Me cuesta mucho desarrollar la personalidad de Canadá, pido disculpas si no se adecua mucho. Lo mismo con el lenguaje de Francia, ni idea si las palabras están bien escritas (espero que sí).

A continuación y sin más… ¡el capítulo de hoy!:

Recostado y apretando fuertemente su almohada soltaba en silencioso llanto sus lágrimas, liberando sus sentimientos de frustración y decepción al recordar lo sucedido en aquel encuentro con el francés que tanta injustificada ilusión le había hecho. Mientras volvía a rememorar los acontecimientos ocurridos la pasada noche nuevas lágrimas volvían a caer.

Caminaba intranquilo de un lugar a otro en la estancia mirando de tanto en tanto el reloj de pared y cada cierto rato se dirigía al espejo más cercano para cerciorase de que su apariencia era la apropiada para su – "cita" – se sonrojó ante el pensamiento. Cuando al fin el reloj estuvo a unos pocos minutos de marcar la hora acordada salió en dirección al lugar indicado por el francés hace algún rato luego de que este le hiciera una breve llamada. Dejó a Kumajirou en el sillón y salió. Caminó sintiendo que el pulso se le aceleraba.

- mon petit! – sintió la conocida voz de su "padre" llamarlo a lo lejos y lo distinguió haciendo un leve movimiento con uno de sus brazos para llamar su atención. Se acercó a él con una gran sonrisa – ¿vamos? – le ofreció el mayor.

- ¿Dónde? – quiso saber Mathew.

- donde quieras – le sonrió el rubio más alto esperando la respuesta del más pequeño, el cual con un bajito "me da igual" comenzó a caminar unos centímetros más atrás del francés que lo dirigía hacia algún lugar apropiado para el canadiense.

Mientras caminaban Francia observó de reojo al menor, le seguía pareciendo que había algo extraño en la forma de comportarse de su "pequeño", parecía nervioso e inquieto. Estaba casi completamente seguro que algo le ocurría o que algo le ocultaba, lo conocía demasiado bien para saber eso. Decidió preguntárselo más tarde.

Caminaron durante unos minutos intercambiando en algunas ocasiones palabras triviales hasta que llegaron a un bonito restaurante que si bien no era demasiado elegante se veía en parte formal. El francés le abrió la puerta de la entrada al canadiense e ingresaron al lugar ubicándose en una mesa un tanto apartada. Cada uno pidió lo que se iba a servir del menú.

- y bien mon petit… ¿hay algo nuevo que quieras contarme? – trató de iniciar una nueva conversación con la intención de indagar en el extraño comportamiento de Mathew.

-no en realidad – respondió bajito – simplemente quería pasar tiempo con Francia oniichan – se sonrojó por la confesión. - ¿Por qué preguntaba? –

- nada en especial, solo me parece que estás algo distinto, pero debe ser porque has crecido tanto y casi ni nos vemos últimamente – hizo una pausa – además últimamente mi tiempo libre se lo dedico a las bellas damas que ruegan por un poco de mi amor francés – terminó con uno de sus típicos comentarios, solo que esta vez no se percató del daño que le hizo al menor luego de decir esto.

- oh…entiendo – trató de sonreír Mathew. De pronto se vieron envueltos en un incomodo silencio que fue roto por el chico con rizo. – Francis… ¿aun me vez como un niño? – preguntó preocupado por la respuesta.

- es obvio que ya no lo eres – Canadá se sintió un tanto ilusionado con la respuesta – pero a veces no puede evitar hacerlo – confesó el mayor deprimiendo de nueva cuenta sin notarlo al de ojos azules.

Luego de la respuesta Francia volvió a notar otra cosa extraña en la conversación: ¿Canadá lo había llamado "Francis"? – Mathew ¿me llamaste Francis? – formuló la pregunto con un tono dolido.

- sí, ¿Por qué? – quiso saber el menor cuestionando con su típico tono bajo.

- ya no llamas "papá" a oniichan – lloriqueó. Mathew rió nervioso.

- disculpen… - ambos se voltearon hacia donde provenía la voz, una hermosa mujer, alta y de buen cuerpo se les había acercado, bueno, específicamente el Francés. – ¿usted es el señor Bonnefoy no es cierto? – lo escudriñó con la mirada.

