Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Sailor Moon, los nombres y los personajes no me pertenecen.
Quiero compartir con ustedes, mi primer fic. Espero que les agrade mucho, ya que le estoy poniendo mucho corazón en este proyecto.
Espero sus reviews, sus comentarios, críticas e ideas..
Capítulo 28
Maldito Encuentro-
Siempre me pregunto, ¿Porque hasta los días más cálidos son como un tempano de hielo? Aun no lo puedo entender.
Los días habían pasado rápidamente como arena escurridiza; Serena estaba contenta por que Darien había empezado a trabajar en un taller de auto muy conocido por la zona, desde ese entonces casi no se veían tan seguido como ella quisiera, cosa que la tenía un poco molesta.
El puesto de trabajo ya era conocido para él, desde pequeño le gustaba ver al vecino que vivía a 2 cuadras de su casa. Cada día después de salir de la escuela el salía corriendo para ayudarlo y verlo reparar aquellos viejos autos y con el tiempo empezó adquirir todos los conocimientos hasta hacerse un casi experto. El local era asombroso, las mejores herramientas y los mejores autos que solo había visto en catálogos los podía ver en ese lugar, hasta se sorprendió al encontrar chicas de otras ciudades trabajando de mecánicas en aquel lugar, algo que lo tenía atónito, nunca imagino ver a una chica delicada arreglando esos majestuosos autos, se veían realmente sexy principalmente una que le llamo la atención era una chica de cabellos ondulados y oscuros, parecía una modelo posando para algún catálogo de chicas, vestida con ese espectacular overol grasiento, ni en sus más mejores sueños logro pensar que un overol sería lo más sexy del mundo. Hasta llego a pensar en regalarle uno de esos a su cabeza de chorlito. Gracias a Karmesite los días en el taller se le hacían placenteros, le explicaba cada cosa con mucho detalle y no solo eso se convirtió en una buena amiga durante sus días allí, en la que lo escuchaba, aconsejaba y lo consolaba.
Serena y Darien por las mañanas se cruzaban en la escuela, pasaban juntos al recreo pero las siguientes horas libres se veían solo para estudiar ya que el poco tiempo libre que tenía lo aprovechaba para adelantar tareas. A los dos se les hacía difícil pero más para Serena, ya que lo veía un poco alejado, quería que él le dijera que pasaba pero siempre él decía que todo andaba bien y siempre la tranquilizaba con una sonrisa y un suave beso en los labios.
Era jueves y Serena se encontraba sentada en la mesita de afuera de la acogedora cafetería, las manos le sudaban por los nervios, no comprendía el porqué de sus reacciones. Inquieta empezó a agitar sus piernas por la desesperación, siempre odiaba esperar pero era tanta las ansias que la carcomían, que llego media hora antes de su encuentro. Algo aburrida empezó a marcar los golpes de sus pies con la mesita de hierro, formando una rítmica canción. Sin sospechar que en un rincón del otro lado del lugar se encontraba Seiya observándole.
Estaba totalmente desconcertado, no podía creer que su Serena era la chica con quien platicaba en ocasiones; -Pink Angel- repetía mentalmente, se preguntaba miles de veces si era una jugada del destino.- Esto es una locura, debe ser una broma, es una broma-re afirmaba y pronunciaba cada vez que la miraba absorto desde aquel rincón. Replico unas cuantas veces y tomando un par de pitadas de su cigarrillo, agarro valor, lanzo el cigarro y se aproximó, justo cuando faltaban 15 pasos para llegar donde ella, alguien desagradable le intercepto.
Ya se había hecho la hora y aun no llegaba él, habían quedado que ella lo reconocería gracias a una guitarra en mano e igual ella llevaría una recostada en su silla. Cuando un estruendoso ruido le saco de sus pensamientos, llamando totalmente su atención hacia un grupo de chicos que abrazaban amigablemente a…
Pov Seiya.
Mis manos temblaban y un frio repentino se apodero de ellas, estaba totalmente nervioso, me detuve por un segundo y no pude dejar de admirarla, se veía completamente bella, simplemente llevaba unos jeans gastados y un suéter viejo de los guns and roses y una chaqueta de cuero, su pelo lo llevaba un poco enmarañado a medio atar, con unos pequeños rizos adornando su cara, se le veía algo ansiosa y pensativa; eso lo podía descifrar por la forma que mordía sus labios, algo típico de ella.
