Capitulo 5: "El nuevo enemigo"

Es mediodía en Hyrule y aun así la tierra permanecía casi en completo silencio, a no ser por el viento que era lo único que se escuchaba. Todo era un desierto. El mercado central de Hyrule también permanecía en silencio, nadie salía a las calles, no había gente en la plaza, ni siquiera había comerciantes ofreciendo su producto, y es que, todos estaban guardados en sus casas, pues se había hecho llegar a todo ciudadano una orden de que debían permanecer en sus casas y que no salieran por nada, pues se rumoraba que tal vez estaba próxima una guerra.

Llegó la hora acordada para partir a la provincia de Eldin. De pronto en el castillo se escuchó un gran ruido, era el grito de guerra, y de inmediato se veía los carros de combate que salían del castillo del Rey. Esos momentos llenaron de angustia a los ciudadanos, que ni siquiera fueron a despedir y a desearles suerte en la batalla, no, solo se quedaron en sus cuartos, como si quisiesen que fuera tan solo un horrible sueño del cual pudiesen deshacer cuando despertaran.

Se podía observar desde cualquier punto de Hyrule, que iba a estar próximo a llover, pues se veían a lo lejos las nubes que se aproximaban a paso lento. La primera tropa salía del mercado y se dirigía a donde ocurrieron los hechos según el soldado que para esa hora había muerto les había mencionado.

-¡ALTO!-gritó la princesa. Y al instante se fueron deteniendo según llegaba la orden.

Y la princesa llamó a uno de los soldados que iban al frente.

-Te encomendaré una misión-dijo la princesa-Ve a la provincia de Ordona, y en el pueblo de Ordon, busca a un joven llamado Link y dile que vaya de inmediato a la provincia de Eldin que ahí lo estaré esperando.-

-¿A la provincia de Ordona Princesa?, pero esa provincia queda a máximo dos días del castillo, aunque fuera a toda velocidad no podría regresar de inmediato.-explicó el soldado-¿Qué acaso princesa, no planeaba ir de inmediato contra ese terrible enemigo?-

-Si, así lo he planeado.-responde la princesa.

-Princesa, sé que no soy digno de preguntar pero no puedo resistir dar mí opinión pero ¿Qué no seria mejor que nos guardemos en el castillo y esperar a que yo regrese con el joven Link para que así vayamos juntos a luchar?-

-No te preocupes soldado ni por preguntar ni por dar su opinión-dice la princesa amablemente-Ten esto.-

Y la princesa coloca en manos de aquel soldado una piedra de color verde, mientras los demás soldados no hacían nada más que esperar sobre sus caballos las nuevas órdenes del capitán de la tropa.

El soldado se extraña un poco por lo que le entregó.

-¿Qué es esto Princesa?-

-Esto es una piedra especial, una piedra que te permite viajar de un lugar a otro en un periodo de tiempo demasiado corto, claro, dependiendo del lugar a donde quieras ir.-responde la princesa con tono serio-Con esta piedra podrás viajar hasta la provincia de Ordona en unos cuantos segundos.-

-Cla-claro Princesa, de inmediato lo haré.-sorprendido el soldado.

-Espera.-le ordena la Princesa-Aún no te he dicho como funciona.-Y le comienza a explicar con brevedad posible como se maneja dicha piedra.

En eso, el capitán, quien también iba delante de la tropa al ver que la princesa le estaba diciendo algo al soldado, le extraño un poco que se lo dijera a una persona del rango más bajo de la escala operativa básica y no a uno de los más altos, así que fue a revisar que era lo que ella le decía.

-¿Qué sucede su majestad, acaso necesita usted algo?-pregunta el capitán.

-No se preocupe, solo necesito a este soldado.-

-No es de mi menester que su majestad lo justifique pero…

-Si no es de su menester, no lo haga.-responde la Princesa.

Después de eso se volvió a dar la orden de seguir adelante, y mientras el ejercito se alejaba poco a poco del castillo, el soldado a quien la princesa le encomendó la tarea de buscar a Link y llevarlo a Eldin, también se alejaba del castillo, pues la Princesa le había ordenado que se alejara del castillo para poder transportarse secretamente con la piedra que ella le había otorgado.

Mientras esto sucedía en la Provincia de Lanayru, en la provincia de Ordona, los únicos sobrevivientes del desastre ocurrido la noche anterior, se dirigían al castillo de Hyrule para encontrar a la princesa Zelda y saber más de lo que había ocurrido.

El tiempo pasaba en Hyrule y las cosas no se componían, todo era un total desastre, el Reino estaba sucumbido por el miedo; ninguna nueva noticia había llegado al castillo y lo único que esperaban era el regreso del ejército que había ido a luchar contra el nuevo enemigo, y era así como lo nombró la gente del Mercado.

