeña discusión cuando aparcaron la camioneta, luego bromearon otra vez y luego discutieron de nuevo… ya no recordaba por qué, ah claro, porque él insistía que la habitación donde estaba internado Nobu era la 809, pero como siempre Rei tenía razón, alzó su mirada hacia el número 807 en la puerta. Comenzó a golpear con su mano sus piernas haciendo música, y fue cuando se detuvo un segundo y perdió su vista el sócalo de la pared.
Hacía rato que Rei había ingresado, y fue cuando se dijo ¿qué demonios hacía allí? Se debatía entre irse así como así del lugar o avisarle a la chica, ésta no le había dado chance de omitir palabra alguna desde que llegaron, salvo claro en el momento que habían peleado. Se puso de pie y acomodó su abrigo subiendo el cierre, comenzó a caminar hacia la salida, pero algo lo detuvo en seco, un pensamiento, si Rei había llegado con él en su vehículo, y él se iba solo, cómo demonios se iría la chica del hospital. Su auto aun no estaba listo, eso lo sabía muy bien, los vehículos que oficiaban de taxis no lograrían llegar al templo ya que la tierra aún estaba muy blanda, chistó con frustración solo una cosa le faltaba, propiciar de chofer personal de la señorita Rei Hino.
Antes de poder seguir quejándose mentalmente oyó que la puerta se abría y giró en sus talones, allí parada estaba la mujer que segundos antes era objeto de su frustración.
-Seiya.- la oyó decir. -¿Te ibas?- interrogó con sencillez, por unos segundos la observó, su frágil figura, tan hermosa y elegante, ya había olvidado lo que hacía segundos atrás lo estaba molestando, sin embargo endureció su voz.
-Al parecer estoy atrapado aquí, ya que no tienes como volverte Rei.- dijo con reproche. –Veo que ya lo notaste…- finalizó con falsa resignación, porque si lo pensaba bien, no tenía nada mejor que hacer.
La chica pareció pensativa unos segundos y parpadeo. –Es cierto, no tengo como volver…- admitió sin perturbar su gesto.
Una gota apareció sobre la cabeza del joven, al parecer no era por eso que lo buscaba, porque jamás notó aquello.
-Si no es por eso que saliste, ¿por qué fue?- interrogó confundido, pero ya con una sonrisa queriendo asomar, ciertamente Rei era muy temperamental, pero lo que tenía en carácter y orgullo, lo tenía muchas veces en lo poco considerada para con el sexo masculino.
-Mi abuelo quiere hablar contigo, pasa, claro si es que no tienes prisa en irte.- le dijo con cara de pocos amigos, al parecer el quedar al descubierto que iba a abandonarla allí llegó a su mente y nada bien le había caído.
Accedió pasando junto a ella, en la cama de una plaza y media, un sonriente anciano lo esperaba, se veía mucho más mejorado que la última vez que estuvo allí, y al parecer hasta más regordete, barba crecida asomaba en su moreno rostro y sólo lo hacía verse más interesante.
-Querido Seiya.- oyó la voz del anciano saludarlo, se acercó a la cama y apoyó su mano sobre la del hombre. -¡Viniste!-
-No sabes la alegría que me da verte tan bien abuelo.- el aludido sonrió más, pero la pelinegra no pudo evitar sentirse de más en ese cuadro, como si la familiaridad con la que Seiya trataba a su abuelo la hiciera sentirse desplazada, como si en ese cuadro encajaran mucho mejor ellos dos, mientras de espectadora la chica de ojos violáceos se llevó una mano a su pecho. Por un lado sentía dicha, dicha por su abuelo de tener a tanta gente que lo quisiera, dicha por saber que aunque ella no estuviese allí él jamás estaría solo, pero por el otro se sintió amenazada, amenazada porque el estar ausente tantos años tal vez descuidó su papel de nieta, y éste había sido llenado por otros, y bien sabía que le debía muchísimo al anciano.
No se detuvo a pensarlo con Makoto, o Diamante, si no hasta ahora que oyó como el pelinegro saludaba con tanto cariño a Nobu y éste le respondía con el mismo sentimiento. Parpadeó alejando esos pensamientos poco productivos de su mente, Seiya ya había tomado asiento junto a la cama y ambos hombres charlaban animadamente. Unos golpes en la puerta la hicieron virar, la enfermera había traído la comida, Rei tomó el carrito, agradeció a la mujer de edad madura y cerró la puerta tras sí mientras acercaba la cena.
