Hola! Un nuevo capítulo recién terminado! Me ha gustado bastante escribirlo, porque nuestra novata comienza a adquirir más protagonismo. Espero que os guste! ^^

Disclaimer: El mentalista no me pertenece, tan solo la OC creada por mí.

Esa misma noche, llega a casa agotada tras los acontecimientos de ese día. Decide darse una ducha, no tiene hambre así que se acuesta directamente. Ya es más de medianoche. La rubia no puede evitarlo, se despierta agitada varias veces por… si, aunque le cueste reconocerlo, por el guapo asesor de rizos rubios con el que ha comenzado a tratar. No lo conocía mucho aún, pero si ya tenía estas extrañas sensaciones al estar cerca de él, ¿qué sentiría en unos meses más? Decide olvidarlo todo, coge sus cascos y se arropa completamente con la colcha. Aunque para su desgracia, justo antes de caer rendida, suena una canción que la hace recordar los momentos del día y le pone algo más nerviosa de lo que ya se encuentra.

Se levanta agitada, con prisas. Se viste rápidamente, coge las llaves del coche y sale decidida a afrontar un nuevo día en su nuevo empleo. Tenía que pensar que aún no era una agente consagrada, y no podía cometer ni un error.

Se baja en el aparcamiento, saluda a Tom, el guardia de seguridad y entra al edificio. Se cruza con varios agentes en el camino, a los que saluda amigablemente. Se había despertado de buen humor, quizá, aunque no lo recordara, hubiese soñado algo agradable.

Justo antes de entrar se percata de que Cho, Rigsby, Lisbon y Jane ya están en sus puestos y cada uno ocupado con algo de trabajo. Excepto, por supuesto, el asesor que mira distraído al techo.

-Buenos días.-dice la muchacha sentándose en su mesa y dispuesta a revisar los papeles que Lisbon ha dejado sobre su mesa.

Todos la saludan, unos más animados que otros. El asesor la saluda el último, sonriéndole. La mesa de la rubia es la que más cerca se encuentra del sofá donde descansa el asesor y, como es tan difícil de predecir, supongamos que por aburrimiento decide hablar con la curiosa muchacha que ya se encuentra bastante concentrada en su trabajo.

-¿Lizzie?-le pregunta, tras observarla fijamente un momento.-

Ella gira la cabeza sorprendida al notar que la llaman, dirige la mirada hacia el asesor con rostro impasible.

-¿Pasa algo, Jane?-le pregunta curiosa.-

-Bueno, solo quería saber que tal había ido tu noche.-le explica.-Pareces bastante agitada, pero intentando aparentar una fingida calma.-

La muchacha le mira sorprendida, ya había olvidado que el trabajo del asesor y una de sus muchas cualidades era esa, observar y deducir.

-No sé, he dormido como siempre.-le explica sonriendo levemente.-

El asesor está a punto de decir algo, pero en ese momento Lisbon entra y pide la atención de todos.

-Chicos nuevo caso, os lo explicare allí todo con más detalle.-explica.-En marcha.

Tras un tranquilo viaje llegan a lo que parece ser una impresionante mansión en San Francisco. Entran junto a la inspectora del caso.

-¿Nos pone al día, inspectora?-le pregunta Lisbon.-

Todos entramos siguiendo a ambas mujeres y observando la cantidad de agentes que se encuentran dentro del recibidor buscando pistas. Comienzan a subir la escalera para acceder al piso superior. Lizzie se retrasa algo y se coloca junto al asesor, caminando algo alejada de los demás como solía hacer él. En el último caso, el primero en el que ella había participado, no había tenido la oportunidad de verle trabajar de cerca y ella buscaba aprender de él y de sus tácticas para resolver los casos de manera efectiva.

-No sé por qué os han hecho venir. Nos podíamos encargar nosotros.-comenta la inspectora.- La casa es de Jason Sands, un gran donante de fondos para políticos. Lleva desaparecido desde anoche.-

La rubia observa al asesor que mira de forma curiosa todos los lugares y objetos con los que se cruzan.

