Disclaimer: Harry Potter es propiedad intelectual de J.K. Rowling. Este fic puede considerarse tan sólo un homenaje a su trabajo, hecho por una de sus fans ¿Cobré por ello? ¡Ni hablar! Eso sería una falta de respeto.
Capitulo 5: La Boda.
Al día siguiente, toda la tripulación estaba formada frente al barco. Bianca, látigo en mano, pasaba revista.
—¡En firmes, Tylor! — Tylor se puso en firmes —¡Pies juntos, Smith! ¡Pecho fuera, William, maricotas! ¡Tú no te rías, Kawasaki, o te rompo la mandíbula otra vez! — El tal Kawasaki, que se había estado riendo disimuladamente de los demás, calló abruptamente y apretó los labios.
De pronto, Bianca paró su andar al llegar con Hermione, Jack y Elizabeth respectivamente. Hermione tenía un arañazo en la mejilla izquierda; Elizabeth lucia uno en la barbilla; pero Jack estaba parchado por donde sea por banditas y gasas, tenía una venda alrededor de la cabeza y un ojo morado. Parecía un soldado recién llegado de un frente de batalla.
Bianca examinó al trío con el ceño fruncido.
—¡JA, JA, JA, JA, JA!— Tronó de pronto, estampándole una palmada de felicitaciones en la espalda a su vapuleado hijo que lo mandó a proyectarse de getas contra el suelo. Justo cuando este se estaba incorporando, la semigiganta dio un paso al frente (para enfrentarse a las féminas) y le pisó la mano derecha. Jack abrió la boca como pez fuera del agua, ahogando un grito de dolor (porque si decía algo lo más seguro es que le fuera peor).
—¿Así que ayer se pelearon por mi hijo? — Interrogó la semigiganta.
—¡Sí!—contestó presurosa Elizabeth.
—¡No!—respondió una indignada Hermione.
—¿Sí o no, pues? A ver, ¿dónde está el intelectual del crimen? ¿Dónde está ese desgraciado de Jack?
—Aquí… madre— respondió Jack con voz adolorida.
—¿Qué haces ahí abajo, infeliz? — Lo agarró del cuello de la camisa y lo levantó.
—Gracias, madre— Jack se sobó la mano dolorida.
—¿Con que me andabas viendo los calzones, eh?
La vieja traía pantalones.
—No, madre ¿Cómo cree?
—¡No contradigas lo que estoy viendo! — Bianca le atravesó una bofetada que le tiró un diente. Luego lo jaló hacía sí y le dio un apretujón entre sus brazos, que le sacó el aire de los pulmones, y dijo:— ¡Bien, mi cabrón, eso demuestra que no es tan joto como aparenta! Je, je, je… ¡Ahora, larguémonos!
ooooooooOoooooooo
Cuando el barco comenzó su viaje, Bianca se acercó a Elizabeth, que veía como se alejaban del muelle.
—¿Tú qué haces ahí parada? —preguntó.
—Veo el horizonte.
—¡Qué horizonte ni que nada! ¡Tú te bajas aquí!
Y sin más explicaciones la levantó por la cintura y la lanzó al mar. Hermione veía el espectáculo horrorizada.
—¡Su Majestad! ¡Su Majestad! ¿Por qué me hace esto? — gritaba Elizabeth, chapoteando en el agua.
—Porque eres un estorbo para que se lleve a cabo la boda de mi hijo con la Granger-Weasley—respondió escuetamente— ¡Así que lárgate para la casa!
Cuando Hermione oyó esto, corrió a encerrarse en su camarote.
—¡Nunca, nadie me casara con ese pelado! ¡No! —Decía ella dando vueltas por la habitación como fiera enjaulada mientras negaba con la cabeza frenéticamente.
Elizabeth seguía el barco a nado.
—Madam White, nos sigue siguiendo—Informó Smith.
—¿Qué nunca va entender esa escuincla? ¡Láncenle los arpones!
—Pero, Su Majestad…
—¡OBEDECE! — Tajó, mirándolo con ojos de asesina.
—Elizabeth, por órdenes de su Majestad, La Reina de Corazones, usted tiene que ser atravesada con arpones— anunció el segundo al mando asomándose por la borda—. Yo le sugiero que se largue.
—¡NUNCA! Prefiero la muerte a dejar que esa víbora se case con mi Jack.
—Bueno.
Pero en vez de lanzarle los arpones, Smith tuvo compasión de ella: Le arrojó un barril de cerveza lleno, que le cayó en la cabeza y la desmayó. El cuerpo de Elizabeth se hundió poco a poco en el océano mientras el barco siguió su curso.
Pero "Hierba mala nunca muere". Elizabeth apareció en la orilla de la playa, con la sangre corriéndole por el rostro y chillando a lágrima viva. Se volvió hacía el mar y se puso a gritar sus derechos sobre Jack al puntito negro que ya era el barco, luego se dejó caer de rodillas, volvió a rasgar su vestido y se echó arena en la cabeza, mientras berreaba: "¡AAAAY, MI JACK!". La llorona le quedaba guanga.
