Búu… Se acabó. Nada que decir, aquí os dejo con el último capítulo. Espero que os haya gustado este minific moñas.


There is like everyone else.
Tercera parte

Noviembre dio paso a diciembre casi a zancadas. Por suerte, lo de Kate no quedó más que en un terrible susto. No perdió mucha sangre y pudieron salvarla a tiempo, así que Harry se incorporó a las clases en cuestión de días.
Tom se había resignado a estar en medio de la disputa. Pasaba la mayor parte del tiempo con Danny, pero cuando se acercaba a mí para hablarme se mantenía neutral. De vez en cuando me sugería que hablase con Danny, que aunque pareciese que estaba enfadado en realidad lo que estaba era muy triste y que estaba deseando que volviese a hablarle. Decidí ignorarle. ¿De verdad creía que me iba a tragar eso de que Danny se sentía mal? A Danny le importaba perderme como amigo lo mismo que a mí aprobar aquella evaluación.

Danny procuraba no estar en el mismo cubículo que yo. En las clases pretendía hacer como que no existía. Simplemente no había vuelto a mirarle a los ojos desde nuestra discusión, y lo prefería. ¿Para qué iba a querer encontrarme con una mirada cargada de frialdad y furia?

Aunque a decir verdad en un recóndito rinconcito en mi corazón lo echaba de menos.

Harry y yo pasábamos más tiempo juntos. De vez en cuando me abordaba con el tema de Danny, en cuanto veía que me sentía incómodo se callaba y cambiaba de tema. Al final yo acababa bajando la guardia y otra vez vuelta a empezar.

Aunque pudiese sonar algo egoísta, en realidad era otro tema el que ocupaba todos mis pensamientos, y era mi actual atracción por Harry Judd. Más que atracción era... era inexplicable. Él era mi mejor amigo, la persona con la que más había conectado en toda mi vida, y a la vez lo quería. Lo quería cada día más, pero no de la forma con la que se aman dos amantes. Simplemente necesitaba estar con él, saber si todo lo que me estaba pasando era una confusa etapa de la pubertad o de verdad me gustaba Harry tanto como pensaba.

Un día cercano a las vacaciones de Navidad caminé junto a un grupo de chicas que estaban hablando sobre los preparativos de dicha fiesta en el instituto. Rodé los ojos y pasé de largo, aunque hubo una frase que me hizo detenerme y volver a prestarles atención.

—Necesitamos los cohetes... ¡Sin ellos no se puede cumplir la leyenda de Navidad!

Había estado escuchando constantemente rumores sobre leyendas y tradiciones en dicho baile, por eso cuando me integré en aquel círculo de chicas y lo pregunté lo hice más por satisfacer mi curiosidad que por interés.

—¿De qué leyenda habláis?

Las chicas se giraron para mirarme horrorizadas, algunas incluso se taparon la boca con dramatismo.

—¿No conoces la leyenda del beso de Navidad?—preguntó la más cercana a mí, una chica de pelo moreno y liso asiático. Me encogí de hombros, incómodo por aquella incredulidad general.

—Es una leyenda... Tampoco tengo por qué sabérmela.

La chica bufó y negó con la cabeza. Después cogió aire para explicarme.

—A ver, la tradición cuenta que todos los años, en la medianoche del baile de Navidad, tenemos que lanzar cohetes de diversos colores al aire. Los amarillos son para la fortuna, los verdes para los estudios, los azules para la salud y los rojos para el amor. Según la leyenda, las dos personas que se besen justo cuando suelten los cohetes rojos estarán juntas para el resto de sus vidas.

De pronto, se produjo un suspiro general y todas las chicas se quedaron contemplando el horizonte con la mirada vacía y cargada de ilusión. Carraspeé incómodo por cómo se había tornado esa situación y porque por mi mente había cruzado fugazmente una escena en la que salíamos Harry y yo besándonos, así que decidí salir de ese círculo.

—Vale, muchas gracias... Lo tendré en cuenta.

No obstante, antes de que pudiese escapar, la chica de pelo moreno me agarró de la muñeca y me obligó a quedarme ahí un rato más.

—Solo queda una semana para la fiesta de Navidad, Dougie... ¿Ya tienes pareja para el baile?—preguntó con voz melosa. Lejos de captar sus intenciones, mis orejas se sonrojaron en estado máximo.
Sí, había pensado para mi interior «Pues pensaba que estaría bien ir con Harry...»

—No... pero... bueno...

—¿Quieres que...?

Pero no pudo concluir su pregunta porque alguien posó su mano sobre mi hombro y la chica me soltó. Mi corazón dio una voltereta al ver a Harry parado a mi lado.

—Dougie, ¿puedo hablar contigo?

Intenté que mis pensamientos no volaran a gilipolleces tales como «Te va a pedir que lo acompañes al baile, ya lo verás»y sonreí intentando aparentar tranquilidad.

—Claro. Dime.

—No, aquí no. En privado.

Asentí con la cabeza y le seguí hasta que salimos del edificio. Harry se sentó en el muro de las escaleras y yo hice lo mismo, entre curioso, nervioso y avergonzado.

—¿Qué ocurre?

Harry se frotó las manos debido al frío y parpadeó, mirándome a los ojos.

—Acabo de ver a Danny.—comenzó diciendo. Fruncí el ceño sin comprender.—¿Has visto últimamente cómo está?

—Pues... no, la verdad es que no.

Arrugué la nariz, pensando en que hacía un mes que no le miraba minuciosamente a la cara. De hecho, evitaba siquiera observar cualquier parte de su cuerpo para demostrarme a mí mismo que ya ni siquiera existía de forma física.

—Volviendo de la cafetería me lo he encontrado. Estaba solo sentado en un banco—repuso acercándose a mí y bajando la voz.—Llorando.

Apreté la mandíbula mirando el suelo.

—Eso no significa nada. Podría estar llorando por cualquier otra cosa...

—Aunque estuviese llorando por una tontería ajena a vosotros creo que deberías hablar con él. Eres una increíble persona, Dougie. Sé que harás lo correcto.