- si soy yo, preciosa – le sonrió seductoramente - ¿Qué se le ofrece a la bella dama? – la chica se sonrojó y rio suavemente por el alago.

- es solo que me han hablado mucho de usted y ahora que me lo he encontrado no he querido perder la oportunidad de conocerle. – le miró coquetamente.

El Canadiense simplemente se limitaba a observar la escena enfadado, queriendo hacer desaparecer a la mujer.

- me temo que en estos momentos no podrá ser – contestó el mayor poniendo una expresión de lastima al recordar que estaba con su ex pequeño compartiendo la cena – como verá estoy acompañado – le guiño un ojo al menor que se sonrojó en el acto – pero sin duda puede llamarme en otro momento cuando…se sienta sola – esta vez le lanzo una mirada coqueta a la mujer a la vez que el entregaba un papel con su número. La mujer se ruborizó, tomó el papel y luego de despedirse se retiró a la mesa que estaba compartiendo con un grupo de amigas. Mathew guardó silencio, agradeciendo al cielo que la chica se retirara.

- era una linda chica ¿verdad? – comentó para recuperar la comunicación con el menor.

- si… - respondió tratando de ocultar sus celos y enfado por la apreciación del mayor ante la señorita, pero Francia logro captar algo extraño en la mirada del chico.

- ¿Qué pasó? Pareces enfadado – se extrañó el país del amor.

- nada – respondió nervioso al verse en parte descubierto.

-no será que… ¡estás celoso! –le apuntó con el dedo en forma acusadora.

- ¿Cómo? – se puso aun más nervioso al verse expuesto - "¡¿Cómo se dio cuenta de mis sentimientos?" –

- no te hagas el desentendido petit – negó con la cabeza haciéndole a entender al chico que lo había descubierto.

- ¡no, no es así! – elevó el tono de voz negándolo.

- vamos, tal vez en un par de años más, cuando estés un poco más maduro las chicas se te acerquen más – intentó reconfortarle.

- ¿eh? –

- ¿ese era el problema verdad?-

- eh… ¡si claro! – volvía a disimular al comprender que el Francés no se había percatado de la verdadera razón de su ánimo.

Volvieron a conversar de cosas triviales hasta que decidieron que lo mejor era que se retiraran del lugar, Ya era alrededor de las diez y media de la noche. Caminaron en dirección al hotel, específicamente a la habitación del Canadiense, ya que el mayor había insistido en acompañarlo.

- Francia… - comenzó tímidamente el menor.

- ¿sí? – contestó mirándole de reojo.

- es que… quiero preguntarte algo – pensaba tantear terreno con el Francés y ver de una vez por todas si tenía alguna mínima oportunidad. Al ver que el francés se había detenido y le prestaba completa atención prosiguió. - ¿Qué harías si alguien… cercano se enamora de ti? –

- ahhh ¿problemas con el amour? – interrogó de inmediato.

- si – admitió sonrojándose y bajando la mirada. – Entonces… ¿qué harías?- repitió la pregunta.

- eso depende de si el sentimiento es mutuo – respondió.

- y si no le amaras, pero te gustara aunque sea solo un poco ¿le darías una oportunidad? – mantenía la esperanza en que la respuesta fuera afirmativa.

- ¡claro que sí! – Respondió emocionado – todos merecen una oportunidad en el amour sobre todo si es con oniichan – Mathew se sintió feliz de oír eso, pensando que sus oportunidades con el francés se incrementaban.- y dime mon petit Mathew, ¿Quién es esa persona especial? - la alegría que sentía fue reemplazada por el nerviosismo.

- pues… - dudo unos instantes mientras jugabas con sus dedos y miraba hacia sus manos.

- tal vez pueda ayudar, después de todo soy la nación del amor – le sonrió tranquilizadoramente tratando de inspirarle confianza. – y dime ¿de dónde es esa bella chica?-

- no es una chica – confesó aun jugando con sus dedos.

