Capitulo 4: "Comparado con un dios."
Corriendo a través de aquellos pasillos y corredores esplendidos dignos de un gran rey, mismos caminos que en ese momento dejaron de ser hermosos, para convertirse en caminos de terror, pánico y un terrible nerviosismo ocasionados por aquella terrible noticia que hizo temblar el alma de aquellos dignos de estar sentados en la mesa de las decisiones del reino.
Aquellos sueños que se esperaban después de esa ardiente batalla que había sacudido a tan hermosas tierras, aquellos que serían dignos de formar parte de la realidad, esos sueños que fueron borrados por esa persona sumamente poderosa de quien hablaba aquel joven valiente que se atrevió siquiera mirar sus ojos y ser castigado por su poder.
El miedo, por supuesto, no se escondía. Hacía temblar hasta al más valiente por tan solo escuchar que dentro de poco se acercaba una batalla que a simple vista, iba ser peor y más extraordinaria, que hayan visto desde los inicios de la creación de Hyrule.
Todo lo que se sumaba en la cabeza de los que corrían por saber acerca de lo que sucedió en la provincia de Eldin, era solo la curiosidad por saber quien era el hombre que estaba en voz del herido, y la posible opción de que era él, el culpable de lo que había sacudido al Reino.
Miedo, angustia, curiosidad, pánico, nerviosismo, todos estos sentimientos que se mezclaban dentro de sus cabezas soñadoras y esperanzadoras, no hacían más que crecer la confusión en la que ya estaban inmersos desde lo que había ocurrido esa noche que se convirtió en el propio infierno.
En ese momento, pasos, respiración agitada, era solo lo que se escuchaba por los caminos, y, mientras su razón quería llegar rápidamente a donde yacía herido el soldado, pero su inconsciente quería ni siquiera acercarse, pero ellos, que eran los lideres del Reino, no podrían tomar esa opción característica de un cobarde, ya que de ellos dependía la vida de miles de personas.
Llegan a la habitación deseada. Abren la puerta. Encuentran al soldado herido tendido en su cama y a unos cuantos doctores a lado de él y a un granjero que estaba sentado en una de las sillas que se encontraban en la esquina de la habitación. Los curiosos fijaron su mirada en el cuarto, más su atención en el soldado. Su cuerpo totalmente herido, parecía haber sido golpeado; sus piernas lastimadas, sus costillas fracturadas, su brazo roto, y su cabeza y cara, totalmente golpeada, como si no hubiera querido dejar el culpable siquiera un espacio en blanco, todo su cuerpo estaba cubierto de moretones y cortadas, su color de piel era rojo y morado.
Los doctores que estaban a su lado asombrados por lo que veían. Los concejales un poco asombrados, pero su curiosidad fue mayor que intentaban buscar alguna señal que marcase algo sobrenatural, algo que se adaptara a la descripción que les habían dado.
-¿Cómo esta doctor?-se oye la voz de la princesa un poco agitada.
A simple vista ella era la única que se interesaba en el paciente.
-Él está en un estado grave. Sus heridas no son solo lo que ven ustedes. Su cuerpo por dentro se encuentra totalmente destrozado.
En ese momento el doctor se acerca a ella.
-Le seré sincero princesa, no le queda mucho tiempo de vida. Fue un milagro el que haya llegado vivo hasta aquí.-murmulla el doctor.
En eso la princesa voltea a donde estaba el granjero, que en ese momento sujetaba su sombrero de paja y se veía que más que preocupado, estaba asustado. Sus piernas le temblaban, sus manos no se controlaban.
-(¿Qué es lo que le pasa?)-entre pensamientos la princesa, que aun no recuperaba el aliento después del recorrido.
Y se acerca lentamente al granjero. Se sienta en una de las sillas que estaban a lado de él.
-¿Qué le sucede señor-colocando su mano en el hombro del granjero-¿Por qué se encuentra en este lugar, y por que se encuentra tan inquieto?, sea usted bienvenido en mi castillo-dijo la princesa un poco sospechosa de lo que le pasaba a aquel granjero.
