REEDITADO

Disclamirer: Harry Potter y sus personajes no son de mi propiedad, le pertenecen a JK Rowling. Historia original escrita por mí.

Genero: romance / drama / angustia / tragedia

Sumary: Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos.

Sinopsis: Amar… es pecar, soñar… es desear… Y morir, es vivir por ti. Contigo estoy probando la fruta prohibida, la imperfección de la entrega total y el precio de caer..

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.


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Simpatía por el Diablo –

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo II

Dulce pecado

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"Todo deseo estancado es un veneno."

– André Maurois

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—La vida nunca es aquello que deseamos —musito— la mayor parte del tiempo es aquello que desean para nosotros —bebió—. No somos más que unos títeres, muñecos incapaces de actuar por nuestros propios deseos —exhalo— detenidos por aquello que es lo correcto de lo incorrecto, lo ético de lo deshonesto y de lo justo de lo injusto.

El hombre se gira y observa al rubio, frunce el ceño con desconcierto. ¿Desde cuándo es tan filántropo en sus palabras?. Mueve su cabeza negándose, no le es nuevo, más si extraño. Toma su copa la cual estaba colocada en el ventanal, la alza y comienza a moverla de un lado a otro oscilando en su interior el líquido carmín que mantiene. Liberando un poco de ese embriagante perfume.

—No lo creo Draco, los únicos que decidimos nuestro destino somos nosotros mismos. Cada una de las decisiones que tomamos y hacemos eligen nuestro futuro —se recargo en la pared— debes decirle simplemente la verdad a tu padre y fin del problema.

Escucho la extensa y sarcástica carcajada que el rubio acababa de expresar y miro fijamente a su acompañante; sentado omnipotente en el sofá negro de piel, vestido del mismo tono, contrastando con su blanquecina piel. Arreglado impecablemente, ambos se observaron brevemente a los ojos, así perdiéndose en sus miradas. Camino hacia el blondo. Coloco la copa sobre la fina y pulcra mesa de la antesala.

—¿Alguna vez has pensado en huir Blaise? —expreso aburrido—, llegar a un sitio donde solo tú seas el dueño de tu vida y acciones.

Esta a tan solo dos pasos de él. Lo mira con sorpresa, en todo el tiempo que tiene de conocerlo es la primera vez que lo ve actuar con tanta sutiliza y deleite en sus acciones. ¿Dónde había aprendido eso?.

—Solo viviendo un sueño podrías Draco, la vida consiste en enfrentarla, el escabullirte solo te hará cobarde ante los demás.

—No me importa —lo corto.

Blaise suspiro molesto, parecía que nada saldría muy bien que digamos. Arreglo sus cabellos y se acerco lentamente a su amigo, acaricio su mejilla y luego salió de la habitación. El blondo solo lo miro marcharse y nuevamente se concentro en sus pensamientos, no tomando en cuenta la singular despedida de su único amigo. Paso más o menos una hora, el la cual Draco apenas y se movía, desconociendo el tiempo transcurrido.

—¿Cómo alguien puede caer tan bajo? —se auto pregunto—. ¿Qué me hace sucumbir ante lo prohibido, tantas veces?. ¿A la misma tentación?.

El rubio se preguntaba seriamente, mientras miraba distraídamente los árboles de su propiedad. Estaba muy cerca de la chimenea ahora apagada, ajeno a la falta de calor en aquella fría propiedad. Justo ahora tomaba un poco de té de limón. La meditación es algo que todo el mundo necesita para ser capaces de respóndenos a las circunstancias que nos rodean, y ser consientes de las decisiones que tomamos.

—Granger… —apretó fuertemente la taza— ¿qué me has hecho?. ¡Maldita bruja! —espetó.

Colocó la taza precipitadamente sobre el plato de fina porcelana. Suspiro molesto. Con sus largas y blancas manos acarició su sien en pequeños movimientos circulares, intentado ahuyentar los pensamientos constantes que tenía sobre la castaña. Hacía ya casi tres años de ese insólito encuentro, en meses él había estado a su merced. Un lapso en el cual el gran Señor Malfoy se había transformado en su juguete preferido y todo porque el lo consistía.

Un lapsus indefinido.

