Disclaimer: Todos los personajes de Black Jack, del manga y anime homónimos, así como todas sus situaciones, son propiedad de Osamu Tezuka.
Nota de Autor: Lamento haberlos hecho esperar tanto, tarde mucho tiempo para volver a recuperar los archivos originales de "En Tus Manos" de mi largamente difunto ordenador (ok, eso no es excusa), cuya pérdida si acortó mis deseos de seguir escribiendo la historia. Pero eso sí, ¡no pienso dejarla inconclusa!
Confieso que tengo la extraña sensación de que hay un rinconcito en el infierno reservado para los escritores de fics que no actualizan seguido, y en donde son puestos a fuego… manso…
Sin más explicaciones:
"En Tus Manos"
Capítulo 5: Viajero y Tótem
Saga Mitsume
Un fic de Black Jack y Pinoko
por
Esplandian
El camino cuesta arriba era demasiado estrecho: ningún automóvil podría transitarlo. Midnight supo que su jornada de trabajo había llegado a su fin, aunque se sentía un tanto culpable por dejar a su siempre tacaño y oscuro pasajero en semejante desolación.
—Oiga, doc… ¿está seguro de que no quiere que lo acompañe? —ofreció el muchacho de melena castaña al volante.
—No pienso pagarte tiempo extra —respondió con un azote de puerta, para después dirigir su mirada hacia tupido bosque de bruma que ocultaba el resto del sendero. El canto de las gaviotas y el rugido del mar a sus espaldas le daban un toque totalmente surreal a la escena, nada común si se le comparaba con el bullicio urbano al que el taxista estaba tan acostumbrado.
—Nadie se lo está pidiendo, y de todas formas nunca me paga —respingó—. Es sólo que este lugar es algo… no sé… me da mala espina, eso es todo —declaró el joven, recargando un brazo en el borde de la ventanilla—. He visto muchas cosas raras, créame, pero este lugar se lleva las palmas.
—Contrajiste una deuda conmigo por mis servicios médicos, y todavía está vigente. No pretendo que la saldes tan fácilmente —una media sonrisa del hombre de negro—. ¡Ahora retírate antes de que decida cobrarte el doble! A fin de cuentas no tienes licencia para conducir —puras amenazas vanas salían de la boca del clandestino cirujano, al menos cuando se trataba de Midnight.
—Ni usted para cortar y abrir gente —rió el conductor, captando las indirectas—.Cuídese, Doc; o al menos trate de hacerlo hasta dentro de tres días, para cuando venga a recogerlo.
Un quemón de llantas y el ruido del motor llevado al límite contaron como una segunda despedida.
—Y Pinoko se queja por como manejo… —suspiró sorprendido, no exentó de admiración, por la velocidad con la que el taxi surcaba las curvas de la desierta carretera. Acto seguido, levantó su maletín y emprendió su recorrido cuesta arriba, sorteando pinos y arces en su paso a paso sobre el camino fresco con el rocío matutino.
Llegó hasta un claro marcado por unas estatuillas de roca, ofrendas de frutas secas e incienso largamente apagado descansaban a los pies de las efigies antropomorfas. El aroma de la leña y el humo se arreciaban detrás de la niebla, y una figura encorvada y vaga se dirigía a su encuentro, hasta ese cruce de caminos en medio de la nada.
"Cuando camino al este, el viento sopla
Cuando camino al oeste, la lluvia cae.
El caprichoso viento lleva el aroma,
que guía mis pasos en los senderos.
Lo que a tu vista escapa es de otro mundo.
Cómo el dolor, cómo el deseo,
Cómo el amor, nunca lo vemos."
La extraña reverberación de la cadencia se aferró a sus oídos. Era un hombre de ciencia que no creía en apariciones o sucesos inexplicables, aunque no descartaba las coincidencias ni los encuentros inesperados. A fin de cuentas, su vida había estado llena de ellos.
Crujir de hojas y el roce de un bastón con el suelo, un cuerpo delgadísimo cubierto de harapos y remiendos, y en la espalda una bolsa que desprendía olores penetrantes de ungüentos y pomadas. Con la tonada todavía en su garganta, el otro viajero de rostro huesudo y curtido le dirigió dos ojos desiguales y secos.
—Biwamaru… —había tardado en reconocer al acupunturista y viejo rival.