Elizabeth estaba en medio de su drama, cuando un barco se estrelló con el muelle haciéndolo pedazos. De él bajaron dos hombres con aspecto de cavernícolas, se arrojaron sobre la arena y se pusieron a besarla como locos. De pronto, Robison reparó en la mujer que daba sendos alaridos y, ni tardo ni perezoso, se le dejó ir como gato a bofe queriéndole dar un beso a la fuerza.
—¡AAAAAAAAH! ¡PERVERTIDO! ¡AYUDAAAAA!
Ron corrió a su rescate y trató de quitárselo de encima, pero era muy difícil, Robison parecía pegado a la mujer con pegamento industrial. El pelirrojo agarró un remo que estaba cerca, lo metió entre ambos cuerpos, pero nada. Ya en completa desesperación, agarró vuelo y golpeó en la cara a Robison con él y éste salió volando.
—¿Está bien, señorita? — Quiso saber Ron mientras la ayudaba a levantarse.
—Sí, gracias.
—¿Estás loco? —Reclamó el pelirrojo, volviéndose hacía Robison.
—Ah… ah… ah… no— respondió jadeante este, con los labios reventados y llenos de sangre—, es que hace mucho que no veo una vieja… Pero no seas mala, dame un besito.
Robison trató de nuevo acercarse a Elizabeth, pero esta corrió a esconderse tras la espalda de Ron y este empuñó el remo, amenazando con golpearlo de nuevo.
—Tranquilo.
Robison agachó la cabeza, derrotado.
Ron volteó hacía su izquierda como si de pronto algo lo llamase y entonces lo vio. Vio el barco en el que se robaron a su esposa (Recuerden que se habían llevado el barco rosa y habían dejado ese ahí). Ron corrió como enajenado hacia allá con el remo en la mano, Elizabeth corrió atrás de él, para protegerse, y Robison también, pero para tirársela.
—¡HERMIONE! ¡HERMIONE, ESTOY AQUÍ! ¡ESTOY VIVO! — Ron subió al barco y corrió por todas partes gritando el nombre de su amada. Finalmente se dio cuenta de que ahí no había nadie. —¡HERMIONEEEEEEEEE! ¿DÓNDE ESTÁS? — Le brotaron unas lágrimas—¡DÓNDE!
—¿Ahora sí me vas a dar un besito? — Insistía el naufrago estirando la trompa hacia la cuatro ojos, ajeno a la congoja de su amigo.
—¡NO, PERVERTIDO! —Respondió la mujer, sonándole una cachetada.
Elizabeth se fue con Ron, pero este la recibió con violencia: la agarró por los hombros, se los estrujó y comenzó a sacudirla salvajemente con la rabia reflejada en los ojos.
—¿EN DÓNDE ESTÁ HERMIONE? ¡¿EH? ¿EN DÓNDE LA TIENEN? ¿EN DÓNDE LA ESCONDEN?
—No… sé… de… qué… me… es… tá… hablando.
—¡MIENTES! ¿EN DÓNDE ESTÁ MI ESPOSA?
Esta vez fue Robison quien la rescató.
—Tranquilo, Ronnie— dijo mientras se la quitaba— ¿no ves que ella no sabe nada?
—¡NO! ¡NO PUEDO CONTROLARME! ¡ESOS TIPOS SE ROBARON A MI MUJER, CON UNA CHINGADA, NO VOY A CONTROLARME HASTA HABERLA RECUPERADO Y HABER MATADO A ESE PUTO CAPITÁN WHITE!
A Elizabeth se le prendió el foco. Tal vez sí sabía de qué estaba hablando, después de todo.
—El capitán Jack White, el dueño de este barco, ¿se robó a su mujer?
—Sí, en pleno… — se interrumpió avergonzado— ¡En nuestra luna de miel!
—¿Me podría decir cómo es ella?
Ron caviló.
—Bueno, hace mucho que no la veo, pero haré un dibujo.
Tomó lápiz y papel y comenzó a dibujar apoyándose en el escritorio de Will (estaban en el camarote de él). Una vez terminado se lo mostró a la chica, que lo analizó concienzudamente. Robison, movido por la curiosidad, también echó un vistazo.
—¿Eso es tu mujer? —Cuestionó el naufrago sin reprimir una mueca de asco.
—Bueno, admito que no soy bueno dibujando, pero sí. Ella es mi mujer.
—¿Que no eres bueno? ¡Eres pésimo!
El dibujo de Hermione estaba más feo que un muppet: tenía los ojos saltones; la boca abierta y en forma de pico, y de ella salía una lengua laaaaarga; además estaba bizca y tenía el cabello más alborotado de lo que lo tenía la verdadera.
—Sí, es ella— testificó al fin Elizabeth con voz grave.
—¿¡Cómo! —Robison no salía de sí del estupor.
—¿Es mi Hermione? ¿La has visto?
—Sí, la he visto. En estos momentos, ella y los demás tripulantes de este barco se dirigen al puerto Tepicoallí.
—¿Dónde queda eso?
—Yo los llevaré, sé qué ruta toman ¡Vamos!
