REEDITADO
Disclamirer: Harry Potter y sus personajes no son de mi propiedad, le pertenecen a JK Rowling. Historia original escrita por mí.
Genero: romance / drama / angustia / tragedia
Sumary: Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos.
Sinopsis: Amar… es pecar, soñar… es desear… Y morir, es vivir por ti. Contigo estoy probando la fruta prohibida, la imperfección de la entrega total y el precio de caer..
Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.
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– Simpatía por el Diablo –
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Por Ireth I. Nainieum
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Capítulo III
Corazones Solitarios
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"Hay dos clases de secretos: los que no vale la pena callar,
y los que valen tanto la pena que no se pueden callar"
- Anónimo -
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El sonido de los cubiertos podía escucharse como un pequeño murmullo constante en la amplia habitación. Siendo la primera voz una bella composición clásica, la hermosa canción del Bolero de Ravel, ambientaba amenamente al par de comensales. Era más bien una escena un tanto fría y mezquina. El hombre se levanto de su asiento al extremo de la mesa rectangular que los separaba una gran distancia, y camino un par de pasos hasta detenerse junto a ella. Tomo con gracia un par de sus mechones y los entrelazó entre sus dedos, posteriormente los llevo sutilmente hasta sus labios y los beso con extrema dulzura mientras aspiraba la delicada fragancia de los mismos. Ella esbozo una pequeña sonrisa sugerente a sus acciones, mientras lo contemplaba con sus orbes castañas.
—Te ves hermosa —le expreso con gozo— el cabello lacio te sienta bien Hermione —rozos su hombros—. No se —dudo de cómo expresarse— te genera una apariencia totalmente diferente a la que sueles mostrarle al mundo.
—Es un halago muy placentero —acarició su mano que aún estaba en su piel—. Me da mucho gusto que te agrade el como me veo Ron, lo elegí pensando tan solo en ti cariño —comento con disimulo—. Como tu esposa me agrada el sorprenderte con pequeños detalles.
Había algo más…
—Te apetece un poco de licor, amor —recalco la última palabra—, para dar por terminada la exquisita cena —comentó él.
Camino hacia el estante de los vinos y tomo una pequeña botella de Morey-St. Denis, a la par de un par copas para servir el licor. Le vertió una generosa cantidad del líquido carmín; acto seguido procedió a regresar a su asiento y también se sirvió un poco. La iluminación era tan sutil y delicada que provocaba un efecto efímero a los extraños acontecimientos que se desarrollaban en la distinguida habitación. La observo brevemente y por primera vez con atención esa noche, usaba un refinado vestido rojo satín que resaltaba peculiarmente la blancura de su piel, el lacio de su cabellera la transformaba en otra mujer, una diferente a la que él conocía. La miro jugar con el cuello de su copa, la expresión aburrida de su rostro le decía que era el momento justo para darle la noticia.
—¿Sabes amor? —captó su atención—, tengo que salir y atender un par de negocios —suspiro casi molesto—. Debo estar en Ámsterdam mañana al medio día -—la observo—, no podré regresar hasta el próximo fin de semana —tosió incomodo—. Lamento que esto arruine nuestro planes, pero —se adelanto a cualquier interrupción— te prometo que te compensare en cuanto regrese. ¿Te parece?.
Parpadeó un par de veces anonadada por la noticia. La forma en que su marido le expreso le resulto sumamente fuera de lugar, nunca solía salir con tanta antelación y tan precipitadamente; lo más importante jamás le informaba con tan poco tiempo.
—¿Mañana? —dijo ella—. ¿Te irás mañana por la mañana Ron? —se levanto molesta—. Pero… —lo miro con recelo— ¿vas a dejarme con todo el trabajo? —enfureció de inmediato.
Él sonrió por dentro, en cierta forma le agradaba el verla rabiar de esa forma. Trato de arreglar la situación antes de que convirtiese un una tormenta.
—Lo siento… pero para mí también fue muy apresurado, intente como no tienes idea el cancelarlo y lo más que logre fue regresar a tiempo para la fiesta —se acercaba a ella— sabes como actúa el Ministerio de Magia, es mi deber obedecerlo.
Hermione le dio la espalda y chasco su lengua molesta en señal de que no deseaba ninguna explicación de su parte.
—No soy tonta Ron.
Salió lentamente del comedor de su hogar y la escucho subir las escales, suspiro de forma perezosa mientras sujetaba con fuerza su sien. Las cosas se estaban saliendo de control para ambos y esos era lo peor del asunto. Justo en ese momento Dobby se apareció y realizó un exagerado saludo.
