¡Hola, bienvenido a este fanfic! Tenía dudas de si subirlo, pero habiendo acabado ayer el cap 3 y empezando hoy el 4 creo que lo voy a terminar, así que… ¿por qué no subirlo? Será mi primer long fic en este fandom XD (el de Despedida no cuenta porque son caps independientes).
Las parejas que aparecerán a lo largo de la historia son las siguientes: DoumaxKanae – ShinobuxDouma – DoumaxKotoha – GiyuuxShinobu – TanjiroxKanao – ZenitsuxNezuko. Así que está advertido.
Disclaimer: Kimetsu no Yaiba es propiedad de Koyoharu Gotoge. Esta historia me pertenece.
Estrella en implosión
Capítulo 1: Sentencia
Siempre se echó la culpa por la muerte de su hermana, a pesar de que todos le decían que no debía sentirse de esa forma, pero esa sensación jamás la abandonaba, se repetía que si ella hubiera visto más allá se habría dado cuenta de las intenciones de ese tipo, no habría dejado que se acercase ni a ella ni a su hermana. Sin embargo, no se puede volver al pasado.
―No puedes comparar tus acciones de cuando tenías trece años con ahora que tienes veinticinco años―le regañó Himejima, uno de sus superiores en su trabajo y también un querido amigo de la familia. Él siempre era la voz de la razón pero ahora mismo no lograba escucharlo, sus palabras salían así de fácil como entraban.
Tenía la mirada perdida en algún punto del pasado, creyendo que si lo pensaba con fuerza tal vez todo cambiaría y su hermana entraría por esa puerta, tan viva y feliz como siempre fue.
Himejima suspiró, podía sentir la frustración de la joven, la compartía de hecho, a nadie que hubo conocido a Kanae Kocho le caía bien la noticia de que su ex marido y único sospechoso de su asesinato fuera declarado inocente luego de siete años de juicio. Las pruebas no alcanzaban, pese a ser el patio de la casa del muchacho donde se encontró el cuerpo, pese a que ella tenía ADN que apuntaba a él bajo sus uñas, pese a encontrar el arma homicida debajo de la cama de Douma Hashibira…éste había quedado libre.
―Muzan es un abogado jodidamente hábil―protestó Giyuu aún con la carta documento en mano, por medio de la cual su abogado les había comunicado la noticia, ¡ese malnacido ni siquiera fue a dar la cara!
El ambiente quedó cargado de tensión, los tres presentes estaban cabizbajos y metidos en sus propias cavilaciones. Pensando, recordando, sufriendo.
Kocho se levantó y se excusó, debía ir por su hermana pequeña a la escuela y llevarla con sus padres para darles a todos la noticia, eso si no les había llegado también una carta documento. Tomioka se ofreció a acompañarla pero ella se negó, quería estar sola.
Mientras bajaba en el ascensor vio su reflejo en los espejos que éste poseía, parecía la de siempre pero por dentro estaba segura que algo se había roto, toda la esperanza que había acumulado esos años, toda su fe en la justicia, terrenal o divina, se habían esfumado con esa noticia. Llegó al estacionamiento, todo estaba silencioso debido a que aún faltaba para la hora del almuerzo y todos se encontraban en sus oficinas. Ahora que lo pensaba no había prestado atención a Himejima, ¿la había dejado irse? ¿Dejó en condiciones su laboratorio? ¿Dónde había recibido la noticia? ¿Qué había hecho con los venenos con los que estaba trabajando? ¿Los selló correctamente? Sinceramente ya no le importaba nada de eso.
Por muchos años sólo se mantuvo de pie porque creía fervientemente que esa basura iba a pagar sus pecados e iba a ser enviado a prisión, pero no… ¡maldito fuera Muzan! ¡Maldito fuera Douma! ¡Maldita fuera ella!
Cayó de rodillas a un lado de su auto, cubrió su boca para que los gritos no se oyeran mucho, ¡debió matarlo! ¿Cómo pudo ser posible que cayera en sus malditas trampas? ¿Cómo pudo permitir que se acercara a un ser tan puro como su hermana y la asesinara de esa forma?
