N/A: mi canción favorita de blues acompañará este capítulo "blue moon" aunque adoro a Billie Holiday, escogí a Julie London esta vez, espero les guste… enlace you tube:

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El Sonido de la Música

¿No has sentido en la noche,

cuando reina la sombra

una voz apagada que canta

y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen

las silentes y trágicas notas

que mis dedos de muerto arrancaban

a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía

deslizarse en tu boca,

ni sentiste mi mano de nieve

estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños

por el aire vagar una sombra,

ni sintieron tus labios un beso

que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,

que te vi entre mis brazos, miedosa;

que sentí tu aliento de jazmín y nardo

y tu boca pegada a mi boca."

Gustavo Adolfo Bécquer

Poeta Español – de su obra "Rimas"

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La habitación permanecía en penumbras, solo el sonido de un grifo se oía a lo lejos, el agua corría libremente en el cuarto de baño, de donde provenía un delicioso aroma de manzana con canela, la joven quien vestía una bata color anaranjada se adentró al cuarto de baño apenas teniendo visión a causa del vapor, deslizó la suave túnica, descubriendo su cuerpo desnudo, llevándose sus manos hacia su pecho, respiró hondamente y fue cuando… corrió y en estilo bomba ingreso en la tina de burbujeante agua.

-¡WIIII!- exclamó estirando sus brazos al cielo mientras miles de burbujas explotaban a su alrededor.

-¿Hija?- oyó una amable voz que ingresaba a su alcoba.

-Aquí mami…- respondió la chica entre espuma.

-Mina apúrate que ya es hora de desayunar además hoy deberás empezar tus tareas en el festival.-

-Siii, mama.-

-Esta niña…. Crece tan rápido….- suspiró la siempre romántica Sora Aino.

Y es que esa mañana particularmente fría, pero con un hermoso cielo azul, que no albergaba ninguna nube parecía especial, el sol brillaba radiante, y las personas estaban más que animadas, después de todo la rutina de un simple pueblo, tan monótona, cambiaría al fin. El entusiasmo inundó a todos, a todos menos a algunos…

-Que te digo Kun, los colores cálidos quedarían mejor, ya sabes… para que la gente no sienta el frio que hace.- explicaba el rubio dueño de la cafetería, quien servía el desayuno a su amigo, y aunque no había articulado palabra alguna más que un "hola" cuando entró Andrew supuso los gustos del pelilargo y ya discutía al respecto. –Espero Minako llegue pronto, digo Makoto siempre estaba antes que lleguen a desayunar las personas… quien por cierto no han venido todas, es el festival ¿sabes?- relataba.

-Andy.- fue la voz del hermano de Makoto quien interrumpió el monologo. -¿Me das los cafés para llevar? Queremos comenzar ya.-

-Que temprano….- murmuró el rubio mientras preparaba los cafés. -¿Y Makoto?-

-Kouta pasó por ella hoy bien temprano.- informó calentando sus manos alrededor de la humeante taza que terminaba de beber.

-Oh… no pasaron por aquí…- dijo pensativo, ante la mirada de sus amigos. –A desayunar… tú sabes.- habló rápidamente, sintiendo la necesidad de explicarse.

-No, Makoto preparó un desayuno en casa, pero me levanté tarde así que no pude probarlo.- relata Diamante recordando los deliciosos pasteles, jaleas y galletas. –Debo ponerle un grillo…- dijo para sí, aunque demasiado alto para descubrir que todos lo observaban con un extraño gesto . – Ya saben para que nunca me deje.- rió y se llevó una mano tras su cabeza.

-Algún día lo hará, nos dejara.- dijo Kunzite mientras tomaba la orden que el rubio dejo sobre el mostrador, seguido del peliplata.

-Algún día…- murmuró Andrew sintiendo algo extraño en su pecho que no experimentaba por primera vez.

o-o-o-o-o

-Algún día.- era lo que se repetía el pelinegro mientras echaba el último vistazo a su piano, pensando en las cuerdas jamás cambiadas, antes de tomar las llaves de su camioneta para salir de su casa con rumbo al templo donde recogería a Rei para comenzar con la decoración.

Subió a su vehículo, encendió el motor y acto seguido la calefacción, aunque tardara en aclimatar el lugar, al menos cuando la pelinegra arribara no se le congelarían los huesos, como le había ocurrido a él. Encendió la radio y sintonizó la única emisora que llegaba al lugar, para su fortuna pasaban buena música, por lo que no podía quejarse, rió al recordar los berrinches que la pequeña Rei Hino hacía las tardes de verano en que la llevaba a su casa y oían la misma emisora, nunca se sabía las canciones, por más que se repitieran una y otra vez, porque aunque buena música, el repertorio no era exactamente extenso.

Por su mente pasó que pasaría los próximos días junto a la pelinegra, y no habría manera de evitarlo, apretó sus manos en el volante, no quería evitarlo, Rei despertaba algo dentro de él, algo que creía dormido, y eso era su instinto más primitivo, pasó por varias etapas, por el odio, por la molestia, por la necesidad de oírla, por los celos enfermizos que lo atacaron luego de esa cena… y ahí cayó en la cuenta que la amatista tenia dueño, que ella había tomado una decisión y fue cuando nuevamente su instinto se alzó y el fuego lo quemó, la idea le molestaba demasiado, tal vez por sentirse desplazado… en algún momento intuyó que Rei sintió algo por él cuando era una adolescente, y el saberse de alguna manera desplazado despertó aquel sentimiento de posesión, por otro lado su razón gritaba que él no debía competir con nadie, porque simplemente no tenia chance alguna, que el estar solo tanto tiempo lo estaba enloqueciendo, que él solo seguir soñando con la amatista desnuda sobre su cama lo enviaría directamente al loquero, y otra vez su instinto ocupó su pensamiento, no estaba loco, era un hombre que hacia mucho no tenia sexo y ella era una joven muy atractiva, sonrió, eso era, no estaba pensando de manera indebida en ella, era normal, seguramente a Andrew o Diamante o incluso a Kun… bueno no el ultimo le había ocurrido lo mismo.

Frunció el ceño, esa idea no le era agradable, era mejor no pensar más y solo posar sus ojos en la carretera, su vista se posó unos instantes en las nubes que cubrían las montañas a lo lejos.

-Tormenta de nieve….- musitó. –Se adelantará este año.-

Cada cierre del festival de invierno atraía con él la llegada de una terrible tormenta de nieve, a la que los lugareños ya conocían bien, nada se dijo en el pronóstico de un posible cambio de planes de la madre naturaleza, pero si algo le había enseñado haber vivido 25 años en ese lugar era que conocía bien los cambios en el cielo, los colores y densidades de las nubes y algo le decía que este año la nieve se adelantaría, al parecer había cambios profundos en el lugar.