-Por eso estamos aquí.-aclara Lisbon.-Al fiscal le gusta desplegar toda su influencia en estos casos.-

-Jeniffer, la esposa del señor Sands, llego a casa anoche con su hija sobre las nueve. Su marido no estaba y se encontró…-la inspectora abre la puerta que lleva a la escena del crimen.-…con esto.-

Se adentran en un despacho, encuentran innumerables papeles desperdigados por todo el lugar, muebles destrozados, objetos por el suelo… También hay varios agentes inspeccionando aún el lugar.

-Gracias chicos.-dice la inspectora dirigiéndose a los dos agentes.-Nadie ha pedido un rescate aún, pero esperamos que lo hagan pronto. Si queréis que los técnicos pinchen los teléfonos, les avisaré.-

-No se moleste, lo haremos nosotros.-le comenta Lisbon.- ¿Dónde está la familia?

La rubia, cercana al lugar donde se encuentra Jane, también observa la sala atentamente intentando encontrar algún indicio que les pudiese ayudar mínimamente.

-Con unos amigos.-le contesta la inspectora.-La señora Sands pensó que sería mejor para la niña, y nos pareció bien.-

-¿Forzaron la entrada?-pregunta, esta vez, Rigsby.-

-No, pudo ser que abriera un falso mensajero o algo así.-explica la inspectora.-

Lizzie nota algo extraño en la sala, algo que no cuadra. Observa mejor a su alrededor, y lo ve. Hay un papel bajo un mueble. Se acerca un poco, dispuesta a averiguar de qué se trata, pero se percata de que el asesor también lo ha notado y se acerca al mueble también. Observa a la rubia, la coge del brazo y le hace un signo para que se detenga y observe. Ella no entiende muy bien su procedimiento, asiente y espera con cautela por lo que quisiera hacer el asesor.

-Sigue aquí.-comenta el rubio.-

Algunos de los agentes sonríen ante tal ocurrencia.

-Salvo que sea invisible, no está aquí, agente Jane.-comenta divertida la inspectora.-

-No es un agente, es un asesor.-le aclara Lisbon.-

-No tengo ni placa, ni arma. Ni siquiera seguro médico.-le explica Jane.-

-Claro, usted es de quien me han hablado, el adivino.-dice la inspectora.-Lo siento, ya hemos buscado con nuestros efectivos medios. No está aquí.-

-Está aquí.-se reafirma el asesor.-Y los adivinos no existen.-

Jane coge una de las sillas que esta tirada en el suelo del despacho.

-Le torturaron en esta silla.-se agacha y recoge una especie de pequeño mando negro con números.- Para que dijera un código secreto.-

-¿Un código para qué?-comenta la inspectora mientras que el rubio pulsa de manera aleatoria los números del extraño controlador.-

-Hágame un favor inspectora, ¿querría coger ese papel de ahí?-Jane señala el papel antes mencionado, que él había evitado que la rubia cogiera antes.-

-Como no…-la mujer se adelante, se agacha delante del mueble y recoge el curioso papel.-

-Gracias.-le dice Jane, con su común sonrisa en los labios.-

Al cogerlo el papel no sale limpiamente, como todos ellos esperaban, pero la evidencia era bastante clara.

-Hasta yo lo había notado, que astuto eres, Patrick Jane.-piensa Lizzie observando al asesor.-

-Movieron la estantería.-declara la inspectora.-

-¿Después de armar este lío de papeles?-pregunta incrédula Lisbon.-

-Es una puerta.-deduce el agente Rigsby.- ¿Una caja fuerte?

-¿Una cámara de seguridad?-pregunta la jefa, adelantándose hacia la estantería para intentar desplazarla con su propia fuerza, en vano.-

Me acerco a Jane despacio, con una pequeña corazonada.

-¿Me permites?-le pregunta la chica indicándole con la mirada el pequeño mando que sostiene en sus manos.-

-Sí, claro.-se lo tiende a la muchacha sonriendo.-Veo que tu también lo has notado, permíteme que yo de las explicaciones.-le pide, guiñándole un ojo de manera cómplice.-

La muchacha asiente. Jane comienza su deducción pero es Lizzie la que atrae la atención de todos al concentrarse en grado sumo en teclear combinaciones comunes de números, claves que cualquier persona pondría.

