Verdad Consecuencia
"Sólo podemos amar sufriendo y a través del dolor,
no sabemos amar de otro modo,
ni conocemos otra clase de amor"
Fedor Dostoievski
Escritor ruso
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La cocina se encontraba revolucionada y por cuestiones de seguridad el peliplata decidió ausentarse del perímetro donde su hermana trabajaba tan arduamente, y es que si cocinar la ponía de buen humor, el que le estorben producía completamente el efecto contrario.
Makoto Kino era una persona muy dulce, amorosa y soñadora, pero había un aspecto de ella nada oculto para las personas que la conocían bien: golpeaba más fuerte que un hombre con camisa a cuadros y hacha al hombro. Desde pequeña protagonizó diversos episodios algo violentos en la escuela, pero siempre por defender una justa causa, odiaba las injusticias.
Recordaba perfectamente una ocasión, poco después de la muerte de la madre de Rei, todos estaban muy tristes, su madre solía llorar todas las noches sobre el regazo de su afligido padre, Dante no probaba bocado y ella… ella quería ser fuerte por todos, en especial para su amiga, aprovechaba los momentos en que se entraba a bañar para aliviar su dolor, si tenía los ojos rojos le echaba la culpa al jabón que se coló en ellos irritándolos, técnica muy usada por la pelinegra quien para ella derramar lágrimas era el estado más puro de debilidad.
Por ese tiempo Rei se había ausentado de alguna de sus clases, faltando algunas semanas al colegio y al retomarlas los maestros tenían ciertas consideraciones con ella, pero muchos de sus compañeros lo tomaron a mal y comenzaron a molestarla en medio de la plaza frente al establecimiento, aun sabiendo la situación.
Fue en ese momento que Makoto olvidó la promesa hecha a su madre y remangó su camisa blanca, parte del uniforme obligatorio, tres golpes certeros y los dos muchachos yacían en el suelo. Los gritos no se hicieron esperar, algunos de alientos otros no tanto, fue cuando el hermano mayor de uno de los muchachos, más grande tanto en edad como en físico empujó a la pelicastaña y fue cuando Diamante Kino intercedió en defensa de su hermanita y la pequeña Rei, Dante jamás peleó con nadie en todo sus años en la escuela, pero no dejaría que nadie molestara a las chicas, no tardaron en devolverle el golpe y hacerlo caer. Fue cuando se sumaron los muchachos amigos del peliplata, era así como Kunzite, Seiya y Andrew comenzaron a repartir golpes, una batalla campal se había desatado.
Makoto, por su lado, logró lo que quería, poner en su lugar a todo aquel que lastimara a sus seres queridos.
-Mako que rico está esto…- oyó la voz de su hermano, que la traía a la realidad, mientras que Dante hundía su dedo en la crema batida que la pelicastaña acababa de preparar, una vena roja apareció en su frente y solo elevó su puño.
-¡Vete!- el grito fue acompañado de un golpe en la cabeza proporcionado con su palo de amasar. -¡No te quiero aquí Diamante Kino!-
Makoto pondría en su lugar a cualquiera que lastimara a los que ama, pero ella no era cualquiera.
o-o-o-o-o
Al fin sábado donde pudiera levantarse tarde, porque las diez es algo entrada la mañana, la pelinegra dio una vuelta en su cama, enredándose con las sábanas blancas y tapó su cabeza con un gran almohadón naranja de raso. En la ciudad solía despertarse entrada la tarde ya que los viernes ensayaba con su improvisaba banda. Extrañaba la adrenalina de los escenarios, el maquillaje estrambótico y su vestimenta vanguardista, sin embargo, ¡qué bien se sentía despertar sabiendo que tenía todo el día por delante!
Se estiró hasta alcanzar su bolso tirado junto a su cama y así buscar su móvil, introdujo su mano y un objeto se coló en su fino dedo, con suma lentitud sacó su mano y brillante e inmaculado ante ella, el anillo más hermoso relucía en su dedo.
Entrecerró su mirada y un eje de melancolía cruzó por su rostro, no todos los días se conocía a un hombre perfecto, y menos que menos… te proponían matrimonio.
Conoció al torpe y siempre optimista joven un día de viento, una tormenta de viento, soplaba con fuerza aquella tarde de primavera, junto con varias bolsas plásticas y papeles, el abrigo color azul de la bella pelinegra se alzó en vuelo por lo aires, teniendo que perseguirlo calle abajo por varios metros, vaya sorpresa cuando éste envolvió el rostro de alguien…
Flash Back
La muchacha de largo cabello negro corría con dificultad, la tarea se hacía ardua gracias a sus tacones altos color negro y su vestido blanco marfil que insistía con ondearse mientras ella lo envolvía con sus manos, la tormenta de viento sorprendió a todos en el lugar y por ello es que resultaba un caos. Los elementos suelen ser intempestivos, sorpresivos y sobre todo, traen consecuencias extrañas.
Divisó su abrigo azul marino volando y fue cuando éste pareció quedarse estático, la muchacha logró acercarse lo suficiente como para notar que había envuelto a alguien y éste alguien intentando quitárselo, jamás dejó de caminar y fue a dar justo contra el poste de luz que se alzaba en la calle.
Rei corrió junto a la victima de su abrigo Gucci y se arrodilló junto a él, la tela cayó y dejó ver a un hombre de unos 25 años, de cabello castaño oscuro y ojos avellanas, quien solo dibujó una sonrisa al verla.
-Morí y estoy en el cielo.- murmuró para sí, pero pudiendo oírlo la joven a causa de la cercanía, no pudiendo evitar rodar sus ojos y reír mentalmente por lo trillada de la frase, aunque fácilmente podía ser aplicada en ella, es que el cabello ébano danzaba con el viento dejando ver sus hermosas facciones de porcelana, labios rojizos y esos ojos que a cualquiera le quitarían el aliento.