—Buenos días, Doctor Black Jack—era una voz desgastada pero amable —. Reconocería el olor a desinfectante y sangre en cualquier lugar. ¿Qué lo trae por este paraje tan poco transitado?
—Lo mismo que a ti.
— ¿Pacientes? No huelo enfermedad, usted debe estar equivocado.
El acupunturista errante y el cirujano clandestino habían competido a causa de los pacientes, al menos, un par de veces. Consciente el incómodo silencio, Biwamaru notó el descreimiento del "demonio de la cirugía", como él lo llamaba.
—Doctor Black Jack, le aseguro que aquí ya no hay enfermedad alguna; vengo desde Valle Younenki, aquí en Sanzugahama solamente voy de paso… y por muchas razones. Aquí no hay olor a enfermedad, aquí no hay nada para ninguno de nosotros…
—Jumn, tal vez sea el azufre de las aguas termales lo que te confunda. Ahora si me disculpas…
El errante se interpuso, bloqueándole el paso y haciéndole parar en seco.
—Mi olfato nunca me ha engañado— garantizó el ciego palpando su aquilina nariz—. Si te dijeron que había un enfermo, entonces te están mintiendo...
—No me han especificado nada. Puede que sea una malformación —añadió cortante.
—Puede… pero este sitio no es lugar para ti. Tú tienes el don de la vista, te será difícil asimilar lo que encuentres. En memoria de Hyo Jisai, el forjador, te advierto que tu vida puede estar en peligro si entras a la villa. Tal vez usted no crea en el destino, pero yo sí…
—Bien —exhaló el cirujano con exasperación—, al menos dime que es lo que se supone que es tan malo como para que busque el teléfono más cercano, de media vuelta, y me retire…
—No desafíen a los dioses del cielo y de la tierra. Vivan humildemente. La vida y la muerte lo son siempre. El arte de la medicina es otra cuestión —recitó el ciego, dándole la cualidad de una letanía— ¿Sabes qué significa?
El joven doctor asiente; conocía las palabras, eran las últimas escritas por las magníficas manos de Hyo Jisai, el forjador de espadas, su legado para él y el acupunturista.
—Lo sé. Pero no podre juzgar la situación del paciente si no voy a echarle un vistazo. Además no contestaste a mi pregunta.
— No es un frase dicha en vano, muchacho. Los demonios de Sanzugahama desafiaron a los dioses y cayeron más estrepitosamente de lo que era posible caer, si ellos pudieran hablar… ¿qué nos dirían desde sus malgastadas tumbas?
Una pausa, y las ramas de los árboles se removieron.
—Son supersticiones, Biwamaru. Son solamente cuentos que campesinos supersticiosos utilizan para asustar a sus niños.
—Eres joven y necio, pero respeto tú decisión —el acupunturista le obsequió una sonrisa condescendiente—. Al menos se te ha advertido.
—Entonces me retiro. Hasta luego Biwamaru, gracias por los acertijos—dijo al darse una media vuelta, continuando con su camino, con la voz gangosa a sus espaldas…
—Si el destino lo quiere nos reencontraremos, Doctor Black Jack.
Ambos viajeros reanudaron su transitar entre la bruma que se disipaba bajo el sol de la mañana, y el lúgubre canto del acupunturista fue distanciándose hasta entremezclarse con el rugido del mar, como un eco vago y lejano.
"Lo que a tu vista escapa es de otro mundo.
Cómo el dolor, cómo el deseo,
Cómo el amor, nunca lo vemos."
De hecho, era necesario verlo para creerlo, o por lo menos una adormilada Wato necesitó tallarse los ojos para asegurarse de no estar alucinando: el olor del curry, el arroz recién cocido, y el aceite hirviendo no era el tipo de espectáculo que se encontraba todas las mañanas.
— ¿Sharaku-kun?
Apenas terminó de pronunciar el nombre cuando el aludido ya tenía acomodados los cubiertos sobre el desayunador y le ofrecía, caballerosamente, tomar asiento.
—Buenos días Wato-san.
—Ah, sí… buenos días… —la muchacha estaba tan pasmada que no opuso resistencia alguna al sentarse obedientemente, para después observar como Hosuke apagaba el fuego de la estufa y servía unos apetitosos platillos en la mesa: arroz, sopa mizo, el famoso curry de Pinoko, pescado a la parrilla y un enorme tamagoyagi decorado con un retrato de ella—. ¿Y a qué viene todo esto?
