Disclaimer: J.K. Rowling es la dueña indiscutible de Harry Potter. Yo solo soy una aficionada escribiendo un fanfic sobre su historia sin ganar nada a cambio.
Capitulo 3: El duro entrenamiento de Ron.
A pesar de la rudeza con la que Hermione trataba a los marineros del barco pirata y lo ridícula que se veía con la ropa del capitán (le quedaba demasiado holgada porque Jack era bastante alto y fornido) estos la querían mucho y se desvivían por cumplirle sus caprichos.
William, el cocinero, preparaba guisos muy ricos y se los llevaba a la cama.
Smith, aquel que supuestamente tenía una esposa, a la que Hermione nunca había visto, ya no era tan tosco con ella… es más, le tuvo la suficiente confianza para contarle que una vez habían asaltado un barco y él se robó a una muchacha a la que tomó por "esposa" (nunca se casaron). Él era feliz, pero ella no. Así que un día ella tomó un cuchillo, se lo clavó en el vientre, cayó por la borda y nunca más la volvieron a ver. Así que, en recuerdo de la única mujer que alguna vez amó con sinceridad, Smith guardó todas sus cosas y le observó, además, luto permanente.
Otro día, los lunáticos hicieron fiesta y muchos se pusieron borrachos, entre ellos Tylor y el capitán White. Hermione pensó que las cosas se pondrían feas e intentó alejarse, pero Tylor la agarró de la cintura al pasar a su lado, le dijo que la amaba e intentó besarla. Entonces llegó el capitán, le estrelló una silla en el lomo y le gritó que dejara a su madre en paz (sí, el capitán a veces le decía "madre" a Hermione distraídamente). En respuesta al ataque, Tylor sacó su pistola y entonces el capitán desenfundó la suya y… Hermione ya no supo que más pasó porque salió huyendo de ahí. Sin embargo, a la mañana siguiente, los peleadores tenían moretones y ojos morados, y los marineros tiraban por la borda un bulto.
—¡Ah! Señora Nuncalediréminombre, ¡buenos días! —Saludó Jack, sonriente.
—Soy la capitana Granger-Weasley— respondió Hermione con frialdad.
—¡Perdón!
—¿Qué están tirando? —Quiso saber ella. Jack se giró y miró el bulto.
—¡Oh, eso! Es el gordo Phillips, le disparé anoche por error cuando intenté matar a Tylor— Respondió sin darle importancia. Al ver la cara de horror que puso Hermione, se apresuró a agregar:— ¡Pero de todos modos no se pierde mucho! Era un holgazán que comía demasiado, bebía todavía más y de trabajar nada. Era un parasito.
—¡Ese no es motivo para matar a un hombre!
—Fue sin querer, me falló la puntería. Yo quería darle a Tylor.
Hermione olvidó los días relativamente felices que había pasado al lado de los ladrones y recordó que frente a ella se hallaba el hombre que había matado a Ron.
—¡BESTIA! ¡USTED Y ESOS…— Apuntó a los demás piratas con un dedo tembloroso por la indignación— CERDOS SON DE LO PEOR! Matan a las personas sin ningún motivo y se sienten muy hombres por eso ¡Bestias, eso es lo que son…! Pero no, espere… las bestias no se matan entre sí porque sí, ellas lo hacen para alimentarse o defenderse ¡Ustedes lo hacen por placer! ¡Son peor que animales! Son… son… ¡Ya no sé qué son!
Hermione respiró agitada, hundiendo el rostro entre las manos. Jack la agarró de los hombros, por miedo a que lo rechazara.
—Pero, ma… ¡es decir! Capitán, lo hice por usted…
—¡Quíteme sus asquerosas zarpas de encima, monstruo! — Lo interrumpió Hermione, dándole un violento empujón.
Hermione salió corriendo y se encierró en su camarote. Ahí, la despechada mujer se hincó frente al altar improvisado que le había levantado a la chancla de Ron, aquella que traía el día que la secuestraron, en memoria de su amado. Aquel despojo era lo único que le quedaba de su marido y, por lo tanto, hablaba con la chancla como lo haría con él.
