Capitulo 7: "Juez"
Y ahí estaba Zelda, sola, contando solamente con las personas de ahí a su lado, colocando toda su confianza e incluso su propia vida en las meras manos de aquellos que son simples soldados.
El día no podía ser peor, y la oscuridad de las nubes cargadas de agua, hacían el ambiente oscuro y frio.
-¿ACASO ESTE ES SERÁ EL FINAL DE ZELDA?-decía aquel hombre poderoso.
-No sabremos el resultado hasta que uno de los dos caiga-respondía Zelda.
Era impresionante el valor de la Princesa, tanto, que los soldados más fieles no podían ignorarlo y fueron a donde estaba ella.
-Señora y ama mía, entrego mi vida en sus manos y, ojalá el deseo de aquellos que creen en la paz se haga realidad-decía uno de ellos.
-Que mi espada sirva para implantar en el Reino de mi padre, mi madre, de mis abuelos y de mis antepasados.- decía otro.
-Sepan ustedes soldados míos, que yo misma interceptare por ustedes ante Din, Nayru y Farore.-respondía Zelda.
-No podré quedarme, por que tengo hijos y ellos dependen de mí-dijo uno de los que se encontraban-¡Pero este mundo es de ellos y debo protegerlo por ellos…por que este es su futuro!-
-Te aseguro que tu nombre estará escrito en uno de los pilares del nuevo castillo que se levantará después de esta contienda, y todo el mundo y hasta tus hijos lo verán.-
-Princesa, estaré hasta el final con usted.-respondía.
Miles de soldados se encontraban con la Princesa Zelda, entregando sus vidas por el Reino de Hyrule, pero otros miles se encontraban separados de los valerosos, porque pensaban que no podrían con el nuevo villano, y que no valía la pena sacrificarse por algo que seguramente no ganarían, así que, empezaron a retirarse poco a poco hasta que dejaron de ser visibles a la vista de la Princesa.
-No importa-dijo Zelda-Es mejor tener a una persona fiel y confiable, que a miles de traidores que a la primera oportunidad te dan la espalda y te acuchillan.-
-No se preocupe Princesa Zelda-decía uno de los capitanes-Con nosotros basta.-
-Sí.-exclamaba un soldado
-¿Tenemos el apoyo de las diosas, verdad?-preguntaba otro de ellos.
Y la Princesa volteo y miró compasivamente, sonriendo a aquel soldado.
-Claro-
-¡NO SE PREOCUPE PRINCESA ZELDA!-decía el hombre poderoso, con una voz arrolladora.-
-¡SU JUICIO SE HA DADO Y SUS DÍAS HAN LLEGADO,
NO HAY CASTIGO MÁS CLARO, QUE LA MUERTE A SU LADO,
OJALÁ SE HUBIESEN QUEDADO,
POR QUE HOY CADA UNO, SERÁ ELIMINADO!-
Y mientras él hombre poderoso recitaba dichas palabras, los soldados cobardes huían del lugar rápidamente. La Princesa Zelda y los soldados que se quedaron con ella solo observaban a lo lejos al hombre poderoso, preguntándose que era lo que sucedía.
-SU FINAL SERÁ ACLARADO,
LA REALEZA NO PUDO HABER ESTADO
TAN CONTENTA CON LO QUE HE APROBADO,
POBRE DE ELLOS INFIELES, POR HABER TRAICIONADO.
¡HUYAN!, SIGAN CORRIENDO,
LES ASEGURÓ QUE NO ESTAN GANANDO,
SUS VIDAS LAS ESTARÉ RECOGIENDO,
AUNQUE SIGAN HUYENDO.
AVES DE RAPIÑA VENGAN DE TODAS PARTES DEL MUNDO,
QUE YA NO DARÉ OTRO SEGUNDO,
LAS TIERRAS SE ESTARÁN MANCHANDO,
DE LA CARNE Y SANGRE QUE SE ESTÁN DEVORANDO.-
De pronto se escuchó un gran silencio aterrizar en los campos de la frontera entre Eldin y Lanayru, y los que se encontraban en ese lugar quedaron aterrorizados. Ellos comenzaron a voltear por todas direcciones, esperando a que sucediera algo pero no veían nada.
-Esperen.-dijo uno de los soldado.
Y comenzó a escucharse un ruido en particular.
-¿Qué es eso?-se preguntaban unos a otros mirando por todas partes.
El ruido se hacía más fuerte, y el pequeño ejército y la Princesa Zelda, miraron al cielo. Y vieron a lo lejos una mancha oscura, que cada vez se hacía más grande conforme se acercaba, y el ruido más intenso. Los que estaban ahí quedaron sorprendidos.
El cielo nubloso y oscuro se lleno de miles de aves que venían de todas partes y volaron velozmente hacía los que se quedaron en el campo de batalla. Ellos se espantaron y alzaron sus brazos y otros sus escudos para protegerse de la embestida de las aves, pero los animales no se dirigían a ellos y pasaron frente a ellos a unos cuantos metros del suelo.
Los valerosos por así decirlo, quedaron asustados y no perdieron de vista a las aves que se dirigían camino al castillo.
-¿Qué esta sucediendo?-decía la Princesa Zelda sorprendida.
-Van hacia…
-¡EL CASTILLO!-gritaba otro soldado.
