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Capítulo Único
POV Nanoha Takamachi
"Era temprano por la mañana. Me dirigía a mi nueva escuela, no quedaba lejos del lugar en que actualmente vivimos. Tenemos poco tiempo de habernos mudado a esta ciudad con mis padres y mi hermana menor. La dinámica de mi familia consiste en mudarnos cada cierto tiempo, es por el trabajo de mis padres. No me quejo, pues vivimos bien, y lo más importante, yo los amo, y no quisiera estar en un lugar sin ellos, es lo que toca.
La nueva escuela es bastante grande, la fachada es impresionante, que curioso que haya un reloj alzado en la puerta del edificio principal, bastante ancha y amplia también. Cambio mis zapatos y me dispongo a ir a mi salón. El año comienza, estoy en mi segundo año de preparatoria, para variar, si algo tengo de que quejarme, es justo esto. No poder estar un largo tiempo en un lugar, no me permite estar mucho con las personas que conozco, una y otra vez, he tenido que dejar a mis amigos atrás, con muchos de ellos aún tengo comunicación, pero…no es lo mismo.
Suspiro mientras cruzo por los pasillos. De seguro en la clase que me toque, la mayoría ya se conocerán, serán amigos, sospecho que será difícil unirme a un grupo. Suspiro otra vez, que fastidio, y que molestia, hay quienes se me han quedado mirando mientras cruzaba el pasillo y justo ahora al entrar al salón, ¿Acaso tendré algo en la cara? Bueno no importa.
Lo mejor es que vine temprano, casi no ha venido nadie, me gano la silla del fondo a la esquina, je, como todo buen cliché de anime. Sonrío y me preparo para el comienzo de las clases.
Entre más personas llegan al salón, me pongo más nerviosa, no soy muy buena socializando, más porque, en efecto todos parecen llevarse bien, hay grupitos aquí y por allá, genial, seré la nueva del salón. Pero en el exterior aparento, estoy seria, e intento no tener expresión en mi rostro, veo mi libro que traigo para momentos como este, no estoy leyendo por supuesto, observo el entorno en el que me desenvolveré el tiempo que dure estar en este lugar.
Cinco minutos antes de que suene el timbre, ocurre una singularidad, un sujeto alto entra al salón haciendo un estruendoso ruido, al deslizar abruptamente la puerta abriéndola por completo, tiene el cabello negro corto, un poco desarreglado, usa lentes cuadrados, sus ojos son negros y tiene una mirada profunda, su ceño fruncido, le da el aspecto de estar molesto, su chaqueta desabotonada, tienen el estilo de típico rebelde sobre todo por su complexión robusta. Ha entrado y se sentó justo a la par mía, es decir a mi derecha, no me ha mirado si quiera, aunque pensándolo bien, es mejor así. No, no, no, no puede ser que esto me pase a mí. Mientras esto sucedía, hubo silencio en el salón, pero no todo había terminado.
Un breve minuto después, entró otra persona más, llevaba la misma expresión molesta que el anterior sujeto, pero no era un chico, ésta vez era una chica. Cabello rubio, sus ojos eran peculiares, un rojo brillante con un reflejo profundo extraño, nunca había visto unos ojos así, su piel tan clara, casi como papel, dos cosas inusuales en alguien japonés, sin embargo, su complexión era delgada, con cintura bastante marcada, chaqueta desabotonada y arremangada, blusa por fuera, falda extremadamente corta…por los cielos ¡está mujer es una delincuente! ¿qué hace en ésta escuela? No, cálmate Nanoha, solo no te involucres y ya está. Por suerte para mí, la delincuente se sentó a la par de su compañero, creo que ella es más intimidante que él.
Así como el silencio comenzó, terminó, y el bullicio comenzó nuevamente en el salón, hasta que sonó la campana que daría inicio al nuevo ciclo escolar.
Los días pasaron lentamente desde esa fecha. Lo que puedo recordar es que, como la chica nueva de la clase me tuve que presentar. Me encontraba nerviosa, pero hice acopio de mi fuerza de voluntad, y caminé a paso firme, me paré frente a todos con mi rostro serio, no pude evitarlo, si sonreía sentí que tartamudearía y no quería eso, dije mi nombre fuerte y claro.
-Mi nombre es Nanoha Takamachi, tengo 16 años y…- dije un par de cosas impersonales más. Creo que fue la forma en que me presenté, pero la mayoría quedaron maravillados por mi "forma de hablar", me puse tan nerviosa que, mi mirada se posó, en aquella quién, no cambió de expresión a pesar de yo presentarme, y justo era esa chica. No parpadeé, y ella tampoco, la mirada de ella era intimidante, pero no bajé mi mirada, luego me dirigí a mi sitio, y nuestra conexión terminó.
Al receso hubo un grupo de estudiantes que vinieron hacia mi asiento bombardeándome de preguntas, curiosos supongo, las chicas me preguntan cómo es que mi cabello era de un cobrizo tan marcado, y los chicos qué de dónde venía y esas cosas, fue agobiante, pero gracias a eso, pude comenzar a relacionarme con algunas personas.
Conocí a un grupo de chicos con quienes congeniaba genial. Arisa, Suzuka, y Yuuno. Gracias a ellos logré adaptarme desde el inicio, logrando que dejara de sentirme fuera de lugar, y también así logré comprender un poco de las cosas que suceden con los otros estudiantes de nuestro salón y una que otra cosa de la escuela.
Así es como supe que yo tenía razón ¿cuándo no?
Efectivamente, esa chica, que resaltaba por su inadecuada forma de vestir y su actitud tan "particular", era una delincuente problemática, si mal no recuerdo, me dijeron que su nombre es Fate T. Harlaown.
Al parecer solía meterse en problemas con algunos profesores, y peleaba con uno que otro alumno de vez en cuando, sus notas no eran buenas, pero alcanzaba la mínima para pasar. En cuanto al chico que se sentaba a la par mía, era amigo de Harlaown, se llama Bardiche, el único amigo de la delincuente, me compadecí un poco, pero luego recordé, que, a los delincuentes, no hay que compadecerles. En conclusión: ¡No debía acercarme! ¡Ni que estuviera loca! Mucho menos relacionarme con ella. Seguí mi vida escolar tranquilamente, en mi mundo, en mis cosas, mis estudios, tanto que fui la que obtuvo las mejores notas del salón en el primer semestre.
Las cosas iban de maravilla, mis padres pasaban más tiempo conmigo de lo usual, la ciudad era pequeña, pero muy moderna, la escuela me gustaba, estar en este pequeño pueblo, me hacía sentir tan relajada, nada podría ser mejor, nada podría arruinarlo.
¿Por qué tenía que hablar? Sí, algo pasó, y me quitó la paz que tenía, como no podía ser, una vil delincuente que rondaba mis caminos.
Fue en una tarde en que la lluvia cayó de improviso, tuvimos que quedarnos más tiempo en la escuela de lo necesario, el problema fue que se hizo muy tarde. Mis padres llamaron, pero les dije que no se preocuparan, que yo podía regresar sola a casa, ¿Nanoha cuando aprenderás? Las chicas me acompañaron una parte del camino, después seguí yo sola y sin darme cuenta…me perdí.
Al comienzo me asusté, así que respiré profundo para mantener la calma, es en estos casos para los que se necesita un celular inteligente, el siempre confiable ¡Google maps! Lo revisé unos minutos, hasta que establecí la ruta de vuelta a mi casa, no me encontraba muy lejos, decidí que podía sola…hay, Nanoha. Los negocios a mi alrededor estaban cerrando, las calles tenían un aspecto oscuro inusual, me crucé una calle poco concurrida, casi no se encontraba nadie caminando por las calles, no muy lejos había un bar, por ver hacía allá, no me di cuenta que unos tipos interceptaron mi camino, dos al frente y uno detrás mío.
- ¿A dónde vas preciosa? - comenzó uno, ninguno se veía nada amigable- ¿No quieres acompañarnos a dar un paseo?
Si soy sincera, me da más miedo la oscuridad que estos idiotas preguntando estupideces. Claro que no estaba asustada, una cinta negra en karate y que práctica taekwondo, no podría estarlo, era más lo molestia por tener que romperle la cara a estos abusivos.
- ¿Serías tan amable de dejarme pasar? - Juro que intenté ser amable, pero ahora me doy cuenta que soy mejor pensando que hablando, las cosas nunca pueden ser tan sencillas.
-No temas de nosotros- el sujeto se acercaba, disminuía la distancia entre nosotros, que desagradable-…solo queremos divertirnos un poco, contigo mejor- su voz también era desagradable, los otros solo rieron.
Al ver que esto no podría salir bien, me disponía a soltar la mochila que llevaba en mis manos, y a prepararme para soltar unos buenos golpes esta noche. Pero antes de yo hacer nada, el tipo que se acercaba a mi recibió un golpe-patada en su cara, que lo hizo chocar con la pared más cercana, cayendo flácido sobre el suelo, breves instantes después el otro que estaba más adelante, recibió un fuerte puñetazo en su cara, antes de decir o reaccionar a lo que sucedía.
- ¡Perra! - gritó el último desde atrás, sacó una navaja y se lanzó contra quien derrotó a sus otros amigos fácilmente. Yo solo atiné a apartarme un poco y ver como el último de los tipos era vencido, con un hábil movimiento de brazo, desarmó al sujeto, y le atinó un fuerte golpe en el estómago, y para finalizar otra patada que lo mando al otro mundo, en sentido figurado.
Dando un suspiro fuerte, mi "salvadora" relajó su postura y su cuerpo… era Fate T. Harlaown ¡Era Fate T. Harlaown! ¡¿Qué diablos hacia ella en éste sitio y a ésta hora?! Salí de mi estupefacción al verla como pasaba su brazo por la frente, y me miraba. Colocando una sonrisa en su rostro me habló.
- ¿Estás bien? - su pregunta era razonable, más o menos. Pero mi cerebro estaba haciendo corto circuito ¿Harlaown sonriendo amablemente? Ja, que buen chiste, la Harlaown que todos los días llegaba a la escuela con cara de pocos amigos, la Harlaown que solía burlarse de otros, la Harlaown que fastidiaba en las clases de química y música, la Harlaown que liberaba las ranas en cada clase de bilogía, la Harlaown que solía pelearse con quien pudiera después de clases…y siempre ganaba, Harlaown la mala estudiante, Harlaown quien…nunca era amable, ni por asomo, a quien nunca había visto sonreír, a menos que estuviera siendo sarcástica o burlona, que casi podía asegurar, era la peor estudiante de toda la escuela...la Harlaown que nunca me dirigía la palabra, yo tampoco pero…entiéndanme, yo no tenía la culpa de mi reacción, creo que casi tenía cara de estúpida, pero recuperé la compostura a tiempo.
- ¡No necesitaba tu ayuda! - respondí, alzando la voz, y dándole la espalada, me retiré a toda prisa de esos callejones que quería dejar atrás.
Creí que me seguiría, para confrontarme por mi poco tacto, por no agradecer adecuadamente el haberme ayudado, y estaba lista, si llegaba a ponerme un solo dedo, se arrepentiría. Pero no fue así, llegué tarde a casa aquel día, con una sensación extraña inundándome, mi tranquila monotonía fue rota, de verdad, no creía que Harlaown fuera a dejar pasar esto. ¡Ah! ¡No! ¿Por qué me cuesta manejar estás situaciones? ¿Por qué? Si yo no quería involucrarme con esa delincuente, yo solo dije la verdad, no necesitaba su ayuda, no me retractaré.
A la mañana siguiente hice las cosas de manera normal, como solía hacerlas. Iba temprano, igual que cualquier día, esperando llegar a la escuela para contarle a mis amigos lo que sucedió la noche anterior, para pedirles consejo ¿Qué podía hacer ante este problema? La ansiedad me hizo estar distraída, y volteaba constantemente atrás, para que Harlaown no me fuera tomar desprevenida. Me sentía paranoica, mi pulso era más más rápido de lo usual, casi creo que sudaba. Sé que en una pelea le ganaba a esa delincuente, pero pelear en la escuela no era una buena idea, no para mí.
El ir distraída me pasó factura, por no poner atención al frente, al llegar y entrar por el salón, un brazo frente a mí, me desbalanceó por el impulso que llevaba caminando a paso rápido, y caí de espaldas al piso, solté mi mochila, el golpe en la cabeza me dejó mareada, entonces la vi.
