Oh... Desesperación.
Capítulo 2: Harry.
¡Por fin! ¡Por fin me ha regalado esa sonrisa sabihonda que tan caro vende! ¿Por qué me siento un triunfador, teniéndola entre mis brazos, como si hubiese ganado algo, vencido a alguien? ¿Por qué me sorprende que ella haya confiado en mí de este modo? ¿No es animarla lo que me moría por lograr? ¿No andaba mendigando una sola sonrisa suya, que guardar en mi alma como un valioso amuleto? ¿Por qué se deja llevar? ¿Por qué baila junto a mí como si el mundo nos perteneciera en este mismo momento? ¿Por qué la he sacado a bailar, si tanto temo pisarla? ¿Y por qué me abrasa el corazón pensar que ya no habrá excusa para cogerla de la mano cuando este baile termine? ¿Por qué siento tan ligero el corazón, y a la vez me pesa como una losa? ¿Por qué?
Demasiadas preguntas, para un gesto tan sencillo como el nuestro: un inocente baile. No debe ser por ella que me siento extraño, sino porque, por primera vez en demasiado tiempo, no está Ron para observarnos; porque me muero para que él vuelva… pero no en este momento, ni para ver esto. Este será mi secreto, el secreto de ella, nuestro secreto…
¡Maldición! ¿Desde cuándo he querido mantener secretos para Ron, y mucho menos donde esté ella? ¿Por qué me siento culpable por estarla disfrutando, porque ella me mire sólo a mí, por ser el centro de su esencia? ¿Estoy siendo acaparador, posesivo, incluso celoso? Esos sentimientos sólo los he tenido por… mi pequeña; mi pequeña Ginny, mi amor, mi pelirroja… el sueño que se difumina en las tinieblas del Señor Oscuro, cuando sólo Hermione está para velar mis constantes pesadillas.
¿Por qué dejé a Ginny atrás pero permití a Hermione acompañarme? ¿Acaso a ambas no debo igual protegerlas? Mil veces me he hecho esa pregunta, que no quiere ver respuesta. Mi cabeza gira al ritmo de la suave música, mi mente divaga, mi corazón anhela…Y mientras eso sucede, mi musa baila en mis brazos, y me serena.
Me mira de un modo extraño, lo noto, me siento triunfante por ello; no está Ron en esos ojos, debería estar, como siempre, pero ahora no lo veo; me siento miserablemente culpable, y a la vez lo deseo. Es sólo porque él se ha atrevido a hacerle daño – me obligo a recordarme, molesto -, a mí puede hacerme lo que quiera, sé mucho del sufrimiento. Pero dañarla así a ella… ¿qué perdón puede haber para eso?
¿Cuánto hace que no me había atrevido a abrazarla para no molestarlo a él? No pienso pensarlo más, no voy a perder el tiempo sintiendo miedo, con el poco que aún tenemos. ¿Qué pasará mañana, cuando el otro me encuentre, o yo lo halle a él? Sé qué no pasará: ella y yo no volveremos a compartir este momento. Esto es lo que tenemos. ¿Debo dar gracias por ello? Si por tan sólo un segundo ella es feliz, debo hacerlo.
La música ha terminado, la pego con fuerza a mi cuerpo; sé que pronto se separará de mí y la melancolía reconquistará su femenino feudo. No puedo hacer más para evitarlo, no puedo, ni debo hacerlo. Lentamente ella separa sus brazos, me mira de ese modo extraño. ¡Por Merlín! ¡Ha vuelto a hacerlo! No me mires, chiquilla, no de ese modo, al menos. Aléjate de mi lado, como un loco te lo ruego, ten tú esa cordura que al parecer yo no tengo. Aléjate o voy a besarte; o nada en el mundo me impedirá hacerlo.
Exhalo con fuerza: se aleja; la tentación se ha ido lejos. Sin duda me había vuelto loco, y agradezco su silencio, su rechazo, su barrera. Yo no sería un hombre si me hubiera dejado vencer por la locura, ella es de Ron, esté él lejos o esté cerca. Ella lo quiso así, y yo me alegré por verla; no soy quién para olvidarlo cuando apenas me convenga. ¿Me convenga para qué? ¡Recuerda, loco! ¡Recuerda! ¡Ginny te aguarda con esperanza! ¡Y tú juraste vencer y volver por ella! ¡Buena la harás si no eres capaz siquiera de luchar por aquello que sientes y superar las barreras!
Ella me mira de lejos, suspira y baja la cabeza. Todo ha terminado; el baile no fue buena idea. Ahora lo sé. Yo casi me doy la vuelta; mi alma le grita en silencio para dar gracias por esa cordura que ella ha querido que vuelva. Otro punto para ella, para mi fuerte amiga, para esa sensata guerrera.
Pero de pronto, algo tira de mí y me gira hacia ella, con fuerza. Y la encuentro mirándome, anhelante y llorosa, y yo lloro con ella. Sin duda voy a besarla, sin duda; si hay infierno, ya estoy en él por no tenerla. Pero ella se me adelanta, y colma mis labios con su dulzura y belleza, con sus suaves y cálidos labios, con su tristeza.
¡Que el Señor Oscuro me lleve! ¡No me importa! ¡Debo tenerla! Y ella tenerme a mí, lo siento, atrás el tiempo no vuela.
¿Cuándo ha caído la noche? ¿Cuándo la situación ha dado vuelta? Yo ya no la tengo en mis brazos, ahora… me tiene ella. Mi Hermione, mi musa, mi diosa… Si hay dios, sin duda es ella.
Sé que mañana voy a lamentar esto con toda mi alma; pero maña es mañana, y ahora… yo soy de ella.
COMENTARIOS:
Como os prometí, en este capítulo ha sido Harry quien ha tomado el relevo para relatar la escena. Habréis notado su confusión, su temor por dejarse llevar, su corazón decidiendo por su propia cuenta, su miedo a abandonar sus responsabilidades, no sólo en la lucha contra Voldemort, sino con todas aquellas personas a quienes ama. Pero algo en Hermione le atrae como una sirena, algo que no comprende, que no creía sentir, ni que deseaba sentir, pero que ahí está. ¿Y qué pinta Ginny en todo esto? Esa pregunta es la que le hace estar seguro de que después va a arrepentirse de lo que allí está sucediendo. Pero tampoco quiere, ni puede, evitar que suceda. A veces, la vida puede ser muy dura y muy dulce a la vez.
Lo he subido tal y como me ha salido, a veces más poético, a veces menos. Eso también delata la lucha interna de Harry, su confusión.
Si os ha gustado, me alegro, y si no, lo siento.
Saludos y hasta muy pronto, espero.
Rose.
