Próximamente
"Porque el amor es simple, solo se trata de estar próximos, de estar cerca, eso es el amor.
Esa distancia es una espera insoportable, no hay tanto misterio, es simple, lastimar a alguien que te ama provoca una distancia insalvable. El amor es un contrato, y hay que estar ahí, no se puede faltar a la cita, porque un corazón se rompe con demasiada facilidad.
Mi amor es un futuro próximo que nunca llega.
Cuando siempre estuviste lejos, cuando tu lugar fue la distancia, la proximidad te descoloca, la proximidad te llena de ansiedades, la proximidad derriba tu gran muralla, la proximidad te libera.
Será que solo se trata de derribar el muro, ese que nos separa del mundo, de los otros. Dejar de ser distantes y vivir el amor más próximamente."
Cris Morena
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Domingo por la mañana, no era exactamente el mejor día de la semana, pero al menos lo hacía especial el ser el único día en el que cocinaba. Hizo volar los hot cakes de diversas formas y cayeron en la sartén nuevamente.
Aun nadie se había levantado aún, por lo que Dante tenía toda la cocina, conocido dominio de su hermana, para él. Supuso que amanecería tarde ya que Rei se había quedado a dormir luego de la cena de la noche anterior. Para él aquello había sido un alivio, no porque desconfiara en las habilidades de manejo de Andrew, quien iba a llevarla a casa, si no porque ese Templo era demasiado grande y estaba muy desolado, sumado a la gran vegetación que lo cubría, más allá de saber que el pueblo era muy tranquilo, no podía fiarse. Durmió mucho mejor anoche sabiendo a Rei en su casa. Aunque no pudo evitar que algo le llame poderosamente su atención, la rapidez con la que ambas jóvenes subieron y se encerraron en el cuarto de Makoto.
-Cosa de chicas.- dijo para sí encogiéndose de hombros restándole importancia al asunto, y es que esa mañana estaba con particular bien humor, ya que el día que más le gustaba del año había llegado: los preparativos para el festival de invierno.
Como todos los años, cada uno de los miembros de la comisión de eventos darían inicio a las tareas, él hacía años que participaba junto con su hermana y sus amigos, cada uno se dividía las tareas del sector que les tocara y ponían manos a la obra. Era como una navidad adelantada aquella celebración, y es que daba comienzo al invierno, dos días de festividades despidiendo la estación que se finalizaba y el cierre, con broche de oro, el baile de máscaras en la alcaldía recibiendo a la época más fría del año, aunque para eso aun no llegaba ya le emocionaba, no por bailar claro, odiaba las fiestas si no por lo que ocurría antes, las personas en familia caminando por la peatonal, los puestos llenos de luces de colores y adornos, los pasteles de mora de Makoto y por supuesto el pastel de chocolate, relleno de dulce de arándanos, con cobertura de chocolate blanco de la señora Ishida. Su estómago gruñó y fue cuando notó que era hora de desayunar, llamaría a su hermana y a Rei en unos minutos.
La alcoba permanecía a oscuras, más sin embargo un par de ojos violáceos se encontraban abiertos de par en par, poco durmió la noche anterior contagiando su insomnio a su amiga, quien la acompañó hasta entradas horas de la noche, pero al fin se rindió. Se giró en la cama que compartía con Makoto y le dio la espalda a la chica, que a su vez dormía de lado, lo acontecido la noche anterior la había dejado más desanimada de lo que creería, cubrió su cara con una mano y presionó su frente.
Flash Back
Makoto subió como un rayo a su alcoba llevando a Rei con ella, mientras su hermano seguía platicando animadamente con Andrew. Cerró la puerta con seguro y ayudó a la pelinegra a sentarse en la amplia cama de roble.
-Rei.- le dijo intentando atraer la mirada perdida de su amiga. –Por favor-
Lo que menos quería la amatista era asustar a Makoto, pero simplemente no tenía fuerzas para afrontar todo el tema de nuevo.
-Estoy bien Mako.- dijo al fin, la cara angustiada de la ojiverde la obligó a tranquilizarse, unos minutos de silencio le siguieron a las palabras pronunciadas sin mucho convencimiento, minutos que ambas respetaron a rajatabla, la una por la otra. –Fue poco antes de saber lo de mi abuelo.- relató con gesto ausente, la pelicastaña se limitó a tomar la fría mano de Rei y se sentó junto a ella sobre la cobija marrón.
-Su nombre es…. Era.- se corrigió rápidamente. –Nathan…Fue un accidente con su auto, sus frenos fallaron…. Llovía mucho aquella tarde….- explicaba con lentitud propia de quien rememora con cada palabra un acontecimiento doloroso en su vida, cuando llegan a ser demasiados no pierdes la sensibilidad irónicamente, si no que cada uno se intensifica. – La policía aún no cierra el caso.- relataba con congoja, Makoto la oía atentamente y fue cuando se animó a hablar.
-Pero si dictaminaron que fue un accidente…-
-Creen que alguien lo saboteo.- interrumpió Rei el razonamiento de su amiga sorprendiéndola. –Mako, la policía no dejó de interrogarme.- la voz de la pelinegra comenzó a quebrarse. –Yo no fui Makoto… yo no fui.- dijo para luego cubrir su rostro con ambas manos, nunca había visto en ese estado a Rei, temblando, parecía tan desprotegida.
