~ JUNIO (Waaa... Tai y Yama, todos los que leen y la que escribe al otro lado de la pantalla, hemos llegado al medio año. Gracias por leer y dejar review).

Sexta Escena.

Crecer como pareja, paso a paso, a eso se refería Tai.


Paso a paso

–¡Oh! ¿¡Y aquél!

Yamato tuvo que quitarse del camino para no ser atropellado por un impetuoso Tai que actuaba como niño en dulcería, aunque en realidad se encontraban en una tienda de mascotas y no había caramelos sino animales; no encontraba una gran diferencia, pues el moreno iba de un lado al otro, señalando cachorros y haciendo comentarios de todos por igual.

No distaba mucho de los chiquillos que correteaban por ahí.

–Míralo Yama –insistió Tai–. Es perfecto...

De haber estado a su alcance, Tai hubiera abrazado al cachorro con insistencia mientras ambos ponían ojos llorosos y terminan de dar las últimas pinceladas al cuadro perfecto, con la expresión de llévanos a casa ante la que cualquiera se rendiría. Por fortuna, no se podía tocar a los animales y eso le salvaba, en parte, de caer en tales trucos.

–¡Mira esas grandes orejas y esa cola juguetona! Habrá que cepillarlo pero, sería un buen perro para salir a correr o también, como guardián. ¿Ves Yama? –Tai acercó la mano y el cachorro lamió el cristal, como si pudiera tocarle–. ¡Le agradamos!

Y aunque sonrió por el gesto juguetón del Setter Irlandés, arrastró la mirada hacia abajo, a las patas del animal que temblaban un poco al estar pisando un suelo falso que no era otra cosa que el fondo de la jaula. Una jaula pequeña, incómoda y..., no importaba lo costosa que fuera la tienda, siempre le provocaban ese sentimiento encontrado de querer ver a los animales y esa necesidad de no entrar a sabiendas de que le desagradaría descubrir la forma en que éstos vivían.

–O, quizás, ¿quieres que sea rubio? –Tai señaló hacía el otro aparador, ahí un Labrador se levantaba en sus patas traseras, batía la cola y labraba buscando atención–. Este chico también es lindo. ¡Anda!, esto va por mi cuenta...

Yamato rodó los ojos, el problema no iba a ser la tarjeta de crédito sobregirada.

–No quiero un perro, Tai.

No sabía que le había dado al chico que, de la noche a la mañana, quería uno y le había arrastrado hasta esa tienda con enérgica voluntad.

–Pero Yama, ¡míralos!...

–No lo quiero –repitió–, es demasiada responsabilidad.

Casi, y aunque sonara exagerado, era como adoptar un niño. Un cachorro bien cuidado crecería y se convertiría en un perro adulto, un perro que viviría alrededor de dieciséis años; más, si se le cuidaba bien. Y aunque no estaba siendo pesimista con su relación, aún era muy pronto para tomar una responsabilidad como aquella; no quería pensar en lo que pasaría con el can si acaso algo no funcionaba.

Podían ir paso a paso, ¿cierto?

–Además, nunca estamos en casa y a un perro hay que prestarle mucha atención –añadió–. En todo caso...

Y ante una opción al aire, entre tantas negativas, casi pudo ver a Tai saltar de emoción y levantar las orejas imaginarias para no perder detalle de sus palabras.

–¡Ajá! ¡Sí! –Tai afirmó un par de veces–. ¿En todo caso?

–Deberíamos adoptar.

–Adoptar –el moreno saboreó la idea.

Y ahora si que se sentía como estar hablando de una cuestión de paternidad, Yamato le dio la espalda al otro mientras se rascaba la nuca.

–Me refiero, a rescatar uno... –aclaró, pasado el bochornoso calor que sintió en el rostro ante aquel resbalón verbal. Eran muy jóvenes para ser padres y un perro no era un hijo, por más parte de la familia que pudiera llegar a ser; no había punto de comparación–, de algún refugio de animales.

–¡Ah! –exclamó Tai, con la idea más clara y ya sin divagar–. Pues no se me había ocurrido –añadió, sincero–. ¡Sí!, ¿por qué no? ¡Adoptemos uno!

–Tai...

–Yama...

El rubio rodó los ojos ante la imitación y alargó el brazo para golpearle el hombro con un suave puñetazo.

–Sigo sin querer un perro –le recordó, sujetándole para dar la vuelta y abandonar esa tienda.