-Lo lamento tanto Señor.- se excusó Rei ayudándose al joven que lucía unos pantalones negros y camisa azul oscuro, del suelo. –Espero no se haya hecho daño.- oyó que el muchacho reía y clavó sus ojos amatistas en los de él, que traía gesto divertido.
-Si una joven como tú ya me dijo Señor, quiere decir que al fin envejecí.- comentó con voz aterciopelada, dejando a la joven confundida, extendió su mano y se presentó. –Mi nombre es Nathan, Nathan Archivald Bass.- la pelinegra aceptó el saludo del joven.
-Rei Hino.- se presentó con algo de desconfianza.
-Bueno Rei, creo que el destino nos cruzó…- dijo aun sonriendo llevándose su mano hacia el lugar del golpe. –Y de una manera algo perjudicial para mí-
Fin del Flash Back
Dejó escapar una risita al recordarlo, Nathan era un joven muy despistado, nada más alejado de su tipo de hombre ideal, y bien sabía que sí existía uno, pero su bondad y gran corazón lograron conquistarla, además de su espíritu independiente y fuerza de superación, sumada a la perseverancia para con ella, no se podía hablar de amor, no creía en aquél sentimiento y la vida le demostraba que aquella utopía inventada por poetas era una ficción como el hombre de las nieves, solo que más comercial, sí sintió un profundo cariño por el joven sumado claro a la compañía.
Nathan Archivald Bass nació y creció en el seno de una familia acomodada en los suburbios más costosos y elegantes de la Gran Ciudad. Estudió en el extranjero graduándose en el más prestigioso de los colegios, fue capitán de su equipo de polo, siendo el orgullo de sus padres quienes ostentaban sus títulos nobiliarios de duque y duquesa respectivamente.
Al cumplir los 18 años se marchó de su hogar dejando todo atrás y comenzando a vivir la vida que él quería vivir. Perteneció al cuerpo de paz, convivió junto con tribus milenarias aprendiendo sus culturas, estudió fotografía y arte, y cuando al fin quiso asentarse consiguió empleo en un prestigioso estudio jurídico, no por su apellido de renombre, al que cuando alguien relacionaba con los reconocidos duques él respondía que era una agradable coincidencia nada más alejada.
Era algo torpe, sí, pero las personas confiaban en él y su torpeza para andar no opacaba su inteligencia a la hora de resolver conflictos. Comenzó a estudiar derecho poco después y así se mantenía, con su trabajo en el estudio y dando clases de fotografía como ingreso extra. Ahorró durante meses para conseguir el anillo indicado para su amatista, como solía llamarla, un anillo de fino oro con una piedra amatista en forma de gota y varios diamantes más pequeños asimilando la forma de la piedra mayor.
Rei se acomodó el anillo en el dedo anular y suspiró, jamás le dio una respuesta y es que si ella no estaba segura de la decisión la responsabilidad recaía solamente en Nathan y él lo supo, se quitó el anillo y sus ojos se cristalizaron.
Se puso de pie y se dirigió a la cocina a preparar café, se pudo su bata blanca y sus pantuflas rojas en juego con su ropa de dormir que consistía en unos pantalones de algodón cortos de color rojo y una blusa holgada e mangas tres cuarto y media espalda descubierta, llegó a la amplia cocina y encendió la cafetera.
Pasó su vista por la ventana que daba al patio interno del templo, el sol brillaba radiante, aunque el frío se hacía sentir. Hoy se realizaría la tan nombrada cena en casa de Makoto, peinó su cabello y recordó que vería a Seiya, lo vería después de aquella tarde donde le había expresado sus disculpas, algo en su interior se agitó de solo recordar las palabras pronunciadas por el pelinegro la noche en la cafetería,
"Yo no huí. No salí huyendo de este lugar, yo me quedé aquí enfrentando todas las habladurías, yo solo… junto con Amy"
El dolor con las que las pronunció, su mirada helada sin una chispa de lo que él solía ser, pero por su lado, él jamás comprendería lo que significó para ella esa noche hace 4 años cuando se marchó, porque sí había ido a despedirse, pero jamás lo consiguió y simplemente Seiya jamás lo supo.
-¿Qué caso tiene?- dijo para sí.
Se sirvió café y decidió alistarse para ayudar a su amiga.
o-o-o-o-o
Clavó con fuerza el hacha en el pedazo de grueso tronco y gruñó. Limpió con su antebrazo las gotas de sudor que caían de su frente y tomó con brusquedad la botella con agua fresca y la empinó vaciando su contenido.
Había una realidad de la cual Seiya estaba al tanto, no nació para cortar madera a la vieja usanza, pero el precio de ésta había aumentado considerablemente y siendo dueño de 5 hectáreas arboladas era un crimen comprarle a otro.
Alzó el hacha de mango de madera y la bajó con fuerza, certero. Hacía días que se encontraba ausente, más precisamente desde el día que dejó a Rei en el templo. Sus palabras lo habían descolocado…
"Seiya... Yo… perdóname por irme de esa manera."
Primero era novedad el que ella se disculpara, no lo hacía seguido, más bien nunca ya que no recordaba ninguna ocasión en particular, pero la razón por la cual se disculpaba era la que realmente lo traía inquieto. Ella se disculpó por irse del pueblo, acción que él mismo deseó imitar muchas veces, acción que Amy realizó bajo una máscara llamado "viaje cultural" un tiempo después.
Seiya sabía bien el por qué de su rencor, no iba a perdonarle a Rei las noches que su hermana pasó llorando, lamentándose todo lo ocurrido y sufriendo la ausencia de la pelinegra. La preocupación que la joven causó en ambos por su ausencia y su suerte, las noches en vela que pasaba pensando en ella.
