Sakura se ruborizó a más no poder. Empezó a ponerse nerviosa; le sudaban las manos, empezó a hiperventilar y su corazón se aceleró, y todo porque Sasuke le regalaba una sonrisa que únicamente él podía ofrecer. Sasuke se acercaba lentamente, él sabía bien lo que quería, y ella temía que si continuaba acercándose pudiera oír los latidos de su corazón. En ese mágico momento, sus labios a punto de rozarse, cuando todo lo que existían eran ellos dos, y todo lo que importaba eran ellos…
Itachi entró en la habitación, haciendo que ambos dieran un respingo y se separaran bruscamente. Sakura se dio la vuelta, ya que sabía que no podría disimular su sonrojo, e hizo que trabajaba en otra cosa. Sasuke, por el contrario, tenía una clara expresión de fastidio que le cruzaba el rostro. Itachi, que no era tonto pero sí discreto, prefirió no hacer comentarios e ir al asunto que le hacía pasarse por la oficina tan tarde.
-Sasuke. Tengo que hablar contigo. Debido a negocios que tenemos con Gaara, quizá debamos abandonar Konoha e ir al país del Viento. Ya he arreglado todo para que podamos salir pasado mañana. Llévate a alguien de tu confianza para que te ayude con todo.
-Espera… ¿Qué? –Sasuke no podía creerlo. Otra vez planeando su vida. Odiaba que Itachi fuera tan directo.
-Lo que oyes. ¿No ha venido Gaara hace poco? Debería habértelo comunicado.
-Pues no, no me ha dicho nada. Seguramente se le habrá olvidado. En fin… -Sasuke suspiró resignado. Viajes repentinos eran habituales en su trabajo.
-Mañana hablaremos más calmadamente –habló Itachi-. Elige a alguien que venga contigo para que te eche una mano.
Ya era tarde, pero aún seguían en la casa de Gaara. A Ino le reventaba que Sakura se hubiera quedado sola con Sasuke. A saber qué estarían haciendo… Tanto tiempo pensando en artimañas y excusas para separarles y de repente se presentaba un trabajo que lo mandaba todo al garete y daba al traste con sus planes. Suspiró. Hinata y Tenten se habían tomado mejor la decisión de Sasuke. Tenten era enérgica, y no le asustaba el trabajo pesado, mientras que Hinata era obediente, y por más dura que fuera la tarea a realizar, siempre la llevaba a cabo.
Gaara apareció por la puerta de la gran sala. Había ido a buscar a Kankuro. Su hermano era un vago, pero no podía cargar con más trabajo a Temari, ellos solos no podrían, había demasiado que hacer. Kankuro añadió algo de alegría con su carácter chistoso y desenfadado a aquel ambiente cargado. Los únicos que no reían ante su ingenio eran Gaara e Ino. Gaara era serio y frío, y a veces llegaba a odiar la forma de ser de su hermano, y en cuanto a Ino, solo regalaba fugaces sonrisas por educación. No estaba de humor para tonterías.
Terminaron tarde, y cuando las chicas se despidieron de ellos, Kankuro se ofreció galantemente a llevarlas en coche mientras miraba fijamente a Ino. Aquella rubia le había hechizado.
Las llevó a casa a todas, dejando a Ino para el final. Se despidieron al bajar ella del coche.
-Muchísimas gracias, señor Kankuro. Ha sido usted muy atento –dijo Ino con una sonrisa que derretiría a cualquier hombre.
-Por favor, llámame solo Kankuro. Y no ha sido nada. Oye, estaba pensando… ¿Te gustaría salir conmigo algún día?
-Oh, lo siento, ya estoy interesada en alguien.
-No mujer no. Me refiero a solo como amigos.
Ino lo pensó detenidamente. Era el hermano de Gaara, un empresario poderoso que podría hacer que las empresas Uchiha se vinieran abajo si se negaba a trabajar con Sasuke. Quizá ella podía sacar provecho de la situación haciéndose amiga de Kankuro. Seguro que Sasuke se lo agradecería mucho.
-Está bien. Estaré encantada de salir algún día contigo, Kankuro.
-Vaya, ¡cuánto me alegra! De acuerdo. Te llamaré un día de estos e iremos a pasear.
Dicho esto, Ino entró en su mansión y Kankuro arrancó el coche.
Sakura miraba de soslayo a Sasuke. Desde le intervención de Itachi, no habían hablado, ni se habían dirigido la mirada. Ambos estaban pensando en lo que había pasado antes. Sasuke habló de repente, rompiendo el silencio:
-Bueno, Sakura, parece que hemos terminado. Ya está todo listo. Ven mañana temprano a recoger los documentos y salimos para la exposición.
-Sí, señor.
Sasuke no pudo evitar que ese "señor" le molestara. Preferiría que le tuteara. Sakura salió del despacho tras poner todo en orden, y cuando ya iba saliendo del edificio de la empresa, alguien le cortó el paso:
-Hola. Tú eres Sakura ¿verdad? –le preguntaba Itachi.
Sakura creyó que era una pregunta bastante tonta. Habían coincidido en varias reuniones, e incluso por los pasillos, pero aún así asintió.
-¿Cómo es que mi hermano no te lleva a tu casa? –continuó Itachi.
-No tiene obligación de acercarme.
-Ya veo… Es que como os vi en el despacho tan juntos, pensaba que teníais confianza.
Sakura se sonrojó de nuevo, y se limitó a negar tímidamente con la cabeza.
-Bien –dijo Itachi-. No te preocupes. Mi educación no me permite que deje que una mujer vaya sola a casa a estas horas de la noche. Venga, te llevo.