Me dije internamente que tomara mucho valor y caminara de una vez por todas. Cuando faltaban 15 pasos para llegar donde ella, fui interceptado repentinamente por un par de personas que jamás pensé que volvería a ver.
-Hey compadre tanto tiempo sin verte, pensé que te habías muerto la última vez que te vi, creo que para ese entonces poco faltaba- comento irónicamente. No podía estar pasándome esto, que hace el aquí, ¿qué hace Richard acá? y si él está aquí eso quiere decir que…
-Hola cielo ¿cómo estás? ¿No vas a saludarme?- sentí un nudo en el estómago cuando escuche su voz. No quería voltearme, quería huir de allí, mis piernas temblaron cuando sentí su tibia mano tomando mi brazo- ¿no vas a saludarme? – me repitió muy suavemente al oído, pensé que iba a desfallecer. Una tormenta de sensaciones golpeó en mí, No puede ser que aun ella me haga sentir así. ¿Qué hace ella aquí?
- !Ey¡ mocoso saluda, No seas maleducado – basta Richard no lo molestes más- ella lo reprendía como cual niño pequeño - pero Kayu, no ves que esta como idiota allí parado sin hacer nada.
-Hola amigo, tampoco vas a saludarme, soy yo tu viejo amigo Nicolás. - Allí estaba el como siempre con su porte de grandeza, aun no puedo entender como lo considere amigo mío en algún tiempo.
Me volteé hacia la voz de Nicolás y me aleje un poco de ella, su toque me quemaba, al ser más pequeña que yo, mire por encima de ella para saludar a Nico. Y con una sonrisa amarga lo salude, aún no estaba preparado para verla, si con solo sentirla, olerla, me enloquecía, que sería de mi si la volviera a ver a los ojos nuevamente.
El viento abanico sus largos cabellos acariciando mi rostro, logrando que su exquisito olor invadiera mis pulmones. Y su sola presencia se hiciera notar, sentí como su delicada mano tomaba la mía. Me quede taciturno observando su mano sin presionarla con la mía. Como un ente tome su mano automáticamente y me deje llevar por ella, olvidando por completo la razón por la que me encontraba en ese lugar y las mil veces que la odie.
-A lo lejos, muy a lo lejos escuche mi nombre entre los aires pensando que era producto de mi imaginación, después de unos minutos volví a escucharlo pero esta vez como si fuera un susurro. instintivamente mire a mi alrededor buscando sin éxito, un calor agobiante, profunda y atrayente me hizo girar para solo chocar con la mirada de angustia, una mirada que reflejaba no poder entender nada. Seguramente preguntándose por qué diablos no iba donde ella, pero lo que ella no sabe es que en este preciso momento me encontraba embrujado. Serena volvió a llamarme, se veía afligida, pero mi mente no podía reaccionar estaba totalmente egoísta, no podía pensar con racionamiento. Deje de mirarla para ver aquella mano que me aprisionaba. Y me deje llevar.
Caminamos en silencio hasta la plaza del centro, sin darme cuenta estábamos allí los dos completamente solos, Nicolás no estaba por ninguna parte, al notar su ausencia empecé a sudar frio no quería que ella notara que aun tenia poder en mí. Era una combinación de sensaciones creo que en cualquier momento iba a convulsionar por culpa de estas. Mi respiración se hizo cada vez más errática, seguí mirando al suelo hasta que no pude más, tome valor para gritarle – ¿A qué has venido? ¿Apareces solo para joderme más de lo que estoy? Un silencio se apoderó del momento, ella solo me miraba sorprendida y con dolor.
Vi su labio inferior temblar, mojada por pequeñas lagrimas que descendían de sus hermosos ojos. Ver aquello me hizo entregarme a ella, Maldije internamente, no debí verla a los ojos, la tome de la mano y corrí, tome el camino más rápido, abrí desesperadamente la puerta de mi casa al encontrarme frente a mi cama junto a ella quede estático y antes de reaccionar sentí unos brazos que me acorralaban y unos labios desesperados pidiéndome su atención, su sabor era agridulce, como una jugosa piña. Agrio porque me dolía, aun sentía el dolor que me causo, era el recordatorio de lo débil y lo inútil que soy. Los gemidos empezaron dar paso entre nuestros besos, la falta de aire se hizo notable, dejándome nulo, sin entender cuando había llegado a mi cama.