-Amiga, tranquila, ¿por qué dices que tú no fuiste? Es obvio que no hiciste nada Rei, no debes aclarármelo.-
-Ellos piensan que fui yo, no dejaban de llamar, luego no querían que saliera de la Ciudad, pero me fui….- soltó con voz pesada, sorprendiendo a la dueña de la casa, Makoto no podía creer aún por todo lo que había tenido que pasar su amiga en su corta vida, una angustia la invadió y su mente viajó al momento que la pelinegra relataba, imaginando su sufrimiento, su miedo, sin tener a nadie.
-Dios, Rei….- suspiró llevándose una mano a su pecho.
-Muchas personas nos vieron discutiendo, y luego él… Makoto no sé como ocurrió….- intentaba explicar, sintiendo una necesidad urgente de excusarse, oyó como su amiga inspiraba y exhalaba aire.
-Rei, primero tranquilízate amiga, nada malo pasará.- dijo pasando un brazo por la espalda de la pelinegra y atrayéndola a ella.- y segundo si la policía quisiera encontrarte ya lo hubiese hecho… tal vez la causa dio un giro.- dijo rogando que todos los programas policíacos que había visto desde que tenía memoria sirvieran para algo.
-Muchas cosas se dijeron, demasiadas, pero ninguna certeza, hasta la prensa cubrió el caso inundando los titulares.- recordó con pesar, que al morir Nathan fue cuando descubrió la realidad de su familia, algo que sospechaba, pero que jamás le había preguntado, a ella jamás le interesó los apellidos ni los puestos de nobleza, y al parecer a él tampoco.
-Amiga, quédate a dormir hoy, no quiero que estés sola y yo no quiero estarlo…- dijo Makoto con suavidad acariciando con su mano la espalda de la pelinegra quien solo asintió y como respuesta presionó la mano que la cocinera tenía en su regazo. Un silencioso gracias.
Fin del Flash Back
El día que recibió un llamado de un inspector se sintió morir, resultando solo una broma de Seiya, no lo culpaba, él no sabía nada de esto. Fue cuando su pensamiento se dirigió nuevamente hacia él e inevitablemente sonrió para luego oscurecerse su gesto, la manera que se puso de pie en medio de la cena, la forma en que la miró segundos antes, no comprendió el por qué, solo sabía que quería verlo, necesitaba saber que todo estaba bien.
-Lo único que sé hacer es decepcionar a las personas que me importan.- dijo para sí ahogando un sollozo, ¡dios como odiaba llorar! Nunca fue de lágrimas fácil y al parecer desde que llegó a ese pueblo se había consagrado como la protagonista de una telenovela de la tarde.
Los golpes en la puerta la alertaron y sintió como Makoto, aun junto a ella, se movía.
-Es Dante.- la oyó decir con voz dormida aun. –El desayuno está listo.- volteó y se encontró con la sonrisa de la ojiverde. –Sus hot cakes son los mejores… los de forma de estrellas serán tuyos hoy.-
Rei devolvió el gesto y se puso de pie, el día recién comenzaba.
o-o-o-o-o
El día recién comenzaba y para él la noche anterior no había terminado. No había pegado un ojo y al parecer los cantos de los pájaros no se lo permitirían ahora, por lo que opto por tomar un baño. Calefaccionó el cuarto de baño y esperó a que el agua tomara la temperatura adecuada mientras se quitaba la ropa dejando ver su atlético cuerpo. El espejo sobre el lavado se empañó y pasó una mano en él. Ojeras asomaban bajo sus ojos azules.
Seiya chistó, y se metió a la ducha, al parecer el banco había estado llamando la noche anterior ¡un sábado! ¿Qué tan grave puede ser la situación de uno para que lo llamen un día no laborable? Ciertamente le estaba preocupando. Pero no fue eso lo único que lo mantuvo en vela.
Intentó alejar sus pensamientos de la chica de ojos violetas, pero no pudo hacerlo, simplemente no pudo. No entendía por qué la charla acerca de los "amiguitos" de Rei en la Ciudad lo afectaron tanto, después de todo es algo normal, si él tenía sus "amigas" a montones, aunque de un tiempo a la fecha se había cansado de ellas, en especial de una, no podía culpar a la niña, a la pequeña e inocente Rei.
Ahí radicaba el problema, es una niña, no podía concebir que ella tuviera un noviecito, ni hablar de una vida sexualmente activa.
-Demonios- maldijo entre dientes, la imagen de la joven de blanca piel y largo cabello negro desnuda junto con un hombre, no pudiendo ponerle aún rostro, mezclándose, haciendo el amor de forma salvaje, lo atacaron, golpeó una de las paredes de la ducha lastimando sus nudillos. –Es como si fuera mi hermana… es como Amy.- se dijo a sí mismo, repitiéndolo una y otra vez.
Salió de la ducha y se vistió con unos pantalones negros dejando su torso desnudo, puso una toalla sobre su cabeza y se dirigió a la cocina, pasando su vista por el calendario marcado el día de hoy con unas flores, y en rosa escrito "Festival de Invierno", no entendía como a Makoto le entusiasmaba tanto aquello, solo supo que su día podía empeorar, y de repente una idea cruzó por su mente: vería a Rei sin falta el día de hoy.
