CAPITULO IX
"FUE COMO SI EL TIEMPO SE DETUVIERA"
Aparece del lado izquierdo de Zelda un brillo dorado, en el cual brota un enorme rayo de luz que se dirige directamente a "el Castigador". El rayo fue impactado en el objetivo, y fue un fuerte golpe que lo tumba a varios metros en el aire hasta impactarse dolorosamente con el suelo, levantando una gigantesca cortina de humo y varias rocas.
Zelda y las bestias se quedaron sorprendidas por lo que había pasado, pues nadie sabía de donde ó quien había sido el responsable, sólo sabían una cosa, que ese rayo les dió un paso hacia la esperada victoria. El resplandor aún no cesaba de dar su brillo, cuando entonces de él sale otra de las cuatro bestias de la luz…..Ordona.
Zelda recobró el aliento, pero aún estaba ahí quieta, con las manos juntas a la altura del pecho en posición de oración, pues seguía cargando el ataque que ella creía que seria el definitivo… ¡la carta de la victoria!
-No te preocupes, Princesa de Hyrule, yo te protegeré.- dirigiéndose a Zelda un poco agitada.
Zelda girando un poco la cabeza hacia la criatura, preocupada por lo que veía en ella.-Sólo mírate Ordona, estás demasiado herida, ¿todo fue causa de ese malhechor, verdad?-
-Sí Princesa, p-pero como es mi deber, no puedo dejarlos solos luchando con ése sujeto, aunque s-seamos nosotros cuatro, debemos proteger a Hyrule; no podemos huir… ¡somos los únicos que pueden competir contra alguien q-que luchó contra las tres diosas!-
-¡¿Qué?! , ¡¿Es tan fuerte que se atrevió a desafiar a las creadoras de Hyrule?!-cuestiona sorprendida Zelda por lo que escuchó.
-A-así es Princesa, incluso se cree, q-que las diosas doradas tuvieron que crear una dimensión especialmente para él, e-en donde pudiera ser resguardado por toda la eternidad por haber cometido ese terrible acto.-responde.
-¿Dimensión? , ¿Cómo podemos regresarlo a ese lugar?-pregunta Zelda.
-L-la verdad no lo sé Princesa, l-lo único que puedo d-decirle es que una de las puertas, se encontraba sellada debajo de "la Montaña de la Muerte", r-resguardada por la propia montaña y por los Gorons.-
-¡¿Entonces eso fue lo que ocasionó esa gran explosión?!-
-S-sí.-
Mientras tanto, los soldados que se encontraban luchando contra los resucitados, veían todo lo que sucedía en el lugar donde estaba la Princesa, y daban ánimos para que todo saliera bien. Por otro lado, las otras dos bestias se levantaban de su sitio malheridas y se dirigieron a donde había caído el enemigo.
El enemigo, al caer, dejó un agujero en donde salía humo, las bestias vigilaban atentamente y era seguro que reaccionarían de inmediato en cuanto vieran algo sospechoso. Viendo que aún no salía nadie de ahí, decidieron lanzar un rayo. El rayo fue lanzado por la Serpiente Lanayru exitosamente removiendo la capa de humo, pero nada sucedió. Las bestias guardianes se quedaron un poco confusas, pues no creían que estuviera muerto, así que siguieron lanzando rayos de energía.
De pronto, la tierra tiembla. En el campo de batalla todos se asustaron. Algunos de los soldados caían junto con sus enemigos, la Princesa iba a caer pero fue sostenida por Ordona. Fue entonces cuando el suelo se abrió y comenzaron a salir rayos de luz por las grietas. De igual manera el cielo comenzaba a retumbar con fuertes truenos y relámpagos que dejaban ver las nubes de ése cielo nocturno.
Las bestias comenzaron a flotar un poco por el aire, y volteaban la cabeza a todas partes, pues no sabían que ocurría. Detrás de la Princesa Zelda, comenzaban a notarse cuatro pequeños brillos en forma de círculo, eso significaba que el poder de Zelda comenzaba a brotar.
Y en las aberturas del suelo comenzaron a salir manos brillosas de color azul. Su resplandor era tan parecido al que irradiaban las bestias guardianes; junto con las manos, comenzaba a escucharse una especia de cántico…
SIGLOS HAN PASADO DESDE QUE ME FUI
PERO HE REGRESADO HASTA AQUÍ.
MI PODER ES ENORME EN ÉSTE LUGAR,
Y LO VERÁN USTEDES LLEGAR.
NO CONTRADIGAS EL DECRETO DEL JUEZ,
POR QUE MORIRÁS COMO UN PEQUEÑO PEZ.
LO QUE VEN Y VERÁN ES MÍ VOLUNTAD
Y YA NO IMPORTA LA LEALTAD
QUE TENGAN A ESAS ESTÚPIDAS DIOSAS,
¡QUE TIPAS TAN ODIOSAS!
Y comenzó la destrucción.
Las manos que salían del suelo, empezaron a matar a los soldados que se encontraban en batalla. Lentamente, frente a los ojos de la Princesa, despedazaban a sus hombres sin piedad. La sangre brotaba de un lado a otro, manchando el suelo rocoso; las espadas tan finas, sólo reflejaban a los hombres partiéndose por la mitad, como si fueran césped, eran aniquilados.
También las bestias comenzaron a ser atacadas, pero ellas se defendían con lo que podían, lanzando rayos, colazos, todo a su alcance, pero eran demasiadas las manos que no resistían y una de ellas fue sujetada por varias manos, siendo llevada por debajo del suelo dejando un inmenso cráter.
