Tres mil millones de latidos.

Disclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, todos sus personajes le corresponden a Clamp yo sólo los uno a mis locas ideas.

Summary: Sakura jamás ha logrado entender por qué el ceño de Syaoran Li esta así de fruncido cada vez que la mira… esperen, sólo la ha mirado fijamente dos veces en todos los años que llevan siendo compañeros… y pareciera que quiere asesinarla con la mirada, ¿Qué puede ser peor? Que terminen como compañeros de asiento, ¿qué tan malo es sentarse junto al gruñón y maldito Li?

3.

La semana en la escuela había sido un caos, sobre todo porque sería ese viernes el segundo festival del año y todos parecían sentirse ya en fiesta desde el lunes, cada clase se esmeraba por cumplir con sus propias labores asignadas y los números a presentar ese día eran varios por lo que la mayoría se quedaba en la escuela hasta bastante después de haber terminado la jornada de clases, entre ensayos y preparaciones últimas.

Lo bueno de todo ese alboroto es que incluso Li parecía haber olvidado que esa semana también debíamos juntarnos, por lo que ya era un glorioso jueves y no habíamos vuelto a cruzar palabras más que para el día de la revisión de la primera parte del trabajo de Literatura, en el cual por cierto obtuvimos la nota máxima. Todo indicaba que esa semana me vería libre de él y pasaría gloriosas dos semanas de vacaciones de navidad sin preocuparme por nada.

Que ingenua.

El día del festival llegó y con ello el ambiente festivo invadió el instituto, arreglos navideños por todos lados, amigos que se entregaban regalos adelantados por navidad, y por supuesto Tomoyo con su cámara grabándome a cada segundo.

- ¡Sakura te ves preciosa! Pareces realmente un hada del bosque con ese atuendo.

Sólo pude rodar los ojos, no sabía cómo había terminado en el puesto de galletas de navidad, vestida con uno de los trajes que Tomoyo había hecho especialmente para mi, un vestido verde muérdago, corto, con forma de campana desde la cintura hasta la mitad del muslo y ajustado arriba, decoraba todo el cintillo hecho con hojas de muérdago y flores blancas y unas medias verde oscuras, por suerte acompañaba ese corto vestido con unas botas o probablemente moriría de hipotermia, aún cuando todo se desarrollaba al interior del gimnasio.

Tratando de huir de la insistente cámara que sostenía mi mejor amiga traté de escabullirme, para mi mala suerte chocando precisamente con Li, quien sujetó mis brazos de manera rápida evitando además que terminase en el piso por la fuerza del impacto.

- Lo siento, Li.- me disculpé mientras él me soltaba de su inesperado agarre.

- Vaya fuerza, Kinomoto, tal vez deberías probar en el equipo de rugby.

Enrojecí, de rabia y vergüenza. Que a una chica le digan eso no es nada alentador, déjenme decirles.

- Se me da mejor el atletismo- comenté entrecerrando los ojos.

- Lo se- replicó.

Traté de buscar un atisbo de ironía pero no lo encontré. Li era realmente un ser extraño.

- Bien, ¿irás a mi casa a trabajar? tenemos dos semanas de receso pero no creas que por eso debemos dejar el trabajo de lado, Kinomoto.

Arrugué el ceño y traté de no estampar el ceñudo rostro de Syaoran Li contra el piso. ¿Qué en serio pensaba arruinar mi receso navideño?

- ¿Pasarás las fiestas en Tomoeda?

Le vi alzar una ceja.

- ¿No irás a Hong Kong a pasarlo con tu fam…

Instantáneamente me arrepentí de haber lanzado aquella pregunta, y es que la mirada gélida que me dio en ese instante me hizo desear hacer un hoyo en el piso y enterrarme en él. ¿por qué siempre tenía que irme de boca?

- ¿Sabías que con el ceño tan fruncido siempre envejecerás más rápido?

Ok. Segundo comentario estúpido del día. Parecía que Li quería asesinarme con la mirada en aquellos instantes, sin embargo de un segundo a otro dejó de fruncir el ceño, no pude más que mirarlo asombrada. ¿Y eso?

- ¿Siempre dices lo primero que se te viene a la mente, Kinomoto?