- ¿Qué ocurre preciosa? - era esa voz ¡era ella! - ¿No necesitas ayuda ahora? - sarcástica y burlona, me sonreía mientras me miraba desde arriba-… Te llamas Takamachi ¿verdad? - no, no… se agachó para estar a mi altura, y que solo yo pudiera escuchar las siguientes palabras-…éste será el comienzo de nuestra hermosa amistad, espero que estés preparada- se levantó y se marchó dejándome tirada y aturdida.
¿Qué estaba sucediendo? Si ella era la última en entrar al salón siempre, es más, llegaba tarde en muchas ocasiones…esto…no puede…ser. Otros compañeros al ver que Harlaown ya se había ido, llegaron a auxiliarme para levantarme. Esto estaba mal, claramente eso fue una amenaza. Mis amigos llegaron al poco tiempo, y les conté lo ocurrido, sus reacciones no fueron las mejores ni las más alentadoras, más al saber lo último. No había día que no me preguntara ¿Por qué Harlaown no era castigada o suspendida por sus acciones? Por mí que la expulsaran, pero sus castigos eran tan leves, que justamente por eso no le importaba hacer lo que quisiera en la escuela. Ella era una pariente cercana del director de esta escuela, eso significaba, que ella era prácticamente intocable.
Aquel día fue el inicio de mi odisea, y de la diversión para Harlaown.
Comenzaba por las mañanas, con mi escritorio manchado, profiriendo insultos infantiles escritos o dibujos mal hechos expresando vulgaridades o algo similar, al menos era lápiz y se quitaba fácil. Al encontrarme con esto, en un inicio la volteaba a ver con furia, y ella solo me sonreía socarronamente como diciendo "¿Tienes algo que decir?", y recordaba que no valdría la pena confrontarla, ni a ella ni decirle al profesor, así que tomé la costumbre de cargar con un pañuelo para limpiar mi mesa y mi silla. Entre clases mis cuadernos, mis libros o mis útiles escolares se perdían, incluso mi mochila, solía encontrarlos en otro salón o en el baño, afortunadamente en un buen estado y no en el interior del inodoro, pero lo más desagradable era que manchara mis cuadernos o mis libros, debido a eso no pude entregar a tiempo algunas tareas. Las ranas en clase de biología ya no eran liberadas porque si, ahora se reunían alrededor de mi mesa. En natación mi traje de baño desaparecía con frecuencia, siempre cargaba un short y una camisa corta por si las dudas. Mis instrumentos en clase de música desaparecían también, pero todo solía aparecer en lugares inesperados sin daño alguno. En la clase de cocina dejé de participar pues "alguien" introducía ingredientes extraños a mis mezclas, o alteraba el horno, y la comida se nos quemaba. Ni hablar de la clase de química, desde que mi uniforme quedó manchado con un colorante explosivo color marrón, temí que de pronto me cayera alguna especie de ácido, llegué a pensarlo enserio. Creía que sus bromas podrían ser peor, por suerte no llegaba demasiado lejos, pero era muy molesto y fastidioso.
Un día, semanas después, siete, para ser exacta, me encontré con que Harlaown, se cambió de lugar con Bardiche, solo para estar a la par mía. Cuando, durante la clase de literatura, sentí un papel rebotando sobre mi cabeza, sentí la furia bullir en mi interior, apreté mi lapicero y escribí con fuerza, no volteé a mirarla, no. Pero después de ese papel le siguieron muchos más, yo los apartaba sin más a los que llegaron a caer sobre mi mesa, hasta que ahí, cayó un papel más grande y doblado en forma de un cuadrado. Sabía que no debía abrirlo, no debía dejar provocarme, pero en un impulso, lo abrí y lo que vi, me hizo levantar de mi silla, hice ruido y le grité…
- ¡BASTA! ¡DÉJAME EN PAZ! – olvidando que me encontraba en plena clase.
Todos voltearon a ver al instante, y me di cuenta lo que había hecho. La maestra, para colmo, fue a mí a quien regaño, casi me castiga. Mientras Harlaown ocultaba sus risas con una mano. Se burlaba de mí reacción la muy…pero esto, no lo dejaré pasar, no iba a quedar así.
Francamente no quería confrontarla por la razón que ya mencioné antes, y porque no quería meterme en problemas. Las cosas que Harlaown hacía eran infantiles y estúpidas, podía soportarlo, además tenía a mis amigos, y al resto de mis compañeros apoyándome. No es que no me sintiera mal, pero eso no ha mermado mi autoestima.
No comprendo por qué no me confrontó, por no agradecerle que me ayudara ese día, no hizo ningún reclamo o pidió una disculpa de mi parte, ella me salvó de esos tipos aquella noche ¿entonces por qué era tan mala? ¿por qué se empeñaba ahora en ser mi bully? Se ha dedicado a fastidiarme cuanto ha podido, es cierto que puedo soportarlo, pero con el pasar del tiempo, siento una furia creciendo en mi interior, que voy a explotar. ¿Quién se ha creído? No soy como los demás, no soy como el resto a quienes ha molestado, no permitiré que llegué más lejos. El timbre sonó dando por finalizada la última clase…
Antes de siquiera guardar mis cosas me levanté.
- ¿Quién te crees? - me acerqué a ella, y la tomé por las solapas de su chaqueta, a mi alrededor, todo estaban sorprendidos, pero ésta delincuente solo sonreía- ¡No te lo permitiré más! ¡Me oyes pedazo de basura!
-Oh~…- canturreó alegre- después de todo, si eres una delicada flor…- maldita-…pero verás Takamachi-san…- ésta era la primera vez que conversábamos de verdad-…tú, no podrás detenerme.
- ¿Quieres ver si no? - su risa se ensancho si podía, mi entras yo no cedía en mi agarre, ella sujetó mis brazos con fuerza, y me hizo retroceder hasta chocar con la pared y hacer vibrar el cristal de la ventana.
- ¿No eres capaz de defenderte, pero si defiendes a tus amiguitos? Interesante- el papel que me arrojó Harlaown decía: "ahora siguen tus amigos". No pude soportarlo, el problema era conmigo, no tenía por qué involucrar a nadie más-…debí haber comenzado por ahí- se rio son satisfacción-…porque ahora te tengo, justo como quería.
-No dejaré que les hagas nada…- era fuerte, debía admitirlo, pero yo también.
-Entonces te espero, una pelea tú y yo, detrás de la escuela, en el terreno baldío, sino vienes, ellas seguirán. Pelearás conmigo, la que derribe primero a la otra ganará. Te aseguró, que después de ésta paliza, no te levantarás dentro de un buen par de días…- dios, dios, habla enserio, pero no flaqueé-…no vale rendirse, pero no creo que lo hagas, eres una princesita engreída, que tampoco es capaz de decir un simple "gracias".
Me dijeron que no lo hiciera, que no valía la pena, incluso mis amigos, pero esa salvaje, sé que era capaz de cumplir su amenaza, no quería que lo hiciera, mis amigos no tenían la culpa, tampoco era culpa mía, pero qué se puede hacer. No soy una cobarde, además, ésta era una buena oportunidad. Ésta "princesita" sería quien pusiera en su lugar de una vez por todas a la delincuente intocable de ésta escuela. Vaya sorpresa que se llevarían todos.
Con los ánimos y la confianza renovados, me dirigí al lugar, mis amigos me acompañaron y otros compañeros. Al llegar vimos a muchas personas, más de las que creí que habría. Harlaown me esperaba parada en el centro del terreno lampiño, perfecto, tragarás tierra como una ardilla.
Me quité mi chaqueta y sujeté mi cabello en una coleta alta. Caminé con paso decidido, ante la mirada atónita de los presentes, de seguro creyeron que era una loca o algo por el estilo, lo más, de seguro creían que Harlaown acabaría conmigo, ja.
-Me sorprendes…no saliste huyendo como una cobarde, princesita- Harlaown no solamente estaba con puño cerrado…esa pose, no era posible.
-Creo que hoy, te llevarás más de una sorpresa- no me quedé callada, nunca más.
Nos acercamos despacio, sin dejar de vernos. Harlaown fue la primera en lanzar un golpe, que esquivé con facilidad. Solo me miró detenidamente. Dos, tres, cuatro golpes más, todos los esquivé, eran lentos, predecibles y lanzados con poca fuerza. Sonreí. El público exhaló con sorpresa, y luego me vitorearon.
-Te equivocaste de oponente...- dije con pausa, y me lancé con golpes rápidos y asertivos, dos a su cuerpo y uno directo a la cara, los primeros los esquivó con habilidad, y el último puño lo detuvo con la palma de su mano, me cuesta admitirlo, pero también yo estaba sorprendida…
No sé en qué momento el encuentro se convirtió en un combate por ver quien superaba a la otra. Harlaown no era una simple matona, conocía técnicas de arte marcial, lo sé, porque pude apreciar su técnica, es muy buena, además. De vez en cuando acertábamos los golpes, creo que ella acertó varios a mi cara y yo varios a su abdomen. Sin mencionar, que logré dominar su cuerpo, y la lancé a la tierra, le quedará más de un raspón, pero se levantó con ganas de más y de hacerme pagar, este combate carecía completamente de reglas.
Comenzamos poco antes que iniciara el ocaso, y sin darnos cuenta, las sombras estaban desapareciendo, la gente poco a poco se fue del lugar, solo quedaban mis amigos y Bardiche. Los únicos sonidos que inundaban eran nuestros jadeos, el cansancio nos hacía exhalar fuerte.
- ¿Ya vas…a…rendirte? - creo que le partí la ceja y un tanto su nariz.
-Estás loca…si crees…que me dejaré…vencer- me respondió con ímpetu.
Ambas hablábamos con esfuerzo y a pausas.
Ella había roto mi labio inferior, creo que mi ojo izquierdo no estaba muy bien, sin mencionar los moretones en el cuerpo de ambas.
Lo último que recuerdo de ese día, es que, con lo que nos quedaba de fuerza, forcejamos con nuestros cuerpos tratando de derribar a la otra, hasta creo que parecía que nos abrazábamos, parecido a los peleadores de sumo. Bardiche intervino y nos separó, me empujó haciéndome trastabillar y caer sentada sobre el suelo. Iba a quejarme y protestar con lo poco que podía articular, alegando trampa, pero él se me adelantó.
-Fate- le dijo- es hora.
Escueto pero claro. Harlaown pareció entender, al parecer tenía otra cita a parte mí.
-Esto es un empate ¡oíste! - me gritó la delincuente- si llego a saber que te has declarado ganadora, cumpliré mi con mi palabra… recuérdalo- tomó sus cosas y se fueron.
Hasta que desapareció de mi vista fui consciente de lo mucho que me dolía mi cuerpo, de lo cansada y débil que me sentía. Mis amigos me ayudaron a levantarme y llevaron mis cosas. Llamé a mis padres, para ver si me daban permiso de quedarme en la casa de Suzuka-chan. ¿Qué se supone que les diría? Hola papá, mamá. Me peleé con una delincuente de mi escuela, que amenazo con molestar a mis amigos y que además es mi bully. Genial, simplemente genial, al menos, retrasaría esa vergonzosa conversación por veinticuatro horas.
Al siguiente día, como buena testaruda que soy, y porque no quería confrontar a mis padres, me negué a la hospitalidad de la familia de mi amiga, y me negué en definitiva a volver a casa, menos a ir a un centro médico, fui a la escuela, no importaba lo mucho que me doliera cada rincón de mi cuerpo, caminar, mover mis brazos ¡o solo respirar! Ah, creo que me daría fiebre. Al llegar, Suzuka-chan me llevó hasta mi lugar, y se quedó conmigo, también Arisa-chan y Yunno-kun, me estuvieron cuidando. Harlaown aún no llegaba, me reí internamente, al pensar, qué dirían los demás, si después de ver que yo había asistido, Harlaown faltaba, oh, sería lo mejor que podría pasar. Que poco duro mi victoria, al verla entrar al salón, las chicas la miraron con recelo, y Harlaown pasó de ellas olímpicamente, a la vez que me miró de reojo y se sentaba en su lugar, quedando aplastada sobre su mesa, justo en la misma pose que yo. Ah, no, la curita en su nariz me ha dado risa, pero mi ojo no es que estuviera muy bien que digamos.
Las cosas que comienzan mal, efectivamente, terminan mal, y eso es lo que nos pasó a Harlaown y a mí. La primera clase comenzó, era viernes, me sentía con la cabeza hueca, poco podía seguir el ritmo, mis deditos me dolían al escribir, mi vista se sentía extraña, repentinamente comencé a sentir más calor de lo normal. A la delincuente se le cayó su lapicero que fue a dar cerca de mí, la muy idiota intentando recogerlo perdió el balance y se cayó de su silla, interrumpiendo la clase.