-A comer.- dijo con una sonrisa, la mueca de evidente desagrado en la cara del anciano no se hizo esperar.
-Mas comida de hospital.- ambos jóvenes no pudieron evitar reír con el comentario, sabían positivamente que Nobu siempre se caracterizo por ser de buen comer y definitivamente pollo hervido, puré de calabazas recalentado y compota de manzana no entraban en su menú.
La joven destapó la charola y con gusto vio como los ojos de su abuelo brillaban, su chantaje fue más allá de poder cenar allí, y aunque le haya costado mucho más que algunas cremas reductoras como diría de ahora en más, no le importaba.
-¡Carne asada y batatas glaseadas!- exclamó el anciano feliz.
-No es todo.- dijo la chica destapando otra charola.
-¡Pastel de chocolate! Hija mía eres un ángel Rei, ¡un ángel del contrabando!- de acuerdo el halago no fue el más indicado, pero viniendo de su abuelo todo era genial.
Acomodó la charola sobre la mesa junto al anciano y lo ayudó a acomodarse con asistencia de Seiya, sin darse cuenta hacia varios minutos que estaban juntos y aun no peleaban. Rei sacó otra charola y la ubicó en la mesa junto a la cama para las visitas.
-Deberás tomar agua abuelo, con eso sí no pude hacer nada.- advirtió divertida, sabiendo bien la reacción del anciano.
-Yo que quería vino Rei, pero bueno ya conseguiré.- dijo con una sonrisa mientras gotas caían de las cabezas de los jóvenes.
Seiya se puso de pie y con una sonrisa decidió despedirse.
-¡Que tengan buen provecho!- les dijo ante la mirada de abuelo y nieta. –Estaré afuera Rei, no hay forma que regreses de otra manera.-
-Pero…- Nobu se quedó estático y sin poder decir nada y es que las miradas de ambos jóvenes se habían encontrado y ambos cayeron en trance, por primera vez en muchos años, era espectador de algo así, trance que ocurría seguido, pero jamás con esta intensidad, no pudo más que sonreír y dejar que el destino jugara, claro que a través de su nieta.
-Quédate Seiya.- la oyó decir, el joven clavó aun mas su mirada azul en ella, no supo por qué, pero esa frase significó muchísimo, la amatista notó entonces sus palabras, y aunque sabía que no podían ser malinterpretadas, decidió aclararla. –Quédate con nosotros, a mi abuelo le encantaría. ¿Verdad abuelo?- buscó apoyo en el anciano que veía con impaciencia el plato frente a él.
-Claro querida.- asintió para seguir con su vista fija en el plato.
-Hay suficiente Seiya.- insistió Rei, sorprendiéndose de su cortesía, una vez más su abuelo lograba cosas increíbles o tal vez….
-Está bien- dijo el pelinegro con una sonrisa, mientras se quitaba su abrigo para luego tomar asiento frente a Rei.
-Además si oficias de mi chofer hoy no es justo que te mate de hambre.-soltó con una risita maliciosa, comentario que el pelinegro juró no olvidar, ya se lo cobraría, tarde o temprano.
La cena continuó repleta de anécdotas divertidas, recuerdos añorables, risas por las ocurrencias y andanzas de Nobu en el hospital, más precisamente en el pabellón de geriatría donde se jactaba de tener cuatro futuras novias, por la ventana del cuarto se filtraba la luz de los postes del estacionamiento, fuera la brisa que anunciaba el invierno soplaba con fuerza haciendo danzar las ramas de los árboles ya casi desnudas, el cielo imponente azul repleto de estrellas y una hermosa luna que anunciaba que pronto podría dejarse ver completa.
Fin del Flash Back
Dejó caer la llave y limpió el sudor de su frente mientras en su rostro se dibujaba una perfecta media sonrisa, el auto estaba listo y todo gracias a él, Seiya Kou.
o-o-o-o
Se puso su abrigo color rojo y lo abotonó, el reloj sobre la pared marcaba las seis y unos minutos más, eso sólo significaba una cosa, hora de irse a casa al fin. No es que estuviera estresada o agobiada, si no todo lo contrario el día se presentó particularmente lento, sin mucho que hacer y por ende mucho tiempo libre para dejar la mete volar.
