REEDITADO

Disclamirer: Harry Potter y sus personajes no son de mi propiedad, le pertenecen a JK Rowling. Historia original escrita por mí.

Genero: romance / drama / angustia / tragedia

Sumary: Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos.

Sinopsis: Amar… es pecar, soñar… es desear… Y morir, es vivir por ti. Contigo estoy probando la fruta prohibida, la imperfección de la entrega total y el precio de caer.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.


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Simpatía por el Diablo –

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo IV

El jardín de la inocencia

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"Aburrirse es besar a la muerte".

- Ramón Gómez De La Serna -

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Recostada en el sofá de la sala recibió una lechuza con un mensaje sumamente interesante; ya conocía a la perfección a esa ave casi negra y elegante. Depositó en sus manos el mensaje y salió majestuosamente por la misma ventana por la cual había entrado. Revisó el trozo de papel y esbozo una extraña sonrisa al ver el color del sello entre sus dedos, solo podía tratarse de él. Aún así lo abrió y lo leyó con algo de pereza, poco después se levanto del sillón y camino hacia la chimenea y lanzó el papel. Saco su varita y lo quemó toda evidencia.

—«En la medida de lo posible nunca dejes ningún tipo de evidencia»

Había comentado en una reunión Cho Chang. Era más que seguro que engañaba a su actual y tercer marido; siempre tan cambiante, tan engreída. Recordó que pensó eso de ella en aquel momento y mírenla ahora.

—Disculpe señora —le hablo una chillona voz y miro hacia abajo.

Hermione sonrió al ver al elfo usar uno de sus nuevos regalos; un trajecito de soldado que lo compró pensando precisamente en él

—Dime, Dobby.

—Señora –repito —, ¿que desea que Dobby prepare para la cena, ahora que el señor esta de viaje?.

Abrió sus ojos grandemente, predispuesto ante sus deseos. Hermione se agacho para quedar cerca de su altura de forma que no tuviese que alzar la cabeza para mirarla.

—El día de hoy saldré en la noche, por lo que esta vez no es necesario que hagas nada —se levanto—. Bueno al menos para mí no, pero —lo miro de soslayo— quiero que tú te prepares algo para que comas. No porque yo no este, tú no cenaras.

—¡Oh! —agacho la cabeza— . Veo la señora saldrá con sus amigos o ira a ver a Harry Potter.

—Harry —musito.

Mordió levemente su labio inferior. No había ido al hospital desde que internaron a Luna la semana pasada, él le había dicho que no era necesario ya que solo era una "visita sorpresa"; pero al decirle esto lo veía claramente preocupado. Ron por su parte acepto esto y ambos se marcharon, recordó que le reprocho a su marido su falta de consideración ante tal circunstancia y como siempre él se había excusado diciéndole que fue el mismo Harry quien no quería demasiada gente en el sanatorio. Porque al final terminarían preocupándolo más de lo que él ya estaba. Al final prefirió no continuar con la pelea, no llegarían a ningún lado.

—Es verdad, iré al sanatorio. Aunque sea la preguntaré a Ginny como sigue —comento más para ella que para el elfo.

—¡Realmente! —se alegro— ¡espere un momento por favor! —desapareció y al poco tiempo reapareció con una pequeña canasta de mimbre la cual se la entrego muy feliz—. Si le hiciera un favor a Dobby señora, sería muy feliz que le entregase esto al señor Harry —brincaba feliz— son unas galletas que he preparado y espero que sean del agrado del señor y la señora Luna —se mostró sumamente alegre al mencionarle estas palabras.

Hermione le sonrió con dulzura.

—Claro Dobby. Pero, Ron no debe saber que he salido el día de hoy —lo miro con seriedad.

Dobby recordó que cuando ambos regresaron del sanatorio discutieron fuertemente sobre ir otro día sin que Harry se los pidiese.

—Si, si señora —hizo una exagerada reverencia— Dobby promete cerrar la boca, so pena de lastimarse gravemente si llegase a mencionarlo.

—No te lastimes, pero recuérdalo nadie debe saberlo —susurro— este es un secreto solo entre tú y yo —el elfo cabeceo y la escucho atentamente—. Otra cosa —le expreso en el marco de la puerta— es posible que no regrese a casa hasta mañana, así que no me esperes.