- ¿Harlaown-san? - la profesora la llamó.
No sé qué ocurría conmigo, en un impulso de idiotez, porque no se puede llamar de otra forma, intenté ayudar a Harlaown o eso creo, e intentando levantarme y alcanzarla, mis piernas no resistieron y caí también empujando mi silla. Quedé muy cerca de ella, se veía débil, sus ojos cerrados, su respiración era rápida como la mía, y su rostro estaba ligeramente sonrojado, con un leve sudor en su frente.
- ¡Takamachi-san!
- ¡Nanoha-chan!
A lo lejos escuché la voz de la profesora y mis amigos.
Solo sé, que perdí la conciencia en algún punto.
Me desperté en la enfermería, recostada en una de las camillas, la ventana abierta dejaba entrar una cálida brisa. Mi mente en blanco recordó lo acontecido, pero me sentía tan cómoda que no quería pensar, me acobijé y sonreí, quería relajarme y descansar, pero entones miré al reloj que colgaba al otro lado de la pared. Era la una de la tarde ¡La una de la tarde! ¡No puede ser! Me senté sobre la cama conmocionada, cielos.
-Deja de hacer ruido- alguien me habló con fastidio en la voz.
- ¿Harlaown-san?
- ¿Quién más? Idiota- Ah, es verdad, Harlaown.
- Creí que no vendrías hoy.
-Yo debería decir eso- dijo jactanciosa.
-En tus sueños- no es posible. No puedo disfrutar de un momento de paz.
Que incomodo silencio.
-… ¿Nos dejarás en paz? - pregunté, no era el mejor lugar para hablar, pero ya que estábamos solas.
- ¿Qué? - pareció no entender, si será.
-A mis amigos y a mí, ayer te demostré que podía contigo- más o menos, no es que ganara, pero, ella tampoco.
-Practicas artes marciales- no fue una pregunta- debo admitirlo, me impresionaste- Wow, eso fue un cumplido, si le contara a alguien no me creería.
-Tú también- dije sincera- no creí que practicaras artes marciales, es una lástima que solo seas una matona, tienes mucha habilidad…- mira que hacerle frente a un cinturón negro como yo, de seguro también lo es en alguna disciplina.
-Ja… ¿matona? - guardó silencio más tiempo de lo esperado, creí que se molestaría o diría algo más, pero cómo negar mis palabras-…está bien, las dejaré en paz, te ganaste mi respeto y eso me basta- ¿Eh? ¿Habla enserio? ¿Solo así?
Con el ajolote que hubo, todos se enteraron de lo ocurrido, incluyendo profesores y la dirección. Recibimos una reprimenda de parte del comité de disciplina, me sentía sumamente avergonzada, en cuanto a Harlaown parecía no importarle, creo que nos castigarían, genial. Mis padres vinieron por mí, y también se enteraron, ah, más regaños, se quedaron impresionados al ver mi ojo morado y mi labio partido. La escuela nos dejó ir temprano para que descansáramos, las cosas serían solo así, de no ser por el castigo, que no era mejor que tener la plática con mis padres.
Hablar con mis padres fue difícil, y complicado. Lo cierto, es que no quería que pensaran en sacarme de esa escuela o que pusieran la queja ante el comité de padres acerca de Harlaown, mi vida escolar podría complicarse más, sin mencionar que ella me dijo que nos dejaría en paz. No es que confíe del todo en las palabras de una delincuente, pero algo era algo. Por lo que, con mi dotada elocuencia, logré convencerlos que el suceso de la pelea también había sido culpa mía, por eso aceptaba el castigo que nos impusieron. No quedaron del todo convencidos, ya que saben que yo no soy una persona violenta, sin embargo, la plática acabo bien, ellos no me castigarían pues consideraban que el castigo dado por la escuela era más que suficiente.
¿En qué consistía el castigo? Pues en más problemas, para mí…y para Harlaown, creo.
Me pareció increíble, el siguiente lunes comenzó bien, ya estaba mucho mejor, pero algunas heridas aún eran visibles, mi ojo no corría esa suerte. Harlaown no manchó mi mesa, ni me hizo ninguna broma en todo el día, ahora solo me ignoraba, eso sí. No sé por qué, yo quería hablarle. Que tonto impulso. Lo que, si hice, fue algo que no había hecho hasta hoy. La imagen que tengo de Harlaown es por lo que me dijeron de ella mis amigos y algunos compañeros, y más por lo que me hizo a mí, pero en realidad, sino se metían con ella, la verdad es que no se metía con otros, excepto por eso que noté. A parte de Harlaown había muy pocos matones en ésta escuela, no me había percatado.
Durante un receso, unos chicos molestaban a otro que era más pequeño, al verlo, Harlaown se acercó, y golpeó al que parecía el líder de los tres, lo derribó con técnica y muy fácilmente, los otros huyeron despavoridos, Harlaown miró con cara de pocos amigos a la ex víctima de los chicos y también salió huyendo. Un incidente sin más, como si fuera común ¿Eh?
Durante el almuerzo, les dije a las chicas que quería comer en la cafetería, y ahí estábamos. Vi que unos chicos quitaron los bentos y unos panes a un grupo de nerds. Se sentaron campantes, antes de que Harlaown y Bardiche llegaran y les tiraran la comida que comían tranquilamente a la cara, para rematar los golpearon estando en el suelo, a la vez que se reían de ellos y se fueron. Nuevamente, las víctimas no recibieron justicia, aunque los malos fueron castigados, y Harlaown…seguía siendo vista como la matona de la escuela ¿Eh?
Al finalizar el día me dirigí a la biblioteca, a cumplir mi castigo. Harlaown y yo debíamos ayudar en ese lugar hasta que consideraran que habíamos reflexionado de nuestras acciones. En otras palabras, debíamos estar juntas, vernos la cara y convivir, para que pudiéramos "llevarnos mejor" y aquel incidente no se repitiera. ¿Lo ven? Dije que era peor ¿Qué puede ser peor que estar con Harlaown? ¿No basta con que sea mi compañera? Creo que es lo que hubiera pensado antes, pero ahora…
Me presenté con la encargada, Hayate Yagami también de segundo año, ella me dio instrucciones de lo que haría, y de las actividades que se realizaban en la biblioteca. Lo principal, era atender a los estudiantes que venían a prestar libros, y anotar las credenciales y derechos de préstamo. Al final de la semana se cerraba más temprano la biblioteca y debíamos ordenar los estantes, entre otras cosas. Dirigiéndome a mi nueva labor, vi que venía Harlaown. Me impactó, pues creí que no vendría, como es una rebelde pues, haría caso omiso a su castigo y ya. El que estuviera aquí, no tenía sentido, aunque su cara de pocos amigos daba entender que había una razón más grande por la que vino.
Estando tras de la repisa, sentí la tarde una eternidad. Éramos dos personas para ayudar, pero, era como si solo estuviese yo, nadie quería pasar con Harlaown a anotarse para prestar un libro. El silencio reinaba dentro de la biblioteca, palabras cortas que intercambiaba con otros alumnos rompían levemente ese sepulcro. En cuanto a mí, en los momentos tranquilos, me dediqué a leer mi libro que siempre cargo conmigo. Harlaown pasó con sus audífonos puestos, mirando las redes sociales el resto de la tarde. Pensaba en cómo la había llamado matona, en como la consideraba una delincuente, y ahí estaba junto a mí, cumplió su palabra, y no ha hecho nada, ni a mis amigos o a mí. Ella solo…otra vez tenía el impulso de hablarle, de preguntar…pero no tuve el valor, y al terminar el tiempo, Harlaown se fue así como llegó, se despidió de Yagami-san muy amablemente, me extraño la interacción que tenía con ella, ni siquiera con Bardiche tenía esa expresión, hasta puedo decir que, con nadie, con ella no era sarcástica, grotesca ni burlona, es…
-Yagami-san…- al terminar la jornada, me dirigí a la encargada con la curiosidad que me inundaba, no sé por qué creí que ella podía responder mis dudas, pues nadie más lo hacía-… ¿puedo hacerte una pregunta? - me sentía nerviosa, no creí que de verdad lo haría.
-Adelante Takamachi-san- que voz tan amable, su sonrisa es muy tranquilizadora, eso me daba valor.
-Tal vez sea muy atrevido de mi parte, pero…- me sonrojé de la vergüenza-…sé que apenas nos conocimos hoy y…- mi voz empezó a temblar, no…
-Takamachi-san…- su voz calmada, me dio tranquilidad- adelante, puedes preguntar lo que quieras, espero poder ayudarte…
Era mi oportunidad, no debo dar marcha atrás.
- ¿Conoces a Harlaown-san? – me salió abrupto y apresurado, me tomó un segundo reflexionar mis palabras, al verla confusa- ¡No! ¡Perdón! Quiero decir…ella, yo sé que muchos sino es que todos saben quién es, pero…tú la conoces diferente, es decir, yo nunca he visto que ella hablé con alguien como habló contigo, parecía casi ser otra persona…-esto era tan vergonzoso, a lo mejor piensa que soy una entrometida…pero era cierto, Harlaown, desde que llegó, trató a Yagami-san amablemente como aquella noche cuando me preguntó si estaba bien, con una mirada comprensiva, sin malicia, sin furia.
-Mmm…- me observó detenidamente, y me sentí escrutada, casi estuve a punto de retractarme, pero repentinamente ella sonrió como si le hubiera contado una broma, pero su risa no parecía una burla-…es la primera vez que alguien me lo pregunta, a pesar de ser obvio- ¿eh? -…si tienes tiempo, puedes escuchar una pequeña historia…-…yo acepté, casi demasiado rápido y entusiasta. Nos sentamos, y Yagami-san me sirvió un poco de té, no importaba si hoy salía más tarde de lo usual, quería saber...la verdad.
Fue hace ya varios años, en séptimo de secundaría para ser exactos, por aquel tiempo hubo una nueva alumna transferida a esta escuela en ese grado, justo en el salón de Yagami-san, la sección "A". Era una sorpresa, ya que los alumnos transferidos no son usuales, solo mírenme a mí. El nombre de la nueva alumna, Fate T. Harlaown. Según me la describió la encargada, en ese entonces, Harlaown era tímida, le costaba hablar japonés, se notaba mucho que era extranjera, una half que no conocía muy bien Japón, sumándole su cabello rubio brillante y su piel que se miraba diferente para los demás.
Le costaba mucho hacer las cosas e integrarse, la falta de interés de los demás y la mala comunicación podía ser temporal, y tal vez las cosas pudieron salir bien de no ser porque aparecieron los bullies. A penas dos semanas de estar en la escuela, Harlaown comenzó a ser víctima de burlas y maltrato, sin poder evitarlo eso condujo al aislamiento de parte de los demás, para evitar también ser víctimas de los que trataban mal a Harlaown. Su escritorio no solo era manchado sino rayado a cuchillo por sus agresores, su mochila era arrojada literalmente al inodoro, y a ella misma también le arrojaban agua, su ropa de gimnasia fue rota y expuesta frente a los otros alumnos, de las cosas más terribles era encontrar animales es su mochila o bajo su mesa, pero no solo insectos, sino animales, como babosas o cucarachas, e incluso una serpiente. Una vez fue cubierta de una especie de mezcla de miel y huevo, luego cubierta con harina y plumas. Lo peor llegó cuando empezaron los golpes, era evidente, por los moretones y las heridas en su cara.
Harlaown solía faltar bastante por esos días. El director no podía hacer mucho para ayudarla, pues había una lucha de poder, ya que eran los hijos de los miembros de la junta de padres los perpetradores, o al menos eran los victimarios líderes. Incluso los profesores solo hacían de la vista gorda e ignoraban el problema. Estando entre la espada y la pared, la pequeña Harlaown tenía que arreglárselas sola.
A Harlaown no le gustaba llegar temprano a casa, uno porque no quería que sus padres le cuestionaran demasiado, y dos, prefería quedarse en la escuela hasta tarde, así sus agresores se cansaban de esperarla y se marchaban antes. Yagami-san lo sabía, pues era la biblioteca donde Harlaown solía refugiarse, y desde entonces Yagami-san ya ayudaba en la biblioteca. Aquí fue donde conoció a Harlaown, donde muchas veces la animó a que acusara a la dirección a quienes le hacían bullin, donde muchas veces la consoló…donde muchas veces Yagami-san, le curó las heridas, donde muchas veces Harlaown le rechazó cuando ella se ofreció a defenderla, pues no quería arrastrar a Yagami-san a su desgracia".
