REEDITADO

Disclamirer: Harry Potter y sus personajes no son de mi propiedad, le pertenecen a JK Rowling. Historia original escrita por mí.

Genero: romance / drama / angustia / tragedia

Sumary: Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos.

Sinopsis: Amar… es pecar, soñar… es desear… Y morir, es vivir por ti. Contigo estoy probando la fruta prohibida, la imperfección de la entrega total y el precio de caer.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.


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Simpatía por el Diablo –

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo VIII

Dolus

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"No existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados."

– Achille Tournier

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Miraba la lluvia caer de ese gran ventanal, en la imponente mansión justo en el centro de Londres. Exhaló profundamente a la par que las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Estaba tan cerca de la ventana que su respiración empaño el vidrio, con su dedo trazo su nombre. Sin embargo, no fue capaz de escribir su apellido.

—No deberías de afligirte tanto.

Lentamente ella se giro. Blaise le hizo una seña con sus manos y la invitó a sentarse cerca de la chimenea. Ante lo cual Hermione accedió.

—¿Por qué lo dices? —preguntó ella con voz trémula.

—Llego una lechuza esta mañana —le informo—. Me tome la libertad de leerla, es la solicitud de divorcio por parte de Weasly —le entregó una serie de documentos, que hasta ese momento Hermione no había percibido con celeridad—. En mi opinión personal, fírmalos y da esta penosa situación concluida —con las manos temblorosas ella tomo los papeles y comenzó a leerlos—. Como son un matrimonio sin hijos, su separación no debería de tener tantos inconvenientes.

—Yo… no… —balbuceaba— Tal vez si le explico todo él comprenderá —dijo con una falsa esperanza que término por hacer que Blaise se carcajeara de ella en su cara.

—¿Eres tan estúpida como para perdonarlo? —a penas rozo el moretón de su ojo, lo que arrancó una mueca de pena de ella ante el dolor y por ende se alejo—. Un buen hombre jamás levantaría la mano contra una mujer, por más sucia que la considere.

Hermione dejo caer los papeles, mientras daba dubitativos pasos hacia atrás. Siendo incapaz de enfrentar la veracidad de aquellas frías palabras.

—¡Ron... —miro al suelo avergonzada y asqueada de sí misma por haber recurrido precisamente a él— cree que somos amantes! —lo miro con desesperación.

Blaise suspiro y camino con paso decido hacia ella, luego la tomo delicadamente de su mentón y limpió aquellas lágrimas por sobre su rostro.

—Mientras tú y yo sepamos que eso es mentira, ¡a la mierda el resto! —Bramó enfurecido de su necedad por ver la verdad—. ¡Desde cuando debemos de vivir explicándonos ante el resto del mundo! —Tomó aire—. ¡Esta es nuestra vida, no la de ellos!

Habían pasado ya tres días desde su separación con Ron. No supo porque recurrió a ciencia cierta a Blaise y no a Harry. ¡Cuan estúpida era! Lo sabía bien, pero no quería admitirlo ante su viejo amigo de Hogwarts; ya que este tenía suficientes problemas a raíz de la enfermedad de su esposa. Justo ahora comprendía que Zabini había sido un escape injustificado a su desesperación. El hombre de piel oscura la llevó a su residencia privada en el centro de Londres. La había tratado como un verdadero caballero, inclusive él mismo se dio a la tarea de tratar afanosamente el golpe en su delicado rostro. Y aquel acto de sutileza le hizo tener sentimientos encontrados.

—«Puedes quedarte el tiempo que necesites» —le había dicho él cuando la llevo ante la habitación que le había preparado.

Gracias al «Corazón de Bruja» la comunidad mágica ya estaba enterada de la penosa separación que se llevaría a cabo dentro de poco, de aquel que muchos consideraban uno de los matrimonios más sólidos. Ella misma lo sabía, más no había querido aceptarlo, Ron jamás la escucharía. Su enlace acabo en el mismo instante en que abandono por cuenta propia a su marido. Blaise ya había soltado su rostro desde hacia tiempo, y ahora cargaba nuevamente la pila de papeles. Los cuales les entregó, así como una fina pluma de águila que no supo de donde la sacó. Nunca en su vida su mano le había temblado tanto, como en el momento en que escribía su nombre por sobre aquella fina línea. En cuanto término el documento mágicamente se guardó y fue a dar a una lechuza negra —propiedad de la familia Zabini— que esperaba impaciente los papeles para emprender el vuelo una vez más, la cual salió disparada por la chimenea.

—Bien, bien —repitió al momento de reconfortarla—. Lo peor ya ha pasado —tras un largo silencio él hablo—. Dime, ¿te gustaría conocer el máximo secreto de esta vida amor?

Hermione lo miro con estupefacción, por el calificativo con el cual él la había llamado. Sin embargo, lo que verdaderamente la alerto, fue aquella sonrisa cálida que él le brindo.

—No comprendo —habló escuetamente ella.

—Perdona —se excuso él—, no debí haber dicho esa última frase —se alejo de ella—. Ha quedado fuera de contexto.