Se marcho de la habitación mientras le hacia un gesto de silencio a la criatura que continuaba afirmando silenciosamente. En ese momento transformo a Dobby en su silencioso cómplice, por primera vez y nunca lo admitiría agradecía la fiel devoción de estos seres hacia los secretos.

Subió a su habitación. Miro la hora tan solo eran las dos de la tarde, suspiro. Se daría un baño e iría a una visita rápida para luego dirigirse a su reunión. Mientras caminaba hacia su clóset observo sobre el tocador, una fotografía de ella y Ron jugando en la nieve, en esa escena ella se vía tan feliz; toco el marco y la coloco boca abajo. Tardo cerca de cuarenta y cinco minutos en arreglarse. Se miro en el espejo, vestía como muggle; un traje sastre de lana color sepia. Saco, blusa blanca, botas largas se coloco una boina y un par de lentes. Había sujetado su cabello y por primera vez desde hacía mucho tiempo se hizo una trenza. Tomo un saco, una bolsa de mano y bajo a la sala. Usaría la chimenea para llegar, antes de marcharse recordó el obsequio del elfo.

Luego de esto tomo algunos polvos, y apareció frente a las recepcionistas, se apresuro a salir; era bien sabido el congestionamiento diario de las chimeneas y no quería ningún tipo de incidente. Camino presurosa hacía el área de información.

—¿Disculpe, busco a la sanadora Weasly? —le indago a una mujer regordeta, la cual la observo brevemente, para posteriormente regresar hacia sus reportes que tenía frente a ella—. ¿Está de turno?.

—En estos momentos se encuentra en el comedor —estornudo— es su hora de comida —volvió a mirarla—. ¿Tiene cita con ella? —dejo sus documentos.

—No, es mi amiga —le informo Hermione— tan solo quería charlar con ella. Pero, si tiene mucho trabajo…

—Pase —la interrumpió— no creo que le importe verla —se levanto y camino hacia ella— la pobre tuvo una noche fatal y apenas pego un ojo —suspiro—. Hoy no le tocaba trabajar de hecho. Sin embargo, insistió tanto que el sanador encargado del turno no tuvo más remedio que aceptarla el día de hoy.

Se extraño, generalmente Ginny siempre que podía le huía al tiempo extra, por ser tan pesado y molesto. Según le dijo un día.

—Gracias.

Caminó hacia las escaleras, para dirigirse al quinto piso donde le indicaron que estaría. Mucha gente la miraba y era natural, la mayoría vestía completamente diferente a ella como lo hacía en ese momento, como una simple muggle. Cuando entró contemplo unas pocas mesas ocupadas y en una esquina identifico a una pelirroja muy conocida, sonrió al verla y se apresuro a su encuentro.

—¿Ginny? —dijo al acercársele.

La miro y se veía fatal. Unas grandes ojeras debajo de sus ojos la delataron, su cabello estaba en completo desorden, así como su apariencia en general. Muy distante a la formal y elegante que solía llevar, aún en su trabajo. Se sentó frente a ella, preocupada tomo sus manos, estaban heladas.

—¡Por el amor de Dios Ginny! ¿Qué te ha pasado?

Comenzó a formársele una extraña angustia en su pecho, la misma que se forma cuando algo va a cambiar la vida de alguien. Le acariciaba sus manos en un intento de que estas se le calentasen un poco. La pelirroja tenía una sopa a medio comer y por lo que juzgo en ese instante ahora estaba fría.

—¿Ginny? —volvió a llamarla, ahora maternalmente—. ¿Ha pasado algo?

—Luna despertó, Hermione —susurro por lo bajo.

Una gran sonrisa se dibujo en sus labios al escuchar esa oración y por un instante la inquietud previa se desvaneció. Imagino que dentro de poco dejaría el sanatorio y que las cosas regresarían a como eran antes de su extraña dolencia.

—¿Realmente? —expreso esperanzada—. Gracias —sus ojos se tornaron llorosos—, gracias —reitero—, a tus cuidados ya no hay nada de lo que debamos preocuparnos y…

Expresaba eufórica y por primera vez con un gran júbilo, se detuvo de inmediato cuando los ojos de Ginny comenzaron a derramar lágrimas y estas no se detenían, era un lloriqueo inquieto y una vez más el sentimiento de angustia regreso a su pecho. Algo no andaba bien y lo sabía perfectamente.