No pasó mucho cuando llegó a la intersección donde el templo se encontraba, podía sonar trillado, pero extrañaba tanto ver a Nobu barriendo la entrada, cuánta razón tenía ese viejo pícaro esa noche en el hospital.

Flash Back

Seiya hizo caso a la petición del anciano y pasando junto a la pelinegra ingresó en la habitación de hospital, oyó el sonido de la puerta tras él cerrarse y tomó asiento en la silla de caño, levantó su mirada para encontrarse con un pensativo Nobu quien solo veía un punto perdido en el cuarto.

Era extraño verlo tan serio, tan callado, supuso entonces que lo que iba a relatarle era serio, y por un instante un escalofrío le recorrió la espina, lo sintió acomodarse en la cama con esfuerzo y decidió ayudarlo, acolchonó la almohada de funda beige y el anciano suspiró.

-Gracias Seiya.- le dijo con su voz simpática y le dedicó una sonrisa, el joven asintió y devolvió el gesto, entrelazó sus dedos y descansó sus codos sobre sus piernas. –Tus manos están maltratadas.- lo oyó decir.

-¿Qué?- vaciló unos instantes no esperando aquél comentario.

-Tus manos.- insistió estirando una suya y tomando al joven por la muñeca, obligando a descruzar sus dedos. – antes eran manos delicadas, como debe tener un pianista, más no débiles, ahora aunque fuertes están maltratadas, abandonaste tu sueño hijo mío.- el pelinegro tragó saliva, sí lo había abandonado, pero quizá…

-Quise volver a tocar estos últimos días, pero las cuerdas de mi piano no sirven.- se excusó torpemente.

-Bueno.- sonrió el anciano dando el tema por terminado, aunque dejando el manto de la duda sobre el momento, Nobu no era fácil de engañar. –Seiya ¿cómo anda tu pequeña hermana?-

-Bien, ella está bien aun en el extranjero.- respondió sabiendo de memoria esa respuesta, harto de la misma cuestión.

-Oh, salúdala cuando la veas.- soltó Nobu extrañando a Seiya, podría pasar meses antes de verla, sin embargo el anciano continuo hablando. –Quiero agradecerte por haber traído a mi nieta a verme hoy, de verdad me hacía falta un poco de compañía y… comida.- guiñó el ojo al decir esto último y el joven sonrió.

-No es nada, pasaba por allí y bueno…- intentó explicar, pero la risa sonora y casi perruna del hombre junto a él lo interrumpió.

-Pasabas por allí y supongo que pasabas por aquí.- claramente se estaba burlando, pero ¿qué hacer con aquello? Era obvio que no solo "pasaba por allí" la cafetería quedaba en el centro del pueblo y su casa en la dirección opuesta adentrándose a él, mientras que el hospital estaba en el otro extremo, jamás estaría de pasada, de repente la risa se apagó y sus pupilas azules buscaron el gesto de Nobu que se había tornado extrañamente pensativo.

Mi nieta es toda una mujer ya Seiya.- dijo como intentando marcar un punto. –Rei es una mujer, hecha y derecha como su madre.-

-Lo es.- asintió el joven, claro que lo era, a nadie se le podía escapar a la vista aquello. –Una muy hermosa.- pensó en voz alta no percatándose de aquello pero haciendo al anciano achicar más sus ojos a causa de su sonrisa.

-Ella ha pasado por mucho hijo mío.- dijo el anciano calvo atrayendo la mirada del pelinegro. –Ha sufrido muchísimo mi pobre nieta, ella es fuerte, pero hasta los más fuertes tienen momentos de debilidad, momentos en que va a flaquear, y pronto sucederá.- dijo como si esa predicción tuviera más de certeza que de palabras al aire.

-Ella es una chica fuerte Nobu.- el aludido clavó su vista oscura en él, oscura, y descubrió en ella destellos amatistas. –Siempre lo fue.-

-Hasta el más fuerte necesita de amigos, y ella no es la excepción.- determinó rotundo.

-¿Qué es lo que tratas de decirme?- interrogó el pelinegro extrañado de tanta plática redundante.

-Nada hijo mío, ¿Por qué debe haber un mensaje tras mis palabras? No pretendo nada, solo hablar con alguien, como tú lo necesitas, como Rei lo necesita, como todos lo necesitamos en algún momento.- finalizó sonriendo.

-Ella tiene a su familia en la Ciudad.- soltó Seiya con cierta rudeza. –Su padre.- aclaró ante la mirada de Nobu que pareció echar llamas con la sola mención.

-Takashi hace mucho que no es familia de mi nieta.- dejó en claro mientras el pelinegro seguía con la mirada clavada en sus manos, de nuevo entrelazadas. –Él no ocupa un lugar en el corazón de mi nieta, y muy a mi pesar tampoco ya en el mío. Muchas cosas ocurrieron Seiya, solo te pido una cosa.- la mano de Nobu se posó en las del joven y éste alzo su vista. –No te alejes, no cometas el error que Takashi, el padre de Rei, cometió hace muchos años.-

-No me compare con ese tipo.- rugió molesto, soltando el agarre del anciano.

-No te cierres a las personas hijo mío, ese fue el error de mi yerno, la vida le quitó mucho, pero lo premió con otras tantas cosas que él jamás vio.-

-Tanto él como mi madre están muertos para mi… tan muertos como mi padre Nobu.- había dolor en las palabras de Seiya, bien sabido era que tenía una estrecha relación con su padre, incluso más cercana desde que su madre los abandonó y la muerte de éste lo golpeó duro, pero el comparar a dos personas, que hasta donde él sabía, estaban vivas con su difunto padre fue duro.

-Seiya.- lo llamó intentando haciéndolo volver a su centro. –Ella sigue siendo la misma, la misma niña traviesa en la que alguna vez… en la que alguna vez encontraste esperanza, no te alejes de ella, hazlo por Rei, pero sobre todo hijo mío… hazlo por ti.-

-Nobu…-

Fin del Flash Back

Detuvo la marcha y suspiró, dirigió su mirada hacia las escalinatas, se debatió entre hacer sonar la bocina o el teléfono móvil de la pelinegra, fue cuando la vio salir apresurada, traía unos pantalones de mezclilla grises gastados ceñidos al cuerpo y una blusa holgada de tela gruesa color negra, botas de caña alta en color suela, en juego con su gran, gran bolso que no hizo más que hacerlo reír, solo iban a decorar no de viaje, su abrigo color te con leche hondaba a medida que ella descendía las escaleras con graciosa velocidad, como si flotara cada vez que decencia un escalón. Por un segundo un recuerdo invadió su mente, las veces que había ido por Amy al lugar, y ambas jóvenes, junto con Makoto bajaban las escalinatas a velocidad, su hermana siempre fue la más cuidadosa, pero igualmente cuando Rei le tomaba su mano su confianza se reafirmaba.