—¡Oh, Ron! ¡Soy una estúpida!— Decía ella angustiada, con lagrimas de amargura corriéndole por las mejillas—. Nunca debí unirme a esos tipos –sob- seguro pensarás que te he traicionado, pero –snif—su mirada sombría y llena de odio— no es así. Quiero venganza en tu honor… quiero— y apretó un puño con fuerza— tenerlos aquí cerquitas para cuando me tangan confianza, apuñalarlos por la espalda hasta matarlos uno a uno y al último dejaré a ese capitán White y cuando me pregunte qué fue de su asquerosa tripulación, yo me le arrojaré encima y le sacaré los ojos y le arrancaré los testículos y esparciré sus tripas por la cubierta para que se las traguen las gaviotas… y…— tenía la respiración acelerada— ¡Lamentará haberme subido a bordo! JA, JA, JA, JA, JA, JA…
—JA, JA, JA, JA, JA, JA…
Hermione se asoma y ve a todos los piratas revolcándose de risa a la entrada de su camararote.
—JUA, JUA, JUA, JUA, JUA, JUA…— seguían carcajeándose los piratas.
—¡NO OCUPO CORO! ¡LARGO DE AQUÍ!— Gritó Hermione.
Todos se van riéndose.
—¡Dios! ¿Habrán oído lo que dije?
oooooooooOooooooooo
Ron y Robison seguían "festejando".
—…Pero aun así seguiré a mi vieja por cielo, mar y tierra— Decía Ron con voz tomada—. Y juro que nunca, nunca más me acobardaré si la encuentro. Yo, Sir Ronald Weasley, rescataré a mi doncella en desgracia y le haré 20 chiquillos ¡No! 21, tendremos 21 hijos.
—¡Chale, hermano! Si nomás es agua de coco ¿Por qué estás tan borracho?
—¡No estoy borracho! Es para ponerle drama al asunto. Cuando salga de aquí pienso inscribirme en una escuela de actuación en Londres.
—¡Ah, ya vas!
—Pero por mientras, voy a construir una balsa y navegaré por los siete mares en busca de mi amada.
—¡Bájale! Te apuesto lo que quieras que no aguantas ni cincos minutos en un bote, te guacareas todo.
—¡No es cierto!— Alegó Ron poniéndose colorado—. Yo sí aguanto ¿Una apuesta?
—¡Sobres!
Ron y Robison hicieron una balsa improvisada con varitas de madera podridas que flotaban en un pantano cercano y, como ya se imaginarán, Robison ganó la apuesta.
—¿Ves?— Dijo Robison, ya en tierra, mientras ayudaba a Ron—. Te lo dije ¿Y así piensas ir a rescatar a tu vieja? Además, la balsa se desbarató porque las ramas estaban podridas, así están todas en esta cochina isla ¿Por qué crees que no me he largado de aquí?
—¡No me importa! Yo voy a rescatar a Hermi… ¡BUUUURP!— Ron se inclinó abruptamente para no mancharse con su propio vomito.
—No, pues sí— Observó sarcástico el naufrago.
—T-tú no te mareas, ¿verdad?
—Pos no.
—Ayúdame ¡Te lo suplico!
—Pues ultimadamente ¿para qué? Si tu vieja ya se ahorcó, ¿para qué quieres rescatarla?
—¡Pues por lo menos para rescatar su cuerpo!
—¡Uh, no! Lo más seguro es que los piratas hayan arrojado su cuerpo al mar y los tiburones se lo hayan tragado— Sus palabras fueron como una bofetada para Ron. No podía rebatirle la lógica a su argumento.
—Pues por lo menos para darle el pésame a mis suegros— Contestó al fin, con voz triste.
—¿Estás loco?
—No, me lo merezco por cobarde… me merezco que me humillen, que me culpen de la muerte de su hija, entre otras cosas peores ¡Por favor, ayúdame a salir!