Tomó su bolso café y lo cargó al hombro, fue cuando el teléfono fijo de la carpintería comenzó a timbrar, Diamante seguía encerrada en su taller personal desde hacía algunas horas por lo que se acercó al escritorio y cruzando su cuerpo sobre él logró tomar el aparato y responder.
-Diga.-
-¿Srita Hino?- dijo una voz gruesa del otro lado de la línea, una voz ronca y particularmente extraña.
-Ella habla.- se identificó Rei con algo de extrañeza.
-Srita. Mi nombre es Sledge Hammer* de la departamental de policías.- se identificó el extraño hombre, la joven carraspeó antes de continuar.
-¿Ocurrió algo?- miles de variables cruzaban por su cabeza, pero ninguna lo suficientemente lógica.
-Me temo que sí.- continuó el extraño inspector. – Está usted en graves problemas.-
-¿Cómo?- lo único que le faltaba era tener problemas con la ley y por más que repasara qué era lo que había hecho mal varias situaciones se vinieron a su mente, pero ninguna tan seria como para recibir una llamada de este tipo.
-Se la acusa de causar daños serios.- comunicó la voz grave.
-¿Daños serios?-repitió sin entender.
-Sí, al parecer usted es una PCCL.-
-¿Una qué?-
-PCCL, las siglas de Pésima Conductora Con Licencia.- ante lo dicho la joven se quedó sin palabras, intentando procesar la información.
-Pero… ¿cómo se atreve?...- inquirió molesta.
-Ha recibido una denuncia de una víctima.-
-¿Victima?-
-Sí, Señorita un auto deportivo color gris plata….-
La mandíbula de Rei cayó de la impresión, y las carcajadas del otro lado de la línea lograron aturdirla, el inspector Sledge Hammer no era nada más ni nada menos que el mecánico más pesado del mundo. El silencio de la chica dio pauta que ya había notado su broma.
-Ay Dios, Rei, que ingenua eres.- dijo el pelinegro limpiando las lágrimas que escapaban de sus ojos.
-¡Imbécil!- otra carcajada la obligó a alejarse la bocina.
-Yo seré imbécil, pero tu eres un peligro, ¡pobre vehículo!- soltó Seiya mientras seguía riendo con ganas.
-¿Qué rayos quieres Kou?- interrogó de mala manera la pelinegra quien había llegado al final de su paciencia al sentirse burlada.
-Bueno, a decir verdad muchas cosas… - comenzó con aires de jocosidad. -como una Ferrari, una casa con vista al mar Mediterráneo…. Que dejes de dañar vehículos.- agregó lo último con intensión de hacerla estallar y así sería.
-Adiós… ¡Imbécil!- su intención era cortar y así lo hizo.
El muchacho se quedó con el teléfono en mano y una sonrisa boba en el rostro, no importaba cuánto tiempo pasara, ella seguiría causándole diversión. Marcó nuevamente el número, pero como era de esperarse nadie respondió. Fue entonces cuando recordó que tenía su número de móvil, el cual le había dejado a Kunzite el día que su auto se averió, intentó allí corriendo la misma suerte que con el teléfono fijo, conocía suficientemente a Rei como para saber que no lo atendería, pero dadas las circunstancias era necesario, el auto de la chica esta listo.
Intentó nuevamente llamando a la carpintería y ésta vez respondieron.
-Diga- de acuerdo era una voz mucho más gruesa de lo que recordaba para Rei.
-¿Hola?- respondió algo confundido.
-¿Seiya? hola, soy Dante.- dijo el peliplata sintiéndose extraño, su amigo llamó claro que debía saber quién era.
-¿Quién más?- dijo para sí el mecánico golpeando su frente. –Hola Ante ¿se encuentra Rei?-
-Ehhh.- Diamante dudó unos instantes hasta al fin responder.- Acaba de salir ¿necesitas algo?-
-Su auto está listo.- informó el pelinegro mientras jugaba con un bolígrafo.
-Oh acaba de tomar el transporte público que la deja cerca del templo, no quiso esperar a que la lleve.- dijo mientras sacudía el aserrín de su ropa.