Ella me besaba sin pudor presionando su intimidad con la mía, sacándome pequeños jadeos, me acariciaba, me rozaba el pecho, recorría con la yema de sus dedos por encima de mi jersey, con el peso de sus piernas presionaba mi entrepierna y la amplitud del colchón iba cediendo a nuestros cuerpos y nos hundíamos más y más así, pegados, soldados uno dentro del otro y sentía que flotaba ante cada caricia de ella en mi carne.
Me besó la cara, los ojos, la boca, me llenaba de besos y de pasión, me repetía lo hermoso que era, lo deseable que era y lo excitada que estaba. Yo sentía que estaba mareándome de deseo, pero no podía quedarme así de inmóvil, quería que ella se encendiera más y más, quería arrancarle los mismos gemidos que le había arrancado su ex.
Completamente apasionado comencé a dejar que mis manos la recorrieran, como la última vez, le acaricié la espalda de arriba hacia abajo, descendí por su espalda llegando a sus nalgas, apretando sus caderas más y más hacia mí, hasta que sentía que la dureza de mi entrepierna la perforaba, mientras que su respiración se agitaba en mis oídos y sus caderas se movían refregándose contra las mías.
-¡Te quiero follar!-, le dije despacio al oído, un suspiro salió de su boca y eso me encendía porque estaba dicho desde una pasión profundísima,
-¡Hazlo! ¡Deseo sentir que aún me amas!- Me decía al oído. La boca de Kayu descendía por mi cuello, su lengua se había convertido en una suave pluma que me recorría el pecho y dejaba a su paso caricias de fuego; Caricias que me quemaban el alma, estar con ella era confuso, porque confundía mi mente y mi corazón, simplemente no podía razonar. Sentí rabia al escucharla recordarme cuanto la amaba. Como podía exigirme que la ame, cuando mi corazón lo rompió en mil pedazos y termino de matar la poca alma que había en mí.
Mis manos habían quitado su camiseta y su pecho había quedado expuesto a mis ojos, a mis dedos y a mi boca. Le baje rápidamente el sujetador y dedique a besar cada uno de sus pechos, a encerrarlos entre mis manos uno a uno y quedarme un buen rato besándolos, lamiéndolos, tocando con la yema de mis dedos sus grandes pezones, recorriendo el contorno y pellizcando el centro para después hacer lo mismo con mi lengua. Hasta hacerla gritar.
Su espalda no podía dejar de arquearse y elevarse hacia mí, mis caderas seguían soldadas a las suyas y mi erección me quemaba, no veía el momento de poder quedar libre de toda esa ropa y poder sentir de una vez por todas todo el esplendor de su cuerpo contra el mío y ofrecerle la pasión que me estaba matando y las ganas de demostrarle quien de verdad la amo.
Mientras yo seguía dedicado en sus pechos, comenzó a quitar mi camisa mientras sus manos vagaban por mi espalda – Extrañaba tanto tocarte, sentir la suavidad de tu piel, esa piel que me fascina, sentir tus músculos tensos, duros, listos para dejar que tu cuerpo se amolde perfectamente al mío. Kayu me miraba con lujuria y con amor, o eso era lo que yo quería creer.
Acaricio mi espalda en círculos, subió y bajo por sus hombros, descendió un poquito con su boca para poder besar mi pecho y se entretuvo mordiendo levemente mis tetillas y así escuchar como aumentaban mis gemidos hasta convertirse en profundas exhalaciones de placer. Un frio recorrió mi cuerpo haciéndome temblar, una ráfaga de viento pasaba por la habitación. Mientras tanto yo quería más, no quería hacerle el amor, quería follarla hasta hacerla perder la razón, no pronunciábamos palabra, nos dejábamos llevar por las sensaciones y los únicos sonidos que se escuchaban en el lugar eran los de nuestros besos y nuestros gemidos.
Estábamos consumidos de deseo y yo no daba más, estallaba ante cada movimiento de Kayu, no creía que su cuerpo fuera capaz de dar tanto placer junto, lo que si estaba claro que el resultado de ese placer era la mezcla de pasión, amor, odio y dolor. -¡Sácame los pantalones, por favor!-, me pedía ella - , necesitaba sentir la piel de mi mano junto a la piel de su vagina, no quería más que eso.
Me sonreía ante su pedido e inmediatamente lo hice, baje el cierre de sus jeans y rápidamente los deslice por sus piernas, quedando frente a mis ojos sólo en ropa interior.