—No es eso —no supo como explicarse correctamente, así que continuo con su burda idea—. Es solo… que no me esperaba esta familiaridad de tu persona conmigo —trago saliva con dificultad—. No comprendo, en Hogwarts nunca cruzamos palabra alguna —acarició su propio brazo—. ¿Por qué me ayudas tanto Zabini? ¿Qué ganas con esto? —Sujeto desesperada su cabellera castaña—. ¿A caso has apostado galeones a costa de mi dolor? —le gritó.

En un verdadero arrebato de frenesí de su parte, la sujeto de sus muñecas e imponiéndose ante ella la trajo hacia él y la beso con suma pasión. Una que Hermione nunca antes experimento, ni con Ron, ni con Draco. Aquello era sencillamente indescriptible, por ello respondió con la misma devoción y se dejo llevar por la tangible caricia.

—Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos —dijo él.

Las pupilas de ella se delataron con sumo desconcierto, retrocedió impactada varios hasta que dio contra el gran ventanal. Aquellas mismas palabras se las enunció altiva una vez a Draco. ¡Imposible! —Se dijo a sí misma—, Blaise no podría saber nada con respecto a su relación con el blondo. A menos que… ¡el muy hijo de perra —Draco— fuese el instigador de esa tragedia! Hermione temblada de rabia justo en ese momento.

Blaise por otra parte, estaba deleitado ante aquella fragilidad expuesta. Su madre desde hace años le incitaba a comprometerse, sin embargo, se había negado con igual determinación. Siempre pensó que no había una sola mujer que pudiese estar a su altura, hasta que llegó ella, Hermione. Hija de muggles, sangre sucia, estudiante modelo, prefecta, graduada con honores… pero… una simple ama de casa hoy en día. Era algo que él no podía comprender, como una mujer tan determinada apagó literalmente su vida.

Necesitaban aire, y ella más que nada debía de salir de aquella boca de lobo en la que tan estúpidamente había caído. Se alejo de él y corrió desesperada por toda la mansión, buscando la salida. Se detuvo en una esquina frustrada y con la frente sudorosa. Esa mansión era un enorme laberinto, no había criado alguno —salvo los elfos que seguramente no la auxiliarían—. Se oculto bajo una gran mesa y se acurruco como una niña pequeña. Finalmente, luego de algún tiempo una imponente figura se acerco y se detuvo delante de ella. Le extendió su mano y espero por ella. No… ella salió de su escondrijo por cuenta propia. Zabini la admiro encantado con aquella reacción, impertinente y altanera que mostró. En total silencio caminaron juntos por los largos pasillos. Ambos se detuvieron ante unas imponentes puertas de ébano.

—Sigue por el pasillo y gira a la izquierda, ahí estará un elfo esperándote —le indico al señalar y evitar mirarla—. Te llevará a tu aposento —las puertas se abrieron—. Lamento todo lo sucedido —exhaló pesadamente—, prometo que desde mañana no me verás más por aquí.

Blaise no espero respuesta alguna e ingresó a su propia habitación. Hermione permaneció intranquila ante la orden recibida, miro reacia hacia el pasillo y luego hacia la recámara —las puertas continuaban abiertas—. Por lo que ella pudo observar, como él procedía a ponerse su ropa de dormir sin inmutarse siquiera de ser observado por ella. Él le dejaba a su elección el camino que estaba dispuesta a seguir. Marcharse o quedarse…

Ella, era Hermione Granger…

Los primeros rayos del sol se filtraron a través de aquellos enormes ventanales sin cortinas, de la residencia de la familia Zabini en Londres. Postrado con una mirada taciturna contemplaba embelesado aquella frágil figura cubierta a penas por una delicada sábana de seda blanca. Sonrió con desdén, y una cínica sonrisa se dibujo en su rostro, mientras descansaba en el sillón. Paseó sombrío su lengua por sobre sus secos labios. Cuando de pronto las puertas de su habitación se abrieron inoportunamente, para dejar entrar a una mujer —aún hermosa pese a su edad— en particular. La cual por cierto, primero contemplo con ira al hombre y luego centro su entera atención en la infortunada mujer que se despabilaba asustada ante tan fiera intromisión.

—¿Quieres explicarme que es esto? —Replicó furiosa al centrar su atención una vez más en el hombre, que muy lentamente acababa de levantarse y caminaba hacia el borde de la enorme cama con dosel—. ¿Qué hace ella aquí en tu lecho? —le gritó.

Tan solo por el privilegio de su sangre, Hermione supo que la progenitora no corrió enardecida hacia ella y la bajaba de la cama.

—Una mujer madre —replico lacónico y sin emoción alguna.

—¡No te atrevas a jugar conmigo! —Avanzó decidida hacia él, sin embargo se detuvo cuando él le dio una mirada de advertencia—. ¡Es una asquerosa sangre sucia! —Escupió con odio—. ¡Has manchado el honor y dignidad de nuestra ancestral familia!.

Hermione estuvo a punto de replicarle, para defenderse. No obstante, Blaise le pidió silencio al tomarla de su mano y darle una rápida mirada.

—¿Habrías preferido a un hombre de sangre pura en mi cama, madre? —se levantó y se recargó en el dosel, mientras la miraba esperando una respuesta.

—¿Cómo te atreves? —Su madre terció su boca asqueada por la pregunta.

