Tres mil millones de latidos.
Disclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, todos sus personajes le corresponden a Clamp yo sólo los uno a mis locas ideas.
Summary: Sakura jamás ha logrado entender por qué el ceño de Syaoran Li esta así de fruncido cada vez que la mira… esperen, sólo la ha mirado fijamente dos veces en todos los años que llevan siendo compañeros… y pareciera que quiere asesinarla con la mirada, ¿Qué puede ser peor? Que terminen como compañeros de asiento, ¿qué tan malo es sentarse junto al gruñón y maldito Li?
2.
No volvimos a hablarnos nuevamente, y con "hablar" me refiero a la interacción de que él abriese su bocota para fastidiarme con algo y yo replicara monosílabos; no hubo nada de palabras ni miradas… bueno, miradas sí, no podía evitar mirarlo de reojo de vez en cuando, era un poco infantil pero quería comprobar si realmente todo el tiempo tenía ese ceño arrugado, satisfecha me percaté que su gesto se relajaba en clases de Algebra y Trigonometría, Li parecía disfrutar de aquellas clases, irónico ¿No? Justamente en las dos asignaturas que más problemas me traían él parecía tener una leve sonrisita durante las dos horas de clases, lo cual también me ofuscaba un poco.
Y pasaron las semanas que se convirtieron en meses, les extrañará saber que mi relación con mi compañero de banco seguía igual de nula, y ya estábamos en Diciembre y lo único que sabía de Syaoran Li es que ciertamente me odiaba, o si no era odio algo muy parecido lo que pasaba por su cabeza, era cosa de ver como me miraba cada vez que nuestros ojos se encontraban por casualidad, lo cierto es si en un principio sus miradas me asustaban e incomodaban un poco, luego aprendí a lidiar con ellas, incluso me esmeraba por no ocupar ni medio centímetro de la parte de la mesa de Li para evitarnos posteriores encuentros desagradables.
Sin embargo mi tranquilo vaso de leche no podía estar así por demasiado tiempo, justamente dos semanas antes del receso navideño nos asignaron un proyecto por pares en el que debíamos trabajar con nuestro compañero de banco, debo decir que sentí horror, porque al contrario de Tomoyo –quien seguía pensando que en el fondo Li era "bueno- yo sólo podía ver el tirano ceñudo que era. ¿Cómo lograría sobrevivir al proyecto de dos meses que implicaba el trabajo de Literatura?, y peor… ¿Cómo me reuniría a trabajar con Li? Estaba segura que si lo invitaba a casa Touya era capaz de enterrarlo vivo en el jardín, pero… ¿ir a casa de los Li? La que iba a ser enterrada viva ahí seguramente sería yo. ¿Cuánto tardaría Li en hacer desaparecer mi cadáver?
Vi su mano hacer un puño al momento en que el maestro daba las indicaciones del trabajo que debíamos realizar, no había que ser demasiado observadora para saber que a él le gustaba tan poco la idea como a mi de trabajar juntos, resoplé abatida y me apoyé en el banco.
- Kinomoto…
Ahí vamos de nuevo.
Era la tercera vez que me hablaba en todo el año. Me reincorporé a sentarme derecha y lo miré con cara de pocos amigos.
- ¿Estaba ocupando tu lado de la mesa? ¡Oh! Lo siento- dije algo irónica- olvido que tengo lepra y puedo contagiártela.
Sentí que su mirada por poco me partía en dos de lo intensa que estaba siendo, al instante me arrepentí de haber sido tan audaz – o boba- como para tratarlo así, y al parecer había hablado lo suficientemente alto como para que varios a nuestro alrededor nos miraran. Cinco segundos de silencio – los conté- mientras él alzaba una ceja y me observaba detenidamente.
¿Por qué siempre que estoy con él pierdo los estribos?
- Iba a preguntarte cuándo y dónde nos reuniremos,- replicó - por si no has prestado atención las revisiones serán semana a semana y no me apetece sacar un cero- añadió.
- Oh…- enrojecí, de la pura vergüenza, en serio ¿qué tenía Syaoran Li que cada vez que estaba con él me hacía quedar en ridículo? – Pues… uhm…- dudé, sabía que Li no me quitaba la vista de encima- podría ser en…
- Juntémonos en mi casa este viernes después de la escuela, ¿te parece?
