Julio. De cierto modo "Mas que una Promesa" vendría complementando este capítulo, aunque no pasa nada si no lo leen.
Séptima Escena.
No era un secreto, nunca lo sería, que ambos se necesitaban.
Secretos y mentiras
–Vamos Yama, no tardaremos.
El chico venía insistiendo desde bien entrada la mañana.
–Takeru también vendrá, sólo estaremos un rato... –repitió por quinta vez–. Después de todo, es sólo una visita corta.
Sin decir palabra, Yamato le observó sabiendo que mentía.
Era el cumpleaños de su madre, una reunión familiar, no iban a poder entrar y salir en cosa de tres horas ni de cinco; y sí, Takeru iba..., pero si su hermano estaba invitado era por la sola y simple razón de que era el novio de Hikari. Era la cosa más natural del mundo y aunque Tai y él fueran muy amigos, realmente no tenía más excusa para asistir.
No se sentía cómodo, era como ser un pegoste, un apéndice innecesario que aunque era bien recibido debía de generar preguntas y comentarios cuando se marchaba; a decir verdad, ya le sentaba mal estar en todo momento importante de la familia Yamagi.
Y no era que le trataran mal, porque eso sería mentir, pero si se sentía un poco ajeno..., como el invitado que llega sin ser deseado. Ya mucho habían hablado de eso, tenía mil comparaciones que podrían servir de ejemplo, y no quería volver a repetir lo ocurrido en la cena del año pasado.
Así que había dicho no.
Y sostenía su razón.
–Vendrá mi padre –comentó al aire.
–Sí, como cada tres meses –Tai se sentó a su lado, abrazándole para hablar más bajo y más de cerca–. Pero él podría, si tú quieres...
–Nunca tardamos, ya sabes que es sólo comer y conversar –el rubio se había adelantado, con palabras parecidas a las de Tai, antes de que éste insinuara algo todavía más fuera de lugar.
¿Qué iba a decir? ¿Qué su padre también podía ir? A menos que el chico preparara una confesión, con toda la familia presente, era una idea loca y tonta. De hecho, revelar las cosas de esa manera también lo sería.
Además, por mucho que quisiera dejarse de secretos y mentiras, Tai no iba a decir nada aún. Bastaba con el sólo hecho de que no pudieran tomarse de la mano en público o decirlo ante sus amigos.
–Pasaré por tu casa cuando acabemos...
El moreno rompió el abrazo y se enderezó para mirarle, se encontró con los ojos azules y aunque parecía cerca de soltar un regaño, terminó resoplando y palmeando el pecho de Yamato.
–Bien.
Y Tai le permitió mentir.
O quizás le creyó, con la esperanza de verle llegar por cuenta propia.
oOoOoOo
El restaurante se encontraba a tope, entre el murmullo de los clientes la música resultaba ligera y concentrarse en ella le permitía enajenarse de sus problemas aunque fuera por instantes breves y entrecortados. Tal vez había sentido pánico de que el momento de la verdad llegara, podría ser que aún lo estuviera sintiendo, o simplemente era precavido y evitaba desencadenar algo que no se podría detener.
Algo como gritar frente a toda la familia Yagami que, su hijo y él, eran más que amigos...
Miedo no podía ser, estaba enamorado de Tai y tan comprometido como para saber que debían tomarse las cosas con calma. Que había tiempos para todo, pues ya mucho habían avanzado y no quería arruinarlo.
Pero las cosas eran complicadas y a veces sentía que daban vueltas sobre el mismo problema; se rascó la nuca y se dio cuenta de que había hecho una pausa muy larga, su padre le observaba y ellos se parecían demasiado aunque no estuvieran de acuerdo en todo.
Por eso no le extrañó la pregunta.
–¿Y como van las cosas con Yagami?...
Yamato no respondió, y su padre insistió.
–¿Igual?
Él negó, pero se tomó un momento antes de pensar en responder.
Confesarle la verdad a su padre había sido sencillo y directo. Sólo lo dijo y habían pasado alrededor de un largo y tortuoso mes sin hablarse, evitándose y había sido difícil pensar que eso sería todo; que no había reclamos ni intentos por hacerle cambiar de parecer, o esfuerzos por entenderle.
La indiferencia era más hiriente que un golpe o una cruel palabra.
En aquel entonces había estado a punto de comenzar la universidad y también pensaba mudarse, pero resultó el momento justo para contarle de su relación con Tai, porque días antes de partir, al llegar al departamento, su padre le había estado esperando en la sala... fumando pero dispuesto a hablar.