—Querías a una mujer en mi cama —miro de reojo a Hermione y luego sonrió al voltear hacia su progenitora—. Hay una justo ahora.

Se formó un sepulcral silencio entre ellos, la señora Zabini les dio la espalda y salió de inmediato sin hacer el menor escándalo. Se comportaría como lo requería su estatus social, necesitaba charlar a solas con su vástago y sabía bien que él la comprendía.

—Permíteme —dijo él al momento de meterse a la cama y quitarse la bata. La tomaría una vez más antes de reunirse con su madre.

Estuvo hojeando el diario personal de su hijo, hoja por hoja, leyéndolo con aburrimiento. Frunciendo el ceño por la rabia e impotencia que la acongojaban. En otra situación la habría arrastrado por los pasillos a esa repugnante mujer que justo ahora retozaba bajo las caricias de su único hijo. Arrugó su frente, necesitaba tranquilizarse. Podía hacerle frente a la sociedad con un vástago que infringía las normas de su estricto grupo social, por codearse con una sangre sucia. Aún podría sentirse orgullosa de mostrarse ante todos como una Zabini. Pero… con un retoño del cual se corría un fuerte rumor —sin validar— sobre sus preferencias en su cama. Suspiro, adusta y cansada; ese sería el mayor perjurio que podría soportar.

Blaise desde siempre había mostrado poca atención hacia el sexo femenino, ella lo aducía a su necesidad de concentrarse en sus estudios en Hogwarts. Sin embargo, luego de abandonar el colegio, no había mujer alguna en la vida de su hijo y las damas de la sociedad no paraban de cotillear sobre sus gustos carnales. Y eso era algo que a la señora Zabini le preocupaba en sobre manera, le había hecho incontables citas con «señoritas apropiadas de sangre pura»; no obstante su hijo nunca se presento a ninguna de estas.

La única compañía con la que lo encontraba casi a diario era Draco Malfoy. Por esa razón, Lucius se apresuro a encontrarle una esposa a su hijo y ese manera silenciar aquel rumor. Ella sabía que aquel hombre de fría mirada era la razón de que su vástago estuviese lejos de Londres constantemente. Sin embargo, ella comprendía a la perfección el actuar del señor Malfoy, ella también haría lo que fuese necesario para proteger a su único descendiente; aún si eso fuese aceptar en su familia a una sangre sucia.

La señora Zabini estuvo esperando en el estudio alrededor de una hora y para cuando su hijo entró, ella estaba disfrutando de un pastel de fresas. En cuanto ella lo vio aparto el postre y le dio un frío recibimiento. A él no le sorprendió tal acto, sencillamente lo ignoro y fue hacia el asiento y al momento de sentarse la mujer dejo atrás la templanza que tanto la caracterizaba.

—¡No tolerare tu fruición con una mujer de su calaña! ¡Una adultera de la que todo el mundo esta hablando! —apretó fuertemente sus labios—. ¿Has visto su rostro?

El sonido del reloj en la pared era lo único escuchado.

—Ya te has tranquilizado, madre —se sirvió una buena copa y la bebió muy lentamente—. No me permitiste el que te la presentase apropiadamente —la miro con desdén—. ¿Fruición… adultera? —Repitió con sorna— ¿No crees que me quedo corto con tu larga lista, madre?

La mirada de aquella mujer que una vez le dio vida se volvió incordia en un solo instante.

—¿Cómo te atreves a decir eso, Blaise? ¿Dónde está esa mujer? —Habló con un tono de amargura que no pudo ocultar.

—Esta dormida —suspiro—. ¿No veo una sonrisa en tus labios, madre? —externo cínico.

—¡No me provoques! —aclaro fríamente—. ¿Piensas que una amante callara el cotilleo? —recalcó furiosa.

Blaise se encogió de hombros y disfruto mucho el no responder enseguida.

—Una amante tal vez no, pero una esposa estoy seguro que sí —la miro con diversión a la espera de su reacción—, y más si es que está embarazada.

A la señora Zabini casi le dio un ataque cardiaco, a penas y pudo pronunciar.

—¿Esta embarazada? —dijo con un hilo de voz.

—Dudaría de mi virilidad sino lo estuviese ahora —comentó burlesco, al recordar la apasionante noche con esa mujer de cabellera castaña que tan arrebatadoramente se entregó a él—. Supongo que eso sería más que suficiente como para que el mundo mágico para de cotillear a mis espaldas y para que me dejases en paz —espetó.

Afonía.

—¡Absurdo! —gritó al levantarse—. ¿Quién creería semejante basura, Blaise? —Lo miraba con horror de tan absurdo plan—. ¡Más fácil que ella de a luz un pelirrojo! —desdeño.

—Estoy cansado de esto madre —suspiro—. Te enviaré una lechuza informante de la fecha de la boda —amablemente le pedía que se marchase de su casa.

Y ella no tuvo más remedio que ceder.

