Disclaimer: Harry Potter es obra de la súper genial J.K. Rowling, una mujer mundialmente conocida. Si yo ganara dinero escribiendo sobre su obra ¿creen que saldría impune tan fácil?

Capitulo 4: La Reina de Corazones.

Los piratas llegaron a un puerto. Muy cerca de donde "estacionaron" el barco pirata había otro de madera, con una sirena adornando la popa. Tenía la bandera pirata izada y era muy peculiar: el cráneo estaba de perfil y tenía forma de corazón y en lugar de las típicas tibias cruzadas lo que tenía eran unas rosas. Además la bandera no era negra sino rosa. Hermione siguió observando el barco y se quedó boquiabierta al notar que las velas, a juego con la bandera, tenían forma de… corazón y eran de color rosa (lectores que ven One Piece, ustedes ya se habrán dado cuenta que esto es un intento de describir el barco de Alvida). Pero lo que más, más le impresionó a la protagonista de nuestra historia fueron el puerto y los habitantes.

Todas las casas eran clones unas de otras: todas estaban pintadas de rosa, tenían ventanas y puertas en forma de corazón, y los jardines estaban plagados de rosas de todos los colores, que trepaban libres y salvajes por bardas, arcos y dinteles.

Los habitantes eran muy extraños. Hombres, mujeres y niños ostentaban ropa con un mismo motivo: Naipes. Hermione veía estampados de corazones, sotas, espadas y bastones por todos lados, como si todo el mundo ahí procurara los servicios de un mismo diseñador.

Hermione vio como toda la gente quedaba pasmada a la vista del desfile de los piratas por media calle, viéndolos con caras entre la desesperación y el terror. Los que ya estaban dentro de sus casas cerraban puertas y ventanas a su paso. Hermione se estaba preguntando qué pasaba cuando Jack interrumpió sus pensamientos.

—Bienvenida a mi pueblo— extendió los brazos de manera teatral—: ¡La Reina de Corazones!

El nombre explicaba por qué tanta cursilería.

Hermione se acordó de Ron y unas lágrimas acudieron a sus ojos. Aunque el lugar era cursi le pareció romántico, hubiera sido muy hermoso pasar su luna de miel en un lugar como ese. Sí, y de seguro Ron se la pasaría quejándose de tanta melosidad, pensó Hermione. Dejó escapar una risa triste y se secó la cara.

—Perdone, White— dijo agarrándole una manga al capitán.

—¿Por qué, capitana?

—Por lo de anoche. No debí comportarme así. Fui una salvaje.

—No se preocupe, capitana. Es de entender: estaba borracha y urgida.

—¡Yo no estaba urgida! —Repuso Hermione—. Estaba… desconsolada porque nunca probé a mi marido.

—¿¡NUNCA!

—¡Pues no!— Aclaró indignada—. Yo me case virgen, ¿sabe? No soy como esas güilas, que seguramente usted conoce, que se entregan a la primera. Por eso mi marido se casó conmigo, porque nos respetábamos, porque nos queríamos y, sobre todo, porque no nos entregamos a la primera.

Jack la miró escéptico, pero se guardó sus comentarios. Se volvió hacia su tripulación para dar instrucciones sobre la carga.

De pronto, un gato atigrado salió de una ventana hacía la calle y corrió hacía ellos. Su dueña, una niña como de once años, intentó detenerlo, pero no lo logró.

—¡Cheshire, No! —gritaba angustiada.

Intentó correr tras él para atraparlo, pero su padre la levantó en volandas y la metió a la casa, al tiempo que decía:

—¡No, Alicia, ya es demasiado tarde para él!

El gato trotó hasta Hermione, se sentó frente a ella y empezó a lamerse la cara.

—Hola, minino— saludó Hermione, acuclillándose para estar más a su altura y sonriéndole.

Jack volteó y al ver al gato soltó un jadeo de espanto, lo mismo que todos los demás piratas, al parecer nadie más que Hermione se había percatado de la presencia del gato hasta ese momento.

—¡Un gato atigrado! —musitó con horror, palideciendo de pronto. Se llevó una mano al corazón, parecía que estaba a punto de sufrir un sincope

—¡U-un gato! ¡Un gato atigrado! —Repetían los piratas. Todos lucían la misma expresión de horror en sus caras como si en lugar un simple, vulgar e inofensivo gato tuviesen en frente al mismísimo Lucifer. Hermione no entendía a qué se debía tanto alboroto.

