0_0 Mi bandeja de entrada del correo tenía como 10 o mas mails relacionados con la historia ¡Me hacen tan felíz! Muchas gracias por sus Faves, comentarios y Alerts.
-Muy bien ¿No tienes hambre?- luego de contemplar mi hermosura en el agua, decidí que era educado invitarla a comer, tal vez tuviera alguna que otra manera de librarme de ella y recuperar la corona. Mi palacio... De verdad, quiero un palacio.
-Un poco... ya es la hora de la comida.
-Ah, conozco un restaurante de por aquí, llamado el Hábito. Se tardan mucho en servirte pero comes bien.
-Bueno... los monjes son buenos. ¿Porqué no?
Y ahí teníamos la taberna, muy linda por fuera. Pero por dentro, harta de rufianes de toda clase... ningún rival digno para el grandioso yo.
Al ver a la chica del cabello largo y a su apuesto acompañante, era obvio que iban a atendernos bien. No, nos cerraron la puerta y un tipo señala el cartel que tenía en su mano.
-¿Eres tú?
Levanté su dedo: Mi retrato me desgraciaba. Me dibujaron una nariz ENORME, enorme como mi... bueno, es horario familiar, no debería decir esas cosas. ¿Es que los dibujantes del rey no saben dibujar una cara tan apuesta y con una nariz romana tan bella como la mía?
-Eso ya es crueldad.- me quejé.
Y no es que sea cobarde... es que esos tipos tenían todos los impulsos de que me iban a echar al cazo de los frijoles y comerme vivo en burritos solo por el dinero que sería entregarme a la justicia.
-¡Alto! ¡No lo maten!- en menos de un santiamén, Érzi, como le diremos de cariño, los knoquéo con la sartén- ¡Él es mi guía y lo necesito! Tengan compasión ¿Sí? ¿O acaso nunca han tenido un sueño?
Los rufianes la miraron y uno, rubio de ojos azules, le sonrió.
-Yo sí. He soñado con un día llegar a ser un gran cocinero.
Otro por allá añadió -por cierto, vestía como Torero-.
-¡Yo sueño con encontrar al amor de mi vida!
-¿Y tú, Gilbert?- me preguntó Érzi sonriendo. Nunca había conocido a alguien con tanta energía
-Yo sueño con un gran palacio en una isla, tener muchas sirvientas sexys que respondan a mi grandiosa voz.
Todos me abuchearon "que por que mi sueño era malo". ¿Que saben ellos de la grandiosidad?.
El caso es, que cuando vimos que el ejército del rey venía para acá -junto con ese desgraciado caballo con complejo de Héroe-, ya no supimos que hacer: Érzebeth sabía que yo estaba en malas relaciones con la justicia.
Escondidos bajo la barra del bar, escuchamos llegar a los soldados y revisar a cada uno de ellos. El rubio y el torero me miraron y señalaron un pasadizo, el cual abrieron.
-Gracias François por ayudarnos otra vez, compadre- le dije ¿Señalé que ya le conocía? Ah no, porque estoy mas ocupado hablando de mí. Es un buen tipo.
-De rien, Gilbert. Anda, ve por tu sueño.
-Eso haré.
-Le decía a la chica. El tuyo, es un asco- dijo Antonio, otro de mis grandes compadres.
-Gracias por ayudarme en esto, chicos- dijo Érzebeth y les dio un beso en la mejilla a cada uno, para luego escapar conmigo
Mientras la parejita principal huía por el pasadizo, los rufianes entretenían.
-Me parece que soy yo al que buscan.
-¡Que va, tú no te pareces!- dijo otro. Y entonces que aparece el caballo del cual mucho se ha quejado nuestro ladrón. Contempló el tugurio ese, donde había hasta un pinocho (tan malos no son despues de todo), las mesas de madera y sillas de barril.
-¡Alfred!- dijo el guardia al ver al caballo. Este, en su pose habitual de Héroe, comenzó a olfatear el piso y señaló. Ya sabían por donde buscar.
Mientras tanto, Madre Francinne volvió a la torre, entrando desesperada por la puerta oculta.
En efecto: su amada flor había escapado de casa. Y la corona le había dado la idea de porqué lo había hecho. Así que salió a su búsqueda, deseando darle un buen escarmiento por haberla traicionado.
-¿Cuanto nos falta para llegar?- preguntó Érzebeth, ya un poco cansada de tanto caminar. El sol parecía que se iba a poner en una media hora a lo mucho.
-Creo que mañana estaremos allá. Si quieres, nos detenemos aquí esta noche.
El pollito y el ladrón se retiraron unos minutos a buscar leña para mantenerse calientes en la noche, pero por eso Gilbert se había hecho una cortada con una astilla muy grande. La chica de largo cabello lo notó y lo detuvo.
-Espera.- tomó su cabello y envolvió la mano del chico en el mechón.- Por favor, no entres en pánico.- cerró los ojos y comenzó a cantar- Flor que da fulgor,
Con tu brillo fiel, Vuelve el tiempo atrás, Volviendo a lo que fue. Quita enfermedad, Y el destino cruel, Trae lo que perdí, Volviendo a lo que fue. A lo que fue..
Sí, entré en Panico en ese momento. Pero sus ojos me tranquilizaron. Ella me tranquilizaba, siendo mas exacto.
-¿Desde cuando puedes hacer esto?
-Desde que recuerdo. Por eso estaba oculta. Madre Francinne dice que... este don es precioso y la gente desea mi cabello.
-Comprendo.
Sonriendo, me miró. Sus ojos tenían una inocencia muy particular.
-¿Y tú que tienes que contar?
Bajé la mirada.
-Nah, no creo que sea muy interesante la vida de un pobre huérfano.- pero su sonrisa, invitaba a seguir contando- Le contaba una historia a lso niños del Orfanato. El que mas encantado estaba era mi hermano Ludwig. Era sobre un hombre rico que hacía lo que quisiera con su dinero. Y para alguien que no tiene nada, eso lo era todo. Desde entonces, quiero poner una casa para vivir juntos mi hermano y yo.
Parecía que escuchaba atenta. Se veía muy linda.
Y por un momento en mi vida y para siempre, pensé que sería bueno cumplir su sueño. Quiero decir, con tal de que ella sonriera así siempre.
-Bueno, voy por mas leña.
-¿Te puedo decir algo? Yo creo... que tu sueño no es tonto.
-Eres la primera que me lo dice, gracias.
Definitivamente, esa mujer debe ver su sueño hecho realidad.
Madre Francinne logró encontrar a la muchacha, pensando confundida sobre el albino.
-¡Amor, chèrie! ¡Que bueno que te encontré! ¡Venga, vamonos para la casa!
-No madre. Llegaré a ver esos faroles.
Los ojos azules la miraron con cierto desdén, similar a la desdeñosa niebla que las rodeó.
-Te herirán.
El habito: Chiste local. Es un restaurante donde vivo, se tardan hasta media hora para servirte... un café. Lo maximo que hemos soportado, hora y media. Comes bien, el problema es el servicio, es verdad.