Del suelo comenzó a escucharse las carcajadas de aquel hombre despiadado que lentamente ascendía hacía la superficie por una de las grietas. Aquel que al final mostró su verdadero rostro, el de un mal perdedor, el de un hombre corrompido por su enorme orgullo y soberbia, aquel que se burlaba en frente de la Princesa, ése quien se encontraba en medio de la masacre.
De pronto se escuchó un enorme silencio. Fue como si el tiempo se detuviera.
En ese instante, aparecieron solamente cuatro de los Medallones Guardianes de la Trifuerza. Los medallones que ayudaron alguna vez al héroe del tiempo, aparecieron detrás de Zelda con un brillo semejante al resplandor del Sol.
Era tanto el poder que irradiaban aquellos cuatro Medallones que tomaron la atención de los ahí presentes. "el Castigador", estaba cruzado de brazos riendo vergonzosamente pero cuando aparecieron dichos objetos sagrados, su risa se convirtió en asombro y espanto por lo que veía delante de él. Terrible fue dicha noticia para el enemigo que sudaba del miedo en tan sólo pensar en la mismísima Trifuerza, y sin contenerse a presenciar el desenlace de esto, decidió atacar, pues significaba que su existencia correría peligro si no hacía nada para callar ese poder.
Sorprendida Ordona por lo que veía, pero quedó extrañada por sólo ver cuatro de ellas. Zelda dirigiendo la mirada hacía "el Castigador", se preparaba para lanzar ese rayo fulminante. Mientras tanto el enemigo corría desesperadamente hacía ese lugar y comenzó a mandar muchas de las manos que salían del suelo. Éstas, dirigiéndose a donde se encontraba la Princesa, rompían el suelo cada vez que se movían, dejando cicatrices sobre la tierra que dejarían huella para la historia del Reino.
Ordona no espero más y fue a defender a la Princesa del ataque. El poder de la bestia guardián hacía que las manos se desintegrarán, pero al intentar calmar a "el Castigador", sus poderes se esfumaban por los increíbles movimientos que él hacía con sus extremidades. Y viendo el enemigo que no alcanzaría a llegar a detener a la Princesa, pues la distancia que los separaba no era algo pequeña, comenzó a lanzar bolas de energía tan poderosas y exactas, que aterrizaban cerca de donde la Princesa se encontraba.
Pero eso no detuvo la esperanza de Zelda para acabar con él, y aunque los ataques del enemigo cayeran a sus lados, ella se mantenía firme con los brazos extendidos apuntando al enemigo con las manos que seguían juntas y formando con sus dedos una especie de mirador en forma de triángulo.
Ordona frente a frente con "el Castigador", intentando contenerlo en un solo lugar para que el ataque fuera letal, pero éste no permitiría que lo detuvieran y amenazó a la bestia guardián que se quitara de su camino sino sufriría las consecuencias.
Ordona no fue intimidada y embistió al enemigo con sus dos poderosos cuernos, pero éste le esquivaba constantemente y dejando atrás a la bestia, "el Castigador" no paraba de correr. Ordona no se detuvo y de sus cuernos, apareció una enorme bola de energía de color dorado y de un extenso brillo, el cual lanzó al enemigo impactándole sobre la espalda.
El enemigo cayó, pero a los pocos segundos se levantó, pues si se quedaba en el suelo daría oportunidad a Zelda para que lo atacase.
La Princesa Zelda seguía sin lanzar el poder de los Medallones, lo cual era preocupante pues el enemigo se acercaba poco a poco. Ordona corrió velozmente alcanzando a "el Castigador", y colocándose enfrente de él comenzó a atacarlo para que retrocediera.
Pero por otro lado, las manos que salían del suelo se dirigían a donde estaba la Princesa y fue cuando la bestia guardián prefirió atacarlas a ellas que a "el Castigador".
La Princesa Zelda no fue sorprendida de tal acción de Ordona, pues las posibilidades de poder dar un golpe certero y letal al enemigo era justamente eso, ya que sabía que para que él pudiera cancelar el ataque de ella, el enemigo debía estar frente a frente y a una corta distancia, para que el ataque funcionara, dejando oportunidad a la Princesa de atacar.
El enemigo no arriesgaba tanto y comenzó a atacar con bolas de energía que para su desgracia eran desviadas al acercarse a Zelda debido al campo que irradiaban los Medallones a causa de su enorme poder. "el Castigador" no tuvo opción y fue de frente contra Zelda. Ella estaba preparada para que en cualquier momento lanzara el ataque definitivo.
Y "el Castigador" llegó. Cara a cara con la Princesa Zelda, a una distancia corta, se preparó para dar un golpe definitivo para la Princesa, un golpe que atravesara cualquier barrera que interfiriera. Del puño del enemigo comenzó a notársele una especie de humo morado con pequeños brillos que brotaban de él, listo para ser dirigido hacía la Princesa arriesgándolo todo.
Y del cielo cae una gota…
Todo esto sucedía lentamente. Fue como si el tiempo se detuviera en ese instante.
Por un lado los soldados siendo aniquilados, por otro Lanayru luchaba ferozmente por librarse de ser estrangulado, y por otro, Ordona defendiendo a Zelda; estas tres perspectivas tratando de luchar contra esas poderosas manos que constantemente brotaban del suelo.
Y al instante de que la gota choca contra el suelo, Zelda ataca.
Ambos, frente a frente, entregándolo todo en ese último ataque.
Fueron momentos en que el lugar fue iluminado por un gran resplandor ocasionado por la colisión de estos grandes poderes, un resplandor que fue visto hasta los confines del Reino.
Continuará…
