CAPÍTULO XIII

DIARIO DE UN SERVIDOR

Nuevamente me encuentro escribiendo esto en mi lugar preferido, debo dar gracias por ello, aunque no es una ocasión normal como las anteriores veces, no, el entorno ya no es igual, el ambiente cambió demasiado y la actitud de las personas se ha vuelto en una sin esperanza alguna. Aunque el sol siga brillando y el viento siga rozando mis mejillas, esto ya no es el mismo Hyrule de siempre.

Han pasado dos días de lo ocurrido en la frontera entre las provincias de Eldin y Lanayru. Aquella lucha tremenda que se suscitó entre aquel hombre que hoy día es llamado por todos como "el Castigador", debido a los temibles actos que cometió contra el Reino. Aquella lucha no será olvidada en toda la historia de Hyrule, no, nadie la olvidará, de eso estoy seguro.

El día en que comenzaron a ocurrir aquellos espantosos sucesos lo recuerdo perfectamente.

Recuerdo que seguíamos al Rey en un pequeño recorrido en los desiertos de Gerudo, en donde se le había informado a su Majestad que unos extraños acontecimientos ocurrieron días atrás. El Rey de inmediato se encaminó junto con nosotros dos a los desiertos, en donde llegamos unos cuantos días, debido a algunas paradas que hicimos durante el camino.

Llegamos a la antigua prisión del Reino, donde nos encontramos a un hombre llamado Vaan, un joven que se dedicaba a cuidar unos sitios cercanos a esta prisión. Éste había quedado con el Rey de encontrarse en ese lugar, donde más tarde nos conduciría a donde nos había mencionado que había ocurrido algo extraño.

Al llegar ahí nos dijo, que unos días antes, durante la noche, él se dedicaba a guardar a unos animales suyos cuando observó a lo lejos, en el cielo, que una especie de remolino comenzaba a formarse. Al verlo, dijo, se quedó muy asustado, pero que la curiosidad no le permitió moverse de donde se encontraba. Nos relataba detalladamente lo que sucedió ese día; nos mencionó que incluso el aire y el viento cambiaron. Según él, eran más densos, y que el viento ya no era el mismo, era más "frio" de lo que los vientos del desierto acostumbraban ser.

Admito que cada vez que nos contaba algo, daba miedo, pues era todo un misterio para nosotros, pero lo que nos dijo después nos dejó helados.

El joven nos comenzó a decir que después de unas horas de que se formara el remolino celestial, empezó a temblar un poco la tierra, y de pronto, salían luces azuladas del suelo que llegaban hasta el cielo; salían por separado de la tierra, pero al llegar al cielo, se unían dentro del ojo del remolino nos contó, así duraron varios minutos, incluso horas, mencionaba asustado.

Y cuando se habían desaparecido, comenzaba a amanecer. Dijo no haber dormido en toda la noche, y que en cuanto comenzaba a aclararse, tomó uno de sus jabalíes y se dirigió a donde habían aparecido aquellas luces.

El Rey le preguntó ansiosamente que era lo que había encontrado y el joven nos dijo: encontré algo extraño, eran hoyos hechos en la arena; bajé de mi jabalí y cuidadosamente me acerque y vi que había algo alrededor de los agujeros, lo tomé y observé que era ceniza

Todos nos quedamos extrañados y confundidos por lo que nos decía.

Estuvimos en los desiertos un par de días, discutiendo que era lo que había sucedido junto con algunos expertos y personas integrantes del cuartel general y segundos al mando del Reino, hasta que sucedió otro hecho escalofriante; esa noche la "Montaña de la Muerte" hacía explosión.

Una llamarada gigante ascendía al cielo con gran potencia; todos los que estábamos ahí corrimos a refugiarnos en unas cuevas cercanas, ya que nuestras tiendas de campaña y pequeños edificios cercanos no soportarían las enormes rocas incandescentes que se aproximaban furiosamente hacía nosotros. Ese día fue uno de los más terroríficos y horribles de mi vida y seré sincero, me asustó muchísimo.

No esperamos al amanecer para movernos, sino que actuamos deprisa y nos dirigimos de inmediato al castillo de Hyrule. Durante el recorrido, la pesadilla se acrecentaba con cada paso que dábamos; destrucción, desolación y muerte era lo que veíamos a nuestro alrededor. Todo estaba completamente o en su mayoría destruido, quemado por el fuego y las rocas; todo estaba marchito, cadáveres tirados e incinerados, sólo se veía el rastro que habían dejado en forma de ceniza; edificios, puentes, árboles, todo fue tumbado.