Robison lo miró de hito en hito. Ron tenía los ojos suplicantes y llenos de pena. "De seguro el muy güey está sufriendo mucho… ¡Está bien! Le voy a ayudar. Al fin y al cabo si lo linchan los suegros no va a ser mi pedo porque yo ya estaré al menos a treinta kilómetros de él".
—Está bien, te ayudaré— Consintió él—. Pero antes te entrenaré para que no te andes guacareando en el camino.
—¡Gracias! ¡Gracias!— Iba a abrazarlo, pero luego pensó que aquello era muy poco varonil y se limitó a estrecharle la mano.
A partir de esa noche, comenzó el entrenamiento de Ron (Insertar el clásico tema Eye of the tiger –o música de Rocky, pa´ los cuates).
Nuestro protagonista corría dándole vueltas a la isla sin descanso.
—¡Muévete, cabrón, estás muy obeso!— Gritaba Robison acostado en la arena, tomándole el tiempo con un cronometro descompuesto
Ron corrió más rápido. Luego hizo abdominales. Después: sentadillas. A medio día hacía lagartijas con Robison sentado en su espalda tragando plátanos.
—¿Me… das… uno? — Suplicó Ron, jadeante.
—Nel, estás a dieta, ¿recuerdas?— Robison se relajó, al grado de que la panza se le desparramó por entre los pliegues de su pantalón harapiento —. Ah, esto es vida.
La siguiente parte del entrenamiento consistía en pegarle a un saco de arena, pero como no tenían improvisaron uno con una penca de plátanos.
—¿Qué tengo que hacer?
—Solo pégale— Indicó Robison, sosteniendo la penca para que no se moviera.
Ron le tiró un buen izquierdaso.
¡BBBBBBBZZZ! ¡BBBBZZZZZZZZZ!
Los dos se quedan viendo entre sí.
—¿Qué fue eso?
—Qué importa, vuélvele a pegar.
Ron atacó a la penca con la derecha. Esta vez, al oírse el "¡Bzzz!" un enjambre de insectos alados salió de entre la penca de plátanos. Ron y Robison corrieron al río para salvarse de los picotazos… ¡La penca albergaba a un panal de abejas! Y peor aún: ¡Eran africanas!
Ya en la noche…
—Ñi. Cu ñi— le hacían los grillos.
—Croack. Croack— le hacían las ranas.
Ron y Robison estaban ocultos tras unos juncos. El agua les llegaba hasta la barbilla.
—¿Ya se fueron?— Preguntó Ron, con la cabeza camuflada por unos lirios.
—No sé, asómate.
—¿Yo? ¿Por qué no te asomas tú?
—Porque yo soy tu entrenador y debes obedecerme ¡Asómate!
Ron refunfuñó y se asomó, dejando atrás la seguridad de su lirio. Pero en cuanto su cabeza sobresalió de entre los juncos, las abejas se le lanzaron encima y se la forraron.
—¡AAAAAAAAAAAAAAARGGHHHH!— El grito de Ron fue desgarrador.
Aprovechando que su alumno distraía a los fieros insectos, Robison corrió a ponerse a salvo.
—¡AYUDAME! ¡NO HUYAS, COBARDE! ¡AAARGH!
—¡Pégales! ¡Págales, Ronnie! ¡Has de cuenta que son los piratas!— Indicó el naufrago a lo lejos, sin dejar de correr.
Ron se revuelca entre los juncos gritando de dolor.
oooooooooOooooooooo
Los piratas habían atacado hace unas horas un barco y estaban celebrando el botín con whisky. Todo el mundo lo hacía, menos Hermione.
—¿Dónde está la capitana, Smith?— Preguntó Jack.
—-Hip- Sepa… ja, ja, ja.
Lo mismo le preguntó a los demás marineros, pero ninguno la había visto. Por último le preguntó a Will, que estaba en la cocina.
—¿Sabes dónde está, Will?