Los tres bajaron del barco y subieron a un bote. Elizabeth remaba como toda una experta, ya no parecía la mujer debilucha a la que Robison había intentado ultrajar; ahora los lentes le brillaban de manera maligna y se le marcaban los músculos de los brazos y el cuello cuando los flexionaba. Para acabar de hacer más aterrador el cuadro, el esfuerzo hizo que empezara a sangrar nuevamente de la cabeza.
—¿Oye, estás bien? — Preguntó Ron al fin reparando en que estaba herida.
—Jamás he estado mejor— El tono de la mujer era resuelto.
Robison, por su parte, se apretaba contra Ron, buscando alejarse lo más posible de su ex víctima; la verdad parecía bastante chalada y ahora se arrepentía de haber querido con ella.
—A propósito— iba pensando el naufrago— ¿Cómo le hizo para reconocer a la vieja de Ron si el dibujo estaba todo mal hecho? ¿O es que así está de deforme la tal Hermione?
La respuesta era muy simple: Elizabeth veía a Hermione como un monstruo. Un monstruo igualito al que dibujó Ron.
oooooooooOooooooooo
Los piratas hicieron una escala en un pueblo, donde visitaron de emergencia una iglesia para secuestrar a un padre que estaba realizando una boda… y ya de paso aprovecharon para robarse el vestido de la novia y de uno de los padrinos, a quien le tomaron medidas apresuradas antes de obligarlo a sacarse el traje (el novio se salvó. Afortunadamente para él, estaba muy flaco y chaparro para darle la talla a Jack). Luego amenazaron a todo mundo para que les dieran santo y seña de dónde iba a ser el salón de eventos. Acudieron al lugar y se llevaron toda la comida de la fiesta, el pastel, el vino, las mesas y los recuerditos. Terminado el trabajo, continuaron su viaje.
—Bien— asintió Bianca, viendo como acomodaban las mesas a toda prisa—. Toca, William.
Ah, olvidé que también habían sacado el órgano de la iglesia. Will comenzó a tocar una marcha nupcial. Jack ya estaba frente al padre mientras esperaba a la novia, jugando con sus dedos nerviosamente. Algunos piratas lloraban por el "feliz" acontecimiento.
—¡Qué conmovedor! —lloriqueaba un pirata, sonándose la nariz con un paliacate de calaveritas. Luego le regresó la prenda, a la que le escurrían mocos, a Smith que era el dueño; este se limpió una lágrima con él, y luego se lo amarró a la cabeza.
—Me recuerda el día en que desposé a mi esposa—le confesó Smith— ¡Fuimos tan felices!
—¡Qué traigan a la novia! —Ordenó la semigiganta y de inmediato la novia fue llevada junto al novio por dos piratas que le apuntaban con un arma. Bianca se volvió hacia el padre y ladró: — Ahora, ¡cáselos!
—Lo siento—contestó el sacerdote acomodándose los lentes—, pero yo no puedo consentir una boda en la que se nota que están obligando a los no…— Bianca sacó su pistola y le apuntó con ella. Ante el "click" que sonó al ser quitado el seguro, el padre respingó y comenzó a decir:— Hermanos, estamos aquí reunidos para unir en sagrado matrimonio a esta pareja que se ama…
—¡Yo no lo amo! —Interrumpió Hermione— ¿No ve que me apuntan con un arma?
—¡Cállate, perra! —Le gritó Bianca—. Continúe, padre—. Y para evitar otra interrupción le puso la pistola en la sien a su futura nuera.
—Pues sí, hermanos—continuó el padre—: hoy uniremos a esta pareja en sagrado matrimonio ante los ojos de Dios, Nuestro Señor…—calló al ver que Bianca le apuntaba con la pistola en medio de los ojos.
—Pase al grano o usted podrá ver directamente a los ojos del Señor en este mismo instante.
—¿Su nombre? —Balbuceó el sacerdote sudando a mares, volviéndose hacia Jack.
—Jack White.
—Jack White, ¿acepta amar, respetar, cuidar…?
—¡AL GRANO!
—¿…a…? Disculpe, ¿su nombre?
—¡Nunca le diré mi nombre! —Vociferó Hermione.
— ¿…a Nuncalediréminombre como esposa?
—¿Qué todos están imbéciles aquí? ¡Ese no es mi nombre!
—Cállate, querida—amenazó la vieja y luego se volvió hacía su hijo, que ya se estaba tardando en responder— ¡Contesta, Jack! — Y Le apuntó con el arma.
—P-pero, madre… ella es viuda, está de luto…
—¡Qué el muerto se revuelque en su tumba entonces! — Golpeó su cabeza con la culata de la pistola — ¡Eres igual de inútil y joto que tu padre, ese ridículo herrero al que tuve que matar! Sólo di "sí" y ya, ¡maldito seas!
—Sí, sí, acepto—Jack se sobaba la cabeza, haciendo muecas de dolor— ¡Agh!
Hermione le dirigió una mirada de odio a Jack y este se encogió de hombros.
—Y usted, Nuncalediréminombre—seguía el hombre de Dios, ansioso por llevar atérmino esa boda ilegitima para largarse de ahí —¿acepta a Jack White como esposo?
Hermione abrió la boca para gritar "¡Nunca!", pero la manaza de Bianca se la tapó justo a tiempo.