—¡Ay, por Dios! ¡No sean cobardes, es un simple gato!

—¡No es verdad! ¡Todo el mundo sabe que los gatos atigrados traen mala suerte! —Alegó Tylor.

Hermione puso cara de What? Esa era la cosa más ridícula que había escuchado en su vida. Había oído que los gatos traían mala suerte, pero eran los negros no los atigrados.

—¡Por favor, aléjese de él, es peligroso! —Suplicó el capitán.

—¡Qué estupidez! —Contestó Hermione y se volvió hacia el gato, dándole golpecitos al suelo con una mano para llamar su atención—. Msh, msh ¡Ven, gatito! ¡Gatito! Msh, msh.

El gato se levantó y camino hacía ella. Los piratas retrocedieron espantados, chocando los de atrás con los de adelante.

Hermione empezó a acariciar al gato, este arqueaba el lomo bajo sus manos mientras ronroneaba.

—¡Por Barba Azul bendito!— Exclamaron horrorizados, incluso hubo algunos que hasta se persignaron.

Smith sacó su pistola con trabajos y, con manos temblorosas, le apuntó al gato y le disparó. La bala rebotó en el suelo (y por poco y le da en una mano a Hermione) cerca de las patas del animal y este salió huyendo asustado, bufando con todos los pelos del lomo erizados. Smith corrió tras él disparando como un enajenado mientras daba gritos de loco. De pronto varios piratas desenvainaron sus sables y lanzaron rugidos de batalla, uniéndose al intento de linchamiento, tras la zaga del pobre y desventurado gato.

Hermione se había quedado de piedra. Jack se secaba el sudor con un pañuelo.

—Espero que lo maten. No sé qué sería de nosotros si la Reina llegara a enterarse de que hay un gato atigrado rondando por el pueblo.

—¿Qué?

—Ella los odia porque son diabólicos y maquiavélicos. Hay una ley que exige que se les mate inmediatamente por alta traición. Todo el mundo sabe que intentan derrocar a Su Majestad.

Hermione no podía creerlo ¿Era una broma?

—¿Es broma, verdad? ¿Quién es esa dichosa Reina?

Todos los piratas se miraron unos a otros.

—Es mi madre— susurró Jack con voz temblorosa.

—Capitán, ella debe estar esperándonos.

—Es verdad, hay que entregar el botín. No le gusta que la hagan esperar.

Caminaron con paso apresurado. Hermione casi tuvo que correr tras ellos.

ooooooooooOoooooooooo

Entre tanto, Ron y Robison acababan de participar en una encarnizada batalla por sus vidas contra los marineros matones. En ese momento arrojaban los cuerpos inconscientes al mar.

—Ah… ah… ah… lo… lo… gramos— logró decir Ron entre jadeos.

—Ah… ah… sí… ¿Y ahora qué? — preguntó Robison sin resuello.

—¿Cómo que qué? ¡Pues vámonos! No estamos ni siquiera a un kilometro alejados de la isla ¿No que sabías manejar esta cosa?

— Pos sí, pero ya se me olvidó.

—¡Eres un zoperutano! —Gritó Ron. Robison se encogió de hombros.

—Hago lo que puedo.

Ron lo dejó y, rondando por el barco, encontró la puerta que daba al cuarto de maquinas, donde se metió y se puso a pensar.

—Cuando el capitán de este barco vea que sus hombres no regresan enviará más para que nos maten ¿Qué haré? Si tan sólo Hermione estuviera aquí… ¡No! No me voy a acobardar, prometí no volverme a acobardar nunca más ¡Si quieren venir que vengan! Aún así debo pensar en cómo salir de aquí ¿Y si uso magia? — Miró su varita rota con desconfianza.