—Amo Ron —expreso servicialmente— Dobby se esmero mucho en hacerles la cena, Dobby se preguntaba si fue del agrado de amos señor.
Él se renegó ante tal muestra de lealtad enferma hacia su persona.
—Dobby —comentó ligeramente molesto— te he dicho varias ocasiones que no me llames amo —recalcó— ni que hagas esas reverencias tan exageradas —agito su mano en el aire—,si Hermione te escucha haciendo o te ve realizando esas acciones estaré en un serió problema.
Contempló como el elfo abrió sus ojos con desmesura y corrió rápidamente hacia la mesa mientras murmuraba.
—¡Dobby malo, Dobby malo!. ¡Has hecho enfadar al amo!.
Tomo un tenedor e intento picar su mano, pero antes de auto castigarse fue detenido por Ron, que lo miraba con severidad.
—Dobby —expreso con suavidad— no te lastimes, no hagas eso —soltó su mano— sabes bien que no eres un esclavo en esta casa, sino un trabajador; por esa razón no te permito que me llames amo ¿lo comprendes? —el elfo cabeceo— tampoco necesito que realices esas reverencias.
—¡Oh señor! —sus ojos estaban llorosos—. ¡Ronald Weasly es un gran hombre, tanto como lo es el señor Harry Potter! —mosqueo un poco—. ¡Ronald Weasly es un gran señor y le agradezco el honor de haber permitido que este tonto elfo trabajase para ustedes —limpio su nariz con su ropa— es todo un honor!.
—Gracias Dobby —sonrió— y por cierto la cena fue exquisita.
La criatura se alegro y comenzó rápidamente a limpiar la mesa, Ron lo observaba con algo de atención. Al finalizar el colegio la criatura se emancipo en seguir sirviendo al trío hasta el día en que muriese, por lo que decidieron turnarse por temporadas el trabajo del elfo. Por él encantado ya no tendría que levantar ni limpiar su desorden habitual. Pero al enterarse Hermione pego el grito en el cielo y les hizo jurarle por todo lo sagrado que le pagarían apropiadamente por sus servicios, además de sus días descanso y permisos ocasiones.
—¿Permisos?. ¡Pero los elfos nunca se enferman! —exclamó desconcertado—. ¡Cielos! Hermione, da gracias a que solo Dobby es el único elfo que aceptaría esas condiciones.
—¡Ron! —comento indignada—. ¿Cómo es posible que digas cosas tan horribles?. ¡Harry! di algo…
Y así la discusión continuo durante días. Agradecía de antemano que no pasó a más de un breve silencio entre ambos, odiaba esas discusiones irracionales con ella y en ninguna de ellas habían llegado a nada en concreto. Bostezo y rasco sus ojos, cuando miro la mesa esta ya estaba completamente recogida. ¿Tanto había rememorado en su pasado?, el elfo sacudía las pequeñas migajas.
—Dobby —lo llamo.
El elfo inmediatamente detuvo sus acciones y alzo sus ojos curioso anhelando su próxima tarea, ahora que lo miraba con atención traía puestos una vestimenta de marinero, de los que usan los niños pequeños, junto con un par de calcetines rojos y zapatos rosados. Se extraño pero no dijo nada más, lo más seguro es que se tratase de un regalo de su esposa.
—Si, señor —expreso gustoso.
—Mañana saldré unos días por cuestiones de trabajo. ¿Podrías preparar mi equipaje, para aproximadamente cuatro días?, por favor —pidió con amabilidad.
—Por supuesto señor, pero ¿no es la señora quien se encarga de eso? —expreso patidifuso—. Para Dobby es un gran honor y se esmerara en hacerlo lo mejor posible.
Desapareció en un plap. Ron se dirigió hacia el estudio cerca del jardín, sabia de antemano cuan molestaba estaba ella y que no le hablaría el resto de la noche con él y probablemente hasta que regresase de su viaje. Llevo consigo el resto de la botella y vertió en una copa que guardaba en la habitación. Se sentó y saco de entre su traje negro la varita y encendió la chimenea. Bebía con temple y emancipándose en su mente, olvidándose por un momento de todo, mientras observaba la luna en silencio, su mirada se volvió extraña.
—Ámsterdam –musito.