La que sin duda no veía a Rei hacia demasiado tiempo aunque hablaran de vez en cuando era la joven de corto cabello azulado, la bella y exótica Amy como solían llamarla en el centro de investigación donde trabajaba. Hacía mucho tiempo que no regresaba a su hogar, pero justamente eso no era lo que tenía en mente aquella calurosa y húmeda mañana de domingo cuando se removió en las arrugadas sábanas blancas, que apenas tapaban su cuerpo desnudo. Unas fuertes manos se abrazaron a su pequeña cintura atrayéndola al atlético cuerpo de un muchacho de unos 24 años de cabello oscuro.
-Armand- se quejó la muchacha mientras le joven enterraba su rostro en el cuello de la chica haciéndole cosquillas. -¡Ya!- se quejó girando en la cama mientras el joven se acomodaba entre sus piernas.
-Bueno días hermosa.- dijo con voz ronca clavando sus ojos verdes en los zafiros de ella. –Dormiste profundo, tanto, tanto que hasta roncaste como un mamut.- finalizó con una gran sonrisa, mientras la joven se removía molesta debajo de él.
-¡Armand!- lo regañó tiñéndose sus mejillas de un intenso carmesí mientras el joven reía con ganas. -¡Qué grosero eres!-
-No dije que tiraste las paredes Amy, solo que parecías un mamut, un sexy y lindo mamut.- dijo besándola en los labios. –Mi sexy y hermoso…-
-Ya no digas mamut.- lo interrumpió con una ceja en alto, el muchacho podía ser guapísimo y sofisticado, pero lo que tenia de caballero en Armani brillante, lo tenía de desafortunado con sus frases.
-¿Y cómo te digo?- interrogó con confusión. -¿Hormiguita, rana, cebra, lémur?-
-No, no, no y no… solo Amy…- dijo con la muchacha con un puchero.
-Que poca imaginación.- la regañó resignado.
-Amybella…-propuso abriendo muchos sus ojos como si lo que hubiese dicho fuera el último descubriendo científico del mundo capaz de curar el hambre.
-Te adoro Amy Kou.- dijo al fin besándola con pasión siendo recibido los labios de la joven quien solo se entregó a él.
Hacía algunos años que se conocían, pero no fue hasta esta visita de la joven a la casa de sus tíos cuando al fin Armand Van Becker se animó a confesarle sus sentimientos a la hermosísima joven callada, de la única forma que él conocía, de manera estrafalaria, como su primer encuentro.
Flash Back
Amy se encontraba feliz, se puso sus pantalones de mezclilla gris y una camisa blanca holgada y larga atada con un cinturón negro, con su bolso al hombro entro al centro de investigaciones de alta complejidad, donde le habían propuesto trabajar ese verano. Había ayudado un par de veces en él, ya que su tío, hermano de su madre, Adam trabajaba allí como administrador hacía más de veinte años, lugar en donde conoció a su primera esposa Kay, que abandonó por su segunda esposa Hilary quien también trabajaba en el lugar.
El Centro de investigación se encontraba en la parte más concurrida de la ciudad, siendo sencillo llegar cada mañana y retirarse cada tarde, pero aún mejor los mejores restaurantes y cafeterías rodeaban el lugar, fue en uno de esos lugares de comida donde conoció a Armand, no era fácil no notar su presencia, tal vez por su sombrero azul estilo cow boy azul eléctrico o sus vaqueros rotos o la camisa blanca ajustada a su dorso claramente tres talles menor que el correspondiente.
No pudo más que hacer rodar sus ojos en claro gesto reprobador, pasó junto a él para poder elegir qué llevar para su almuerzo, el sujeto la miró, bien no iba a hacer escándalo por ello. Buscó las galletas de granola, no teniendo suerte al parecer se habían agotado.
-Disculpe señorita.- llamó con educación a la joven rubia que atendía el lugar. -¿No repondrán las galletas de granola?- interrogó en tono suave como acostumbraba hablar, la mujer solo negó con su cabeza y apretó sus labios.
-Verá…- la oyó decir para luego hacer un gesto con su cabeza señalando al sujeto extraño junto a ella y notó sus manos repletas de los paquetes naranjas, o sea los que contienen galletas de granola, bufó y se dispuso a esperar su turno al menos tomaría un café.
-¿Molesta?- oyó la voz de un hombre demasiado cerca, nuevamente rodó sus ojos, ese hombre era intolerante.
-No.- se limitó a decir solo quería salir de allí y la mesera no se apuraba con su orden, sentía la mirada del sujeto clavada en ella y la situación la incomodaba cada vez más.
-Lo pareces…- dijo el sujeto del extraño sombrero nuevamente.
-Pues no.- se limitó a responder Amy con una sonrisa irónica.
-Oh, comunícaselo a tu cara, arrugas el entrecejo como una tortuga.- comentó con una sonrisa cerrando sus ojos, la muchacha se viró completamente hacia él y apretó los puños poniéndolos blancos.
-¿Cómo se atreve?- reaccionó la joven, pero aún en tono suave, siempre cuidaba ese aspecto.
-¿Nunca gritas?- soltó divertido el joven notando la cualidad silenciosa casi inadvertida de la hermosa joven de corto cabello azulado.
-No le importa.- respondió con enfado poniéndose roja. –Además las tortugas no tienen arrugado el entrecejo.- acotó dándole la espalda disponiendo a tomar su orden y dejar el dinero para irse de allí, el sujeto se la quedó viendo con detenimiento mientras se encogía de hombros.
-Oh, algunas sí…- dijo lo suficientemente alto para que la chica lo escuché parando la marcha, no se animó a girar sobre sus talones, solo respiró profundo y fue cuando sintió la mano del joven en su cabello, la sangre abandonó su cuerpo, se alejó rápidamente de él, no sin antes golpearlo repetidamente con su bolso en la cabeza atrayendo la mirada de todos. Esta vez el tipo se había pasado, ¿qué pretendía de ella?