Ron recordaba un hechizo que Harry y él habían puesto en práctica una vez en sus tiempos de estudiantes, cuando escucharon a Draco Malfoy contarle a sus amigotes que en medio del lago de Hogwarts, en un islote, había un cofre lleno de oro y piedras preciosas. Como no sabían cómo manejar el bote, acudieron a Hermione (claro que ella no sabía para qué querían el hechizo) y los dos se aventuraron en busca del mentado islote. A propósito, ese día lo que encontraron fue una visita a la enfermería, castigos, regaños, puntos menos para Griffindor y casi la expulsión gracias a su querido profesor de Pociones Severus Snape, porque resultó que en el lago no había ningún tesoro sino que eran puros cuentos que Draco se había inventado con la intención de meterlos en problemas.

Ron, mordiéndose el labio, empuñó la varita rota. Rogó a todos los santos que el hechizo no se volviera en su contra y lo lanzó en contra de las máquinas… se oyó un estallido, un golpe sordo y el barco comenzó a moverse a toda máquina haciendo que Robison cayera y se deslizara por toda la cubierta.

—¡Ogh! ¡El barco está poseído! ¡Ron! ¿Ron, dónde estás? ¡Ron!

Robison lo buscó por todos lados y al fin lo encontró en el cuarto de máquinas… sólo que en una situación muy extraña: su cabeza estaba atascada en el techo y su cuerpo colgaba mientras Ron pataleaba en el aire intentando zafarse.

—¿Cómo diablos llegaste a estar así?

oooooooooOooooooooo

Hermione, el capitán Jack y la mitad de la tripulación del Perla Blanca (el nombre del barco, muy original, ¿no?) llegaron al castillo de la madre de Jack. Tocaron el portón, que estaba cerrado a cal y canto, y desde adentro les contestó una voz ronca y potente, como la de un troll:

—¿¡QUIÉN!

—Eh… soy yo, madre, tu hijo.

—¡YO NO TENGO NINGÚN HIJO!

—Soy tu hijo Jack…— los labios le temblaban— madre.

La madre ya no respondió. Cinco minutos después, la puerta el portón fue abierto y frente a ellos apareció una chica chaparrita, de cabello recogido en trenzas, con frenos en los dientes y con anteojos redondos tan empañados y rallados que no se le veían los ojos. Ella sonrió tímidamente.

—Ho-hola, capitán Jack.

—Hola, Elizabeth.

—¡ELIZABETH, DEJA DE ESTAR HABLANDO Y DEJA QUE PASE ESE DESGRACIADO DE UNA BUENA VEZ!

Elizabeth los dejó pasar, haciéndole mala cara a Hermione en cuanto se dio cuenta que era una mujer.

Llegaron a la sala de visitas. La habitación estaba en penumbra salvo por un fuego en la chimenea. Frente a ellos había un sillón cómodo y gigantesco de espaldas. Ahí estaba sentada la madre de Jack, a quién sólo podían verle una mano, con un enorme puro en los dedos. Esta hizo girar el sillón y encaró a su hijo. Hermione quedó impresionada con el aspecto de la mujer.

Era una vieja tan alta como Hagrid, sólo que tenía, fácil, unos cien kilos más que él. Vestía con una casaca color fucsia, unos calzoncillos largos de terciopelo del mismo color, medias blancas, zapatos con hebillas de oro y un tricornio adornado con una pluma de avestruz. En la cintura (o donde debería estar esta) llevaba una pistola que lucía ridículamente pequeña en comparación con su dueña. Las uñas, tan largas que más bien parecían garfios, estaban pintados de rojo igual que sus labios, tan delgados que se veían mezquinos. Finalmente, los rizos de su cabello eran una elaborada obra de arte, tan bien definidos y lustrosos, que Hermione, recordando su cabello lleno de orzuela y crespo por exponerlo tanto tiempo al viento salino del mar, sintió vergüenza y un poco de envidia.

El nombre de tan llamativo monstruo era Bianca White.

—¡Madre! —Exclamó Jack eufórico, corriendo hacía ella con los brazos extendidos.

Pero su madre lo recibió con una patada en la cara que lo mandó volando hasta el otro lado de la habitación. Hermione y Elizabeth se taparon la boca, escandalizadas.

—No te me acerques, despojo, arruinas mi peinado (se lo acomoda) ¿Cómo te atreves a interrumpir mi sesión de manicure? ¡Mira! (le enseña una mano con el esmalte todo corrido) ¡Por tu culpa se arruinó todo!

—Si me disculpa, Majestad, si usted no se estuviera moviendo a cada rato…—empezó a decir Elizabeth.