Blaise permaneció impermutable en su asiento durante un largo tiempo, analizando cada circunstancia de su elabora plan que le tomo años el realizar. Sabía de sobra que su amor incondicional hacia Draco jamás sería aprobado, además no debía de olvidar que el rubio jamás le amaría con la misma intensidad con la que el hombre de piel oscura lo hacía. Nunca en su vida podría deleitarse con el sentir de aquella piel blanquecina bajo sus dedos, robar uno solo de sus besos. Suspiro. Su madre se había convertido en un auténtico dolor de cabeza, instigándolo cada vez más a buscarse a una esposa. No obstante otras circunstancias a Zabini le preocupaban.

Señor Malfoy —se mosto sorprendido de ver al hombre frente a él—. ¿A qué debo el honor de su visita? —le ofreció un asiento en su despacho.

Lucius miro con repugnancia el sitio y en su defecto se mantuvo de pie, insolente hacia Blaise.

¡Escúchame Zabini —se mostró petulante— quiero que te mantengas alejado de mi hijo!

El hombre de piel bruna alzó sus cejas con suma curiosidad a la vez que enmarcaba una socarrona sonrisa.

Me temo que no comprendo tal petición, señor Malfoy —terció molesto—. Si es todo lo que tiene que decir, he de pedirle que se retire por favor. Tengo mucho trabajo —espetó.

¿A quién crees que engañas, maldito… sarasa? (1) —gruño Lucius—. ¡No permitirá bajo ninguna circunstancia que mi hijo continúe siendo relacionado contigo! —le amenazó con su varita.

¡Retírese! —Ordenó Blaise—, mis asunto con Draco no son de su inconveniencia —mascullo.

¡Son de mi incumbencia! —desdeño furioso—. ¡Mi único hijo no será considerado como alguien de tu calaña! ¿Es que no tienes dignidad Zabini?

Hubo un muy largo silencio entre los caballeros de sangre pura.

No le repetiré que se marche, señor —terció Blaise.

¿Qué hay de tu pobre madre? ¿Has pensado lo que las habladurías le hacen? —comentó Lucius seco.

El hombre de color se carcajeo divertido.

¿Cree que realmente mi madre no ha soportado todo demasiado bien? —comentó jocoso intentado que recordase el como su familia había amasado tal fortuna.

Puede que tengas razón —se mostró muy tranquilo, algo que a Blaise incómodo—. Pero hay muchas maneras de acabar con un hombre —le amenazó.

¿Qué quiere decir?apartó la sonrisa de sus labios.

¿Cómo están tus negocios familiares? —dijo petulantemente burlesco el rubio.

No es de su incumbencia —desdeño incómodo.

Has perdido grandes sumas de galeones en muy poco tiempo —suspiro— y me parece que dentro de poco ya no existirá nada de aquella enorme fortuna de que tu madre tanto se enaltece.

¿Usted? —dijo al comprender de donde provenían sus problemas financieros.

¡Cállate y escúchame sarasa! ¡Mi hijo se casará con la mujer que le elegido y tú te mantendrás fuera de su vida! —la vena de su frente se mostró visiblemente repugnante.

¡Si ya ha decidido el futuro de su hijo, porque se toma la molestia en venir a decirme! —se levantó y golpeó el escritorio.

Porque cuando recibas la invitación a su boda, tú deberás de estar atendiendo negocios importantes en Ámsterdam.

¡Largo! —escupió Blaise.

Te he advertido sarasa —le amenazo—, tanto como intervengas en la vida de mi hijo de ahora en adelante, serán tus problemas en Gringotts —salió azotando la puerta.

Y aquel hombre cumplió su amenaza. Cuando más tiempo Blaise pasaba con Draco —ya fuese solo charlas casuales o encuentros accidentales—, su oro en el banco mágico desaparecía. Pero no porque fuese robado, sino más bien debido a «malas inversiones» de su parte. Treta delicada de un hombre al borde de la desesperación por acallar esos rumores que serían una mancha en la distinguida familia Malfoy. Así, que poco antes de la boda del rubio Zabini traslado sus negocios personales para Alemania y muy de vez en cuando mantenía algún contacto con su viejo amigo y amor. Se sintió dichoso cuando luego de cinco años, recibió una lechuza de él pidiéndole asesoramiento con una inversión que deseaba comenzar en Hesse (2) —una provincia Alemana.

Y él fue en su ayuda…

Sin embargo, Lucius Malfoy cumplió su terrible amenaza. Su fortuna en Gringotts casi había desaparecido, luego de haberle ayudado. Por lo que elaboro un plan muy delicado para volver a llenar su cámara.

Escucho los toques en la puerta.

—No necesitas de mi permiso para ingresar —dijo al verla entrar y ocupar el mismo asiento que su madre antes tuvo, luego añadió—. Esa túnica te queda de maravilla —externo satisfecho al verla lucir un ropaje en rojo escarlata.

—¿Sueles regalarle una así a todas tus amantes? —pronunció agresiva y él percibió que de alguna manera ella buscaba protegerse.

Blaise ladeo su cabeza y la detuvo en una de sus manos.

—Te satisficiera si te dijera que eres la única mujer que ha dormido en mi cama —pronunció suave y espero su reacción.

Hermione se carcajeo ante tal revelación.

—¿Esperas que me crea semejante basura? —escupió ella.

Zabini no se inmutó por el sórdido comentario.