-¿El transporte que pasa cada tres horas?- sorprendido el músico.
-Sí.- asintió el peliplata encogiéndose de hombros.- Tuvo suerte de lograr alcanzarlo.-
-Bueno supongo que se lo llevaré yo al templo una vez que Kunzite regrese.- dijo con resignación.
-De acuerdo Seiya, debo colgar amigo estoy terminando unas cosas.- se despidió Dante con algo de prisa.
-Adiós Ante.-
-Adiós, nos vemos en la cena de este fin de semana, no lo olvides.- agregó antes de finalizar la comunicación.
-Claro que no.-
Colgaron al mismo tiempo, el pelinegro decidió entonces guardar las herramientas que estaban esparcidas por el lugar para poder alistarse, una vez que Kunzite llegara, ambos partirían al templo, él conduciría el auto de la pelinegra y Kun podría llevarlo a su casa o al taller donde recogería su camioneta.
Segundo día consecutivo que salvaba a la joven y segunda noche que oficiaría de chofer.
Flash Back
La noche había cubierto con su manto la totalidad del paisaje y con ella el frío se intensificó, las estrellas y la luna se mostraban imponentes en el firmamento. El vehículo color negro atravesaba los caminos con velocidad. Ambos ocupantes en el interior del mismo iban callados, cada uno sumidos en sus pensamientos.
Por un lado la joven repasaba los momentos compartidos hace instantes con su abuelo, a pesar de tener una evidente mejoría y muy rápida, algo en su pecho estaba inquieto, como si esa calma no durara mucho, un presentimiento de que las cosas no andaban tan bien como parecía, presentimiento que la atormentaba, ella y sus presentimientos tenían un largo historial juntos.
Apoyó su blanca y delicada mano sobre su pecho intentando calmar el golpeteo de su corazón y poco a poco sus ojos se fueron cerrando.
Seiya tenía la vista puesta en el camino, sin embargo estaba ausente, las últimas palabras que Nobu le había dirigido esa noche lo habían dejado inquieto. Al despedirse el anciano insistió en pasar unos momentos a solas con el joven, no pasó desapercibido el enfado en el rostro de la pelinegra, pero contrario a seguir su instinto acalló sus palabras y se retiró de la habitación.
Desde que tenía memoria el gracioso anciano del templo lograba hacerlo reflexionar brindándole las palabras justas, hacía demasiado tiempo que no recibía apalabras sabias, más precisamente desde la trágica muerte de su padre. Y por una extraña razón esta vez las palabras de Nobu que lo hicieron llamarse a reflexión no estaban dirigidas directamente a él, sino que trataban acerca de la chica con ojos violáceos junto a él.
Con el rabillo del ojo inspeccionó la frágil figura acurrucada en el asiento, que abrazaba sus rodillas, apoyada contrala ventanilla, sus ojos estaban cerrados y el ritmo de su pecho era lineal, estaba dormida. Contuvo la respiración unos instantes ante la imagen. La verdad acerca de su extraño y versátil comportamiento para con Rei era que al verla le hacía recordar aquella situación que involucró a ambas familias, pero era cierto también, que ni ella ni él eran responsables por las acciones de sus padres y si él sufrió, ella también lo hizo. Su madre había muerto a causa de la una larga enfermedad siendo acompañada únicamente por Nobu y su pequeña hija y no habiéndose recuperado de ello su padre abandona el seno familiar para escapar con otra mujer.
Volvió a posar su vista sobre el camino, pero antes, solo por un instante, miró hacia el firmamento, jurándose intentar cambiar su actitud tan tosca y hasta intolerante muchas veces, necesitaba avanzar, porque simplemente llevaba detenido en el tiempo mucho ya.
Llegaron a destino y detuvo la marcha de la camioneta, Seiya se quedó unos instantes dentro del vehículo y observó a Rei, seguía dormida, muy profundamente que hasta le dio pena despertarla, pero no podía cargar con ella todas las escalinatas que llevaban al templo. Se acercó a ella para avisarle que habían llegado, la cabeza de Rei cayó sobre el asiento rodando hasta quedar frente al pelinegro. Escasos centímetros los separaban y el aliento dulce de la joven golpeaba su rostro, en un acto reflejo humedeció sus labios clavando la mirada azul en la boca en forma de corazón, que estaba entreabierta, poco a poco la joven fue moviéndose, mordió su labio inferior y por un segundo el auto control del pelinegro quiso flaquear, no todos los días se tenía a una hermosa joven en esa posición, fue cuando dos pares de amatistas se clavaron en él.
