–Che, sigue durmiendo, ¿qué hacemos? –consultó Heisuke desde la puerta del cuarto que habían designado a su "invitada", quien dormía a pierna suelta, babeando, en medio del caos que había logrado formar de su "espacio personal" en tan sólo una noche.

El castaño la miraba algo cohibido, no le hacía mucha gracia aquello, nunca había visto a una chica así… tan… poco sofisticada. A su lado, Shin tan sólo podía reír lo más silenciosamente que le era posible, mientras Sano suspiraba y se adentraba en el dormitorio.

–Despierta… –comenzó con la mayor delicadeza que le fue posible, moviendo levemente a la chica del mechón azul –ehm… ¿arriba? –prosiguió, sin mucho éxito.

Media hora más tarde… ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!... Shinpachi golpeaba un bombo con fuerza dentro del cuarto, mientras Heisuke se cubría los oídos por tal alboroto, y Sanosuke le tiraba un baldazo de agua fría a Minto encima… nada.

–Me rindo. –declaró Harada, cansado, tirándose de culo al piso, mirándola. "Pendeja de mierda, ¿cómo podía dormir tanto?" se preguntaba. Suspiró y acabó resignándose de la tarea, que se despertara cuando quisiera. Los tres entonces, exhaustos, salieron de allí cabizbajos.

–¡TENGO HAMBRE! ¡MAMÁ! ¡MAAAAAMÁÁÁÁÁÁÁ! –comenzó a chillar y patalear la muchachita, desde el pasillo, cinco minutos luego de que se hubieran esfumado los otros.

En la mente de Heisuke, Shinpachi y Sanosuke, la misma frase podría haberse leído claramente: "hubiera sido mejor comprar un perro".

–¡MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!

–¡YA VA! ¡MIERDA! –le respondió el pelirrojo, hastiado.