—Bueno, siempre eres tú la que cocina todos los fines de semana, así que quería sorprenderte.
—Y vaya que lo hiciste —recalcó un tanto divertida al ver su propia caricatura en el omelet japonés: se notaba que Sharaku se había esmerado mucho con ese desayuno —. Bueno… itadakimasu, Sharaku-Kun. Todo se ve muy apetitoso.
—Adelante, provecho — el chico la observó debatirse sobre qué probar primero, hasta que finalmente ella se decidió por el pescado que degustó sorprendida.
— ¡Está delicioso! Me alegra que te hayas vuelto más fuerte además de un buen cocinero, Sharaku — lo felicitó con toda sinceridad. — ¿No será algo relacionado con Pinoko? ¿Eh? —indagó Wato guiñándole un ojo. No era precisamente un secreto que Sharaku le profesaba cierto grado de adoración a la pequeña pelirroja.
"Para sher un buen esposo, esh necheshario ayudar a tu esposa en la cocina" La imagen de la asistente apareció en la mente de Sharaku, haciéndolo enrojecer.
—A-algo así —balbuceó el ruborizado y calvo muchacho mientras se llevaba una mano a la cabeza para rascarse la frente—.Estoy practicando un poco lo que me enseñó Pinoko, también algunas recetas del Tío Tetsu…pero todavía me falta mucho —y lo decía convencido, pues la consistencia del recalentado curry de la autonombrada esposa de Black Jack no le parecía apetitoso en lo absoluto: le daba la impresión de que podría usarlo de pegamento en caso de ser necesario. En verdad que quería aprovechar al máximo todas las lecciones que su amiga le daba, aunque lo del curry todavía no lo convencía mucho…
— Mmmm… me pregunto qué estará haciendo Pinoko-chan en estos momentos…
Para esa hora de la mañana, la industriosa 'esposa' del doctor, siendo el ave madrugadora que era, ya se encontraba levantada y activa después de un generoso desayuno para dos. Y como era de esperarse, Pinoko era la cómplice usual de Largo, quien aprovechaba la usencia de Black Jack para trepar y dormir felizmente sobre los sillones.
Una empecinada telaraña le daba suficientes problemas a la pequeña asistente (aunque la araña ya había sido reubicada fuera de la casa con un recogedor). Si el Doctor Black Jack se ocupara de limpiar su oficina y detuviera las incursiones de Pinoko s la habitación, las arañas ya se habrían apoderado del sitio junto con montañas de polvo.
Estornudo: ¿o estaban hablando sobre ella en algún lugar o la temporada de alergias estaba dando comienzo?
La pelirroja abrió la ventana para dejar a los rayos del sol y al aire fresco entrar. Estaba segura de que sorprendería al Doctor cuando llegara, y todavía más segura de que todo ese ejercicio rendiría fruto, lo mismo que el hallazgo de ella y Sharaku. ¡Se estaba convirtiendo en toda una adulta responsable!
Ring. Ring. Ring.
Lo sabía tan ciegamente que ni siquiera se molestó en mirar el número telefónico antes de contestar.
— ¡Buenos días, chenchei! ¿Eshtá bien? ¿Llegó sano y salvo? ¿Ya deshayunó…?
La lista de preguntas con las que bombardeó a su supuesto 'esposo' era interminable.
—Veo que madrugaste, Pinoko — el oscuro doctor sonrió de lado, alejando el auricular debido a que la voz de su asistente subía unos cuantos tonos cada vez que él llamaba por teléfono—. Te aviso que ya estoy en Sanzugahama, Clínica Tatsumi.
El sitio era una pequeña clínica rural, humilde y limpia, nada ostentoso. El actual Doctor Tatsumi estaba sustituyendo a Kowa en su actual clínica por el momento, así que el Dr. Kowa, a pesar de sus años, era un interno haciendo su servicio social y, por lo tanto, el único doctor oficial del lugar. Uno de los detalles que Black Jack prefirió omitir fue el hecho de que su futura dieta en los próximos días se compondría únicamente de arroz y sopas instantáneas, o cualquiera de los alimentos que los buenos aldeanos dieran por pago o cortesía.