Me ruboricé ante aquel halago espontáneo, sintiendo que de nuevo algo se derretía en mi estómago. Antes de que pudiese rebatirle, Harry posó una mano en mi hombro y me hizo girarle para mirarle. Nuestras caras estaban realmente juntas.

Mierda... ¿De verdad podría ser tan imposible que Harry me invitase a ir con él al baile?
No, Dougie... Aleja esos pensamientos teenies de tu cabeza.

—¿Intentarás al menos arreglarlo con él?

Me esforcé en que mis ojos no se desviasen demasiado a sus labios y asentí con la cabeza.

—Lo intentaré...—respondí con un hilo de voz. Harry sonrió y se separó de mí, saltando del muro.

—Sabía que lo harías. ¿Por qué no vas ahora?

—¿Ahora?

—Sí. Creo que es un buen momento.

—Pero... No sé...

Harry me miró y sonrió de lado de forma misteriosa.

—Si vas a hablar con él ahora te cuento un secreto.

Parpadeé dos veces lentamente, extrañado.

—¿Un secreto?

Asintió con la cabeza, mostrando los dientes en una sonrisa.

—Pero te repito que tienes que ir a hablar con él ahora.

La garganta se me taponó por un segundo y desvié la vista.

—Está bien... Pero que conste que lo hago por moralidad y no porque me hayas hecho chantaje.

—Que sí. Ahora venga, arreando.

Me reí entre dientes y salté del muro, caminando en dirección opuesta a Harry.

—Eh, Dougie.

Me detuve y giré sobre mí mismo, alzando las cejas a modo de pregunta. Harry torció la boca en una sonrisa y se metió una mano en el bolsillo.

—Me encanta que no seas como los demás.

Como no supe qué contestar a aquella declaración, dejé que mi característico rubor se extendiese por mis mejillas, orejas y cuello y sonreí tímidamente, agachando la cabeza y caminando más deprisa, temiendo que se diese cuenta demasiado de mi repentina felicidad.

Busqué los diez minutos restantes de nuestro recreo a Danny por la zona en la que supuse que Harry había visto al pecoso, pero no lo encontré. Suspiré cuando el timbre del instituto resonó por todo el área y caminé con las manos en los bolsillos hacia la entrada, resignado. Sin embargo, una mano agarrándome de la muñeca me sobresaltó y me hizo girarme rápidamente, alerta.

—Tranquilo, Dougie. Soy yo.

Bajé mis manos con gesto impasible, observando al que había sido mi amigo Danny a mis espaldas. Apreté la mandíbula, alzando la mirada y me quedé impactado al fijarme en sus ojos.
Sus despiertos orbes ahora lucían apagados, sin ningún brillo y enrojecidos, adornadas por unas profundas ojeras. De hecho, si me fijaba detenidamente, podía percatarme de que aquella mirada hacía que todo su rostro se viese transformado por completo. Estaba horrible.

—Ah. Hola.—fue lo único que se me ocurrió decir. Danny metió sus manos en los bolsillos y miró al suelo, ocultando sus ojos bajo el flequillo rizado.

—¿Tienes un momento para hablar?

—El recreo ya ha terminado...

—Da igual. Yo te haré un justificante si es lo que necesitas.

Suspiré por lo bajito y accedí asintiendo con la cabeza, siguiéndole a un banco en el que Danny se sentó. Me coloqué a su lado y junté las manos, frotándomelas. Danny carraspeó y se rascó la frente, algo avergonzado.

—Oye, mira...—comencé diciendo yo, pero Danny levantó una mano en el aire para que me detuviese y callé.

—No, déjame hablar a mí. Desde nuestra última discusión lo he estado pensando mucho. No me había dado cuenta de todo lo que he causado hasta ahora, y de verdad que la culpa me está matando. Me he pasado noches enteras fuera de casa intentando olvidarlo en yo qué sé qué tonterías...

—¿Qué tonterías?—inquirí rápidamente. Danny negó con la cabeza.

—Eso no importa. El caso es que he estado intentando evadir toda mi culpa con otras cosas y tratando de descubrir qué mierdas he estado haciendo con mi vida cuando la solución estaba en mí mismo. He sido un gilipollas y lo siento mucho, Dougie. Lo siento de veras.

Apreté las mandíbulas intentando que Danny me mirase a los ojos, pero parecía que encontraba muy interesante los cordones de sus zapatos. Chasqueé la lengua, pasándome una mano por el pelo. ¿Qué debía decir? ¿Que no había sido un gilipollas? Porque mentiría; sí que lo había sido, y mucho, pero se estaba retractando y no veía oportuno hundirlo aún más en la miseria.

—Estás a tiempo de cambiar, Danny. A ver, no todo lo que has hecho en tu vida está mal. Tú antes eras una buena persona, y genial además.—atisbé una sonrisa tímida en su cara y decidí continuar rápidamente antes de avergonzarme de lo que estaba diciendo.—Sólo te has desviado de tu verdadero camino, pero siempre puedes volver a él.

—Es que... No sé, me veo incapaz de poder hacerlo.

—Bueno, no tienes por qué hacerlo solo.

Danny giró su cabeza y me miró con el ceño levemente fruncido. Sonreí.

—Tom y yo te ayudaremos. Para eso están los amigos, ¿verdad?

Y ensanché la sonrisa al ver que alzaba las cejas y pegaba sus labios curvando sus comisuras en una sonrisa tímida pero agradecida. Me dio unas palmadas en el hombro y yo le contesté dándole un golpe en el codo. Era nuestro modo habitual de decirnos un «te quiero» amistoso.
El resto de la hora la pasamos comentando lo que habíamos hecho ese último mes; quedadas, Tom, estudios, tiempo libre... Sólo cuando Danny me ofreció un cigarrillo me preguntó sobre el tema que yo estaba temiendo que tocásemos durante ese período de tiempo.

—Y dime...—comenzó tomándose una pausa para encender su pitillo con el mechero y echar una calada a su cigarro. Después me miró e hizo un gesto con la cabeza.—Harry y tú... ¿Sois muy amigos?

Contemplé el cigarrillo que me había ofrecido entre mis dedos, volteándolo cada poco. Danny volvió a dar otra calada.

—No hace falta que me lo cuentes si no quieres.

—En realidad... Creo que debería hablar de este tema con alguien.