-oh… bueno, eso no importa realmente, después de todo no somos humanos – siguió sin sorprenderse por la confesión, reacción que Canadá agradeció internamente. – ¿es una nación? – adivinó, y el de ojos azules se lo hizo saber con un movimiento afirmativo de cabeza. – ¿España? ¿Inglaterra? ¿Austria? ¿China? – empezó a enumerar.

- Francia – dijo tímidamente.

- ¿sí? – preguntó sonriente interrumpiendo su listado de países.

- no, Francia – intentó corregir infructuosamente.

- dime pequeño – se extraño.

- quiero decir…- se detuvo un momento armándose de valor – que tú eres el que me gusta.

Un silencio se apoderó del momento entre ellos dos, Francis extrañamente no sabía que decir ni hacer ante la situación, a pesar de que esta giraba en torno a su especialidad: el amor. Por su parte el Canadiense se mantenía cabizbajo notablemente sonrojado.

- no… no sé qué decir – confesó el de barba. Nunca se había esperado que algo así fuera a suceder, menos con la única persona que conocía que nunca en su vida ha mirado con ojos que no sean de profundo cariño, un ser con el cual nunca ha tenido sus muy recurrentes pensamientos obscenos y ahora que lo pensaba se caía en cuenta de esto. – yo nunca he pensado en ti de otro forma ahora que lo medito – fue sincero y trató de ser lo más suave y cuidadoso con sus palabras.

- entiendo – dijo muy dolido el Canadá, ocultándolo todo tras una dulce sonrisa – perdón por todo esto – antes de que el Francés dijera cualquier otra cosa el chico del rulo escapó a paso veloz perdiéndose entre la gente, batallando para que ninguna lágrima se le escapara al menos en aquel lugar tan público. Pero diferente era el panorama ahora que se encontraba en su habitación recordando aquellos acontecimientos. Dejó escapar un último sollozo antes de decidir intentar conciliar el sueño.

Por otra parte, hechos no tan desafortunados se estaban llevando a cabo…

- "qué demonios"- Fue lo único que su cerebro le permitió pensar en aquellos momentos en que los labios del americano se encontraban sobre los suyos. Solo era un pequeño contacto entre ambos, pero el asombro del británico no habría sido tan grande de no ser porque de un momento a otro sintió como algo húmedo se intentaba colar en su cavidad bucal. Alarmado intentó escabullirse, no por desagrado, sino por la poca cordura que le estaba quedando y que le decía que no fuera a hacer algo de lo cual podría arrepentirse más tarde. Alfred ante el nuevo forcejeo alejó unos centímetros su rostro del de la otra nación.

- ¿recuerdas lo que dije de la toalla verdad? – dijo insinuante con la intención de recordarle al inglés que en cualquier momento podría perderla si seguía con sus bruscos movimientos.

- ¡me importa una mierda la toalla! ¡Alfred, déjame! – le gritó ocultando su nerviosismo y vergüenza.

- ¿y ese es el lenguaje que se supone deba utilizar un caballero como te haces llamar? – se burló haciendo caso omiso de la demanda del más bajo.

- Alfred te lo advierto, tu bromita no me divierte para nada – le amenazó.

- ¿y quien dijo que era una broma? – aquella respuesta dejó sin palabras al mayor que le miraba exigiendo una explicación. Alfred lo observó detenidamente, aquellas mejillas sonrojadas, el cabello aun mojado y revuelto, el cuerpo aun húmedo y su respiración levemente agitada por el forcejeo. Otra volvió a sentir aquel calorcito extenderse por su cuerpo igual que cuando jugó aquel juego. – "estúpido videojuego" – pensó agobiado ya casi sin poder reflexionar con claridad sin evitar tener fantasías con el cuerpo que mantenía aprisionado. De pronto sintió que cierta parte de su anatomía comenzaba a exigir atención.

Arthur sintió que algo extraño entraba en contacto con su cuerpo y no tardó en descubrir que era aquello.

- A…América – tartamudeó sin poder creerlo y sintió si es posible aun más caliente su rostro.

-lo…lo siento! – Gritó apenado intentado excusarse – pero tú tienes la culpa.

-¿¡que yo tengo la culpa! – se indignó el británico.

- ¡pues claro! Fue por verte así que yo… - calló de golpe percatándose que estaba hablando de más. La habitación quedó en silencio, el cual se prolongó durante unos segundos.