-…quisiera que alguien me ayudara- dijo con la voz rota y cortada, y con toda la frustración del mundo, sabiendo que eso era imposible-…no puedo hacer nada y nadie puede hacer nada por mí- las lágrimas estaban al borde de sus ojos, mientras uno de estos se encontraba hinchado, su mejilla magullada y su labio partido, mientras dejaba a su única amiga curarle la herida de su brazo derecho-…ellos son más fuertes que yo…
-Entonces pelea…- le dijo con determinación, llevándose en esa frase su propia frustración e impotencia- ¡pelea! ¡defiéndete de ellos! – Hayate Yagami también lloraba de ver a su amiga tan mal, quería ser ella quien le ayudara, pero era tan débil- ¡pelea y superarlos! ¡sé más fuerte y más agresiva! ¡pasa sobre ellos para que nunca más vuelvan a pasar sobre ti!...
"Ese fue el final de la antigua Harlaown, si bien Yagami quería que sus palabras calaran hasta el fondo de Harlaown, no sabía exactamente cuál sería el resultado, aunque al término, todos lo conocerían. Tiempo después, la noticia se disparó como pólvora, cuando los victimarios de Harlaown pasaron a ser sus víctimas, y los dejó desplomados sobre el suelo. A partir de entonces, cada uno de aquellos que oso meterse con su persona, sufrió su ira y su venganza, imparable y amenazadora, las tornas cambiaron.
Harlaown se volvió experta en defensa personal y artes marciales, su japonés mejoró y nadie volvió a meterse con ella, pero al mismo tiempo le temían por esa ferocidad que se posó en su mirada desde entonces, solo Bardiche, otro rechazado del salón se quedó a su lado, pues Harlaown lo defendió de sus bullies, y le enseñó también a defenderse. Yagami-san, finalizó su historia diciéndome, que la razón de que Harlaown no quería que los otros supieran que eran amigas era parecida a la inicial. Si antes Harlaown no quiso hacerlo público para que Yagami-san no fuera maltratada por su causa, ahora lo hacía para que no la relacionaran con una "delincuente" como ella, dichas en las propias palabras de Harlaown. Lo curioso es que, actualmente Harlaown, es salvaje y agresiva…pero justo como confirmé, solo con otros agresores… ¿Qué? Entonces debería ser una heroína, sin embargo, comprendí, por qué no lo era, y por qué nadie la miraba así.
Harlaown dejó de refugiarse en la biblioteca, pues ya no había nadie a quien temer, despidiéndose de Yagami-san.
-Siempre estaré aquí para ti…- amable como ella, la encargada sabía, que si Harlaown necesitase ayuda o consuelo, Harlaown la tendría siempre que quisiera.
Luego se separaron, al estar en distintos salones como era de esperarse, no dejarían a Harlaown en la clase más "alta", aun así, no era tampoco de las peores, supuse que fue cosa del director. Yagami-san asegura que la pugna de poder entre la asamblea de padres y el director, evitó también conflictos a Harlaown, más de los que ya tenía, sobre todo porque efectivamente, ella solo se defendió de sus agresores, más todavía, atacaba a otros bullies de la propia escuela. Pero la reputación de Harlaown ya estaba manchada, marcas difíciles de borrar e ignorar, y nadie parecía recordar ésta historia, y simplemente la veían como yo la categoricé la primera vez que la vi, una delincuente.
Ya era entrada la noche, estando en mi cuarto, recostada en mi cama, pensé en todas estas cosas…y en la razón del porque Yagami-san sonrió al yo preguntar por Harlaown…
-Takamachi-san…Fate me habló de ti antes…
No pude creerlo al ella decírmelo, eso era imposible, pero según la encargada, Harlaown le contó del incidente de aquella noche, refiriéndose a mí como "malagradecida" y "presumida" niña rica. Sentí aún más vergüenza escucharlo de alguien que jamás imaginé supiera. Entonces el arrepentimiento me embargaba al recordar las palabras de Harlaown "quisiera que alguien me ayudara" y luego las mías "no necesitaba tu ayuda". No es que yo justificara lo que Harlaown me hizo, pero comprendí su molestia, solo me fastidió por mi orgullo y arrogancia al no reconocer su ayuda, pese a que yo podía defenderme sola. Es más, Harlaown reconoció mi fuerza al yo enfrentarla y dejó de molestarme, comprendió su error, y cumplió su palabra, no le hizo nada a mis amigos y me dejó tranquila. Era absurdo que me sintiera mal ahora y que la quisiera compensar, no tenía ningún sentido.
-… ¿por qué aceptó contarme todo esto Yagami-san? – le pregunté. Me había confiado todo sin merecerlo.
Lo que me había contado era demasiado íntimo, por qué confiar en mí si no me conocía de nada.
-Porque…pareces una buena persona, y porque Fate parece curiosamente interesada en ti…
No me convenció del todo su respuesta, pero, no quise refutarle, porque ahora, me sentía una mala persona…tonta Nanoha…tonta Harlaown. Ella nunca fue tan cruel conmigo, como lo fueron con ella, quizá sea que ahora, no puede expresarse de otra manera, lleva siendo así casi cinco años, me hubiera gustado conocer a esa inocente Fate, defenderla de quienes la maltrataron, y pusieron en ella esa furica mirada e ira en su corazón.
Los tiempos cambiaron, y pasaban enajenados, los días volvieron a ser tranquilos, pero en mi corazón se plantó una inquietud, porque no podía hacer lo que quería. Era tan difícil vocalizar una palabra, acercarme a ella, cuando ahora solo me ignoraba. Quería que me mirara, aunque fuera con una de esas risas burlonas, aunque fuera por una de sus bromas, monopolicé su atención por tan poco tiempo, y ahora tenía otro significado. No podía solo levantarme y decir, lo que no pude aquel día…un simple gracias, por haber creído que ella no valía la pena, eso es lo que me comía por dentro. Ah, no es la gran cosa, pero, me siento así, es tan frustrante.
Nuevamente tuve que armarme de valor, y aquel día, miércoles por la tarde en la biblioteca, al estar solo el lugar y ella a la par mía, saque una pequeña bolsita de mi mochila y la coloqué cerca de ella.
Ella ni se inmutó, así que tuve que hablar.
-Es para ti…- dije lo suficientemente alto para que me escuchara, sin mirarla porque era demasiado vergonzoso.
A pesar de tener sus audífonos, volteó a verme con esa expresión de "no hablas enserio" sonriendo con sorna.
-No lo necesito…- ah, terca.
-No es porque lo necesites, yo quiero dártelo…- intenté decir más convencida. Me miró y ahora sí, parecía desafiarme como si yo la retara, nada que ver.
-No tienes que ser amable conmigo, cuando este castigo acabe, no volverás a estar en un sitio a solas conmigo nunca más, y yo no volveré a hacerte nada otra vez, así que no necesitas hacer esto ni nada de lo que crees que debes hacer- le restó importancia al asunto. Que tonta, no asumas mis pensamientos solo porque una vez metí la pata.
-Maldita egocéntrica…- dije molesta y ella se sorprendió- ¿Crees que necesito una razón para ser amable contigo? Sabes a la perfección que no te tengo miedo. Solo pasé por una tienda, vi éste estúpido postre, y pensé que podría gustarte, incluso le traje uno a Yagami-san. Si no lo comes, lo dejaré allí, tal vez lo coma una rata por la noche.
-No me caes bien- fue algo desolador, esa chica acababa de destrozar mi corazón sin pretenderlo, pues no sabía lo que yo…ahora sentía-…pero no suelo desperdiciar la comida- agarró el postre, y lo devoró en poco tiempo, ante mi atenta mirada. Que extraño es, mi corazón dolía y sentí alivio en igual medida.
Cuál fue mi sorpresa ver al siguiente día, que Fate compró postres para Yagami-san y para mí, con la excusa de "no quiero deberte nada princesita". Ella mermaba mi orgullo y yo no me dejaría vencer, así que por todo un mes estuvimos así, un día yo llevaba postres y al día siguiente los traía ella.
- ¡Oye, ya basta! ¡Deja de hacerlo! - me acató molesta esa tarde.
- ¡Deja de hacerlo tú! - le respondí de igual manera, no sería yo quien perdería- ¡Engordarás si continuas con esto! - le dije con una sonrisa malévola.
- ¡Ja! ¡Y a quién demonios le importa! ¡Oh! ¡¿No quieres que tu novio vea que has aumentado e peso?!- se burlaba de mí, aaahhhh.
- ¡No tengo novio! - increpé nerviosa y hastiada, se inventaba cada cosa.
- ¡Chicas! ¡No se debe gritar en la biblioteca!
Yagami-san detuvo nuestra riña ese día y a cambio, el siguiente viernes tuvimos que ordenar los libros en los estantes juntas, usualmente, solo una se quedaba con Yagami-san y la otra quedaba libre para marcharse temprano. Ese día Fate me fastidió descolocando algunos libros del área que me tocaba, ja, pero yo también hice lo mismo. En algún momento, ya finalizando mi tarea, ella se acercó donde yo me encontraba.
- ¿De verdad quieres seguir con esto? - me dijo seria, cruzada de brazos, su semblante demasiado intimidante.
- ¿A qué te refieres? - le devolví la pregunta, ignorando la tensión. Yagami-san se marchó hace más de una hora, estábamos completamente solas, nadie detendría nuestra discusión si esto terminaba mal.
-Deja de intentar relacionarte conmigo, aléjate de mí- otra vez…- mira, solo disfruta de tu vida perfecta en esta escuela y olvida que existo, a menos que quieras que vuelva a molestarte- mi animó se desplomó, no sabía cómo responder. Ella suspiró, se dio la vuelta a punto de marcharse, sus pasos resonaron en la amplia biblioteca.
Bajé de las escaleras en que me encontraba y corrí hacia ella, tomándola por uno de sus brazos la detuve. Tenía mi cabeza gacha, pero pude hablar, de repente me costaba controlar mi respiración.
-No quiero…- resoplé, parecía que me faltaba el aire-…yo… ¡Solo quería disculparme contigo! – alcé la voz sin poder contenerme, y levanté mi rostro para mirarla directamente, ella también me miraba impresionada-…aquella noche, en que tú me ayudaste, y no pude decirte gracias- ahora sí que tenía toda su atención-…lo siento, es solo que, tú eras…me dejé llevar por lo que pensaba de ti, cuando acababas de demostrarme que eras todo lo contrario, y no lo comprendí hasta ahora…- parecía que de repente, Fate iba a enfadarse más, porque frunció el ceño, no, no quiero que lo malinterprete-…por favor, no es lo que estás pensando- le rogué, de seguro pensaba que desde mi "mi lugar privilegiado" yo sentía lastima por ella, pero no era así, yo…- eres increíble, yo te admiró mucho…- eso sonó raro hasta para mí.
-Estás loca…- dijo bajo, pero inquieta, no ha rechazado mi agarré.
-La loca soy yo…- su mirada era justo lo que esperaba, sus ojos por fin, me entregaban una mirada real, solo a mí-…a pesar de cómo te miran los demás has seguido adelante, tú sabes bien quién eres, no necesitas la aprobación de nadie, a mí eso me aterra ¿Sabes? Y eres como una especie de Robín Hood en ésta escuela- ella rió y yo continué- eres la buena y la mala al mismo tiempo, cumples tú palabra, no das nunca marcha atrás…y a pesar de lo que me hiciste, quiero acercarme a ti, quiero conocerte ¿No puedo?
- ¿Sabes lo que pasará si te relacionas con alguien como yo? ¿Cómo te verán los demás? - su voz era gruesa. Olvidé decirle que era muy noble, al preocuparse así por otras personas, al igual que con Yagami-san.
-No me importa, es mi decisión, no de los demás- estaba decidida.
- ¡Idiota! No sabes lo que dices…- se apartó un poco-…esto no está bien, niña estúpida…esto nunca me había pasado, usualmente todos solo se alejan de mí…- parecía que hablaba con ella misma y no conmigo-… ¡No me conoces!
- ¡Déjame hacerlo! - insistí.
- ¡No!
- ¡Por favor!
- ¡He dicho que no!
- ¡Fate! - grité en la desesperación.
Las dos callamos después de abrir mi bocota y llamarla por su nombre, ella estupefacta sin creer que la hubiera llamado así, y yo…solo quise que me tragara la tierra.