—¿Acaso me estás culpando a mí, estúpida? —interrumpió la viejarrona con voz de trueno.

—No, Majestad— se apresuró a contestar la muchacha mientras se alejaba sin parar de hacer reverencias—. Perdone mi impertinencia.

Bianca se volvió hacía Jack.

—Contesta, cerdo malnacido, ¿a qué viniste?

—A visitarla, madre— contestó este desde el suelo mientras se acomodaba la mandíbula.

—A visitarme, ah…— sus ojos se volvieron dos rendijas—Y supongo que no has venido con las manos vacías, ¿verdad, vago? Le has traído un regalo a tu pobre y desvalida madre.

Hermione que se había acercado a Jack para ayudarlo a levantarse, soltó:

—¡Ja! ¿Pobre y desva…?

Jack le tapó la boca rápidamente, negando con la cabeza.

—No la provoque— advirtió entre dientes.

Sin embargo, la mastodonte ya había reparado en que el pirata que ayudaba a su hijo tenía un aspecto muy afeminado. Para cerciorarse que no eran imaginaciones suyas, acercó su carota muy cerca de la de Hermione, levantándole el cabello con su respiración de paso.

—¿Y quién es esta ramera?

—¡Ramera usted! —replicó Hermione por instinto.

La gorilona se quedó boquiabierta, todos retrocedieron espantados, esperando con horror el momento en que Bianca White reduciría a Hermione a un amasijo de carne irreconocible. Jack se levantó de inmediato y se paró frente a Hermione, estirando ambos brazos, para servirle como escudo.

—¡Madre, por Dios, perdónela! ¡No sabe lo que dice! ¡No le haga daño!

La mujer lo mandó a volar de un manotazo. Luego, estiró su garra, la cerró sobre la cabeza de Hermione y la levantó. Hermione gimió de dolor, todos se taparon los ojos, Jack gritó horrorizado ¡Era el fin de la capitana Granger-Weasley! Ahora la cruel "reina" la sujetaría de los pies con la otra mano, tiraría de ambos extremos y desmembraría en dos a la lengua larga chica ¡Pobre, había sido tan divertido viajar con ella! Algunos ya lloraban su muerte.

Pero no, Bianca sólo quería verla más de cerca.

—Dime, Jackie, querido ¿Esta muchacha es tu nueva adquisición?

Todos abrieron los ojos y al ver a Hermione entera (pataleando en el aire, eso sí, pues Bianca aún la sujetaba de la cabeza) suspiraron aliviados.

—¡Yo no soy adquisición de nadie! ¡No soy un objeto! ¡SUÉLTEME!

La gorila abrió la mano y Hermione cayó de nalgas. La mujer se recostó en el respaldo de su asiento, le dio una chupada a su puro e hizo aros con el humo.

—Me agrada.

—¿Qué? —Dijo Jack.

—¿Eeh? —exclamó Elizabeth.

Todos los demás piratas lanzaron un grito de júbilo ante tan feliz noticia. Bianca sonrió.

—Hasta que traes algo que vale la pena. Me agrada porque tiene agallas, eso es exactamente lo que necesitas, Jack. Ya que tú no tienes huevos, ella los tendrá por los dos. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

—¡Oh, madre! —Logró decir Jack, conmovido hasta las lágrimas. Bianca levantó una mano, pidiendo silencio.

—Pero… — volvió a levantar a Hermione de la cabeza y la plantó frente a sí— Lo que no me gusta es que está muy ñenga ¡Mira esas caderas tan estrechas!

—Cierto, madre.

—¡Óigame…!

—Sí, está muy enclenque…—siguió diciendo la mujerona, ignorándola olimpicamente— así que asegúrate bien de que pueda aliviarse de los hijos como Dios manda.

—Madame— interrumpió Elizabeth, haciendo una reverencia—, si me permite la observación— miró con odio a Hermione— se dice "parir" o "dar a luz" porque son términos mucho más correctos que "aliviarse"; el embarazo no es una enfermedad.

Bianca dio una patada en el suelo que hizo cimbrar la estancia.

—¡MALDICIÓN! ¿ES QUE TÚ NO PUEDES TENER EL HOCICO CERRADO, ESCUINCLA? ¡LOS HIJOS NO SON MÁS QUE TUMORES CON PATAS, POR ESO PARIR ES ALIVIARSE!