- será mejor que te levantes – le propuso apenado el mayor empujándolo levemente con sus manos posadas en el pecho del más alto sin hacer contacto visual.

- pero yo… ¡no quiero moverme! – volvió a aprisionar las manos del británico.

- ¡imbécil! ¿Qué es lo que sucede contigo? – cuestionó sin comprender que es lo que intentaba hacer el americano, el cual no le dio mucho tiempo para reflexionar pues se encontraba de nuevo besándole.

Alfred intentó nuevamente introducir su lengua lo que logró luego de realizar un movimiento que ocasionó un roce de caderas que hizo emitir un quejido al mayor esta vez comenzando a excitarle.

- al parecer también tienes problemas ahí abajo Iggy – le susurró dirigiendo una de sus manos a la entrepierna del de ojos verdes ahora sosteniendo el agarre del británico con la otra – y como el héroe que soy debo solucionar los problemas – luego de aquella escusa barata su mano entró en contacto con la zona por sobre la toalla haciendo que Arthur jadeara y se cerrara fuertemente sus manos en forma de puño para intentar reprimirse. Alfred comenzó a acariciar sobre la tela, sacando quejidos suaves del británico, el cual volvió a iniciar una lucha patética para liberar sus manos, acción que fue contrarrestada con un nuevo beso del más alto mientras seguía en su labor de otorgarle placer al chico bajo su cuerpo.

- América – dejó escapar en un suspiro después del beso ya dejando el forcejeo.

- ¿Qué pasa? ¿Te rindes ante el gran poder del héroe? – Alfred al ver a sumisión del ex imperio aligeró el agarre, oportunidad que aprovechó de inmediato Arthur, quién lejos de contestarle, agarró de la chaqueta al mayor y de un tirón lo acercó plantándole un beso que no tardó en profundizar. Una vez que se separaron la mirada del británico había cambiado, se veía más afilada, deseosa y hasta peligrosamente atractiva a ojos del menor, quien al notar aquel nuevo brillo en los ojos ajenos sintió un atisbo de peligro.

- eres un niño Alfred, pero te estás metiendo en territorio adulto, ¿enserio estás preparado para esto? – sonrió seductoramente. Ante esto Alfred tuvo unos vagos recuerdos acerca de comentarios que había escuchado de Francis y hasta de Antonio referentes al pasado de Inglaterra, algo sobre piratas – "de manera que ha esto se referían" – pensó relacionando la actitud altanera que estaba mostrando con su pasado de "ex vándalo" como le llamaba el Francés.

- no soy un niño iggy, y te lo demostré cuando me independicé – se defendió con un comentario que sabia le llegaría al mayor, pero que de seguro no pensó que en su actual posición de "capitán Kirkland" (como decidió llamar estados unidos a la actual faceta de Inglaterra) le fastidiaría tanto.

De un momento a otro la ex colonia se encontró bajo el cuerpo del inglés siendo besado bruscamente por este y no tardó en responder con la misma intensidad.

- cállate mocoso – le ordenó entre el beso, mordiendo un poco el labio de Alfred luego de sus palabras.

No volvieron a dirigirse palabra alguna y pronto todo lo que se oía en la habitación no era más que jadeos, quejidos y gemidos que ambos dejaban escapar al contacto de sus cuerpos. Arthur se estaba comportando de la manera más lujuriosa que jamás Alfred se pudiera imaginar y estaba lejos de ser un uke sumiso como alguna vez, luego de aquel juego, habría podido pensar.

Habían perdido la noción del tiempo y de cualquier otra cosa que los distrajera. Ambos se abandonaron al placer y al desenfreno sin reparar en que cuando todo acabara habría muchas cosas que hablar y aclarar… pero eso por ahora, no era más que un detalle sin importancia para ellos.

¿Chan?... ¿comentarios? ¿Criticas? ¿Sugerencias? Todo es bien venido para mejorar n-n

Faltas ortográficas deben haber (y bastantes conociéndome), trato de corregir, pero la verdad la ortografía no es mi fuerte, aunque trato mejorar y revisar.

En fin: ¿reviews?