Todavía recordaba ese día en que ella estaba comiendo en la cafetería con sus amigas, aún estaba en secundaria, tenía trece años por aquel entonces…
No se sentía muy a gusto en su ambiente escolar, extrañamente pese a estar rodeada de gente se sentía sola y no le interesaba los temas que las otras chicas pudieran llegar a tratar. Por eso le gustaba pasar sus ratos libres con su hermana, almorzar con ella o simplemente pasear por la escuela, junto a ella y a la mejor amiga de ésta: Kanroji Mitsuri. Pero ese día ambas habían hecho una travesura sin ella: no ingresaron a clases y fuera a saber uno dónde estaban. Por supuesto que guardaría el secreto pero se sentía un poco decepcionada por no haber sido incluida.
―Nosotras ya terminamos, Kocho. ¿Quieres que te esperemos?―preguntó una de sus amigas algo preocupada porque la chica a penas y había tocado su comida.
―No, vayan sin mí. Creo que me tomaré mi tiempo y luego iré a la enfermería a descansar, no me siento bien―mintió, las chicas intercambiaron miradas entre sí y luego se despidieron. Ella sólo las vio irse, ¿pero qué clase de amigas no insistían en quedarse? Aunque la verdadera pregunta era qué clase de amiga era ella para mentirles.
― ¿Está ocupado?
La voz varonil era algo que no esperaba, se giró y quedó prendada de esos ojos que parecían un arcoíris, estaba segura de que eran lentillas porque era imposible que un ser humano tuviera tan hermosos ojos. Él pareció notarlo y le sonrió amablemente.
― ¿Te gustan mis ojos? A muchos les gustan, yo creo que soy neutral―dijo mientras se sentaba a su lado. Su presencia no le incomodaba ni mucho menos, se sonrojó igualmente pues era la primera vez que trataba con alguien del sexo opuesto, a la mayoría de sus compañeros de clase ni les hablaba y si éstos trataban de acercarse a ella los espantaba con su mirada. No era tan sociable como su hermana. Una mano extendiéndose frente a ella la descolocó aún más―. Soy Douma Hashibira, ¿quieres ser mi amiga?
Golpeó el suelo con toda la fuerza que tenía, sintiendo un ardor en ésta que no fue producido por el impacto sino porque justamente golpeó el suelo con la mano donde tenía las llaves del auto. Rió al ver la sangre gotear en el suelo y dejó salir unos cuantos más sollozos. Se sentó apoyando su espalda contra la rueda de su vehículo, no le importaba que su campera blanca favorita se manchara, ya nada de eso tenía importancia.
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Esquivaba ágilmente a las miembros del equipo rival, su meta era aquel aro por donde haría pasar la pelota y entonces ganarían el juego, eso era lo único que sus ojos veían fijo y era también lo único que pasaba por su cabeza.
Todos los que estaban observando el partido vitoreaban para animarla pero ella no los escuchaba, tampoco sus halagos: la chica más ágil y habilidosa.
Al llegar a media cancha vio un muro de tres chicas, listas para detener su jugada, sus compañeras estaban siendo bloqueadas y no había nadie a quien pasar la pelota, así que simplemente saltó, con una suavidad y encanto que dejó a todos callados, o tal vez fue porque fue un tiro desde mitad de cancha. Todos parecieron contener el aliento, incluso ella quien observaba seria la pelota hasta que ésta golpeó en el aro, golpeó una vez y finalmente entró.
El pitido del árbitro y sus manos en el aire daban por terminado el partido: su equipo había ganado. Sus compañeras corrieron emocionadas hacia ella para abrazarla y ella, tratando de regular su respiración luego de semejante corrida, al fin pudo escuchar los festejos de la multitud.
― ¡Eres genial, Kanao!―festejaron entre todas mientras la alzaban, haciéndola sonrojar, nunca se acostumbraría a esa clase de tratos.
Ella tenía diecisiete años, era miembro del equipo de baloncesto y líder del club de arreglos florales. Era parte de la tradición de su familia adoptiva: si eras una Kocho debías estar en el club de arreglos florales, aunque ella nunca usó tal apellido pertenecía a esa familia.
Sonrió a sus compañeras y con un suave toque de su mano les indicó que la bajaran, necesitaba hidratarse después de todo. Las chicas hicieron lo que se les pidió, ya estaban tan acostumbradas al comportamiento de esa chica y a su raro mutismo que no les extrañaba su actitud.