Llegó al centro con paso rápido, agitada, recordando las palabras de su hermano.
"No confíes en los hombres hermanita, son todos unos pervertidos".
-¿Quién lo diría?- dijo en voz alta golpeando su frente con su mano, tantas veces había renegado de esas frases sobre protectoras y ahora esto…
Cuan lógicas sonaban esas pablaras ahora, pero su pesadilla no terminó, ya que ingresando a paso calmo por la puerta principal venia el loco del sombrero, ¡la había seguido el muy pervertido! Pensó en gritarle a los de seguridad, pero al parecer todos lo conocían ya que saludaban de manera amable, pensó, entonces que tal vez se trataba del loco del vecindario. Suspiró y peinó su cabello, hoy conocería al fundador del centro de investigaciones quien a base de donaciones convirtió el lugar en lo que era, el centro gratuito para todos aquel que tengan inquietudes útiles.
Subió por el ascensor a la oficina del ala este, no pasó mucho cuando la mujer vestida con un hermoso traje de sastre la hizo pasar. La oficina era amplia, con grandes ventanales en vista panorámica, una chimenea que permanecía apagada, grandes bibliotecas, frente a ella un sillón negro dándole la espalda, fue cuando notó humo saliendo del lugar, alguien estaba fumando, la manga de una camisa blanca se dejaba ver.
-Hola- saludó la chica, no recibió respuesta por lo que se sintió aun más inquieta sin saber qué hacer, tal vez no quería que ella hablara hasta que él lo hiciera, pasó sus ojos por el escritorio frente a ella, lleno de papeles, realmente desordenado junto a él un perchero con miles de prendas superpuestas y en la punta… un sombrero, no cualquiera… si no uno azul eléctrico, y por un segundo una visión vino a ella, como si se tratara de películas que asan en los cines ¿qué tal si el loco de cafetería resultaba ser su…..? No pudo terminar el razonamiento ya que el sillón giró dejando ver a un simpático ancianito calvo que sorprendió un poco al verla y luego le sonrió.
-Hola querida, no te había oído ¿hace mucho estas ahí? Debes disculpar a este viejo sordo.- suspiró con gran alivio, ya su mente le estaba jugando malas pasadas.
-Hola, mi nombre es Amy.- se presentó con una sonrisa. –Soy la nueva recepcionista.-
-¡Oh! Claro, si, si Adam me platicó de ti, qué alegría niña, pero ven acércate y toma asiento, no esperes a que yo me ponga de pie.- rió el simpático hombre contagiando a Amy quien tomó asiento delante de él. –Dime Amy ¿te gusta estar por aquí?-
-Sí, señor, me fascina.-
-Que bueno, pero no me digas señor, llámame Ben, mi nombre en Bejamin, pero lo abrevio.-
-De acuerdo… Ben.- asintió la chica, unos golpes a la puerta interrumpieron el momento.
-Un segundo linda- se excusó el hombre- Pasa, ya era hora, quiero que conozcas a alguien.-
La puerta detrás de Amy se abrió, pero ella no volteó ya que el anciano seguía hablando.
-Te presentare a la persona que maneja este lugar, ya que yo me retire hace unos años ya que sufrí un accidente cardiaco, es el responsable de las nuevas becas, oh… aquí esta.-
Y los ojos de una muy ilusionada Amy cayeron sobre el individuo a quien Ben le estrechaba la mano feliz, un individuo con vaqueros rotos, camisa blanca muy entallada y sombrero azul… su mirada fue rápidamente al perchero junto al escritorio, era seguro, esos sombreros se reproducían.
-Te presento a Amy Kou.- cuando oyó su nombre volvió a la realidad, una realidad donde un par de ojos verdes la miraban, una sonrisa de galán de cine le era dedicada, un hombre alto y con el mejor cabello que había visto. –Él es Armand Van Becker, el responsable de esto.
-Hola…- saludó muy tímidamente la joven.
-Hola…. Tortuguita.- sonrió el joven. –La chica del insecto en su cabello.- rió con sus manos en los bolsillos.
Fin del Flash Back
-¿Nos quedamos en la cama hoy?- propuso el muchacho luego de romper el beso. –No quiero levantarme…- se quejó con gesto fingido haciendo reír a la peliazul.
-Ni yo.- sonrió la muchacha. –No hoy.- dijo mordiendo su labio pícaramente.
-Me fascinas….- dijo para lanzarse al delgado cuello de la joven haciéndola reír con ganas.
o-o-o-o-o
El desayuno transcurría en silencio, no por el ánimo que momentos antes invadía la pelinegra si no por lo delicioso de la comida frente a ellos, al parecer no solo Makoto había heredado los dotes en la cocina de su madre.
-Delicioso hermano.- exclamaba feliz la pelicastaña luego de vaciar prácticamente el contenido del jarabe de cereza sobre el pequeño trozo de masa ante la mirada atónita de los presentes.
-Te va a dar un pico glucogénico.- musitó Rei con una gota resbalando de su cabeza.
-Gracias hermanita, oigan alístense para antes del mediodía, debemos estar en el centro de reuniones del pueblo.-
-¡La apertura!- gritó Makoto extendiendo sus brazos hacia arriba produciendo un sobresaltó en su amiga.