-Él princesa, fue quien recogió a este soldado que ve aquí-dijo el doctor-Dice que lo encontró en el suelo bañado en sangre pidiendo ayuda, además dijo que necesitaba hablar urgentemente con el Rey, pues el soldado le había contado algo que era de suma importancia.
La princesa voltea la mirada al granjero y lo toma de la mano.
-Mire señor tranquilícese-dice-En este momento, el Rey no se encuentra, pero puede decírmelo todo a mí.-
El granjero miró a la princesa y le dijo con tono nervioso.
-Pr-princesa Zelda, p-perdón por mí actitud, pero lo que quiero decirle es algo muy importante que me dijo el soldado en el momento en que lo encontré, y no he parado de pensarlo siquiera un segundo.-
-¿Pues que es eso tan importante?-respondió la princesa, pero ella tenía claro lo que le estaban por decir.
Se escuchaban los murmullos de los concejales ahí presentes que decía que a lo que se refería el granjero era al hombre sumamente poderoso.
-¡SILENCIO!-exclama la princesa
Y de inmediato los concejales se callan.
-Puede usted seguirme señor para que me cuente todo lo que le dijo el soldado.-
-Si princesa.-dijo el granjero aún con esa inquietud que se le notaba a leguas.
Y los dos salen de la habitación y se dirigen a un lugar en donde pudieran conversar acerca de ese hecho, y que claro, dejase a los concejales muertos de la curiosidad por saber que era lo que el granjero le iba a decir a la princesa.
Llegan a una habitación lo suficientemente apartado del herido. Cierran la puerta. El granjero sorprendido por la habitación a la cual habían llegado. Era esplendida, digna de la realeza, una habitación con todos los lujos que se pudiesen imaginar.
-Puede sentarse-dijo la princesa
Y el granjero se dirige a una de las cuantas sillas que había; se sienta y estaba admirado por tan cómodos muebles. De igual forma la princesa también se sienta en una de esas sillas.
-Y bien señor, la razón por la que el Rey no lo puede atender es por un asunto que surgió de urgencia, pero para eso también me encuentro yo, puede confiar en mí.-Aclara la princesa.
-Pues verá princesa, como explicarlo.-apretando su sombrero de paja-Lo que me dijo cuando lo encontré fue algo que me espanto y me puso los pelos de punta.-
-Entiendo.-
-Lo que me contó aquel soldado fue que algo extraño estaba sucediendo en la provincia de Eldin, fue por eso que tuvieron que ir, para inspeccionar. Cuando su tropa llegó cerca de la provincia, encontraron a un hombre, un hombre de gran altura.-con tono preocupante el granjero.
-Según el soldado, dijo que ese extraño hombre tan solo de verlo daba pánico y causaba terror, que ningún hombre sobre la tierra se le podría comparar. Tan solo su voz causaba que los huesos temblaran del miedo de escucharlo, era una voz parecida a truenos, ¡era algo horrible!-comentaba el granjero.
-¿Su voz?-pregunta la princesa.- ¿Entonces, escucharon su voz?, y ¿Qué dijo ese hombre?-
-El soldado mencionó algo, dijo que ese hombre nombró a las diosas de Hyrule, también dijo que se lamentaba por haberse ido de este Reino-en eso el granjero se lleva su mano a la cabeza para rascársela-Lo demás no le entendí lo que dijo princesa, discúlpeme.-
-Pero eso no es todo princesa.-con tono preocupante el granjero-Ese hombre mató a todos los soldados que se encontraban en ese sitio, con tan solo alzar su brazo y dar una orden ocasionó todo ese desastre, esa la razón por la que aquel soldado que rescaté estaba en esas condiciones. Princesa, ¿Quién podría hacer semejante cosa?-
La princesa baja la mirada un poco y notándosele a leguas una cara de preocupación de tan solo pensar en esa persona de quien le hablaban, y aumentaba la posibilidad de que fuera él quien hizo que todo Hyrule temblara de miedo la noche pasada.
-Princesa.-dice el granjero-Ese hombre parecía un dios, eso fue lo último que me dijo el soldado.-
En eso la princesa sube la mirada y se quedó mirando al granjero.- ¿Un dios? -
Mientras que esto sucedía en el castillo de Reino, en lo que era el pueblo de Ordon se encontraban Ilia, el hombre que llevaba una corneta el cual se asemejaba a un pequeño Skullkid, Epona y Link, el cual se lamentaba profundamente por lo que le había pasado a la gente de Ordon.