Veíamos al Rey un poco triste por lo que observaba a su alrededor, pero nosotros, o en cuanto a mí, estaba preocupado por lo que estaba pasando y por mi familia que se encontraba en el castillo de Hyrule; ¡qué momentos tan más amargos!

La situación se complicaba aún más después de horas de recorrido agitado, cuando nos enteramos de que algo raro nuevamente había sucedido en la frontera entre Eldin y Lanayru, y que esta vez el presunto autor de los terribles acontecimientos se encontraba en ese lugar. Pero la noticia empeoró para todos, sobre todo para el Rey, que su hija, la señorita Zelda, iba en busca del enemigo y que lucharía con él incluso si perdiera la vida. No importó si nos encontrábamos cansados, acompañamos al Rey en busca de su hija.

Esto es una pesadilla, sin ninguna duda lo repetía dentro de mi mente constantemente; es que era algo increíble, algo que no podía tragar. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Quién era ese presunto autor del que todos mencionaban en el castillo?

Nuestro recorrido se hacía cada vez más difícil. Por un lado las antorchas no nos servían de mucho durante el camino, muy y apenas podíamos ver donde pisaban nuestros caballos. Hubiese jurado que incluso la oscuridad no era la misma de otras noches. Pero la carga más pesada que cargábamos esa noche, era la preocupación de a qué nos estábamos enfrentando.

Por más que buscábamos no encontrábamos rastro alguno de la princesa, hasta que llegaron una serie de eventos que consideramos milagros, con los cuales pudimos conocer la localización exacta de la batalla, aunque fue demasiado tarde…la batalla había terminado.

La imagen que recuerdo fue desastrosa, hizo que mi alma temblara. El lugar de la batalla estaba destrozado, y en medio de ese desolador lugar se encontraba ese hombre alto cargando a nuestra princesa muerta.

Todos fuimos al ataque pero sólo uno de nosotros logró luchar con él, El Rey.

Es digno de mencionar esta batalla, para que cualquiera que lea este diario sepa lo que nuestro Rey está dispuesto a hacer por su Reino y que es digno de alabanza.

Era una noche lluviosa, fría y oscura. Nuestras antorchas se habían desvanecido y lo que nos alumbraba era aquella inmensa barrera que el enemigo había implantado sobre los suelos.

Por más que intentábamos ayudar al Rey, esa inmensa técnica nos empujaba unos cuantos metros, y lo único que pudimos hacer es confiar en él y en que todo saldría a nuestro favor.

Ambos lucharon sobre sus animales. El eco de sus armas opacaba el sonido de los truenos y de la lluvia que atormentaban aquel lugar. Las técnicas y estrategias que utilizaban no eran de seres humanos comunes y corrientes, era una batalla entre iguales, nunca antes había visto algo semejante, eran como si los dioses hubieran descendido y estuvieran en guerra.

La batalla se tornaba cada vez más complicada, pero a favor de nuestro Rey; nuestros vitoreos eran energía para nuestra Majestad, era una batalla que estaba ganando sin lugar a dudas; nuestro señor había encajado su espada sobre el costado de la bestia del enemigo, lo que lo hizo caer y estamparse sobre la tierra húmeda de aquel lugar, pero nuestro Rey no quiso atacarle hasta que se levantase, pues eso para nosotros los guerreros, es de cobardes atacar al que este en el suelo.

La batalla apartó a las bestias y continuaba con técnicas que sólo los magos pueden hacer. El enemigo comenzó a manipular la tierra y levantó de ella una serie de manos gigantes brillantes que atacaban a nuestro señor, pero él las cortaba uno a uno. Después las manos comenzaron a tragarse tanto a la bestia del enemigo como al caballo del Rey, y limpió el campo de animales.

La lucha continuó a ras del suelo humedecido por la lluvia, y continuaba tornándose a favor de Hyrule; nadie podría igualar al Rey en el arte de la espada.

Pero el enemigo comenzó a amenazar al exterior de la barrera. Cuando estábamos observando la batalla, comenzaron a escucharse gritos de mis compañeros. Volteamos a ver qué era lo que sucedía, y era que este tipo tan repugnante comenzaba a hacer juegos sucios, matando a nuestros soldados a través del suelo.

Del suelo salían las manos brillantes y atrapaban a nuestros compañeros, apretándolos hasta que explotaban. Comenzamos a defendernos, pero no podíamos hacer nada ya que las manos salían de todas partes. Eso afectó a nuestra Majestad que ni tanto él podía salir de la barrera ni nosotros entrar. Fue cuando los gritos de dolor de nuestro señor se escuchaban cada vez más. Fuimos un estorbo, una gran amenaza y distracción para él.

