Disclaimer: Todos los personajes de Black Jack, del manga y anime homónimos, así como todas sus situaciones, son propiedad de Osamu Tezuka.
Advertencia: La historia se clasifica como supernatural, ya saben que esperar.
"En Tus Manos"
Capitulo 4: Certeza y Tempestad
Saga Mitsume
Un fic de Black Jack y Pinoko
por
Miriam Puente (Esplandian)
Paciencia es lo que sobra cuando existe la certeza.
Te quedas trabajando hasta medianoche, con el cansancio escociéndote las pestañas; pero tú sabes porque lo haces. Quieres encontrar la verdad, sabes que es obvia, pero que tus ojos simplemente no han logrado captarla en lo absoluto: por eso es que la buscas.
Ignoras el aguacero que golpetea en la ventana y al viento que parece solicitarte asilo. Eres un hombre de ciencia, así que no escuchas sus suplicas o sus advertencias; y continuas examinando los diminutos jeroglíficos grabados en la placa pétrea que te envió tú colega y mejor amigo.
Recuerdas la conversación que tuvieron por teléfono. Él te dijo que quería una segunda opinión, que confía en ti, que ya-sabe-que-sabes sobre su enfoque práctico (porque según él, todos los biólogos lo son), que usualmente no hay razones para dudar, pero esta vez las hay. No te permitió que le interrumpieras en su frenesí, empapado de esa alegría juvenil y esa ligera pizca de visión financiera que lo han caracterizado todos estos años; y concluyó explicándote que es una pieza clave, una pista, que los conducirá al enigma que han perseguido por tanto tiempo. Sabes que tiene razón.
La escritura de la placa no coincide con lo que te llegó por paquetería esta mañana, con lo que te entregó un hombrecillo delgado, de bigote y cabello rizado. Con una sonrisa nerviosa en su redondo rostro te repitió un viejo dicho de marineros "Carmín al amanecer, alguien ha de perecer", y te recomendó no salir de casa esa noche, pues pronosticaba una tormenta tropical. Bromeaste a causa de semejante pesimismo mientras de reojo leías en su gafete "Ham Egg", le diste una palmada en la espalda y le señalaste el amplio cielo azul de imperceptibles toques malva.
Reconoces que el Sr. Ham Egg no se equivoca en cuestiones meteorológicas, y te reprendes por el desvió de tu tren de pensamiento. Notas tu mente cansada, al sueño apoderarte de tus parpados; pero tu determinación se opone. Te concentras en los símbolos y los comparas, tratas de hacerlo… la lluvia se arrecia…
Oyes el timbre sonar— ¿Quién, en su sano juicio, saldría en una noche como esta? —, te asomas por la ventana del estudio que mantienes en el segundo piso. Tu vista no es tan aguda a causa de las horas extra que dedicas a tus investigaciones; detrás de la imponente reja de metal forjado, que separa tu propiedad del exterior, ves a una mujer casi desdibujada por la inclemente tempestad. Ni siquiera te quitas la bata de laboratorio, y bajas las escaleras con tus piernas entumecidas.
No tienes idea que al abrir aquella puerta cambiara tu vida irremediablemente. Tardas en abrirla, pues protectora se resiste (pero eres un hombre de ciencia, así que no lo notas); y cuándo lo haces casi caes de espaldas al encontrar a la mujer a escasos centímetros de ti. Posiblemente olvidaste el candado de la reja, si, así fue. Atribuyes el sobresalto al remanente llamado instinto. Te mantienes firme, amable, dispuesto a inquirir sobre sus circunstancias: el bulto que lleva en los brazos es suficiente respuesta. Ella te dice "tiene fiebre", que es grave.
La mujer pronuncia tu nombre, aunque tú jamás se lo hayas dicho. Sabe sobre tu trabajo, el "otro" trabajo (el que te gusta y otros creen que tomas como un pasatiempo), el que pone en peligro tu reputación como doctor e investigador, el que pone en juego tus inversiones…
"…Mitsume-zoku…"
Su voz es argenta e inusitadamente bella, más cristalina que el agua que escurre por sus ropas.
Es una mujer hermosa, aristocrática. Te admiras de sus exquisitas facciones, de su cabello negro y vibrante como el plumaje de un cuervo. Te distraes en la finura del suéter naranja que asoma bajo el impermeable. Te avergüenzas por adivinar los contornos de su cuerpo bajo la gabardina caqui, y por notar las botas negras que insinúan las torneadas piernas.