― ¡Buen trabajo, Kanao!
― ¡Tanjiro!―habló por primera vez en toda la mañana. Sus compañeras sonrieron de forma perversa, y ahí estaba, el único chico (o ser humano) que podía sacarle más de una palabra a Kanao con solo su presencia―. ¿Me viste?
―Por supuesto―dijo sonriente, haciéndola sonrojar―, por cierto, te traje un poco de jugo de naranja. Con tanto esfuerzo habrás perdido mucha vitamina.
―Gracias―agradeció sinceramente, tomando el vaso térmico entre sus manos―. ¿Y tus hermanos? Es raro verte sin ellos―confesó mientras tomaba asiento en los asientos del equipo junto a Tanjiro.
―Están todos en clase, no te preocupes―dijo sin pena, haciendo que Kanao lo notara…
― ¿Te escapaste de clases para venir a verme?―preguntó sonrojándose aún más. Ahora que lo pensaba los juegos del club de baloncesto habían sido programados de una forma tan mala que los miembros del club iban a tener que saltarse las clases de esa semana. Y eso que estaban con exámenes finales…sin dudas, la profesora Kanroji era muy inútil para organizar horarios.
Tanjiro la veía ida en sus pensamientos y se cuestionaba si se acordaría que hoy era el día de la sentencia del asesino de su hermana, él creyó que la encontraría más devastada pero parecía ni darse cuenta. Todavía recordaba su cara de shock cuando la noticia llegó, ambos tenían diez años y se encontraban en la fiesta de cumpleaños de Kanao, eso sin dudas se lo había arruinado. Desde ese día ya no la escuchó hablar mucho y siempre la veía aferrada al collar que heredó de su hermana, uno con una moneda, su significado era buena suerte pero sabía que para ella debía tener un motivo más profundo.
― ¿Estás bien?―preguntó posando una mano encima de la de ella, quien lo observó sin entender. Entonces confirmó sus sospechas: ella no se había dado cuenta aún qué día era ese. Tal vez el club la mantenía muy ocupada. Sonrió compasivamente, tal vez…así era mejor―. ¡Es que corriste mucho!
Sin embargo, no podía proteger a su amiga de la realidad por mucho tiempo. Su entrenadora, la profesora Kanroji, llegó con una mirada muy triste en su rostro y rastros de haber estado llorando, todas las alumnas y hasta Tanjiro se preocuparon pero ella aseguró estar bien, pidiéndole luego a Kanao que fuera a la oficina del director donde su hermana la estaba esperando.
Sus compañeras se quejaron pues no querían que justamente ella se perdiera la fiesta de celebración, pero Kanroji les dijo que era un tema serio a comparación de un "tonto juego". Eso oprimió el pecho del chico presente, pues sabía de qué se trataba y ésta vez no iba a poder estar a su lado.
Kanao se despidió y él la vio irse. Le dolía el pecho. Se llevó una mano al corazón y lo apretó fuerte, todavía recordaba lo doloroso que era recibir la noticia de un familiar cercano muerto, como hermano mayor no sabía lo que Kanao debía estar sintiendo, pero se imaginaba lo que Kanae habría sufrido al haber dejado solas a sus hermanas pequeñas. Estaba seguro que ella habría estado en la primera fila para ver ese juego. Sólo deseaba que la sentencia fuera algo para festejar.
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Shinobu fue directa, esa sonrisa y expresión de alegría que siempre pretendía mantener frente a todos no se encontraba presente; tal vez por eso la noticia afectó más a Kanao. Sus memorias con respecto al día de la muerte de su hermana eran un tanto borrosas, lo recordaba todo en cámara lenta, pero lo que más la torturó durante esos años fue el no haber podido llorar ese día. Se repitió con los años de que había algo mal en ella, ¿por qué sino no había podido llorar?
La mayor apretaba cada vez más fuerte el volante del auto, ya solo le quedaba decírselo a sus padres…estaba segura que los lastimaría muchísimo, pues ellos dijeron que confiaban plenamente en la justicia, en Dios; que su hija tendría un descanso en paz una vez encarcelaran a Douma.