-Llegamos.- murmuró sin dejar de mirarla, somnolienta, perfecta. La notó confundida unos segundos, se alejó de ella y abrió la puerta de la camioneta, temía haberla incomodado, se bajó rápidamente y dio la vuelta para abrir la puerta de la joven, pero ésta se le había adelantado descendiendo del vehículo, la estudió por unos segundos, parecía no haber notado lo ocurrido segundos atrás.
La pelinegra subió las escalinatas con ligereza y caminó hacia la entrada del templo, peinó su cabello hacia y se giró sobre sus talones quedando enfrentada al hermano mayor de Amy que venía detrás de ella.
-Aquí finaliza el recorrido para ti.- dijo el pelinegro con una sonrisa en su rostro mientras calentaba sus manos en los bolsillos de su abrigo, bajó la mirada hacia sus zapatos, no estando muy seguro de qué hacer.
-Gracias Seiya.- oyó la suave voz que agradecía cansada.
-Por nada, a decir verdad la pasé muy bien junto al abuelo.- la joven asintió mientras se abrazaba a sí misma a causa de la fría brisa que corría.
-Espero mañana Kunzite tenga listo mi auto.- deseó en voz alta.
-Cierto porque de lo contrario deberá empezar a percibir un salario.- bromeó el joven haciendo sonreír a la amatista.
-¿Me chantajeas? Creí que lo hacías con gusto.- dijo levantando una ceja con ironía.
-Al comienzo no.- dijo con sinceridad dejando algo confundida a Rei.- pero luego si fue agradable… digo no hablas mucho como para molestarme mientras conduzco.-
- Me adiestraron bien Kou.- sarcástica la joven. –En fin, gracias y ten cuidado.- se despidió al fin la joven girando hacia la entrada.
-Rei.- la llamó antes de que la joven entre.- me da gusto que el abuelo se recupere, de verdad.- dijo Seiya mirándola fijamente, la pelinegra asintió en gesto de agradecimiento.
-Buenas noches.- la oyó decir antes de perderse su menuda figura detrás de la puerta corrediza.
-Buenas noches….-
Fin del Flash Back
Estaba llegando al Templo, cierto que se quejaba seguido de los autos nuevos y su pobre construcción, pero debía admitir que eran confortables y rebotaban mucho menos que su camioneta.
Decidió adelantarse sin su socio, quedaron en que él iría a recogerlo al templo, ya que se encontraba en el bar y le era más cómodo pasar por el hogar de Nobu que por el taller.
Divisó entonces a los lejos la inconfundible indumentaria roja, y esa forma de caminar, no importaba donde estuviera no perdía su estilo de pasarela, sonrió para sí y tocó la bocina, como era de esperarse la chica jamás se dio por aludida, por lo que debió acelerar y se puso a la par. Menudo susto se llevó Rei al notar un auto junto a ella en el oscuro camino solo iluminado por escasas luces amarillentas. Seiya se apresuró a bajar los vidrios para poder dejarse ver.
-Soy yo.- se identificó sin dejar de sonreír, parecía que estaba destinado ese día a volverla loca.
-¿Qué intentas hacer? Casi me matas del susto.- lo acusó la joven sin detener la marcha, mientras el joven seguía a velocidad lenta en el auto.
-¿No vas a subirte Rei?-
-Ni loca…-
-Como quieras, te advierto que es tu auto.- al oír esto, la pelinegra paró en seco y alzó su ceja.
-¿Qué haces con mi auto?- vociferó molesta.
-Traerlo a tu casa, hoy te llamé para decirte que estaba listo, pero no me respondiste, ¿vas a subirte o no?- soltó riendo haciendo a la joven bufar mientras abría la puerta y se adentraba soplando sus manos y refregándoselas. -¿Hace frio no?- dijo Seiya atrayendo la mirada malhumorada de la pelinegra, por lo que se limitó a conducir.
-Hoy llamaste para molestarme, solo eso.- aclaró molesta mientras se cruzaba de brazos.