Danny volvió a mirarme y sonrió de lado.

—Pues dispara.—me instó pasándome el mechero.—¿Te gusta Harry o...?

Estiró aquella última vocal mientras bajaba gradualmente la voz y esperaba mi respuesta, pero seguí encendiendo mi cigarrillo con cierto rubor y las manos algo temblorosas. Danny soltó una risita y siguió con su pitillo.

—O sea, que sí.—masculló de forma despreocupada. Tragué saliva.

—No es lo que tú crees...

—Dougie, no me importa, en serio. El venazo que me dio la última vez... Olvídalo, ¿vale? Es solo que era extraño y nuevo para mí.

—Dímelo a mí...

Danny volvió a reírse y se revolvió el pelo, nervioso. Carraspeé para romper el silencio tirando la ceniza restante de mi cigarrillo al suelo.

—Oye... ¿Crees que esto me convierte en homosexual?

—No lo sé, tú sabrás. ¿Y qué si lo eres?

—Es que es muy... raro. No me gustan los chicos, sólo Harry. Y ni siquiera es gustar, gustar...

—¿Qué quieres decir?

—A ver, sí que me gusta, pero no sólo en el sentido de «me gusta su cuerpo», sino el cómo es y tal... ¿Sabes? Lo conozco solo de tres meses y ya lo quiero mucho, y... Joder, qué difícil es esto.

Danny se rió. Se reía tanto y de forma tan sincera que ya me había olvidado de lo que era una carcajada sana por su parte que no conllevase insultos de mal gusto.

—He visto cómo te mira.—exhaló el humo de sus pulmones sin mirarme directamente, terminándose su pitillo. Le presté atención, arrugando la nariz.—Por eso estaba algo mosqueado al principio, si te digo la verdad. Harry te observaba como si fueses comestible.

Tosí al atragantarme con el humo del tabaco y me di varios golpes con el puño cerrado en mi pecho, pero no me dio tiempo a sonrojarme lo debido ni a preguntar el significado de aquella frase, porque el timbre del instituto sonó en la lejanía. Danny giró la cabeza y dio un pequeño bote, tirando la colilla restante al suelo y apagándola con un pisotón mientras se incorporaba, suspirando y frotándose las manos.

—Bueno, creo que va siendo hora de que vaya arreglando todo lo que he hecho.

Tras decir aquello, el pecoso me dedicó una sonrisa indescifrable y se metió las manos en los bolsillos caminando con paso firme hacia el instituto. Me quedé un segundo extrañado en el banco hasta que decidí levantarme y correr tras él, tirando el cigarrillo al suelo sin importarme que me quedase más de la mitad.

—¿A dónde vas? ¿Qué vas a hacer?

—En fin... Lo he pensado y creo que debería pagar de una vez por todas todo mi mal karma. ¿No crees?

Arrugué la nariz y le dediqué una mirada incrédula negando dos veces con la cabeza sin comprender, pero Danny no parecía estar dispuesto a despejarme mis dudas. Por el contrario, se rió entre dientes, me guiñó un ojo y entró en el edificio. Lo seguí de cerca, pero me obligué a separarme de él cuando vi a Harry y a Tom colocados en las taquillas de los pasillos, cerca uno del otro. Los dos me preguntaron lo mismo y casi al unísono.

—¿Por qué no has ido a clase?

Sonreí y les contesté:

—He arreglado las cosas con Danny.

Tom sonrió abiertamente. Estaba seguro de que a él le hacía más ilusión que a nosotros; no llevaba nada bien las discusiones, y mucho menos si por culpa de ello actuaba de intermediario. Harry asintió con la cabeza, satisfecho, y se acercó a mí esbozando una sonrisa que yo le correspondí.

—Creo que hay algo que me tienes que contar.—repuse. Tom ya había vuelto a prestar atención a su taquilla mientras Harry se revolvía el pelo, carraspeando.

—Bueno, más bien no es algo que yo te tenga que contar...

Abrí los ojos esbozando una sonrisa intrigada y alcé las cejas a la vez que parpadeaba dos veces, instándole a seguir. Harry cogió aire y despegó los labios. Sentí una especie de apretón en el estómago a causa de los nervios, pero mi amigo nunca llegó a pronunciar la frase. Unos gritos procedentes del final del pasillo fueron haciéndose cada vez más audibles conforme la persona causante de aquel alboroto se iba acercando a nuestra zona. Al igual que los demás alumnos, Harry y yo giramos la cabeza, curiosos. Kate Williams caminaba casi a zancadas de brazos cruzados, el tono del rostro a juego con su pelo y una mueca como de estar oliendo algo realmente desagradable. Danny le seguía a poca distancia con gesto consternado y el rostro contraído, como a punto de llorar. Harry hizo ademán de acercarse a su prima, pero le detuve agarrándole del brazo.

—¡Ya no sé cómo decírtelo! Si me metía tanto contigo es porque te quería pero soy tan débil que es la única forma de protegerme de lo que siento por ti. Necesito que vayas al baile conmigo. ¡Por favor!—gritó Danny abriendo muchos los brazos. Estaba seguro de que hacía tanto ruido para que la gente se fijase en él, y lo estaba consiguiendo.—Mírame, ¡no soy más que un puto lerdo! Sin ti soy más inútil que el codo de un Playmobil. ¡Te necesito a mi lado!

Kate se giró sobre sí misma y arqueó una ceja lanzándole una mirada escéptica a mi amigo. Por todas partes se escuchaban cuchicheos y risitas.

—Estás de coña, ¿verdad? Espero que sea eso.—contestó la pelirroja dando un paseo adelante y entrecerrando los ojos, negando con la cabeza.—Mira, Danny... Tú. Yo.—dijo señalando con gesto teatral respectivamente.—Jamás. En la vida. Ni en cinco reencarnaciones.

—¿Pero por qué, Kate? ¿Por qué?—preguntó Danny con un ridículo tono chillón. Creía saber por dónde iban los tiros, pero no dije nada. Me limité a agarrar a Harry por el brazo por si en algún momento le daba por intervenir. Kate parpadeó muy rápido, nerviosa, y boqueó varias veces, soltando ruiditos incoherentes por la boca al intentar explicarse. Danny le apremió con un gesto con la mano algo irritante, por lo que Kate dilató sus fosas nasales al expulsar el aire por la nariz y cogió valor para apuntar con un dedo acusador al pecoso y decirle todo lo que se había guardado hasta entonces.