—Er… sí, capitán. Está encerrada en su camarote y, por órdenes de ella, le he estado llevando botellas de ron— contestó el chico, al tiempo que se limpiaba las manos en su mandil—. Creo que está ebria.
Subieron y se asomaron por la escotilla del camarote de la capitana. En el suelo tenía tiradas dos botellas de ron y Hermione sostenía una tercera, mientras daba vueltas en la habitación, según ella, bailando.
—Está borracha— Observó el capitán.
—Sí— Confirmó Will.
—Hablaré con ella.
—Sí.
—A solas.
—Sí.
Will siguió observando a Hermione a través del ojo de buey mientras el capitán lo miraba enojado.
—Lárgate.
—¿Qué? ¡Oh! Perdón— Will regresó a la cocina.
El capitán volvió a mirar por la ventana, indeciso aun entre si entraba o no.. Hermione seguía dando vueltas con la botella.
—¡Ron! ¡Ron! –Hic- Eres un perro miserable. –Hic- Me dejaste con las ganas –Hic- ¡Joto! Ahora tengo que beber este licor que lleva tu nombre –Hic- ¡Imaginándome que eres tú-úúúú!
La borracha tiró la botella y se dejó caer en la cama, ahí se acurrucó y abrazó la chancla. Jack entró entonces.
—Er… ¿Capitana?
—¡Hip!
Nervioso, el capitán se echó las manos atrás y empiezó a escarbar el piso con la punta del zapato.
—Yo quisiera… er…— agachó la cabeza— er… q-quisiera pedirle disculpas…
Hermione lo ve sin ninguna expresión en el rostro.
—Usted sabe… por lo de su marido. Mire, sé que una cochina disculpa no sirve para nada, por eso quisiera darle esto.
Saca un estuche, lo abre y se lo enseña a Hermione. Dentro había una gargantilla de diamantes.
—Ah…— exclamó Hermione con indiferencia y la tomó.
—Dentro de poco llegaremos al puerto y cuando mi madre le vea eso puesto se enojará muchísimo, pero no me importa, usted se lo merece. Por favor, acéptelo.
—No la quiero— dijo ella y lo arrojó al piso como si se tratara de un cachivache barato.
—¿Qué? Pero…— empezó a alegar White, sorprendido.
—En vez de darme esto, deberías darme…— Interrumpió la mujer y de improviso se le arrojó encima— ¡Pinga!
Jack se hizo a un lado y Hermione azotó contra el piso. El capitán intentó huir, pero la loca lo agarró de los tobillos y lo tiró, luego se le encaramó e intentó arrancarle la ropa.
—¡Quiero pinga! ¡Dame pinga!— Decía Hermione con cara de lunática sexual.
—¡AYUDAAAAAA!
Después de mucho gritar, los piratas al fin acudieron en su auxilio. Lograron quitarle de encima a la capitana y la encerraron en su camarote.
—¡Atranquen la puerta! ¡Atránquenla!— Gritaba Jack desesperado, con las greñas por ningún lado y la camisa hecha jirones.
Atrancaron la puerta con barriles. Dentro, se oían rugidos de bestia histérica. De pronto, algo chocó contra la puerta haciéndola estremecerse. Luego se escuchó un aullido infrahumano, pasos apresurados y arañazos en la madera de todo el camarote.
Los piratas se miraron unos a otros con los pelos de punta y salieron todos corriendo a sus camarotes aterrados, dispuestos a rezar todo lo que se acordaran (o inventaran).
oooooooooOooooooooo
A la mañana siguiente, Robison le quitaba los aguijones.
—¡Eres mi héroe! Aun no me creo que hayas sobrevivido al ataque de las abejas, Ronnie.
—¡No me digas "Ronnie"!— Tajó Ron, echándole una mirada furibunda— ¡Auch! ¡Cuidado, idiota!
—Te dejaron bien hinchado, pero no te preocupes, tengo la solución perfecta para esto.
Sacó la mitad de una cáscara de coco que contenía un líquido de aspecto espeso y pegajoso color ámbar. Se lo untó a Ron en la cara.