- ¿Tú… casa?- pregunté algo dudosa.- Bien.
No volvimos a hablar nuevamente, de alguna forma rogaba por coger un resfriado, o quebrarme una pierna para no tener que asistir a la casa de Li aquel día, pero mis defensas parecían demasiado buenas y ya que había dejado el equipo de las porristas parecía poco probable el lograr quebrarme alguna extremidad haciendo deporte, mi desesperación era tal que incluso sopesé la posibilidad de dimitir y sacarme un cero en el proyecto, ¿Qué tan malo sería? Sin embargo la posibilidad fue descartada en cuanto Tomoyo me recordó que ese trabajo valía el 30 % de la asignatura, no podía permitirme reprobar.
Cuando sonó el timbre aquel viernes no pude evitar sobresaltarme, a mi lado Li guardaba las cosas en su bolso y parecía de lo más tranquilo, aunque su ceño seguía fruncido.
- Syaoran, iremos a casa de Ryu, ¿vas con nosotros? – preguntó Eriol mientras palmeaba la espalda del aludido, los miré de reojo, atenta a la respuesta de Syaoran.
- No puedo-replicó éste.
- ¿Y eso?- volvió a preguntar su amigo mientras se situaba frente al banco observando como aún Li guardaba sus cosas.
- Tengo que juntarme con… Kinomoto a hacer el trabajo de Literatura.
- Oh…- sentí la mirada de Hiragizawa sobre mi y me atreví a alzar la vista, no me gustó para nada lo que vi, sus ojos me veían con diversión y cierto gesto… ¿compasivo? no supe descifrarlo.- Entonces nos vemos mañana, recuerda que prometiste acompañarme a…
- Sí, lo recuerdo- le interrumpió Li, no pasó desapercibido que no quería que yo oyera a dónde irían esos dos, me acomodé la mochila al hombro y miré hacia otro lado demostrando que me importaba nada el saber que harían ellos con su fin de semana.
Salí de la sala acompañada de Tomoyo, podía sentir las voces de Li y Hiragizawa tras nosotras, mi amiga no paraba de mandarme miraditas nerviosas y ansiosas las cuales yo respondía con un levantamiento de cejas y negaciones silenciosas. Al llegar a la puerta del instituto fue el momento de separarnos, Tomoyo se despidió de mi antes de alejarse, lo mismo hicieron el par de amigos, noté que Hiragizawa se marchaba por el mismo lugar que había desaparecido mi mejor amiga.
- Sígueme.- pegué un leve brinco antes de ver alejarse la espalda de Li, apuré el paso para tratar de alcanzarlo, ¿es que siempre era así de parco?
Como era de esperarse el camino fue en completo silencio, él parecía tan reacio a dirigirme la palabra como lo mostraba en clases, en un intento de entretenerme durante el trayecto comencé a observar detenidamente el paisaje a mi alrededor, casas muy bonitas se encontraban por el vecindario, jardines con lindas cercas y fachadas muy decoradas con el tema navideño.
Todo pasó demasiado rápido, un momento estaba observando detenidamente un hermoso pino y al siguiente sentía como mis cabellos se arremolinaban y una mano tiraba de mi brazo empujándome hacia su cuerpo.
Abrí los ojos de la impresión a tiempo de darme cuenta que un enorme camión acababa de pasar frente a mis narices y que Syaoran Li me sostenía aún la mano reteniéndome contra su pecho, en la cuneta.
- ¿Eres tonta o qué Kinomoto?- preguntó mirándome severamente, enrojecí, y no sólo porque me diese cuenta que había estado a dos pasos de estamparme contra un camión en movimiento, si no porque aún podía sentir como los dedos de Li sujetaban los míos y como su rostro ceñudo me reprochaba cosas en una cercanía que no había tenido antes.
Él pareció darse cuenta que aún me sujetaba y me soltó bruscamente volviendo a retomar el paso.
- Gracias…- susurré bajito, aunque él no mostró señas de haberme oído.
Continuamos caminando-esta vez yo completamente atenta al camino- hasta detenernos en una casa especialmente grandiosa, abrí los ojos de la pura impresión al ver que Li entraba y hacía el gesto de hacerme pasar a mi, cruzamos el jardín rumbo a la casa que por cierto por el tamaño más bien era una… bueno, una casa inmensa. ¿Entonces Li si que era rico? En el instituto se decía que la familia de Li era muy adinerada pero hasta entonces no había podido comprobar la veracidad de aquello. Apenas entramos un señor de edad nos estaba esperando.