- Por lo general sí- respondí mientras jugaba con mis manos evitando mirarlo.

Hubo más segundos de silencio.

- ¿Irás a mi casa?

- ¿Por qué no vienes a la mía?

No supe en qué momento mi boca había decidido actuar por cuenta propia, pero lo cierto es que mi cerebro aún asimilaba aquello cuando las palabras habían salido solas. Él pareció meditar unos segundos.

- Vale… ¿Cuándo?

- ¿El próximo martes?

El jueves siguiente era navidad, por lo que no interferiría con los planes familiares el juntarme a hacer un trabajo con un compañero. Luego de fijar la hora y la dirección Li hizo el amague de alejarse, sin embargo me observó unos momentos.

- El traje lo ha hecho Daidouji ¿no?- preguntó.

Me asombró que supiera eso, asentí con la cabeza, le vi hacer una mueca que no supe interpretar, parecía que iba a añadir algo más, sin embargo grande fue la decepción al verlo alejarse sin decir nada. Me quedé unos segundos observándolo mientras se alejaba, hasta que la presencia de Tomoyo y el lente de su cámara por poco me hacen infartar del susto.

- Al parecer Li y tú comienzan a llevarse muy bien, ¿no es así Sakurita?- comentó mientras le veía enfocar hacia donde aún se podía ver la espalda del aludido; el "sí", salió de manera involuntaria de mis labios, tardé unos segundos en reaccionar.

- ¡Tomoyo! ¿qué haces? – dije mientras tomaba la cámara alejándola de su anterior objetivo.

- Sólo lo grababa a él…

- ¿Grabaste lo que dije?- enrojecí inmediatamente- ¡Borra eso!

La risa de Tomoyo se escuchó por todo el gimnasio, estoy segura.

Continuó el festival, mi amiga se veía especialmente animada por grabar todos los números que se presentaron y por filmar cada puestito instalado, donde se ofrecían desde galletas –donde yo había vuelto a ocupar mi puesto- hasta fotografías en polaroid con un bonito fondo navideño, la idea había sido de los del club de fotografía, por unos pocos pesos te llevabas a casa una foto muy mona, como era de esperarse Tomoyo insistió en tomarnos una foto juntas, ¿he dicho lo poco fotogénica que soy?

Acababa de volver al puesto de las galletas cuando vimos a Yuka hecha un mar de lágrimas mientras sostenía algo de color azul entre sus manos, nos acercamos a ella mientras los sollozos no la dejaban ni articular palabra.

- ¿Yuka? ¿Qué ocurre?- preguntó Tomoyo con su dulce voz, como siempre mi mejor amiga era buenísima en eso de ayudar con los problemas ajenos, tenía algo de lo que yo al parecer cería: tacto.

La interpelada continuaba sollozando sin poder decir nada coherente. Luego de un par de minutos en que lo único que pudimos hacer fue abrazarla y tratar de calmarla, descubrí que lo que sostenía entre sus manos era una bufanda tejida de color azul oscuro.

- Yuka, no llores, por favor- suplicó Tomoyo abrazándola- ¿Nos dirá que ocurrió?

Ella volvió a hipar antes de poder pronunciar algo, y lo cierto es que me quedé de piedra al escuchar el nombre salir de su boca.

- Li…- dijo entre más hipidos.

Abrí los ojos de la impresión mientras Tomoyo me miraba igual de sorprendida.

- ¿Qué hay con él?

- Le… le… le h… había hecho esta bufanda como regalo de navidad… y… y… y la rechazó – volvió a sollozar aún más fuerte- dijo que no podía aceptarla…

Hice un mohín mientra Tomoyo estrechaba cariñosamente a Yuka para reconfortarla. ¿Hasta que punto llegaba la crueldad de Syaoran Li? ¿Qué tanto costaba aceptar el regalo de Yuka?

- ¿Dijo por qué?- me atreví a preguntar, volvieron a producirse hipidos aún más fuertes.

- P…porque no le interesaba recibir nada de… d…. de mi- respondió.

Arrugué el ceño y Tomoyo parecía igual de molesta que yo.

- No hagas caso, Yuka, Li es un pesado- replicó mi amiga, asintiendo yo con la cabeza encontrándole toda la razón.