Abrió la puerta del acompañante sin bajarse y el viento frío lo golpeó en el rostro, la joven subió al vehículo con rapidez y estrelló la puerta al cerrarla.

-Perdón.- la oyó decir, mientras él solo rodaba sus ojos.

-Ponte el cinturón.- le dijo y al fin sonrió, fue cuando notó su cabello húmedo. –Vas a enfermarte Rei.-

-Claro que no.- negó ocupada en abrochar el cinturón que no cedía a su agarre, forcejeaba ante la divertida mirada atenta del conductor.

-Déjame ayudarte Rei.- ofreció zafándose del agarre del suyo e inclinándose hacia la joven, al instante una fragancia a vainilla lo invadió ingresando por sus fosas nasales y calando profundo, dejando a sus sentidos en jaque por unos segundos en los que prosiguió con su empelo de ayudarla. –Está atorado.- dijo haciendo fuerza.

-Este vehículo es tan viejo como tu.- maldijo con pésimo humor mientras refunfuñaba por lo bajo, por un instante a ambos les pareció estar viviendo un dejavu, como si el momento se repitiera, como si la cercanía entre ellos fuera una cotidianeidad.

-Ya.- lo oyó decir mientras se incorporaba y se acomodaba en su lugar. –Hoy será un día duro.-

-¿Qué no lo son todos?- remató la chica mientras el vehículo comenzaba a andar, y los pensamientos de Seiya se perdían por un instante en aquellas palabras que captaron su atención.

o-o-o-o-o

-¡Te digo que así no!- exclamaba por tercera vez con los brazos en jarra la muchacha de largo cabello rubio.

-Mina, no puedo ponerlo más arriba, no soy un gigante, no mido 4 metros y la escalera no llega.- explicaba el dueño de la cafetería en la que algunos curiosos y otros tantos clientes miraban con diversión la escena que la muchacha y el joven protagonizaban, en sus manos llevaba un cartel con la leyenda "Festival de inverno, festival de amor". –Además no sé qué tenga que ver una cosa con la otra…-

Comenzaron a decorar ni pasados los cinco minutos de la llegada de Minako, la chica ingresó saltando y con varios objetos brillantes en una bolsa más que extravagante, que resaltaba con sus pantalones de mezclilla rosa y su sweater de gruesa lana blanca con pompones en los puños, botas de piel marrón, un abrigo a tono y su cabello atado con su clásico moño que esta vez era rosa.

-Tiene Andy, ya lo verás, la noche de máscaras será el día que me le declare al fin a mi Kuni.- dijo entrelazando sus dedos y formándose en sus ojos estrellas.

-Yo creo que como que lo sabe…- intentó razonar el dueño del lugar con la chica que atraía más de una mirada masculina. –El mundo lo sabe.-

-Una cosa es intuirlo Andy, otra decirlo.- finalizó el tema la rubia con una sonrisa. –Oye, ¿no deberíamos llevarle a Dante y a Kuni unos cafés? Digo debe hacer frio, además no es justo que nosotros tengamos todo esto y ellos nada.-

-Mina, primero esto es una cafetería, de eso vivo, y segundo los chicos se llevaron café...- las palabras fueron acalladas por la mirada más asesina que la rubia le había dirigido nunca jamás. –Y creo que es una excelente idea.- al fin cedió, no se pondría en peligro físico por negarse a algo simple y que sin duda le traería calma por unos segundos, se dispuso a prepararlos ante la mirada ilusionada de la chica.

-Genial, ¡yo se los llevo!-

-No me digas Mina…- dijo mirándola de reojo con una gran gota en sobre su cabeza. -¿Por qué no me quedé con Rei?- murmuró cabizbajo, mientras la rubia se acercaba a él con una sonrisa.

-Porque Seiya lo deseaba más que tu, tonto Andrew.- dijo para tomar los cafés y retirarse saltando.

-Es rara lo digo…-

Mientras tanto en el parque central justo frente a la escuela, las decoraciones iban viento en popa.

-Lo digo.- exclamó el joven de cabello castaño. –Que nos toque el parque con este frío es un castigo Mako, un castigo de veras.-

-Ya no te quejes Kouta, para eso estoy yo aquí.- rió la ojiverde vestida con unos pantalones cafés entallados y un grueso abrigo color verde que hacia juego con los detalles verdes en su gorro de lana marrón. –Olvidé mis guantes eso es terrible.- se quejó con un puchero.

-Ya te dije que yo te doy los míos.- reiteró Kouta quien seguía colocando con cuidado las luces sobre las ramas de los árboles. –Es mala idea esto de las luces Mako, ¿Qué tal si llueve? Creo que está mal organizado esto, además por más que sean de exteriores con las protecciones las instalaciones eléctricas embutidas están muy maltratadas, me temo que estos cables son muy viejos.- comentaba abstraído en sus razonamientos ante la mirada atenta de la joven, percatando s de ello el pelicastaño, quien dirigió su mirada azul hacia ella y le sonrió. -¿Qué ocurre?-

-No, nada.- respondió sacudiendo su cabeza hacia los lados. –Es solo que no sabía que entendías de instalaciones eléctricas y esas cosas.-

-¿Esas cosas?- interrogó divertido. –Electrónica.- le corrigió sin dejarle de sonreír.- No toda mi vida trabajé en imprentas Mako, hice muchas cosas desde pequeño, puedo decir que me las arreglo bien para hacer un poco de todo.- dijo encogiéndose de hombros. –En casa eran todas mujeres, y las cosas no esperaban a que papá llegara del trabajo para descomponerse así que ahí estaba yo.- explicó.

-¿Tienes muchas hermanas Kouta?- preguntó la hermana de Diamante mientras ayuda al joven en su tarea.

-Sólo tengo dos hermanos hombres, pero son mayores que yo y se fueron de casa ni bien comenzaron la universidad, yo me quedé viviendo con mi papá y mi mamá, al tiempo se nos sumaron mi abuela y mi tía, hermana de mi padre, con sus tres hijas mujeres.- relataba con una sonrisa recordando aquellas épocas.

-Oh bendito seas entre todas las mujeres Kouta.- bromeó la joven haciendo reír sonoramente al muchacho.

-Debo decir que tiene muchas ventajas, como ropa impecable, comida deliciosa y gran orden, pero claro no todo es color de rosa ya que ustedes gozan de un carácter peculiar.-

-¿Peculiar?- interrogó Makoto levantando una ceja y torciendo la sonrisa.

-Ehhh… tú sabes Mako, no te me vayas a ofender ehh.- advirtió con cierto temor, según su experiencia las féminas no eran para nada descifrables, lo sorprendían constantemente, como cuando descubrió que su abuelita era una groopie de una banda de blues.

