REEDITADO

Disclamirer: Harry Potter y sus personajes no son de mi propiedad, le pertenecen a JK Rowling. Historia original escrita por mí.

Genero: romance / drama / angustia / tragedia

Sumary: Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos.

Sinopsis: Amar… es pecar, soñar… es desear… Y morir, es vivir por ti. Contigo estoy probando la fruta prohibida, la imperfección de la entrega total y el precio de caer..

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.


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Simpatía por el Diablo –

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo VII

Frágil Inocencia

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"No es más asombroso nacer dos veces que una sola,

pues todo en la naturaleza es un permanente renacer.".

-Voltaire-

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Esa mañana daba los últimos detalles a la ceremonia de aniversario. Se encontraba sumamente ajetreada, y gracias a la poca ayuda de su marido, molesta a más no poder se encontraba. Justo ahora que lo que más le sorprendía era la marcada indiferencia de su única cuñada, quien con excusas falsas no le presto la ayuda prometida. Suspiro. Ahora que lo pensaba, desde esa extraña conversación en el Sanatorio con ella, su actitud era completamente déspota con ella. Y debido a la situación actual de Luna, no podía solicitar de su auxilio. Sin contar con el hecho de que su suegra, también comenzaba a portarse fríamente con ella. De hecho ahora que lo meditaba un poco, era lo mismo con su suegro. Él cual antes solía recibirla con un caluroso abrazo, ahora sencillamente le gruñía en repuesta.

―¿Señora?.

―Dime, Dobby ―continuo doblando servilletas para la mesa faltante― ¿ya has terminado, con lo que te pedí?.

―Si, Dobby ha cumplido con sus deberes. Señora ―la reverencio―. ¿Qué más desea que haga por usted?

Acababa de terminar ella misma con su propia encomienda.

―Lleva esto a comedor ―le señalo las servilletas― y acomódalas con mucho cuidado, estos cisnes me han costado mucho trabajo ―se quejo ― gracias Dobby.

El pequeño elfo camino gustoso para hacer su encargo, mientras cuidaba con exageración las servilletas de papel que tan afanosamente la dueña de la casa había hecho. Poco después, Hermione consulto su reloj y suspiro, eran apenas las siete de la mañana y ya tenía cuando menos poco más de una hora despierta. Ron no había llegado a dormir nuevamente, le había mandado un mensaje en el cual le informaba que debido a ciertos atrasos en el ministerio, debía de velar para ponerse al corriente. Y que llegaría, al otro día para alistarse al evento.

―Atrasos ―repito con tedio― claro.

Ronald Weasley, consideraba esas demoras el poco tiempo que convivió con su amigo y la esposa de este. Mejor conocidos como los Potter. Y, de eso hacía dos días. Exhalo profundamente, había ocasiones en que no podía reconocer a su marido. Esa falta de fraternidad la consternaba, él no solía ser tan déspota en ese tipo de cuestiones ni situaciones. ¿A qué le venía dicha transformación?.

Subió las escaleras y se encamino hacia su habitación. Marchó hacia el ropero y extrajo ropa muggle en el proceso, se decidió por una falta larga de lana roja y una blusa negra. Se dirigió hacia el baño, pero antes volvió a consultar la hora. Y se impaciento, tenía menos de treinta minutos para estar lista, y eso le fastidiaba.

Al inicio de su vida conyugal, tuvieron una conversación muy sería sobre como llevarían la situación de la casa. Cosa que le extraño a la castaña, habían hablado varias veces de eso mucho antes de contraer nupcias. Y fue cuando todo se desato. Ronald, le dijo que deseaba brindarle una vida lejos de las carencias que sufrió de niño. Lo único que Hermione deseaba era pasar buenos ratos con su marido; disfrutar de amenas conversaciones y porque no, uno que otro desenfreno como de novios. Vivían en un buen barrio cerca del centro de Londres, era una auténtica residencia de estilo vitoriano. Convivían muy poco con sus vecinos, por lo cual no existía ningún tipo de interacción entre ellos. Sin embargo, la gran mayoría se preguntaba el ¿por qué, solían recibir visitas a horas tan inapropiadas; y además, que parecían salidos de algún hospital psiquiátrico?. Por lo que al final, Hermione solo les respondía con una muy penosa sonrisa.

Camino hacia el comedor y se alegro al ver la perfección con la cual su amigo, había decorado la habitación en sí. Profundamente agradecía sin duda alguna el servició brindado, ya que si él no estuviese a su lado en ese momento, estaba más que segura que nunca hubiese podido completar las cosas para la cena.

―Saldré un momento, hay algunas cosas que hacen falta para la reunión ―exhalo― regresaré más tarde Dobby.

―Si, señora ―le respondió el elfo― Dobby, continuará con sus deberes.

