Capitulo 8: "Plan"
Nuevamente el destino de Hyrule se mantenía en una balanza.
La batalla por fin dió comienzo y nuestros valientes héroes prosiguieron sin vacilar a pelear, para proteger el Reino de sus antepasados de los cuales lo heredaron y lo heredarán a las generaciones posteriores.
Era de noche, las nubes a punto de dejar caer la lluvia, pero esto no evitó que nuestros héroes retrocedieran. Algunos llevaban antorchas para alumbrar el campo de batalla mientras que otros los protegían y los demás peleaban contra los resucitados. En todo ese lugar solo se escuchaba el sonido de las espadas y de los escudos, de las flechas que despegaban de sus arcos, y el galopar de los caballos que resultaron más valientes que los que murieron por su propia cobardía en manos de ese considerado ya un dios.
Ambos bandos daban lo mejor de sí, hacían todo lo que podían, y era eso lo que maravillaba los ojos del enemigo. El ejército de la Princesa Zelda defendía al Reino con todas sus fuerzas, matando a cualquiera que negase dicha voluntad. Aunque los soldados del enemigo habían resucitado, estos al ser atravesados por cualquier instrumento bélico, caían y morían, como cualquier ser vivo, y eso obedecía a la orden que se había dado de hacer esta batalla entre iguales, pero al hacerlo de esta manera, teniendo mayor oportunidad de ganar con seres que no murieran, ¿Por qué hacerlo así?, ¿Qué era lo que ese hombre realmente buscaba?
Todo esto sucedía a una distancia considerada de donde se encontraba la Princesa Zelda y de igual forma de donde se encontraba el nuevo enemigo, que conforme a lo que presenciaron los ojos de aquellos testigos, lo llamaron "el Castigador".
Ambos líderes sabían que su lugar no era en donde los demás se encontraban. Ellos estaban destinados a pelear uno a uno, cara a cara, pues no había otro ser ahí presente capaz de enfrentar a un lado o a otro. El momento de su batalla se acercaba y ambos planeaban sus movimientos desde sus respectivos lugares. Y es en ese momento en que el cielo comenzó a relampaguear y tronar; era un día en el que el propio cielo estaba emocionado.
La Princesa Zelda estaba consciente de lo que había ocurrido en Hyrule, pero aún así optó por invocar a las cuatro bestias guardianes de luz de las provincias del Reino. Las bestias no dudaron en acudir al llamado desesperado de la Princesa y se mostraron a ella inmediatamente, iluminando todo el campo con su bello resplandor.
Los guerreros que se encontraban a lo lejos luchando pensaron que era el momento en que la Princesa Zelda lanzaría todo su poder para destruir al enemigo, pero eso era un pensamiento erróneo, pues incluso las bestias sabían que ella los había invocado como una medida para perder tiempo y poder mostrar su as bajo la manga.
Las bestias que se encontraban en ese momento solamente eran dos, Faron y Lanayru, que además estas acudieron en condiciones inestables; las otras dos bestias de la luz, Eldin y Ordona habían sido aniquiladas aparentemente por "el Castigador" y eso era de esperarse ya que era el reflejo del daño que habían sufrido dichas provincias.
De verdad que el Reino había sido seriamente golpeado por éste ser, y es por eso que era necesario eliminarlo antes de que destroce todo por completo, por esa razón la Princesa no volteo a ver otras opciones y actuó de esa manera tan imprudente. Las bestias guardianes de la luz contaron todo lo que sabían a la Princesa mientras que "el Castigador observaba a lo lejos lo que ocurría del lado de Zelda. Aquel hombre no hacía un solo movimiento, aparentemente por respeto y caballerosidad, en cambio volteaba su mirada constantemente en donde se encontraba la lucha y sus ojos brillaban de la emoción por verlos pelear.
La Princesa terminó de hablar con las bestias y se dirigió de lleno a la batalla. Dio la orden a los guardianes de ir tras "el Castigador" y no tenerle ni una pizca de compasión pues no era un enemigo cualquiera. Estos inmediatamente fueron tras él, mientras Zelda se mantenía en un lugar para poder mostrar esa arma secreta que guardaba y que pudiera ser la solución a este fatídico problema.
"el Castigador" no esperó más y fue corriendo tras la Princesa, pero dichas bestias no lo permitirían y la cubrirían con todo su poder. Lanayru comienza el ataque, lanzándole un impresionante rayo de luz desde su hocico, pero "el Castigador" lo evade fácilmente, y contraataca con una bola de energía de color azul que sale de su mano, y de inmediato la Serpiente Lanayru lo anula con otro rayo de luz. Mientras el gigantesco Mapache, Faron, le intenta dar un colazo, pero nuevamente lo esquiva y le lanza otra poderosa bola de energía que logra golpearle en el estómago de la bestia.
Éste enemigo enfrentándose a dos bestias gigantescas a la vez y que además eran los guardianes de las provincias, era algo que los soldados que se encontraban luchando no podían creer, y se decían unos a otros que confiaran en la Princesa Zelda tal como ella confiaba en ellos.
El cielo no bromeaba, y lanzaba rayos que caían a la tierra, con unos truenos impresionantes que hacían retumbar el escenario. Pero aunque fuese de noche, el tan solo hecho de que las bestias se encontraran en ese sitio, iluminaba todo el campo, colocando a las antorchas en segundo plano pero aun así útiles. La Princesa Zelda lo único que podía hacer por el momento era observa y rogar al cielo que las bestias de luz resistiesen a tan terrible enemigo.