Sin embargo, Rei reapareció en sus vidas, con cartas primero, llamadas después, él no volvió a tratarla, pero sí su hermana quien con una sonrisa respondía las cartas de su amiga. Fue cuando notó que Amy jamás juzgó a Rei, ni siquiera el resto de las chicas, solo él. Pero nadie entendería jamás ni más remotamente lo que sintió al enterarse de su ausencia, ni él mismo lo comprendía del todo dejándose de hacer preguntas un tiempo después, Rei era solo una niña cuando dejó el pueblo y sin embargo él la extrañó demasiado, extrañaba sus momentos juntos, las tardes de verano al regreso del río, sus peleas, la sola presencia de ella en su casa buscando a Amy para salir a jugar.
Eran muy cercanos por aquella época, quizá demasiado, y eso lo asustó, siete años los separan y aún hoy, con Rei convertida en toda una mujer, seguía viendo a aquella muchacha, y sin poder dejar de sentir esa distancia entre ellos, la chica de ciudad que tenía el mundo a sus pies, y él… un hombre de pueblo que no tenía donde caer muerto, tal vez era hora de aceptar la verdad y afrontar su consecuencia.
Suspiró y clavó nuevamente el hacha, el aniversario luctuoso de su padre se acercaba, junto al festival de invierno, donde todo el maldito pueblo se revolucionaría. Y es que todos contribuían para levar acabo esos dos días de festejo, para cerrar con el gran baile en la alcaldía.
Dejó el hacha, y no recogió los pedazos de madera, se daría un baño y luego comería algo, aunque ligero, hoy cenaría en casa de Dante y era mejor no llenarse con nada para así disfrutar la maravillosa comida de Makoto.
o-o-o-o-o
El autobús color rojo se detuvo en la pequeña terminal, la joven de largo cabello rubio peinad con un moño colorado descendió y pronto tomó su valija, la única que sobresalía del montón por ser rosa y amarilla y tener un gran moño. Dos personas se acercaron a ella con gran ánimo.
-¡Hijita!- exclamó una mujer de cabello castaño claro que llevaba hasta los hombros y ojos azules. –Mi nena hermosa.- la mujer era seguida por un apuesto hombre que aunque maduro, conservaba un porte llamativo, de cabello cano y ojos marrones.
-Minako.- saludó con calidez el hombre con una sonrisa que bastó para que la joven salte sobre él. -¡Cuidado!- advirtió cuando el peso de la joven hizo perder su equilibrio.
-¡Papito!- vociferó la siempre aniñada joven de ya unos 20 años, mientras abrazaba por igual a la mujer. – ¡He regresado, como los extrañaba!- hablaba la chica realmente feliz y es que a pesar de verse una vez al mes, eran muy unidos y la ausencia se hacía notar.
-Estás preciosa…. Vamos Mina.- sonrió su padre aflojando el agarre de la chica con delicadeza. –Aún debemos llegar al pueblo.- indicó mientras caminaba fuera de la terminal.
-¡SI!- vociferó la rubia atrayendo varias miradas confusas.
-Ay ¿pero cómo has estado nena?- interrogaba su madre que la tomaba del brazo, a medida que caminaban hacia el coche que los esperaba.
La terminal estaba alejada del pueblo, a unos 4 kilómetros de él para ser exactos, y aun les quedaba camino por recorrer, el auto ostentoso los esperaba con su chofer sobre él, y es que nada es demasiado para la única hija del comisionado del pueblo. Subieron al vehículo y el resto del viaje se desarrolló entre risas y anécdotas sobre los nuevos rumores de las damas de sociedad, Sora Aino odiaba los chismes, pero cuando se trataba de estas mujeres no sentía remordimiento puesto que eran bastante difíciles de tratar.
-¿Esta noche te gustaría cenar carne asada?- interrogó su madre mientras buscaba su teléfono personal para hacer una llamada al chef.
-No, mamá.- negó la chica.- esta noche iré a cenar a casa de Makoto ¡quise darle una sorpresa por ello llegué antes!- explicaba con emoción la joven cerrando sus puños en gesto de ánimo, su madre pareció pensarlo unos segundos.
-Pero hija ¿crees que alcance la comida?- interrogó con genuina preocupación su padre. -Tal vez debes llevar algo, puedo decirle al cocinero que prepare algo.-
-Ay cariño.- fue interrumpido por la mujer castaña. -¿no conoces a la bella Makoto? Con ella jamás escasearía la comida.- rió feliz.
-Aja.- asintió Minako.- Además Rei estará allí.- dijo atrayendo la vista de sus padres, y es que eso sí era novedad.
-¡Oh maravilloso! Hace mucho no veo a la pequeña Rei, debe estar hermosa, toda una damita como su madre, la bella Risa que Dios la tenga en la gloria.- exclamó Sora juntando sus manos y echando su cabeza hacia atrás, rememorando viejas épocas y claro, extrañando su juventud.
-Hacia tiempo no venia al pueblo.- reflexiono Takeshi entrecerrando su mirada.- Nobu debe estar muy feliz, ya hacía falta esa joven por aquí.- reflexionó el comisionado, gran amigo del anciano del templo y alguna vez del padre de la pelinegra.
-¿Por qué dices eso cariño?- preguntó la voz algo chillona de su esposa.
-Porque así es mi vida.- respondió el hombre besando la frente de Sora, a lo que la rubia sonrió, las muestras de afecto entre sus padres eran muy comunes y era algo que ella adoraba, anhelando poder repetir el mismo gesto con cierto platinado.
-Ya pronto te veré mi gruñón y no dejaré que ese humor tuyo arruine nuestra reunión.- dijo para sí Minako.
o-o-o-o-o
-¡Achuu!-
-¿Y a ti que te pasa?- interrogó el pelinegro a Kunzite quien había estornudado.- No me digas que te estás enfermando.-
-Claro que no.- negó el pelilargo mientras ambos iban a bordo de la camioneta de Kun hacia la casa de Makoto y Diamante.