Jack, apesadumbrado, agachó la cabeza.

—¡Oiga…!— empezó a reclamar Hermione, pero la semigiganta la vuelve a interrumpir:

—Ahora ve y dile a esa sarta de inútiles que tendremos una fiesta y que tienen que ponerse a preparar la tragazón y a organizarlo todo—ordenó volviéndose hacia la cuatro ojos— ¡Celebraremos el compromiso de este tumor con patas porque al fin tuvo el primer acierto de su cochina vida!

Ya en la mentada fiesta, todos tragaban y comían haciendo gala de sus malos modales… todos menos Hermione, que estaba sentada junto a Jack luciendo una cara de sargento mal pagado.

—¿Qué pasa, ma… ¡digo!... capitana? ¿No piensa comer?

—No me hable.

—¿Qué?

—¡Cómo pudo! Sabe que soy viuda… ¡Viuda por su culpa! Y encima se atreve a decirle a su madre que soy su novia.

—Escuche, Nuncalediréminombre, es necesario hacer esta farsa. Ya sé que usted está de luto y que nunca se casaría con el patán que asesinó a su marido, pero mi madre no entiende de esas cosas. Cuando se le contradice suele ser muy desagradable, a usted no le ha tocado verla de mal humor…

—¿No? ¿Entonces cuándo lo recibió con esa patada estaba de buenas?

—E-es su manera de demostrarme su amor.

—¿Y cuando lo llamó "tumor con patas" también fue un cariñito? Mire, ya sé que es su madre y le debe respeto, pero eso no le da derecho a ella de humillarlo y pisotearlo ¡Debería reclamarle!

—¡CHIST! Baje la voz— dijo alarmado, llevándose un dedo a los labios y viendo de soslayo a su madre para asegurarse que no la había escuchado.

—¡NO! Escúcheme bien, si usted no se anima a hablar con sus señora madre lo haré yo—. Hermione se levantó resuelta.

Jack ya la iba a sentar cuando un hueso de pollo se impactó contra su frente con la fuerza de un proyectil y casi lo deja K.O.

—¡Ja, ja, ja, ja! ¡Eres un estúpido, Jack! —Estalló la madre— ¿Qué tal si ese hubiera sido una bala de verdad, eh? — le dio un zape capaz de haberle sacado el cerebro por la nariz a un ser humano sin los refuerzos genéticos de Jack—¿Cuántas veces te he dicho que te cuides la espalda y estés alerta? ¿Eh? — le metió otro zape— ¿Cuántas?

—Lo siento, madre, no volverá a pasar— balbuceó el hijo, bizqueando y tambaleándose.

—¡Óigame, mons…!— Hermione se empezó a arriscar las mangas. Jamás en su vida había presenciado tanta brutalidad materna junta. Estaba indignada. Pero Jack la sentó bruscamente, evitando así una desgracia.

—Está bien, no me hizo nada—. Por toda respuesta, Hermione le apretó el reciente chichón de la frente— ¡AU! — Se lo tapa—. Está bien, ya sé que mi madre no le agrada, pero no se preocupe, usted no tendrá que soportarla porque yo le ayudaré a huir. Pero mientras esté aquí no la provoque ¡Por lo que más quiera! Porque si no, todos vamos a sufrir las consecuencias

En la cocina, Will estaba atareado sirviendo tragos, que era lo tenía mayor demanda. Elizabeth se asomó.

—Will, ¿necesitas ayuda?

—Sí, por favor. Reparte estos en la mesa de Madame White— le dio una charola llena de vasos.

Elizabeth agarró la charola y fue al comedor. Cuando vio a Hermione platicando con el capitán los lentes comenzaron a brillarle amenazadoramente.

—¡Maldita confianzuda!

Del bolsillo de su mandil sacó un frasco que ponía en la etiqueta: "Veneno. No se deje al alcance de los niños", con una calaca adjunta. Vertió el contenido en un vaso y se lo llevó a Hermione.

—Aquí tiene…— su voz era ponzoñosa— milady.

—Gracias.