Hermione le sonrió y salió. Pasaron algunos minutos, había decidido al final el ir a pie; como la última vez.

El matrimonio Weasly, tuvo una gran disputa al inicio de su vida en pareja. Debido principalmente, al hecho de que Ron había exigido literalmente que ella no trabajase. Él se encargaría de proveer lo necesario para ambos, y su futura familia. Circunstancia que la hizo rabiar grandemente, hacia algunos años. Le parecía completamente ridículo tal razonamiento.

Hermione consideraba que ser una buena esposa, no significaba estar en casa todo el día; teniendo la casa limpia y la comida hecha, para cuando llegase su marido. Esa idea la volvía loca, sus padres siempre trabajaron y eso la hacía sentir orgullosa de su madre. Luego de su acalorada disputa, su suegra hablo con ella y le dijo que quedarse en casa, no significaba sacrificar todo lo que había obtenido hasta entonces. Tan solo debería retrasar sus expectativas en pos de progreso de su marido. ¿Y, los míos hasta cuándo?; pensó en ese entonces con amargura.

Al final de ese día, fue cuando harta y deprimida visito un pub en el Callejón Diagon hace dos años. Y en vez de ir a la Cabeza de Puerco, como lo hacia cuando se enfurecía con Ron, probo un sito distinto.

―Brentano…

Susurro al recordar el nombre de ese establecimiento. Cuando entro, lo vio algo destartalado y sucio. Más eso, no le importo. Le ofrecieron la novedad, una bebida preparado con dolus. Leyó, curiosa la carta y acepto la propuesta del cantinero. Lo siguiente en su mente, es un recuerdo vago en la puerta trasera del local y al rubio petulante decirle cosas que no comprendió, ni mucho menos razono. Por un momento, perdió por completo la fuerza de su cuerpo y luego de recobrar algo de cordura se encontró abrazando a su más grande enemigo hasta ese entonces, Draco Malfoy.

―Malfoy… ―recordó y miro a su cita en una banca― has llegado temprano.

―Me gusta el aire por la mañana ―la miro―. ¿Ajetreada por tu gran evento? ―alzo una de sus cejas de forma perspicaz― ¿o molesta por ser solo una ama de casa?.

―Eso no te concierne, Zabini ―se sentó a su lado―. ¿Y, cómo sabes de mi evento? ―lo miro extrañada en realidad.

―Tengo mis formas.

No le iba a decir que el día de ayer, recibió un muy oral por parte de la esposa de su mejor amigo. Con una amarga queja, por parte de la fémina de que justamente ese día no podría disponer del pelirrojo a su antojo. Se excito al recordar esa suculenta boca el recórrelo con imperiosidad y urgencia.

―¿Zabini? ―toco su hombre al percibirlo en otro sitio.

―Disculpa ―se enfoco― toma ―le entregó un maletín― hay un sanatorio en Alemania en el Distrito de Lörrach, este hombre ―se acerco a ella y saco una tarjeta de entre sus ropas― es Markgräfler Hügelland, uno de los mejores medimagos especializado en el trato de enfermedades inusuales, si alguien puede ayudar a los Potter, es él.

―¿Por qué, no había escuchado nada de este individuo? ―lo miro con escepticismo―. ¿No es una falsa esperanza, cierto?.

El hombre rodo sus ojos y rechisto ante las palabras de esta mujer.

―Aún, no se hace las pases de forma democrática por la guerra.

―¿Contra, Voldemort?.

―Es el señor oscuro ―la corrigió― y no es esa. ¿No llevaste estudios muggles en el colegio? ―exclamo con desconcierto.

Hermione lo miro con extrañeza.

―¡Me lo dices tú, que nunca la tomaste!.

―¡Cielos, Weasly! ―encendió un cigarro― es cultura general, hablo de los muggles llaman la Segunda Guerra Mundial ―la miro―. Pero, no quiero hablar de historia ―le informo seriamente― . Le comente del estado de la mujer de Potter, y quiere verla, para saber si le es posible tratarla.

Silencio.

―En verdad no te comprendo ―dudo― no ganas nada con ayudarme de esta manera, Zabini ―lo miro.

―Ya te lo dije ―se levanto― que odio a los que lastiman a los que aman en verdad. ¿Amas a tu marido?.

―¿Zabini? ―lo miro con sorpresa.

―Toma ―le entrego un galeón de oro―, si en algún momento necesitas de cualquier cosa ―la miro― te ayudare, toca con tu varita la moneda y será todo.