—…sí, Pinoko… te manda saludos de su parte… cuídate… regreso pronto… te traeré algo… ¡y no dejes que Largo duerma en los sillones de mi oficina!
Sabía que el ultimo comentario sería en vano, pero igual…
Tan pronto dio por terminada la llamada, volvió su entera atención al Dr. Kowa. Ese hombre bajito y calvo, de pobladas cejas y de ojos péquennos, redondos y brillantes, que asomando risueños detrás de un par de gafas.
—No cabe duda de que esa señorita cuida de usted—comentó dándole un sorbo a su té matutino—.Sera una gran esposa.
—Lo es.
La frase no fue precisamente una pregunta, si no una especie de afirmación susurrada y casual. Lo mismo la sonrisa que cruzó levemente el rostro del doctor, aligerándole las cicatrices y el corazón, tan sólo un instante antes de volver a su frio y duro talante.
Ambos tenían asuntos que atender y este no era un viaje de placer para reencontrar viejos amigos…
—Vera, Doctor Black Jack, no lo esperaba, pues sé que es un hombre muy ocupado. Gracias por venir—agregó el hombrecito con familiaridad.
— ¿Dígame, de que se trata exactamente el caso tan 'fascinante' que me mencionó en su carta?
—Lamento no haberle llamado, pero apenas instalaron el teléfono… —dijo en tono apologético, sacando de un reducido archivero una carpeta—pero bien… Me "topé" con esta "peculiaridad"…—fotos de Budas y deidades hindús y mesoamericanas invadieron la mesa sobre la que ambos bebían un té que se enfriaba rápidamente— investigué la anomalía… casos recientes. Y encontré que usted fue uno de los cirujanos que atendió a uno de "ellos" hace aproximadamente un año, no necesariamente por la misma patología claro…
A Black Jack le irrito todo ese 'misterio'; aparte de las fotos de ídolos antiguos, el resto eran simple recortes de revistas, y extractos con anotaciones del libro "Mu: El Misterio de la Cultura Primigenia".
—He tenido demasiados pacientes Doctor Kowa, y no es posible recordar con detalles tan vagos.
—Esta "patología" es algo que resalta a la vista —el hombrecito se llevó un dedo a la frente—. De individuos notables se sabe que un tal mago Panputta coincide en el cuadro, y utiliza semejante malformación para hacerse de dinero. Intente contactar al taumaturgo, pero su asistente me negó una cita o una llamada, alegando indisposición…
—Junm, tal vez ese farsante detestaría que le quiten el trabajo.
El doctor de mayor edad ignoro el venenoso comentario. Ese 'muchacho' si que era difícil, pero verdaderamente necesitaba su ayuda… así que continuó…
—Ejem, también, hace unos dos años se escuchó de la desaparición del Conde Goblin, un aristócrata excéntrico, dicen que su hermana también desapareció en circunstancias misteriosas hace como 15 o 16 años, fue un caso muy sonado. Los miembros de esa familia tenían fama de ser un tanto retorcidos y malvados, pero dueños de una inteligencia sobresaliente. Pero bien, no hay que mezclar la realidad con la ficción.
Kowa apuro más té caliente en la taza de su visitante. Los nombres sonaban vagos, como titulares de periódicos amarillistas….
—En su carta mención— "un caso sorprendente, impensable, e imposible para habilidades promedio." Lo hizo parecer urgente, pero veo que no fue sino un embuste de su parte.
—Jovencito, serás el doctor más afamado del planeta… pero le debes algo de respeto a tus mayores—el metro y treinta de estatura se irguió en un intento de apantallar al oscuro cirujano—y también se lo debes a los pacientes futuros, pasados, o presentes.
Black Jack rió. A pesar de ser un hombre sencillo, el Doctor Kowa era una autoridad cuando de velar de otros se trataba: reconoció errores y su propia ignorancia, aceptó ayuda, en inclusive la busco… demasiados médicos de alto rango preferían perder un paciente que corregir faltas propias. El prominente, ilegal cirujano no podía sino admirarle. ..
—Bien, únicamente le pido que me especifique los síntomas.
Había un entendimiento mutuo en aquellas sonrisas de complicidad.
—No sea impaciente, en la noche lo sabrá. Pero si desea averiguar más lo llevare con la matriarca de la aldea.