-Nunca, sé que no pueden vivir sin nosotras.-

-Ni que lo digas Mako.- asintió el joven.- Ahora ayúdame sosteniendo esto y luego lo pasamos por allí.- continuó explicando.

De explicar era de lo que estaba agotado Dante, claro que no por su amigo pelilargo quien realizaba su parte de manera silenciosa, si no que a cierto grupo de niñas quien no perdieron oportunidad en buscarles conversación a ambos jóvenes, siendo el único que respondía Diamante, la idea de instruir a niñas que escasamente superaban los 12 años de edad y los miraban con corazones en sus ojos era sumamente molesta e incómoda para alguien tan conservador como él.

-La biblioteca es grande…- se lamentaba el joven deseando que las pequeñas desaparecieran hacia otro sector, pero de repente todo fue silencio, al parecer el ser superior que existiera escuchó sus plegarias y suspiró aliviado. De reojo estudió a Kunzite, él seguía con su tarea sin emitir ningún sonido, se preguntó por unos segundos cómo se las arreglaba para trabajar con Seiya, era sabido lo charlatán que era el joven.

En su extenuante observación comenzó a notar que la vena en la frente del peliplata era más notoria cada vez, y sus labios estaban fruncidos, hasta podría jurar que comenzó a ponerse azul, iba a acercarse a su amigo cuando…

-¡Kuniiiiiiiii!- un torbellino rosa ingresó tropezándose con todo en su camino, logrando dejar las dos tazas de café en equilibrio mientras enredaba sus brazos al cuello del pelilargo. –Estoy aquí, ya estoy aquí, el explotador de Andrew me dejó salir al fin.-

-Eso era…- murmuró el carpintero comprendiendo lo que le ocurría a su amigo. –Tiene un radar…-

-Estoy aquí mi Kuni- reiteró la rubia asfixiando a un ilegible y serio Kunzite.

-Me… ahogas….- hablaba con dificultad el mecánico sin inmutarse, ante la mirada de Dante, quien fue siempre testigo de las desmesuradas muestras de afecto de la amiga de hermana para con el pelilargo, más sin embargo, a pesar de que era obvio que Kunzite no compartía la misma clase de afecto jamás fue grosero con la chica, poco a poco el abrazo de la rubia fue cediendo y con una gran sonrisa en su rostro dirigió su mirada al hermano de Makoto.

-Hola primer beso.- lo saludó risueña apareciendo varias gotas sobre las cabezas de los muchachos. –Vine a traerles café, porque están trabajando demasiado duro, y Mina no quiere verlos dormirse sobre la purpurina, aunque…- se llevó un dedo a su mentón pensativa. –Sería lindo verlos brillantes….¡Ya sé!- ambos jóvenes temblaron. –Deberíamos proponer maquillaje artístico en las ferias, ¡qué mujer inteligente soy!-

-Dios me libre.- la frase surgió de detrás de Minako, donde estaba el pelilargo, Diamante jamás supo si pasó en verdad.

-Bueno chicos… los dejo, Andy me necesita.- dijo tirándose su cabello hacia atrás de forma eficiente. –Pero no te pongas celoso Kuni, el puede necesitarme, pero hay mucha Mina para ti y para él.- finalizó guiñándole un ojo a un serio e inmutable Kunzite. –Adiós muchachitos.- se despidió con su mano en alto mientras que todos los hombres presentes en el lugar volteaban a ver el vaivén de las caderas de la rubia, que de manera disimulada era captado por unos ojos gatunos.

o-o-o-o-o

Llegaron a la escuela para descubrir que el sector que a ellos le tocaba estaba a medio decorar, era el laboratorio de biología, donde los especímenes más extraños y desagradables se alzaban para malestar de una pelinegra que no había omitido sonido alguno, su vista amatista pasaba desconfiada por los estantes donde ratas disecadas y algunas vivas estaban, ranas muertas, algunos pájaros y claro la clásica granja de… lombrices.

Estaba demasiada abstraída en la repulsión, cuando sintió en su hombro una presión, viró con cuidado esperando no haber tocado nada, cuando vio la huesuda mano de un… ¡esqueleto!

-Ahhhhh- exclamó más por lo sugestionada que por la verdadera impresión del momento, saltó a un lado mientras su frente se ponía azul y las carcajadas del pelinegro inundaban el lugar.

-Rei.- decía entre risas. –No te asustes, es Benito*, el simpático esqueleto del grupo de ciencia.- explicaba con una expresión sumamente encantadora que logró sacarla de quicio.

-Eres un inmaduro Seiya, un tonto, cómo me vas a asustar así ¿eh? ¿Qué te pasa?- respondió a la defensiva, odiaba quedar expuesta.

-Oye… tranquila, es una broma, no sabía que eras una gallina.- soltó con sorna mientras entrecerraba sus ojos y torciera su sonrisa.

-¿Gallina? Claro, yo soy la que por su miedo irrisorio hacia los cuervos y murciélagos no subía nunca al templo ¿verdad?- remató cruzando sus brazos, sonriendo y levantando una ceja, viendo como poco a poco la cara del pelinegro se transformaba.

-Los murciélagos son ratas voladoras y los cuervos… son malos y feos y te pican los ojos, está científicamente comprado que si una pluma de ellos te toca te hace una infección en la piel que te mata en…. Dos horas.- dijo con gesto asustado, para regocijo de la chica.

-¿Ah sí?- interrogó con sorna.

-Sí.- asintió seguro no saliendo de la impresión.

-¿Según quien?- continuó la pelinegra.

-Según…. Wikipedia…-

-Por favor…- dijo rodando sus ojos, no iba a entrar en un debate acerca de fuentes de información, mucho menos cuando la página web la había salvado tantas veces.

-Oigan muchachos.- oyeron desde la puerta volteando hacia ella donde una mujer regordeta de mediana edad los miraba con una sonrisa en su rostro. –Quería comunicarles que hubo cambios de último momento, la escuela está completa a causa de los nuevos voluntarios que son los alumnos, creo que eso les deja el conservatorio.- finalizó cerrando la puerta de madera.

-Bueno al menos estaremos en territorio conocido.- dijo Seiya con una sonrisa.

Era su lugar favorito ese lugar le inspiraba mucha paz y tranquilidad, los amplios salones, la sala de conciertos, las paredes blancas cual mausoleo adornadas por las bellas pinturas, todo allí para él era majestuoso, y estaba ansioso por enseñárselo a la pelinegra, ya que cuando ella partió del pueblo el lugar estaba en remodelación, no tardaron en llegar ya que el conservatorio se encontraba junto a la escuela primaria. Ingresó primero él, sosteniéndole la puerta a Rei quien tenía perdido sus urbes amatistas en el lugar.

-Es bellísimo…- la oyó murmurar, sonrió.