- Exacto… Li no tiene idea lo que es un gesto tan noble como el regalo que tú le has hecho Yuka, no vale la pena que llores por alguien tan insignifican…

- Kinomoto…

Me quedé de piedra nuevamente, de pronto parecía demasiado irreal que justamente fuera su voz la que oí a mis espaldas en mitad de mi discurso "anti Li", vi cómo Tomoyo tomaba a Yuka y se alejaban antes de atreverme a voltear a verlo, él me miraba con el ceño aún más fruncido, estaba segura que había oído cada una de mis palabras. ¿Qué tanta mala suerte podía albergar una persona como yo en lo que respectaba a Syaoran Li?

- Disculpa por arruinar tu emotivo argumento- comentó irónico, tragué saliva en grueso, era más que obvio que había oído todo. Inmediatamente me sonrojé, sin embargo la mención de mis anterior palabras me hizo recordar el llanto de Yuka y me enfurecí, sí, lo hice.

- No deberías haber sido así de rudo con ella- espeté mirándolo fijamente.

- ¿Y desde cuando te concierne lo que haga yo?

- ¡Ella había hecho esa bufanda para ti!- repliqué ignorando su pregunta.

- ¿Y eso me hace tener la obligación de recibirlo? Kinomoto, si recibiera cada regalo que una chica de esta escuela me da no tendría espacio en mi dormitorio…

Soberbia, egolatría y desdén brotaban de ese desagradable chico frente a mi.

- ¡Eres un pesado! ¿sabías?- exploté sin importarme el que para esas alturas ya tuviésemos publico escuchando nuestra pequeña discusión.

- ¿A si? Y tú una niña exasperante- contra atacó.

- Pues que lástima por ti, Syaoran Li, porque tendrás que soportarme hasta que terminemos el trabajo de Literatura- añadí.

- Vaya a saber lo que habré hecho en mi vida anterior para soportar semejante tortura.

Entrecerré los ojos y lo miré furiosa.

- Pues créeme que trabajar con un ogro ceñudo e idiota no es un placer para mi tampoco.

- Escúchame, niña- dijo de pronto él acercándose a mi rostro de manera amenazante, aún así no me moví de mi sitio.

- ¡No me llames niña, niño!

- ¡Te llamo como se me de la gana!

- ¡Li, Kinomoto! ¿Qué significa este escándalo?

A la llamada de atención del maestro Nemoto ambos guardamos silencio, pero aún retándonos con la mirada, me hervía la sangre de puro coraje, tenía ganas de alzar las manos y apretarlas en torno al cuello de ese desagradable que tenía por compañero.

- ¿Quieren terminar su día en la oficina de dirección?- preguntó acercándose a ambos.

Ambos negamos con la cabeza.

- Pues entonces dejen el espectáculo, Kinomoto, a tu puesto- señaló el stand de galletas- Li, acompáñeme- añadió mientras comenzaba a caminar, el aludido me dio una última mirada asesina antes de marcharse siguiendo al maestro Nemoto.

Pasaron varios segundos en que no me moví, aún tenía los puños apretados y la mirada ceñuda.

- Vaya… quien diría que tú serías la que se atrevería a replicarle algo a Syaoran…- la voz de Eriol Hiragizaga me sacó de mi estado furiótico, volteé el rostro para ver su mirada divertida sobre mi antes de volver a mi puesto con las galletas, lo que menos necesitaba era continuar la discusión con el secuaz número uno de Li.

Vaya manera de terminar el día de festival.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Ñañañaña… tengo las mejores lectoras del mundo y las amo por eso *-*

Son taaaaaaaaaaaan adorables con sus reviews y sus palabras de aliento… por eso me animo a subir un capítulo por día ahahaha total tengo como 10 capítulos ya escritos así que no tengo problemas…

¡Me encanta que les encante la historia! xP ahahahah ¿Y este que les pareció? Li es un pesado pero lo amo jajajaja de todas formas le encuentro su punto a Syaoran, es decir, ¿recibir el regalo de Yuka y darle ilusiones? Bueno… no se… ahí me dicen ustedes que opinan de su actitud.

Un besazo enorme!

Con cariño

Mademoiselle K.

P.D: 12 reviews *-* un beso especial a esas 12 personitas adorables (L)