—Me gustan los hombres y mujeres por igual —se levantó y rodeó el enorme escritorio, se detuvo hasta quedar junto a ella. Se divirtió ante la expresión de Hermione—, y tengo gustos muy exigentes —la tomo de su mentón.

La castaña se alejo de él asqueada por su revelación tan honesta, sintiendo repugnancia de sí misma de haber intimado con él.

—¡Tú...! —grito ella.

—No te imagines cosas impertinentes —se adelanto y se cruzó de brazos—. Puedo asegurarte que tu has sido la única mujer con la cual he intimado carnalmente —fue sincero al hablar.

Dejaron de hablar durante un largo tiempo.

—¿A qué juegas? —Hermione dio pasos dubitativos hacia atrás, sus labios le temblaban y sintió un terrible deseo de llorar.

—No tengo razón alguna para mentirte —suspiro—. Eres la primera mujer con quien hago el amor —susurro como un amante enamorado.

—¡Basta! —gritó—. ¡Deja de jugar conmigo! ¿Es que te has puesto de acuerdo con Malfoy? —le arrojo el primer objeto que se encontró, un tintero vacío. Él no lo esquivo y se dejo golpear. Un leve rastro de sangre circundó por su frente, producto de aquella agresión—. ¡No somos críos! —vociferó fuera de sí.

—Cásate conmigo —dijo el de manera suave e impasible.

El reloj volvió a ser único sonido en la habitación.

Hermione no pudo soportarlo más, con lo que le restaba de su orgullo mancillado camino decidida hacia la puerta. Saldría de ese despacho con la cabeza en alto.

—¿A dónde irás, mujer? —Dijo bastante calmado, sirviéndose ya un poco de Whisky envejecido de Ogden—. ¿Volverás con tu esposo golpeador? —ella volteo hacia él—. ¿Con tu familia política...? que por cierto para este momento ya deben de saber que has pasado una semana en esta casa —bebió un par de tragos antes de continuar—. ¿Con tus padres...? ¡Oh, es verdad!. Aún no te recuerdan —era sabido por todos que ella les hizo olvidarla para protegerlos y nunca más les devolvió su memoria. Dejo su copa y camino hacia ella—. ¿O tal vez tu consuelo sean los Potter? —Él mismo le abrió la puerta—. Pero, por sino lo recuerdas ellos ahora mismo están en Alemania, en el tratamiento de Luna Potter —la miro esperando.

—¡No necesito de tu limosna! —espetó herida. Blaise esbozó una casi imperceptible sonrisa que a ella le enfureció aún más—. ¡Viviré por mi cuenta! —rugió.

—¿Realmente? —se mostró sorprendido.

—¡Trabajaré! —le rechinaron sus dientes al hablar—. ¡Soy una mujer muy capaz Zabini! ¡No volveré a ser un adorno de casa! —chilló por demás orgullosa—. ¡Así que tu propuesta me repugna! —intento abofetearlo, no obstante él la detuvo.

—No recuerdo haberte dicho que necesitaba una amante —emitió seco y sin emoción alguna—. Te pedía que te casarás conmigo —la tomo de su barbilla, mientras la contemplaba fijamente; acto seguido le pidió él mismo que se fuese—. Anda, eres libre de marcharte —regresó a su asiento y continuo bebiendo, fingiendo que la ignoraba, sin embargo estaba completamente pendiente de sus próximas acciones—. Pero, ¿a dónde irás? —Entrelazó sus dedos y la contempló una vez más—. Te has marchado de tu casa, la familia de él seguramente no te recibirá, y tus padres… —evito intencionalmente acabar con la oración—. Y pedirle algo a los Potter por ahora, me parece demasiado —exhaló—. No soy nadie para detenerte —se encogió de hombros—, buena suerte Hermione —la tuteo.

La castaña sintió un nudo horrible en la garganta, sin embargo de manera asombrosa logró mantener su templanza y fue capaz de pronunciar sin emoción alguna.

—¿Qué ganas con esto Zabini?

—Mucho más de lo que te imaginas —la contemplo con una mezcla de deseo de satisfacción y deseo que ella no pudo comprender.

SPED

Se aproximó cauto hacia las mujeres, para dar su pésame como parte del protocolo mágico a quien fuese una importante figura de la comunidad mágica.

—Mi más sincera disculpa, señora Malfoy —miro a quien la acompañaba—. Señorita Parkinson —dijo una vez más al compartir una cómplice sonrisa con la mencionada.

—Agradecemos su sentir, señor Weasly —musito Pansy—. ¿No es verdad señora Malfoy?

La aludida respondió con un suave y escueto cabeceo, tenía sus ojos hinchados y había perdido por completo su magistral figura. Tenía un pañuelo sucio sujeto contra sus manos —a la altura de sus labios—, la recién viuda Malfoy.

Ron se alejo para darle paso al resto de la comitiva que estaba esa tarde de julio en la residencia Malfoy, presentando sus condolencias por el recientemente fallecimiento del patriarca de la familia. Lucius había muerto debido a la fiebre de dragón —misma que años antes se llevó a su padre—. Tomó un poco de ponche y camino hacia el ventanal. Pensaba con ironía en la ocasión previa que estuvo en ese mismo lugar —en aquellos días de «quien no debe ser nombrado» —, y ahora estaba por una razón completamente diferente. El actual ministro no pudo asistir, por lo que le indicó a su secretario personal que hiciese acto de presencia —puesto que desempeñaba actualmente el pelirrojo—. Pansy, llegó en escasos segundos junto a él. Al bermejo le escocía la piel ante la necesidad de tocarla.