-Y esperaba a ver la sala de conciertos.- comenzó a caminar seguido de la chica, ambos cargaban bolsas y cajas, pero nada pesadas. –La instalación eléctrica esta completa, solo debemos poner el resto.- explicaba Seiya acercándose al salón que tanto le gustaba, se detuvieron frente a una enorme puerta de madera trabajada, los picaportes dorados le daban aspecto señorial casi de realeza, lo giró y empujó la entrada, delante de ellos un salón inmenso se extendía, sus pisos eran negros brillantes con mándalas dibujadas en grises y blanco, cortinas rojas que decoraban los grandes ventanales, pareces color marfil con terminaciones doradas, grandes lámparas de cristal, ingresaron y a su derecha otra gran puerta tan majestuosa como la primera captó la atención de la pelinegra.

-Es el salón de conciertos, allí toca la orquesta, aquí es la recepción.- se adelantó Seiya a explicarle. –Aquí se realizan los bailes de graduación y los últimos bailes del cierre del festival, este año será en casa del comisionado, es una lástima.- dijo más para sí que para ella.

-¿Por qué dices eso?-

-Porque en la noche cuando está iluminado este lugar es magnífico Rei deberías verlo, digno de recibir grandes artistas que regalen su música.- hablaba con ilusión, hacía mucho que no sentía aquél sentimiento en su pecho, y por un segundo recordó que él era un artista, uno que no consiguió cumplir su sueño, sólo por su propia desidia.

-¿Comenzamos?- la oyó decir mientras sacaba algunos de los adornos con cuidado, asintió y comenzaron su tarea.

Estuvieron en silencio unos minutos hasta que la joven suspiró rompiendo el momento, atrayendo la mirada de Seiya.

-Lo siento.- se excusó encogiéndose de hombros. -¿Sabes? En la ciudad yo estudio en un conservatorio.-. se animó a relatar mientras el joven seguía trabajando, pero atento a sus palabras. –No es tan hermoso como este.- sorprendió con ese comentario. –Este tiene algo más, tiene alma... en el conservatorio donde estudio, aunque muy refinado, siento que es más frio no hay calidez como en este lugar. –

-¿Te gusta lo que estudias?- interrogó Seiya, la joven asintió algo confundida. Era la primera vez desde que llegó que hablaban de algo referido a su vida en la Ciudad sin comenzar a discutir.

-Sí, me fascina, incluso tengo una banda.- se animó a contarle.

-¿En serio?- sonrió ampliamente Seiya, gratamente sorprendido.

-Sí, con unos amigos del conservatorio.- relataba la pelinegra feliz. –Somos amateurs, pero de todas formas nos las rebuscamos para ensayar, conseguir lugares para tocar y claro perfeccionando.-

-¿Cantas? Siempre tuviste una voz muy hermosa.- afirmó con una sonrisa.

-Sí.- asintió sintiendo sus mejillas encenderse. –Bueno… de todas maneras tengo soporte, a veces lo hago yo, otras veces Zafiro, nos vamos turnando.- relataba.

La mención del nombre lo dejó en jaque, no pudo evitar pensar en que el tal Zafiro podría ser ese novio al que Minako se refirió y sintió su sangre hervir, maldijo su curiosidad por saber más de ella, sin embargo fijó su atención intentando alejar aquellos pensamientos tan infantiles.

-De todas maneras también a veces lo hacen los demás muchachos.- continuó explicando Rei. –Somos grandes amigos todos en verdad, la música nos unió, nos conocimos estudiando.-

Algo dentro del pianista se relajó, tal vez no era ese tipo el "tipo" del que él estaba irrisoriamente celoso, después de todo Rei era como una hermana ¿cierto?

-Parece que tienes una vida ocupada allá.- siguieron la charla.

-Sí, aunque agradezco que mi departamento no queda tan lejos de donde estudio y ya luego al trabajo voy en transporte público, cuando las cosas andan bien, voy con mi auto, aunque… detesto conducir.- explicaba animada, bajando el tono de voz en lo último, Seiya rió por lo bajo ante la frase.

-¿Pagan bien esas campañas?- interrogó con duda, ciertamente no entendía mucho de ese mundo, un mundo que le parecía lejano, nunca miraba esas revistas, no le interesaban, no tenían autos.

-Sí, en algunas sí.- respondió pensativa. - al menos lo suficiente para pagar la renta de mi apartamento, la escuela y mantener el auto, aunque ese auto fue parte de pago de una de mis campañas.- relataba mientras desenredaba algunas guirnaldas finas de color dorado.

-¿Ese auto te lo dieron en una campaña?- interrogó Seiya algo sorprendido, la chica sólo asintió.

-Sí, la verdad es que me vino muy bien, y aunque pensé en venderlo es muy útil.- relataba.- aunque desde hace dos años vivo sola y trabajo en esto del modelaje por intermedio de una amiga, antes, cuando dejé el pueblo conseguí empleo de camarera los fines de semana cuando salía del internado, por suerte podía volver a dormir y allí utilizaba el transporte público.- seguía hablando mientras continuaba en su tarea, quizá por ello no se percató de que el pelinegro dejó de hacer lo que hacía clavando su mirada en ella, no pudiendo evitar pensar lo sola que se encontraba Rei, nunca había pensado que había pasado el resto de sus estudios en un internado, para luego mantenerse sola, temía preguntar más sin embargo…

-¿Nadie te ayudaba?- soltó atrayendo la mirada amatista sobre él. –Con dieciséis años no es fácil conseguir empleo.- se explicó no queriendo ser tan directo, lógicamente su inquietud era ¿qué había ocurrido con el padre de Rei? Ella era su única hija, lo lógico es que viviera junto a él, junto a él y junto a ella.

-No, no lo fue.- aceptó mientras con tranquilidad envidiable continuaba desenredando las guirnaldas. –Tenía algo de dinero ahorrado, mi abuelo me enviaba de vez en cuando, pero sabes que soy obstinada.- finalizó alzando su vista, para notar que Seiya no había dejado de clavarla en ella. -¿Ocurre algo?- preguntó sintiéndose analizada.

-No, no… solo…. Creí que tú cuando te fuiste allí vivías con…- calló abruptamente y puso su atención en las luces que estaba colocando, era un tema que no podía tocar aún, no estando seguro de querer saber todo. Rei no dejó de estudiarlo, la aspereza entre ellos era aquella cuestión, se armó de valor y abrió su boca.

-Nunca volví a ver a mi padre.- el pelinegro detuvo tu tarea, pero no volteó a verla, ella continuó. –Desde que murió mi madre, solo había hablado por teléfono con él, pero cuando pasó lo que pasó, cuando él rehízo su vida… - soltó eligiendo las palabras cuidadosamente.- corté toda relación, a él tampoco le interesó saber de mí.- explicó con voz rotunda, como si el tema, aunque dañino, la hubiese fortalecido para odiarlo y al fin solo quedaba eso.

