Ese día me tocaba a mí ir a recoger a Haruko, ya que Sasuke estaba demasiado ocupado con el trabajo. Suspiré. Desde que había muerto Fugaku, mi suegro, Sasuke siempre estaba ocupado, ya que había heredado las empresas Uchiha S.A. Claro, ¿quién iba heredarlas si no?
Mientras conducía a la casa de los Uzumaki, los recuerdos de quince años atrás volvían a mí. No había un solo día en que no pensase en el pasado. De nuevo, dejé que los recuerdos fluyeran en mi mente.
Al poco de salir de esa isla, Sasuke anunció nuestra relación públicamente. Se le veía lleno de vida, como no le había visto nunca. Sasuke intentó dejar de lado todo lo que había sucedido, pero yo sabía que nunca lo consiguió del todo. Después de todo, Itachi era su hermano. No iba a olvidarle fácilmente.
Itachi… Al poco de que Sasuke y yo empezáramos nuestra relación, nos llegaron noticias de que Orochimaru había sido hallado muerto en extrañas circunstancias. Aquello me inquietó. Orochimaru estaba muerto, y jamás volvería a intentar herir a Sasuke, pero ¿qué pasó con Itachi? ¿Seguía vivo?
La respuesta me llegó poco después. El día de mi boda con Sasuke, recibimos un regalo muy especial. Nos llegaron dentro de un sobre unas entradas para la feria de Konoha y las llaves de un todoterreno. Ninguna nota acompañaba al sobre, y tampoco ponía remitente, así que solo yo supe de quién era. Aquella fue la última vez que supe de Itachi.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de un claxon. El semáforo estaba en verde, y yo, absorta como estaba en mis pensamientos, ni me había dado cuenta. Puse en coche en marcha. Me reprendí mentalmente. No debería distraerme en la carretera.
Llegué cerca de la residencia de los Nara. Decidí aparcar y continuar a pie. No estaba lejos, y más adelante seguramente que no encontraría aparcamiento. Aquella era una zona muy concurrida.
De nuevo, y aprovechando que ya no tenía que estar atenta al llevar el volante, volví a recordar otros tiempos. Una cabeza rubia con un largo y sedoso pelo pasó a formar parte de mis pensamientos sin pedir permiso. Ino…
Aquella peligrosa rubia… Su orgullo no le permitió seguir trabajando para Sasuke después de que éste hiciera pública nuestra relación y saliéramos en todas las revistas del corazón. Abandonó la empresa, sin decir adiós ni gracias. Debo reconocer que aquello dolió. A pesar de lo mal que me lo había hecho pasar, llegó a darme lástima. Para que alguien tire por la borda y olvide una amistad tan fuerte y duradera como la nuestra tiene que sentir mucho odio en su interior.
Doblé una esquina, la casa de los Nara ya se vislumbraba. Pero yo estaba demasiado ocupada pensando en Ino, y me dirigí a la imponente mansión como una autómata. Ino era otro personaje del que no volví a saber nada. Aún recuerdo sus frías palabras de despedida.
-Corrí hacia el despacho de la que fuera mi amiga de la infancia. Había oído que se iba de la empresa ese día y a pesar de todo, quise ir a despedirme de ella, intentar dejar lo que había pasado a un lado. No quería perderla.
-¡Ino! –grité al irrumpir estrepitosamente en la sala.
-Sakura… -dijo ella fríamente.
-Yo… había oído que te ibas hoy.
-¿Has venido a regodearte? –preguntó ella.
Su pregunta me descolocó. A regodearme… ¿a regodearme de qué?
-Debes estar contenta –continúo ella-. Has ganado. A pesar de todas mis tretas y artimañas, Sasuke te ha elegido. Y tú le has correspondido.
-Yo… Ino, lo siento. No quería que esto acabara así…
-Olvídalo, Sakura. No tiene caso. Tú siempre has sido diferente a mí –yo no entendía a santo de qué venía eso, pero no la interrumpí-. Sé que no has venido a burlarte. Has venido a despedirte. Tienes un corazón demasiado grande, frentona. ¿Cuántas veces te he dicho que tienes que tener un poco más de veneno?
"Me ha llamado frentona", pensé incrédula. Sorprendida, comprobé que la Ino de mi infancia que había querido y admirado seguía allí, en algún lugar dentro de esa mujer que ahora me clavaba los ojos con gesto de desprecio.
-Ya no me queda nada que hacer aquí. Ahora debo irme. Sakura… -su mirada se ablandó- No volveremos a vernos. Tú y yo hemos sido amigas en el pasado y rivales en el amor. Pero parece que Sasuke ha sido nuestro último enfrentamiento. Has ganaod, frentona. Y después de lo que te he hecho, no merezco tu amistad, así que me voy. Hasta siempre, Sakura.