-Dos días después-
Luego de un ajetreado fin de semana por las tareas, llegó una nueva semana. En el lunes tan cansino y aborrecido por el mundo entero, amaneció soleado y brillante. Me sentía más ligera y aliviada, pero nerviosa, así era como mi vida daba un nuevo giro en esa pequeña ciudad. Estando en el salón, saludé a mis amigos y me fui a mi asiento, pronto vendría el profesor, pero antes Fate entró por la puerta del final del salón. La miré y ella me miró, le sonreí discretamente, ella solo bufó y desvió la mirada. Fue tan gracioso ese gesto, que sonreí para mis adentros, nuestra pequeña interacción pasó desapercibida por todos. A pesar de la vergüenza del viernes anterior, e inesperadamente, Fate aceptó mi petición, pero dejó explicitó que solo podríamos hablar en la escuela estando en la biblioteca, no en ningún otro lugar. Por mi parte no le seguí discutiendo, pues de alguna manera había logrado algo…algo parecido a lo de Yagami-san, pedir más que eso, era abusar de mi suerte. Esa era la razón de mi ánimo. Pero así comenzamos a conocernos de verdad.
Hablar con Fate era muy difícil, era tosca y esquiva no solo a golpes, sino también en sus palabras, sin embargo, debía comprender que se debía a mi intromisión, no podía compararme con Yagami-san en ese sentido. Aun así, con medias palabras, con cortas expresiones, empecé poco a poco a conocerla. A pesar de decir que éramos amigas, la mejor manera que tuvimos para conocernos era a través de retos absurdos. Sí, por ejemplo, quien era capaz de tocarse la nariz con la lengua, o quien era capaz de lamerse el codo, quien podía aguantar más la respiración, o quien podía aguantar un ramen picante más que la otra, y sí, Yagami-san nos permitió hacerlo en la biblioteca solo porque Fate lo pidió. Luego pasamos a cosas mejores, creo. Una vez me criticó y me preguntó por qué pasaba leyendo un tonto libro todo el tiempo, yo le dije que, como ella era incapaz de leer un libro, no lo comprendería ¿Y saben quién leyó un libro quizás por primera vez en su vida? Evidentemente perdí, porque Fate sí leyó el libro. Otro fue, quien podría dibujar mejor, casualmente elegimos a Yagami-san de modelo, quien estaba muy avergonzada. Evidentemente yo gané jaja. Y así sucesivamente, pasaron los meses de castigo, hasta que tocamos uno que otro tema más delicado, como las notas del colegio, solo recuerdo que Fate dijo que podía superarme o algo así, francamente no quise ser demasiado egocéntrica respecto al tema, pero esa vez, ella insistió.
Por esos días, Fate se miraba de un muy buen humor. Incluso mis amigas, comentaron que yo también lo tenía, no en comparación con Fate, claro, era imposible que asociaran una cosa con la otra, no sabía si sentirme aliviada, pero es lo que Fate me pidió. Sin esperarlo, fuimos llamadas a la dirección, un día así de repente, solo para decirnos, que nos quitarían el castigo, ya que nuestro comportamiento, especialmente el de Fate habían mejorado, esa era la última semana que asistiríamos, era jueves aquel día. Extrañadas salimos del lugar, sin poder vernos a la cara, ni interactuar normalmente. Me tocó a mí ser quien le informara a Yagami-san, mientras Fate estaba de un mal humor. La encargada de la biblioteca, suspiró resignada y triste, diciendo que nos extrañaría, en especial a su amiga la "delincuente de la escuela" ya que es lo más que la había visto gracias a ese castigo en años. En cuanto a mí, era como si rompieran una bella burbuja en la que me encontraba…las palabras de Fate fueron claras, no creía que fuera a cambiar de opinión… "siempre y cuando estemos en la biblioteca podemos hablar", pero ya no vendríamos más aquí, eso significaba que ya no podríamos hablar más.
Ese día, Fate y yo salimos juntas, como usualmente, ya que no había más nadie, Yagami-san se fue más temprano.
-No tenemos que dejar de vernos, solo por lo que diga ese viejo…- habló así nada más, rompiendo mi eterno silencio.
- ¿Qué? - estaba estúpida porque, no entendí sus palabras.
Sus bellos ojos se posaron en mí, y en su rostro dibujó una gran sonrisa, llenando mi corazón de calidez.
-Podemos seguir yendo a la biblioteca, aunque ya no estemos castigadas…- fue tan lindo que ella lo dijera, pues, aunque lo pensé, no creía que ella aceptara tal propuesta.
Mi sonrisa también se hizo presente en mi rostro, y mis ojos se aguadaron, y deshice la distancia que nos separaba, sin previo aviso la abracé…y ella me correspondió.
-No llores, tonta…- dijo, yo reí, pocas veces me había sentido tan feliz.
Yagami-san también se llevó una sorpresa al decirle, estaba que no se lo creía, pero se puso muy contenta también, diciendo que lo único que lamentaba es que ya no tendría autoridad sobre nosotras, yo le dije que no se preocupara, que, aunque ya no estuviera el castigo, igual ayudaríamos, Fate soltó un "habla por ti", pero yo sé que no era enserio y ella también ayudaría, se hacía la ruda, pero sé que tiene un corazón de oro. En cuanto a mis amigas solo les dije, que me había acostumbrado a estar en la biblioteca, por lo que también le había prometido a la encargada continuar ayudándole, y quién sabe, unirme de manera permanente. Los otros encargados de la biblioteca, a quienes suplimos por un tiempo, regresaron, solo sí se sobrecargaba el trabajo echábamos la mano, pero usualmente eso no sucedía.
Lo cierto es que estando en la biblioteca, intentamos estar lo más alejadas posibles del resto, por lo mismo del trato con Fate, y además no estar tan cerca la una de la otra. A pesar de eso mucha gente se impresionaba no solo de verla en la biblioteca, sino de que, en efecto, Fate estaba muy concentrada estudiando, para poder superarme, ambas cosas, dejaban a cualquiera boquiabierto.
La semana tan esperada de los exámenes del tercer trimestre llegó y yo me sentía muy nerviosa, pensaba en si Fate podría superarme, no lo creía posible, pero si lo lograba o no, no sabía si sería algo bueno o malo, esperaba que bueno, pero Fate podía ser a veces muy impredecible. El día del último examen pasó parloteando en la biblioteca que ella había salido más que bien, y que estaría en la cima, arriba de mí, preferí no decir nada, pero incluso Yagami-san le dijo que no volara tanto en su nube, ya que yo era la primera de mi salón y el segundo lugar a nivel de los de segundo. Cuando se publicó el resultado, temí lo peor, ese día llegué temprano, y lo vi. Ahí estaba yo, donde se supone que debía estar, fui la primera del salón por tercera vez seguida, incluso mejoré un poco. En cuanto a Fate, fue la segunda del salón, sonreí con felicidad genuina, estaba tan contenta por ella, había llegado tan lejos, aunque no lograra superarme, pero temí que ella no lo tomase de la misma manera que yo, eso me preocupaba.
Ese día al entrar ella al salón, ni siquiera volteó a verme, se veía molesta, pero no era culpa mía, no era justo que se enfadara. Durante las clases discretamente le pasé un papel, que decía "¿me perdonas?", yo solo quería que no estuviera enfadada conmigo. Ella lo tomó, me alegré, pero no lo abrió, suspiré, ésta mujer era un hueso difícil de roer. Ante los demás, ese era un buen día para la delincuente, ya no tan delincuente, muchos se acercaron a felicitarla, incluso algunos profesores, pero arisca como era, muchas de esas felicitaciones las recibió con recelo, Fate era capaz de cambiar su mundo si ella lo quería, ya no debía pretender ser un cristo negro, simplemente debía acabar con los malos y ser amable con los buenos, así todos la admirarían, y podrían ver eso que veo yo. Por la tarde, el tiempo pasaba rápido, una hora tarde, parecía que Fate no se haría presente, suspiré de frustración ¡Ah! ...Yagami-san me sirvió un té. Mi delincuente favorita se apareció a minutos de cerrar la biblioteca, por suerte los alumnos ya no estaban, porque semejante estruendo hizo al abrir las puertas.
- ¡Nanoha Takamachi! - del susto, abracé libro que sostenía- ¡Esto no sé quedará así- gritaba como loca- ¡La próxima vez yo estaré en la cima! - eso era bueno creo, pero no quería que me matara en el proceso.
Después de dar su gritó de guerra, Yagami-san también le sirvió un té, y charlamos antes de irnos. Fate nos dijo que estaba frustrada por no haberme superado, pero que luego de meditarlo mucho, llegó a la conclusión de que, estar en el segundo lugar no era tan malo porque, estaba a un solo paso de poderme superar, y eso la había motivado otra vez, y yo no sabía si eso era un alivio o debía preocuparme.
Los días siguieron más o menos igual, hasta que, mi nueva paz se rompió, a un mes y medio de finalizar el año escolar por un suceso inesperado, uno que tenía el sello y la firma de Fate. En ésta ocasión yo, no tenía una respuesta clara.
Fue un viernes por la tarde, como parecía que todo me ocurría en ésta escuela, no podía ser otro día. Nos quedamos a cargo de la biblioteca, ya que el grupo encargado tendría que hacer una diligencia juntos. Luego de organizar los libros, yo buscaba uno para llevar a casa, y comenzar a leerlo el fin de semana. El asunto es que parecía que el dichoso libro se atoró, no podía sacarlo, así que le pedí ayuda a Fate, llegó a donde yo estaba, y con esfuerzo trató de zafar el libro. Sin quererlo, su movimiento fue demasiado brusco y nos hizo perder balance, haciéndonos caer al suelo. Yo me llevé la peor parte, pues caí de espaldas al suelo y Fate sobre mí, mi cabeza había impactado el duro suelo, otra vez, apenas levantándose escuché quejarse a Fate por el golpe, y sin fijarme en la situación me incorporé un poco, Fate levantó la cabeza, resulta que estábamos demasiado cerca, la sorpresa fue mutua, a pocos centímetros de nuestros rostros. Lo insólito es que el tiempo pareció detenerse en aquel instante, la luz del atardecer en el salón y que impactaba en los estantes se sentía envolvente junto con la sensación, esa que parecía que haría mi cuerpo flotar.
De un momento a otro, la distancia que había entre nosotras, desapareció, debido a que, cerrando sus ojos, Fate me robó un beso, mi primer beso. Eternos segundos en los que mi cerebro se desconectó, pues correspondí al beso cerrando también mis ojos, hasta que mis neuronas recordaron como hacer sinapsis de nuevo, y sin comprender o tener algo claro, obedecí al impulso que guió a mis brazos, y empujé a Fate lejos de mí. Mi corazón latía desbocado y estaba confundida, quedé completamente paralizada, ni el terror y la tristeza en la mirada de Fate me hizo reaccionar, no me moví ni dije palabra alguna.
De un momento a otro, me encontraba sola en la biblioteca.
Recuerdo recoger el libro, que ahora podría llevar a casa gracias a la ayuda de mi amiga. Era la primera vez que salía sola de la escuela, sin compañía de nadie más…sin su compañía. El tiempo dejó de correr para mí, se detuvo en aquel momento, pues no dejaba de pensar en lo sucedido. Una y otra vez repetía la escena en mi mente ¿en qué momento ella me besó? ¿en qué momento la alejé? Pensar en mi vida amorosa no era algo en lo que me enfocara mucho debido a las mudanzas, no creía que algo pudiese durar tanto para que valiera la pena, no era lo mío, al menos no ahora.
No pensaba mucho en esto de si me gustaban las chicas o los chicos, es decir, yo creía que me gustaban solo los chicos, pero…no creo que alguna vez realmente quisiera a uno tanto, más allá de gustar. Fate por otro lado, es una chica muy bella, tiene un rostro fino, la nariz pequeña y una sonrisa hermosa, sus pechos son bastante notorios, una buena figura, su cintura es bastante curvilínea, sus músculos no sobresalen mucho pero se nota que está en continuo entrenamiento, y en su forma de ser, cuando no pretende ser una delincuente, es vivaracha y perspicaz, bastante lista, y bromea mucho, su risa es muy fuerte pero es hermosa, no importa que sea de mí de quien se ríe, igual me gusta mucho verla reír…y cuando me besó, mi corazón latió con fuerza. ¿significaba eso que ella me gustaba? ¿o solo fue una reacción que tuvo mi cuerpo? ¿Entonces por qué la alejé?
No lo comprendo.