Hermione la tomo y la miro preocupada. ¿Por qué, le decía esas palabras?. Observo la espalda del hombre, mientras se alejaba. Ahora tenía una sensación incómoda en su ser, como si algo malo fuese a pasar muy pronto. Estaba preocupada, por ella y por sus amigos. Así, que antes de brindarles cualquier falsa esperanza a los Potter, investigaría por su cuenta al medimago. No estaba dispuesta a crear una ilusión a sus amigos, que justo ahora necesitaban de un milagro. Guardo los documentos y miro una vez más su reloj. Había pasado casi treinta minutos, suspiro derrotada. Tenía tantas cosas que hacer y tan poco tiempo. Ella, exhalo. Tenía tantas cosas por hacer, arreglar el resto de la casa, preguntar por la cena, asegurarse de que tuviese el suficiente licor, terminar con las mesas, disponer a los comensales en ellas, y demás. Renegó, tanto que terminar y tan poca ayuda. Camino, por donde llego y se alejo. A la distancia, sin saber fue observada por una familia de pelirrojos.

―Lo siento, cariño ―lo consoló su madre― pero todos consideramos que era mejor que lo supieras ―miro al resto de la familia― ¿Ronald? ―hizo que la mirase― cuentas con todo el apoyo de tus parientes.

―Gracias, mama ―le costo hablar y la abrazó fríamente.

Apretaba con fuerza sus puños, haciendo que sus nudillos se tornasen blancos en el proceso. Su mujer, su esposa y a la que una vez considero la futura madre de sus hijos se había visto con su amante, en su aniversario de bodas. Le hirvió la sangre, y se lleno de un odio impresionante hacia la castaña. Comenzó a preguntase, ¿desde cuándo se veían y se reían a su espalda?. ¿Acaso, no se comentaba en todo el mundo mágico el desprecio de la familia Zabini hacia los muggles y los sangre sucia?.

Palabras falsas…

―¿Ron? ―hablo su progenitora.

―Debo ir a casa ―se soltó de su madre― y hablar con ella ―emprendió la marcha.

―¡Espera! ―lo sujeto oportunamente su padre y lo giro, se miraron fijamente.

―¿Qué, vas a hacer? ―dijo inseguro de dejarlo ir.

―Enfrentarla, papá.

―¿Cómo ―le exigió su padre― harás eso? ―exigió una respuesta.

―Lo pensaré en el camino a casa ―se soltó―. ¡No voy a permitir que me siga viendo la cara de estúpido! ―grito y fue escuchado por los transeúntes en general.

―¡Silencio, cariño! ―se acerco su madre―. ¡No vale la pena que hagas semejante escándalo hijo! ―se alarmo.

―¡ Qué calle! ―la miro con horror, y dio un paso hacia atrás― . ¡No voy a permitir esto un día más! ―chilló enardecido, para desaparecer mucho a la decepción de todos.

―¡Ron! ―su madre, lo tenía la intención de seguirlo. Pero, le fue impedido por el mayor de sus hijos―¿Bill? .

―Déjalo, mamá ―la reconforto con su mirada― confía en que no hará nada estúpido ―acarició sus hombros― ya es hombre, es tu hijo, tu lo educaste… hará lo correcto

―Tengo miedo de que no se pueda controlar ―recargo su frente en su pecho― ¿y si pierde el control, Bill?.

―Ella, se lo tiene merecido ―dijo fríamente la pelirroja.

―¡Ginny! ―se alarmo uno de los gemelos―. ¡Cierra el pico! ―la reprendió― así, solo alteras más a mamá.

La sujeto bruscamente Fred y la alejo varios metros de la familia. Mientras, en una notable muestra de madurez le daba un fuerte sermón sobre el raciocinio y boca cerrada en los momentos oportunos. Y ellos, estaban en uno de eso. Debido a una reciente discusión entre los miembros, no percibieron al sangre pura que se les acerco por detrás. Sonreía, mientras escuchaba parte de la conversación de los Weasly. Y ciertamente, disfruto el asunto completo. Tanto que cuando, lo creyó oportuno, aplaudió un par de veces captando la atención del linaje pelirrojo en el proceso.

―Si esto fuera una obra de teatro, sería en verdad entretenida ― medito― la llamaría "la gran farsa".

―¡Piérdete, Zabini! ―le siseo duramente George.

―Tranquilo, Weasley ―se jacto― que no tengo intención alguna de pelear con ustedes.

―¡Vete a cogértela ―avanzo Ginny―, mientras mi hermano trabaja como burro para mantenerla!

Zabini sonrió divertido ante sus palabras.

―¿En verdad, crees que trabaja tanto como dice? ―prendió un nuevo cigarro― a veces, es más fácil parecer un tonto ante los demás que dar la verdadera cara ―exhalo humo― la verdad en sí misma es la metáfora más grande de la vida.

Paso junto a la familia, mientras se carcajeaba sonoramente. Ahora definitivamente, comenzaría la verdadera fiesta y su gran momento para lucirse.

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Hermione se encontraba en su casa. Estaba llamando a un restaurante en la ciudad, para indagar sobre su pedido. Ron había prometido darle a sus invitados una auténtica cena al estilo muggle, y eso género una nueva tensión. Cuando ella le aclaro a su marido que no la cocinaría en ese día. No se esclavizaría en su cocina, en su aniversario y a regañadientes él, término aceptando.