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Él estaba sentado, y su apariencia desarreglada era signo que llevaba varios días con el mismo conjunto de ropas. Un playera negra junto a un pantalón de mezclilla y tenis, lo más peculiar de su situación era su el aspecto crecido de su barba. Tomaba su mano delicadamente entre la suya, mientras la sujetaba con firmeza a la vez. Le era tan difícil mirarla de esa manera, recostada en la blanca habitación intentando tener un sueño apacible, su rostro se miraba bastante cansado, hacia muy poco que había cepillado sus cabellos. La puerta de la habitación se abrió lentamente, casi procurando no hacer demasiado ruido.
—¿Harry?...
Escucho que lo llamaban. Volteó y observo las señas que le indicaban que saliera un momento, se levanto y beso la frente de la durmiente; también acarició brevemente su mejilla, dejo encendidas la luces y salió. Al hacerlo cerró la puerta tras de sí. Le ofrecieron una taza de café, misma que acepto gustoso por las altas horas de la noche en la cual aún se encontraba despierto. Permaneció de pie, su acompañante camino hacia la sala de espera y él la siguió por el amplio corredor.
—Mejorará ya lo veras —intentó animarlo ella luego de ocupar su asiento en casi solitario internado.
Él rió con descaro, no muy alto, ni muy bajo. Lo suficiente como para que la medimaga lo escuchase con claridad
—¿Por qué nunca me miras cuando dices esas palabras Ginny? —especuló.
Ocupo el asiento vacio junto a ella y la observo, pudo ver como ella apretaba con fuerza sus manos. Cambio con rapidez su mirada, le era demasiado doloroso el ver la mentira en su rostro.
—Hacemos lo mejor Harry, pero…
—¿Sabes? —sonrió con tristeza— estoy pensando con seriedad el llevarla a un hospital muggle, tal vez ahí…
—¡Harry James Potter! —gritó.
—Ginny.
Ella le había alzado por primera vez desde que la conocía la voz, y en ella había cierto resentimiento y coraje. Le resultaba extraño el verla comportase de esa forma, normalmente era mucho más tranquila. Se levantó con presteza, se colocó frente a él y luego se hinco.
—Estará bien, tiene los mejores medimagos con ella las veinticuatro horas al día —lo tomo de su barbilla e hizo que lo mirase fijamente—. ¡Ni siquiera pienses en llevar a mi amiga con esos carniceros! —le espeto con dureza— solo eso faltaba.
Lo soltó y volvió a sentarse a su lado. Se formo un mutismo incomodo entre ellos, le sorprendía en gran medida esa madurez mostrada por ella en esos instantes; lejos de aquella chiquilla que dominaba un encantamiento tonto en Hogwarts. Quizás a ella también le resultaba muy difícil lo que estaba sucediendo, ahora era una mujer y no podía negarlo. Hermosa, hacia tiempo que dejo su imagen infantil para adquirir ese toque inigualable de mujer y profesionalmente realizada, logró graduarse con honores del colegio de Medimagos; toda una proeza e indudablemente cualquier hombre podría realizarle una propuesta decente.
—Ginny, lo siento.
Ella lo interrumpió.
—¿Qué fue lo que ocurrió entre nosotros, Harry? —indago—. Cuando terminamos luego de tu sexto y mi quinto año creí que volveríamos cuando todo terminase. Pero… —su voz se le entrecortaba y le resultaba difícil el expresarse correctamente—. La elegiste a ella al final —exclamo tan calladamente, no obstante con tanta firmeza que sus palabras le lastimaron—. ¿Por qué Harry? —sujetaba con fuerza su ropa blanca de medimaga.
Él exhalo el poco aire de sus pulmones, movió su cabeza y término de un solo trago su bebida.
—No estábamos destinados a estar juntos era tan solo un amor infantil —dijo cansinamente él.
—Para mí no lo fue —ella quiso que él supiera.
—Ginny, el pasado no puede volver —tomo su mano derecha y la entrelazó entre la suya— eres una gran mujer, una admirable —se sincero— sin embargo… no eres ni serás la persona para mí —le informo—. Luna —miro el corredor hacia la habitación de su esposa—, es todo lo que necesito, por alguna extraña razón el estar junto a su lado me hace sentir algo extraordinario en mi interior. Algo que no puedo explicarte con palabras, es…
Con su mano libre, ella colocó uno de sus dedos sobre sus labios y lo silencio brevemente, el tiempo suficiente para preparase para lo que iba a decirle.