Sostuve mi celular una y otra vez, con la intención de llamarle, pero no tuve el valor, al último momento me acobardaba. Recordaba su rostro al verme cuando la empujé ¿Estará molesta? ¿Estará…triste? No podía saberlo, no podía con la sola idea, pero ella tampoco me llamó en todo el fin de semana, pero lo más importante, era yo quien debía estar enfadada, pero no…no lo estaba. Una parte de mí quería olvidarlo, y que siguiéramos igual que antes, que no importara, si pudiera lograr eso, sería suficiente.
No quise llegar temprano ese lunes, pero no sirvió de nada, quería hablar con Fate, pero a la vez me acobardaba, y no pude evitar la forma en que se dio todo. Bardiche y Fate llegaron tarde aquel día, el profesor los regañó, pero lo dejó pasar. Mi corazón latió fuerte solo de verla, aunque fuera de reojo. Sin embargo, al ver a Bardiche sentarse junto a mí, un nudo se instaló en mi garganta, un golpe bajo que hizo mi cuerpo debilitarse. Los días en que sentí alivio porque Bardiche estuviera entre nosotras, quedaron muy atrás…no quería esto, y más porque conocía la razón ¿Creía Fate que así haría las cosas más fáciles? ¿…para mí o para ella? ¡Idiota!
El pesar en mi pecho, solo me indicaba que las cosas iban demasiado mal. El impulso de acércame era fuerte, pero a la vez me retenía. Con paciencia esperé el final de las clases. Me dirigí camino a la biblioteca, aún tenía una posibilidad, una sola necesitaba. Me encontré con Yagami-san, Fate aún no llegaba, para distraerme decidí ayudar con el préstamo de los libros tras la repisa central. Las horas pasaron tortuosamente lentas, y con cada segundo que pasaba, la esperanza de que ella apareciera también se esfumaba…a pesar de eso, esperaré hasta el último segundo.
Era tan extraño sentirme sola, incluso estando en casa. No sé si tenía tareas aquel día, solo sé, que dejé mi mochila sobre mi mesita de noche, me senté en mi cama sin quitarme el uniforme, cerré mis ojos y cubrí mi rostro con mis manos, para apagar mis sollozos y esconder mis lágrimas.
Fate...Fate….Fate… ¡Fate!
Fui yo quien la empujé, de seguro, ella se siente rechazada por mí, es normal que actúe así… ¿normal? No quiero esto ¡vuelve conmigo! …vuelve. Ese día me quedé dormida entre el llanto y el dolor, sobre mi cama sin cubrirme con las sabanas, mientras el frío se apoderaba de mi cuerpo y de mi corazón.
No importaba el momento o la situación, Fate siempre me esquivaba. Al pasar a mi lado por los pasillos de la escuela, o retomar su costumbre de llegar tarde a clases, en el comedor de la escuela, donde a veces íbamos, y yo solo la veía desde lejos. Me di cuenta que ya no era lo mismo, estar con mis amigos era solo un alivio temporal, pues durante las clases quien estaba a dos asientos a mi derecha, ignoraba olímpicamente mi presencia, ya no existían las miradas fugaces, ni nuestra sonrisa cómplice. Apenada como me encontraba, no hallaba el valor para imponerme, mis palabras eran ignoradas apenas su nombre salía de mis labios. Alguna vez intente hablarle, no importaba que fuera frente a los demás, pero solo se levantó para marcharse del salón, en automático la detuve tomándola de su brazo, exigiéndole que me escuchara, pero solo apartó mi brazo con brusquedad y se marchó. Los demás no entendieron nada, únicamente parecía una grosería más de la delincuente, que, si era una grosería, pero por razones diferentes a lo que cualquiera pensara.
A tres semanas de terminar el año escolar, dejé de ir a la biblioteca, no valía la pena, pues Fate no regresaría otra vez, estaba más que claro. Decidí disfrutar los últimos días de escuela únicamente con mis amigos, y pasar el trago amargo de saber, que Fate no me miraría, no me sonreiría, no se burlaría de mi impecable informe, ni de mis manías de señorita perfecta una vez más, ni podría devolverle esas burlas alegando su ya conocida mala presentación y maneras, sería solo un triste y amargo recuerdo.
Era lunes, los exámenes finales comenzaban a la semana siguiente, y durante un descanso, Yagami-san interceptó mi camino para hablar conmigo. Acepté pues Yagami-san era una buena persona, nada tenía que ver de lo sucedido con Fate. Fuimos a una pequeña área de jardín, creí que quería despedirse de mí, o algo por el estilo, y en parte sí, pero no. Aparte de lo primero, también me dijo que ella había hablado con Fate…y de lo que pasó en la biblioteca. Me puse nerviosa, pero Yagami-san se veía tranquila, nada raro en ella.
-…No sé qué es lo que sientes tú Nanoha-san, pero…por lo que me dijo Fate tú quisiste durante un tiempo hablar con ella, y ella no te lo permitió…
-… ¿ella te lo dijo?
-Obligada sí, cuando dejaron de llegar sin más, sobre todo ella, supe que algo había sucedido- pausó un momento-…y solo, quería agradecerte Nanoha-san, por todo lo que hiciste por mi amiga, lo que yo nunca pude- ¿qué? No comprendo- tú no te diste cuenta, pero, sacaste a Fate de la oscuridad en la que se encontraba y que la rodeó por tantos años, gracias a ti, ella volvió a sonreír genuinamente, la hiciste divertirse con cosas simples, una charla, hacer tareas, caminar juntas de regreso a casa, incluso la hiciste ser más responsable, el que ella mejora sus notas, su conducta…- no ¿por qué? Mis lágrimas se acumulan en mis ojos-…no importa el tiempo que haya sido, tu influiste grandemente en ella, eso solo significa el gran apreció que ella también tenía por ti…- ¿tenía? ¿Ya no? -…pues entraste irremediablemente a su corazón…- aunque me costase hablar, hice mi mejor esfuerzo.
-No es necesario Yagami-san, al final yo fallé…-…sí, no merecía su agradecimiento.
-Según entiendo, fue Fate la que falló…- Yagami-san solo lo dijo así-…es ella quien te quiere a ti ¿no? - si pero…- como dije, no sé qué es lo que tu sientes Nanoha-san pero, sin importar la respuesta, debes decírselo, así ella podrá superarte de manera correcta, incluso si ella no quiere escucharlo, ya sabes cómo es, tan testaruda y cabezota…- no iba negar eso- por eso te diré lo que le dije a ella aquella vez: Tú puedes Nanoha-san, debes superar esa testarudez, no dejes…no permitas que sea ella quien decida como esto termina, porque ella no sabe hacerlo bien, tú eres ese nuevo reto que ella debe superar, hazlo para que los recuerdos juntas no hayan sido en vano…
A pesar de las palabras de Yagami-san no lo tenía claro ¿Valdría la pena intentarlo? ¿Insistir? No creo que Fate me lo permitiera, ya lo había intentado en vano. Además, el próximo año, podríamos tener la salvedad de cambiar de salones. El dolor acunado en mi pecho aumento de solo pensarlo, mis lágrimas brotando de nuevo, no… ¿esto también era por mí? ¿Para poder superarla? ¿O arrastraría por siempre este dolor en mi corazón? Mirarla sin poder verla, parecía una tortura…esto es muy confuso."
Fin POV Nanoha
-1 día después…martes-
-¡FATE!
Era medio día, el gritó resonó por toda la cafetería, los presentes miraban atónitos a la persona causante de interrumpir los sagrados alimentos. La miraban agitada, y con una extraña determinación brillando en sus ojos. Ubicando a Fate se dirigió a ella lo más rápido que sus piernas le permitían, y antes de recibir una respuesta sarcástica o ver una evasiva efectiva por parte de la otra, usando el impulso de su cuerpo, Nanoha arrojó un puño efectivo contra la mejilla de Fate, haciendo que cayera de la mesa y terminara en el suelo junto a su plato volcado desparramando la comida de Fate.
- ¡¿Qué te pasa?!
Fate se levantó al instante, para intentar devolver el golpe, pero no estaba muy concentrada pues Nanoha lo esquivó y aparte, le propicio otro buen golpe en el abdomen, para terminar con una patada que la derribó. Furiosa, se levantó ahora con la sangre hirviéndole por las venas, y haciendo acopio de su velocidad, arrojó un puñetazo directo a la cara de Nanoha, y ésta vez no pudo esquivar. A partir de entonces todo se volvió una locura, los alumnos que estaban en la mesa rehuyeron del lugar, y una multitud se aglutino alrededor de las contrincantes, unos mirando entretenidos, otros mirando temerosos como los amigos de Nanoha. La pelea apenas duró unos minutos, no como la vez anterior, ya que dos grandulones de tercer año las separaron inmovilizándolas por completo, cuando ellas aún resguardaban bastantes energías para continuar la contienda. Fueron llevadas a la dirección, afortunadamente no las castigaron, pero se les levantaría una ficha de conducta condicional, el año estaba acabando y fueron indulgentes. Estando en la enfermería, los grandulones la vigilaban de cerca, pero haciéndoles prometer a las implicadas que no volverían a pelear, se fueron y las dejaron a solas con la doctora, que suspiró pues habían interrumpido su almuerzo. Al terminar, la profesional se fue también a poder terminar sus alimentos y las dejó también con la condición de que se comportaran civilizadamente y no como animales. Era la primera vez que se le levantaría una ficha de conducta a la número uno de la clase de la sección segundo "C", y una más a la lista de Fate, lo bueno es que era condicional.
El silencio reinó en la habitación, era tarde pero el viento soplaba, haciendo ondear las cortinas. La rubia le daba la espalda a la cobriza, Fate seguía enfadada, no quería verla…por muchas razones. Pese a tener derecho a estar molesta, no se quejó ni le reclamó a Nanoha al estar a solas, comprendía que era algo que merecía, y su ya no amiga, pudo descargar esa molestia que de seguro tenía…nada había cambiado, era justo como pensó, Nanoha ahora la odiaba y ya no podía cambiar eso, no podía reclamar a Nanoha por el deseo de darle una paliza. Era cierto que Nanoha intentó hablar con ella antes, era tan buena persona que de seguro le diría que no importaba y que lo olvidaran…pero ella no quería eso, no quería olvidar, estar con Nanoha sin poder estar con Nanoha, amigas para qué maldita sea, era infantil y lo sabía, pero no podía evitarlo. Se levantó dispuesta a irse sin más.
-No te vayas…- la súplica la sorprendió, más por ese matiz marcado en esa temerosa y hermosa voz, contrastó por completo con el gritó furioso en el comedor. Su corazón la traicionó al sentir una mano tomando suavemente la suya…lo más sensato era alejarse, no quería escuchar el rechazo de Nanoha. Pero ¿Acaso no le había golpeado porque estaba enfadada? No tenía sentido.
-Ya conozco tu respuesta, no es necesario que lo digas…pero me defenderé si decides golpearme…
En apretón en la mano que la sujetaba, y la fuerza utilizada para halar su cuerpo, haciéndole dar media vuelta la sorprendió, pero la sorprendió a un más el casto beso que de escasos tres segundos que Nanoha deposito en sus labios.
-Eres una idiota- a pesar del insulto proferido, no le gritaba, en cambio, abrazó a Fate, con el rostro compungido, parecía buscar consuelo, Nanoha la necesitaba, la chica rebelde no tenía idea de cuánto.
Sentirla tan cerca derribó por completo la faceta ruda Fate, correspondió al abrazo, aunque no comprendía nada…no quería comprender nada, solo quería que el tiempo se detuviera en ese instante.
- ¿Por qué? …- preguntó a pesar de no querer hacerlo, quería una explicación, luego de pasar las perores semanas de su vida, ni siquiera el bulling del pasado hizo sufrir tanto su corazón.
-Porque…- Nanoha remembró el día anterior, donde rendida y derrotada, aceptaba que las cosas terminaran así de mal como pudiesen acabar. Luego de viajar tanto, de vivir en tantos lugares, no pudo darse cuenta de qué tan importante era…cada grano de amor en su vida, y de lo que significaba Fate para ella-…yo también soy una idiota.
Nanoha llegó a su hogar ese día, luego de hablar con Yagami-san, poco estaba convencida. Se cambió de ropa a una más cómoda. Lo único que supo hacer es estudiar y distraer su mente, no importaba que las otras cosas en su vida fueran de maravilla, la situación con Fate, desbalanceaba su mundo por entero. Más tarde, pasó con su hermana menor, ayudándole con sus cosas, y en la noche sus padres llegaron, se veían desanimados, al verlos de "esa manera" temió lo peor. Cenaron comentando cosas de su día, más entrada la noche sus padres reunieron a sus hijas y les dieron la mala noticia. La expresión en el rostro de sus padres era algo que Nanoha ya conocía…esa es la que ponían cada vez que debían mudarse de lugar. Suponerlo no era lo mismo que escucharlo. Ese día aprendió que su corazón todavía podía romperse en más pedazos, más de lo que ya estaba destrozado. A pesar de eso, no lloró frente a ellos, se guardó para sí sus lágrimas en la soledad de su cuarto. Sus padres habían dicho que hicieron todo lo que estuvo a su alcancé para intentar permanecer ahí más tiempo, pero no lograron más que un año.