De pronto se ve a lo lejos un pequeño grupo que se aproximaba desde el oeste del castillo. Los vigilantes que se encontraban en las torres del mercado difundieron la noticia a gritos que todos los habitantes la escucharon.

-¡ES EL REY!-gritaron-¡ES EL REY DE HYRULE!-

Y todos salieron de sus casas para recibirlo.

El Rey de Hyrule llegaba junto con sus guardaespaldas, se podría decir, y entraba por las puertas del Oeste del Castillo, y toda la gente le saludaba con grandes elogios mientras él cabalgaba entre las calles del castillo.

-¡VIVA EL REY, VIVA EL REY DE HYRULE!-gritaba la gente.

Y entre la multitud se escuchó.

--¡¿ACASO EL REY NOS SALVARÁ DEL NUEVO ENEMIGO QUE ASECHA EL REINO?!-

El Rey escuchó y se sorprendió, y después de dicho grito comenzaron a escucharse gritos que reclamaban algo similar.

-¡PONGAMOS NUESTRAS ESPERANZAS EN EL REY DE HYRULE!-

-¡ÉL ES REY Y COMO REY NOS PROTEGERÁ!-

-¡EL REY IRA AHORA MISMO A SALVARNOS!-

Y cuanto más se escuchaba el Rey más se sorprendía, pero conforme iba avanzando, iba mirando a sus ciudadanos, y veía en sus rostros la esperanza de que él los libraría del terrible hombre que ha causado miedo entre los habitantes del Reino.

Después de haber entrado al castillo central, el Rey junto con sus guardaespaldas bajaron de la carrosa y los caballos y de inmediato comenzó a gritar preguntando de qué hablaba la gente del pueblo. Las personas que habían salido a recibirlo se quedaron atemorizados por semejantes gritos que pegaba el Rey, ya que nunca nadie lo había visto de esa manera tan furiosa.

En eso salió uno de los concejales que había estado en la Reunión que organizó la Princesa.

-Su Majestad, por favor no se exalte de esa manera, yo le explicaré que es lo que esta sucediendo.-

-POR FAVOR Y QUE SEA RÁPIDO.-respondió el Rey enojado.

-Acompáñeme su majestad.-

Y el Rey siguió al concejal hasta la sala de reuniones. Ahí el Rey se sentó junto con los doce concejales que habían estado en la primera reunión que organizó la princesa Zelda. Uno de los sirvientes que yacían en aquella sala le sirvió un poco de agua mientras las puertas del lugar se cerraban.

-Y bien señores, explíquenme, ¿Qué esta sucediendo aquí?-pregunta el Rey un poco más tranquilo.

Nadie en la sala se atrevía a responder y todos se quedaban mirando unos con otros.

-¡VAMOS DIGANME!-gritó el Rey.

Y mirando uno a uno a los concejales, en eso el concejal Milho levanta la mano un poco atemorizado.

-Si Milho dígame.-

-Su majestad, ayer por la noche ocurrió un grave suceso que estremeció a todo Hyrule.-

-Si eso lo sé, en los desiertos de Gerudo ocurrió lo mismo, pero quiero que me digan ¿DE QUÉ HABLABA LA GENTE?-respondió el Rey.

-Pues vera señor, tenemos nuevas noticias al respecto.-

Mientras tanto, el soldado se detiene a una distancia considerable del castillo y baja de su caballo para hacer lo que la princesa le indicó que hiciera para transportarse al instante con la piedra.

El soldado baja de su caballo y clava la piedra en el suelo y alrededor de esta, comienza a marcar con su espada un circulo, según lo que le había mandado a hacer la princesa. Regresa a su caballo y se dirige con el hasta donde había colocado la piedra, sube al animal y comienza a recitar unas palabras especiales para este hechizo la piedra pudiera funcionar.

Terminadas estas palabras, el círculo marcado junto con la piedra, comienzan a brillar de un color verde, y tanto el soldado como el caballo comenzaron a espantarse pues no sabían lo que les esperaba. De pronto la figura que había sido marcada en el suelo dejó de ser plana para convertirse en una esfera de color verde, y en el momento en el que el caballo relincha del espanto, desaparecen del lugar.

Por otra parte los sobrevivientes de Ordon se dirigen a toda prisa hacia el Castillo de Hyrule, y mientras recorrían el camino, solo lograban ver escombros y algunas plantas y árboles que sobrevivieron al desastre.