Sus ojos metálicos, cobrizos y chispeantes te descubren. Y cuando alza su bella faz hacia ti te revela lo que ocultaba el sombrero de ala ancha. Pierdes el aliento un instante, lo retomas al sentir el sudor frío junto a tu oreja izquierda. Abres la boca; se te escapa un grito ahogado, casi mudo.
Para cerciorarte cuentas, y cuentas de nuevo, y sobra uno, al que confundes por adorno hasta que te mira… ¡te mira y parpadea!... en su iris observas tierras hundirse entre el mar y el fuego, cadáveres que emergen…y en un microsegundo todas las deidades del mundo antiguo te hablan de extinción y majestuosidad, de lenguas que no serán habladas jamás, de ciclos sucesivos de muerte y renacimiento… y te aseguran que los demonios robaron secretos del tejido del cosmos, y embriagados de poder buscaron arrancarle el de la inmortalidad… y el pago de su soberbia fue la ruina.
Un relámpago: resolviste un enigma.
Y otro: como advertencia.
Otro: un mal augurio.
Crees simultáneamente que te venció el sueño, que la obsesión por fin te ha alcanzado, que se te seco el cerebro en un intento quijotesco por develar misterios, que te han trastornado las historias y las metáforas para ver aquello. Y lo único que puedes hacer, para no caer en los abismos de la locura, es preguntarle a la mujer el nombre de la criatura: eres un hombre de ciencia, un doctor.
Únicamente seis silabas—pero como te pesaran cuando las pronuncies—. Atiendes al pequeño paciente, los ojos de su madre clavados en ti cuando escuchas los latidos del diminuto corazón: como si fueran de una mártir, como si albergaran esperanza, como si creyeran en ti ciegamente… como si su certeza trascendiera a la muerte.
"Le confió la vida de mi hijo, protéjalo"
Entrelaza sus gráciles dedos, se inclina a ti como si se disculpara, y se dirige a la puerta de vidrio (la que no usas) que inexplicablemente se abre sin ser empujada. Intentas disuadirla en vano; en cuestión de segundos, la mujer ya atravesó tu patio, la reja de tu propiedad, y se encuentra a otro lado de la calle. Se detiene, te mira—los mira— un instante… se despide.
Un trueno.
La descarga la atraviesa, y su cabeza se vuelve luz antes de que su cuerpo impacte el suelo. Un eco, un ruido seco, el llanto del bebé irrumpe—como si supiera—, y tú te llevas las manos a la sien, horrorizado. El agua desciende y lava el asfalto, pero el nauseabundo olor del azufre y la carne quemada permanecerán impregnados en tu memoria.
Ni el inexorable paso del tiempo podrá borrar aquello de lo que esa noche fuiste testigo. Y te repetirás entre sueños, una y mil veces…
Si encontraras la verdad…
¿Pero a qué precio?
De golpe, un pronunciado bache en la carretera despertó al afamado Black Jack.
—Disculpe, Doc, pero el camino no recibe mucho mantenimiento por estos lares—se anticipó el jovencísimo taxista de melena castaña y uniforme celeste, al que muchos conocían como "Midnight".
—Al contrario, fuiste muy oportuno—había tenido una pesadilla. No recordaba mucho, excepto la impresión olfativa de un miasma sulfuroso—. Amanecerá pronto.
Desde la ventana contempló somnoliento los empinados acantilados que bordeaban un mar de tinta. Un punto amarillo surgía a lo lejos, evidenciando los riscos que se supondrían cavados por zarpas angulosas y retorcidas.
Al oeste, el ominoso bosque de pinos le competía en desolación desde la negrura de las rocas; una brisa opaca se esparcía, y cubría las montañas como lo hace una mortaja. Black Jack no se inquieto, era algo común dado a la geografía del lugar.
Midnight tomó el volante con más fuerza y disminuyo la velocidad, lo que helaba la sangre era el aullido del viento al chocar contra los costados del automóvil. Cuando la luz de los faros fue devorada por la espesa bruma se dijo a sí mismo, que de no tener una deuda con el Doctor, jamás se hubiera atrevido a conducir en aquella terrible ausencia de tráfico.
—Por algo dicen que en Bahía Sanzugahama desembocan los ríos del mismísimo infierno…
Nota de Autor: Midnight proviene de su serie homónima, en la que BJ aparece como personaje invitado. De nuevo, gracias por sus lecturas y reviews.