—¿Qué es esto?— Inquirió Ron con recelo. Se le arrimó una abeja y le dio un manotazo para espantarla.
—Es miel.
—¡EEEEKKKK!
El enjambre de abejas vuelve a atacar a Ron, pero esta vez Robison estaba preparado y le echó un balde de agua hirviendo encima.
—¡AAAAAAAAAAAGHHHHHHH!
—No. Creo que la miel no sirve para desinflamar— concluyó el improvisado curandero, mirando el menjurge inútil con sincero pesar.
—¿ESTÁS LOCO? ¿INTENTAS MATARME?
Pero Robison no le respondió porque de pronto se había quedado de piedra, con la boca y los ojos muy abiertos, mirando hacía el horizonte.
—Eres un pelmazo, ¿sabías?— Seguía diciendo Ron ajeno a la expresión idiota de su compañero, mientras se quitaba unos aguijones— ¡Ay, mi cara! Y el entrenador más cobarde que he visto en mi vida…
Robison empezó a brincar, agitando las manos y haciendo ruidos como de chango. Luego empezó a correr de un lado a otro, a girar sobre su propio eje y a articular palabras incoherentes. Ron lo miró extrañado, pensando que el tipo necesitaba un loquero urgente, y Robison, al ver que su compañero no entendía lo que intentaba decirle, le agarró un hombro, se lo estrujó con fuerza y empezó a apuntar hacia el mar con su dedo índice libre.
—¡No me agarres de ahí!— Reclamó el pelirrojo, bizqueando por el dolor— ¿Qué no ves que ahí también me madrearon las abejas?
La lengua al fin se le destrabó a Robison.
—R-Ron… nie ¡RONNIE! ¡MIRA! ¡MIRA! ¡MIRA! ¡MIRA!
Ron se volvió… ¡ERA UN BARCO!
—Ja, ja, ja ¡Estamos a salvo!
—¡U-una fogata! ¡Una fogata!— Decía el naufrago con lagrimas de felicidad en los ojos, improvisando la fogata a la velocidad del rayo— ¡Ron, agita tu camisa como si fuera una bandera!
Ron se sacó la camisa, la amarró a un palo y empezó a ondearla.
—¿Así? ¿Así?
—¡Sí, sí! ¡AQUÍ! ¡AQUÍ!
Los dos empezaron a gritar: "¡Aquí! ¡Aquí!"
En el barco…
—Capitán, veo humo en aquella dirección.
—¿Dónde?
—Ahí— indicó el marinero apuntando con el índice.
El capitán utiliza los binoculares y descubre a los dos idiotas dando vueltas, saltos y agitando una camisa en un palo.
—Parece que naufragaron. Vamos por ellos.
Una balsa desciende del barco y comienza a acercarse a la isla, con cuatro marineros y el capitán a bordo.
—¡Ron! ¡Ron! ¡Nos vieron! ¡Nos han visto!
—¡Estamos salvados! ¡Estamos salvados!
Los dos se abrazan, ríen, lloran y bailan alrededor del fuego como unos tontos.
Finalmente, la balsa arribó a la isla. El capitán y sus marineros, bajaron sonrientes, esperando que sus gestos amables confortaran un poco a esos pobres desgraciados. El capitán se adelantó ofreciéndoles su mano.
—Sean bienv… ¡UNGH!
Ron lo había golpeado en la cabeza con el palo del que colgaba su camisa.
—¡Maldito malparido!— Gritó uno de los marineros, completamente indignado.
—¡Está demente! ¿Qué le pasa?— Apuntó otro.
Los marineros empezaron a acercársele tronándose los nudillos para golpearlo, pero Ron, ni tardo ni perezoso, levantó al capitán y lo aprisionó con el palo poniéndoselo en el cuello.
—¡Capitán!
—¡Aléjense de la balsa!— Bramó el pelirrojo.
—Hagan lo que les ordena— Lloriqueó espantado el prisionero, con la voz ahogada a causa del palo.