-No debió dejarte sola.- habló al fin Seiya tensando su cuerpo. –Eras una niña, eres… su hija.-

-Él nunca lo fue, no tengo recuerdos de gestos paternos para conmigo, en cambio mi abuelo ocupó ese lugar, tanto él como tu padre Seiya, al que sí sentí como uno.- sabía que de solo hacer aquella mención entrarían en una ruleta, no sabía si las cosas terminarían bien o mal, si saldría ganando o perdiendo, pero al fin era hora, era todo o nada.

-Mi padre fue un gran hombre Rei.- lo oyó decir con orgullo en su voz, evitando pensar en la comparación entre uno y otro.

-Lamento mucho lo que ocurrió…- dijo con voz apagada, la muerte del padre de sus amigos la sorprendió estando lejos, sin posibilidad de compartir junto a ellos el momento más difícil de sus vidas.

-Yo también lo lamento Rei, yo no estuve ahí tampoco.- la joven lo miró extrañada. –Él esperó a que Amy y yo nos fuéramos para…- las palabras murieron en su garganta, la muerte de su padre aún era un estigma, una llaga en su alma que no había sanado, y para sorpresa de él, era la primera vez en años que abordaba este tema, el padre de Seiya se quitó la vida una tarde otoño, jamás olvidaría ese día, llovía con fuerza, pero había un radiante sol detrás de la nube pasajera, como si el cielo sabiendo la decisión de su progenitor llorara de impotencia y se hubiese ensombrecido solo por él.

-¿Recuerdas sus batidos de chocolate y vainilla?- soltó Rei con vista ausente. –Siempre nos daba a Amy y a mí el más grande, y le esparcía nieve de vainilla arriba, hasta chispas de chocolate le ponía.- recordó con gran cariño.

-Sí, y lo hacía a escondidas de mi madre, también nos llevaba a cabalgar por la montaña.- continuó con una sonrisa el joven. -¿Recuerdas a mi perro de la infancia?- interrogó de pronto mirándola con ilusión.

-Sí- asintió Rei.- Fighter.- respondió recordando al lanudo cachorro negro de orejas caídas y rabo corto.

-Sí, le puse así porque era un guerrero.- recordó. –Amy y yo lo encontramos una noche de tormenta y lo hicimos entrar a nuestro cuarto, lo arropé entre mis colchas, papá lo descubrió porque el cachorro se quejaba, él nos ayudó a esconderlo de mi madre y luego la convenció para que nos quedáramos con él.-

La pelinegra lo oía atenta con una sonrisa en su rostro, hacia mucho no veía a Seiya con esa expresión en el rostro, por su lado él estaba perdido en los tiempos que él consideraba más felices de su vida, y para su sorpresa una vez más se encontró abordando recuerdos que hacía años no traía a su mente, giró su cabeza para enfrentar la mirada de Rei.

-Gracias Rei.- le dijo, la muchacha pareció confundida y él se apresuro a aclarar. –Hacia mucho no recordaba lo genial que era mi padre.- la joven sonrió con felicidad y sus ojos brillaron, ambos se quedaron en silencio unos segundos volviendo a sus tareas.

-¿Seiya?- la oyó llamarlo.

-¿Qué Rei?-

-¿Me ayudas?- soltó levantando el gran desastre de guirnaldas doradas en sus manos.

-Claro que sí pequeña.- asintió con una sonrisa.

o-o-o-o-o

El lugar se encontraba desértico a esa hora del día. El ala este del Congreso permanecía cerrado cuando no había sesión, y éste era el caso. Nadie debería estar caminando por allí, solo él, el único con permiso para transitar libremente cualquier lugar, más aquel pasillo que conectaba su antigua oficina, la cual estaba mudando, hacia la nueva.

-Señor Hino.- oyó a sus espaldas, el hombre de blanca piel, cabello y ojos oscuros de gran altura detuvo su avance, viró con lentitud casi fantasmagórica, llevaba su traje negro con camisa gris y corbata al tono.

-Dime.- le dijo a la joven muchacha de limpieza lográndola hacer temblar.

-Se le cayó esto… Señor.- finalizó agachando su mirada y extendiendo su brazo, Takashi lo tomó y la joven llevó su brazo junto a su cuerpo otra vez.

-Gracias.- agradeció y siguió su camino dejando a la joven atrás.

Ingresó a su nueva oficina aquella que ocupaba hace varios meses, pero que jamás había terminado de mudar, más que nada aquellos papeles de mucha importancia que no confiaría a nadie, ni a sus asistentes. Al ser reelecto en su puesto político elevando su jerarquía fue cuando decidió mudarse para estar más cerca de las autoridades máximas. Dejó una caja de cartón sobre la mesa de madera y tomó el sobre que la mujer de limpieza le había dado arrugando el entrecejo. Lo abrió con desconfianza, no recordaba haber dejado ningún sobre y mucho menos sin remitente, levantó la solapa y éste estaba vacío, lo dejó sobre la mesa y se giró para ver el fuego.

Entró en su trance típico hasta que pestañó obligándose a volver a la realidad, tomó el teléfono y marcó tres números.

-Sí Señor.- oyó del otro lado la voz seria de su secretaria.

-Comuníqueme con el detective Kazuha rápido.- ordenó con voz dura.

-Enseguida señor.- respondió la voz del otro lado y éste colgó el tubo del teléfono.

No se consideraba así mismo un hombre injusto, claro que a la vista de otros tal vez ciertos favoreces que la misma política exigía aceptar y cobrar, lo dejaba en una posición comprometida, pero si bien eran sacrificios que hacer, muchas veces había que quitar a personas del medio, el teléfono sonó y respondió.

-Sr. Hino.- dijo la voz el otro lado.

-Kazuha ¿cómo va todo?-

-Señor, usted no figura entre los sospechosos de la causa, ya no… sin embargo…- dijo con un deje de temor en su voz.

-¿Sin embargo?- lo empujó a seguir.

-Su hija no salió muy beneficiada Señor, hay testigos que los vieron discutir y…-

-Rei no es capaz de algo así.- lo interrumpió clavando su mirada en el fuego.

-Ehhh... bueno señor, pero sin embargo, está siendo investigada, aunque pidió un permiso para ausentarse, dejando todos los datos disponibles, al parecer quiere cooperar.-

-Ella no sería capaz de dañar a nadie…- repitió ausente, recordando los ojos de su primogénita, los mismos ojos amatistas que Risa, ella no podría dañar a nadie, mas sin embargo él…

-Puede salirle un poco más.- se armó de valor el detective, oyendo solo silencio del otro lado, recorriéndolo un escalofrío la espina.