Dicho esto, pasó por mi lado, dedicándome una última mirada de sus ojos cielo y sonriéndome como hacía tiempo que no la veía hacerlo.
Desde entonces, hemos coincidido en algunas fiestas de amigos que tenemos en común, pero siempre nos hemos evitado. No hemos vuelto a tener contacto, ni nos hemos preocupado de tenerlo. No sé muy bien qué habrá hecho con su vida, pero oí que había conocido a un pintor, del cual se había enamorado, y como Inoichi no consentía su relación al ser de mundos tan diferentes, se fugó con él.
Confío plenamente en que estará bien allá donde esté. Ino siempre ha sido muy impulsiva, pero a la vez segura de sí misma y de lo que hace.
Llamé a la puerta exterior de la mansión y la verja que la rodeaba se abrió de inmediato. Entré a la casa de los Nara y Haruko salió corriendo a recibirme.
-¡Hola mamá! –dijo mientras me abrazaba.
-Haruko, te tengo dicho que no salgas corriendo a recibirme, ya tienes once años. Eres mayorcita.
-Lo siento mamá –dijo recuperando la compostura.
Sonreí. Hay cosas que nunca cambiarán. Haruko era una de ellas. Era tan parecida a su padre... Al menos en el físico. No había en su rostro rastro mío. Si no se pareciera tanto a su padre y no la hubiera traído al mundo yo, pensaría que es imposible que esa niña tan hermosa de pelo y ojos negros fuera hija mía.
-¿Te lo has pasado bien con Kumo?
-No, para él todo es muy problemático.
Kumo era el nombre del hijo de Temari y Shikamaru, y fiel copia de su padre, tanto en el físico como en el carácter y tenía un año menos que Haruko. No me extraña que Shikamaru decidiera ponerle ese nombre. Se pasaba (y se pasa) las horas mirando las nubes.
-Hola, Sakura –salió Temari a recibirme.
-¡Hola, Temari! ¿Qué tal? ¿Y tus hermanos? –me interesé.
-Bien, como siempre, muchas gracias. Gaara sigue igual de metido en los asuntos de la empresa, y Matsuri no hace más que regañarle por no pasar más tiempo con ella. Y Kankuro… él y Tenten han vuelto a discutir –Temari suspiró.
-¿Otra vez? –pregunté divertida.
Kankuro y Tenten se pasaban el tiempo discutiendo. Hacía varios años que salían juntos, pero como Kankuro era tan mujeriego Tenten no paraba de regañarle. Cortaban una y otra vez, hasta que Kankuro se tragaba su orgullo de macho y se disculpaba. Entonces se reconciliaban para volver a cortar a los dos días. Esa era una de las razones por las que no se decidían a tener una relación seria. Se querían mucho; eso se veía. Incluso una vez Kankuro le pidió matrimonio a Tenten. Lástima que poco después pasara una rubia despampanante por su lado y a Kankuro se le fueran los ojos, provocando que Tenten le dejara una vez más.
Por suerte, Gaara no se parecía en nada a su hermano mayor. Era un tipo serio, incluso a veces daba miedo, pero aún así era muy popular entre las mujeres. Desde que estaba con Matsuri, Temari decía que había cambiado mucho, y aunque nunca dejaría de ser frío, era alguien más alegre, más feliz, más humano.
-Hola Sakura –me saludó Shikamaru con su habitual desgana-. Entra., por favor. ¿Quieres tomar algo?
-No, muchas gracias Shikamaru –contesté rápida. Si me quedaba a tomar algo, probablemente no volviera hasta la noche a casa-. He quedado con Hinata. La pobre está un poco perdida. Aún no sabe qué hacer cada vez que Daisuke empieza a llorar. Es lógico; es su primer hijo.
Haruko y yo nos despedimos de los Nara y caminamos rumbo al coche. Por el camino Haruko me contó todo lo que había estado haciendo ese día con Kumo. Yo solo asentía o sonreía distraídamente. Aquel día, los recuerdos del pasado no iban a dejarme en paz tan fácilmente, así que de nuevo me abandoné a ellos.
Recordé a Naruto quince años más joven. Había sobrellevado mi relación con Sasuke mejor de lo que yo esperaba. Era verdad que estaba dolido; me quería mucho y Sasuke era su mejor amigo. Pero él siempre ha sido muy optimista, y su carácter alegre le empujó a seguir adelante. Aunque Hinata también tuvo algo que ver.
Cuando volvimos, y le conté a Hinata todo lo que había pasado entre Sasuke y yo, y que Naruto se lo había tomado bien, decidió acercarse a él. Hinata era tímida por naturaleza, pero también valiente y constante.