Kowa no ocupó decirle más. Entre más rápido se enterara de todo, mejor
Siguieron la senda de barro, húmeda aún por el roció, mientras las libelas azules y rojas revoloteaban y se cruzaban con ellos hasta llegar al hogar de la matriarca: la cabaña era antigua, faltaba poco para que el resto del pueblo la auxiliara con su renovación. La luz del interior era difusa gracias al contenido del puchero que ahumaba sobre el fogón, donde las chispas saltaban entre las maderas sobre el suelo.
—Pasen—la voz quebrada los instó. La mujer era encorvada, pequeña con los años, la piel tostada y arrugada por el sol y el trabajo de campo. El cabello gris fue lo primero que sobresalió: Black Jack se sintió incomodo, pues la mujer lo examinó como sopesándolo. Debería de estar acostumbrado, pero el aire materno de la mujer le trae ciertos sentimientos a flote.
—Es un vándalo fuereño, no será nada bueno —respondió la anciana con su voz de rama seca—. No toda la gente de afuera es como tú o Tatsumi.
Kowa, todavía risueño, se sentód e rodillas frente a la anciana en señal de respeto.
—Matriarca, es el hombre del que le hable, vino a ayudarnos. Es el Dr. Black Jack.
De nuevo, la anciana recorrió al oscuro cirujano de arriba abajo: no parecía muy convencida.
—Debe ser un charlatán, es demasiado joven… y esa cara llena de cicatrices no me inspira confianza… parece un criminal con ese mechón blanco en la frente… los muchachos de ahora…
—Pese a sus años, es el mejor cirujano del mundo entero.
En voz baja, Kowa le susurró al oscuro doctor que la matriarca solía comportarse así con todos los fuereños (incluido el mismo Kowa cuando apenas llego) , "Pero seguro luego te toma cariño."
—Ya sabe que no me gustan los muchachos fuereños. Los últimos visitantes de fuera destruyeron mi ídolo, la estatua del lobo que mi familia había conservado por centurias…—con un dedo arrugado, señaló un ídolo en el nicho familiar.
Un sonido como de campanas proviene del rincón al otro lado del cuarto. Black Jack ve un tótem roto: un lobo de terracota matizado en con blancos y azules, o mejor dicho, trozos de un tótem. Las piezas, como si de un cascaron roto se tratara, envolvían otra figura: la forma le recuerda a los pinos usados en boliche, pero el material era iridiscente, blanco como la porcelana, pero más diáfano, resonante como cristal.
Aquella reverberación empezó a crecer, hasta convertirse en algo parecido a una campanilla; fue entonces que tanto la anciana como Kowa descansaron su atención en el objeto, alertas con el sonido que crecía como su nerviosismo.
—Salgamos—la indicación de la anciana fue entendida por Kowa. Parecía saber algo que Black Jack no.
— ¿Por qué?—preguntó el clandestino doctor , tomando todo aquello por superstición.
—Nada de peros, muchachito, ¡soló salga!— la orden de la matriarca fue inmediatamente obedecida, a lo que profirió unas cuantas protestas una vez que Black Jack la cargo sobre su espalda para ayudarle, a pesar de sus negativas a que un 'fuereño' la sacara de su hogar. Tan pronto estuvieron en el exterior, Black Jack pudo ver al resto de los aldeanos afuera de sus respectivas casas.
El sonido de cientos de campanillas parecía extenderse sobre el valle, y Sanzugahama se estremecía.
—Está temblando…
Notas de autor:
Aunque la mayor parte de mis intereses en el fanfiction se centren en Dragon Ball, no pienso dejar esta historia a medias. No les prometo actualizar seguido, puesto que me encuentro ocupada con otros proyectos tales como "Cien de sus voces" (una colección de 100 drabbles sobre Dragon Ball, de los cuales solamente llevo 60) y la traducción y ligera co-autoria de "¿Quién lo hubiera pensado?" , que también pertenece a Dragon Ball.
Perdonen la tardanza, y gracias por seguir leyendo.
Recomendaciones:
"The Ocassional Robot Waiting for Godot" por Seikan Houki [id:5899119 ] es un crossover de Metropolis y BJ. Aunque los drabbles están en idioma inglés, abarca personajes de diversas series de Tezuka, tratando cuestiones universales como el amor y la humanidad. Muy recomendable.