-No hay absolutamente nada-dice Link
-¿Qué traes sobre tus brazos?-pregunta el hombre de la corneta
-¿Esto?, es la ropa de aquel personaje que derrotó a un hombre llamado Ganondorf hace algún tiempo, pero que no pudo salvar a su gente.- dice Link aun con marcas en la cara de haber llorado.
-Link.-dice Ilia-No te lamentes tanto, no fue tu culpa, tú no podías hacer nada frente a un fenómeno natural como lo fue la erupción del volcán, ¡nadie podría hacer algo frente a eso!-
-Es cierto.-dice el hombrecillo de la corneta-No fue tu culpa, al contrario, sigues siendo un héroe, que, aunque no hayas salvado a toda la gente del pueblo, salvaste a dos personas que en ese momento también te necesitaban.-
Link baja su cabeza, al igual que los demás, meditando lo que había pasado.
-Creo que lo que debes hacer,-dice el hombrecillo-es ir a ayudarme a buscar algo que comer, creo que eso también te podrá a ayudar a pasarte ese trago amargo que llevas.-
Link e Ilia sonríen un poco.-Él tiene razón Link, vayan ustedes dos a buscar algo que comer, yo mientras me quedo con Epona.-
-Creo que tienen razón.-dice Link aun con tono preocupante.
Y el hombrecillo de la corneta y Link van a buscar algo para comer, mientras Ilia se queda con Epona.
Y cuando los dos se alejaron lo suficiente, Ilia se tira al piso lleno de escombros y comienza a llorar.
-¡¿Por qué, porqué, porqué sucedió esto Epona, por qué?-
Epona se le queda mirando, se agacha un poco, y le arrima el hocico, como si quisiese consolar a Ilia, la cual se encontraba afligida por lo que sucedió.
-Gracias, Epona.-dice Ilia llorando.
Mientras tanto, Link y el hombrecillo de la corneta buscaban algo que comer pero lo único que veían en el camino eran escombros, todo estaba quemado. Los dos caminaban con las bocas tapadas con las manos por el olor terrible que había.
Ambos buscaban arboles en donde pudiera haber fruta, pero los poco arboles que había de pie estaban quemados; fueron a buscar en los lagos o ríos, pero algunos estaban completamente destruidos y otros estaban contaminados, incluso se podía ver en la superficie algunos pececillos que habían muerto por la misma contaminación.
Buscaban por todos lados pero no encontraban nada, todo había muerto, animales, vegetación, insectos, nada había, todo había desaparecido.
-Maldición, no hay absolutamente nada que podamos comer, tenemos que irnos de este lugar.-
-Creo que tienes razón hombre de orejas puntiagudas.-decía el hombrecillo de la corneta.
-(¿Qué habrá pasado ayer en la noche?, dudo mucho que haya sido un fenómeno natural. ¿Habrá afectado de la misma manera a todo Hyrule?, debemos ir de inmediato al castillo del Rey.)-todo esto pasaba por la cabeza de Link en ese momento.
Mientras que Link y el hombrecillo de la corneta regresaban a donde estaba Ilia, en le castillo del Rey se estaba actuando de inmediato. De vuelta en la sala de reuniones, se encontraban los doce concejales con sus respectivos guardias, y en medio de la mesa la princesa Zelda. Ella había comentado a los concejales lo que el granjero le había contado a ella, y comenzaba el debate sobre cual era la actitud que debería de elegir el Reino.
-Y bien caballeros.-decía la princesa-¿Qué debemos hacer?-
-Deberíamos enviar a un ejército de nuevo a la provincia de Eldin, directo a matar a ese hombre.-opino el Sr. Cenoura.
-Opino lo mismo.-dijo el Sr. Cebola.
-Deberíamos mandar llamar al joven Link, él es fuerte, además derroto a Zant y a Ganondorf y salvó a la Princesa del Reino Crepuscular, él también podrá derrotar a ese hombre misterioso al quien le dicen ser un dios.-opina el Sr. Abacate.
