Disclaimer: Naruto no me pertenece. Solo uso sus personajes con el fin de entretener.
Aclaraciones: Universo Semi Alternativo, porque a Zafira le encanta cambiar los mundos del canon y escribir cosas que ella le hubiera gustado ver o leer.
Advertencias: Menciones de reencarnación (?).
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Capítulo 1
Renacer
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―Obito, ¿podrías…? No sé… ¡Sentarte por un minuto!
Sacar a Shisui de sus casillas era algo propio de Obito, quien no dudó en propinarle un zape a la nuca del inquieto Uchiha mayor que no paraba de moverse de un lado a otro, completamente nervioso, ansioso e impaciente en los pasillos del Hospital de Konoha.
―No deberían gritar, estamos en un hospital ―pidió Itachi con tranquilidad, observando a los dos ninja.
―Es que Tachi, ¡me desespera! ―fue la respuesta de Shisui.
Obito de inmediato le observó, ofendido.
―¡Ah, pues disculpa! Trataré de no molestarte con mis nervios de ser, ya sabes, padre por primera vez porque es algo normal, muy normal, casi a diario, que el amor de tu vida esté dando a luz a tu primer hijo… ¡Obvio que estoy nervioso, idiota, mi Hinata-chan está adentro, sin mí que la ayude a aguantar todo el parto! ¿Q-Qué tal si algo sale mal? ¿Si esos augurios de esa vieja loca con apariencia de cabra se cumplen? ¿S-Si Hinata-chan m…?
―Alto, alto, alto, tú mismo te estás llenando la cabezota con ideas que nunca van a suceder ―regañó Shisui, dispuesto a darle un par de bofeteadas a su primo mayor para hacerlo entrar en razón―. Rin nee-chan y Tsunade-sama están a cargo del parto, nada malo sucederá. Deja de alarmarte y siéntate, ¡me mareas con tanta vuelta!
Itachi puso una sonrisa incómoda por la mirada irritada de unas enfermeras a causa del caos que protagonizaban sus dos primos mayores. Se disculpó silenciosamente, asegurándoles que él se encargaría de callarlos.
―Dejen de pelear, obligarán a todo el personal a sacarnos ―dijo Itachi con seriedad.
La discusión entre Shisui y Obito pareció calmarse, por el momento.
Los tres tomaron, otra vez, asiento sobre las sillas en la sala de espera, impacientes por las noticias. Justamente habían salido, hacía pocas horas, de Konoha con rumbo a una misión en el lejano País del Rayo cuando la Guardia Fronteriza de la Hoja los interceptó, con Neji Hyuga entre ellos, avisándole que Hinata estaba en el hospital, a punto de dar a luz.
Como era de esperarse, Obito olvidó la misión y se regresó a Konoha con rapidez, preocupado por el bienestar de su querida esposa que esa mañana ella le aseguró que todo estaría bien, que podía ir a la misión sin preocuparse sobre el bebé.
Shisui e Itachi fueron detrás de él, porque eran familia y era natural acompañar a Obito en esas circunstancias por obvias razones, además de que Obito era un tanto idiota para ese tipo de cosas y lo más seguro que éste hiciera al llegar al hospital fuera exigir ver a Hinata. Ellos intentarían tranquilizarlo.
Llevaban máximo media hora sin saber nada salvo que Hinata había sido llevada al quirófano con Rin y Tsunade-sama dirigiendo el parto, cosa que tranquilizó a Obito, pues confiaba plenamente en su mejor amiga para cuidar de su esposa, así como de una leyenda viviente como lo era Tsunade Senju.
Ninguno de ellos sabía si tal noticia se había expandido por toda Konoha o si solamente a ellos se les comunicó, dudaban que así fuese pues el nacimiento del primer Uchiha de la nueva generación era muy esperado por los aldeanos de Konoha, quienes se preguntaban curiosos si el niño nacería con el Sharingan o con el Byakugan.
O, dado el caso, habría una fusión entre los dos doujutsu, revelando el nacimiento de un nuevo y potente doujutsu.
―Qué extraño ―habló Shisui para calmar los nervios, igual que Obito, él también lucía ansioso. El pie golpear repetidamente el suelo era indicio de ello―. Pensé que Hiashi-san estaría en primera fila junto con Fugaku-san. Esos dos, aun cuando piensen que pueden ocultar sus ansias por ver al nuevo heredero de las dos doujutsu más fuertes de Konoha, es obvio que están más emocionados que cualquiera.