Inhaló todo el aire que pudo y lo exhaló de golpe, sus ojos se estaban inundando de lágrimas otra vez y no quería, menos frente a su hermanita. Quería mucho a Kanao y ella merecía a alguien fuerte a su lado en ese momento.
Ella hubiera querido tener a alguien fuerte a su lado en ese momento.
Volvían a casa juntas como siempre pero ésta vez su hermana no le quitaba la mirada de encima, lo sabía pese a estar muy concentrada enviando mensajes de texto por su celular. Hacía varias semanas que estaba así: ida. Y es que le encantaba hablar con Douma, era extraño pero le agradaba, parecía que la entendía como nadie.
― ¿Es Giyuu?―preguntó su hermana al aire, sin poder contener más su curiosidad.
― ¿Eh? ¿Cómo quieres que hable con mi archienemigo?―protestó, ¿cómo es que Douma podía entender su odio hacia ese chico y no su propia hermana?―. No, es un…amigo que hice―confesó algo avergonzada, no tenía por qué estarlo, él solo era su amigo, ¿no?
La mirada de su hermana se iluminó y celebró contenta que ella tuviera un nuevo amigo, se veía tan entusiasmada que no pudo negarse a presentárselo. ¿Tal vez todos podían ser amigos?
― ¡Hermana!
El grito de Kanao la trajo de nuevo y pisó el acelerador, de haber pisado el freno habrían quedado atrapadas en el camino de esos autos y posiblemente habrían provocado un accidente. Ambas respiraban aceleradamente, Shinobu no podía creer lo que acababa de pasar, había puesto la vida de Kanao en peligro por culpa de ese maldito, ¿¡a cuantas hermanas más planeaba sacarle!? No…estaba mal…Douma no estaba en ese auto, Douma no había pedido conocer a Kanae, toda la culpa caía en ella. Siempre.
Abrazó a la menor y ésta se aferró a ella con la misma fuerza una vez que estacionó el auto. Acordaron mantener esa situación en secreto y decidieron caminar desde ahí hasta casa de sus padres. Ese día era uno muy oscuro.
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Llegaron más rápido de lo que esperaban, Kanao se ofreció a contar la noticia pero Shinobu no la dejó, era su responsabilidad. La menor fue en busca de sus padres para llevarlos a la sala mientras Shinobu preparaba té, la casa donde vivían no era muy grande por lo que el santuario que armaron para Kanae estaba también en la sala. Era como si también le estaría dando la noticia a ella.
Fue en esa sala donde se conocieron, pudo ver cómo desde el primer momento congeniaron y eso la lastimó profundamente, no sabía que tenía sentimientos por Douma hasta que supo cómo su hermana se sentía con respecto a éste. ¿Pero no debería haberse alegrado por ambos en vez de sentir celos? Él era su mejor amigo, ella su querida hermana. Si eran felices juntos, ¿no debería alegrarse por ellos?
Sus brazos perdieron fuerza y la bandeja cayó al suelo, rompiéndose todas las tasas, el ruido apresuró la llegada de la menor y sus padres a la sala. Shinobu no podía controlarse, lloraba mientras se abrazaba y dejaba salir gritos ahogados, sus padres la abrazaron, estaban devastados porque desde que Kanae murió habían perdido a sus dos hijas.
Shinobu no volvió a ser la misma, por algún extraño motivo trataba a toda costa de parecerse a su hermana. Sonreía sin importar qué, hablaba de una forma consoladora y amable. Fueron a ver a un terapeuta por ello y éste sólo les dijo que era la forma en que su hija estaba sobrellevando la muerte de su hermana. Pero era tan doloroso, desde la muerte de Kanae, Shinobu parecía querer ocupar su lugar, dejando vacío el de ambas. Ella jamás sería Kanae, y con los años sus padres creyeron que jamás volvería a ser Shinobu.
― ¡Yo la maté, fue mi culpa, yo la maté!―gritaba desesperada mientras tomaba su cabeza entre sus manos.
―No, hija, no. No fue tu culpa―dijo su madre mientras sus lágrimas no paraban de caer―. Nadie sabía de lo que ese tipo era capaz, nos engañó a todos. Por favor, no te tortures más.