-Ya quiero llegar.- exclamó Seiya sobándose el abdomen. –Esa comida no tiene desperdicio.- el peliplata lo miró de reojo y sonrió asintiendo, si había algo que todos disfrutaban era la comida de la hermana de Dante.
En la cocina una con centrada pelicastaña se encontraba decorando el pastel de piña, aunque no con tanto énfasis como en otros momentos, el pastel de piña era su postre favorito, al igual que el de su jefe. Y de solo recordar la escenita de hace unos días en la cafetería su estómago se removía.
Su ilusión para con Andrew tenía razón de ser, no solo iba por la vida creyendo enamorarse de todo mundo, sin embargo aquél momento donde descubrió sus sentimientos estaba enterrado en lo más profundo de su ser y todo tenía un motivo: jamás pondría en riesgo la amistad de Andrew con su hermano, y más aun ahora, que descubría que ella no significaba para él lo que Andrew para la pelicastaña. Una lágrima caprichosa bajó por su mejilla, parecía que el amor no era para Makoto Kino, primero lo ocurrido con su primer novio, con lo que le había costado que Dante aceptara su nuevo estilo de vida, con lo que ella lo había rechazo al comienzo hasta que al fin accedió, una vez que lo hizo, el muy cobarde la engaña con otra, con una cualquiera, que ni se acercaba a la belleza de la ojiverde y lo peor es que lo había llevado a su casa.
Flash Back poco menos de dos años atrás
La noche era realmente calurosa y una tormenta avecinaba en el horizonte, el vehículo azul último modelo se detuvo en la casa estilo victoriano y un joven de cabello negro y ojos verdes descendió, llevaba camisa rosa y pantalones de mezclilla negro, era alto y de contextura atlética. En su mano llevaba un ramo de rosas blancas y rosas, acomodó su cabello y suspiró, de ponto la puerta de madera se abrió.
-¡Alexander!- exclamó una bella muchacha delgada y alta, que vestía un hermoso vestido verde ceñido al cuerpo que combinaba con sus preciosos ojos, se lanzó a los brazos del joven quien la recibió besando su mejilla y acariciando el largo cabello de la joven que lo llevaba suelto. –Hola.- susurró
-Mako… ¡cómo te he extraño mi amor!- dijo el joven mientras la besaba en los labios entregándole el bello ramo, la chica lo tomó y aspiró el aroma ruborizándose por el gesto del muchacho.
-¿Llegaste bien? ¿No te costó trabajo encontrar el cruce?- interrogó con preocupación, era la primera vez que Alex la visitaba en el pueblo, ellos se habían conocido en la ciudad, más precisamente el primer día de Makoto en la Ciudad.
Dante la había dejado en la terminal y desde allí ella debía caminar pocas cuadras hasta el hotel donde el congreso de Gastronomía se celebraba, aquel que ella había ganado una beca para asistir. Para su mala suerte, había virado en una calle errónea no logrando ubicarse. Fue cuando el joven pelinegro se le acercó con caballerosidad. Makoto siempre fue una chica muy desconfiada de los extraños, sin embargo el joven le inspiró confianza, fue cuando se presentaron, él la acompañó hasta el hotel, se ofreció para mostrarle la Ciudad ya que el lugar donde se encontraba quedaba muy lejos de donde vivía Rei, estando sola y pasaron la semana entera juntos.
No faltó oportunidad para repetir la ocasión, y así las visitas a la Ciudad de Makoto aumentaron considerablemente atrayendo la sospecha de su hermano, y fue cuando le confesó lo de Alexander, un joven estudiándote de Ingeniería que trabajaba en la empresa familiar. Lejos de molestarse, Diamante le propuso con aires de autoridad conocerlo. Su hermano no era celoso al grado enfermizo de no dejarla vivir, sin embargo con la reciente muerte de sus padres había tomado la responsabilidad de cuidarla y eso incluía saber con quién andaba.
Entraron a la casa y la joven se dispuso a buscar un florero para dejar el ramo en agua, al lugar ingresó un joven vestido con camisa negra y pantalones de mezclilla, el pelinegro, que iba a tomar asiento, se puso de pie abruptamente.
-Mucho gusto, soy Alexander.- se presentó éste estirando su mano. –Debes ser Diamante.- supuso, pero el joven rubio delante de él solo levantó su ceja y lo estudió.
-Soy Andrew, amigo del hermano de Makoto.- se limitó a decir dejando confundido al joven.
-Oh, en ese caso mucho gusto Andrew.- insistió el joven estirando su mano, que el rubio aceptó de mala gana. –Por un segundo me asustaste, estoy muy nervioso.- dijo el joven sonriendo.
-Haces bien.- soltó el rubio dejando al joven delante de él sorprendido. –Te comunicaré algo Alex.- masticó su nombre. –Soy tu peor pesadilla y ¿sabes algo? No me caes bien.-
Antes de poder reaccionar Makoto ingresó en la sala y Andrew volteó hacia ella regalándole una sonrisa.
-Hola Mako.- saludó el dueño del café.- justamente estábamos platicando de lo hermosa que te ves esta noche.- el comentario de Andrew atrajo la mirada de Alex en claro gesto retador.
El halago de Andrew la hizo sonreír agradecida, y se dirigió hacia Alex tomándolo del brazo.
-¿Ocurre algo amor?- interrogó la joven, Alex pasó su vista por el rubio, y sonrió de lado, tomando a Makoto del talle y acercándola a él mientras besaba su mejilla con fuerza.
-No muñeca, no es nada, es solo que quiero que la cena termine para estar solos.- recalcó lo ultimo haciendo que la chica se sonroje.
