Ultimo capitulo, con epilogo.


Francinne no estaba muy sorprendida cuando vio al Mal Trío (y de agregados el caballo y el pollo). Los esperaba, francamente, habiendo notado lo que sentía el albino por la muchacha. Por eso le había quitado la vista.
Érzebeth solo pudo ver como ella sonreía malvadamente luego de encerrarla en un armario, amarrada.

-¿Eres tú?
Gilbert avanzó seguro, hacia la mujer que hablaba, olía y caminaba como Érzebeth. Sus amigos debieron de haberle detenido, pero para ellos, no había diferencia entre la chica que habían conocido en la taberna y la que se presentaba ante ellos.
Y fueron las manos sin moral del albino lo que le confirmaron la información.
-Érzi tenía más al frente.
El francés y el español solo pudieron golpearse la frente, casi a punto de decirle tarado.
El pollito, mientras tanto, reconoció que esa no era su dueña y se lo indicó al español, mientras François y Gil le hacían batalla a la hechicera, que retomó su forma apenas con esa declaración.
-El ciego que por amor hará una tontería y mi tonto gemelo... ¿Como es que sigues viviendo, si yo soy la que encontró la fórmula de la inmortalidad?- se burló Francinne.
-Somos un espejo, soeur, como tú existes, existiré yo.- respondió con el mismo tono su hermano, invocando un hechizo con los gestos de sus manos.

Antonio, por su parte siguió al caballo héroe y al pollito, dentro de la nueva prisión de la muchacha, llevando de la mano al albino.
-Tiempo aquel... persiguiendo un sueño- susurró Gilbert, caminando a tientas- Tiempo fue en la obscuridad
-Eh... amigo, no es tiempo de ponerse a cantar- le dijo Antonio, mirando hacia atrás asegurandose de que François les cubriera la espalda, para que la bruja no les hiciera daño.
Al ciego no le importó, continuó cantando, buscando a través de las puertas de la torre.
-...Si aquí está, me es fácil ver...
Calló, esperando respuesta. Una voz clara como el cristal respondió.
-...Trae lo que perdí, volviendo a lo que fue... a lo que fue.
-¡Érzi!- tocó la puerta desesperado. Aunque ¿Que pensaría ahora que lo encontraría ciego?
-¡En un momento te sacaremos!- continuó Antonio. En lo que Fran había entretenido a su hermana, él se había logrado escabullir y le había robado las llaves. Las revisó rápidamente, eran 36, y tomó la número 18.
Abrió perfectamente, mostrando a Elizabeta atada, en un cuarto sin ventana alguna. Su larga cabellera resplandecía aún, por la canción mágica de la flor. Ella sonrió aliviada hasta que vió los ojos turbios de su amado. Este caminó lentamente hacia ella, guiándose por el instinto un poco.
-Ya sé que no esperabas verme así- se puso de rodillas y le tomó la cara entre sus manos. Podía sentir las lágrimas tibias de la muchacha deslizarse por sus mejillas para caer en sus manos.
-Fue ella. La mataré- declaró. Su cabello, de algún modo, cobró vida y derritió las cadenas que la ataban. Salió de ahí con paso seguro y se dirigió a donde estaba François, casi vencido por su hermana.
-¿Tan débil eres? Nunca aceptaste los poderes de la oscuridad- se rió la rubia. En eso, sintió la fuerza de una cuerda muy suave: el cabello de Elizabeta, habiendo sido lanzado por su dueña.
-¡Ya no mas, Francinne!- rugió, tirando de su cabello- Toda mi vida, encerrada aquí, porque estaba mas segura. Pero el verdadero peligro siempre fuiste tú.
-¡Suéltame, mocosa!- gritó a su vez la malvada mujer, sintiendo como el aire se le acababa. François se levantó preparando el hechizo definitivo. Avanzó hacia ambas, sacó una espada y cortó la cabellera, que al instante se tornó castaña.
-Ahora, quédate encerrada en tu delirio, hermana- terminó al decir el hechizo y el cabello se convirtió en un tronco torcido, donde solo de muy cerca se escuchaban los gritos de furia de la mujer.
Asombrados, los tres que podía mirar, contemplaron el árbol. Gilbert solo sentía las malas vibras de esa zona.
-El poder...- suspiró Elizabeta- Lo perdí antes de poderte curar, Gil.
-Aún queda algo- le dijo Fran, poniendo las manos de ambos juntas.- Y perdona, me dejé llevar.
-No lo hagas si no quieres.- respondió el chico.
-Quiero.- le dio un beso en los párpados, con ternura- Y te quiero.

Epílogo.

Después de que recuperé la vista gracias a ella, por su tono de pelo y la marca que tenía en un brazo, descubrimos que era la Princesa que todos habían buscado por años. Los reyes la reconocieron y tomó la posesión de su poder. A nosotros, por haberla ayudado, nos convirtieron en caballeros y nos perdonaron.
François desapareció poco después.

Su color de cabello original era castaño claro, nació rubia por la flor del sol.
El caballo con complejo de héroe, fue nombrado capitán de la policía luego de que regresamos ¿Pueden creerlo? Y el grandioso Gilbird conoció una linda pollita. Ya tienen mas de tres decenas de hijos.

¿Y nosotros?
Bueno... esperemos no salga con el cabello color rubio el futuro heredero. Se ve tan emocionada por ser madre que pasa el día entero tejiendo.
- ¿Otra vez les estás contando ese cuento a los niños del orfanato, Gilbert?- se rió la Princesa Elizabeta, al aparecer en la sala del palacio donde su esposo recibía a los niños una vez a la semana.
-¡Es la historia del grandioso yo... y la grandiosa Rapunzel!


Soeur: Hermana.

Espero les haya gustado :D