-NO, VAN POR ELLOS-afirmaba Zelda.
Y exactamente, las aves de rapiña no iban hacía el castillo, van tras los soldados cobardes y traicioneros que huyeron de la batalla y faltaron lealtad al Reino.
El ruido era enorme y los soldados cobardes voltearon inmediatamente y vieron a las miles de aves aproximarse. Ellos comenzaron a correr gritando y tirando todas sus cosas que traían en la mano, con la esperanza de huir de los animales.
Y llegaron las aves, y comieron todo a su paso. Los soldados cobardes intentaban alejar a aquellos animales con lo que traían, pero nada servía y cada uno de ellos era devorado lentamente por los picotazos de las aves que no dudaron en actuar.
En esa dirección solo se escuchaban gritos desesperados de hombres que rogaban ayuda. Los valerosos quedaron observando en aquella dirección pero no lograban ver algo, solo escuchaban y quedaban atemorizados de tan solo escuchar sus lamentos. Pero el temor se acrecentó cuando recordaron las palabras de aquel hombre poderoso.
Y es que todo había sucedido tal cual las palabras de ese hombre, todo se hizo conforme a lo dicho, era como si un jefe ordenara a un empleado a hacer esto, y el empleado lo hacía ó como si un juez dictara sentencia y ésta se realizaba.
Pero no solo eso, sino también creyeron en lo que aquel soldado que murió poco después de que el ejercito partiera del castillo, cuando mencionó de que ese hombre por solo alzar su brazo y dar una orden, ocasionó un desastre. Este enemigo sin duda era alguien temible, que jamás se hubieran querido enfrentar, sus poderes eran como los de un dios y no existe nadie en le tierra que pudiera detenerlo.
El lugar en donde se asentaron las aves de rapiña, se convirtió en un lugar lleno de huesos y carne regada por los suelos, manchada completamente de sangre, tal como se había ordenado.
Los valerosos voltearon a donde estaba aquel hombre, y lo veían tranquilo, con una cara fría y sin arrepentimiento por lo que había hecho. La Princesa quedó impactada completamente por lo que había presenciado, pero aún así dió un paso hacia adelante y miró a sus acompañantes.
-Ha llegado la hora de la lucha, muchachos, y ya vieron ustedes con sus propios ojos, que éste no es igual a anteriores criminales que ha enfrentado Hyrule, no, éste es más que ellos juntos.-
-Princesa…-hablaron todos.
Y en eso, el hombre poderoso camino hacia adelante poco a poco, acercándose cada vez más hacia donde estaban los demás.
-PRINCESA, USTED YA FUE CAPAZ DE PRESENCIAR LO QUE HE HECHO Y QUE SEGURO QUEDÓ ADMIRADA POR ELLO, PERO, YO TAMBIÉN QUEDÉ ADMIRADO DE TI Y TUS HOMBRES POR NO HABER HUIDO, AUN SIN SABER DE LO QUE YO ERA CAPAZ.- habla el hombre.
-POR ESE VALOR QUE ME HAN DEMOSTRADO, VOY A HACER ÉSTA CONTIENDA ENTRE IGUALES, PARA HACERLA MÁS JUSTA CONFORME MI LABOR.-
-¿Justa?-preguntaba la Princesa.
-ASÍ ES PRINCESA ZELDA.-Y el hombre alza uno de sus brazos.
-USTEDES ESTAN AHORA EN EL SUEÑO, DORMIDOS,
PERO YO AHORA LOS LEVANTO POR QUE SON MIS ELEGIDOS,
VENGAN AHORA A ACOMPAÑARME EN ESTA BATALLA,
Y QUE CADA UNO DE USTEDES A PELEAR VAYA.-
De repente, el suelo comienza a abrirse lentamente, y poco a poco salen personas de la tierra.
-¡¿Qué es esto?!-se cuestionaban unos a otros.
-Esto es algo increíble.-respondía Zelda.
Comenzaron a salir miles de personas de la tierra, hasta igualar el número de los valientes que se quedaron con la Princesa Zelda en la batalla. Estas personas eran ya personas que habían muerto, pero fueron resucitadas temporalmente para realizar la orden que el nuevo enemigo había dado y cumplir lo que había dicho de hacer esta contienda entre iguales.
Estos seres resucitados traían sus armas empuñadas, listas para ser utilizadas en esta batalla entre iguales. Los soldados, capitanes y demás acompañantes de la Princesa Zelda, levantaron sus armas listos ya para luchar.
-¿Están todos listos?-preguntaba la Princesa.
-¡SIIII!-gritaban todos con entusiasmo.
-¡LES DESEO TODA LA SUERTE Y QUE DIN, FARORE Y NAYRU LOS ACOMPAÑE, Y HAGAN ESTO NO POR USTEDES, SINO POR EL REINO SAGRADO DE HYRULE ENTERO!-
Y de inmediato los soldados, capitanes y demás acompañantes fueron a la batalla. Y los soldados de aquel hombre poderoso fueron también hacia ellos, comenzando así la nueva lucha entre el bien y el mal, llevada a cabo en los campos ubicados en la frontera entre la Provincia de Eldin y la Provincia de Lanayru; una lucha como ninguna otra y en la que se espera que el Reino de la luz triunfe ante un enemigo sin igual.
Continuará…