Un sonido lo saco de sus pensamientos. La aparición de una carta que hacía arribo por su chimenea colocándose perfectamente junto a su una vez taza llena. Tomó con franca curiosidad aquella nota, cuando leyó el nombre del remitente la apretó con saña. Una delicada y elegante letra escrita en la parte frontal, singular y única, tan solo perteneciente a una sola e impar persona. Una vez más era consciente de que el documento en cuestión estaría en blanco, nunca ni una sola palabra iba a estar escrita a excepción de su nombre al frente, junto con su dirección. Y una vez más el iría obedientemente, como un perro buscando a su amo.

Se levanto y se dirigió hacia sus aposentos. Eran poco después de las seis de la tarde, abrió abruptamente las puertas, no le era ninguna sorpresa que su mujer no estuviese. Ya casi era una costumbre el que no la hallase, no le importaba, de esta forma evitaban las discusiones que eran habituales antes de las desapariciones de ella. Se miro a su espejo y pudo contemplar a un hombre muy similar a su padre. Al final opto para dejar un poco más cortos sus cabellos, justo como hacía tres años. Frustrado e irritado al mismo tiempo, salió y se dirigió una vez más a su encuentro.

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¡Huye conmigo! —había dicho él una vez.

Esas palabras rememoraban en sus pensamientos una y otra vez. Desde el día que las pronuncio, muy en el fondo quería hacerlas ciertas. Pero ambos sabían que no podían hacerlo.

—Dime, ¿que se siente ser una Malfoy? —espeto él con dureza.

El varón se colocó apropiadamente el sofá. Poco después comenzó a jugar con una pluma que encontró dispuesta descuidadamente en el mueble, a continuación la balanceaba delicadamente entre sus dedos, moviéndola lentamente una y otra vez, a la par que intentaba no mirar al ocupante del asiento; y se deleito. Percibió su respiración agitada por lo experimentado hacía solo unos instantes, y pudo admirar la perfección hecha mujer.

Su azabache cabellera dispuesta negligentemente sobre el pasa manos del sofá, esparciendo una parte de ellos también por el suelo de la habitación. En su fino rostro sus mejillas sonrojadas y sus labios esos mismos que le eran la más grande de las tentaciones, entreabiertos e hinchados sinónimo de que una vez más habían sido tomados por sorpresa. Respiraba agitadamente recostada ahí, tan solo intentado recuperar el ritmo normal. Era todo lo que necesitaba y mucho más. Se acerco a ella paulatinamente y acaricio con suavidad una de sus sonrojadas mejillas, contemplándola en silencio, tan solo como la sombra que era para ella en el mundo real.

—Lo… mis… mismo que llevarte a la cama a Granger —comentó con inquina—. ¿Qué se siente querido? — había cierto recelo en su voz— ¡dime! —le ordenó cuando abrió sus ojos.

Escucho la risa holgada masculina resonar en esas cuatro paredes, era sincera y apacible. Cuanto podía calmar a su corazón el oírlo reír de esa manera, contraste con la forma de ser de su marido. Se levantó con presteza y busco sus labios con desesperación, tomándolo a él esta vez con estupor, más no negándose ante el deleite tenerla. Una vez más el beso se torno pasional y lleno de un frenesí incomprensible más que para los protagonistas de ese acto. Cuando se satisficieron mutuamente se separaron, más él con rapidez la abrazo tiernamente, sujetándola con fuerza contra su torso, sintiéndola…

—Aún no respondes mi pregunta Pansy —exclamo libidinosamente en su oreja— compartes tu lecho con él. ¿Qué se siente? —sus manos recorrían el interior de sus muslos y la escucho suspirar—. Lo disfrutas a él tanto como esto —beso su cabellera azabache.

Una vez más esa inconcina y franca su pregunta, y nuevamente la negación ante los hechos.

—Hazme el amor... —suplico ella.

Fue lo último que fémina escuchó, una vez más él la tomaría y la haría suya. ¿Tan solo por ello se arriesgaba?. ¿A ser descubierta?. Si... Por vivir una vez más la pasión y el deseo, el experimentar una emoción y sentimiento carente en Draco, nunca había existido aquel ímpetu en su marido. Se insultó a sí misma por haber redescubierto ese apetito en brazos de otro varón y en específico de uno al que siempre repudió.

Pero eso ya no importa...

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—¿Te diviertes?.