Recostada en su cama, en la oscuridad de su recamara, Nanoha no lograba conciliar el sueño. No se había dado cuenta de su resignación hasta este día. Aceptar siempre que debía dejar a otros, a cada amigo que conocía, era más una costumbre, que algo "normal", en efecto su vida no era del todo normal, no por ello era mala, hacía que sus relaciones fueran diferentes, pero el aprecio era verdadero. ¿Significaba eso que debía aceptar dejar a Fate? A Arisa-chan, Suzuka-chan y Yunno-kun también tendría que dejarlas…pero, era diferente, no era porque Fate la hubiera besado que lo era, se debía a algo más.
Ver a Fate la hacía sentir más feliz y emocionaba, era algo que cada día la hacía estar expectante, era porque con Fate no tenía que guardar apariencia alguna y podía ser más libre que con cualquier persona que hubiera conocido, jamás se hubiera imaginado hacer las cosas que hizo, hasta conocer a Fate, la libertad tácitamente impuesta y prohibida por este mundo, y que su amiga proclamaba en su rebeldía, era más que envidiable…lo ridículo de la situación es que ella lo vivió junto a Fate tras las paredes de una biblioteca, parecía más bien una broma.
No se dio cuenta de los sentimientos de Fate hasta que fue inevitable. Fate no era como el japonés promedio, siempre fue una persona de tacto, tenerla más cerca de lo usual no era raro. A veces Nanoha le reclama que fuera tan sofocante cuando pasaba un brazo sobre sobre sus hombros, hasta que de un momento a otro dejó de reclamarle, al igual que con otras cosas más. Como los halagos que le profería cada día, esos de "aquí viene la niña perfección" "¿Qué? ¿No pudiste vestirte más elegante hoy?" siempre exagerando las cosas "eres una fastidiosa niña modelo" "lo que tienes de inteligente, es lo que te falta para conseguir un novio", al principio intentaba devolverlos, pero no le funcionaba tan bien y aceptó los innumerables apodos que podía recibir cada semana.
¿Qué sentía Nanoha por Fate?
A Nanoha nunca le había gustado alguien lo suficiente para saber, no más de un "que guapo es" o "qué lindo", no un sentimiento más profundo. De lo que sí era consiente, era del dolor que anidaba ahora en su pecho por la lejanía de Fate, pensar que se iría sin poder siquiera despedirse…sus lágrimas brotaron casi sin esfuerzo, haciendo el recorrido ya tan conocido a través de sus mejillas.
¿Qué pasa si nada de eso hubiese sucedido, si Fate no la hubiese besado? ¿Sería igual de doloroso? Sospechaba que sí…y era, aterrador. Cerrando sus ojos remembró esa tarde en la biblioteca, intentó descifrar cada sensación y gesto. Fate cayó sobre ella, el golpe dolió, pero, la sensación de tenerla cerca, fue relajante. Después llegó el momento de ínfima distancia entre sus rostros, Fate se sonrojó, se miraba tan linda…era cierto, el sonrojo, casi olvida ese detalle. Hasta llegar al beso que le robó su amiga…tan suave y cálido, lograba sentir en él, cuanto esa chica rebelde la apreciaba, y las sensaciones que despertó en su cuerpo, estando más que segura que también había un sonrojo en sus mejillas, su corazón latió con fuerza, y su mente se borró por un instante, por su cuerpo corrió una sensación abrazadora, levantó uno de sus brazos…quiso sujetar a Fate, acercar más sus cuerpos, rodearla en un abrazo completo no parecía mala idea…y fue ese deseo, que la asustó, e hizo todo lo contrario a lo que anhelaba, a lo que su cuerpo pedía…para cuando se dio cuenta ya era muy tarde… ¿Acaso tenía miedo? ¿Nanoha Takamachi siendo una cobarde? Tonta de ella. Se recordó así misma queriendo devolver el abrazo de Fate que la sujetaba delicadamente por la espalda, o iniciar el contacto por sí misma…no pudo. Las cosas que le hacía pensar y sentir Fate, no las pensaba ni las sentía por nadie más, con sus amigas o su amigo Yuuno no pensaba de esa manera, no las miraba a ellas o a ély pensaba en lo bonitas que eran, o que se pudiera perder en los ojos de alguno, o que la risa de ellos, calmaba su corazón…eso, solo ocurría con Fate. Fue algo imprevisto evidentemente, pero que vivía y sentía tan natural…nunca pensó que eso tan maravilloso que vivía lo podría perder por alguna razón…no, eso no era cierto, ella estaba más que consiente que nadie, que la perdería, que eso tan hermoso que vivía, no sería para siempre, entonces pretendió ignorarlo, y vivirlo tranquilamente hasta el último día.
A pesar de eso, la hubo perdido antes de saber, por ignorar lo evidente, y ahora para rematar, la perdería para siempre…pues ahora Fate la despreciaría, y al pensar en sus momentos juntas, solo vería dolor, un mal recuerdo que era mejor olvidar. No, Nanoha no quería eso…frunció el ceño, y su mirada se llenó de determinación, Fate no dejaría de ser una bruta por sí misma, hacerla reaccionar no iba ser tarea sencilla, pero…le demostraría que al final, era Nanoha quien ganaría.
- ¿Y golpearme frente a todos fue lo mejor que se te ocurrió? – Nanoha se sentía avergonzada por confesar sus pensamientos, era la verdad de su corazón y nada más…no es que le dijera todo, solo las partes más relevantes.
-Pero funcionó ¿Verdad? no me quites el crédito…- se escuchaba estúpido y cursi, pero tener a Fate entre sus brazos lo valía.
-…me gustas Nanoha- se lo dijo, Nanoha no podía creerlo- no tienes que hacer esto, y no estás obligada a corresponderme, si esto te incomoda, podemos dejarlo en buenos términos, es lo que quería decirte- la voz de Fate sonó más gruesa y temblorosa de lo habitual, parecía contenerse-…yo misma no comprendo por qué pasó, solo sucedió, no es que me gusten las mujeres, tú eres la primera persona que me gusta así que no lo sé, creía que no, pero a lo mejor es así…- poco a poco la voz se iba apagando-...así que no creas que quise aprovecharme de ti, yo jamás…
-Fate…- Nanoha detuvo el parloteo que no necesitaba escuchar, lo sentimientos de su "amiga" eran sinceros, tenía la total seguridad de eso, si Fate dejaba salir lo que pasaba por su mente temía que de repente se diera a la huida. Darse cuenta del estado de Fate le dio valor a Nanoha, que, levantando su rostro sin deshacer el abrazo, pudo apreciar una vez más el sonrojo en las mejillas de la rubia-…lo sé…
Sin saber de dónde sacó el valor, a lo mejor motivada por la timidez de la otra, por tenerla entre sus brazos y tan cerca. Nanoha impulsó despacio, pero segura su rostro al de Fate, y está vez fue ella quien le "robó un beso" una vez más. Su cuerpo se relajó por completo, su alrededor desapareció y el tiempo fue solo una discontinuidad, en la que, al ser correspondida en el beso, sentir la presión de los labios de Fate hicieron aumentar las revoluciones en su cuerpo. No supo cuánto duró, pero al separarse, se aseguró de sonreírle cálidamente a esa "delincuente" que parecía solo causar caos en su vida. Luego se sonrojó y se puso nerviosa.
-No…no estoy segura de lo que siento por ti, no del todo…- trató de hablar lo más claro que podía-…pero yo también quería besarte- desvió su mirada de lo avergonzada que ahora se sentía, decir eso y lo siguiente que diría…-…solo me asusté de mí misma aquel día, y no supe cómo reaccionar e hice eso sin poder controlarme, no fue por ti, en ningún momento te odie ni nada ¡Lo siento!
Escuchó la risa de Fate, solo la hizo sonrojar más, pero terminó de decir lo que quería.
- ¡¿Me perdonas?!
De acuerdo, el fuerte abrazo que recibió no era del todo necesario, pero fue reparador, su corazón latía con felicidad y esperanzador. Aún faltaba decirle que pronto se marcharía, esperaría otro momento más adecuado.
Así fue como inició la cuenta regresiva de los días más intrigantes e íntimos para Nanoha, al ser consiente del poco tiempo que le quedaba, simplemente se dejó llevar. Fate regresó al lugar que le correspondía, y ese era nada más y nada menos que a la par de Nanoha. Verlas charlar en el salón fue un revuelo y una sorpresa impactante, aunque los amigos de Nanoha no lo comprendieron, su amiga les pidió comprensión y que por favor no la rechazaran por ello, afortunadamente aceptaron, pero guardarían distancia cuando hablara con Fate. Ahora la "matona" de la escuela dejó de verse tan intimidante al estar con la número uno del salón. La biblioteca no pasaba tan concurrida, se sentaban más cerca de lo necesario, pero era para poder conversar a voz baja, Fate aprovechaba para tomar la mano de Nanoha y brindarle tenues caricias, Nanoha resistía su propio sonrojo con la acción e intentaba seguir la conversación, su pulso se aceleraba y al fin comprendió esa famosa frase de "sentir mariposas en el estómago" esa sensación extraña en sus entrañas debía ser eso. El camino breve a casa al final del día lo hicieron tomadas de las manos o del brazo. Fate se despidió de ella con un beso en la mejilla antes de separarse en el camino y desaparecer "huyendo", la primera vez le causó tanta impresión que se quedó conmocionada, y se quedó parada en el lugar más tiempo del necesario, hasta que recordó cómo mover las piernas y que debía recorrer su camino de vuelta a casa. No reclamó esa tan descarada muestra de afecto en público, solo lo dejó ser. A Nanoha dejó de importarle nada más, en el periodo de exámenes, descaradamente se iba con Fate a donde fuera, donde pudieran estar juntas, donde nadie cuchicheara de solo verlas. Planeó un día completo para pasar con sus amigos Suzuka-chan, Arisa-chan y Yuuno-kun, fueron al centro comercial, al cine y comieron en un buen restaurante, fue el único día que estuvo separada de Fate. Sus amigos lloraron cuando les dio la noticia que pronto se iría, la abrazaron en despedida y fueron a comprar un hermoso regalo entre todas. Fue un buen día, definitivamente las extrañaría mucho. Por más que lo evitó, no pudo evitar pensar que abrazarlas a ellas, no era lo mismo que abrazar a Fate, aun siendo el primer y último abrazo a sus amigos.
El día final de clases, al terminar la evaluación les quedó el tiempo libre, de poder hacer lo que quisieran, de estar con los amigos o en los clubs. Nanoha le pidió a Fate que la llevara a la azotea.
-¿Qué, estás loca? Podemos ir a otro lugar- la reacción de Fate era de esperarse, era bien sabido que la azotea estaba bloqueada, pues los estudiantes no podían subir a ese lugar.
- ¿La "delincuente" de ésta escuela no puede con la puerta de la azotea? ¡Quiero que me lleves!
Con su orgullo en juego, Fate aceptó. Se escabulleron entre los pasillos hasta llegar arriba, subiendo las últimas escaleras, el lugar se miraba bastante aislado y deshabitado. La rubia batalló un buen rato con la puerta bajo llave, hasta que un llamativo "clic" se hizo presente. Entre risas, y comentarios engreídos de Fate invadieron la tan famosa azotea, hacía viento, buscaron un lugar más o menos cómodo y con sombra. Se sentaron estando bastante cerca más por inercia que por intención. Nanoha miró de soslayo a su amiga, la vio sonreír mientras miraba al cielo, quiso sonreír también, pero el sentimiento de opresión llegó a su pecho.
- ¿Te duele algo Nanoha? - la voz de Fate le llegó tan suave y clara, con ese tono raspón que la caracterizaba…simplemente hermosa.