-Los intrusos debieron de distraerse con algo y dejaron a Sands un momento solo.-dice aclarando el suceso acontecido previamente.- Sands pulso el código, y antes de que reaccionen se mete dentro y cierra la puerta.-

Lisbon mira a la muchacha, que no deja de apretar las teclas del artefacto, concentrada en su labor.

-¿Y vosotros creéis que se abrirá apretando teclas sin ton ni son?-pregunta la jefa incrédula.-

-Me sé los diez códigos secretos más usados.-comenta, aún en su labor, la rubia.-

-Pero, si es una cámara secreta, la alarma estará conectada a una empresa de seguridad.-comenta Rigsby.-

-Si eres un obseso del secretismo, no.-le explica Jane.-En ese caso, solo él sabría de su existencia.-

El asesor se acerca intuitivo a un cuadro colocado sobre la chimenea del despacho, en el que aparecen dos veleros. Por su parte, la muchacha continúa su labor sin descanso.

-Hay que llamar a un cerrajero.-puntualiza la inspectora.-

-Espere un momento, Lizzie ven aquí. Creo que lo tengo…-la chica se acerca a él, que observa el cuadro inquisitivamente.-

La chica observa lo mismo que ha visto el asesor, se acerca a su oreja peligrosamente y le susurra el código que cree correcto. La muchacha lo teclea y el asesor vuelve mantener una distancia prudente de ella.

La puerta se abre, como ambos esperaban. Se sonríen un momento mutuamente y se acercan a la misteriosa sala. Todos se quedan sorprendidos, en su interior se encuentra el señor Sands. Tirado en el suelo, rodeado de sangre. Muerto.

Todos salen del despacho para dejar hacer su trabajo a los de criminalística. Al cabo de unas horas, salen al jardín, donde se va a proceder a celebrar el funeral de la víctima.

Todo el CBI se encuentra en el funeral, escuchando las canciones fúnebres que un gaitero toca en memoria de la víctima.

Al terminar, todos los presentes se acercan a darle el pésame a la viuda.

-No veo a nadie por aquí capaz de torturar a ese hombre con unos alicates y un cigarrillo.-comenta Rigsby.-

-Imagínatelos desnudos y con un hambre canina.-dice de improvisto el asesor.-

-¿Qué dices?-pregunta Van Pelt, con signos de asco en su voz.-

-Para ser precisos no le torturaron hasta que murió, se desangro solito en su cuarto secreto.-puntualiza Cho.-

-Ósea, que casi es culpa suya.-afirma Rigsby.-

-Sí, algo así.-afirma Cho.-

-¿La viuda tiene coartada?-pregunta la rubia con su PDA en mano.-

-La noche del asesinato estaba con su hija en un concierto, Pedro y el Lobo.-le explica Lisbon.-

-¿Tiene las entradas?-vuelve a preguntar la rubia.-

-Sí.-le afirma Rigsby.-

-¿Quién es el que habla con ella?-pregunta Jane.-

-Michael, el abogado de Sands.-le responde Cho.-

-¿Y qué hacen?-pregunta Lisbon.-

-O la viuda le tiene miedo, o…-confirma el asesor.-

-¿O qué?-vuelve a preguntar Lisbon.-

-O la está tranquilizando sobre algo que la inquieta.-dice la rubia, aún con la mirada fija en su PDA.-

-¿Qué creéis?-pregunta Cho.-

-No lo sé. Ambas cosas.-dice dudoso el asesor.-

-Puede ser lo más probable.-dice Lizzie, guardando el aparato en su bolsillo.-

-Aquí no puedo interrogarles.-les explica Lisbon.- Iré revisando el ordenador de Sands. Quedaos aquí hasta que esto acabe.-

-Sí, jefa.-dice desganado Rigsby.-

-Nunca se sabe, quizá conozcáis a alguien.-afirma Lisbon divertida, marchándose a realizar su labor junto a Van Pelt.-

La rubia decide quedarse en el funeral junto a esos tres, la jefa le ha pedido a sus espaldas que los supervise para que no hagan nada inapropiado. Que emocionante.

-Van Pelt, me tienes loco.-dice Rigsby, sin sorprender demasiado a la rubia.