—No puedo creer de verdad que me estés preguntando el porqué...—la pelirroja se apartó el flequillo con dramatismo, entornando los ojos. Todos alrededor seguíamos contemplando la escena.—Para empezar, no te acompañaría al baile por el simple hecho de aguantar tu compañía durante unas horas ni borracha... Bueno, quizá en ese caso sí, es la única manera que tienes de que las chicas con las que sales decidan enrollarse contigo.—conforme hablaba, Kate lo hacía con más desenvoltura y se trababa mucho menos. Cambió el peso de un pie para otro.—Eres la persona más detestable que he conocido en mi vida, y no te creas que lo digo por decir. Mira que he conocido a chicos que van de sobrados y de chulos por la vida, pero ninguno tan sucio y rastrero como tú.

Los murmullos de interés aumentaron. Danny observó impoluto y atento a Kate mientras asentía con la cabeza, como si estuviera escuchando una lección en clase para tomar apuntes.

—¿Nada más?—añadió tranquilamente, a lo que Kate respondió con una sonrisa burlona y una negación de cabeza.

—Vete a la mierda.—repuso entre dientes antes de alejarse por el pasillo. Unos chicos comenzaron a aplaudir y uno de ellos, Gary Lekker, el cabecilla del grupo, se acercó a Danny y le dio una palmada en el hombro mientras se reía de forma atronadora.

—¡Ha sido cojonudo, tío! Pero creo que la jugada te ha salido mal... La señora Mollas te ha dejado en mal lugar, pringado.

Y, contra todo pronóstico, Danny giró la cabeza lentamente y posó su mirada en la mano que Gary apoyaba en su hombro con una mueca de asco, separándose de él lentamente,

—A ver si te lo puedo explicar de una manera que entiendas, chaval... Como vuelvas a llamarla señora Mollas o similar en cualquier ámbito te juro que la única manera en la que vas a poder siquiera tener relaciones sexuales va a ser a través del World of Warcraft. ¿Estamos?

Tras terminar aquella frase, Gary separó la mano del hombro del pecoso con una mueca, volviendo con su grupo de amigos, los cuales se habían quedado tan impresionados como Gary, pero en cuanto pudieron reaccionar se acercaron amenazantes a Danny, que alzaba la barbilla con altanería y firmeza a pesar de que algunos de ellos ya habían empezado a crujirse los nudillos.

—¿Qué has dicho, pelo caniche?

Danny, lejos de sentirse intimidado, contestó:

—¿Ahora además de gilipollas eres sordo?

Y aquella fue la gota que colmó el vaso. Contemplamos sorprendidos cómo Gary y sus secuaces cogían a Danny, arrastrándolo hacia el servicio, y éste no hacía nada para evitarlo, ni nadie a su alrededor. De hecho, algunas personas grabaron con sus teléfonos móviles el momento en el que llevaban empujando por los hombros a Danny hasta el cuarto de baño. Harry y yo nos echamos ambas miradas de desconcierto, preguntándonos con una ceja arqueada qué demonios había pasado en ese momento.

—Creo que... ¿lo ha hecho a propósito?—terminé la frase con forma de pregunta ladeando la cabeza. Harry se encogió levemente de hombros y movió las mandíbulas como si estuviera saboreando el momento para determinar si era cierto.

—Quizá sí, o quizá no. Puede que hubiera planeado algo así para algún tipo de estrategia, pero que no contase con el final.

Asentí con la cabeza satisfecho por la respuesta y miré la puerta por la que habían desaparecido mordiéndome el labio inferior, sopesando la posibilidad de entrar y rescatar a mi amigo. Volví a mirar a Harry para preguntarle si debía hacerlo, pero desvió la mirada rápidamente de mí, apretando la mandíbula, como si le hubiera pillado haciendo algo prohibido. Alcé las cejas y entonces lo recordé.

—¿Tú no tenías algo que decirme?

Harry me clavó sus oscuros ojos y ensanché la sonrisa a causa de la bola de sentimientos que ascendía por mi garganta, taponándola. Se frotó la nuca, avergonzado, mirando al suelo. Entrelacé mis manos a la altura de mis caderas para que no se fijase en que estaba temblando.

—En fin, yo quería preguntarte si...

Y no pudo terminar su frase, por mucho que yo lo estuviese deseando. Alguien tiró de mi brazo bruscamente y me empujó unos metros lejos de Harry. Me giré sobre mí mismo deshaciendo el agarre de la persona que me había cogido con gesto enfadado, pero lo relajé sorprendido al percatarme de que era la misma chica morena de pelo lacio que me había contado la leyenda del baile horas antes. Se echó el cabello hacia la espalda y posó una mano en su cintura con gesto decidido.

—Tenemos que hablar.—inquirió cortante. Negué con la cabeza.

—Es que ahora no...

—Me da igual que ahora no tengas tiempo. He tenido que reunir mucho valor para preguntarte esto y voy a hacerlo ahora mismo.

—Vale, pero primero espera a...

—No, Dougie. Ahora.—la chica era delgada, pero me sacaba media cabeza, por lo que me sentí intimidado ante aquel tono tajante.—¿Tienes pareja para el baile de Navidad?

Me encogí sobre mí mismo, apretando los labios y temiendo la repercusión de mi respuesta.

—Bueno... no, pero...

—Yo tampoco.—respondió rápidamente. Asentí lentamente con la cabeza.

—Ah... Guay.

Miré hacia el suelo, distraído. La chica se cruzó de brazos, suspirando.

—¿Entonces...?

La miré haciéndome el tonto. Aquello era ridículo.

—¿Entonces qué?

La morena resopló y entornó los ojos, alzando sus manos como si rogara por paciencia.

—¿Vas a venir conmigo al baile de Navidad o qué?

La observé con cara de póker.

—¿Pero por qué?

—¡Joder, Dougie! Somos de los únicos que quedan por emparejarse, por lo tanto debemos ir juntos.