Las mismas caricias que había hecho hace instantes, las repetí sobre su centro, con la diferencia de que ahora mis dedos se hundían en la carne de su vagina, sentía como mis uñas arañaban muy despacio sus paredes, queriendo darle placer y dolor; presionaba con la punta de mis dedos tratando de meterme en ella.
-¡Estás mojada!-, le dije suavemente, casi susurrándole y era cierto, hacía rato que había sentido como me estaba humedeciendo y ahora lo podía comprobar al sentir la humedad por encima de la tela de su ropa interior.- ¡Te deseo tanto!, ¡Te deseo tanto!-, repetía sobre mi boca una y otra vez mientras me daba besos furtivos. – Bésame allá abajo- me suplico- en otro momento lo hubiera hecho pero era tan íntimo hacerlo que deseche la idea y prefería profanar su boca con mi lengua y hacerla olvidar.
Acaricio mi entrepierna con los pantalones puestos, sus manos fueron y vinieron por encima de la rústica tela que cubría mi gran erección, estaba duro, hinchado, inflamado de deseo.
Sus manos fueron directo a mis pantalones bajándolos con rapidez, liberando mi enorme erección, se veía fascinada con lo que se había encontrado. Obviamente me había desarrollado no era aquel niñato que había roto su corazón. Ella no dejaba de admirarme y sin preámbulo alguno se lo llevo a su amplia boca, un par de lamidas más y la aleje de allí, ese acto ya no era tan placentero como antes, yo solo quería entrar en ella, hacerla mía y que me ame. No pude más y necesite preguntarle si me amaba.
-¿Que sientes por mí? ¿Qué quiere de mí? – le pregunte suplicante, la mire a los ojos cuando respondió que me quería a mí, que me extrañaba. Mi pecho se hincho de orgullo al escucharla decir eso, estaba seguro que había vuelto por mí y sin previo aviso me introduje en ella.
El empujón le arrancó un pequeño quejido de dolor, comencé a moverme, ella empezó a seguir el ritmo de mis embestidas, de mis entradas y salidas. -¡Me gusta, Spunk, me gusta mucho!... Hummm, ¡sí!-. Escuchaba su voz suspirando. La penetre con fuerza, con rabia hasta sacarle gemidos de dolor, la embestía una y otra vez, me sentía vacío y solo recordaba sus palabras que aturdían y destruían mi alma, los recuerdos de ella burlándose, acostándose con él. Aquellas imágenes se repetían una y otra vez causando tanto dolor cegándome por completo. Seguro la estaba lastimando pero no se compara con el dolor que me hacía sentir, a lo lejos la escuchaba decir que me amaba, pero mi voz la bloqueaba, solo podía escuchar mi voz – ¿por qué?, ¿Por qué?, ¿por qué? si yo te amo. – Fue tan distinto escucharme decir aquella palabra, me sentía como un traidor. Salí del trance cuando un fuerte azote de puerta tomo el protagonismo de mi patético monologo. Mientras tanto sus paredes me aprisionaban hasta lograr que llegara a un explosivo orgasmo, cansado apoye mi cara en su pecho y al secar el sudor de mi rostro me encontré que aquello no era sudor si no mis molestas lágrimas que fluían de mí.
El silencio se hizo incomodo en el desenlace. Después de unos minutos ella repitió que no me lastimaría más, que había vuelto por mí y que me amaba.
Después de un momento ella se levantó de mi lado para buscar algo tibio para beber, la observe detenidamente cada uno de sus pasos, aun no podía creer que ella estuviera aquí, instintivamente toque la cicatriz de mi mano izquierda, ido en mis pensamientos reaccione cuando ella me hablo.
-Amor me parece que la gente de tu vecindario no respeta las casas de otros.- la mire como si le hubiera salido una segunda cabeza- era extraño escucharla llamarme de ese modo, creo que jamás me sentí merecedor de su amor, soy tan poca cosa. - ¿por qué lo dices? Le pregunte mientras la abrazaba. ¡Si soy un maldito emo.!