-Mira Link-dijo Ilia quien estaba sentada atrás de él-Conforme salimos de Ordon y nos acercamos más a la siguiente provincia aumenta más el número de vegetales.-

-Si es cierto.-responde Link-Que bueno que no somos los únicos sobrevivientes de esta provincia, pero supongo que se debe a las altas montañas que las protegen.-

-¿Crees que algo malo vuelva a ocurrir de nuevo Link?-pregunta Ilia.

-Esperemos que no.-

Los tres sobrevivientes aún destrozados por dentro por lo que había ocurrido en Ordon, seguían su camino manteniendo la esperanza en sus corazones de no que estuviera ocurriendo una nueva contienda entre el bien y el mal, y en un momento en que el Reino de Hyrule todavía no recuperaba esa confianza que se había perdido hace tiempo con Zant y Ganondorf.

En esos momentos, en el castillo del Rey se mantenía el ambiente tenso, por las decisiones que se habían tomado durante la ausencia del Rey. Éste no encontraba explicación de porqué la Princesa Zelda había decidido ir de inmediato sin analizar detenidamente la situación, sabiendo que ese enemigo a simple vista era más poderoso que ella y corría peligro no solo la Princesa, sino Hyrule entero.

-No se diga más-dijo el Rey-Iré de inmediato a donde mi hija fue.-

-¡¿Qué dice su majestad?!-asombrado el Sr. Milho.

-¡No puede ir señor, es demasiado peligroso!-dice el Sr. Chuchu.

-¡Po-podría morir su majestad!-impactado el Sr. Cebola.

-¡ELLA ES MÍ HIJA Y NO PUEDO DEJARLA IR ASÍ SABIENDO QUE PODRÍA MORIR EN INTENTAR PROTEGER EL REINO!-exaltado el Rey-¡NO SE QUE DEMONIOS ESTABAN PENSANDO USTEDES EN ACEPTAR LA DECISIÓN DE ELLA SIN NO ANTES CONSULTARME A MÍ, EL REY DE HYRULE!-

-Se-señor-tartamudeando el Sr. Abacate.

-¡¡AHORA POR SUS CULPAS MI HIJA MORIRÁ Y CON ELLA TODO EL REINO!!-desesperado el Rey por las imprudentes decisiones que tomaron su hija y los concejales-¡NO PUEDO QUEDARME AQUÍ SENTADO, VOY TRAS ELLA!-

Y en eso el Rey se levanta de su asiento y sale volado de la habitación. Algunos guardias y concejales trataron de detenerlo, pero la fuerza del Rey era demasiado para sus débiles cuerpos. Todo el castillo quedó impactado al ver al Rey salir de esa manera, y era comprensible pues las decisiones que se habían tomado en la sala de reuniones no habían sido las correctas; en ese momento se corrió la noticia como pan caliente por el castillo entero.

El Rey toma su espada y escudo al igual que su caballo y de inmediato, junto con sus guardaespaldas que lograron alcanzarlo y algunos soldados y aldeanos que se ofrecieron a ayudarle, salieron del castillo en dirección a la provincia de Eldin.

Aquellos tiempos de paz y tranquilidad en los que la gente creía que podrían regresar de nuevo, quedaron en el completo olvido y dejaron de ser creencias para convertirse en sueños imposibles de cumplirse y ahora su realidad se teñía oscura volviéndose en toda una pesadilla.

Ya casi era el anochecer en Hyrule, pero el cielo no se lograba ver pues las nubes lo habían cubierto todo y era señal de que la lluvia se hacía próxima. Las tropas que habían sido enviadas y que estaban dirigidas por la Princesa Zelda ya casi habían llegado a Eldin.

-Mire princesa, ya casi llegamos.-dice uno de los capitanes.

Y a lo lejos ven a una persona de gran altura sentada.

-(Es él)- piensa la princesa.

Y conforma avanzaban los cadáveres y restos de armaduras se hacían presentes; el camino se tornaba nubloso que casi no se veía por donde pisaban; el ambiente era tenebroso y el olor de carne podrida se presentaba a cada paso próximo de llegar. Algunos soldados comenzaban a temblar de miedo y otros de enojo, pues lo poco que se veía del suelo eran los cadáveres de sus compañeros, y el tan solo imaginarse que eso les podría pasar a ellos también, les hacia pensar en huir y dejar a la princesa sola, faltando con su lealtad.

Y ahí estaba, el nuevo enemigo, el ser sumamente poderoso, el semi-dios, sentado sobre algunas rocas, con la cabeza agachada, girando algo con uno de sus dedos, parecía aburrido, como si estuviera esperando a alguien; era una persona que por su apariencia realmente era un ser sumamente poderoso y castigador, era un ser que si parecía un dios.

Continuará…