-Alex…- lo regañó con gesto vergonzoso, mientras un muy molesto rubio miraba la escena, queriendo echarse a golpes al citadino.
Fue cuando el peliplata ingresó a la sala y se presentó. Para decepción del rubio Dante no había sido cruel, ni intimidante, y parecía que el tipo que salía con su hermana le caía bien y por primera vez en su vida se preguntó por qué eso lo afectaba tanto.
Fin del Flash Back
Tocó la puerta repetidas veces hasta que al fin ingresó sin anunciarse, después de todo ese lugar era como su segunda casa, suponía que su amigo estaría echado mirando televisión, más sin embargo, nadie se encontraba en la sala, fue cuando oyó sonidos provinieres de la cocina, se acercó con sigilo y se recargó contra el marco de la puerta, peinó su cabello rubio hacia atrás.
Andrew se quedó viendo la esbelta figura de Makoto que le daba la espalda, desde que tenía memoria adoraba estar en esa casa, siempre fue cálida, y aun faltando los padres de sus amigos esa calidez jamás cesó gracias a la joven delante de él.
Pasó sus ojos por la figura de la pelicastaña, el pantalón ajustado de mezclilla verde delineaba sus torneadas piernas, resaltaba un perfecto trasero que lo hizo dejar de respirar unos segundos. Makoto llevaba el cabello atado en una coleta alta y eso dejaba ver parte de su espalda, la blusa holgada rosa resaltaba su pálida piel, si había algo que lograba llenarlo de paz era ella y sin embargo, cada cosa que él hacía los separaba más.
La joven giró de repente encontrándose con él, quien se incorporó sin saber que decir, Makoto llevó una de sus manos a su pecho y una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Me asustaste Andrew.- dijo riendo. –Dante salió.- explicó sabiendo de antemano que buscaba a su hermano.
-Sí, lo noté.- asintió el joven aún sumido en sus pensamientos siguiéndola con la mirada.
-Ya que estas aquí.- la oyó decir mientras pasaba por su lado inundándolo de la fragancia a rosas que su cabello esparcía, la vio tomar unas cosas del mueble junto a él. –Ayúdame a poner la mesa.- dijo poniendo en sus manos un mantel color marfil bordado. -¿Puedes?- preguntó la joven confundida ya que Andrew no se movía de su sitio.
-Sí, Mako, sí puedo.- asintió al fin, debatiéndose entre disculparse por su actitud infantil en la cafetería la otra noche o solo olvidar el incidente, caminó hacia el comedor que solo usaban cuando había visitas y extendió el mantel, mientras la joven preparaba la vajilla. Era un hecho, Makoto Kino era lo que cualquier hombre deseaba y una vez más una patada mental lo hizo concentrarse en la tarea de que ninguna arruga quede en el mantel.
o-o-o-o-o
La joven pelinegra salió de su casa al oír la bocina, Dante la pasaría a buscar para que la joven no tenga que volver conduciendo a altas horas de la noche en su auto. Rei opto por un conjunto de blusa y pantalón azul, que resaltaba sus hermosos ojos, recogió su cabello en una coleta alta que dejaba ver sus perfectas facciones, tomó su abrigo color te con leche, abrochó sus botas de caña corta con poco tacón color suela y tomó su bolso del mismo color saliendo del templo, antes de comenzar a bajar volvió en sus pasos para cerciorarse de que había dejado una luz encendida, chequeado bajó con velocidad las escalinatas que sabía de memoria y se encontró con la camioneta donde Dante iba al volante y a un joven junto al platinado.
Dante descendió del vehículo y saludo a la joven, mientras el joven de cabello castaño lo imitaba.
-Rei te presento a Kouta.- dijo el platinado, mientras el aludido extendía su mano y sonreía.
-Mucho gusto Rei, he oído mucho acerca de ti.- la joven devolvió el saludo sonriendo, no pudiendo evitar admirar la belleza exótica de la pelinegra quien no dejó de sostenerle la mirada.
-Espero que hayan sido cosas buenas.- bromeó.- También es un gusto conocerte al fin Kouta.-
Los tres jóvenes subieron a la camioneta para dirigirse hacia la casa de los hermanos Kino, en todo el trayecto Rei y Kouta no dejaron de hablar sobre gustos musicales, bandas para el olvido, bandas que valían la pena, platica en la que el peliplata participaba activamente sorprendiendo un poco a su amigo.
-No sabía que tocabas la guitarra Dante.- dijo no ocultando su sorpresa el pelicastaño.
-Nunca me preguntaste.- se excusó el carpintero encogiéndose de hombros. –Además hace mucho que no lo hago.-
-Eso está pésimo.- oyó la voz de Rei quien se había cruzado de brazos clavando su mirada en la nuca del peliplata, Dante fijó su mirada en el espejo retrovisor y no pudo evitar sonreír, era obvio que lo estaba regañando por no tocar seguido, pero no era una discusión que tendría ahora.
Se detuvieron frente a la casa estilo victoriano y detrás de ellos la camioneta azul noche de Kun se estacionaba.
-Parece que llegamos todos juntos.- dijo Kouta cerrando la puerta del vehículo. Los jóvenes se unieron al grupo y comenzaron a caminar hacia la entrada. Seiya no pudo evitar recorrer la figura de la pelinegra, ciertamente se veía hermosa y más aún cuando ésta claramente evitaba su mirada, había algo en la situación que lo llenó de una nueva seguridad.
-Hola Rei.- saludó con una sonrisa de lado, atrayendo la mirada de la joven. –Te ves... muy bien.- dijo con tono aterciopelado, sonando demasiado interesado para lo que hubiese querido.
