*** Ya sé, me había ausentado demasiado. Pero, no se asusten, regresé y estoy al día con la actualización mensual. Les compensaré la espera con tres viñetas a la vez. ***

~ ABRIL

Cuarta Escena.

Esa vida, juntos, era su verdad.


Inseguridades

Tiempo atrás se había ofendido al ser comparado con un cachorro; un pequeño peludo, inquieto, ruidoso y siempre vivaz cachorro. Un animalillo pulgoso que mordía zapatos y jalaba a su dueño por los pantalones para recibir atención. Por supuesto, sólo pasó por alto tal ofensa porque la ingeniosa persona que se había atrevido a ofrecer semejante comparación, no era otro que Yamato Ishida.

Hasta le pareció gracioso, y logró reírse un poco.

Días después, y no demasiados, fue cuando se mordió la lengua al darse cuenta de que sí, sí y sí..., era ese cachorro pulgoso que Yamato mencionaba.

No soportaba ver al rubio enfrascado con un programa de televisión. Cuando eso pasaba, de inmediato, exigía su atención para él y nadie más. Poco importaba que fuera una biografía sobre una banda musical de los 60. ¿Rolling Stones? ¡Por favor! Ya había tenido que ver algo sobre Gun's N Roses, que a su parecer no tenía sentido ni en el nombre, y todo un DVD con los conciertos de un tal Arcoíris francés pero en japonés*.

–Tai, ¿acaso no lo entiendes?

–¿La verdad? –declaró elevando una ceja–... No.

–Tai...

Un indignado Yamato, tomándose un momento en pleno comercial, había argumentado algo sobre que el grupo tenía cuarenta años juntos y que eso era, en términos de música y éxitos, una eternidad.

También había hecho mención respecto al convertirse en leyenda y trascender, el cambiar de generaciones y, aún así, seguir siendo del gusto de la gente.

Yamato consideraba esa vida maravillosa..., y a él, le parecía algo aterrador.

Profundas, decía Yamato respecto a las canciones. Y, él pensaba en términos de indescifrables.

Hablar de música, para Tai, era entrar a un mundo extraño y dispar. No entendía mucho y lo poco que le parecía claro, no le gustaba: "Sexo, drogas y Rock n' Roll". Todo lo contrario a lo que un buen deportista buscaba. Y en momentos así, Yamato y él parecían tan diferentes que podrían ser incompatibles y correr en direcciones opuestas.

El rubio parecía preparado para viajar, y él pensaba en quedarse por mucho tiempo en un lugar; le gustaba la discreción y el otro estaba dispuesto a estar siempre en los ojos del mundo. Irónico, para alguien que él siempre había considerado muy reservado con su vida.

Lo peor, y real, era que cuando observaba a Yamato escribiendo una canción o simplemente tocando y cantando, lo veía tan radiante y feliz que de alguna forma sabía que la carrera que éste estudiaba no era más que un mientras me vuelvo famoso. Y al darse cuenta de ello sentía, como un miedo que se erguía sobre él y lo aplastaría todo, que no podría llenar eso que la música significaba en la vida del rubio.

Y cuando pensaba así, su mundo se cuarteaba y desmoronaba.

Irremediablemente se preocupaba, y dejaba de ser el moreno ruidoso y efusivo para ensimismarse y ahogarse un poco, pero cada vez más, como si se tratara de arenas movedizas, en dudas que sólo una niña temerosa tendría. Una banda que durara por décadas, si Yamato quería algo así ¿dónde habría lugar para él en esa vida? ¿Iban a estar juntos siempre? ¿Yamato pensaría ya en ello? ¿Se preocuparía? Todas eran tonterías y, en teoría, eran la clase de cosas que si irrumpían en la mente del rubio pero no en la suya.

Él no pensaba ni se preocupaba sobre su futuro, simplemente sabía que estarían juntos. Lo sabía, y punto. O, al menos eso se decía siempre.

Pero sería así, ¿o no?...

Su propia y repentina inseguridad era agobiante. Por eso cuando comenzó la canción que al rubio le fascinaba, esa que era imperdonable que él interrumpiera, marcando territorio se estiró y apagó el televisor. Y antes de que hubiera quejas por haber cortado la interpretación de Angie o Don't Cry, siempre las confundía junto con el grupo que las cantaba, trepó por el cuerpo del rubio y le besó, demandando su atención.

Yamato era suyo y no de la música, no de una banda ni mucho menos del mundo. Yamato era suyo, suyo, y de nadie más.