― ¡Es inocente! ¡Lo declararon inocente!
No era de esa forma en que quería dar semejante noticia, pero estaba tan rota que no pudo contenerse. Su madre se abrazó fuerte a ella mientras lloraba desconsolada, su padre las abrazó protectoramente a ambas y Kanao los observaba, nuevamente con los ojos secos, sin entender por qué no podía llorar por su preciada hermana mayor.
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Luego del ataque de nervios que había sufrido, debido al estrés de la situación, sus padres no la dejaron irse a su departamento y se quedó a dormir en el sofá. No quería entrar a la habitación que compartía con Kanae en su juventud y ellos no sabían qué era peor: si obligarla a entrar allí, dejarla ir, o permitir que durmiera en el mismo lugar donde estaba su santuario.
La noche fue larga, la mujer de ojos violeta no podía cerrarlos pero al menos ya estaba más calmada. Pensaba en frío todo su pasado, cómo cuando creció entendió que Douma sólo se había hecho su amigo para llegar hasta su hermana. ¿Por qué? Fácil. Para lastimarlas a las dos.
Primero a ella, arrebatándole la confianza en las personas, impidiéndole alguna vez alcanzar una amistad sincera con alguien. Luego a su hermana, enamorándola y pintándole un mundo donde lo único que importaba era el amor. Tenía recursos para ello, era un trabajador diligente y llenó a su hermana de muchas atenciones, y en cuanto se dio cuenta que Kanae no era el tipo de chica materialista cambió su estrategia. Empezó a pasar más tiempo con ella, a escribirle poemas y regalarle el hombre que ella siempre quiso.
¿Y cómo sabía cuál era el hombre que Kanae quería? Preguntándoselo a ella. Si bien estaba decepcionada de que no la hubiera elegido, lo ayudó, porque cuando era pequeña seguía creyendo que él era su mejor amigo y tenía las mejores intenciones con su hermana.
Ahora, con más edad, podía recordar cosas que antes pasaban desapercibidas, como el hecho de que Douma jamás se mostró a nadie como realmente era: un psicópata. Con ella era el "mejor amigo", con su hermana era "el hombre perfecto". ¿Por qué a Kanae? ¿Por qué no a ella? Habría deseado que él se conformara con matarla a ella. Tal vez no la había elegido porque el idiota de Giyuu siempre se interponía entre Douma y su persona, sin importar cuántas veces le dijera que la dejara en paz y que lo odiaba, cuanto más cerca estaba de Douma él más se esmeraba en separarlos. Tal vez por eso eligió a Kanae, quien sólo tenía a Kanroji cerca todo el tiempo y ésta le convencía de que su amor era sincero.
Kanae fue lo más fácil. Lo más rápido. Porque incluso pudo casarse con ella más pronto, cuando ésta cumplió dieciocho años. Se la llevó, le arrebató a su hermana, no solo a ella sino también a sus padres, a Kanao. Se la llevó para matarla…porque en eso fue que terminó todo. Cinco meses luego de que se fueran a vivir juntos, ella desapareció, tras tres meses de búsqueda la hallaron: muerta y enterrada en el patio trasero de su casa. Con varias puñaladas en su cuerpo, sin su usual sonrisa en el rostro.
Se levantó y fue hasta el santuario, arrodillándose frente a él, observó todas las fotos de su hermana, siempre irradiando alegría, sintió su nariz escocer al igual que sus ojos, tomó una de las fotos en sus manos y se dijo que jamás lo perdonaría, jamás perdonaría a ese maldito bastardo.
Se cambió de ropa lo más silenciosamente que pudo y tomó las llaves de su auto, le esperaba un kilómetro antes de llegar hasta su vehículo, capaz el viento frío de la noche la podría disuadir, lo rogaba, porque de lo contrario en unas horas mataría a Douma Hashibira.
Continuará…
Espero que les haya gustado :D Y si, Douma lleva el apellido de Inosuke, ¿por qué será…? Jajaja
Consulta: estoy practicando lo de no poner los recuerdos en cursiva sino introducirlos de una forma que se entienda que son recuerdos, ¿lo estoy haciendo bien o confunde? Agradecería que me lo dijeran n.n/
Ja-ne!