—Por supuesto que acepta.
—Pero ella no ha dado su consentimiento…— Bianca volvió a usar a "persuasión" y el padre carraspeó nervioso, jaloneándose el cuello de su sotana—. Si hay alguien que tenga un motivo para que esta unión no se consume, que hable ahora o que calle para siempre.
Bianca, sin dejar de taparle la boca a Hermione, se giró, dedicándoles a todos una mirada amenazante.
—Entonces, por el poder que me confiere Dios y la Iglesia, yo los declaro…
—¡HERMIONE!
Todos voltearon hacía donde provenía la voz: el mástil de una vela. Pero sólo distinguieron la silueta de un hombre porque la luz del sol, que les daba de lleno en los ojos, los encandilaba. De pronto, el hombre se agarró de una cuerda y se descolgó al más puro estilo de Tarzán, sólo que en lugar de ir derecho iba dando vueltas sobre sí mismo sin control, a una velocidad pasmosa. Sin poder evitarlo, el intrépido tipo se estampó contra la cara de la madre de Jack, que perdió el equilibrio y como estaba muy cerca de la borda, cayó por esta y acabó en el mar. Jack corrió a su rescate.
—¡MADRE!
Bianca pataleaba y manoteaba en el océano desesperada, tragando agua a grandes bocanadas.
—¡Ayú… dame… im… bé… cil… -¡agh!- no… sé… -¡uagh!- nadar!
Pero Jack sólo atinó quedarse parado, estirando el brazo hacía ella de forma anhelante, completamente en shock (tantos golpes en tan pocos días hacían que su capacidad de reacción fuera leeeeenta).
—Hermione…
Hermione volteó y vio a la persona que le hablaba, tambaleándose por la borrachera a causa de las vueltas: era Ron.
—¿Ron? ¡Ron!
Tanta fue su emoción de volverlo a ver, vivo y con bien, que terminó desmayándose.
—¡Hermione!
—¡Es el muerto! —gritó Smith al reconocer a quién se suponía el capitán White había mandado al otro mundo en aquel crucero.
—¡Es un zombie! —aclaró Tylor, recordando las horribles historias de bodoo que oyera de niño y alarmando a los demás, que también habían oído cuentos semejantes.
Los piratas sacaron sus espadas, sus sables, sus dagas y sus puñales y se lanzaron en contra del "zombie" dispuestos a defender a su capitana con sus propias vidas… pero entonces una voz gritó: "¡Alto!". Una nueva figura se descolgó del mástil agarrada de una cuerda y aterrizó con gran maestría entre el pelirrojo y los ladrones, justo a tiempo para impedir que los segundos ensartaran al primero.
—¡Deténganse, idiotas!— Profirió Elizabeth extendiendo los brazos — ¡Él no es un zombie, está vivo y lo único que quiere es recuperar a su esposa!
—¡Silencio, mujer! —Bramó Smith y dijo a los demás piratas sin darle la espalda a la femina:—No la escuchen, es obvio que es una artimaña del zombie atrás de ella para que bajemos la guardia. Ha devorado el cerebro de Elizabeth y ahora ella es su esbirro, si le hacemos caso devorará el cerebro de la capitana y el de nosotros luego.
Los piratas gruñeron luciendo sus caras más aterradoras, con la intención de amedrentar a los zombies.
—¡Ach! —Elizabeth puso los ojos en blanco. Afortunadamente, Robison no se había quedado ocioso. Aprovechando que los piratas habían dejado sola a Hermione y le daban la espalda, se la echó bajo el brazo y la llevó con Ron.
—¡Hermione! —Clamó Ron con alegría.
—¡Oh, no! ¡Han capturado a la capitana!
—¡Estamos perdidos! ¡Huyan!
Los piratas echaron a correr horrorizados. Algunos se arrojaron al mar y otros buscaron un escondite en lo más profundo del barco.
—Hermione, Hermione, ¿estás bien? ¡Háblame! — La sacudió esperando que con eso reaccionara— ¡Hermione!
Mientras tanto, Bianca se ahogaba y Jack no salía del shock.
—Estúpidoooooggg… sá… ca… me… -blub- de… a… quí –blub- -blub- -blub-…
Y así, la Reina de Corazones se hundió en el mar, entregando su alma a… pues a donde le corresponda entregarla. Lo último que pudo ver Jack del cuerpo de su bien amada madre fue su mano, que se despedía de él con una seña obscena.
—¡M-madre…!
Ron seguía intentando reanimar a Hermione, cuando alguien le puso la punta de una espada en la garganta que lo obligó a levantarse. Ron fijó la mirada en el hombre que más odiaba en ese momento: Era Jack, con la cara roja de coraje y empapada en lágrimas y mocos.
—¡Mataste a mi madre! —Su voz destilaba odio.
—¿Esa ballena era tu madre? ¡Entonces se lo tenía merecido por haber parido lacras como tú!
—¡Cállate, bastardo! ¡Morirás como el perro que eres!
Al ver que Jack estaba a punto de atravesarle el gaznate a Ron con su espada, Robison intervino, echando mano de sus dotes de pacificador (en su mente, en un pasado lejano, se dedicó a negociar con psicópatas, secuestradores, suicidas y terroristas).