—No creí que vendrías —murmuro evitando el contacto visual con ella—, como esta tu ex suegra aquí —exclamo al mirarla a la distancia.

—Supuestamente he venido ha decirte que «gracias»—musito lacónicamente—. Y aunque no lo creas, aún tengo ciertas obligaciones con mi familia política —exhaló.

Ron mascullo algo entre dientes.

—Hace cinco años que dejaron de tener algún vínculo. ¿No te parece que es tiempo suficiente para dejar de preocuparte por los Malfoy? —colocó la taza vacía sobre el borde de la ventana y esta en un instante desapareció.

Pansy frunció el ceño antes de responderle.

—El que no siga casada con Draco, no me excluye de estos asuntos sociales —comentó tajantemente—. Ahora, si me disculpas —se marcho enfadada de ahí.

Ron río por dentro. Le había hallado el gusto a enfadarla, y de esta manera buscar formas originales de contentarla. Contemplo dichoso el vaivén de aquellas caderas que él tanto adoraba. Draco estaba tan emancipado en sus pensamientos que fue completamente ajeno a la discusión de aquellos amantes. De pronto las grandes puertas se abrieron de par en par, y dejaron entrar a una enigmática figura que deleito las pupilas grises del blondo. Con una pasión indescriptible, paseó su lengua por sobre sus labios resecos.

Hermione regresaba a Inglaterra…

¿Qué se supone que es esto? —Arrojó furioso el periódico al rostro de su hijo, mientras una vena palpitaba en su frente—. ¿Dónde está tu mujer? —escupió enardecido.

Lucius había llegado a la residencia de su hijo con la publicación rosa del «Corazón de Bruja», en esta se hablaba sobre la definitiva separación entre el joven matrimonio Malfoy. Draco y hasta entonces su esposa Pansy, habían optado por el divorcio aduciendo a problemas irreconciliables dentro de su vida conyugal. Con un extenso artículo tomado de la boca de varios allegados a la pareja, Rita Skeeter se dio rienda suelta a su publicación sin tapujo alguno. En el cual se aseguraba incluso que el matrimonio nunca fue consumado y, por supuesto que eso desato la comidilla en el círculo social mágico; sobre la preferencia sexual del rubio.

Draco logró ocultar la publicación del profeta de los inquisitivos ojos de su padre. En primera plana se mostraba orgulloso el rostro de Blaise, tomado de la mano de su ahora esposa Hermione Zabini, y saliendo de la Catedral de Truro (3) sucedido el mismo día de la publicación en el Corazón de Bruja.

Es lo mejor para ambos —dijo tranquilo luego de algunos segundos.

¿Sabes lo que esto afectará en la reputación de nuestra familia? —bramo colérico el hombre ya entrado en años.

Hice lo que me pediste, padre —rechinaron sus dientes al hablar—. ¡Me case con la mujer que elegiste para mí! —Reclamo—. ¡Pero ya estoy harto de esto, jamás podré mirarla como algo más que una vieja conocida del colegio. Para mí nunca será mi esposa, ni la madre los nietos que tanto esperas!

Se dejaron de hablar.

¿Tu decisión tiene acaso que ver con al boda de Zabini? —preguntó su padre.

Draco pareció confuso.

¿No te comprendo padre? Blaise no esta en mis pensamientos, si es lo que te preocupa.

Lucius agito molesto su bastón entre sus lánguidos dedos.

Tu matrimonio con una mujer, silencio los rumores sobre tu «amistad»—pronunció con desprecio— poco convencional con Zabini.

Draco se carcajeo lo que ocasiono una explosión enardecida de su padre. Saco su varita y término destruyendo los objetos a su alcance, en el despacho de su hijo. Un poco más tranquilo —pero respirando con dificultad—, su vástago le habló.

Si te tranquiliza padre, las preferencias sexuales de Blaise nunca me fueron importantes —exhalo—; personalmente prefiero a las mujeres —lo miro con tedio—. Blaise de hecho es el único amigo honesto que tengo, y nada de lo que digas hará que cambie de parecer.

Lucius ya no respondió, se dio la media vuelta y se marchó. Aquella ocasión cinco años atrás, fue la última conversación que el rubio mantuvo con su progenitor. Salvo la lechuza parda escrita por su madre, anunciando la terrible pérdida de su padre.