- Buenas tardes, señor- saludó.
- Buenas tardes, Wey- respondió Syaoran antes de voltearse hacia mi.- Ella es una compañera de la clase, haremos un trabajo juntos…
- Buenas tardes, señorita.
- Buenas… tardes- respondí.
¿Li tenía un mayordomo? ¡Woa! Tenía que comentarle más tarde a Tomoyo. Li continuó caminando y lo seguí hasta que se detuvo en lo que parecía ser una sala de estar, un amplio sillón frente a una televisión plasma, un escritorio, un computador, un equipo de música y un enorme librero con muchos volúmenes de lo que a simple vista parecían enciclopedias.
- Aquí estaremos cómodos- comentó mientras lanzaba su bolso sobre el enorme escritorio.- ¿Quieres algo de beber?
Me sorprendió que se mostrase más abierto a hablarme, quizás había deducido que no podríamos trabajar si no interactuábamos, asentí algo torpemente a su ofrecimiento antes de verlo marcharse; volvió a los pocos minutos con las manos vacías y un gesto realmente ofuscado en el rostro, al minuto después quien parecía ser su mayordomo entraba con una bandeja con dos jugos y una porción de galletas.
- Si necesita algo, sólo llámeme señor.
- Gracias, Wey.
Esperé que él tomase de su vaso antes de hacerlo yo, de pronto me parecía que Syaoran Li era uno de esos miembros de familias importantes de nobleza y yo sólo una chica despistada y con instintos suicidas al lanzarme sobre camiones en movimiento. Miré a mi alrededor, para ser una casa tan grande se sentía realmente callada, ¿Qué no tenía más familia? ¿Y sus padres y hermanas? Estaba segura que cierta vez había oído decir que Li tenía varias hermanas. Me percaté que era tan hermético en su forma de ser que a pesar de ser compañeros desde cuarto grado no sabía nada de él.
Comenzamos a trabajar pronto, Li parecía un poco más conversador aunque se regía única y exclusivamente a cruzar palabras en relación a la tarea que estábamos haciendo, nada de charla extra. Me percaté que era muy listo, aplicado y perfeccionista, en realidad eso lo intuía un poco de antes, pero ver la prolijidad con que mostraba al hacer este trabajo lo comprobé. Luego de dos horas de intensa labor me permití descansar un momento, me recosté un poco sobre el escritorio, sosteniendo mi rostro con la palma de mis manos.
- ¿Es costumbre tuya desparramarte sobre cualquier mesa, Kinomoto?
- Sólo cuando estoy cansada- repliqué aún cuando sentía mis mejillas un poco rojas.
- Entonces siempre vives cansada- replicó él mientras me miraba fijamente.
- ¿Por qué te molesta tanto cómo me siente?- pregunté arrugando el ceño y aprovechando el inesperado momento de valentía que tuve.
Le vi adoptar una pose algo pensativa antes de abrir la boca.
- No me molesta, supongo que mi madre siempre ha recalcado la manera correcta de sentarse y pareciera que tú haces todo lo contrario…- replicó alzando una ceja.
- ¿Y dónde esta tu madre ahora? – pregunté continuando con el arrebato de estúpida valentía.
- En Hong Kong… vive allá con mis hermanas.
No espere su respuesta, realmente no la esperé, no la vi venir porque ni en mis más remotos sueños Li iba a responder una pregunta mía que involucrara algo de su vida personal, pero ahí estaba, sorprendiéndome y dejándome con la boca literalmente abierta, tanto por el contenido como por el hecho que me hubiese respondido. Abrí y cerré la boca como un pez, mientras Li continuaba anotando cosas en su cuaderno totalmente ajeno a mi reacción. ¿Y su padre? No pasó por alto que no mencionó a su padre, ¿vivía con él en Tomoeda o qué? Pero entonces vino a mi un recuerdo de 6 grado, cuando suspendieron a Li por una semana en la escuela por haber golpeado a un chico por haber ofendido a su padre.