—Bueno, no sé... tanto como deber...

—Venme a recoger el día del baile a las cinco y media.

—¿Qué?

—Que no te retrases, ¿eh? Que si no, no voy contigo.

—Pero...

—Vaya, me llaman unas amigas... ¡Adiós, Dougie! ¡Nos vemos el día del baile!

—¡Pero...!

Y se fue despidiéndose alegremente con la mano mientras me dejaba a mí con la misma sensación que si me hubieran dado una bofetada. Desorientado, balbuceé unos segundos antes de reaccionar y percatarme de que Harry se había colocado a mi lado con una ceja arqueada y casi tan confuso como yo.

—¿Qué ha pasado?

Fruncí el ceño mirando al suelo y curvando las comisuras de mis labios.

—Eso me gustaría saber a mí...—murmuré para mí mismo. Parpadeé unas cuantas veces y me aclaré la garganta, alzando la mirada y sonriendo a Harry.—Da igual... ¿Qué ibas a decirme?

Harry giró su cara hacia mí. Me fijé en que me miraba pero sus ojos parecían totalmente... opacos. Supuse que andaba perdido en sus pensamientos, así que pasé una mano por delante de su cara, lo cual pareció espabilarle. Harry se colocó el cuello de su camisa y miró hacia otro lado.

—Quería decirte que no podré ir al baile de Navidad.—un iceberg imaginario descendió completo por mi garganta.—Estas fechas tenemos mucho trabajo en el centro y pocos voluntarios, por eso considero que es muy importante que yo asista ese día... Quería preguntarte si no te importa.

Mantuve contacto visual con Harry cavilando seriamente si me estaba gastando una broma de mal gusto. Debía reconocer que yo mismo me sentía muy ridículo dándole aquella prioridad irracional al baile de Navidad y al de asistir con Harry, pero esperaba que él supiese lo importante que era para mí no el baile, sino estar con él. Creí que lo supo desde el primer momento, pues al cabo de cinco segundos bajó la mirada y repuso:

—Dougie, yo... lo siento, pero creo que esto es más importante.

Obligué a Harry a mirarme una vez más con las cejas alzadas. En ese momento estuve seguro de que él sabía cuál era el significado de mis palabras.

—¿Seguro que no vas a venir, Harry?

Y esperé la respuesta de esa pregunta como un detonante. Yo sabía lo que quería decir, y él lo sabía, estaba más que claro. Si la contestación era negativa... Entonces abandonaría toda esperanza, porque esa noche era nuestra noche... La única.
Él lo sabía. Tenía que saberlo, estaba claro.

Harry despegó los labios para responder, pero me apresuré en añadir:

—Me gustaría mucho que vinieses a la fiesta.

Harry volvió a pegar sus labios, pestañeó una vez lentamente y suspiró profundamente. Aguardé con el corazón en un puño.

¿Conoces esa sensación? ¿Ese asqueroso sentimiento de que eres la persona que más odiabas, que te comportas precisamente de la manera de la que tú antes de burlabas?
¿Alguna vez hasta lo más insignificante ha adquirido más importancia y otro significado por culpa de una persona en concreto?
¿Alguna vez has dejado lo que más querías, como escribir, por esa persona?
¿Alguna vez se ha instalado el amor en ti como si fuese un parásito?
¿Te has enamorado? ¿Te has arrepentido de ello?

Yo sí.

—Dougie, lo siento.

Ilusiones desvaneciéndose y burbuja haciéndose añicos. ¿Había alguna razón por la que no quería asistir al baile o simplemente no quería venir conmigo? ¿Y si simplemente estaba imaginándome una historia que no tenía nada que ver con lo que estaba ocurriendo?
Quizá para Harry sólo era un amigo. Un buen amigo más, y se sentía indiferente ante la idea de ir a la fiesta de Navidad porque no le interesaba ninguna de las leyendas referentes a aquel día.

Quizá esa historia de confuso amor sólo la estaba viviendo yo.

Curvé los labios esbozando una sonrisa todo lo creíble que pude y le proferí un golpe amistoso en el hombro a Harry, terminando en una risita.

—No pasa nada, hombre.—repuse con la voz agarrotada a causa del disgusto.—Te acompañaría al centro, pero ya he quedado para ir al baile con... con...

—Moneka.—respondió rápidamente Harry. Lo miré extrañado, entrecerrando los ojos y ladeando la cabeza. ¿Qué clase de nombre era ése? Harry se rió entre dientes y se metió las manos en los bolsillos. Parecía que quería agregar algo más a nuestra conversación, pero el timbre del instituto concluyó el descanso. Nos observamos con ambas sonrisas tímidas, como si aquel sonido fuese algo vergonzoso.—Bueno... ¿Vamos a clase?

Me mordí el labio inferior y asentí con la cabeza dos veces.

—Claro... Venga, vamos.

Harry volvió a reírse entre dientes y me dio dos palmadas en la espalda mientras caminábamos hacia nuestra clase, como dos amigos más.
Sólo dos amigos más.


Tuve que preguntar por Facebookdónde vivía Moneka describiéndola como la chica morena de pelo liso para ir a recogerla. En realidad no me apetecía nada ir con ella al baile. De hecho no estaba para nada obligado a hacerlo. Supuse que era el orgullo el que me impedía rechazarla e ir solo al baile, pues seguramente Danny y Tom irían emparejados. Sin ninguna duda.

Tuve que alquilar un coche para recoger a la chica. Aún así no me comí mucho la cabeza, alquilé el coche más barato de todo el confesionario. En cuanto Moneka observó con incredulidad el interior del coche mientras intentaba colocarse el vaporoso vestido granate supe que se había arrepentido de ir a la fiesta conmigo, pero no me importó ni me dio ninguna pena en absoluto. Después de todo, era ella la que había sugerido la idea.