La miró directamente a continuación cuando la otra ya la miraba, la preocupación genuina también marcaba ese rostro, sonrió con tristeza, y sin responder, solo se acercó y se recostó en el hombro de Harlaown, sin preguntar, sin pedir permiso, y nadie le objeto. Aunque el silencio las envolvía, no resultó para nada incómodo, fue envuelta en un medio abrazó por esos brazos que ya conocía y se dejó envolver por al ambiente. El viento impactaba suavemente, las nubes recorrían despacio el firmamento en el inmenso cielo azul, se sintió rodeada de su absoluta intimidad, como si el tiempo se detuviera de pronto y se marcara la eternidad, como si solo por decirlo, el mundo fuera a desaparecer…lamentablemente las cosas no cambiarían solo por pretenderlo.
-Fate yo…-no sabía cuánto tiempo hubo transcurrido, cuando las palabras al fin pudieron ser vocalizadas-…pronto tendré que irme…- estaba aguantando lo más que podía, para no quebrarse con las primeras palabras.
- ¿Tan pronto? La escuela aún no termina…- Fate podía llegar a ser muy inocente sin pretenderlo.
-No es eso, en unos días…nos mudaremos…me iré de aquí y yo…tenía que decírtelo- terminó casi en un hilo de voz, pero lo suficientemente fuerte como para que se le escuchara. Esperaba que Fate no se molestara, no le reclamara por no decirle antes, que no se fuera de bote pronto, dejándola sola otra vez, porque eso sería muy doloroso. Era tan difícil pensar en la despedida, en que quizás no volverían a verse.
Los brazos a su alrededor se estrecharon un poco más, y su cuerpo fue arrastrado hasta encontrarse reposando por completo la espalda sobre el torso de la otra, haciéndole estar entre las piernas de Fate, a su vez, ésta recostó su cabeza en la espalda de Nanoha. Un leve quejido, y un hipeo contenido, le indicaron que Fate había comenzado a llorar. Nanoha entonces, sostuvo aquellas manos que ahora la rodeaban por su cintura, entrelazando sus dedos, su propio llanto brotó y fue liberado. De todas las reacciones que esperaba, está era la más inesperada, no quería que Fate llorara, aunque ella misma se sintiera triste…ya era algo inevitable.
Fate no le reclamó pues conocía de primera mano la dinámica de la familia Takamachi, la misma Nanoha le había contado historias de sus anteriores vivencias en otros sitios, no podía reclamarle cuando no era culpa suya, alguna vez llegó a preguntarse también, cuánto sería el tiempo que podría compartir con Nanoha, por eso hizo cada instante memorable después de saberlo (aunque el asunto del beso era cosa diferente, o eso pensó con seriedad Fate). Ella no era tan bruta e insensible como todos creían, quizás como la misma Nanoha podía creer.
El tiempo sobre aquella azotea parecía ir a toda prisa y acelerar, y a su vez iba a una tortuosa lentitud, marcaba el fin de una maravillosa época de su juventud, de un preciado recuerdo que querían atesorar para siempre en su corazón.
El abrazo perdió fuerza, pero lo brazos de Fate no dejaron de rodearla. Ya con un poco más de calma, de que el llanto amainara, Nanoha se volteó, para ver de frente una vez más a Fate, nada la había preparado para lo que se encontró. El rostro descompuesto y destrozado emocionalmente de su delincuente, donde solía ver una sonrisa, fiereza, seguridad y determinación, ahora las lágrimas recorrían las mejillas de ese hermoso rostro, las cejas caídas, y esos ojos que parecían perdidos, a pesar de ella misma estar en similar estado. Posó una de sus manos sobre las mejillas de Fate, ni siquiera el tacto la hizo reaccionar.
Nanoha, haciendo acopio de todo su valor, se acercó y besó a Fate sobre la coronilla y luego sobre la frente, miró a Fate estando sus rostros muy cerca, la rubia le miró extrañada, y ésta vez, fue Nanoha quien se encargó, de desaparecer la distancia que las separaba, besando a su "amiga" sobre los labios. Aunque sorprendida Fate, cerró sus ojos para hacerle sentido al tacto lo más que podía. Efímeros pero eternos segundos, que aceleró sus corazones al unísono. Sus labios se separaron, pero la lejanía de sus cuerpos no lo hizo.
-…te quiero, Fate- ella no era así, nunca se imaginó diciendo tan abiertamente palabras con tanto peso a alguien, pero no valía la pena guardarlo para que atormentaran su interior, y pese al dolor, jamás se arrepentiría por nunca haberlo dicho a quién merecía escuchar esas palabras.
Y vaya que valió por completo la pena, al ver dibujarse una sonrisa de nuevo sobre los labios de Fate.
-…sabes que yo también- para su desafortunado autocontrol, Nanoha fue la única que se sonrojó al escucharse querida y correspondida, pero no se avergonzó del todo, porque era un maravilloso sentimiento.
Sujetando con firmeza y delicadeza el cuerpo de Nanoha, Fate la acercó abrazándola nuevamente por la cintura y, uniendo sus labios en otro beso, se dejó llevar. Venciendo sus temores, Nanoha cerró sus ojos y abrazó despacio a la rubia por el cuello. Sus labios se movían y presionaban al unísono, separándose y juntándose con cautela. El corazón de la cobriza latía desbocado, ante las nuevas sensaciones y reacciones de su cuerpo, nunca pensó que llegaría a estar así con Fate, pero era mejor que un simple consuelo y unas cuantas palabras de ánimo…era más…gratificante.
Hasta que se separó de improvisto, con un gran sonrojo que le llegó hasta las orejas, después de sentir la lengua de Fate acariciar sus labios. Pensaba que eso era otro nivel.
- ¿Qué sucede? Solo soy yo Nanoha- dijo comprensiva Fate- pero está bien, si no quieres…
- ¡No! ¡Quiero decir sí! ¡No! ¡Es que…! - Nanoha se puso tan nerviosa que le costaba decir una frase coherente.
-Cuando dije que te quiero, lo dije enserio…- la pasividad en esa voz-…y no haremos nada que tú no quieras...- Nanoha la detestó por completo- podemos ir a donde quieras al terminar la escuela para…
-Cállate…- su voz a tono bajo.
- ¿Eh? - Fate la miró extrañada. Solo sintió como nuevamente sus labios eran invadidos por los de Nanoha con un poco más de agresividad…siendo más, atrevida que lo anterior.
No sabía por qué lo hacía, por qué era tan absurdo. Fate era la que no podía controlar sus impulsos, caprichos y berrinches tontos. Era culpa de Fate que estuvieran en ésta situación, porque la besó en primer lugar, porque le dijo que le gustaba, porque le coqueteaba cada que tenía oportunidad ¿Y ahora se suponía que ella era la madura de las dos? ¡Ja! ¡Por favor! Si una de las dos debía llevar el mando en esa relación tenía que ser ella, Nanoha, y no esa delincuente rebelde.
No importaba lo nerviosa que se sintiera, lo sonrojada que estuviera…o el temor que sentía. Se atrevió a rozar esos labios con premura y devoción, palpando y entreabriendo sus labios de a poco. Pesé a todo, fue Fate que se aventuró a pasar de nivel, y volviendo a sentir aquella lengua acariciando sus labios, entreabrió su boca dejando pasar a la intrusa, dejando derribar otra barrera hasta entonces desconocida para Nanoha. Sentir la lengua de Fate acariciando la suya, hizo disparar una descarga eléctrica que embrutó su cerebro, recorriendo por completo su medula espinal, por su espalda, hasta sentir sensaciones extrañas más allá de su abdomen bajo, hasta el punto de resistir la respiración más allá de lo necesario, pero fue inevitable separarse por la falta de aire.
Fate sonrió a medio lado a pesar de respirar entrecortado, mientras que Nanoha jadeaba ligeramente.
-Te vez muy linda- su delincuente le dijo lo primero que le vino a la mente.
-…tú también- Nanoha lo dijo volteando su mirada a otro lugar, no dejaba de ser vergonzoso.
-Muchas gracias, Nanoha- ese tono, le hizo caer de nueva cuenta en la realidad- éste será uno de mis más preciados recuerdos- una lágrima furtiva escapó de uno de los ojos de Fate hasta fallecer en su misma sonrisa, una de las sonrisas más bellas, honestas y sinceras.
-Fate…- sin darse cuenta Nanoha casi se encontraba sentada en el regazo de Fate, a pesar de darse cuenta, no se alteró, ni deshizo el abrazo que tenía rodeando el cuello de su, ahora "más que amiga"-…ésta fue mi primera vez- dijo sin temor-…mi primer beso ha sido contigo…
-No tienes que decirlo Nanoha, está bien…- no comprendía bien, acaso ¿había forzado a Nanoha sin pretenderlo?
-Pero quiero hacerlo…- dijo con determinación-…quiero decir, Fate, acaso tú ¿Ya habías besado a alguien más? – el escrutinio repentino descolocó a Fate.
- ¡¿Qué?! ¡No! ¡Claro que no, tú también...! Contigo he tenido mi primer beso- al fin algo la hizo sentir avergonzada, sonrojándola como su compañera.
-Parecía que ya tuvieras experiencia y yo, bueno, ¿Enserio? - esa era una parte, pero si no lo era, Fate era muy valiente, o muy atrevida.
-No te mentiría, pero…supongo que leído una que otra novela romántica…- ésta vez eran los ojos de Fate que la esquivaban.
- ¡Ja! ¡Lo sabía! - dijo triunfante, pues Fate siempre se burlaba de su lado cursi, por pasar leyendo muchas novelas románticas ligeras, mientras que Fate siempre hablaba de sus afanadas películas de acción o sus historias de terror, asustándola en el proceso.
-Yo solo me he dejado de llevar- agregó-…porque eres tú- Fate podía ser muy torpe, y en ocasiones idiota, aunque era inteligente para muchas otras, por alguna razón sabía que decir, para hacer que el corazón de Nanoha latiera con una agradable calidez-…si quieres podemos ir a la cafetería a comprar algo…- de repente parecía que el nerviosismo ahora se apoderaba de Fate.
-No quiero- respondió sin titubear-…ahora solo quiero estar contigo- se sentó por completo en el regazo de Fate, rodeando la cintura de la otra con sus muslos, desabrochándose ella misma su chaqueta y quitándosela frente a la rubia, que no cabía de su impresión y esa respuesta.
- ¿Nanoha? - una voz le susurraba a Fate que eso no estaba pasando en realidad, que eso no estaba bien, debía respetar a Nanoha, era lo más honorable, y otra en cambio, le decía que su Nanoha se iría muy pronto, que quizás nunca más podría volver a tener la entre sus brazos, o ella estar entre sus muslos ¡lo que sea!, pero si ella quería prolongar ese momento, entonces, que por ningún motivo la detuviera.
-Hagamos que éste momento dure un poco más…- Nanoha besó a Fate en su mejilla, y después buscó sus labios. Fate decidió que por ningún motivo la detendría.
Fate "la delincuente", se aventuró dentro de la boca de la estudiante más aplicada de su salón, la segunda mejor en la escuela aquel año, la acarició sobre la ropa y sobre su piel, como la más delicada flor, su espalda, su cintura, sus muslos, sobre la ropa sus pechos. Besó su oreja, su barbilla y el cuello tan delicado, marcándola solo abajo donde casi se formaban sus pechos. Nunca sobrepasó la última base, tampoco era necesario, Nanoha pareció muy complacida, no se atrevió a preguntarle si es que llegó al clímax en alguna ocasión, aunque parecía por su expresión, y porque ella misma a pesar de las superficiales caricias, sintió tocar el cielo, solo de estar con ella así. Eso no cambió que el separarse fuera difícil. Ni que la aprehensión en el último abrazo de su encuentro las hiciera llorar.
Aun así, no se arrepentiría, ni parecía que Nanoha lo haría aún al despedirse en aquel aeropuerto, donde la tuvo cerca en un único abrazo de despedida. La vio subir al avión, la vio partir y despegar. La tarde estaba en su punto, cuando al ver el horizonte de tan bellos colores, lloró silenciosa, dejando ir su primer extraño, pero cálido amor. Nanoha por otro lado, y por absurdo que fuera, quería regresar en sus pasos, quedarse para siempre con Fate, pero solo la dejó ahí y se fue, se escribirían, tal vez, se harían video llamadas, tal vez, no la olvidaría…tal vez. Y la lejanía sería un constante recuerdo de que no están juntas. Su primer amor terminaría así, no quería querer a nadie más…solo a Fate. Quizás la próxima vez al encontrarse…nada sería igual. Y celosa de por quién estaría al lado de Fate algún día, esperaba que al menos la hiciera feliz, mucho más de lo que ella misma pudo hacerlo.
¿Fin?
Algo me da la sensación que puede dar para un capítulo más, pero no lo puedo asegurar.
Es un final inusual, al menos para mí, pero espero hayan disfrutado la lectura.