Hermione ingresó tomada de la mano de su marido, ante la estupefacta mirada de los invitados reunidos, en especial la de Ron Weasly. Sin embargo, la menos afectada fue precisamente la doliente, Narcisa Malfoy. Boquiabierto, sería la palabra idónea que el pelirrojo podría emplear en aquella incómoda situación. Por un breve instante sus miradas se cruzaron y ella desvió rápidamente su atención hacia su marido; mientras le susurraba algo y él cabeceo en mutuo acuerdo. Se separó de ella —no sin antes besar galantemente la palma de su mano— para ir hacia su viejo amigo. Hermione, avanzó cauta hacia el marco de aquel gran ventanal, para detenerse y admirar al único pavo real albino de la residencia. Ron examinó desde lejos, a la mujer que una vez fue su esposa. Nada quedaba de aquella chica ingenua de padres muggles que llegó elegida a un mundo que hasta entonces le era desconocido. Justo aquella tarde contempló a alguien que siempre pareció pertenecer a la grandeza de la sociedad mágica. Hermione denotaba una presencia única por sí sola, que el bermejo supo que junto a él jamás hubiese denotado. Alguien más la observaba embelesado, un par de orbes grises; recordando la vista de su magnifica piel bajo aquella suntuosa túnica guinda.

—Lamento tu pérdida —fue sincero.

—Gracias por estar aquí, Blaise —rápidamente lo miro, se levanto de aquel tullido sofá y estrecho su mano en un profundo agradecimiento—. ¿Cómo han estado las cosas por Alemania?

Zabini comprendió el comentario y miro brevemente a su esposa.

—Bastante bien, gracias. Hemos tenido muchas ocupaciones, espero me disculpes por no haber estado en Inglaterra durante todos estos años, Draco.

El hombre ondeo su mano con un gesto vacío.

—Me sorprende que tengas el coraje de salir aquí en Londres con tu esposa.

—Es su deber como la señora Zabini, el acompañarme a este tipo de reuniones —desvió su atención hacia el blondo—. Además, lleva tiempo insistiendo en que quiere visitar los Potter —se encogió de hombros—. Y debo cumplir con su capricho.

Pansy estaba irritada y malhumorada por la presencia de la castaña, la atención completa estaba en ella. Y no en la viuda Malfoy como debería de ser. Al mirar a Ron se mostró ansiosa, al contemplar aquella pizca de de deseo que no paso desapercibida para ella. Se preguntaba si acaso él estaría memorando sus noches en la cama.

—Pansy querida, tráeme un poco de ponche —hablo Narcisa.

La mujer se alejo y fue a servir una copa para la viuda.

—Me das asco —susurro lacónicamente al servir Pansy.

Ron río por la comisura de sus labios, al percibir sus celos.

—Estoy impactado de verla aquí —se cruzo de brazos—. Creo que es momento que me retire, ya he cumplido con mi deber social —exhalo—. ¿Te veré esta noche? —susurro impaciente.

—A la misma hora —se alejo ella.

Ron camino por la amplia habitación y cruzo las grandes puertas para desaparecer de la presencia de los reunidos. Al poco tiempo, Blaise se acerco a Hermione y la sujetó de la cintura.

—Deberías ir y presentar tus condolencias a Draco —externo en voz muy baja—. Te aseguro que puedes estar tranquila, me ha dado su palabra de no hacer ningún escándalo. Debo ir con la señora Malfoy y conversar un poco, luego podremos irnos y te acompañaré a visitar a los Potter.

Hermione alzó una de sus cejas.

—¿Irás conmigo? —dijo extrañada.

—Claro, debo saludar a mi ahijado, ¿no?

Afortunadamente, gracias al medimago recomendado por Blaise en Alemania, Luna logró salvarse. Por desgracia, su vista nunca pudo recuperarse. Sin embargo, gracias a la excesiva imaginación de la rubia aquello nunca fue in impedimento. Y el pequeño niño de ambos nació sin problema alguno. Harry agradecido, le había pedido personalmente a Zabini ser el padrino de su hijo, ante lo cual él acepto encantado.

No precisamente por su buena caridad, sino por el beneficio personal que aquello representaba. Si el «niño que vivió» y el salvador del mundo mágico creían en él, ¿por qué el resto no lo hacían? Sus inversiones en el extranjero, le trajeron grandes ganancias y aquella podrida fortuna, ahora rebosaba en creces en Gringotts. Y todo gracias a su habilidad en los negocios. Y su buena suerte con los acontecimientos de años atrás.

—Eso tendré que verlo —dijo ella con diversión—, no resistirás ni cinco minutos con su hijo y nuestra niña en el mismo lugar —rió disimuladamente.

—Se buena actriz —expreso él al momento de retirarse.

Sintiendo un escozor sobre su piel camino pausadamente hacia el rubio, el cual acababa de despedirse se su antiguo jefe de casa en Hogwarts, Slughorn presentó un breve saludo a la castaña y se marchó con prisa. Draco le hizo un gesto delicado con su mano y le pidió silenciosamente se sentase frente a él.

—Lamento tu pérdida Malfoy —intentó ser indiferente, pero aún podía percibir el hormigueo en su piel.

—Escuche que tienes una familia envidiable, Blaise habla mucho de ti —expresó con amargura, Hermione carraspeó incómoda—. Tu hija tiene poco más de cuatro años, ¿cierto? —Sus ojos brillaron con arrogancia al contemplarla—, según recuerdo no fuimos nada cuidadosos.

—¿Qué insinúas? —musito ella fríamente.

—Nada… solo pensaba…

—¡No creas nada! —lo interrumpió—. ¿Has pensado que tal vez es tuya? —carraspeó por demás incómoda—. Blaise es su padre —espetó.