Llegamos al instituto veinte minutos después. En la entrada principal un cartel informaba en qué lugar se hallaba la fiesta, aunque todos sabíamos que era en el gimnasio, pero debíamos aparentar elegancia. Anduve por los pasillos con las manos en los bolsillos e ignorando las llamadas de Moneka, que debido a sus tacones de plataforma negros no podía caminar muy deprisa.
De pronto me topé con alguien que alegró momentáneamente mi noche. Alcé las cejas y sonreí incrédulo al atisbar a mi amigo Tom saliendo del gimnasio agarrado de una preciosa chica con un vestido azul marino y su brillante pelo rizado recogido en una prieta coleta. Me reí por lo bajo orgulloso al ver que se trataba de Giovanna Falcone. Tom se fijó en mí cuando nos cruzamos, pero no se detuvo. Me dedicó una sonrisa amplia y levantó un dedo en señal de OK, dando a entender que todo iba de maravilla. Tenía que ser así si Tom y Giovanna salían de una concurrida y, esperaba, animada fiesta para tener más intimidad. Le repetí el gesto a mi amigo y le guiñé un ojo, pero mi euforia empática no duró demasiado. Moneka me alcanzó y me agarró del brazo, interrumpiendo mi intercambio de gestos.

—Dougie, si no te importa… hay una chica a la que deberías atender.—inquirió fríamente la morena. Me mordí la lengua, literalmente, y puse los ojos en blanco mientras entrábamos en el gimnasio.

La fiesta era tal y como me la había imaginado; habían decorado todo el gimnasio con motivos navideños, incluido un gran árbol de Navidad justo en el centro. En el lateral, donde se encontraban las gradas, yacía una larga mesa blanca con montones de comida y bebidas, sobre todo ponche sin alcohol, aunque supuse que alguien se las habría apañado para mezclar algo en la bebida. Un DJ algo cutre estaba colocado con todo su equipo de música en las gradas, por lo que la gente que se paraba a descansar sentado o simplemente tomando algo esbozaban muecas de incomodidad respecto al volumen de la música.

Inmediatamente me puse a buscar con la mirada a Harry aunque sabía que no lo encontraría. Moneka tiró de mi brazo y me llevó a un lado del árbol.

—¡Ven, ven, vamos a bailar!

Me dejé llevar no muy convencido. Moneka comenzó unos bailes rápidos y sensuales al ritmo de la música. Yo simplemente daba golpecitos contra mis piernas a la vez que movía mi cabeza de forma descompasada, buscando con la mirada a alguien conocido. Moneka se pasó tres canciones enteras intentando llamar mi atención y la de los chicos de su alrededor, pero creo que no lo consiguió, al menos no conmigo.

De pronto, llegó el momento de la noche en el que odié al DJ con todas mis fuerzas. El registro había cambiado a una canción lenta, por lo que Moneka se detuvo y me dedicó una mirada inquisidora con su sombra de ojos gris. Sonreí de lado algo cohibido en incómodo, pero no pude retrasar mucho tiempo el baile. Agarré a Moneka de forma rígida y comencé a moverme con torpeza.

—¿No te parece esto romántico?—me susurró Moneka al oído, a lo que yo contesté con un gruñido, esperando que se contentase con aquella respuesta.

La morena se separó de mi rostro y se quedó a cinco centímetros de mí con una sonrisa sugerente. Parpadeó y levantó la mirada. La imité, curioso, y preferí no haberlo hecho. Un ramo de muérdago coronaba aquella zona.

Moneka agachó la mirada y yo, por inercia, hice lo mismo. La morena sonrió y cerró los ojos, acercándose lentamente a mi cara, despegando los labios. Ya podía sentir su respiración y oler su perfume de vainilla…

Carraspeé y me separé bruscamente de ella, frotándome la nuca.

—Lo siento, no me encuentro muy… Voy al servicio.

Ignoré las súplicas de Moneka y eché a correr en dirección contraria. Escuchaba perfectamente mis jadeos de la carrera que me eché en un segundo.
Mi plan era el siguiente; esconderme en el cuarto de baño hasta que los zombies invadiesen el mundo y por narices tuviese que salir para encontrar un escondite mejor.

Derrapé delante de la puerta del cuarto de baño y la abrí de golpe. Me detuve rápidamente con los ojos muy abiertos y la mandíbula desencajada, y me sentí como si hubiera pillado a una pareja haciendo cosas realmente obscenas.

Danny Jones y Kate Williams me devolvieron una mirada de sorpresa. Habían girado sus cabezas al unísono en cuanto yo había entrado en el servicio de chicos… ¿Era el de chicos? Volví a mirar la placa: Sí, era el de chicos.

—¡Vaya, Dougie! ¿Qué tal la fiesta?

Danny me sonrió anchamente. Se hallaba sentado encima del lavabo del cuarto de baño con los codos apoyados encima de las piernas. Kate estaba casi en la misma posición, pero en sentido opuesto y con las piernas cuidadosamente cruzadas para que no se viese nada entre su vestido negro.

Había pillado a Danny Jones y Kate Williams en plena conversación, y eso era sin duda más traumatizante que si hubiera visto a Tom quitándole las bragas a una chica que no fuese Giovanna. Y no precisamente porque fuera asqueroso, sino porque era sin duda lo más extraño que había presenciado aquel año.

—Yo… Bueno, necesitaba despejarme.

—¿Con quién has venido?—preguntó amistosamente Kate. Me costó mucho contestarla mientras me dedicaba esa desconcertante sonrisa bañada en unos labios de color carmín.

—Con Moneka… o algo así. ¿Qué hacéis vosotros aquí?

Danny y Kate se miraron durante un segundo y se rieron a carcajada limpia. Yo no entendía nada.

—Hemos venido juntos al baile, Dougie.—contestó Danny tranquilamente como si lo que me hubiera dicho careciese de interés.—Ya está todo arreglado. Por cierto, ¿has visto que Tom ha venido con Giovanna? ¡Tío, no me lo esperaba en absoluto!

—Sí, desde luego… ¿Qué podría haber más inesperado que eso?—pregunté con segundas aún conmocionado, pero Danny no pareció entenderlo. Kate deslizó sus botas moteras hasta el suelo y se quedó apoyada en el lavabo.

—Oye, no habrás visto por casualidad a mi primo por aquí, ¿verdad? Es extraño… Se supone que salió de casa antes que yo.

Miré a Kate tras parpadear dos veces y fruncí el ceño.

—No… Harry no ha venido. Está en el centro comunitario.