-Hola Seiya, tu también.- devolvió el saludo, el joven vestía unos pantalones de mezclilla negros y una camisa estilo polo verde petróleo llevando un abrigo negro sobre ella.
Antes de ingresar el sonido de un auto y una bocina los detuvo. Delante de la casa un gran auto color negro se detuvo, de él descendió un hombre con uniforme quien rodeó el vehículo abriendo la puerta trasera, de ella una cabeza rubia se asomó.
-¡Hoooolaaaaaaa chicos!- la simpática rubia conocida como Minako Aino hacía aparición, la tardanza de los chicos hizo salir a Mako y a Andrew quienes los esperaban dentro, encontrándose con la escena.
-¿Mina?- soltó con sorpresa la pelicastaña.
-¿Quién más Makito?- exclamo feliz acercándose al grupo a grandes ancadas, cayendo repetidas veces.- Hola Reicita, holaaaa.- la efusiva rubia abrazó a sus amigas por igual mientras éstas reían . – ¡Las extrañé malditas!-
-Ay Mina...- se quejó la pelinegra riendo. –Nosotras a ti, pero no me ahogues- finalizó alejando a la joven.
-¡Vaya sorpresa!- exclamó por lo bajo el pelinegro, mientras su socio se mantenía inamovible, la mirada de Seiya se dirigió a él y con una sonrisa maliciosa agregó. –Kun escóltala.- dijo codeándolo, mientras en la cabeza del peliplata aparecía una gran gota.
-No tientes a tu suerte Kou.- dijo la voz de Andrew quién se encontraba junto a ellos. –Un día de estos Kun reaccionará.-
-Será una peculiar noche.- murmuró el dueño de casa. –Ya entremos- alzó un poco la voz.
Dentro todos se dispusieron a acomodarse en la mesa mientras Makoto traía junto con Rei los bocadillos, Minako era el centro de atención, ya que tomó a todos por sorpresa puesto que no la esperaban tan pronto. Dante se acomodó en la cabecera de la mesa, junto a él tomó asiento Andrew, seguido de Kouta y éste de Seiya, enfrente a Seiya se encontraba el pelilargo, aliviado de tener a Rei a su lado, junto a la pelinegra estaba la rubia que hablaba animadamente y junto a ésta un asiento libre para Makoto.
La cena transcurría con calma, bueno algunos gritos por parte de Minako, pero que alegraban la velada, lo desentonante de la noche fueron las miradas encontradas por parte de la amatista y Seiya, quien no podía evitar observarla y notar que ella lo esquivaba. No había podido cruzar palabra alguna con toda la sorpresa de la llegada de Mina, sumado a que no habían estado solos. No pudo evitar notar lo hermosa que se veía aquella noche, el color azul resaltaba sus ojos, algo en su pecho se aceleró, la tenía frente a él en diagonal, y eso dejaba ver mejor sus facciones, de verdad había crecido, ya no era una niña, ahora era una mujer y una muy hermosa, pero eso lo había comprobado en varias ocasiones, como cuando ella se quedó dormida en su camioneta, un escalofrío le recorrió la espina ante este recuerdo.
Rei alzó su mirada sintiéndose observada y se encontró con la de Seiya, nadie parecía notar la atmosfera entre ellos, esta vez ella fue la primera en cesar el contacto visual.
-La comida esta deliciosa Mako.- exclamó Kouta con una gran sonrisa.- Eres una excelente cocinera.- las miradas asombradas iban de un lugar a otro, por su lado el pelicastaño había consumido grandes cantidades de comida asombrando a todos, no solo por la rapidez en que lo hizo, sino que sorpresivamente se había puesto al nivel de Seiya quien solo se caracterizaba por solo detenerse para beber un poco de agua, aunque esa noche se encontrara más calmado.
-Muchas gracias.- agradeció la pelicastaña, mientras servía más carne azada a un pensativo Dante.
-¿Ocurre algo?- interrogó el rubio junto a él.
-No…- negó sin inmutarse.- es solo que no logro descifrar donde meten tanta comida.- reflexionó arrancando varias gotas de la cabeza de su amigo, quien sonreía extrañado.
-Ayyyy- de pronto la voz de Mina se escuchó.- pero que apetito tienen, ¿tú no comes Kuniii?- interrogó sugestiva.
-¿Kuni?- musitaron todos en la mesa, algunos divertidos, otros… sorprendidos.
-¿Kuni?- murmuró la pelinegra junto al mecánico atrayendo la mirada gatuna.- Lo siento.- se excusó encogiéndose de hombros, fue cuando sintió la pierna de la rubia pasar por delante de las suyas y como el color en las mejillas del peliplata subía que el humor de Rei cambió. -¡Minako!- dijo entre dientes pellizcando a la rubia poniéndola azul. –Compórtate niña loca.-
-Bueno, bueno.- fue la voz de Makoto quien golpeaba un tenedor contra la copa de vidrio. –Es hora de un brindis.- dijo levantando la copa, haciendo todos lo mismo. –Nadie brinde con agua.- advirtió haciendo que Rei llenara su vaso con una soda, una vez hecho se acomodó en su asiento y prosiguió.
–Brindo por Rei quien al fin se ha dignado a visitarnos.- dijo con tono reprochador mientras la pelinegra rodaba sus ojos, era tan de su amiga hacer eso. - por Minako quien…. Bueno…. Está… y…- la pelicastaña frunció sus labios. –Por…. El trabajo…. La salud….- enumeraba sin saber con claridad qué decía, ciertamente jamás fue buena para los brindis y todos lo sabían, por lo que solo esperaban que se decidiera.
-¡Y el amor!- gritó Mina cruzando por delante de Rei y tomando el brazo de un muy asustado peliplata.
-Salud…- soltó Makoto con una gran gota, que surgió en la cabeza de todos al tiempo que repetían el brindis.