Pero Hermione ni le hacía caso al vaso, más bien seguía viendo a la madre de Jack y, de vez en cuando, a Elizabeth, que le dedicaba miradas de odio. En eso, Bianca empujó la mesa (que les quedaba al pescuezo a todos para que ella alcanzara su comida cómodamente) y ahorcó a Jack con ella a propósito. Este casi se ahoga si no es por los piratas, que corrieron en su auxilio y lo zafaron. Le quedó un moretón alrededor del cuello.

—JA, JA, JA, JA, JA. Te dije que te mantuvieras en guardia— Tronó dándole una palmada a su jamona pierna— ¡Eso es para que aprendas! JA, JA, JA…

Miró a los piratas, que la veían con caras reprobatorias.

—¿Y USTEDES QUÉ VEN? ¡RÍANSE CONMIGO, MARINEROS ESTÚPIDOS! ¡JA, JA, JA…!

Como no les quedaba de otra, los marineros rieron muy a fuerzas. Hermione se levantó molesta de su silla.

—¿A… dónde va? —dijo semi afónico.

—A dormir— estaba harta de ver tanta injusticia y lo peor del caso es que ese idiota no hacía nada para remediarlo.

—¿No se tomará su whisky?

Hermione miró el vaso y negó con la cabeza.

—¿Entonces, me lo puedo tomar?

—Si quiere.

Jack se lo sambutió de un solo trago. Elizabeth se tapó el rostro con las manos en el preciso instante en que Jack empezó a ahogarse con el veneno y comenzó a boquear.

—¿Capitán? —Hermione lo veía, alarmada.

Jack cayó al suelo cual vil res y ahí comenzó a convulsionarse, echando espumarajos por la boca mezclados con sangre. Todos, a excepción de Bianca, corrieron a ver qué le pasaba.

—¡Capitán! ¡Capitán! —gritaba Smith, zangoloteándolo.

—¿Qué le pasa? —preguntaba Hermione cada vez más asustada.

—Sepa, se desparramó de repente— obvió alguien tras ella.

—¡Capitán, aguante!

—¡Llévenlo a su cuarto! ¡Traigan un doctor! —Indicaba Hermione, levantando la voz para hacerse oír por sobre el escándalo que se había originado en torno al caído.

—Buuuu… Snif… Buuuu…—era lo único que salía de la boca de la asesina.

La bestial madre de Jack dio un puñetazo en la mesa que hizo que todo el ajetreo que armaban los marineros se detuviera un instante. La monstruosa cara de la mujer los miró a todos con el ceño fruncido… y luego sonrió.

—El que haya envenenado al zoquete ese le hizo un favor al mundo. Ja, ja, ja ¡Vamos! ¿Qué esperan? ¡Que siga la juerga! Ja, ja, ja…— le tomó a una botella que traía y el Whisky se le derramó por las comisuras de la boca.

ooooooooooOooooooooo

Cuando el doctor salió de la habitación del capitán, todos corrieron hacía él con la ansiada pregunta:

—¿Murió?

—No, se le suministró el antídoto a tiempo.

Todos dejaron escapar silbidos de alivio.

—¿Alguna recomendación, doctor? —Preguntó Hermione.

—Sí, en primer lugar tienen que darle mucha leche…

Los piratas idiotas se empezaron a reír.

— ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Leche…!— Smith se pegaba en la rodilla, para darle énfasis al chiste.

—¡Jo, jo, jo, jo, jo! ¡Leche como a los niños de pecho! ¡Ja, ja, ja…!— reía Tylor sujetándose el estomago.

—Jackie, mi amor…— siguió diciendo Smith con voz afeminada, haciendo como que arrulla a un niño entre sus brazos— ¡Agu, gugu, ta taa! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

—¿Es que ustedes no pueden tomarse nada en serio? —Gritó Hermone, girándose rabiosa hacia ellos.

Todos se callaron… aunque dejaban escapar resoplidos burlones de vez en cuando.

—… y reposo, pero no demasiado— el doctor retomó la palabra—. Es necesario que se mueva porque si no le puede hacer daño… ¡Ah! Y algo más…

Y mientras el doctor seguía dándole instrucciones a Hermione, Elizabeth se escurría al cuarto de su no intencionada víctima. Elizabeth se hincó a un lado del lecho de su capitán, y al verlo tan pálido y demacrado por los dolores sufridos hace unos momentos sus ojos se llenaron de lágrimas. Tomó una de las manos masculinas entre las suyas, se la llevó a la mejilla y ahí la sostuvo.

