Siguiente capitulo, cada vez menos para el final.
Usé parte del cuento original esta vez.
Cuando abrí los ojos no había nada. Todo era negro. Es decir, no era de noche, porque no había luna. Ni siquiera las lámparas de esa noche, ni la luna, ni siquiera alguna leve luz a la lejanía.
Ni la luz de sus bellos ojos verdes.
Estaba ciego. Francinne, con una aguja había sido la criminal.
-Mon ami, deja de quejarte.
-Debo poder verla, François, maldición.
Antonio y el rubio me encontraron en el bosque, la cara posiblemente ensangrentada. Desorientado. Ellos me vendaron los ojos.
-Debo de encontrarla. Cueste lo que cueste.
El español debió de dar un suspiro de compasión por mi desesperación. Ya que me tomó la mano.
-Gilbert, puede ser que la ames demasiado, pero te costará trabajo encontrarla siendo ciego.
-La encontraré.
-¡Nos vamos, Érzebeth!
Ella no se pudo quejar. Luego de que el desapareció, con la corona, tras ese bello momento, se sentía herida. Sola otra vez en su nueva torre, con el pollito Gilbird.
Hasta que un día, le ató una carta a la pata al pollito. Era un atardecer rojizo, como sus ojos.
-Dale esta carta. Por favor.- le dio un beso a Gilbird y este partió.
¿Como la encontraría? No importaba. Tras aprender a caminar con un bastón, falsificado otra identidad, y hecho de Fran y Toño mis cómplices, que me seguirían de lejos -ellos siempre se detienen a ligar, en mi estado ni como. Pero si pudiera ver les ganaría, porque soy grandioso-, tomé el camino, buscando la torre. Con mi caballo-nuevo-amigo-fiel Alfred.
Llegamos a la torre donde la encontré. Su olor seguía ahí. El eco de su risa, de su canto.
Sin embargo faltaba Érzi.
-Lo siento- dijo Antonio, poniendo su mano en el hombro.
-Viene algo.- me dí la vuelta, oía un pío de lo mas grandioso.- ¡Gilbird!
Seguro mis amigos se quedaron de piedra.
-Chérie ¿Tienes mascota aparte del caballo?
-¡Este pollo es muy grandioso para ser mascota!- lo acaricié- ¿Como estás precioso?- un pío por respuesta. Tenía algo en la patita. Lo tomé y era un papel. Suspiré, porque al tacto parecía una pequeña carta y no podría leerla.
-¿Era de ella?- preguntó Antonio. Asentí y tomó la carta para leerla.
¿Qué debería hacer? no logro entender
Ya no me importa que nos hundamos aún más
Amarga como sal, no la he vuelvo a probar
Porque yo aprendí tí lo que era el placer
Tu amor que siempre fue de lo más dulce que
Hubiera deseado y yo solo quiero despertarme.
-Erzebeth
-Con mayor razón la encontraré. Gilbird, guíanos a ella.
No puedo suponer que caras hacen pero seguro otra vez pensaron que estaba loco por ir tras una mujer que aseguraba que quería escapar de su sentimiento. En mis locuras no me seguirían
Pero lo mas inquietante fue que François reconoció el papel.
-Es de mi hermana, Francinne, la bruja.- suspiró- No hay mucha oportunidad si ella tiene a la chica de cabellos dorados consigo. Érzebeth debe ser muy poderosa, si puede curar.
-La venceremos. Y ella será libre.
Mientras tanto, en la tore, esperando una respuesta del de cabellos platinados, la chica volvió a ver el unico recuerdo de aquel día: un pañuelo. Un pañuelo con el sol dorado estampado en él. Miró en su habitación y toda ella estaba pintada con esos soles, pero escondidos en un hada, en un espacio entre las nubes.
Y su mente comenzó a girar. La corona, la niña del mural.
-Yo soy la Princesa.
No mas miedo, no mas temor a quedarse ahogada en sus sentimientos ahora que sabía quien era.
Capítulo corto.
La carta de Elizabeta en realidad es unos versos de Aimai Elegy (Elegía al amor perdido) de Deco*27 con Marina -no Gumi- y me pareció apropiada porque en otros versos ella dice sentirse "ahogada", perdida, temerosa.