-No me tientes Kazuha, y recuerda.- dijo en tono de advertencia.- la muerte de Nathan Archivald Bass, fue, es y será un accidente.- finalizó con voz gruesa.

-Lo entiendo…-

-Mejor así…-

La llamada finalizó luego de ello, presionó ambas manos a cada lado de su cabeza, el dolor era terrible.

o-o-o-o-o

Ahogó un bostezo y fregó sus ojos, rojos del cansancio y más que nada por los colores brillantes que por momento la encandilaban, procuró no desestabilizarse, estaba en la parte más alta de la escalera de madera, se estiró otra vez intentado alcanzar la parte más alta de la guarda en la pared, pero le fue imposible.

-¿Necesitas ayuda?- oyó la voz, descendió la vista y ahí estaba Seiya. –Eres bajita.- añadió con una sonrisa de lado.

-Soy de estatura promedio.- respondió con algo de molestia. –Además tú tampoco llegarías, es imposible.-

-No lo es.- asintió el joven y sea cercó a ella subiendo un poco a la escalera y tomó las piernas de Rei.- arriba pequeña.- le dijo mientras la joven abría sus ojos sorprendida.

-¿Qué haces Seiya? nos vamos a matar.- vociferó con tono reprochante, no es que tuviera miedo, pero el hecho de que una guirnalda le costara huesos rotos no estaba en sus planes.

-Claro que no.- negó con una sonrisa y abrazando al fin las torneadas piernas de la joven la subió un poco haciendo equilibrio. –Hazlo.- la pelinegra chistó y estiró sus brazos para colgar la guirnalda dorada.

Seiya estaba debajo y con vista privilegiada, la joven era delgada, pero bien formada, sus caderas quedaron a la altura de su cabeza, simplemente perfecta, su cintura se empequeñecía y luego dos turgentes senos terminaban de dibujar la figura ideal, el calor del cuerpo de Rei lo hacía sentir extrañamente cómodo.

Por su lado, la joven intentaba no pensar en la posición en que ambos se encontraban, estaba incómoda, y agradecía al ser superior que existiese no haberse puesto ninguna falda.

-Ya casi termino.- le dijo colgando la última parte.

-No te preocupes, no pesas nada.- respondió el pelinegro con voz aterciopelada. –Al parecer siempre serás más pequeña que yo.- dijo con una sonrisa de lado y levantando levemente su mirada. –Y eso es ideal.- soltó no sabiendo muy bien cómo escapar de la situación, lógicamente se refería a que sus cuerpos encajaban a la perfección como dos piezas de rompecabezas, pero la idea no era sonar tan obvio, se pateó mentalmente, de acuerdo hacía mucho estaba solo y es un hombre y su mente puede volar de vez en cuando, la pelinegra no pudo evitar sonrojarse incómoda, se pateó mentalmente, pero solo por sus pensamientos impuros, que sin saberlo iban de la mano con los de el pianista.

-Ya.- susurró la joven. –Seiya.- lo llamó atrayendo su atención.

-Sí, sí.- la bajó hasta que ambos quedaron sobre la escalera, ella en un escalón más arriba y de espaldas a él, fue cuando sintió el aliento caliente de Seiya en su nuca, giró y quedaron de frente. –Ahora sí tienes mi altura.- susurró quedando justo sus rostros enfrentados. –Se soluciona subiendo un escalón.-

Ninguno se movió, fue un instante en que todo se paralizó, esos instantes que solo ocurrían estando ellos en el mismo cuarto, desde que tenían memoria, desde que elegían recordarlo. Tenía ambos brazos a los extremos de la escalera, dejando a Rei en medio, quien tenía flexionados los suyos hacia atrás tomándose del escalón.

El azul y el violeta se encontraron y al instante hicieron combustión, ya no tenían frio, solo sentían calor, la mirada azul descendió hacia los labios en forma de corazón.

-Deberíamos bajar.- dijo ella en tono bajo.

-Sí.- asintió él sin dejar de ver su boca. –Deberíamos…- sus cuerpos se rozaban, la salida era clara: acercarse aún más.

-Seiya.- soltó ella con demasiado anhelo en su voz.

-Pequeña…- fue lo único que escuchó para luego ser testigo muda de la inercia en la que sus cuerpos se acercaban y cual un rayo que atraviesa la noche oscura, en su mente retumbaron las palabras de su amigo. "Tiene novio". Frunció el ceño y detuvo su acercamiento, se sintió molesto con él y molesto con ella, ¿acaso estaba jugando con él? ¿acaso él pretendía jugar su juego?

Se alejó y bajó de un salto la escalera, la joven parpadeó confundida unos instantes ¿qué había pasado allí? Por inercia imitó la acción de Seiya, solo que descendiendo un escalón a la vez, podría jurar que Seiya estaba molesto, de un segundo a otro su mirada se ensombreció, buscó con sus ojos el azul de los de Seiya, más sin embargo la poca luz en ellos la desanimó.

-Ya terminé.- comunicó alzando la voz detrás de él.

-Yo también…- afirmó el joven, aún dándole la espalda. – Solo queda probar el equipo de sonido.- recordó fugazmente y caminó hacia el equipo de música en el cuarto, necesitaba tomar aire y alejarse. Apretó sus puños, mordió su labio y comenzó a reprenderse, otra vez por sus estúpidas ideas se alejaba de la pelinegra, él y su mente que no le daba respiro.

Rei quedó esperándolo en el salón, dos minutos pasaron, suspiró, evitó pensar en lo que había ocurrido minutos antes, si él estaba dispuesto a besarla, ella no se hubiese negado jamás, sacudió su cabeza interrumpiendo aquella idea, él nunca la besaría, él la veía como una niña.

-¿Se oye algo Rei?- se oyó desde el cuarto.

-No… no Seiya.- respondió ella confundida.

-No funciona.- dijo saliendo de allí con gesto frustrado. –Lo conecté bien estoy seguro.- se dijo así mismo más que para ella.

-Pues no lo hiciste tan bien.- las palabras salieron de su boca sin filtro alguno, ¿es que alguna vez lo tuvo?

-Tú lo podrías hacer mejor ¿no?- soltó levantando una ceja ante el comentario siempre altanero de la pelinegra.

-Siempre.- respondió con una sonrisa torcida y cruzando sus brazos.

-Pues… adelante.- dijo haciendo una reverencia he indicándole el camino correcto, la pelinegra se dirigió al cuarto y el tiempo pasó. -¿Y bien?-

-Ya va- dijo de mala manera, el joven sonrió, era típico de Rei, la poca paciencia, y el malhumor cuando las cosas no salían como ella quería, más cuando quería darle una lección a alguien. -¿Ahora?- interrogó.

-Nada Rei.- la joven salió del lugar ofuscada.