—¡Ron! ¿Estás loco? ¿Qué haces? — Robison estaba horrorizado.
—¡Sube a bordo! ¡SUBE! ¡SUBE!— Gritó Ron por respuesta, apuntando vehemente la pequeña embarcación.
Robison subió y Ron también sin soltar al capitán, poniéndole cuidado a los marineros.
—¡Atrás! ¡No se acerquen o mato a este hombre! Y tú, Robison ¿Qué esperas? ¡Ponte a remar!
—Pero…
—¡Rema!
Robison remó hacía el barco por instrucciones de Ron. Al llegar, el pelirrojo amenazó con ahorcar al capitán si no los izaban a bordo. Finalmente, Ron, ordenó a todos que se lanzaran por la borda y cuando ya solo quedaba el capitán…
—¡Ande, camine!
—Muchacho— rogaba el hombre, intentando inútilmente hacerlo entrar en razón— ¡Muchacho! Cálmate, no te haremos daño, cálmate.
—¡Cállese! Robison, pásame ese rifle.
Robison se quedó de piedra y el capitán empiezó a retorcerse como lombriz de agua puerca.
—¡Dios, estás trastornado! ¡Maldito maníaco!
—¡SÍ, ESTOY LOCO Y QUÉ! ¡ROBISON, PÁSAME EL MALDITO RIFLE!
Ron agarró el rifle que su cómplice le tendía y luego arrojó el capitán por la borda. El hombre cayó en el agua con un gran chapoteo, y los marinos, al ver a su superior a salvo, lanzaron un rugido de batalla y empezaron a subir al barco por una escalerilla. Ron, que ya había previsto eso, le apuntó al que encabezaba la fila y le dio un balazo en el hombro. El hombre cayó al agua y los que venían detrás se quedaron paralizados, viendo al fatídico pelirrojo y su arma dedicándoles una mirada para nada compasiva.
—Al siguiente le volaré los sesos— aseguró con voz fría.
Todos se soltaron de la escalerilla.
—¿Y ahora qué?— Preguntó el desventurado naufrago.
—En este barco buscaremos a Hermione ¿Sabes manejarlo?
—¿Y si no sé? ¿Piensas matarme?
—¡No seas idiota! ¿Sabes o qué?
—Eso creo.
El barco se aleja hacía el horizonte.
—¡Órale, sí sabes!
—¡Pjs! Claro, yo tenía un yate— presumió Robison mirándose las uñas de la mano con aire importante—. Por cierto, naufragué en él.
—¿Yate? — Preguntó Ron, extrañado.
—Es como un minicrucero. Oye, apropósito, hermano ¿Por qué robaste el barco? No era necesario que bajaras a toda la tripulación, ellos pensaban ayudarnos.
—Ellos se atercarían a llevarnos a algún lugar y no me ayudarían a buscar a Hermione… Mira, yo sé que tú ansias regresar a la civilización, así que cuando lleguemos a un puerto puedes quedarte ahí.
—Nel, ya me encariñé de ti, ahora te ayudo.
—No eres gay, ¿verdad?— Ron lo miró asustado.
—¿Qué pasó? A mí me gustan las viejas— Aclaró indignado—. Además, tú estás muy alto y muy flaco para mis gustos, prefiero a los bajitos, pachoncitos y apachurrables—. Los ojos de Robison tomaron un brillo sospechoso mientras se pasaba la lengua por los labios.
Ron se alejó tres pasos de él, sin darle la espalda.
—¿La quieres mucho, verdad? A Hermione— Dijo Robison y Ron se alegró de que le cambiara el tema.
—Sí.
—Debe ser una buena mujer ¿Sabes? Yo tenía muchas mujeres, pero no me amaban. Sólo querían mi dinero y… mi cuerpo.
—¡Ja! Claro, como tú digas— Ron sonrió, aguantándose las ganas de reír.
—No, es la neta. Mira— sacó una foto del bolsillo de su pantalón— Este soy yo.