—¡Calmantes montes, hermano! No hace falta recurrir a la violencia ¿Qué te parece si dialogamos? Lo único que él quiere es recuperar a su vieja…
Por toda respuesta, Jack sacó su pistola y jaló del gatillo… la bala pasó zumbándole a escasos milímetros de la oreja. Robison pegó un grito de loca, y corrió a ocultarse tras Elizabeth, temblando de pies a cabeza.
—¡Jamás le entregaré a mi madre! —Gritó Jack.
Ron y Robison se quedaron con cara de What? Porque no entendían de qué demonios hablaba. Pero Elizabeth sí.
—¡Capitán, ella— apuntó a Hermione con un dedo tembloroso por la rabia— ella no es su madre!
El capitán volteó a sorprendido a ver a Elizabeth, porque no había reparado en ella hasta ese momento, y Ron aprovechó la distracción para darle una patada en el estomago y quedar libre de su espada. Elizabeth reaccionó, levantó una espada que había quedado abandonada en el suelo y se la arrojó a Ron.
—¡Elizabeth! ¡Traidora!— Acusó el pirata.
—Lo siento, capitán, pero prefiero que lo maten a quedarme a ver cómo desposa a esa…— con desprecio: — mujer.
—¡Entonces que así sea!
Jack atacó sin previo aviso a Ron y le traspasó un brazo. Y sonriendo anunció:
—¡En garde!
—¡Pinche tramposo! —Bufó Ron agarrándose el brazo herido. Le apuntó con la espada y vociferó: — ¡Crucio!
Ron creía que la espada era un nuevo modelo de varita. Y como obviamente Jack no se retorcía ni nada por el estilo se puso a examinar la punta, extrañado.
Jack volvió a atacar aprovechando que Ron tenía la guardia baja, Ron apenas si tuvo tiempo de desviar el mortal mandoble que le lanzaba aquel temible asesino experto con la espada. El pirata lanzaba estocadas a diestra y siniestra, hiriendo, rozando, acorralando. Y el pelirrojo sólo podía retroceder parando de vez en cuando un golpe, sudando a mares, sintiendo las heridas y rozones escociéndole cada vez más. La camisa de Ron no tardó en teñirse con su propia sangre, pero las heridas no eran mortales. Daba la impresión que el pirata buscaba destrozarlo poco a poquito y hacerlo sentir temor, por el simple placer de verlo en sus ojos. Era como el juego del gato y el ratón.
Y Ron temió. Y qué frustrante le parecía aquello de no poder hacer nada contra aquel maldito asesino que le había robado a su esposa. Jack lanzó otra estocada buscando su cuello y él apenas si tuvo tiempo de protegerse tras el mástil. Desesperado, Ron dejó de lado su espada y le lanzó un puñetazo… que Jack clavó en su espada.
—¡Agh! ¡Mi mano! ¡Mi mano!
Jack se rió de su incompetencia.
—Je, je, je. Parece que ahora sí la dejaré viuda— apuntó con la barbilla a Hermione, que seguía desmayada en el piso.
—¡Eso quisieras tú!
Ron se abalanzó contra Jack con los ojos cerrados a ver si se le hacía darle como le pasaba cuando jugaba a ponerle la cola al burro. Alegremente, sintió que la espada hacía contacto con algo y empezó a atacar con toda la rabia que albergaba su corazón. Abrió los ojos esperando encontrar a un Jack despedazado frente así, pero se encontró de frente con el mástil, que tenía tajadas por todos lados.
—¡¿Te está burlando de mí? —Reclamó el pirata, furioso.
Jack se le echó encima justo en el momento en que Ron se giraba… el pirata terminó auto encajándose la espada de su enemigo en el pecho. Mirándolo con los ojos abiertos a más no poder, boquiabierto, Jack dio unos pasos hacia atrás y finalmente cayó de espaldas.
—¡JAAAAAAAAAAAAAACKKK!
Robison se tapó los oídos al escuchar los tremendos gritos de la cuatro ojos. Hermione, por fin, abrió los ojos.
—¡Ron! ¡Ron, tu vieja ya despertó!
—¡Hermione!
—¿Ron? ¡Ron!
Los dos se abrazaron apasionadamente.
—Creí que habías muerto—Hermione prorrumpió en sollozos.
—Sí, yo también… ¡Digo! Claro que no ¿Cómo crees? —Ron adoptó un aire heroico y sonrió galante, sacando el pecho—. He venido a rescatarte.
—¡Oh, Ron!
Ya se iban a besar, cuando de pronto Elizabeth apareció y le estrelló una sonora cachetada a Ron.
—¡Oye! ¿De qué lado estás tú?
—¡Perro cobarde! ¡Heriste a mi capitán! ¡Eres un desalmado!
—¿Qué hiciste qué? —Hermione abrió mucho los ojos.
—No le hagas caso, está loca— Ron se volvió hacia Elizabeth.— Pues discúlpame por intentar defender mi vida. Y además, de qué te quejas si fuiste tú quién me lanzó esa cosa.