-¿Apertura?- interrogó confundida la pelinegra que aunque intentaba seguir a su amiga, le era imposible.
-Sí, Rei, la que da comienza al inicio de los preparativos del festival de invierno ¿Qué no te acuerdas?- explicó Dante extrañado, sí para él era un sacrilegio no darle importancia a esta fecha.
-Oh ese…- recordó con reproche a sí misma, era obvio.
-Sí, y tu vendrás y participarás.- dijo la pelicastaña llenando su boca de dulces. –Es divertido.- la joven pareció pensarlo y arrugó su entrecejo.
-Sí, Rei, no te dejaré decir que no.- se adelantó el carpintero a la reacción de la nieta de Nobu. –Todos participamos de la apertura, es divertido…- explicaba. –Verás todos los años un grupo de personas se encargan de una zona, nosotros siempre tomamos la cafetería y los puestos próximos a ella, y luego sorteamos quien trabaja con quien para no repetir, eso es algo más bien interno.- entusiasmado el peliplata.
-Lo hiciste para que no te toque Andrew hermano.- soltó Makoto mirándolo de reojo.
-Es es que es intolerantemente detallista.- bufó antes las caras de las jóvenes de un cantado "mira quién habla"-Aunque tú siempre trabajas con él.-
-Este año no.- dijo la chica sorprendiendo a ambos. -¿Qué? Quiero participar del sorteo.- se encogió de hombros. –Me aburrí de siempre hacer lo mismo.-
-Eso es nuevo, tu aburrida de la cafetería- comentó su hermano, al parecer la cocinera no dejaba de sorprenderlo.
-Hace mucho que no participo de un festival.- comentó Rei con gesto ausente.
-Y esta es una buena oportunidad amiga, estará Mina, oh será genial Rei.- vociferaba Makoto con sus manos unidas. –¡A cambiarnos!- pegó un salto de la silla.
-Mako, aun faltan tres horas…- comunicó con varias gotas Diamante, el timbre de la puerta sonó.
-¡Yo voy!- dijo la pelicastaña dejando humo tras su huída.
-Es un torbellino…..- dijeron al unísono los muchachos.
La rubia hacía horas que estaba despierta y es que no es para menos, la emoción de la vuelta a su hogar la traía entusiasmada, pasó la noche en vela buscando fotografías junto a sus amigas, rememorando ocasiones importantes y claro donde, aunque sea de espaldas, saliera cierto peliplata objeto de su deseo. Fue que ni bien el sol asomó tomó un baño, cargó su bolso rosa adornado con algunos gatitos y partió rumbo a la casa de Makoto, donde sabría se encontraría la pelinegra, claro todo cortesía de su chofer personal. Así fue que llegó a la casa estilo victoriana donde ahora se encontraba esperando ser atendida.
-Hola Minako.- oyó la voz de su amiga quien había abierto la puerta de par en par.
-¡Mako!- saludó efusiva.-Buenos días.- ambas ingresaron, Minako dejó su abrigo sobre el perchero junto a la puerta y se dirigieron a la cocina, donde la rubia comenzó a dar saltos por doquier logrando que Diamante se excusara rápidamente y saliera de la casa por "cosas que hacer".
No tardaron en subir a la alcoba de la dueña de casa donde Minako esparció por todo el escritorio, cama y suelo fotografías, cartas y cientos de objetos cada uno con su historia, cuestión que fue muy bien recibida por ambas chicas.
-¡Mina!- exclamó Rei sorprendida tomando una pluma color anaranjado con un símbolo en la punta, el símbolo de Venus. -¡La guardaste! No puedo creerlo… yo también tengo la mía.- dijo recordando la misma pluma solo que de color rojo y con el símbolo de Marte, sus planetas rectores según sus signos.
-Y yo la mía chicas.- soltó Makoto buscando su pluma verde, con el símbolo del planeta Júpiter.- Bueno… por aquí estaba.- se resignó llevando una mano tras su cabeza, ya que su cajón personal era un desastre. –Amy debe tener la suya… ¿Cuál era la de ella?-
-Mercurio.- dijo la pelinegra recordando a la perfección el día en que la compraron. –Solo faltaba la luna y estábamos completitas, recuerdo que venían de a cinco, pero el Sr. Ishida nos dejó fraccionarlo, porque solo éramos cuatro.-
-Cierto, cierto.- asintió la rubia con una gran sonrisa. –Ohh, ¿saben que traje? Mis cartas de tarot.-
-¡Leerás la fortuna!- exclamó feliz la pelicastaña, mientras los ojos violáceos de Rei se iluminaban, siempre le interesó muchísimo todo lo relacionado a ciencias ocultas, aunque el hecho que sea Minako quien lea su futuro no estaba exclusivamente en sus expectativas.
-Tomen asiento chicas.- indicó la hermosa rubia señalando el suelo junto a ella, las chicas hicieron lo pedido, Makoto cruzando las piernas como la rubia, mientras que Rei se arrodilló, sentándose en sus piernas. –Bien… ¿Quién será la primera?- interrogó mezclando un mazo de cartas de colores chillones, la pelicastaña levantó su mano animada y esperó.
-Bien, sacaré nueve cartas, cada una representará algo en tu vida, la primera es…. Tú antepasado lejano….- al finalizar la frase bajó una de las cartas y la cara de Minako se horrorizó. -¡El osito panda abrazando a su mama!- gritó son su rostro ensombrecido.