Kate apretó los labios y respondió muy seria:

—No, ha venido. No ha podido ir al centro porque se inundó hace dos semanas y media y aún están intentando arreglarlo.

Boqueé levemente casi con súplica, esperando que lo que me dijese Kate fuera un error.

—¿Estás... estás segura?

—Que sí, Dougie. Nos hemos arreglado los dos en su casa para venir aquí y él salió antes que yo así que debería estar por alguna parte de la fiesta.

Agaché la mirada entrelazando mis manos, pues notaba que me estaban temblando. Tragué saliva con la garganta terriblemente agarrotada y sintiendo un débil escozor en los ojos.
Joder, era ridículo...

—Doug, ¿estás bien?

La voz preocupada de Danny me llegó en forma de eco. Cogí aire profundamente y escuché mi respiración como si tuviese los oídos taponados. Levanté la mirada y un dedo, pidiendo permiso para excusarme, y salí corriendo del servicio sin rumbo fijo.

Aquello era asquerosamente absurdo. Aquella era una noche cualquiera de una semana cualquiera y de un mes cualquiera, entonces... ¿Por qué me sentía como si una bestia me desgarrase el estómago por el simple hecho de que Harry no hubiese aparecido en la fiesta? ¿Por qué me engañaría con algo así? ¿Se había inventado todo eso para no tener que pasar toda una noche conmigo?

Al chapotear en una especie de charco salí de mi trance, deteniéndome. Miré a mi alrededor. Había llegado a la piscina del instituto, donde se organizaban las competiciones y cobraban la entrada a todo aquel que no era alumno del mismo en verano.

Caminé unos pasos observando la titilante luz reflejada en la oscura agua de la piscina debido a la luna que se filtraba por los ventanales, y entonces me puse a llorar.
Dejé caer mi cuerpo hasta quedar agachado y me abracé las rodillas, escondiendo mi cara entre mis piernas. Jamás había llorado con tanta facilidad. No era una llantina, ni siquiera un sofoco importante. Simplemente dejaba caer las lágrimas en silencio por mis mejillas, rebosantes de dolor, y no sabía si me dolía más el hecho de que Harry no se hubiese presentado aquella noche o que estuviese tan angustiado por ello.

—¿Dougie?

Di un bote del susto, incorporándome de un salto, y me giré sobre mí mismo con los ojos muy abiertos hacia las gradas. Sentí como si toda el agua de la piscina se hubiera metido en mis pulmones de golpe.

Allí, en las gradas, se hallaba sentado despreocupadamente con un cigarrillo en los dedos el culpable de mi dolencia emocional.
Harry exhaló el humo del tabaco con gesto contrariado y dejando caer lentamente la mano que lo sujetaba, impresionado. Me apresuré por llevarme las palmas de las manos a los ojos y limpiarme el rastro traicionero de las lágrimas que aún quedaban. Cuando volví a abrir los ojos me percaté de que Harry estaba saltando las gradas para acercarse a mí, así que di un paso hacia atrás.

—¡No te acerques!—grité, furioso. Harry se detuvo con una pierna en el aire y me miró con la pregunta en los ojos.

—Pero...

—¡He dicho que no!—repetí casi bramando. Intenté controlar los sollozos, pero mi cuerpo comenzó a convulsionar. ¿Se podía ser más patético?

Harry abrió la boca para contestar, pero levanté una mano y repetí:

—¡Te he dicho que no! No quiero que te vuelvas a acercar a mí. Es más, no quiero volver a verte.

Hubo un silencio de dos segundos antes de que me pusiese una mano delante de los ojos de forma irracional. Aquello pareció hacerle mucha gracia a Harry, porque escuché su alegre risa inundando toda la piscina.

—¡No tiene ninguna gracia! Estoy harto, ¿vale? Harto de tener que depender de ti y harto de pensar cosas raras cuando estoy contigo. ¡Yo no soy así! ¿Vale? Yo nunca he sido así y no me da la gana que ahora alguien como tú me cambie, ¿está claro?

Pero en vez de amilanarse, Harry se rió con tanta fuerza que noté como un rubor me subía por el cuello hasta llegarme a las mejillas. Separé dos dedos de mi mano para ver a través de ellos y me fijé en que Harry seguía acercándose. De hecho ya se había pasado de las gradas y ahora caminaba hacia mí con una mano en el bolsillo. Di un bote hacia atrás y seguí tapándome la cara, esta vez con las dos manos.

—¡He dicho que no quiero verte!—acto seguido chasqueé la lengua, entorné los ojos y dejé caer mis manos.—¿Ves? Yo estas subnormalidades en condiciones normales no las suelo hacer, que yo sepa.

Harry siguió riéndose con fuerza, a lo que yo fruncí el ceño.

—¿De qué cojones te ríes?

—Eres la única persona sobre la faz de la Tierra capaz de enfadarse y estar igual de adorable.

Mi sonrojo se incrementó y desvié la mirada para que no se diese cuenta, pero Harry me agarró de la barbilla y me obligó a mirarle. Mis hormonas hicieron cabriolas por toda la sala.

—Eres un idiota.

Apreté los labios cuando dijo aquello y me obligué a separarme de él si no quería perderme a mí mismo para siempre.

—No es justo, Harry. Yo...

Pero no terminé la frase. A medida que me alejaba de Harry no me había dado cuenta de que me acercaba más a la piscina hasta que resbalé con el bordillo y caí hacia atrás. Escuché un grito de Harry, pero no alcancé a escuchar lo que había dicho exactamente.

Sentí que todos los músculos dejaban de responderme ante el agua helada. Intenté hacer pie, pero en aquella parte el suelo estaba muy profundo. Pataleé intentando llegar a la superficie, esperando que Harry se acordase de que no sabía nadar.
Justo cuando empecé a agobiarme y a gritar bajo el agua tragando una cantidad considerable noté un cuerpo cayendo a mi lado y tirando de mis hombros. Me agarré a él esperando que no pesase demasiado para que pudiese llevarme al bordillo sin problemas. Segundos después mi pie chocó contra el suelo, así que me apresuré por pisarlo con firmeza, abrazando los hombros de Harry y manteniendo el equilibrio, tosiendo a causa del agua. Nuestros dos cuerpos estaban temblando debido al frío. Castañeé los dientes mientras separaba mi cara del hombro de Harry para mirarle a los ojos. Se había quitado la chaqueta para salvarme, por lo que se entreveía su torso a través de la camisa mojada. El castaño sonrió levemente.