Tan pronto regresamos, Hinata empezó a intentar que Naruto se fijara en ella. Algunos de sus intentos eran totalmente rídiculos, recordé con una sonrisa en los labios. Como aquella vez que no se le ocurrió otra cosa para llamar su atención que echarse dos kilos y medio de maquillaje. Como era pleno verano, empezó a sudar por el calor, y el maquillaje se corrió, dejándole grandes surcos por toda la cara. Estaba hecha un cuadro.
Pero no se rindió, se esforzó de veras y el despistado Naruto acabó invitándole a salir con él. Aquel fue el primer paso. Después de aquella cita, vinieron muchas otras, pero como Naruto era tan distraído y Hinata tan tímida, tardaron mucho en hacerse novios, y más aún en casarse.
Pero ahora estaban juntos, y eso era lo que importaba
Llegamos a la casa de los Uzumaki, y tocamos el timbre. Agradecí internamente que Hinata se hubiera mudado a vivir con Naruto y no que Naruto se hubiera ido a ocupar la mansión familiar de los Hyuga, así no tendría que ver a Neji.
Lo sé, soy una tonta por no querer verle, pero desde que le di calabazas y le dejé plantado aquel día para irme a buscar a Itachi, me daba vergüenza. No es que no lo hubiéramos hablado más tranquilamente a mi vuelta (que sí que lo habíamos hablado) pero aún así me sentía mal. Neji siempre había sido un caballero conmigo, estaba ahí cuando le necesité y aún así yo le di de lado.
Desde entonces, Neji y yo coincidíamos a menudo (¡por desgracia!) y siempre mantuvimos sino una amistad, al menos una relación cordial. No nos quedaba otra; coincidíamos en fiestas y en el trabajo.
Aunque era un hombre que no se dejaba pisotear por nadie, y menos por una mujer, Neji me perdonó, pero no estoy segura de que me haya olvidado. Él siempre ha sido muy discreto con su vida privada, pero aún así yo no he sabido de que en estos años haya llegado a haber otra mujer para él. De todas maneras, es algo en lo que no debería meterme.
La voz agotada de Hinata sonó del otro lado del telefonillo, y la puerta se abrió, dándonos paso a mí y a Haruko. Entramos y Naruto salió a recibirnos arrastrando los pies cansadamente. Tenía unas grandes ojeras.
-Hola chicas –dijo con voz fatigada.
-¡Hola Naruto! –Saludé con energía- No tienes buena cara. ¿Es que Hinata no te cuida bien?
Le oí murmurar algo así como "condenado crío… no se puede dormir en esta casa con tantos lloros…" y no pude evitar reírme a carcajadas.
-Naruto es lo normal, es un bebé y no puede evitar llorar.
-Hola Sakura –Sasuke salió de detrás de Naruto.
-Hola cariño –dije mientras me acercaba para besarle. Sasuke hizo una mueca. No le gustaban las demostraciones de afecto en público.- Pensaba que hoy ibas a salir tarde de trabajar.
-Sí, Naruto y yo teníamos mucho trabajo. Pero con la cara de cansancio que ha arrastrado toda la mañana pensé que le sería más cómodo si trabajásemos en casa.
Mientras hablábamos, oí el lloro de un bebé y a Hinata suplicando que se callara. Reí para mis adentros. La pobre estaba desquiciada últimamente. Para su desgracia, les había tocado un bebé bastante llorón.
-Ya cariño ya –decía Hinata mientras lo acunaba en sus brazos.
-¡Hola, Hinata! ¿Qué tal todo? –dije.
-Sakura –se le iluminaron los ojos-. No para de llorar. Ayúdame por favor.
Hinata me lo entregó, y al instante, Daisuke dejó de llorar, para decepción de Hinata.
-No sé cómo lo haces –dijo-. Cuando vienes tú y lo coges deja de llorar al instante. Tienes buena mano para los niños.
Yo reí suavemente para no molestar a Daisuke, que se había quedado dormido en mis brazos. Levanté la vista y a través de la ventana pude ver a Sasuke jugando con Haruko en el jardín de los Uzumaki. Sasuke no solía tener mucho tiempo libre, y no era el tipo de persona cariñosa, pero cuando estaba a solas con su hija, cambiaba.
No sé qué había hecho yo para recibir aquella bendición, pero algún capricho del destino quiso que así fuera. Y desde luego, no iba a cuestionar su decisión. Después de tanto tiempo, por fin la felicidad se dignaba a aparecer en mi vida. Yo, Uchiha Sakura, he encontrado lo único que buscaba: a Sasuke.