-¿Eso es malo?- interrogó la pelicastaña llevándose una mano a su boca a causa de la impresión.
-¿Eso es una carta del tarot?- soltó Rei con una gruesa gota en su cabeza.
-¡Es terrible!... es… trágico… es….- la palabra que Minako buscaba era urgentemente esperada por una Makoto quién ya estaba buscando qué o quién podía querer hacerle daño. – Ah no solo una postal que me enviaron.- dijo mientras las jóvenes caían hacia atrás. –Falsa alarma, vamos de nuevo.-
-¡Mejor con Rei!- se apresuró a decir la pelicastaña, temiendo que su corazón no tolere otra "falsa alarma" proveniente de su amiga. –Vamos amiga.- animó a la amatista quien sólo miraba incrédula. –Dale una oportunidad Rei.- insistió Makoto.
-Sí, dale una oportunidad Rei.- repitió la simpática rubia. –O comenzaré a hablar en tercera persona y…-
-¡Ya!- soltó la pelinegra. –Vamos…-
Ambas jóvenes se quedaron en silencio unos segundos ante la mirada atenta de Makoto, Rei se descruzó de piernas, cuestión que señaló la "tarotista improvisada" que era necesario, claro que jamás se lo había dicho a la duela de casa. Cortó en tres partes la columna de cartas, diciendo intentar una nueva técnica, le hizo elegir a la pelinegra una pila y se dispuso a explicar.
-Bien Rei, se ve que eres complicada amiga.- suspiró la chica mientras extendía las cartas.
-¿Por qué es eso Mina? ¿Qué ves?- interesada Makoto.
-Nada aún, pero eligió la columna que más tenia, me hará hablar mucho.- rió mientras se llevaba una mano detrás de su cabeza. –Bueno ahora sí.- su rostro se tornó serio, dio vuelta la primera carta. –La torre que se cae, hay grandes cambios en tu vida que provocan un cambio fuerte en tu rutina.-
-No me digas…- murmuró Rei con una gota en su cabeza, mientras la pelicastaña la golpeaba con su codo.
Minako siguió dando vuelta más cartas. –La rueda de la fortuna… invertida…. Siguen los cambios Rei.- al dar vuelta la tercera carta el gesto en el rostro de Rei y Makoto cambió ya que era una calavera que sostenía una especie de arma. –La muerte.- dijo la rubia sin cambiar el semblante, con lo acontecido la noche anterior Makoto no pudo evitar pensar en lo ocurrido con el prometido de su amiga. –Es bueno.- dijo de repente Minako atrayendo la atención de ambas jóvenes. –Todo se relaciona con el cambio, con la transición, al igual que esta que di vuelta la sacerdotisa.- dijo con una sonrisa. –Se relaciona con tus emociones más profundas, te recuerda que necesitaras coraje para afrontar los cambios…. Y ahora sí la última carta….- la rubia dio vuelta la carta con lentitud. -¡Los enamorados!- exclamó feliz. –Por eso tanto cambio y paciencia amiguita, porque el enamoramiento no se da de la noche a la mañana- rió feliz mientras la pelicastaña la acompañaba.
-Ay dios Mina… no estoy nada más alejada de eso.- se quejó cruzando sus brazos.
-Yo te digo que si nena, incluso puede ver que es un hombre muy fuerte, bueno y sobre todo….. de cabello oscuro.- finalizó con gotas en su cabeza y una gran cabeza. La nube rosa detrás de Makoto había crecido tanto que dejaba poco espacio en la alcoba, ya que de solo nombrarle "amor" la chica estaba planeando la boda de Rei.
-No estoy para eso ahora.-
-No te cierres al amor Rei.- la regañó la dueña de casa. –Siempre hay alguien y puedes encontrarlo incluso a la vuelta de la esquina… todo puede ocurrir, próximamente.-
-Que idiotez, dijiste lo mas trillado Minako.- se quejó Rei de nuevo.
-Dije lo que las cartas me dijeron-
-Cielos…-
-¡Chicas!- exclamó Makoto poniéndose de pie rápidamente. –¡Es hora!-
-Te pones loca con ese festival además…- Rei no pudo seguir quejándose ya que al festejo de su amiga se había unido la rubia.
-¡Festival!- gritaban juntas al unísono.
-Amy, te extraño.- murmuró la pelinegra llevándose una mano a su frente.
o-o-o-o-o
El centro de reuniones estaba concurrido, las chicas junto a Diamante llegaron y tomaron sus asientos, encontrándose rápidamente con Andrew y Kunzite que ya habían llegado, luego de acomodarse, y Mina pegársele al pelilargo quien estaba más inexpresivo que otras veces, divisaron llegar a Kouta montado en su bicicleta verde.
-¡Kouta!- alzó su mano el dueño de la cafetería. –Ven aquí.- le indicó el asiento. Las personas se aglomeraban ante la mirada atenta de la amatista ¡tantas personas cabían en este pequeño pueblo! Nunca había notado la cantidad de niños y adolescentes, sí que era un pueblo que le gustaba dar afecto. Centró su mirada en una pareja, se veían tan felices, fantaseó ser la joven a quien la estaban abrazando, pero un escalofrío le recorrió la espina, ya que en lugar de imaginarse a Nathan abrazándola, era otra persona, Seiya. Otra vez esa ridícula obsesión volvió a ella, no era un secreto que de niña sintió cosas por él, pero era eso: una niña, caprichosa, idealista, mimada. Ciertamente el regresar al pueblo la afectaba de varias maneras, sus amigos seguían platicando animadamente desconociendo los pensamientos de la pelinegra.