―Preferiría que se mantuvieran lejos ―masculló Obito, con cierta molestia reflejada en su voz. Itachi no se aventuró a preguntar el por qué pues sabía de antemano que la presencia del padre de Hinata, así como del suyo, no le agradaba por completo a su primo mayor.
Especialmente cuando el clan Hyuga considerara a Hinata alguien deshonorable como para seguir llevando el apellido Hyuga, pasando a ser una Uchiha, a pesar de las negativas de Fugaku en brindarle el apellido a la hija de quien consideraba un potente rival dentro de la aldea.
―Pero es obvio que Minato-sensei no puede hacer todo, eso de meterse en clanes ajenos es un arma de doble filo ―dijo con una sonrisa cansada, recordando cómo el rubio mayor le aseguró de proteger a Hinata de cualquier amenaza.
Le había ayudado a que a su esposa no le pusieran aquel feo Sello del Pájaro Enjaulado, por eso Obito confiaba en su sensei. Aunque no iba a negar que le causaba cierta vergüenza darse cuenta que, siendo el esposo de Hinata, no podía protegerla tal cómo quería porque la mujer seguía amando a su familia a pesar de lo mal que ésta le trató.
Neji y Hanabi eran de los pocos ―poquísimos ― miembros de ese clan de estirados que le caían bien, en especial porque la ahora proclamada heredera ―después de la expulsión de Hinata del clan― siempre visitaba el Distrito Uchiha el hogar que había construido para Hinata y él en un lugar apartado ―muy, muy apartado― para ver el estado de su hermana mayor y reñirlo si no le cumplía los antojos a Hinata.
Mientras a otros les interesaba, al igual que esas sanguijuelas del Consejo de Konoha, con qué doujutsu nacería el niño o si sería una combinación entre el Sharingan y Byakugan, a Obito solo le preocupaba la salud de su bebé y el de Hinata.
Pronto, por esa puerta que no dejaba de observar ni por un segundo, saldría alguien a decirle que su hijo por fin nació. Él sería padre en cuestión de horas o minutos, no sabía con exactitud en qué etapa del parto se encontraría Hinata porque nadie le permitía ir a revisar.
Las enfermeras se ponían ariscas cuando intentaba hacerse el desentendido y querer infiltrarse en la sala de partos, solo para ser regañado por una Sakura Haruno, quien le pedía volver a sentarse o lo echaría del hospital.
Dicha amenaza surtió efecto en Obito, hasta que fue regañado, otra vez, por Shisui por el constante caminar de aquí para allá que estaba volviendo más impaciencia al otro Uchiha.
Era en esos momentos que se podía apreciar que dentro del clan Uchiha eran pocas las personas que poseían el don de la paciencia. El Sharingan no proporcionaba la perfección.
―¿Han recibido noticias?
Los pasos acelerados de alguien y la voz dulce de Mikoto llamaron los ojos negros del trío de Uchiha sentados en las sillas. Obito arrugó levemente el ceño al observar la impasible figura de su líder, Fugaku, con sus brazos cruzados y ese rostro lleno de seriedad, más la cara de genuina preocupación de tía Mikoto le hizo no decir nada y limitarse a negar con la cabeza.
―Aún no ―respondió, soltando un suspiro―. Nos tienen aquí esperando desde hace media hora.
―Eso explica por qué están los tres aquí ―respondió Mikoto, caminando hacia el otro extremo en donde Obito se hallaba, tomando gentilmente la mano del joven Uchiha para apresarla entre las suyas, dándole al susodicho algo de soporte para aguantar la situación―. Descuida, Obito-kun, Hinata-chan y tu bebé estarán bien. Ya lo verás.
―Gracias, tía Mikoto.
―No tienes que mencionarlo ―Mikoto Uchiha mostró una sonrisa dulce, aliviando a Obito que dicha mujer existiera dentro de su clan―, para eso está la familia.
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El camino hacia el Infierno era raro, así como la sensación de morir. Podía asegurar que no habían pasado minutos, ni siquiera segundos desde que Hashirama le acertó el golpe definitivo que terminó con su vida en aquel valle que convirtieron en su campo de batalla.
No podía abrir los ojos, al menos no físicamente porque en sí veía, todo el espacio en el que se hallaba era oscuro, sin ningún ser acompañándolo. Tampoco podía verse, solo sentir lo que le rodeaba.