—Elizabeth…—la llamó Jack con voz agonizante.
—¡Oh, capitán! —Lloró esta. Antes de irse le dio una patada a Ron en la mandíbula haciendo que se mordiera— ¡Mi capitán Jack!
Elizabeth fue a auxiliarlo. Ron se agarraba la boca limpiándose la sangre y levantó la cabeza muy enojado dispuesto a quejarse con Hermione para que ella lo curara a besos o ya de perdida le ayudara a insultar a la loca cuatro ojos, pero en lugar de encontrarse con el rostro de su esposa se encontró con su nuca, ya que ella estaba viendo a Jack herido y ni pelaba a Ron.
—¿Hermione?
Hermione volteó a verlo furiosa.
—¿Tú hiciste eso?
—¡Él se lo buscó!
—¡Desalmado! — Le dio una cachetada y se fue.
—¡Pero yo te rescaté! —Gritó el joven a la espalda de su esposa— ¡Hermione, ven! ¡Eres mi mujer, OBEDÉCEME! —Ron respiraba agitado a causa del coraje que estaba pasando. Robison le puso una mano en el hombro, a manera de apoyo.
—Yo tampoco entiendo a las viejas.
Sin embargo, Hermione no llegó con Jack. Se limitó a mirar a distancia al herido y a la mujer sosteniéndole la cabeza. Le parecía que no era correcto entrometerse.
—E-Elizabeth…—decía este— ¡Con razón mi madre me decía que me cuidara la espalda!
—¡AY! ¡Ay, no! —Elizabeth lloraba como magdalena.
—De todos los perros que trabajan conmigo me llegué a esperar esto… de todos menos de ti.
—¡NO! No, capitán…— sollozó— ¡Lo hice por nosotros! ¡Yo no quería que se casara con esa arpía!
Pero Jack seguía en sus trece.
—¡Me apuñalaste la espalda y el corazón!
—¡NOOOOOOO!
La miope se le lanzó encima y lo empezó a arañar, a cachetear, a apuñetear y a patearlo mientras gritaba: "¡No! ¡No!" Intentando convencer a golpes a Jack de su inocencia. Hermione decidió intervenir por fin, e intentó quitársela de encima, pero le resultó imposible. La loca se retorcía y pataleaba en el aire sin parar de gritar, y digo que parecía loca, porque los lentes se le habían caído en su arrebato revelando los ojos de una obsesiva desquiciada… vamos, hasta espuma le salía por la boca del coraje.
—¡NOOOO! ¡SOY INOCENTE! ¡SUÉLTAME! ¡SOY INOCENTE!
Jack, todo madreado, la miró directo a los ojos.
—¡Madre! —Exclamó.
—¿Qué? —Elizabeth dejó de retorcerse para prestar oído.
—¡Los mismos ojos de mi madre! —Aclaró Jack. Elizabeth se zafó con brusquedad del agarre de Hermione y corrió a abrazarlo tiernamente.
—¡Oh, Jack!
—¡Oh, ma!
Y por segunda vez en el día tenemos un abrazo conmovedor.
—Todos tienen quién los cuide menos yo— se lamentó Robison, a quien le resbalaba una lágrimita por la mejilla.
ooooooooooOooooooooo
Pasaron dos semanas y Hermione no quería irse hasta que Jack se recuperara y pudiera moverse.
—¡Vámonos, te digo! Nosotros ya no tenemos nada que hacer aquí.
—Ya te dije que no hasta que Jack se restablezca.
— ¿Y si cuando lo haga nos mata? Vámonos.
Pero Hermione no se movió de la entrada de la puerta que daba al camarote de Jack. Ron terminó molestándose.
—¡Bueno, pues! —Soltó Ron, enrojeciendo de ira— ¿Qué tú estás enamorada de ese imbécil o qué?
Hermione se giró para verlo inmediatamente, indignada.
—¿Qué dices?
—¡Sí, eso! —Atacó Ron y siseó:— Estás enamorada de ese pendejo, sino ¿Por qué te preocupas tanto por él?
—Es porque él se portó muy bien conmigo a pesar de todo y nunca se sobrepasó, ni siquiera lo intentó—respondió Hermione con voz cortante.
—¿Y por qué tanto cariño? ¡Quiso matarme! ¡Dos veces! —Levantó la mano vendada para que la viera— ¡Dos, Hermione! ¿Ya se te olvidó?
—Ya lo sé. Yo también lo odié al principio, pero me di cuenta que era… es un hombre bueno, en el fondo educado y acérrimo defensor de los derechos de la mujer.
—Ja, ja, ja—Ron rió levantando el rostro hacia el cielo— sí, cómo no ¡Tú me has traicionado! —Afirmó de repente, mirándola con fiereza— ¡Tú me cambiaste por ese y…!
—Eso no es verdad— dijo una voz tras de ellos.
La pareja se giró. Era Jack, saliendo de su camarote con el pecho vendado acompañado de Elizabeth, que como se la había pasado al pendiente de él todo el tiempo, estaba demacrada y ojerosa.
—¡Capitán! —Gritaron emocionados los piratas que limpiaban la cubierta.