La lucha continuaba entre Lanayru y Faron contra "el Castigador", quien tampoco mostraba piedad contra las bestias sagradas, al contrario, las golpeaba ferozmente empujándolas al suelo que se destrozaba poco a poco y removía el cementerio de cadáveres que ahí había.
El tiempo pasaba y se veía a simple vista en el campo de batalla, que habían caído muchos aliados pero también muchos enemigos; por ese lado el bando de la Princesa iba ganando considerablemente la batalla, pero por otro lado, las bestias guardianes de la luz son seriamente castigadas por el enemigo. Veías constantemente que eran tumbadas y caían arrastrando todo lo que hubiera a su paso, pero ellas aún resistían valerosamente y atacaban sin retroceder.
Lanayru le aventó un enorme colazo al "Castigador" que pudo esquivar con un poco de dificultad debido a que el ataque fue muy cerca del piso y lo único que pudo hacer fue agacharse; en eso Faron le avienta una enorme bola de luz que hace que el enemigo salte oportunamente pero éste no contaba con el segundo ataque de la Serpiente, el cual recibe otro enorme colazo que lo deja mordiendo el suelo. El ataque fue grande y poderoso, pero no fue lo suficiente como para derrotarlo, por lo que el enemigo se levantó un poco aturdido. Eso fue una grandiosa oportunidad para Faron de lanzarle otra poderosa bola de energía que esta vez si le impacta y le tumba unos cientos de metros. Eso fue como un aliento de oportunidad para el bando de la Princesa de que aún podían ganar, pero sabían que para vencerlo necesitaban más.
El ataque que recibió de Faron fue de un daño significativo para "el Castigador" pues lo dejo un poco "electrizado" y aturdido que muy y apenas podía mantenerse estable. Esto le ocasionó un gran enojo a éste ser que fue corriendo tras las dos bestias. Ellas lo recibieron con otro par de ataque combinado, pero el enemigo en vez de esquivarlo, se los regresa con una impresionante patada que hizo que el viento se pusiera a su favor. El ataque fue evadido por las bestias, pero al instante recibieron el impacto de unas bolas de energía que el enemigo había lanzado oculto del primer ataque.
Las bestias caen a unos metros de donde se encontraban, pero se levantaron inmediatamente y continuaron su ataque con una embestida por parte de Faron y un colazo por parte de Lanayru. Aunque era notable la diferencia de la bestias comparada con la de "el Castigador", éstas daban lo mejor de sí para cubrir a la Princesa mientras ella conseguía la fuerza y energía necesaria para poder atacar con su "arma secreta". "el Castigador" no ponía atención en Zelda, pues pensaba que las dos bestias eran su ataque y no pasaba por su cabeza que la Princesa tenía un as bajo la manga.
La Princesa Zelda estaba consciente de que tanto Lanayru como Faron, no entraron a la batalla con estabilidad, pues ellos también habían sufrido los ataques de aquella noche en la que se había sacudido el Reino; ellas ya se encontraban heridas y no podían dar el ciento por ciento, por eso Zelda estaba preocupada de que "el Castigador" también las matara y con ello la poca estabilidad en la que se encontraba el Reino desapareciera por completo.
"el Castigador" daba honor a su mote, pues es lo que estaba haciendo con las bestias guardianes de luz, eso significaba que las probabilidades de ganar disminuían. Él estaba barriendo el campo con estas bestias, no las dejaba en paz, era un ataque tras otro, por lo que estas se vieron obligadas a pedirle a Zelda que se apresurara, pues ellas no iban a durar mucho. Dicho esto, "el Castigador" se dió cuenta de lo que planeaba la Princesa, lo cual lo enfureció aún más y fue tras ella. La Princesa se percató de esto, pero no podía hacer más que mantenerse de la misma forma para que la invocación no se rompiera.
Ambos se encontraban a una distancia considerable, por lo que ocasionó que Zelda tuviera un poco más de tiempo, mientras que "el Castigador" corría velozmente. Las bestias que se encontraban tiradas sobre el suelo muy y apenas y se levantaron para seguir defendiendo a Zelda, pero por más ataques que hacían no lograban nada.
Algunos de los soldados que se encontraban ya disponibles, se dieron cuenta de que "el Castigador" iba hacía la Princesa, por lo que hicieron lo posible por defenderla, pero, no servía de nada, y fueron tumbados y otros cayeron muertos por el solo hecho de tocarlo.
La velocidad del enemigo era impresionante, nada se igualaba a él, por lo que no se tardó mucho en arrivar hasta donde se encontraba la Princesa sobre su caballo, acumulando suficiente energía y recitando un cántico especial, la cual convocaría su "arma secreta".
El lugar donde ella se encontraba era un lugar un poco alto, pero eso no fue suficiente para detener al enemigo, dando éste un enorme salto con el cual se dirigía directamente a donde estaba la Princesa; tanto las bestias de la luz como para los soldados, no podían hacer más. Las primeras se encontraban seriamente heridas por los golpes que "el Castigador" les había ocasionado, y los pobres soldados, algunos todavía se encontraban peleando con los resucitados y, los que se habían dado cuenta de lo que ocurría, fueron tumbados y algunos murieron en manos del enemigo.
Ya no había obstáculos para "el Castigador", tenía el camino libre, listo para atacar a Zelda, cuando…
Continuará…