La cena continuó con más platillos y es que para la hermana de Dante jamás eran la entrada, plato principal y postre, sino más bien varias entradas, tres platos principales, miles de postres y varios antiácidos.
-Oye Dante.- comentó Kouta aflojando dos talles en su cinturón de cuero negro. – Con una hermana así ya entiendo por qué no te apuras en encontrar mujer para casarte, cocina delicioso.- dijo con una gran sonrisa cerrando sus ojos y golpeando su estómago. –Jamás comí algo tan delicioso Makito.-
-Gracias.- asintió la pelicastaña.
-No es esa la razón por la que Dante no está casado.- se alzó de repente la voz de Minako quien hace segundos atrás estaba platicando animadamente con Andrew acerca de antros de moda en la Ciudad, captando la atención de todos.
-¿A si?- interrogó el carpintero levantando una ceja y riendo. -¿Y por qué es eso?-
-Ay Dante, ¿no es obvio?- soltó la rubia con mirada picara mientras se llevaba una mano a su boca para ahogar una risita traviesa. –Porque desde que me besaste no pudiste encontrar a alguien que me iguale.-
El agua que pasaba por la garganta de un sediento Seiya tomó un camino diferente a causa de la impresión saliendo por su boca y su nariz, mientras el bocado que Rei se llevaba a la boca de pastel de piña caía en el plato, la boca de Andrew quedó abierta, pero no solo por la impresión, si no que el volcán de chocolate estaba demasiado caliente y ni hablar de Kouta quien solo miraba con sorpresa a su amigo peliplata quien estaba estático, y Kun…. Bueno Kunzite seguía comiendo como si nada.
-¿Qué?- se oyó de repente la voz del pelinegro. -¿Qué tu que Dante?- interrogó ¿indignado?
-¡Me besó!- festejó la rubia elevando sus brazos en alto empujando a Rei y al trozo de pastel de piña.
-Yo…. Yo….- intentaba recuperarse de la impresión el dueño de casa.
-Dante…- soltó sorprendida la pelinegra.
-Ay que pervertido amigo.- reflexionó Andrew cruzando sus brazos.
-Yo…. Yo….- seguía intentando el platinado.
-Él no te besó Minako, tú te le tiraste encima y lo forzaste.- dijo Makoto restándole importancia al asunto, cuestión que no quedaría allí ya que la mirada de todos recayó en ella, quien suspiro. –Fue el día que Mina cumplió los 15, en su lista de los 14 tenia besar a un chico mayor, como no lo consiguió se escabulló a la habitación de Dante quien dormía la siesta y le salto encima, asfixiándolo y claro, besándolo.-
Las gotas en las cabezas de todos caían sin saber qué decir.
-¡Mi primer beso!- dijo ilusionada la rubia mientras juntaba sus manos y en sus ojos se formaban estrellitas.
-Fuiste violado….- reflexionó Kouta. –Abusado.- agregó mientras los muchachos asentían con sus ojos cerrados.- violado y abusado por una Minako de 15 años.-
-Sólo a Dante puede pasarle.- soltó Seiya largando una carcajada que fue acompañado por el resto, salvo claro por el pobre Dante, por Minako quien no comprendía por qué reían y Kun que solo tomaba agua. –Nunca una de tu edad.-
-Nunca ninguna.- seguía la broma Andrew.
-¡Oigan!- vociferó un indignado Diamante. –No bromeen.- dijo cerrando sus ojos y acomodándose en su silla. –Es el día de hoy que me siento un pervertido, de solo pensar que alguien de nuestra edad podría estar con alguien de la edad de mi hermana me enferma.-
El comentario dejó a algunos riendo y a otros algo pensativos, en especial a una Makoto quien solo agachó la mirada, sin notar la incomodidad en el rostro de Andrew.
-Pero bueno, tú te lo pierdes Dante.- bromeó la rubia quien dirigió su mirada a Rei. -¿Por qué tan callada Reicita? – interrogó abrazándola mientras la pelinegra se alejaba un poco, aunque con una sonrisa. -¿Extrañas la ciudad?-
-No, no es eso.- negó suavemente. – Solo estoy cansada.- se excusó la joven, que en parte decía la verdad, aunque el motivo principal fuera que no había cruzado palabra alguna con Seiya en toda la noche.
-¿O será que extrañas a tu novio?- la frase dejó la mesa en silencio, la mirada azul del músico se clavó en la pelinegra quien solo quedó muda.
-Mina, no seas impertinente.- regañó suavemente Makoto, quien desviaba el tema oportunamente. –Es que el explotador de mi hermano la hace trabajar mucho.-
-¿Tienes novio Rei?- interrogó el rubio sorprendido. –Vaya, que muchacho afortunado.- dijo riendo.
-¿Hace mucho Rei?- soltó Dante levantando una ceja.-No es mayor que tu ¿verdad?-
-Yo, sí, pero…- dijo sin saber bien qué responder y que es sabía que este momento llegaría tarde o temprano.
-AY ¿cómo es él amiga?- interrogaba feliz Minako.
La charla se tornó demasiado incómoda para Rei, Seiya tenía clavada su mirada en ella, quien parecía temblar, el muchacho no pudo evitar sentirse molesto, el saber que alguien estaba en su vida, la amaba y ella a él, de tan solo ver cómo ella estaba reaccionando con solo tocar el tema, su cuerpo temblaba, y no pudo evitar pensar qué esa era la manera que el tipo la hacía vibrar al hacer el amor, internamente sabía que era obvio, ella en la Ciudad lo tenía todo, se puso de pie sin que el resto notara la incomodidad en su rostro, solo el pelicastaño junto a él percibió la atmosfera, subió a planta alta dejando a todos interrogando a la pelinegra
-Rei.- la voz de Makoto se clavó en ella. -¿estás bien?- la pelinegra se había puesto pálida, la servilleta que tenía en sus manos estaba enroscada, sus manos se habían puesto blancas a causa de la presión que ejercía, de repente un frío la invadió y la misma necesidad de salir huyendo que había sentido años atrás volvió, no podía enfrentar la mirada de sus amigos, no podía contestar nada sarcástico, la mano de Mina se había posado en su hombro, de alguna manera notó el efecto que su comentario tuvo, no necesitaba mirar a Makoto para notar que su amiga estaba preocupada por ella.