Todo era extraño, era la primera vez que se sentía de ese modo. Ni siquiera pudo activar el Sharingan. Madara gruñó a sus adentros, no gustándole esa sensación de debilidad. Si estaba muerto, esperaba que dicho sentimiento cesara, ningún Uchiha disfruta saberse ser débil.
Vivió toda su vida en una época donde tuvo que demostrar constantemente de su poder para asegurar la protección de su clan, al punto de robarle los ojos de su hermano menor para ello; eso era algo de lo cual Madara no estaba completamente orgulloso, Izuna había sido su hermano pequeño, a quien debió proteger y no robarle su doujutsu con el fin de cumplir sus planes.
Admitía su arrepentimiento, así como el error de haber protegida las espaldas de aquellos traidores que le dieron la espalda, creyendo que él buscaba puramente el poder para destruir la recién nombrada Aldea Oculta entre las Hojas, cuando había sido todo lo contrario.
«Pensé encontrarte aquí también ―pensó con pesadumbre, dibujando en su mente el rostro de Izuna Uchiha, su hermano―. Lo más seguro es que estés en otro lugar y sea yo el que deba deambular por todo este maldito lugar. Me lo merezco».
Extrañamente una luz cegadora le hizo querer taparse los ojos, sentirse mareado. En su entono escuchó voces distorsionadas que no logró identificar, así como el tacto de manos elevarlo. Eso lo confundió, la sensación de vulnerabilidad aumentó. Volvió a intentar activar el Sharingan, pero no pudo hacerlo.
«¿Qué mierda pasa aquí?».
―¡Felicidades, Hinata-chan, es un varón!
«¿Quién demonios es Hinata?».
―Vamos, hombrecito, deja de moverte o no podré limpiarte bien. ¿Acaso no quieres conocer a tu madre?
«¿De qué habla esa estúpida voz? Madre murió cuando dio a luz a Izuna. ¿Qué mierda están haciendo conmigo?».
Sintió como si lo estuvieran bañando, pasando una ligera esponja alrededor del cuerpo que le provocó extrañeza. Pudo apreciar la temperatura tibia del agua y por un momento su cuerpo se sintió relajado, similar a cuando disfrutó de aquellas aguas termales.
La luz seguía impidiéndole ver con claridad, solo podía ver esas extrañas figuras ―gigantescas figuras― cuyos rostros no se vislumbraban debido a la poca capacidad visual que poseía.
Se preguntó si, al igual que sus ojos originales, los de Izuna también se habrían visto sumidos en la ceguera a causa del exceso de uso que empleó en estos en la pelea que mantuvo con Hashirama.
Lo más probable era que así fuera.
―Es un niño muy, muy inquieto. Igualito al papá.
«Superé a mi padre en fuerza y dominio del Sharingan» pensó con un agrio sentimiento que osaran compararlo con su progenitor que no hizo mucho por el clan.
―Tsunade-sama, trate de no mover tanto al bebé.
―Es el mocoso el que se está moviendo.
«¿Tsunade? ¿La nieta de Hashirama? ¿Qué hace aquí…?» escuchar el nombre de la primera nieta de su rival, esa mocosa de cabellera rubia que volvía más idiota a Hashirama, si eso era posible le extrañó.
Lo último que recordaba de esa mocosa rubia era el cómo se reía a grandes carcajadas cuando ganaba una partida de cartas.
―Aun así sea cuidadosa. Este pequeñín tuvo un viaje muy agitado, no dudo que esté comportándose así por lo mismo.
Dándose cuenta que con el poder de su mente no lograría que nadie contestara a sus preguntas, Madara se dejó hacer por lo que esas voces sugerían. Quizá de esa manera lograra encontrar una explicación a esos eventos tan extraños.
Sintió un pinchazo en uno de sus brazos, pero nada fuerte como para quejarse.
―Oh, sí que eres un hombrecito valiente. Nada de llanto, eh. Digno Uchiha eres.
«No cualquier Uchiha, extraña, soy Madara Uchiha».
―Probablemente eso lo hayas heredado de tu madre, tu padre es un cobarde cuando se trata de jeringas.
«¿Jeringas?».
―Creo que es hora de que el bebé conozca a su madre, Tsunade-sama.