—¿Harías cualquier cosa por evitar la verdad? —la contempló con un deseo que no fue capaz de ocultar.

—¿Chantaje...? —dijo con sorna—. ¿Alguien alguna vez creería lo que paso entre nosotros? —dijo a la defensiva y luego de un par de segundos exhaló rendida—. Deja las cosas como están… Draco —volteo hacia Blaise, quien seguía conversando con Narcisa—. Es un buen padre —susurro.

—Me lo imagino —él también suspiró—. ¿Al menos me dirás? —le rogó con su mirada.

—Es el único secreto que me llevaré a la tumba, Draco —ella se levantó, para tomar la mano de Blaise que justo entonces llegaba y término por entrelazarla con la suya.

—¿Sabes, una ocasión fui tentado por lo prohibido? —dijo el rubio.

—¿Perdona? —expresó confundida ella.

—¿Has escuchado hablar sobre el dolus? —Blaise palideció en el acto, Hermione por otra parte se mostró muy tranquila—. Es algo que muestra tus más profundos deseos —sentenció con voz trémula.

—¿Y qué fue lo que viste en esa ilusión, Malfoy? —expresó con franca indiferencia ella.

—Algo que nunca podré tener en mis manos —se levanto y la miro con intensamente, luego desvió su atención hacia su amigo—. Fue un placer volver a verte, Blaise —estrecho su mano una vez más.

—Yo también use una vez el dolus, hace varios años. El día que nos encontramos en el callejón Knockturn —dijo seria—. En ese momento comprendí que todo lo que había deseado en mi vida antes, era una mentira y que no estaba viviendo lo que realmente quería.

—¿Y qué es lo que querías? —musito Blaise.

—Ser yo misma… —dio ella.

SPED

—¿Qué fue lo que te dijo? —Comentó intrigado el misterioso invitado—. ¿Acaso fue eso lo que dio inició a todo esto? —especuló.

El blondo contemplño las gotas de agua que resbalan por las ventanas del pub. Cerró sus ojos con dolor e infortunio antes de susurrar sin hablar, tan solo moviendo sus labios suavemente.

—…

—¿Malfoy? —reiteró el misterioso invitado.

—«Tú y yo somos iguales. Amantes solitarios, buscando en el dolor el placer de estar vivos» —hablo él, y luego esbozó una triste sonrisa—. En aquel momento no comprendí sus palabras, pero ahora lo hago —se acabo de un solo trago el resto de su bebida—. Jamás me imagine que terminaría hablando contigo Longbottom —se levantó—. Esta es la triste historia de un mago que creyó tenerlo todo… menos lo único que realmente quiere… una mujer que nunca estará a su lado. Porque yo no puedo ofrecerle el ser ella misma. ¿Irónico? Tal vez si hubiera tenido más pantalones como Blaise, otra sería esta historia.

Neville miro la amplia espalda caminar por el pub, y llegar hasta la puerta principal —había dejado de llover— y en completo silencio lo observo mientras se perdió en el medio de la multitud. Exhaló con pesimismo, mientras apretaba la copa entre sus manos, nervioso de lo que acababa de escuchar y lo que debería hacer —no con respecto al desliz de Hermione y Draco, esa era historia pasada. Al menos para él—. Sino por lo que acababa de descubrir. A Pansy Parkinson, saliendo de la casa de su cuñado aquella misma tarde. Longbottom enmudeció, la fémina ni siquiera se inmuto en dirigirle la palabra, paso a su lado y desapareció. Ron por otro lado, estaba tranquilo, demasiado. Él también se levantó, al final había decidido callar. Como bien el rubio lo había dicho, aquella aventura sería solo eso una «aventura» en la que no existían las promesas.

SPED

Una mujer de cabellera negra, paseba sola por el centro de Londres admirando los escaparates. Sonriendo con amargura, ante un futuro incierto.

Un pelirrojo estaba aburrido en la reunión familiar, escribiendo apresurado en un pergamino su próximo encuentro con su amante.

Un rubio, contemplaba el fuego en la chimenea, mientras admiraba la bella mujer que pronto dormirá en su lecho, y que al amanecer la enviará a casa con una joya de su parte.

Una mujer castaña sosteniendo en brazos a su hija, ocultando un terrible secreto, sobre quien era su verdadero padre. Mientras mira por el rabillo de su ojo a ese hombre que llama esposo.

Un hombre de piel bruna, que sostiene orgulloso en lo alto su cabeza, sabiendo que cada acción destina por aquellas frágiles almas es solo el resultado de su propia complacencia. Un sujeto que por sí mismo era el diablo encarnado.


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"El amor es una maravillosa flor,

Pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio"

- Stendhall -

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Glosario:

+ (1) Sarasa, afeminado, homosexual.

+ (2) Hesse, es uno de los 16 Estados federados de Alemania. La capital del Estado es Wiesbaden; la ciudad más grande y una de las mayores de Alemania es Fráncfort del Meno

+ (3) Catedral de Truro, en es una catedral anglicana localizada en la ciudad de Truro, en el condado de Cornualles en Inglaterra.


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Les agradezco el haber leído la historia completa

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