Los piratas corrieron hacía Jack. Después del duelo, a Elizabeth le había costado mucho convencerlos de que no había zombies a bordo, pero finalmente la razón prevaleció sobre la ignorancia. Los que estaban escondidos salieron a cubierta y los que se habían arrojado al mar regresaron al barco.
—Su señora esposa jamás lo traicionó conmigo ni con ninguno de mis hombres—dijo Jack— siempre se comportó como una mujer ejemplar. Lo juro por el nombre de mi madre.
Ron miró a Jack y luego a Hermione, después a Jack y otra vez a Hermione. No parecía que le estuviesen mintiendo.
—Hermione— Ron la abrazó arrepentido— perdóname.
Pero Hermione lo empujó lejos, rechazándolo.
—¡No me toques!
—¡UUH! —exclamaron los piratas con burla.
—¡Hermione! ¡Hermione, espérame!
Ron se fue tras de Hermione mientras los piratas le tiraban latas y lo abucheaban por rogón. Hermione se encerró con llave en su camarote y se negó a abrirle a su marido; este le rogaba, y cuando se enfadaba le gritaba y le decía de groserías; después se calmaba y le pedía perdón, y al rato le volvía a gritar. Al ver la situación, Robison trató de ayudarle.
—No, pues con razón no te abre.
—Lárgate, esto es cosa de casados—Acotó Ron, para enseguida azotar la puerta con ambos puños— ¡Ábreme, maldita seas!
—¿Casados? —Continuó Robison como si nunca hubiera oído decir a Ron que se fuera—. Pues no más de palabra, porque ustedes nunca han estado casados.
—¡Claro que lo estamos! —Ron pateó la puerta.
—Yo me refiero a… eso.
—¿Eso? ¿Qué es "eso"?
—Tú sabes… ESO—. Ron se le quedó viendo con cara de What? Robison no tuvo de otra más que especificar. — Eso: SEXO.
—¡Ah! Eso. Pues cómo si esos estúpidos piratas echaron a perder nuestra luna de miel y ahora resulta que son amigos de mi mujer y los aprecia más que a mí. Pero si hubiéramos ido a Las Vegas como yo tenía planeado—Ron alzó la voz y le echó una mirada de rencor a la puerta, era como si se dirigiera a Hermione y no a Robison— esto nunca hubiera pasado. Es más, en este momento ya estaríamos repartiendo souvenirs a todo el mundo, allá en Inglaterra, y contando nuestras hazañas en las mesas de las apuestas ¡Pero no! Teníamos que subir a un estúpido crucero porque a mi esposa se le antojaba la cursilería. Sí claro ¡Qué romántico resulta que unos piratas apestosos te rapten en pleno cachondeo! ¡Qué excitante! ¿Eh? ¿Eso te excita, Hermione? ¿Sientes placer? Porque yo no, ¿sabes? Estoy harto de estar arriba de este barco con esos piratas amigos tuyos y si no te vas conmigo, yo me voy solo ¿Me oíste?
Pero Hermione ni contestó ni abrió la puerta.
—¡Bi… bien!—Ron temblaba de coraje—. Yo me largo, ¿eh? Adiós. ADIÓS.
Ron fue hasta un bote salvavidas y ya estaba viendo cómo rayos le hacía para bajarlo, cuando Elizabeth lo derribó de un cazuelazo en la cabeza.
Al despertar, se encontró con Jack y su tripulación alrededor de su cama. Ron se sentó inmediatamente y pensó en huir, pero no había por dónde. Lo tenían cercado.
—Tenga calma, señor—Will sonrió intentando confortarlo—. No le haremos daño.
—Ya que nosotros le echamos a perder su luna de miel—comenzó a decir Jack de improviso—, quisiera disculparme a nombre de toda mi tripulación y mía.
—¡Ja! ¿Y cree que con eso podrá regresar el tiempo para que podamos volver a empezar con nuestra luna de miel como si nada? — Ron se cruzó de brazos— Sí, cómo no.
—No, no puedo hacer eso, pero sí puedo proponerles algo: que se queden aquí el tiempo que planeaban de luna de miel y que usen nuestro barco imaginándose que es un crucero ¡Nosotros los atenderemos con champagne, con velas, con comida… usaremos uniformes y todas esas cosas! —Jack sonaba entusiasta, pero Smith y algunos piratas hicieron caras de "no estoy conforme" mientras describía el servicio—. Todo será como lo planearon—prometió.
—¿Y qué si no aceptamos? —La explicación lo había dejado completamente indiferente. Él no sentiría jamás ninguna simpatía por esos sujetos así le prometieran la luna y las estrellas.
—Entonces te mataremos y nos quedamos con tu vieja— solucionó Tylor, a su derecha, amenazándolo con su daga. Babeaba a Ron ansioso de ver sangre.
—No, Tylor—. Jack lo apartó de un empujón y encaró a Ron— ¿No me diga que va a rechazar una oportunidad como esta? Casi, casi será como lo habían planeado, ¿verdad, muchachos?
Todos asintieron con la cabeza.
—¿Lo ve? Todos estamos de acuerdo.
—Sí, ya hasta limpiamos el barco de cabo a rabo para que pareciera un crucero de verdad—Informó Elizabeth— ¡Y vaya que nos dio trabajo!