―De acuerdo ―espero en el teléfono― ustedes la enviaran, antes de las siete. Llos veré hasta entonces ―sonrió― les daré una buena propina si llegan antes ―se carcajeo― gracias.

Colgó y suspiro agradecida de eliminar un punto más en los pendientes de la noche. Tacho el punto en la libreta, y se giro para continuar con la organización de la reunión; más grito y dejo caer la libreta. Frente a ella, se encontraba su marido; rojo del rostro a más no poder. Dio un paso hacia atrás asustada.

―¿Ron? ―susurro― ¿qué te pasa, amor?.

Él, le dio una fuerte bofetada en el rostro y la tiro al suelo en el suelo de la sala. Destrozada sentimentalmente, por tal acto contra su persona se sentó en el piso y llevo sus manos a su mejilla lacerada. Las lágrimas y el nudo en su garganta le imposibilitaban el hablar. Sus labios le temblaban, y era incapaz en ese momento de encararlo. Ron, aún con su mano en el aire la miraba de pie con asco.

―¿Creíste que no me daría cuenta? ―dijo él, ella no hablo―. ¿Hace cuánto, que son amantes?.

Alzo su rostro, asustada. ¿Sería posible, que hubiese descubierto su idilio con Malfoy?.

―Me… insultas así ―le costo tanto pronunciar esas palabras.

Y, él se rió de ella.

―¡No eres más que una puta zorra! ―le grito y acto seguido se agacho y la sujeto del cabello―. ¿Disfrutas el verme la cara con tu amante? ―la zarandeo―. ¿Es que te gusta chupársela?.

Antes de poderla lastimar una vez más, un hechizo aturdidor lo alejo de ella y al caer se golpeo en la pared; al final quedo inconsciente. Hermione, volteo. Ella no había hecho nada, para alejar a su marido.

―¿Dobby? ―lo llamo con los ojos llorosos y avergonzada de sí misma. El elfo se le acerco y le entrego un pañuelo limpio.

―Dobby, no puede permitir que el señor lastime a la señora ―miro hacia Ron― mientras yo este aquí, yo la cuidare.

La reconforto y ella lo abrazo desesperada. Nunca antes nadie, la había tocado de esta manera tan ofusca. Y jamás, concibió en su mente que algún día ella viviría eso. Lloro amargamente un largo rato. ¿Debería hablar y aclarar las cosas?. ¿O, tal vez irse para siempre?. Permione se levanto del suelo y camino hacia Ron, quien aún estaba inconsciente. Llevo su mano derecha su mejilla izquierda, y la sobo. Permitir eso una vez, sería el inicio de su propia perdición; y eso lo sabía.

―Dobby ―musito― prepara una maleta con mis cosas, por favor.

―Si, señora.

El elfo fue a cumplir su encomienda. Hermione, continúa observando a Ron. Le dolieron sus palabras, y no podía negar el hecho de que le fue infiel, con Draco Malfoy. Volvió a romper en llanto, al recordar el sentimiento de lo que él le acababa de hacer. Ella, era la única culpable, y no podía reprocharle.

―Aquí tiene, señora ―La coloco junto a ella y la miro preocupado.

―Gracias ―lo miro― cuando despierte, no le debes decir nunca que tu lo me ayudaste ―le rogo― bajo ninguna circunstancia ―se agacho y quedo a su altura― no es una orden, es un favor Dobby ―lo abrazo― dile a Ron, que no lo merezco y que me alejo para darle una vida con alguien más. Y que espero que algún día me perdone

Tomo la maleta, camino tambaleante por la sala y salió al final de la casa. Se paro y bajo las escaleras. ¿Podría volver con sus padres?, negó con su cabeza; cuando ellos se enterasen seguramente le pedirían que se fuera. ¿Ir con los Potter?. Se desesperaba, no podía pedirles eso justo ahora. Entonces, lo recordó. ¿Pudo haber sido Zabini, quien le contase?. Dudo y no lo creyó posible, ellos no se toleraban en lo absoluto. ¿Entonces, quien podría haber sido?.

Los minutos pasaban y la gente que pasaba la miraban con curiosidad. Claramente se le notaba el golpe, estaba más que avergonzada. A esta altura, no podría ni siquiera pedirle ayuda a Malfoy. Finalmente, saco su varita y toco el galeón de oro. Instantes después y a sabiendas de que podría ser descubierto, Zabini se apareció frente a ella. Le extendió su mano y Hermione la tomo.

Y entonces, ambos desaparecieron.


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Capitulo VIII

"Dolus"

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Notas de la autora:

+Finalmente, el verdadero diablo se ha revelado.


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Nos vemos

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