Era una foto vieja, arrugada, amarillenta. En ella venía retratado un tipo en bikini que sonreía de oreja a oreja, posando de forma que se marcaba cada exagerado musculo de su cuerpo; pues era, a las claras, un fisicoculturista. Ron se carcajeó porque el fulano le recordaba a una especie de Lockhart, pero con músculos.
—Je, je, este no eres tú.
—Claro que sí soy yo. Fíjate bien.
—¡No, en serio! ¿Qué clase de mago te ayudó a hacer esta foto?
—¿Mago?
—Sí, mag… ¡Es decir! ¿Cómo hiciste el truco? Es montomontaje.
—¿Montomontaje? Querrás decir fotomontaje, ¿no? No, no es fotomontaje. Sí soy yo. Es mi cuerpo ¡Mira!
Robison posó igual que el de la foto y Ron lo vio de arriba abajo, luego a la foto y otra vez al tipo. Alzó una ceja, escéptico.
—De acuerdo, ya no estoy musculoso como en la foto, pero en un tiempo lo fui. Tú sabes que nada es para siempre, en especial cuando vives por tres años en una isla desierta donde no hay gimnasios.
—En eso tienes razón, pero… tú tienes el cabello castaño y el fulano de la foto es rubio.
—Era tinte, el agua de mar lo deslavó.
—¿Y el tatuaje?— Apuntó el tatuaje de un ancla que el tipo de la foto lucia en un brazo.
—Debo admitir que era un tatuaje transferible, de los que se ponen con agua. Era para apantallar, a las nenas les gusta ¿No esperarás que me hiciera uno de verdad, verdad? ¿Sabes tú? No son saludables.
Ron miraba con insistencia la foto buscando más cosas que rebatirle al mitómano ese. Entonces se encontró con que el tipo de la foto tenia dientes blancos como perlas y el que tenía enfrente los tenia amarillos y cariados.
—Los dientes. El de la foto los tiene blancos.
Robison le mostró los dientes.
—¿Y no ves que aquí son blancos también?
—¡No manches, wey!
—¡De acuerdo! ¡De acuerdo! He de admitirlo, me aburría mucho cuando naufragué en esa isla y como encontré tabaco me puse a hacer habanos con las hojas y a fumármelos, para matar el tiempo. Me hice adicto y después ya no podía parar, por eso se me mancharon ¡Bah, pero no importa! Nada que no se pueda arreglar comprándome una dentadura postiza. Iré de nuevo al Gim ¡Y hola, nenas! Ellas volverán a mis brazos… ¿Seguro que quieres recuperar a tu vieja? Porque yo puedo pasarte algunos bombones.
Ron se agarró del barandal de la borda. El viento le agita el cabello mientras el sol se oculta en el horizonte.
—No deseo otra cosa en este mundo— dijo con aire melancólico.
Los marineros llegaron nadando como pudieron a la isla y atendieron de emergencia al hombre herido. El capitán miró hacia el mar, viendo como su barco daba vueltas y vueltas en el mismo lugar, como a una milla de retirado de la isla.
—No saben navegar. No irán muy lejos, los hijos de su %&#*?%# madre. Martín, Homero, ustedes que son los mejores nadadores…— Su mirada se tornó sombría y su voz peligrosa— vayan por ellos
—¡Sí, capitán!— Respondieron los aludidos al unísono.
Martín y Homero se tiraron al mar. Era por todos sabido que eran los hombres más sanguinarios de la tripulación. De hecho, corrían rumores de que se habían hecho a la mar buscando burlar a la ley por crímenes innombrables.
¿Lograrán Ron y Robison salir vivos del problema en que se metieron? ¡Estén atentos al próximo capítulo! (Sí, habrá próximo. Disculpen ustedes que me haya tardado tanto en actualizar, pero este fic no se va a quedar incompleto. Ya está terminado ahí en mi casa, solo que a veces me da flojera transcribirlo).
¡Nos vemos, pues! ¡Suerte!