Le besó y ahogando las preguntas del rubio y las explicaciones de su parte, simplemente terminó dando tirones de ropa, levantando la camisa y aflojando los pantalones, hasta colar la diestra bajo la prenda y tocarle. Hubo un gemido mutuo; de parte del rubio, por la sorpresa, y suyo, por la excitación.

Tocar, besar, morder; arrancar las prendas hasta que sólo sintiera piel...

No supo cómo, pero terminaron enredados.

Entre el calor de lo que hacía y la urgencia, no de sexo sino de intimidad, de asegurarse de que el rubio era suyo y de que éste lo sabía..., estaba siendo rudo y se sentía furioso consigo mismo.

¿¡Qué eran esos miedos e inseguridades que surgían por un simple programa de tv! ¡Por unos planes que Yamato ni siquiera había dicho en voz alta! Él no era así. ¡No lo era!, y no quería comenzar a ser el novio inseguro que celaba a su pareja y le prohibía hasta respirar si no lo hacía en su nombre.

¿Novio?...

Suspiró, con el rostro escondido en Yamato. Acababa de notar que estaba hundido hasta el cuello en esos sentimientos y en esa vida que, lentamente, parecía cobrar forma ante sus ojos.

–Te quiero –declaró, cuando finalmente pudo besar el hombro desnudo.

Tan pálido, tan suave; aún le provocaba una sonrisa el recordar al niño flacucho que éste había sido, que ambos habían sido. Y ahora, eran tan diferentes; a medio camino pero, ya más hombres que niños.

–Te quiero Yama...

Insistió con la frase, mas él mismo ahogó la respuesta al atacarle con un beso demandante y una rápida huida hacia abajo. Lo siguiente que el rubio pudo hacer, antes que hablar o quejarse, fue jadear y arquearse; era ahí cuando él podía sonreír sabiéndose victorioso y en territorio que le pertenecía pues cuando las manos de Yamato se enredaban en su cabello, estremecía por el cosquilleo que le recorría entero.

A veces, sólo a veces, quería golpear a Yamato por vivir siempre un paso adelante de él. Como si todo le resultara tan sencillo, desde el aceptar lo que sentían, irse a vivir juntos, llamarse a sí mismos pareja y hasta enfrentarse a sus padres.

Todo lo que a él le costaba, el chico bajo su cuerpo y presa de las caricias parecía hacerlo tan fácil.

Pero, en momentos así, cuando el rubio se aferraba a él y perdía toda la compostura..., la seguridad de Yamato en el día a día, desaparecía. Y ahí, cuando temblaba y dudaba, cuando más nervioso le parecía, era él quien tenía que sujetarle y recordarle que nada malo pasaría mientras estuvieran juntos.

Mientras se amaran...

–Tai.

El ahogado llamado, entre una queja y una súplica, le empujó a moverse más aprisa buscando un vaivén que sofocara las palabras y sólo permitiera jadeos y gemidos. Y aún antes de que él pudiera ser consciente de lo bien que se sentía, la voz de Yamato le aclaró todo cuanto necesitaba saber..., ahora podía besar las rodillas que temblaban y simplemente disfrutar; como Yamato lo hacía.

Yamato era...

Yamato era cálido, suave y sumamente abrazador...

Y lo amaba.

Él mismo gimió desbocado, estaba seguro de haberlo hecho, pues el calor intenso que le invadió y que luego se derramó mientras sentía las manos de Yamato aferrándose a él y la respiración agitada emparejándose a la suya, sencillamente ponía su mundo de cabeza.

Y todo cobraba sentido, todo parecía seguro, y él se sentía un hombre mil veces más valiente de lo que habitualmente era.

–Te amo –murmuró, con las mejillas afiebradas y los cabellos húmedos adheridos a la piel–. Te amo, Tai...

Eso era más que querer.

Y por eso no era sólo sexo, era una cuestión de intimidad. Sonrió ante los ojos claros que le observaban y volvió a besarle, y mientras ambos se acomodaban, su diestra recorrió la cadera bajando por el muslo blanco y erizado. Con Yamato acurrucándose contra su pecho, sin treguas para recuperar el aliento, se dedicó a besarle.

Yamato era suyo y viceversa, era un sentimiento mutuo.

Ni la música ni otra gente ni toda la fama del mundo, podrían suplir eso que ellos tenían. Cuando sentía las manos del rubio sobre la piel y la acompasada respiración de éste contra su pecho, simplemente lo sabía y lo vivía como algo real.

Esa vida, juntos, era su verdad.

oOo


* Por si despisté a alguien, Tai hace referencia a Lar'c en Ciel.