-¿Y si pedimos ayuda a todo el Reino, incluso al Reino Crepuscular?-comenta el Sr. Batatas.
-Hmm… opino lo mismo que el señor Cenoura, enviar al ejército y a toda la fuerza armada de Hyrule-dice el Sr. Espinafres.
-¿Enviar a Link o a un ejercito?, creo que estoy de acuerdo en ambas opiniones, pero si ese hombre realmente es poderoso, deberíamos hacer lo que comentó el Sr. Batatas.- comenta el Sr. Milho.
-Estoy de acuerdo con el Sr. Milho, todo ese apoyo serviría si es tan poderoso.- dice el Sr. Alface.
-Estoy de acuerdo con eso, no podemos hacer menos.-opina el Sr. Couve.
-Desde Ganondorf y Zant no había pasado algo semejante, opino lo mismo que el Sr. Milho.-comenta el Sr. Abóbora.
-Oigan, no hay que olvidar que el Reino Crepuscular también tiene sus asuntos, aun no se recupera a plenitud después de lo de Zant, y si ese hombre según ese granjero destruyó a un ejercito completo, ¿volver a enviar a otro ejercito para que suceda lo mismo, cuántas vidas tendremos que perder?, enviar otro ejercito seria lo mismo, lo mejor seria escoger a los mejores hombres de Hyrule y a los mejores guerreros del reino Crepuscular y enviarlos a la guerra.-comenta el Sr. Chuchu.
-Estoy de acuerdo con el Sr. Chuchu.-opina el Sr. Corn.
-El ejercito no pudo con Ganondorf ni con Zant,, incluso los guardianes de Hyrule, la princesa Midna y la princesa Zelda tuvieron que ayudar a Link para derrotarlos, y si ese hombre misterioso es más fuerte que ellos dos, no hay oportunidad sinceramente.-opina el Sr. Feijão.
-Muy bien señores, son interesantes algunas de sus propuestas, pero creo que debo tomar esta medida, ya que no hay otra opción que podamos hacer por este momento y necesitamos actuar rápido, ya que es una gran posibilidad de que una persona con un poder como según se dice, haya hecho este desastre a Hyrule. Es obvio que ese hombre es una gran amenaza para el reino y debemos si es posible eliminarlo a toda costa.-comenta la princesa Zelda.
-Lo que vamos a hacer por el momento es lo siguiente, enviaremos a un ejercito comandado por los mejores guardianes de Hyrule, incluido Link, y yo iré al frente, al mismo tiempo contactaremos a la princesa Midna para este misión.-
-¡¿Pero princesa Zelda, usted?!-exclama el Sr. Cenoura.
-Esto es lo que vamos a hacer sin discusiones, así que señores, pueden retirarse.-
En esos momentos, en lo que era el pueblo de Ordon, Link y el hombrecillo de la corneta regresan al sitio donde se encontraba Ilia y Epona. De pronto ven a Ilia sentada en el suelo cubriéndose con los brazos la cara. Los dos hombres se sorprenden y se dirigen rápidamente a ella.
-¡ILIA!-grita Link.
Ilia reacciona y ve a los dos aproximándose a ella rápidamente. Link y el hombrecillo llegan a donde ella se encontraba y la ven con lágrimas en el rostro.
-¿Qué sucede Ilia?-pregunta Link un poco preocupado.
Y en eso Ilia abraza a Link y se desahoga en sus brazos.
-No te preocupes Ilia, tranquilízate,-le dice Link-En estos momentos ambos debemos ser fuertes y continuar, por muy doloroso que sea esto debemos levantarnos, además, recuerda lo que me dijiste hace unos momentos, no es tu culpa.-
Pero Ilia continuaba llorando en los brazos de Link.
Mientras tanto no se perdía tiempo en el castillo del Reino, y se comenzaba a actuar conforme a lo que se había acordado en la reunión de la princesa Zelda y los doce concejales, preparando todo lo que fuese necesario para la terrible lucha a la cual algunos soldados y la princesa, iban a llevar acabo en la provincia de Eldin, lugar donde comenzó esta pesadilla.
Continuará…