—¿Qué es esto? —su voz era bajita, solemne— ¿Un frasco que mi amado empuña? ¿Causó un veneno su temprana muerte? ¡Ingrato! ¿Todo lo apuraste? ¡Todo! ¿Y ni una gota me dejaste para seguirte? Besaré tus labios: tal vez aún haya algún veneno en ellos y me regalará su bálsamo la muerte.

La fatídica e improvisada Julieta besó a su Romeo, pero luego se separó de él berreando más escandalosamente que una bashee. Soltó la mano de Jack y esta cayó aguadamente a un lado mientras Elizabeth se jalaba las greñas y se las arrancaba a puñados mientras seguía chillando y moqueando, pero lejos de acabar con el drama empezó a tirar de su escote con tanta fuerza e insistencia que acabó rasgándolo… ah, y luego se revolcó de espaldas sobre la alfombra (o sea, denle un Oscar, señores, esto se llama dejar la dignidad y la estética de lado para demostrar lo que es el sufrimiento de verdad).

Ya que pudo recuperar un poco la razón, se arrastró hasta un escritorio y, con manos temblorosas, se apropió de un abrecartas. Lo empuñó con ambas manos y oprimió la punta contra su pecho, a la altura del corazón.

—¡Oh, bien hallado acero, préstame tus servicios!— Gruesos lagrimones corrían por sus mejillas, mientras le daba un último vistazo al rostro lívido de Jack) ¡Allá voy, amado mío!

Quiso clavarse el arma, pero lamentablemente esta no tenía el suficiente filo.

—¡Entra, maldita sea!

De pronto, alguien comenzó a mover el picaporte. Temiéndose descubierta, Elizabeth se metió de un clavado debajo de la cama en el mismo instante en que Hermione entró.

—Despierte— dijo y lo zangoloteó, pero como no lo hizo le dio un cachetadón— ¡Despierte!

—¡Ouch! —Jack se incorporó en la cama, sobándose la mejilla— ¿Qué mala estrella me alumbra este día para que precisamente hoy todos me traten con la punta del pie?

—Lo siento— se excusó ella, mientras tomaba asiento a su lado—, pero el doctor dijo que no debía dormir demasiado y…

—¡Al diablo con el matasanos! ¿Quién fue?

—¿Quién fue qué?

—El que me echó el veneno ¿Quién fue?

—Eso no importa ahora. El doctor…

—¡Claro que importa! ¡Iba a morirme! — La miró en silencio un momento, con la mandíbula tensa— ¿Ha sido usted, verdad? Buscaba venganza por lo de su marido. Envenenó el Whisky y dejó que yo me lo tomara…

—¡No, Jack, se equivoca, yo nunca…!

—¡Por Dios, no nos hagamos tarugos! Desde un principio sospeché que usted se unía a mi tripulación para vengarse, pero pasaron los días y como no ocurría nada, pensé que me había perdonado… Pero veo que me equivoqué miserablemente.

Hermione se puso pálida, es verdad, aquellas habían sido sus negras intenciones desde un principio, pero nunca encontró el valor y en cambio se dejó ablandar poco a poco por aquellos desalmados y bulliciosos hombres. Ella bajó su mirada, avergonzada.

—Por favor, júreme que no fue usted— suplicó.

Hermione miró a Jack a los ojos, tenían una expresión muy curiosa… ¿Acaso era lo que se estaba imaginando?

—¡Jack, usted…!

—Por favor, júremelo… yo no podría soportar vivir con semejante duda, porque yo a usted… yo…— La duda flotaba en el aire, aunque Hermione sabía la respuesta. Jack fue acercando su rostro al de ella poco a poco.

Hermione sentía su corazón como loco y también podía oír el de él ¡Dios no podía ser! ¿Le atraía? La pobre se sintió asaeteada por la culpa, pues en su mente traicionaba a su Ron con el hombre que le había dado muerte. Quiso apartar su mirada de la de Jack, repelerlo de un empujón, huir… pero por alguna extraña razón no pudo, al contrario se quedó clavada donde estaba, esperando con los labios entreabiertos y temblorosos el momento en que él los rozara con los suyos… entre tanto él seguía acercándose. Sintió su tibio aliento… una mano masculina posándose en su cintura… Hermione cerró los ojos, dispuesta a abandonarse a los deseos carnales que la tenían presa, sintiéndose vil, sucia y miserable…

Jack se detuvo. Por las mejillas de Hermione corrían brillantes lágrimas.