—¿Estás bien?

Me quedé contemplando los ojos de Harry como si nunca los hubiera visto en su totalidad y como respuesta cerré los ojos, ladeé la cabeza y junté nuestros labios, abrazándolo con más fuerza por los hombros para pegarlo a mí. Dejé de sentir frío, como si no estuviera calado hasta los huesos. Jadeé cuando Harry se coló con brusquedad y pasión en mi boca, clavándole las uñas en la espalda. Me apretó a él por la espalda y siguió jugando al escondite con mi lengua. Sólo fuimos conscientes de que íbamos a coger una pulmonía importante cuando el sonido de un megáfono lejano nos hizo separarnos y estornudé girando la cabeza. Harry se rió y me apartó el flequillo mojado de la cara, haciéndome un gesto con la cabeza.

—Venga, salgamos.

Sonreí y dejé que Harry me condujese con un brazo por la espalda hasta las escaleritas de al piscina. Cuando salí de ella el frío se hizo más notorio. Me abracé a mí mismo mientras Harry se agachaba a por su chaqueta y me la tendía.

—Quítate la tuya y ponte la mía antes de que te resfríes.

—Pero...

—No me hagas ponértela por las malas.

Estuve tentado a probar cuál era esa forma, pero en vez de eso me quité la chaqueta que cogió Harry y me puse la suya. Era una talla más grande que la mía, por lo que me sirvió casi como manta. Me abracé a ella y cerré los ojos, disfrutando por unos segundos del perfume de lavanda de Harry. Cuando abrí los ojos me tendió una mano que yo estreché con mucho gusto y salimos de la piscina juntos.

Tardé dos minutos en decidirme a romper aquel silencio para preguntarle lo que me tenía en vilo:

—¿Por qué no me dijiste que venías al baile?

Noté que la mano de Harry se tensaba cuando formulé la pregunta.

—Quería decírtelo. Es más, yo...—se interrumpió a sí mismo. Ladeé la cabeza, curioso.—Pero tú al final decidiste ir con esa chica y bueno...

—¿Qué? Casi se me lanzó a la yugular para que fuese con ella. Ni siquiera sabía cómo se llamaba, lo supe porque tú me lo dijiste.

Harry me miró durante unos segundos y se detuvo antes de entrar en el gimnasio, agarrándose el estómago mientras se reía a carcajada limpia. Fruncí el ceño, en parte desconcertado y molesto porque se hubiese desprendido de mi mano.

—¿De qué te ríes?

Harry intentó calmarse y fue bajando el volumen de su risa gradualmente mientras me decía:

—Dougie, no tengo ni puta idea de cómo se llama esa tía... Me inventé el nombre.

Desencajé la mandíbula y cogí aire para gritarle cuatro cosas a Harry, pero una marabunta de gente saliendo del gimnasio me impidió lanzarle mi perorata al castaño. Harry y yo miramos sorprendidos cómo la gente corría cogida de las manos, pero no parecía que hubiese ocurrido algo peligroso. Estaban todas riéndose y parecían emocionadas. Esperamos a que Tom, Giovanna, Danny y Kate saliesen juntos y nos mirasen con gesto contrariado.

—¿Por qué coño estáis como si hubierais entrado al Ministerio de Magia tirando de la cadena del váter?—preguntó Tom cogido de la mano de una risueña Giovanna que nos miraba con una sonrisa divertida. Kate se rió y Danny me dio una palmada en el hombro.

—Seguro que será una historia cojonuda y por la que nos reiremos de ti hasta el final de tus días, pero ahora tenemos que salir al patio. Van a tirar los cohetes de Navidad.

Tras aquello salieron corriendo detrás de todo el mundo. Harry y yo nos miramos por un momento y los seguimos, nuevamente cogidos de la mano. Poco me importaba lo que pudiesen cuchichear nuestros compañeros a las espaldas.

Cuando llegamos al patio había un montón de parejas y grupos de amigos mirando el cielo añil y señalándolo con emoción. Harry y yo nos paramos justo en la salida para contemplar la explosión de colores azules y verdes que se inundaban el firmamento iluminando nuestras caras. Sonreí juntándome a Harry. Ni siquiera me acordé de la supuesta Moneka, ni me importaba dónde podría encontrarse en aquellos momentos. De lo que sí me acordé fue de la leyenda que me habían comentado mis compañeras, por lo que lancé miradas de soslayo a Harry. En una de esas me pilló mirándolo, así que ya no tenía sentido disimular. Nos miramos por un momento hasta que Harry cerró los ojos e hizo ademán de besarme, pero yo le detuve poniendo las yemas de los dedos en su barbilla. Harry abrió los ojos, extrañado, y yo negué con la cabeza.

—No quiero que estemos juntos por una estúpida leyenda.

Y en ese momento tiraron los cohetes rojos. Observamos cómo en aquel momento se besaban algunas parejas. Tom se acercó tímidamente a Giovanna y le dio un casto beso en los labios. Sonreí y desvié la mirada. Danny y Kate se miraban entre divertidos y burlones, riéndose de los dos tortolitos salidos del espacio exterior.

—Dougie.

Alcé las cejas y giré mi cara hacia Harry, que me robó un beso colocando una mano en mi nuca. Me alejé de él y lo miré con una sonrisa divertida.

—¿Qué te he dicho?

Harry se rió entre dientes y acarició el dorso de mi mano con su pulgar.

—Sabía que no eras como los demás.

Sonreí de lado, parpadeando y estrechando la mano de Harry con más fuerza.

—La verdad, a estas alturas no me importa ser o no ser igual que los demás...

... lo único que me importa ahora eres tú.

Apoyé mi mejilla en su hombro y nos quedamos para ver el final de la actuación de los fuegos artificiales. Sentí que Harry apoyaba su mejilla en mi cabellera.

Cerré los ojos, esperando que todo estuviese igual que en esos momentos como los abriese. Si el sueño se había vuelto realidad, entonces no quería que acabase nunca.