-Yo…-
-Andrew.- la voz de Kunzite se escuchó por primera vez en la noche atrayendo la mirada de todos. -¿Solucionaste el tema de las conexiones en la cafetería?- soltó con voz gruesa y alta.
-¡Ohh, eso! Amigo gracias al cielo me lo recuerdas, ¡no saben lo que pasó hoy!- largo el rubio comenzando hablar sin parar, mientras todos lo escuchaban.
Rei agachó su cabeza e internamente agradeció al pelilargo, si lo hizo por ella, por salvar el momento jamás lo sabría, pero no dejaría de agradecerle. Por su lado parecía que ni el rubio ni los demás notaron que el tema se había desviado y es que a los hombres poco les importa la vida privada de las que veían como niñas.
o-o-o-o
La noche finalizó, todos partieron a excepción de Rei, quien se quedó ayudando a Makoto a lavar los trastos, Dante se quedó platicando con Andrew quien luego llevaría a Rei a su casa, antes había partido Kouta, en la camioneta de Kun quien le tocó llevar a sus hogares a una muy eufórica rubia y un muy malhumorado Seiya, quien parecía negado a omitir palabra el resto de la noche.
Ambas jóvenes se encontraban en la amplia cocina, ya ordenando los utensilios, Makoto hablaba animada acerca del visita de la sorprendida visita de la rubia y de cómo Kunzite se sentía intimidado.
-Rei.- la llamó su amiga, notando que la pelinegra hacía tiempo no opinaba, alcanzándole el ultimo plato a guardar, la chica lo tomó ausente resbalando de sus manos y cayendo al piso donde estalló en pedazos.
-¡Lo siento Mako!- exclamó apenada agachándose para recoger los trozos de la vajilla blanca. –Cielos Mako ¡Cuánto lo siento!-
-Amiga, son platos baratos, ya deja eso.- la pelicastaña se mantenía frente a ella, a su altura y fue cuando notó lo opaco de sus siempre brillantes amatistas. –Amiga.- insistió, estaba junto a ella, tomando ambas manos de Rei que no dejaban de temblar. – Rei… ¿Qué pasa?-
La pelinegra se quedó callada, mientras de sus ojos caía agua salada.
-Mako…- la pelicastaña abrazó con fuerza a Rei, no era común verla llorar, y mucho menos de esa manera. –Yo no quise que pasara.- la oyó murmurar.
-¿De qué estás hablando?- preguntó separándose de ella un poco para poder mirarla.
-De Nathan…. mi novio en la Ciudad.- dijo lentamente.
-¿Qué ocurrió con él?-
-Mako…- las palabras no salían y simplemente comenzó a temblar, la pelicastaña estuvo a punto de llamar a su hermano y a Andrew que permanecían en la sala, pero cuando intentó ponerse de pie, sintió el agarre de su amiga.
-Rei no me asustes ¿qué te hizo ese desgraciado?- la sangre de la hermana de Dante hervía de tan solo pensar lo que hubiese ocurrido, sin embargo Rei negó con su cabeza.
-Nada.-
-¿Entonces?- insistió intentando entender.
-Mako… él…. Él murió, él está muerto.- finalizó al tiempo que Makoto llevaba una mano a su boca anonadada. –Fue mi culpa…-
Terminó la frase sintiendo como su alma se liberaba a al fin develar su verdad, de no evadirlo ni ocultarlo, pero al aceptar la verdad, ésta tendrá su efecto, afrontar la consecuencia. Es sencillo y la ecuación lo es más: verdad = consecuencia.
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N/A: Nueva entrega, ciertamente éste capítulo ha sido clave en muchas cosas, tal vez cerré ciertas puntos tocados en el capítulo dos. Espero les haya gustado.
Quiero comentarles que mi lap top está enfermita, al parecer se averió la placa de red, lo que no me permite conectarme, pero lo que es peor, estará en reparación hasta el 27 de este mes. A no desesperar porque el capitulo 9 esta terminado, pero si puedo demorar en subirlo, ya que me gusta tener un capítulo adelantado antes de subir el anterior. Es decir que hasta que no tenga más o menso armado el 10, no subiré el 9. Es cuestión de sentarme en la computadora de casa a escribir, pero la inspiración no es la misma.
Hecho el anuncio, quiero agradecer a todos mis lectores, a Deshy con su presión psicológica, a Made quien lee estos capítulos adelantados con la idea de corregirme, pero que se apasiona tanto como yo que olvidamos hablar de cosas técnicas y debatimos el capitulo y por ultimo a Patty Ramírez de Chiba, muchísimas gracias amiga por tus comentarios, por tu dulzura a la hora de opinar, por ser tan simpática y sobre todo por permitirme conocerte. Ojala te guste como quedó este capitulo y claro me lo hagas saber.
Como así también a Dianarr07, Amonett, a malkav-iztli, ya en el próximo capitulo sale tu nena, ojala te guste lo que hice con ella ya que planee algo especial y por ultimo, pero nunca menos a Hotaru no Hikaru… o simplemente Ani! Ya falta poco amiga tenme paciencia, no te arrepentirás….
Un abrazo a todos, y bueno si hay algún lector argentino o argentina feliz día del padre para el 19 de este mes!
Un abrazo
Nicky *extrañando su lap*