-Por qué una chica rubia punk vino a tu patio exclusivamente a tirar su guitarra inservible. – ¿Rubia? ¿Guitarra? Abrí los ojos en par en par y salí corriendo de mi casa, solo llegue a ver su melena desaparecer, no tenía caso gritar ya se encontraba lejos, mire al suelo extrañado y vi su guitarra rota, definitivamente era Bombón, esa guitarra la reconocería de aquí a la china, cuando la ayude a componer la canción del concurso del instituto en uno de sus descuidos le firme dentro de ella, me agache a tomarla, era una lástima que estuviera así, de allí reaccione y de un susto me levante ¿ Algo le debió de pasar, ella me esperaba con ella a su lado y ¡estaba bien!, la volví a mirar detenidamente y tenía restos de sangre. Asustado entre a casa, me puse lo primero que vi y salí corriendo de mi casa, a lo lejos solo podía escuchar a Kayu insultándome por dejarla sola así no más.
Pov de Serena
Estaba totalmente desesperada, siempre odie esperar; la emoción y la angustia me carcomían, moría por conocerle, a pesar de no conocerlo lo consideraba mi amigo, para mi este encuentro seria como si mi viejo amigo volviera de un largo viaje y hoy seria nuestro gran reencuentro.
Mientras tarareaba una canción, me entretuve mirando a la gente pasar, para cuando el mesero me traía una taza de café, me encontré con la gran sorpresa de ver a Seiya. ¡Uf! Suspire de alivio, pensé que mientras, podía pasar el tiempo hablando con el tonto de Seiya, y así se pasaría el tiempo más rápido, bastante motivada por verlo le grite para que me acompañara pero no me escucho, se veía algo descolocado, hablaba con un grupo de personas que nunca los había visto en la zona, eran dos chicos y una chica de hermosa cabellera, jamás sentí envidia por nadie pero al verla me sentí menos junto a ella. Me levante para acercarme un poco más, a ver si esta vez lograba llamar su atención, le grite repetidamente pero él no reaccionaba hasta que lo vi mirarme, me sonreí al lograr llamar su atención pero aquella chica lo tomo de la mano y vi la cara de terror de mi amigo y lo alejo de allí. Me sentía desorbitada, me tomo un par de minutos para reaccionar volví a la mesa y tome mis cosas, le deje una nota al mozo para que le avisara a Spunk que me perdonara que tuve un inconveniente.
Tome las cosas y corrí tras ellos, cuando casi los logre alcanzar solo se encontraban Seiya y aquella chica, la observe un poco más y a pesar de ser una chica hermosa me transmitía desconfianza. Pensé que habría pasado algo grave por que los vi correr yo simplemente los seguí, quería saber cómo estaba el, me tomo un tiempo llegar a su casa. Por culpa de mis cordones me tropecé y caí al suelo rompiendo mi guitarra, y raspándome en las manos, totalmente enojada agarre lo que quedaba de ella y me dirigí a su hogar, la puerta de la casa estaba entre abierta, sigilosamente entre en ella, el silencio era aterrador, hasta llegue a pensar que seiya no se encontraba, hasta que escuche unos murmullos, me acerque a su habitación me sentía asustada por él , capaz ella era un familiar o alguien cercano y le había dado una mala noticia, tenía miedo de verlo mal, pero cuando entre en aquella habitación, mi mente se negaba a creer lo que estaba viendo. Seiya estaba con aquella chica hermosa haciendo el amor, no era sexo, se veía la pasión en él.
Él la embestía una y otra vez y ella lo miraba con pasión repitiendo cuanto gustaba ella de él, cuanto ella gustaba de Spunk. Spunk Spunk… ¿por qué lo llama así? ¿Por qué?… no entendía que sucedía, ¿qué hacia él con ella?, ¿quién es ella?, ¿por qué ella lo llamaba así? ¿Qué hacía haciendo el amor con ella? Las piernas me empezaron a fallar, estaba en shock, en cualquier momento podía caer. Salí del trance cuando lo escuche decir los mismos ¿por qué? Que yo hacía, pero lo que más me dejo fuera de sí, fue escucharlo decir que la amaba. Creo que mi cuerpo iba convulsionar el frio y dolor era intenso, toda en mí no paraba de temblar hasta que cayó de mis manos mi arruinada guitarra, la tome desesperada y salí de aquel lugar tirando la puerta al salir y dejando un sonido sordo en ella. Tropecé nuevamente a la salida de su casa, mis manos aun sangraban tenía una pequeña pero profunda cortada y mis rodillas ahora las acompañaban, sentí un dolor inmenso en el pecho, mire mis manos para ver la gravedad de ellas pero por culpa de las malditas lagrimas no podía verlas como se encontraban en realidad.
Me levante apurada, tras escuchar pasos acercándose a mí y sin pensarlo más deje la inservible guitarra en el suelo y me fui a mi maldita casa.