—Pues yo no pedí que limpiaran su cochino barco.
—Sí, capitán—dijo de pronto un pirata inconforme— ¿Por qué lo hicimos? Ya no parecemos piratas, la suciedad es la que nos da nuestro nombre.
—Tranquilo, cuando esto termine lo volveremos a ensuciar.
—¡EHHH! ¡ESE ES NUESTRO CAPITÁN! —rugieron al unísono los piratas.
—¿Entonces qué dice?
Ron lo pensó un momento.
—No.
Intentó levantarse de la cama, pero entre todos lo volvieron a sentar a la fuerza.
—¡Malditos! —Bufó Ron intentando quitarse de encima a quienes lo tenían inmovilizado.
En eso Robison entró y se paró a un lado de Elizabeth. Esta salió por la puerta.
—¿No me digas que vas a desperdiciar esta gran oportunidad? —Dijo Robison— ¡Estás en un barco pirata, por Dios! Mi sueño de niño.
—Lo sabía, tú también estás loco y mejor me voy con mi esposa antes de que nos vuelvan locos también. Tal vez ella ya esté un poco como ustedes, pero nada que una pequeña temporada en el ala psiquiátrica de San Mungo no pueda curar.
—¡Tú eres el loco!— Exclamó la voz de Hermione desde afuera.
—¡Que aún no entre! —Advirtió Robison.
—¿De qué trata todo esto? —Quiso saber Ron— ¿Robison, qué sabes tú?
—Lo que al capitán se le olvidó decirte es que Hermione le pidió que les permitiera pasar su luna de miel aquí.
—¿Qué?
Entonces Hermione entró, los piratas se hacían a un lado conforme avanzaba hacia él.
—¿Me vas a decir que vas a dejar pasar una oportunidad así? —Inquirió Robison alzando una ceja.
Ron se quedó con la boca abierta. Hermione llevaba puesto un vestido como del siglo XlX color rojo, cuyo talle se ceñía por completo a su cintura de avispa, y cuyo escote generoso enmarcaba sus rozados senos. Ron paseó la vista embobado por aquel grácil cuello de cisne, que se le antojaba cubrir de besos, hasta su hermoso rostro, que Hermione afeaba con su característica mueca de enfado, pues había entrado con la intención de darle una bofetada; sin embargo, cuando ella se dio cuenta de que su esposo la miraba alelado y con ojos de borrego a medio morir no pudo evitar sonreír, pues se supo hermosa y de su completo agrado… luego las mejillas se le encendieron, pues ya estaba pensando en concretar inmediatamente lo que no pudieron aquel día desafortunado en el crucero.
—¿Te gusta? —Preguntó con timidez, balanceándose un poco de un lado a otro como si fuera una niña.
Por toda respuesta Ron estiró la mano hacía ella, invitándola a sentarse a su lado. Hermione sonrió y subió a la cama a gatas, avanzando hacia él como si fuera una gatita.
—¡Uy, esto se va a poner bueno!
Hermione y Ron voltearon. A su alrededor ya se habían instalado todos los piratas, Robison y Elizabeth en sillas plegables sacadas de sabrá Dios donde. Traían cuencos con palomitas que comían a puñados y uno de ellos, Tylor, sostenía una cámara con la que los estaba enfocando.
Hermione carraspeó.
—¡Oh, perdón! —Se disculpo Jack y le hizo unas señas a los piratas que estaban más cerca del interruptor.
Apagaron las luces y hubo un pequeño revuelo en la oscuridad. Eran los piratas, que se estaban poniendo sus googles con visor infrarrojo.
—Ahora sí, cuando quieran.
Hermione abrió la puerta de la salida.
—Largo—dijo.
—¡Aaah! —Los piratas se levantaron desilusionados.
Cuando todos hubieron salido, Hermione se apresuró a regresar con Ron, sonriendo coquetamente.
—¿En qué nos quedamos?
Y FIN.
N/A: Ya para irme, quisiera agradecer a todos aquellos que se tomaron la molestia de leer: ¡Gracias! Ojalá y les haya gustado. Este es uno de los fics más viejos que tengo, de hecho fue el segundo que escribí (el primero también es de Harry, lo empecé a subir junto con este, pero como también estaba en scrip lo tuve que borrar temporalmente para evitarme problemas).
Bueno como ya se habrán dado cuenta, la inspiración para escribirlo me vino cuando recién había salido la película de "Piratas del Caribe" (el perla negra). Me acuerdo que ese año hubo muchas películas por el estilo, como "Capitán de mar y tierra" (o algo así) y creo que aquí, en México, o salió la publicación del manga de One Piece o la emisión por televisión abierta, ya no recuerdo bien. El chiste es que las historias del mar pegaban duro en ese tiempo y pues yo no quise quedarme atrás.
Y más explícitamente les dejo la fecha en que acabé de escribir el fic por primera vez, en formato Scrip:
12 de Septiembre del 2003.
Y en acotaciones (o formato novela, dicen unos) para FFNet:
1 de Septiembre del 2011.
¡Nos vemos luego!
Besos.