—¿Ginny? —susurro con ternura.

—¡Merlín! Hermione, no se que ha sucedido —se angustio— en vez de avanzar en su caso parece que como los cangrejos vamos hacia atrás —sujeto sus manos con fuerza— no que hacer Hermione.

Algunas personas las observaban extrañadas, la escena era un tanto peculiar para el resto de la gente que no estaba enterada de la conversación de las mujeres.

—¿Qué quieres decir? —Soltó sus manos—. ¡Dime Ginny me estas asustando! —se levanto y a los pocos segundo se sentó nuevamente—. ¡Si acabas de decirme que acaba de despertar! —Se detuvo—, creí… que todo…

—No tú, sino todos —le aclaro y suspiro pesadamente—. La enfermedad que la acongoja es una dolencia extraña, algo que no se había visto en siglos en Gran Bretaña —colocó sus codos sobre la mesa y recargó su cara en sus manos—. Esta avanzando muy rápido —la miro— una enfermedad que creemos que esta relacionada con parásitos.

—Habla —le costo pronunciar. A Hermione se le formo un nudo en la garganta, no le gustaba para nada el camino que había tomado la conversación.

—Creo… que lo mejor es que no te lo explique —se recargó en el respaldo de su silla—. Son términos que no comprendes —se detuvo— perdón. No quise decir algo así —Miro hacia otro lado—. Se que eres muy lista y no te costaría nada el investigar por tu cuenta, sin embargo tal vez, esta ocasión deberías dejar las cosas así. Sin saber nada, será lo mejor; así que por favor disculpa.

—¿Qué tan grave es? —expreso con seriedad— y por favor quiero que seas completamente sincera con tu respuesta.

Una vez más Ginny suspiro como si intentase sacar algo del dolor que sentía en su pecho. Dudo antes de atreverse a contestarle.

—Bastante, al ser una dolencia que se creía desaparecida nunca se le busco una cura en realidad —aclaró su garganta—. Así, que no hay un tratamiento para lo que tiene —sujeto su bata.

Hubo unos instantes de silencio entre ambas.

—He hablado con algunos medimagos, inclusive con el director del sanatorio un hombre muy inteligente y que ha visto de todo, pero —apretó sus manos— me dijo que no tenemos tiempo para buscar una solución —le costaba trabajo hablar—. Más que el tiempo que le resta sea lo más cómodo posible para ella.

Una cortina acuosa se formo en los ojos de Hermione y antes de percatarse las lágrimas caían libremente por sus mejillas, sin la intención de que estas parasen. Le costaba respirar. ¿Acaso le estaba diciendo que la jovial Luna Potter iba a morir?.

—¿Podría haber un error en los estudios? —quiso creer—. ¡Tal vez alguien en el departamento de investigación se equivoco con los resultados y!…

Observo como Ginny le negaba con la cabeza.

—No. Hermione, no hay ningún error —tosió—. El mismo director llevo a cabo las pruebas tres veces y en todos los casos dieron positivas. Esa es la realidad.

—¿Por qué ella? —dijo con dolor en su voz—, no lo entiendo hay gente mala. ¿Entonces por qué?.

Indagaba esperando una respuesta, algo que le dijese el motivo de algo tan espantoso, un consuelo algo que aceptar.

—¿Recuerdas sus viejas excursiones en busca de los snorkacks? —Ginny habló y Hermione le asintió— tal vez ahí se contagio de algo.

Silencio.

Se levanto y camino hacia la puerta de salida. Hermione cogió sus cosas con rapidez y la siguió rápidamente.

—¡Espera! —intento ordenar sus ideas—. ¿Es una enfermedad dolorosa? —la pelirroja le afirmo con la cabeza —. ¿Es que piensan extender su dolor? —se rabio—. ¡Es inhumano!.

—No lo es —se justifico Ginny alzando su voz.

—¡No me dirás que Harry fue quien quiso eso! —la jalo—. Porque de se así yo…

—No lo entiendes —le susurro—. Harry es el último que desearía que ella sufriese más de lo que debería, lo sabes tan bien como yo.

Camino por el pasillo por donde andaba le pareció claro que se dirigía a la habitación de Luna. Hacia el segundo piso, unos metros más y llegarían a su destino.

—Luna esta embarazada Hermione —reveló.