―Eso creo, así dejará de estar tan inquieto. En fin, Rin, encárgate de lo que falte. Ordena a las enfermeras llevar a Hinata a su habitación. Yo iré a darle la noticia a Obito sobre el nacimiento de su hijo.
―Hai, Tsunade-sama.
«Esa mocosa no suena como una mocosa, sino como una mujer».
Sintió cómo era cobijado por algo tibio, así como el levantarlo y trasladarlo hasta otro punto. Él no entendió nada, de verdad que todo era muy confuso, sin embargo, al tener contacto con otro cuerpo, Madara no comprendió por qué, repentinamente, se sintió tan en paz.
―Aquí tienes, Hinata-chan, a tu bebé. Es un niño muy saludable.
―Gracias, Rin-san…
―Para nada, es mi trabajo. Cuida mucha de este bebé, Hinata-chan, y gracias por darle la felicidad a Obito-kun que se merece.
«¿Quién es Obito? Jamás he escuchado ese nombre».
―R-Rin-san…
―Vamos, no llores, debes estar feliz, Hinata-chan. Tu hijo está sano y a salvo en tus brazos. No dejes que nada malo le pase. Igualmente Obito-kun cuidará de ambos. Ahora nada de llorar y mejor háblale a tu hijo, estoy segura que ha de estar impaciencia por escucharte.
«Un momento ―pensó, alarmado, escuchando de manera cercana el respirar cálido de alguien cuidando de acomodarlo en el seno materno, un sentimiento que creyó nunca recordar, pero que instintivamente el propio cuerpo lo reconocía como familiar―. ¿Esa mujer dijo "hijo"?».
Solo hasta ese momento fue capaz de enfocar la mirada. Sintió que su ceño se arrugara, en una señal de completa concentración, quizá si reunía todo su chakra podría tener una mejor visión de lo que le rodeaba.
Pudo escuchar un par de risas.
―Es adorable ―decía la misma voz de la mujer que había acompañado a la nieta de Hashirama―. Se parece mucho a ti, Hinata-chan. Pero es obvio que por sus venas corre la sangre Uchiha.
―Hai.
La voz dulce, cercana a él, respondió. Madara volvió a dedicarse a ver de mejor manera ese rostro aún en sombras que no lograba distinguir. Pasó un lapso del tiempo donde se sintió profundamente agotado, dándose cuenta de lo débil que estaba. Sin embargo, pudo apreciar, en su totalidad, el rostro de esa mujer desconocido cuyo calor lo envolvía al punto de querer dormitar por un largo rato.
Con lo primero que se topó fueron con un par de ojos nacarados tonalidades perla, parecidas a la Luna cuando adquiría su completa totalidad de color decorar lo más alto del cielo nocturno. Luego fue esa sonrisa de labios rosados, naturalmente rosados que podría compararlos con la tela tersa de un melocotón. Y después ese cabello negro azulado, desordenado, pero que en lugar de hacerla verla mal, tenía el efecto contrario.
«Es hermosa».
―Bienvenido, hijo mío ―las palabras dichas por esa mujer lograron estremecer la conciencia de Madara, atrapada en lo que tardíamente descubriría era el cuerpo en donde su alma decidió reencarnar ―. Tu padre como yo te hemos esperado por todo este tiempo, Youta-kun.
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Youta: Nombre japones cuyo significado es "Sol" o "Luz del Sol".
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Notas finales: Esto de andar engripada me hizo soñar con muchas ideas, aparte de que las lindas imágenes de Madara en Twitter solo impulsaron a mi imaginación a seguir y seguir. Nunca me imaginé que cayera en el hoyo sin retorno del encanto de los Uchiha, sobre todo por Madara y Obito.
Inspirado a los manhwas Isekai donde la villana vuelve a reencarnar o cosas así, nació este proyecto teniendo a Madara como uno de nuestros principales protagonistas.
Espero que la idea sea de su agrado. Y no, no se me espanten, que no habrá nada de incesto, solamente un Obito frustrado de ver que su nuevo bebé es la reencarnación de un demonio ―literal―.
Si Kishimoto se sacó de la manga que Sasuke y Naruto eran las respectivas reencarnaciones de los hijos de Hagoromo… ¿Qué me impide a mí escribir a Madara reencarnar en el hijo de Hinata y Obito en este fic? Absolutamente nada.
En fin, disfrútenlo y hasta luego.