Su padre esta muerto…
No supe si sentirme triste o avergonzada por estar inmiscuyéndome en asuntos que no me incumbían, pero aún las palabras de Li retumbaban un poco en mi cabeza, ¿es que acaso vivía solo en Tomoeda? La sola posibilidad de verme viviendo sin nadie más que un mayordomo no se me hacía demasiado placentera, ¿con quien desayunaba por las mañanas? ¿con quién charlaba antes de dormirse? ¿con quien…
- Kinomoto… no espero que te quedes a dormir en mi casa para terminar tu trabajo.
Volví a enrojecer, cada palabra que salía de la boca de Li me hacía sentir más pequeña e insignificante. De pronto todo sentimiento de consideración hacia él se borró de inmediato, Li era un pesado y odioso niñato.
- No es necesario que seas tan pesado ¿sabes? Me basta con saber de por si que te es una tortura trabajar conmigo, no necesito muestras a cada minuto.- exclamé volviendo a leer la lista de ítemes a desarrollar.
El silencio volvió a posarse entre nosotros por varios minutos.
- No es una tortura trabajar contigo, Kinomoto.- pronunció de pronto.
¿Era una especie de broma? Alcé la vista y sus ojos estaban fijos en mi, y su ceño estaba igual que siempre cuando me miraba; había que recalcar que todas sus palabras perdían credibilidad sólo con ver como me miraba.
- Es bueno saberlo…- no pude evitar el sutil tono de ironía.
Los minutos se convirtieron en otra hora más, que sólo fue interrumpida por una gentil voz.
- Disculpe joven Li, ¿la señorita cenará con usted o comerá solo?
Fingí demorarme más de lo debido escribiendo una palabra para tener la excusa de no levantar la vista y así no verme en la obligación de responder, lo cierto es que llevaba cerca de 3 horas junto a Syaoran Li y aún estaba con vida, pero no quería tentar mi suerte, sin embargo… ¿cenar solo? ¿había algo peor que comer solo? Seguramente no, pero por ningún motivo podía quedarme, había dicho a mi padre que volvería temprano y Touya era capaz de venir a buscarme si tardaba más de lo debido.
Cuando me percaté que el silencio de la sala se debía a que ambos hombres esperaban mi respuesta, me mordí el labio algo nerviosa, no quería sonar demasiado descortés.
- Oh… yo, bueno… debo regresar pronto a casa y ya es tarde…
Li asintió y miró al mayordomo como demostrándole lo que quería escuchar, el anciano señor asintió antes de desaparecer por la puerta.
- ¿Cenarás solo?- no pude evitar preguntar.
- Kinomoto, que seas mi compañera en Literatura no quiere decir que nos hagamos brazaletes de la amistad y nos contemos nuestros problemas- replicó de manera hosca.
Apreté los labios en un intento de no responderle algo grosero como realmente quería hacerlo, así que hice lo segundo más sensato que podía hacer: marcharme. Tomé mis cosas y entre excusas sin sentido di por terminado mi trabajo por aquel día, Li me acompañó hasta la puerta, fue un milagro que no me patease para echarme luego.
Me volteé a verlo unos segundos.
- Bien… nos vemos el lunes- dije a modo de despedida.
- Supongo… - fue toda su respuesta.
Salí de su casa y no volví a saber de Syaoran Li hasta el lunes siguiente, a eso yo le llamo suerte.
OoOoOoOoOoOoOoO
¡Wow! Sólo puedo decir GRACIAS.
Gracias a las diez personitas maravillosas que me dejaron un review… JURO que no lo esperaba… gracias por los favoritos y alerts también… me alegra que les haya gustado el primer capítulo, me alegra y me halaga….
¿Y qué tal este? Como les digo, nunca pensé en hacer un fic, esto iba a ser un one shot, pero ya ven que mi loca cabeza continuó escribiendo por su cuenta y para cuando me di cuenta… pues… ya habían muchos "mini capítulos" y les llamo mini capítulos porque usualmente en mis otras historias un capítulo es más o menos de 15 hojas de Word, y estos no llegan ni a la mitad… pero me agrada así, porque siento que hace la historia más ágil…
Espero sus opiniones, y no duden que este primer segundo capítulo es dedicado a cada una de las geniales personas que me escribió en el primero…
Porque ustedes lo valen…
Un besazo enorme,
Mademoiselle K.