Fue cuando sintió la calidez de una mano sobre su sombro que volteó y se encontró con las pupilas azules de Seiya Kou.
-Seiya.- dijo sintiendo como sus mejillas se teñían de un profundo rosado, rogando que bajara.
-Hola Rei.- la saludó con una sonrisa, lejos estaba el gesto tosco del pelinegro de la noche anterior, lo único que quería era verla y alejar los pensamientos poco gratos que vinieron a él, recordó la promesa que había hecho la noche que acompañó a Rei al hospital, se dejaría de bobadas, y pondría las cosas en su lugar, como debía ser. – ¿Cómo estas pequeña?- le preguntó tomando asiento junto a ella, mientras los chicos que se percataron de su presencia lo saludaban con un ademán de manos, la pelinegra sonrió ante la pregunta y respondió un sencillo "bien" aunque el malestar de la manera en que la había llamado se hacía notorio.
No quería ser pequeña, quería ser solo Rei, la Rei con la que discutió desde que llegó al maldito lugar, fue cuando se preguntó por qué el trato tan cordial, ni siquiera una broma irónica, y aunque le molestaba aquello, hoy extrañó esos detalles.
Por su lado el pelinegro, experimentó sensaciones que hacía años no sentía, ¡estaba nervioso! Su cuerpo estaba rígido, se sentía tenso de solo pensar que Rei estaba a su lado, la Rei que imaginó haciendo el amor con otro, con un tipo de la ciudad, la misma que la noche de la cena estaba maravillosamente hermosa, la que despertó en él aquel instinto de hombre que estaba dormido hace tiempo la noche en que la vio dormida bajo la luz de la luna, la proximidad de sus rostros, apretó los ojos, solo era cuestión de pasar el día, ya luego se la cruzaría poco y nada con todo lo de los preparativos.
La apertura dio comienzo, no fue sorpresa saber cuál era el sector que le tocaba al grupo formado por los chicos y él. Para sorpresa de todos, Takeshi Aino junto con su esposa estuvieron presentes, al parecer la gala de mascarás que daría el cierre al festival sería benéfica y se llevaría a cabo en la mansión Aino para emoción total de la rubia quién claro estaría a cargo de la decoración, que a su vez alivió a cierto peliplata por saber que su nombre junto con el de Minako no estarían dentro de un sombrero bajo el poderoso y misterio azar.
Así fue que luego de ciertas palabras de formalidad, y unas cuantas dedicadas a Nobu por los miembros más antiguos de comité, dieron como finalizado el acto. Todos empezaron a abandonar el lugar a excepción de un numeroso grupo. Fue así que Kouta trajo su sombrero de la suerte y Dante se dispuso a escribir los nombres de cada uno de los que participaría.
-Bueno. Comenzó Dante. – ya estamos todos.- dijo con una sonrisa. –Mina has los honores.- se acercó a la rubia y esta metió su mano revolviendo el contenido.
-MMhh Dante y…..Kunii!- exclamó feliz mirando al peliplata de largo cabello con estrellas en los ojos. –Procuraré estar cerca.-
-Ya Mina.- dijo Andrew. –El resto se sabe, Mako trabaja conmigo, y Seiya y Kouta quedarán juntos.-
-Yo participaré del sorteo esta vez.- comunicó Makoto atrayendo la mirada del rubio.
-¿Por qué? Siempre lo hacemos juntos…- dijo confundido, no le gustaba no estar con Makoto, él siempre estaba con Makoto en los preparativos y por una extraña razón la entera situación lo ponía notoriamente incómodo.
-Solo quise participar este año.- explicó encogiéndose de hombros. –Además Rei también lo hará.- comunicó feliz, mientras Seiya levantaba escasamente la mirada del suelo para clavarla en la pelinegra quien le daba la espalda.
-Seguimos.- feliz Minako mientras seguía metiendo su mano en el sombrero negro. –A ver… ¡Kouta!-
-¡Presente Señorita Aino!- saludó con una venia militar el pelicastaño haciendo reír a los presentes.
-Ay eres todo un galancito.- sonrió pícaramente mientras seguía revolviendo en el sombrero. –A ver Kouta trabajará con…. ¡Makoto!-
-Bien, esto no puede salir mal.- dijo el compositor mientras le sonreía a la joven quien había golpeado sus manos en señal de festejo.
-Bueno ya solo quedan Andrew, Seiya y Rei.- dijo la rubia.
-También te agregué Minako.- dijo Diamante.- Ya sabes por más que decores tu hogar, allí habrá mucha gente, es por ello que te incluí para que le prestes ayuda a otro, de lo contrario uno de nosotros quedaría sin un compañero o no alcanzaríamos a dividirnos los puestos.- explicó.
-Me parece bien.- aceptó Andrew quien se había puesto muy molesta ante la idea de quedar solo.
-Oh.- musitó Minako y su mirada se ensombreció.
-¿Qué pasa Mina?- preguntó Makoto quien estaba junto a ella.
-Que desde un comienzo Kuni y yo estuvimos bajo la influencia del azar…. Pero no nos quiso juntos.- resignada la alegre rubia.