Estaba claro que había algo. Se palpaba la tensión a diez kilómetros cuando estaban juntos.

-¿Puedo hacerte una pregunta personal?-le pregunta sin rodeos el asesor, Cho y Lizzie observan expectantes.-

-No.-dice secamente Rigsby.-

-¿Le has dicho lo que sientes?-le pregunta directamente Jane.-

-Es mi compañera, va contra las normas.-explica el agente.-Me aguanto.-

-Eso no es verdad.-dice la rubia, mirando a Rigsby.-

El agente se da por vencido.

-Me insinué, no tuve respuesta y punto, hasta ahí.-le contesta Rigsby.-

-¿Te insinuaste?-pregunta el asesor.- ¿Cómo?

-Se tira horas mirándole la nuca, le pone.-suelta sin rodeos Cho.-

-¡Cállate, Cho!-le responde exasperado Rigsby.-

-Tienes que ir a por ella y seducirla.-le aconseja Jane.-

-La seducción nuca ha sido mi fuerte.-

-La seducción es pan comido si conoces los principios básicos, no tiene misterio.-aclara el asesor.-

-¿Ah, sí?-se mofa Rigsby.-Pues no veo que las mujeres hagan cola por ti.-

-La verdad es que es extraño, viendo como es.-la rubia se sorprende a ella misma pensando esto sobre Jane.-

-¿Para qué puñetas quiero yo una cola de mujeres?-dice el asesor, introduciendo ambas manos en los bolsillos de su chaqueta.-

-Vale, me rindo.-se da por vencido Rigsby.- ¿Cuál es el principio básico?-

La rubia se queda expectante, los hombres creen que conocen a las mujeres mejor que a ellos mismos, pero no es así.

-Te costará un dólar.-le advierte.-

-¿Por qué?-pregunta Rigsby.-

-Así prestarás atención.-le aclara el rubio.-

El agente le pasa el dólar, derrotado. Le mira expectante esperando la respuesta al enigma.

-Amor y cariño.-suelta directamente el asesor.-

-¿Qué?-pregunta Rigsby divertido.-

-Amor y cariño.-vuelve a revocar Jane.-

-Devuélveme el dólar.-le responde el agente, aun riéndose.-

-¿Qué le ofreces a quien quieres seducir? Amor y cariño.-aclara el asesor.- ¿Quién no quiere amor y cariño? Es así.-

-En serio, dame el dólar.-le vuelve a repetir divertido el agente.-

-Te lo demostrare.-le reta el rubio.-Cien pavos a que puedo seducir a cualquier mujer de las aquí presentes.-

Rigsby y Cho miran inquisitivos a la rubia, divertidos ante la idea que pasa por sus mentes.

-A mi no me miréis así. Que solo estoy aquí para vigilaros.-dice algo preocupada y nerviosa, pensando en cómo sería que Jane intentase seducirla.-

-Bueno, sería posible que lo hiciera. A Lizzie la descartamos, aunque me apene.-comenta alegre el asesor.-Aunque podría hacerlo sin problemas…-

La chica le mira ya que lo ha dicho con un tono divertido, más quisiera.

-Vale, la viuda.-le reta Rigsby, todos le miramos alterados, excepto Jane que se encamina hacia la mujer.-

-¡Oye, Jane!-le grita el agente, intentando detenerle en vano.-

-Rigsby, ¿por qué no se te ha ocurrido algo diferente para meternos en problemas?-le acusa Lizzie algo mosqueada.-

-Pensé que no lo haría…-comenta el agente, atento a la escena.-

-La has cagado.-comenta impasible Cho.-

La muchacha decide mirar, aunque preveía que esto no acabaría bien. Todos observan la escena, aunque la muchacha con un deje de nerviosismo en su interior, y no solo por la posible bronca que le caería. ¿Y si Jane se enamoraba de alguna otra mujer? No era asunto suyo, pero mantuvo la vista fija en el asesor, que se colocaba en ese momento delante de la viuda con una sonrisa seductora.

Bueno, que os a parecido? Nuestra agente se pone muy nerviosa con todo lo que tiene que ver con las travesuras del asesor. Nos vemos en el próximo capítulo!

Review? :D