—¿Cómo? —se sorprendió, no esperaba enterarse de algo así en una circunstancia tan lamentable.

Ginny creyó prudente el continuar con la conversación.

—Al principio Harry y yo creímos que su dolencia se debía a detalles con su embarazo y en parte eso hizo que los resultados no fuesen fiables al principio —sujeto su cabeza— tiene solo dos meses —acomodo su cabello tras su oreja.

Entraron finalmente al segundo piso dedicado a los virus mágicos. Habían varias puertas cerradas, algunos sanadores y enfermeras especializados se movían en el área en silencio. Ginny se detuvo frente a su habitación.

—Debemos lograr que cuando menos llegue a las veintiocho semanas o más sería lo ideal, esto es para que el bebé tenga más posibilidades de sobrevivir —tomo la perilla, sin embargo Hermione la detuvo.

—¿Harry también esta enfermo? —Pregunto con temor—. Estoy preocupada de que el también pueda —no podía decir esa palabra— ¿entonces eso significaría que el bebé?

—No te preocupes —le dio una sonrisa triste— no es contagiosa —le explico ante la consternación que vio— ni siquiera para su hijo, sin embargo —buscaba una forma de explicarle— ella irá presentando algunas pérdidas —expreso con un dejo en su voz.

—¿Pérdidas? —no comprendía e iba a preguntarle.

No obstante Ginny se adelanto a su cuestión.

—Debo llenar algunos reportes —la miro— te importaría hacerles algo de compañía. No será mucho tiempo, se reducirán las horas de visita para mantenerla tranquila —observo su reloj— regreso a las seis treinta. ¿Me harías ese favor? —le sonrió.

—Claro —no podía negarse.

—Gracias y pronto comprenderás a lo que me refiero —dijo refiriéndose a las pérdidas graduales de Luna.

Contemplo como la medimaga se alejaba por el pasillo. Sujeto la perilla y entró, la escena delante de ella le desgarro el corazón por completo y con toda la fuerza interna de ella evito llorar.

• •

—Llegas tarde —le expresó con una molestia franca en su voz.

Hermione no se inmuto ante tal recibimiento, se quitó el saco y lo colocó en el perchero; así como la boina y bolso.

—Son las ocho —dijo ella.

Caminó hacia la barra del rubio y se sirvió algo de licor en uno de los elegantes vasos. No le importaba lo que fuese a tomar, tan solo necesitaba algo con urgencia. El juzgaba cada uno de sus movimientos, pero en especial se sorprendió por verla beber. Hasta donde él recordaba, eso era algo que ella evitaba la mayor parte del tiempo. Colocó su vaso sobre la barra, parecía que el pequeño espectáculo había terminado, no obstante, vio como la garrafa de licor era vaciada lentamente; trago a trago. Algo llamo su atención más que el hecho de verla tomar y era la circunstancia de estaba temblando como si tuviese frío, se levanto y antes de se sirviese la última copa le arrebato el licor de sus manos.

—Es caro ¿sabes? —La miro con malicia—. ¿Estás segura de poder pagarlo con el mísero salario de tu marido?

—¡Púdrete! —le contesto con irá y le arrebato el botellón y se vertió el resto en su vaso. Lo bebió sin perturbarse, una gota resbalo de entre sus labios y recorrió su cuello—. ¿Tienes más? —había un dejo de suplica en su voz.

Draco divertido por la situación en sí, saco de entre los cajones de su cantina otra garrafa igual y se la colocó frente a ella. A la vez que tomaba el recipiente vacío y lo guardaba. Antes de que ella se sirviese la detuvo con algo de fuerza, a su vez Hermione lo miro rabiosa y él le sonrió casi de manera angelical. Tomo un vaso y sirvió en ambos.

—Un buen alcohol es aquel que se comparte, beber solos es algo lamentable —le expreso mientras acariciaba una de sus mejillas.

Los ojos de Hermione estaban hinchados y rojos, ella le retiro su mano y continúo bebiendo, cuando acabo él le volvió a servir. Draco disfrutaba desmesuradamente de la situación actual, más tarde se reiría de ella; por ahora se deleitaría de la escena expuesta. Justo cuando la tercera garrafa se término ella se alejo de la barra y se dejo caer en el sofá, respiraba agitada. Se había sentado con torpeza, era más que evidente que el alcohol comenzaba a mermar en su lógica. Malfoy chasco su lengua airoso y se coloco frente a Hermione, casi al punto que sus rostros se tocasen.