Resultó incomodo para ambos, y aún habían temas que no podían tocar, pero su padre le escuchaba y le daba uno que otro consejo cuando tenía oportunidad; lo más importante, y muy valorado para él, era que éste respetaba su decisión.
–Estamos bien, pero hoy era el cumpleaños de su madre –comentó, animándose a compartir un poco más–. No me pareció correcto ir...
Su padre estaba al tanto de que aún no daban ese otro paso, así que no le tenía que mentir.
–Han cambiado tantas cosas, para bien –añadió, avergonzado con la sensación de que a veces él no parecía valorar los avances de su pareja–. Pero...
No lo sé...
¿Cuándo?
¿Cuánto más?
Era normal, ¿no? Desesperarse de vez en cuando.
–¿De verdad crees que sea tan terrible? –inquirió el mayor de los Ishida, apagando el cigarro que había estado sosteniendo sin fumar.
Con esa voz grave que su padre poseía cuando hablaba en serio, la pregunta le obligó a mirar el vaso que tenía entre las manos, se sintió pequeño y más joven de lo que en realidad era.
–Aún peor.
Sería tan terrible como Tai lo sintiera, a él podía no importarle lo que pensara la familia del moreno pero sí que le dolería que éste se sintiera rechazado o juzgado.
Por un momento volvió a perderse entre la música bajo los murmullos, el ruido de la gente y de los trastos; no era un silencio incómodo pero el ambiente si se tornó pesado por el tema delicado que acababan de tocar.
Quizás le hubiera hecho falta un abrazo pero ni su padre ni él, eran afectos a ello.
–No te preocupes...
Y ante lo ligero de esas tres palabas, Yamato levantó el rostro creyendo escuchar mal.
–No te preocupes –repitió el rubio mayor–. Quisiéramos, pero no siempre tenemos que entender todo lo que nuestros hijos eligen. Aunque tome tiempo, los padres de Yagami van a recordar que le aman y le desean un bien para esta vida... –y encendió otro cigarro para darle una calada–. Y que no importa el cuerpo en el que ese bien llegue.
Y, aunque fue extraño, agradeció esas palabras...
Su padre sabía lo importante que Tai era para él; su padre le quería, y estaba esperando que él fuera feliz.
oOoOoOo
El elevador se abrió por segunda vez, tardaba alrededor de sesenta segundos en cerrarse, y nuevamente no fue capaz de hacer otra cosa que observar el pasillo concentrado en la puerta casi al final del mismo
No podía...
Iba en descenso, y lanzó un puñetazo a las puertas de metal cerradas. Los nudillos le dolieron y los cuatro dedos, del índice al meñique, se acalambraron por culpa del golpe; soltó una maldición y tarde recordó que necesitaba ambas manos para tocar el bajo.
Algunas cosas no debían pensarse demasiado, sencillamente debió de acompañar a Tai desde el comienzo.
En forma breve, con la cruda realidad y el dolor subiendo por el brazo, aquel había sido su intento de llegar a la casa de los Yagami; uno que terminó con Yamato sentado a las afueras del edificio, esperando por Tai.
Se llevaría un merecido reproche, y hasta le sentaría mal no recibirlo.
Sin embargo, una hora después, cuando Tai apareció..., Yamato le notó suspirar y luego sonreír. Sin prisa alguna, Tai metió las manos en los bolsillos y caminó directo hacía él.
–Yama... –murmuró.
–Nunca dije que entraría...
La frase exacta había sido "pasaré por tu casa cuando terminemos", mas ese ya no era un tema a discutir. Tenía la intención de agregar algo más pero Tai se acercó para abrazarle y, todavía sentado, Yamato se limitó a rodearle con un brazo mientras apoyaba el rostro en el estómago ajeno. El rubio sintió las manos de Tai, acariciándole los cabellos y luego bajando para darle un par de palmadas en la espalda; fue entonces que notó el nudo en la garganta que tenía y aferró el sentimiento mientras apretaba más el abrazo.
Yamato solía mostrarse seguro de todo pero, como su padre le había recordado sin querer, también estaba caminando sobre algo desconocido.
–En dos meses será el cumpleaños de Hikari –Tai comentó aquello con naturalidad–, ella sí se molestará si te quedas aquí...
–Veintidós de septiembre...
–Sí, así es.
Tai se sentó a su lado, y guardó silencio, observando en dirección al edificio donde había estado todo el día. No era un secreto, nunca lo sería, que ambos se necesitaban.
oOo
Awww, luego de un largo día hasta Yama necesita un abrazo.