Exclamo alegre la joven castaña, mientras se movía sensualmente de un lado a otro, rítmicamente jugando con sus caderas; junto al hermoso vestido en rojo satín que usaba. También meneaba con armonía su larga melena, misma que por extraña razón llevaba completamente lacia. Dándole una apariencia ajena a la inocencia que siempre manifestaba. Él estaba sentado en una mecedora, lejos de la escasa iluminación que la vela proveía en ese momento. Una lúgubre mirada se cernía en sus orbes grises.

Ella lo miraba divertida y eso lo molestaba claramente. ¿Por qué lo provocaba y lo llevaba siempre a su límite?.

—¡Callate! —le espetó.

—¿No sabes decir algo más, pequeño hurón? —avanzo hacia él—. ¿Dime te entretienes? —exclamo sin pudor alguno— siempre vienes aún cuando no lo deseas, ¿qué te incita?. ¿Acaso tu mujer ya no te complace? —expresó con sorna.

Lo dijo de una forma tan sensual que le erizo la piel y algo más, al rubio presente en la habitación. ¿Por qué lo hacía?, necesitó solo un par de letras escritas en el pergamino, una charlatanería burda y una vez más el se transformo en su pequeña marioneta.

—Te espere por largo rato —reclamo ella—, me has tenido preocupada —toco sus mejillas— ¿me crees? –entrecerró sus ojos.

Do palabras que lo cambiaron todo, pero era algo que sería extremo no solo para él sino también para ella. Hermione retrocedió un par de pasos ante el silencio del hombre y se cayó con sutileza en uno de los sillones de la impecable sala blanca; propiedad de la extrovertida Lovegood.

—¿Te has dado cuenta de que cada vez nos encontramos más a menudo que antes? —su mirada era fría—. ¿Qué te incita a venir al llamado de mis caprichos Malfoy? —espetó—. ¿Disfrutas el estar aquí? —silencio y esbozo ella una gran y altanera sonrisa—. Cierto —respondió por él—, lejos de tus responsabilidades, de tu mujer, padres y apellido. Aquí solo eres un hombre y nada más.

El mencionado se levantó iracundo de su asiento, la miraba con una bravura extrema y más allá de lo inimaginable; la sonrisa de ella se hizo más intensa. Una circunstancia inimaginable en otros casos, y su cordura desapareció en el acto. Sin ser plenamente consciente de sus acciones se acercó rápidamente a ella y sujeto con fuerza su suave y delicado cuello entre sus frías manos.

—¿Vas... a... matarme Draco? —exclamo sutilmente—. Si lo vas hacer hazlo, no temas —aflojo el apretón pero, no la liberó—. ¿Tienes miedo? —dijo con dulzura.

Esa no era la misma mujer que él un día conoció.

—¡No te des tanta importancia Granger —le siseo—, no mancharía mis manos con una sangre sucia como tú! —bravo colérico—. ¡Que no se te olvide que soy un Malfoy! —la soltó.

Le dio la espalda, respiraba agitado y rabioso a la vez. Llevo sus manos hacía el frente de su rostro y miro como estas temblaban descontroladamente, rojas por la presión a la que fueron sometidas. Y ella rió.

—¿Pero quién eres en realidad? —cuestiono—. ¿Draco o Malfoy? —inquiero indiscreta y él volteó hacia ella— , cuando actúas con tu apellido eres diferente. Frío, serio, implacable, desleal, ruin —sobo su cuello—. Pero... —tomo aire— cuando te conduces como Draco, siempre pierdes el control. Tal y como ahora.

Dio un paso tambaleante hacia delante, bajos sus manos y las oculto debajo de su túnica negra. Ella tenía razón.

—Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios buscando en el dolor el placer de estar vivos… —exclamo ella.

Sin esperar más salió dando grandes pasos de la casa de la rubia, azotó la puerta en el acto. Respiraba con agitación, recargó su frente contra la puerta y cerró sus ojos intentando comprender sus acciones y más aún las de ella. ¿Por qué lo torturaba de esa manera?. Haciéndolo indefenso ante la veracidad de sus palabras... sin embargo lo más importante era la razón de permitirle a ella el tratarlo de esa forma. ¿Disfrutaba el dolor que Granger le causaba?.

—Lo... disfruto —susurro él —y nuevamente estrujó con dureza sus manos, misma que volvían a tomar la apariencia rojiza que lo volvía inestable—. ¡Te odio Granger¡ —gritó—se retiró de la puerta y camino en silencio por el largo corredor.

Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios buscando en el dolor el placer de estar vivos…


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Capitulo III

Corazones solitarios

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Nos vemos

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