La lucha se intensificaba tanto por dentro como por fuera de la barrera. Aunque sabíamos que no podríamos hacer nada con las manos brillosas, gritábamos al Rey que no se preocupara por nosotros y que siguiera con la lucha, pero la lucha en el interior era más allá de mi comprensión. Observé que era lo que pasaba dentro, y nuestro enemigo lanzaba rayos de sus manos que impactaban al Rey. También observé que el Rey no estaba solo y con él se encontraban unos centauros dorados lanzando flechas de luz al enemigo.

Los centauros intentaban impactarle una de sus brillosas flechas, mientras nuestro señor se detuvo cerca del límite de la barrera, postrado sobre una de sus rodillas como si estuviera orando a las diosas. Las flechas de los centauros no lograban darle siquiera un golpe al enemigo, su velocidad era alucinante, parecía un guepardo en medio de la pradera, la batalla marchaba desgraciadamente a favor de él.

Vi que muchos de mis amigos eran asesinados, otros corrían en medio de la oscuridad para ir en busca de refuerzos o de plano para salvar sus vidas, no lo sé, sólo me quedé a observar qué era lo que pasaba dentro de la barrera, porque mi Rey me preocupaba.

La lucha estaba por acabar. Los centauros fueron aniquilados uno a uno de un puñetazo de aquel ser. El Rey se encontraba solo totalmente; por más que golpeara la barrera, ésta me empujaba. Yo gritaba y lloraba, rogaba porque esto fuera una pesadilla, no quería seguir viendo esto. Quería entrar pero no podía, era una gran impotencia la que sentía.

Vi que el enemigo se acercaba lentamente a mi señor, y que abría la boca como si estuviera diciéndole palabras que no alcanzaba a escuchar. Pero detrás de mi señor comenzaron a brotarle luces, tenían forma esférica de color dorado, resplandecían como el sol, y me di cuenta de que no debía de dejar de confiar en mi Rey.

Salieron en total seis esferas luminosas y se postraron detrás de nuestro señor. Me percaté que al salir esos seis brillos, el enemigo se espantó mucho y se apresuró hacia el Rey, eso me dio mucho ánimo, porque esta pesadilla estaba llegando a su fin. Pero la velocidad de aquel hombre era insuperable y mi señor no alcanzó a concluir esa técnica.

La batalla había acabado, por desgracia no como hubiéramos querido que concluyera.

De pronto la barrera se desvanecía, y en cuanto desapareció fui corriendo hacia donde estaba tirado mi señor. No me importó que el enemigo estuviera a su lado, corrí y corrí hasta que puede estar frente a él. Estaba lleno de heridas. Su ropa estaba quemada y rasgada y tenía varios golpes en el cuerpo. Me sentí muy triste al verlo pero a la vez me dio mucha alegría cuando sentí sus latidos y su respiración. La lluvia limpiaba nuestras caras y disimulaba mis lágrimas, mientras los truenos y relámpagos iluminaban el lugar y callaban el silencio.

Por alguna razón ese hombre nos permitió vivir, no entiendo el porqué, pero gracias a ese acto de compasión he podido escribir éste diario que algún día será leído. Antes de marcharse, dijo unas últimas palabras al Rey, lo recuerdo bien, dijo: No tenía la intención de lastimarte de esa manera, no te buscaba pero tu viniste a mí y sufriste las consecuencias de tu imprudencia que justifico con toda razón, porque luchaste por tu pueblo y sobre todo por tu hija que ahora permanecerá en donde he vivido por este tiempo. Que esto sirva de escarmiento a esas diosas odiosas, porque muy pronto me vengaré de lo que me hicieron cuando recién crearon el mundo. .

Antes de desaparecer en medio de la oscuridad, le dije que por favor dejara a la princesa y no se la llevara porque queríamos hacerle un digno funeral, pero él me contestó que era imposible porque ahora le pertenecía a él y se marchó.

No lo vi más.

Recogí de ese lugar a mi señor y lo llevé a donde estaban los demás, y juntos intentamos regresar al castillo, y en el camino, ya apunto de amanecer, nos encontramos a…

-Demonios ¿quién toca de esa manera la puerta?-

-Ah, eres tú, ¿Qué quieres? ¿Por qué tan agitado?-

-¡¿QUÉ, QUÉ ESTÁS DICIENDO, LINK HA LLEGADO?-

Continuará…