-No te desanimes Minita.- la alentó el pelicastaño. –Tal vez tu puesto esté junto a él.-
*PLOP*
El sonido correspondió al golpe dado por el pelilargo a la cabeza de Kouta, Kunzite jamás cambió de semblante en toda la acción e increíblemente nadie había notado lo ocurrido, solo un adolorido compositor quien miraba a sus lados buscando un culpable, solo encontrándose detrás de él el mecánico.
-No puede ser.- dijo para sí Kouta mientras se sobaba.
-¡Ya!- exclamó feliz la rubia. –Salió mi nombre y mi compañero o compañera será…..- decidió dar suspenso. -¡Seiya!- exclamó con desanimo. –Yo quería a Rei… o Andrew… o Kuni…o Dante…O Kouta…-
-Gracias Minako.- dijo Seiya con sarcasmo, ciertamente era un alivio no tener que trabajar con Rei, aunque muy en su interior estaba decepcionado.
-Eso deja a Andrew junto a Rei.- dijo Dante mientras se ponía su abrigo. –Bueno Rei te tocará decorar la cafetería, Makoto y Kouta estarán en el jardín de niños y el parque, Kun y yo estaremos justo en frente en la biblioteca pública.- finalizó con una sonrisa, mientras la pelinegra asentía.
-Bueno Rei, no te pongas en mandona ehhh- advirtió con jocosidad Andy. –Mira que tengo mis tiempos.-
-Claro que no Andy.- dijo con una sonrisa.
-¿Y donde estaremos nosotros?- interrogó Minako con cierto interés.
-Bueno donde Seiya siempre trabaja en el conservatorio y la escuela.- explicó con paciencia Andrew.
-Oh…- exclamó una decepcionada Minako ya que eso no se encontraba nada cerca de donde Kunzite estaría. –Oye Rei.- llamó a su amiga. -¿Me cambias? Quisiera trabajar con Andy.- pidió cordialmente la rubia sonriendo inocentemente.
-¡Ya se pelean por mi!- rió tontamente el rubio ante la gota en la cabeza de los presentes.
La repentina petición de la rubia no le sonó muy descabellada al músico, bien sabia que lo que Mina quería era estar cerca de su socio, pero a él no le molestaba para nada estar cerca de Rei, debía admitir que esa necesidad de alejarse se convirtió en todo lo contrario, tal vez tendrían tiempo de recuperar un poco de ese tiempo perdido y tal vez…. Saber más acerca de ella y su vida en la Ciudad. Minako miró con expectativa a su compañero, buscando aprobación, éste solo se encogió de hombros.
-Por mi está bien.- dijo Seiya restándole importancia al asunto, el corazón de Rei dio un salto ante aquellas palabras, todos estaban organizando sus tareas, pero las suyas quedaron a disposición de su amiga, lo que significaría pasar tiempo a solas con el cambiante y malhumorado Seiya, pero después de todo ¿no es lo que quería desde que llegó allí? Estar cerca de su amigo, de su siempre confidente, de…. Sí, de él.
-¿Andy?- interrogó la rubia.
-Por mi está bien Mina, con quien me toque está bien.- respondió con simplicidad. -¿Rei no tienes problema tu?- interrogó al fin el dueño de la cafetería. –Mira que si me prefieres lo entiendo, es muy comprensible…-asintió con una sonrisa.
-Yo…- comenzó a hablar la pelinegra ante la mirada de todos, excepto la de él, quien parecía sumido en sus pensamientos, y por primera vez desde que llegó sintió una necesidad casi urgente por saber en qué pensaba Seiya, por qué se había vuelto tan indescifrable, incluso para ella.. –No hay problema.- finalizó con una sonrisa, mientras los ojos azules como la noche se clavaban en sus amatistas.
-¡Arreglado!- exclamó la rubia abrazando a sus amigas. –Oh Kuni, el azar si nos unió al final.- dijo con una sonrisa, mientras el pelilargo permanecía serio e ilegible. –Ya lo sé qué estás feliz, puedo verlo….-
-De acuerdo, no sabía que Minako tenía vistas de rayos X.- murmuró Kouta por lo bajo escuchándolo Makoto quien rió por el comentario.
-Que ocurrencias Kouta.- exclamó.
-Me gusta mucho cuando te ríes, tu risa es linda.- le dijo el pelicastaño sonriéndole también, mientras la mirada azul de Andrew caía sobre ellos, y algo dentro se movilizaba, esa escena no le fue indiferente, fue como si varias cosas se le vinieran encima y como si la incertidumbre fuera lo que viviría próximamente.
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N/A: Hola a todos luego de una larga ausencia! (al menos para mí lo fue) perdón por la demora, pero parece que los planetas se alinearon, el agujero en la capa de ozono se achicó, los mares se endulzaron, el cabello platinado junto con extensiones por debajo del trasero se hizo elegante, ya que tanto Made como yo estábamos sin lap top T.T
Ciertamente yo tenía este capítulo escrito, cierto que me gusta adelantar, pero el problema radicó en que Made es la que lee mis capítulos antes y bueno hace sus observaciones, al estar ella sin lap top no pudo hacerlo y por ende no podía subirlo.
Alto ahí ya que no es culpa de Made! Es culpa de lo mencionado anteriormente (planeta, agujero de ozono, mares, cabello platinado u.u) en fin, pero he aquí un capítulo más de esta loca historia. (No tan loca como "En otoño se usa novio" pero no tan alejada)
Debo decir que…. Nada! Jajajaja creo que dije todo, muchos saluditos y abrazos a todas mis lectoras! Gracias chicas esto continua gracias a ustedes! =)
Nicky