-Hoy llamé para decirte que tu auto, que por cierto estaba muy maltratado, estaba listo.- corrigió el joven sin quitar la sonrisa en su rostro.
-Intolerante.- murmuró la chica y antes de que Seiya pudiera abrir su boca agregó. –No eres mi espejo…-
El pelinegro rió divertido ante el comentario de Rei y al fin llegaron al templo donde detuvo la marcha.
-¿Cómo regresarás?- interrogó de repente la amatista sintiéndose nerviosa.
-Kun vendrá por mí.- dijo y señaló el espejo retrovisor. –Y ahí está…- la camioneta azul oscura se asomaba por el camino transversal de la ruta por donde ellos venían y ya había hecho una seña de luces.
-Todo calculado…- dijo Rei.
-Todo calculado.- repitió el mecánico, la chica se removió en su asiento y lo miró de reojo, mientras varios mechones negros caían por su rostro pálido.
-¿Cuánto?- soltó.
-¿Cuánto qué?-
-Cuanto me saldrá el arreglo… o la multa…. Inspector Hammer.-bromeó con sarcasmo.
Seiya comenzó a reír con ganas y sacudió su cabeza. –Ya pensaré en algo Srita. Hino, pero por lo pronto vaya con cuidado, no me obligue a detenerla…-
-¿Detenerme?- siguió el juego la joven bajando del auto, seguida por Seiya.
-Puedo hacerlo, al menos… detenerte por un momento.- finalizó el joven jugando con las llaves de la chica. –Aún tengo esto.- dijo mostrándoselas, ambos bajaron del auto.
Rei quedó pensativa unos instantes, no pudiendo escuchar las palabras de Seiya quien seguía hablando, y es que el recuerdo de la noche en la cafetería volvía a ella.
-Seiya…..- dijo atrayendo la mirada del joven quien tenía ambos ojos cerrados y no paraba de hablar. –Yo… perdóname por irme.- bajó su cabeza y solo oyó silencio, y el sonido del motor de la camioneta de Kun.
-¿A dónde fuiste?- interrogó el pelinegro no interpretando su disculpa correctamente –No es tu culpa lo del auto Rei, no te preocupes.- dijo creyendo que la joven se excusaba por el camino que había elegido.
La chica sacudió su cabeza varias veces en forma negativa.
-No es eso… por irme de esa manera, hace cuatro años...- su voz siempre segura, se mostraba temblorosa, nunca creyó que su accionar había repercutido tanto en él.
Kun estacionó la camioneta azul oscuro junto a ellos.
-Hola Rei.- saludó bajando su ventanilla. –Vamos Seiya quiero llegar antes que oscurezca hoy.-
El pelinegro tardó en reaccionar solo seguía mirando a la joven delante de él, deseaba tanto patearse en estos momentos, Rei estaba apenada, tal como él lo deseó ver por mucho tiempo, sin embargo la sensación que le produjo el malestar en el rostro de la chica estuvo lejos de satisfacerlo.
-Seiya- insistió su amigo, no comprendiendo absolutamente nada.
–Nos…. – Rei aclaró su garganta intentando simular una sonrisa. – Nos vemos en casa de Dante.- finalizó a modo de despedida.
El pelinegro intentó moverse de su sitio, detenerla, él y ella, detenidos un momento, pero nada de eso ocurrió, asintió y con un ademán débil se despidió de la joven.
-Sí…- alzó su mano y la pelinegra se giró para entrar a su viejo hogar, caminó a paso rápido, hoy no resultó un gran día, solo hubiese deseado borrar ese instante, congelarlo, detenerlo un momento.
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N/A: Sledge Hammer! fue una sitcom satírica que estuvo al aire durante dos temporadas en la cadena ABC desde 1986 hasta 1988. La serie fue creada por Alan Spencer, y la estelarizó David Rasche, en el papel del inspector Sledge Hammer, una caricatura del típico policía que bordea el límite de lo legal, quien sentía amor por su arma. Pese a su corta estadía en el aire, el show ganó un número de fans que lo transformó en un programa de culto.
Bueno queridísimas he aquí un nuevo episodio…. Esto va tomando forma de a poco, Deshy déjame saber que tal, Made como siempre mil gracias por leerlo de ante mano amiga!
Quiero agradecer a todos y dejarles un gran beso!
Nicky Rivers