Los cachorros seguían ladrando y haciendo gracias, si Tai volvía a verlos probablemente caería de nuevo ante esos ojos grandes y suplicantes que pedían un hogar. Ahora que lo pensaba, ¿qué pasaría con todos los cachorritos que no eran comprados y crecían? ¿A dónde los llevarían y qué harían con ellos? Todos compraban animales cuando lucían pequeños y bonitos pero, pocos se comprometían a cuidarlos bien cuando crecían y ya no eran tan llamativos; incluso había gente que, después de un tiempo, los abandonaba a su suerte.

Sintió un tirón y rodó los ojos ante lo que Tai señalaba ahora; de alguna forma, ya había perdido en lo que se refería el no llevarse un inquilino a casa.

oOoOoOoOo

Agua, comida, un hogar.

Eso era todo lo que, en términos de Tai, podía necesitar cualquier ser vivo. Con el hogar venía el amor y las atenciones; y bien, el moreno había afirmado que ellos podían darle todo eso al nuevo miembro de su familia. Además, al llegar al departamento, lo primero que éste había hecho fue acondicionar el lugar donde viviría y empeñarse en atender hasta los mínimos detalles.

Tai parecía emocionado pero él aún sentía un incómodo cosquilleo debido a eso que llamaban, conciencia.

–¿Estás decepcionado? –preguntó desde el sillón, observando como Tai se encargaba de los últimos arreglos.

–Uhm –el chico negó–, ¿por qué habría de estarlo?

–¿Por qué?

–Ajá –repitió, Tai–, ¿por qué?

Yamato se preguntó si aquel ir y venir de la pregunta, era la mejor prueba de que sí lo estaba.

–No es lo que querías –afirmó.

–¿No? –Tai levantó la vista, había estado entretenido en ese suave movimiento dorado frente a sus ojos–. Yama, eres muy simple cuando deberías de ser complicado y muy complicado cuando todo es simple. ¿De verdad no lo has entendido?

El sólo hecho de arquear una ceja y mirarle con extrañeza debía de bastar, pero por si las dudas el rubio se ánimo a hablar.

–Es un simple pescadito dorado y no el gran perro que querías –declaró, mirando a Tai.

–¡Si qué no entendiste nada! –el moreno se rió. Saltó sobre el sillón y se acomodó, la nuca en las piernas del rubio y el cuerpo estirado en lo que restaba del sillón–. Me gustan los perros, sí. Quiero uno, sí. Pero no lo necesito para tener algo más de responsabilidad, si así le quieres llamar, contigo...

Y, Yamato, ahora si que se sentía más confundido.

–¿No?

Tai resopló y negó.

–Es nuestro, y vamos a cuidarlo –afirmó, alargando la mano para acariciar el rostro de Yamato–. Le daremos de comer, cambiaremos el agua y, si lo encuentras antes que yo, correrás a cómprame otro si en algún momento lo ves flotando panza arriba –Tai negó, sin dar lugar a objeciones–. Confió en ti para todo eso.

Entonces se trataba de eso, Tai había encontrado una forma de decirlo a su modo.

Volvió la mirada hacia atrás, a la mesita en donde éste había colocado la pecera circular que era tan pequeña que podía tomarla con una mano; en su interior, sólo había una planta y las piedrillas que cubrían el fondo; aún así, el pececillo nadaba lentamente y parecía a gusto en su nuevo hogar.

–Sabes Tai...

–¿Uh?

El aludido le observó con expresión adormilada, y Yamato aprovecho para acomodarle los cabellos.

–Hay que traerle un compañero.

–Oka –Tai sonrió y se movió, acomodándose de costado–, mañana...

–Sí, mañana –le palmeó el hombro y lo ayudó a sentarse, pese a los gruñidos que el otro soltaba al verse obligado a levantarse–. Ahora vamos a la cama, hay que dormir bien.

Tai bostezó, caminando a tropezones pero acomodando la cabeza en el hombro del rubio. Y como éste le llevaba abrazado, Yamato sintió la piel de su cuello y espalda erizarse ante la respiración ajena y la grata compañía.

¡Vaya día!

A su ritmo, paso a paso, todas las parejas crecían; sonrió, y al andar apretó al moreno contra él, a eso se refería Tai.

oOo


Saludos estimados sobrevivientes de este Cap., aprovecho lo que me queda de hoja (en Word por supuesto) para recordarles que si están pensando en comprar cachorritos o mininos, visiten antes un refugio animal y consideren darle un hogar a algunos de los animalitos que esperan ahí.

Recuerden que una mascota es otro miembro de la familia y que nos hará compañía muchos años. Los animales son muy nobles, hay que regresarles un poco de ello.