—Quien diría que una sangre sucia como tú podría disfrutar de un placer como el que has degustado —espeto con dureza—. ¿Acaso tu marido no te lleva a lugares y a disfrutar de los lujos ahora que tiene dinero? Que pobre y patética vida te da, tal vez deberías…

Hermione lo silencio cuando lo beso con ímpetu. Draco se alejo y dio un par de pasos hacia atrás, al tiempo que limpiaba sus labios con su brazo.

—¡Asquerosa sangre sucia! —le grito iracundo.

—¿No me digas que tienes miedo Malfoy? —se rió de él—. El gran Draco Malfoy ha sido callado por una mujer ¡eh! —Alzo sus cejas con curiosidad— y no uno cualquiera, sino por una a la que desprecias, humillas y la misma que te aborrece y te doblega —exageraba en el movimiento de sus brazos a causa del alcohol—. Pero, hemos aquí actuando tan patéticos el uno frente al otro —ambos se miraron con cólera. Era completamente claro el estado de Hermione, justo en ese instante se estaba expresando sin ningún tapujo sobre él. Tenía unos enormes deseos de lastimarla y hacerla tragarse sus palabras—. Déjame preguntar —adquirió una postura infantil— si es verdad lo que dicen los rumores sobre ti.

—¡Cállate! —se dijo él mentalmente, si ella no se detenía él haría algo de lo que luego tal vez quizás se arrepentiría un día

—Que nunca has consumado tu matrimonio con Pansy —le dijo con una voz infantil llena de arrogancia. El rubio la miro irascible, saco su varita de entre sus ropas y le apunto con ella. Su mano le temblaba a la vez que la sujetaba con más fuerza de la normal. Hermione volvió a reír—. Creo que eso es un sí —lo miro divertida— si quisieras matarme lo habrías hecho hace tiempo y no en este momento —le explico.

Draco lanzo el conjuro contra la chimenea y encendió fuego con el hechizo. ¿Desde cuando lo dominaba de esa forma?. ¿En que momento se volvió su juguete? Le dio la espalda, necesitaba calmarse. No iba a mancharse las manos por una mujer como ella.

—¡Perra! —él siseó.

—Draco —le cuchicheo delicadamente y lo había llamado por su nombre.

El hombre volteó y la vio ahí en el sofá. Había soltado su cabello y abierto un poco su camisa, justo en ese momento podía ver su ropa interior; pero además había separado sus piernas. Su mirada se ensombreció.

—¡Maldita! —le exclamo y camino hacia el sofá.

Pensó en sacarla a la fuerza del departamento, en humillarla en mil cosas. No obstante, en vez de eso la beso con pasión y fuerza. Forzándola a dejarlo entrar por completo y se deleito al tocarla y percibir su cuerpo, apenas terminaba con un beso e inmediatamente continuaba con el otro; parecía un animal hambriento. Dejo de besarla y le manifiesto con odio.

—Draco —suspiro al decir su nombre.

—¡Lo quieres Granger! —Acarició sus pechos y ella gimió —. Pues lo tendrás— dirigió su mano hacia el dobladillo de su falda — lo tendrás —le recalco al mimarla—, te lo daré —se acerco a su oído izquierdo— ¡Te lo haré tan fuerte que no podrás caminar durante días!. Voy a ser tan agresivo que no podrás estar con tu marido por las marcas que dejaré en tu cuerpo —la miro y ella también lo observo—. ¡Voy a ser un animal esta noche!

Y volvió a besarla, la sentía moverse debajo de él y la escucho gimotear de placer por todo. Así como su mismo deseo maldito de poseerla ya. Sin embargo quería disfrutar y luego restregarle en su cara su infidelidad, su engaño hacia su marido. Ahí, en ese departamento, en el sofá y frente a la chimenea tomo a la mujer de uno de los hombres que más despreciaba en el mundo, sin saber que su esposa hacía exactamente lo mismo con otro hombre.

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—Vamos todos a jugar en el jardín de la inocencia —dijo una muy feliz Luna, cuando colocó su mano sobre su vientre y sonrió.

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Capitulo V

Simpatía por el diablo

Parte I

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