—Lo siento. No tengo derecho.

Hermione abrió los ojos, y suspiró, libre al fin de tan despreciable hechizo.

—No, no lo tiene— respondió con voz amarga y rencorosa.

En ese momento, Elizabeth salió de debajo de la cama hecha una fiera, y al verlos tan juntos todavía (Confirmando sus sospechas) se abalanzó sobre Hermione queriéndole encajar el abrecartas en los ojos.

—¡RESBALOZA! ¡PUTA DE A PESO!

—¡Ay! ¿Qué demo…? ¿De dónde salió esta loca?

—¡PERRA! ¡ZORRA! ¡GÜILA!

—¡Elizabeth, déjala! ¿Qué te ha hecho? —gritó Jack tratando de separarlas.

Los piratas (que observaban el chisme desde el momento en que Hermione entró al cuarto) veían la pelea desde afuera, con las caras pegadas al vidrio de la ventana.

—¿¡Qué hacen ahí parados! ¡VENGAN A AYUDARME!

—Sí, capitán.

Pero siguieron ahí parados viendo el argüende. Entonces llegó Bianca, que con sus manazas apartó a los chismosos de un golpe y entró en la habitación.

—Je, je, je. Una pelea por el maricón de mi hijo— le bebe al whisky de la botella.

Hermione había logrado que Elizabeth soltara el arma, pero ahora esta intentaba llegar a sus ojos con sus afiladas uñas.

—¡GOLFA! ¡PIRUJA! ¡USURPADORA!

—¡Su… él… ta… me!

—Madre, ayúdeme, por favor— jadeó Jack con esfuerzo.

—No, arréglatelas tú solo, tal vez así se te quite lo maricotas. Mañana nos iremos al puerto Tepicoallí, así que preparen todo, nos iremos en mi barco (Sale tragándole a la botella).

—¡Sí, Su Majestad! —contestaron todos a coro, pero sin dejar de presenciar el chisme

El pleito siguió hasta muy entrada la noche. Al fin se hartaron todos y se fueron a la cocina a seguir vaciando barriles de cerveza y botellas de whisky y ron.

Después de un rato, Will, apurado, corría llevando una bandeja con alcohol, algodón, gasas, vendas y banditas.

—¿Sigue el pleito? —Preguntó Tylor casi dormido

—Sí, señor— respondió Will.

¿Quién va ganando? —quiso saber alguien.

—Aún no lo sé, señor.

—¿Para qué es todo eso, Will?

—Para las heridas, señor.

—¿Están muy mal las viejas esas?

—No, ellas no tienen ningún rasguño. Son para las heridas del capitán. Es el que se ha llevado la peor parte por intentar separarlas.

—¡Chale! —dijeron todos al unísono.

—¡Will! ¡Will! —Empezó a clamar Jack desde la habitación, con voz apenas audible— ¿Dónde están mis banditas, Will?

—Voy, mi capitán.

Will corrió con el botiquín a la habitación, donde se oye que tiran cosas a manotazos y cachetadas.

Disclaimer: (Otra vez) Oigan, estaba preguntándome si usar nombres de personajes con autor para ponérselos a los propios se considera plagio, así que para evitarme problemas, ahí va: Jack, Will y Elizabeth son nombres propiedad de Disney (aunque los personajes que aparecen aquí y sus respectivas personalidades son completamente míos). Lo mismo pasa con Robison Crussoe, el nombre es propiedad de su autor, Daniel Defoe. Y ¿qué más? ¡Ah, sí! Los nombres y conceptos que aparecieron aquí respecto al mundo de Alicia en el País de las maravillas son propiedad intelectual de Lewis Carrol, yo sólo los tomé prestados para amenizar el fanfic un rato.

Ah, por cierto: ya para irme y antes de que se me olvide, déjenme comentarles que este es el penúltimo capítulo ¡Sí, lectores, la siguiente actualización es el final!