-Pues no sé, yo hice todo, seguro lo arruinaste antes.- Seiya iba a responder cuando escogió por cruzar sus brazos y sonreír de lado, mirándola con burla. -¿Qué te pasa? ¿De qué te ríes?- interrogó con molestia y casi enseñando los dientes. -¿No estarás insinuando que yo lo arruiné verdad?-

-¿Yo?- preguntó con falsa inocencia. –Jamás.- ante cualquier pronóstico violento el joven decidió cambiar de tema. –Mira probemos las luces, y luego vemos lo del sonido, en teoría van de la mano.- explicó caminando tras ella y tocando un interruptor.

-Intolerante.- masculló entre dientes la amatista mirando hacia un lado, fue cuando las luces bajaron y pequeños destellos de luz blanca comenzaron a danzar junto a ella, suavizó el gesto y prestó atención a su alrededor, la luz se reflejaba en las guirnaldas doradas y plateadas, creando una gama de colores, el lugar que se asemejaba al salón de un palacio de cuentos de hadas se veía de ensueño, centró sus ojos en el suelo y notó que por el color de éste parecía flotar, sintió la presencia de alguien detrás de ella girando para quedar frente a frente.

Seiya había salido del cuarto contemplando si todo funcionaba como debía, sin embargo la figura solitaria de la joven en medio del salón llamó su atención, lo capturó, lo envolvió y nuevamente, lo hechizó. Caminó a paso lento notando que Rei estaba perdida en sus pensamientos, qué tan hermosa puede ser una persona, qué tan misteriosa puede ser para producir el efecto que la pelinegra producía en él, seguía caminando, vaciló, dudó, suspiró, tenía diez segundos para llegar a ella, diez, nueve, podría abrazarla, ocho, siete, quería abrazarla, seis, cinco, las razones de por qué no era correcto lo atacaron, cuatro, tres, era una niña, dos… le pertenecía a alguien, y finalmente uno, todo o nada.

-¿Bailamos?- ofreció Seiya su mano a la joven, estudiando el desconcierto en el perfecto rostro, confusión en los ojos amatistas que destellaban fuego.

-No hay música, lo arruinaste ¿recuerdas?- respondió aunque la frase sonara malintencionada, tanto su voz como su rostro no mostraban emoción alguna, el pelinegro sonrió de lado.

-¿Y qué importa?- se acercó a ella posando una mano sobre la cintura de la amatista, abrazándola y atrayéndola hacia él, tomó una de sus manos y Rei colocó su brazo en el pecho del joven, cada movimiento iba acompañado de un suspiro, de una respiración contenida, de un movimiento torpe, de una delicadeza única.

-No hay música…- repitió ella sintiéndose estúpida e intentado alejarse.

-Yo cantaré para ti.- le dijo mientras comenzaba a tararear el ritmo de una canción muy especial. –Como antes…-

Blue moon,
you saw me standing alone
without a dream in my heart
without a love on my own.

Luna llena,

tú me viste sola

sin un sueño en mi corazón;

sin un amor en él;

Blue moon,
you knew just what I was there for
you heard me saying a prayer for
somebody I really could care for.

Luna llena;

tú sabías porque estaba ahí;

tú me escuchaste rezar para alguien

a quien realmente pudiera curar;

-Eres muy malo para imitar el ritmo.- le dijo ella perdiéndose en el momento.

-¿Qué importa?- lo oyó susurrar, al tiempo que los latidos en el pecho del joven marcaban un compás perfecto. -¿No sabes qué canción es?- le preguntó clavando sus profundos ojos en ella, haciéndola sentir diminuta, haciéndola temblar.

-Es…- comenzó a decir dubitativa. –La canción que bailamos en el último festival de invierno que estuve aquí.- finalizó rememorando aquél frío día hace ya tanto.

-Que bailamos fuera, en los jardines de la alcaldía.- completó él.

-Odias que te vean bailar.- rió la pelinegra sin dejar de moverse al ritmo que Seiya marcaba. –Aunque no entiendo, lo haces bien.-

-Solo porque mi compañera es una muy buen partener.-

And then there suddenly appeared before me,
the only one my arms will ever hold
I heard somebody whisper, "Please adore me."
And when I looked,
the moon had turned to gold.

Y de repente apareciste ahí al lado de mí,

el único que sostuvo mis brazos como nadie,

oí a alguien susurrar: por favor adórame,

y lo miro

la luna dio una vuelta de oro;

-Me gusta mucho esta canción….- susurró la pelinegra relajando su cuerpo tenso y dejando reposar su cabeza sobre el pecho del joven. Ambos se movían al compás de la música que solo estaba en sus cabezas, y al fin ésta empezó a sonar, Rei sonrió ligeramente. –Lo arreglé.- dijo, y junto al sonido de la música Seiya rió, una sensación de confort lo invadió, cada movimiento coordinaba perfectamente, su agarre era exacto, sí, no había duda, estaban hechos a medida.

-Shhh.- la calló susurrándole en su oído, mientras la mano que tenía sostenida la de ella cesaba su agarre para reposar en la pequeña cintura de la joven y ésta enredaba ambos brazos alrededor de su cuello. –Escucha… el sonido de la música.-

Blue moon,
now I'm lo longer alone
without a dream in my heart
without a love on my own.

Blue moon.

Luna llena

ahora no estaré sola

sin un sueño en mi corazón;

sin un amor en él; ¡Luna llena…!

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N/A: Bueno…. Sin muchas palabras amigas, entramos en un torbellino de emociones, espero esto les esté gustando como a mí, ciertamente me hace latir fuertemente el corazón. El poema del comienzo es de uno de mis poetas favoritos, y la canción qué decir, originariamente iba a poner la de Billie Holiday, sin embargo esta versión me fascinó, una Julie London con voz suave.

Benito* era el esqueleto del laboratorio de ciencias de mi escuela, así que es un honor al simpático huesudo a quién le poníamos galera y moño, sí chicas como Tuxedo Mask, pero sin relación alguna.

Agradezco a todos los que pasan por aquí, Patty "Eugena"adoro tus teorías y lo digo qué persona más observadora! Me dejas sorprendida, Deshy debo decir que la presión psicológica ayuda y el hecho de que la envíes es porque te gusta mi fic y te lo agradezco muchísimo, ya queda menos ;)

Y Made (Gaby) mi gran editora que se apasiona tanto o más que yo amiga! GRACIAS! Te quiero mucho Gab, pero eso ya lo sabes, gracias por incentivarme día a día y no dejarme bajar los brazos a pesar de todo lo que se diga (si esta pareja no, si esto o lo otro) me recordaste algo: uno escribe para uno y si podemos llegarle a más personas, bueno se agradece.

Por eso chicas GRACIAS! Ya este fic trajo una ganancia enorme, conocerlas =)

Nicky

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