—Es la persona que amas y con eso no puedo competir —sonrió con tristeza—. Me habría gustado ser yo ese ser, que llenase tu corazón —sus ojos se tornaron llorosos—. ¡Cielos! —rió con pena y le soltó la mano— hace tanto tiempo que había querido decirte esto pero tenía el valor —tomo un pañuelo de entre sus ropas—. Siempre supe que no podía ganarle —limpio sus ojos— constantemente la mirabas de una forma en que nunca lo hiciste con Hermione ni conmigo.
—Ginny —exclamo él con dulzura.
—Siento, no ser el hombre que puede responderte y lamento el dolor que te he causado en el pasado y ahora.
Bajo su cabeza, no esperaba que ella le declarase nuevamente sus sentimientos en ese momento y sobre todo de sea manera, cuanto dolía el pasado y los secretos, especialmente los de ellos. Ella se levantó y camino un par de pasos.
—No te disculpes Harry —intento animarlo— esta vez me toco perder. Ella cuidará bien de ti —dio otro paso—. Luna esta respondiendo bien al tratamiento —cambio el tema— en unos cuantos días más se podrá ir a casa y podrán continuar con los preparativos —se giro y lo miro.
—Yo…
Se levanto e intento alcanzarla.
—¡No! –chilló y él se detuvo—, Harry ve con ella —le sonrió— yo estaré bien, ella es quien te necesita ahora.
Tiro a la basura el vaso de café. Suspiro y camino hacia la habitación de Luna. Entro al pequeño y frío cuarto. No necesitaba nada de eso precisamente ahora, él no podría amarla de la forma en la que ella siempre lo deseo, lo suyo había sido un error y estaba seguro que ella también pensaba lo mismo. Contemplaba la puerta y se preguntaba si algún día podría perdonarse a sí mismo.
—¿Harry?.
Exclamo una anhelante voy conocida por él, se alegró enormemente al escucharla llamarlo.
—¡Luna!.
Corrió hacia ella, esta era la primera vez desde que la hospitalizaron que decía algo. Ginny tenía razón su esposa estaba respondiendo satisfactoriamente al tratamiento impuesto por su medimaga de cabecera, iba a ir por ella para que realizará un chequeo rápido en Luna, cuando ella le dijo algo que lo conmociono por completo y quebró la alegría del momento.
—¿Harry, porque las luces están apagadas?
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Poco antes del medio día estaba más que molesto, era la actitud que mostraba a quien se acercase a él. No podía ser posible había perdido una gran cantidad de galeones debido al Ministerio por haber rechazado una propuesta de renovación que afectaba directamente las propiedades muggles en Gran Bretaña, casi la mayoría se habían negado, ahora debería enviar a Zabini a Alemania para unos ajustes en el proyecto y volver a replantearlo al Ministerio.
En vez de dirigirse a su casa, procedió a ir uno de sus apartamentos. No tenía la más mínima intención de ir a su casa, al fin y al cabo su mujer se encontraba de visita en la casa de sus padres en Ámsterdam. Se dejo caer desganado sobre su elegante sofá negro.
—Dame un whisky de fuego —parecía que exclamaba a la nada, sin embargo, y a los pocos segundos de su orden apareció un regordete elfo muy descuidado y maltratado que llevaba en una bandeja de plata un refinado vaso con el preparado. Y tal como llego desapareció. La bebió de un solo trago—. ¡Uno más y trae un pergamino, pluma, tinta y las ceras!.
Grito furioso. Y nuevamente al poco tiempo su mandato fue cumplido al pie de la letra y casi en el acto. Esta vez tan solo probó un pequeño sorbo y lo saboreó plácidamente en su paladar. Tomo la pluma y la lleno de tinta, escribió tan solo dos palabras en el fino papel.
"6:30, D.M"
Sello el documento con cera negra, sin ningún emblema en específico. Tomo el resto de su bebida. No pronunció una sola palabra al ser que consideraba inferior a él, tan solo lo arrojó al aire y en el acto el elfo lo tomo. Draco se dirigió hacia su aposento, necesitaba un poco de descanso. El ser al ver el color de la cera supo inmediatamente cual era el destino de se documento, así se lo había enseñado su amo. Cuando el rubio hubo llegado a su habitación se deshizo de la capa y quedo en algo más informal, desanudo su corbata miro por el ventanal y espero pacientemente a que diera la hora acordada, sonrió con malicia, esta noche él se divertiría con la castaña.
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Capitulo IV
El jardín de la inocencia
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Nos vemos
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